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Fecha: 21-Jun-08 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Amando a mi abuelo

patricia
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Tiempo estimado de lectura: [ 56 min. ]
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Una historia de amor verdadero que me llevo a traspasar mil barreras. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Amando a mi abuelo:

Primer capitulo. Presentación. La familia.

La verdad que siempre me consideré una chica normal sin mayores problemas. Había leído o escuchado sobre personas que mantenían relaciones prohibidas, pero realmente no era algo que me llamara la atención. Hasta que por supuesto, todo sucede.

Me presento. Me llamó Cinthia y tengo actualmente 24 años. Soy de 1,68 de altura, tez clara, ojos marrones, una cadera aceptable, pechos medianos y firmes. Para que se den una idea, soy una mina que se puede poner cualquier pollera o vestido, o una bikini pequeña y me queda bien. Al menos eso dicen, y lo confirmo con las miradas y piropos que recibo en la calle.

Mi familia esta formada por mi padre (50 años), mi madre (44 años), y mis hermanos, Caro (21), Juan (17), Seba (12) y Dolores (9). Por el lado de mi madre está mi abuelo (64), que es quien siempre tuvo el dinero, y ha sido muy generoso con todos nosotros.

Lo que les voy a contar sucedió cuando yo tenía 18 años recién cumplidos. Eran las 2.00 de la mañana y el teléfono sonó. Sobresaltados mi padre atendió. Era para avisarnos que mis abuelos habían tenido un terrible accidente. Volvían de una fiesta y un hombre borracho los chocó. Mi abuela murió pocas horas después de llegar al sanatorio. Mi abuelo, muy herido, permaneció casi tres meses en el hospital. Le habían tenido que amputar una mano que había quedado aplastada por el otro auto, y debía usar de por vida bastón para ayudarse a caminar.

Mi abuelo siempre fue una persona exitosa y de lograr todas sus metas. A los 30 años ya tenía formada y en pleno funcionamiento su empresa (una importadora) que por cierto le dejaba muy buenos ingresos. Si bien se dedicaba todo el tiempo a su empresa, nunca hizo faltar nada a su mujer y sus hijos, y siempre dedicaba como mínimo cinco semanas en el verano a disfrutar plenamente a su familia. Así recuerdo haber pasado eneros enteros en Punta del Este o Pinamar donde mi abuelo tenías sendas casas y se dedicaba de lleno a mis hermanos, primos y por supuesto, a mí. Era feliz, deportista (tenis y natación), muy bien parecido, y disfrutaba la vida en todos los aspectos.

Por supuesto que el accidente cambió todo ello. Aún cuando no lo era, se sentía culpable por haber perdido a su mujer y el permanecer vivo (estaban de novios desde los 15 años). Había perdido todas las ganas de vivir.

Nunca nos trató mal, pero ahora era imposible sacarle una sonrisa. De hecho dejo el manejo de la empresa en mi padre y otro de sus hijos, que ya desde hace mucho tiempo trabajaban con él y habían aprendido mucho. Prácticamente no salía de su casa. Igualmente, siempre estaba impecable y dispuesto al diálogo. Sin embargo, era evidente que había un inmenso vacío en su vida.

La verdad que no lo podía ver así. Siempre había sido muy bueno conmigo. Como había sido el primer nieto, me trataba en forma especial. En realidad, mi principal relación era con mi abuela (todos decían que yo era un calco de ella), con quien siempre iba a todas partes, la acompañaba a la peluquería, entre otras cosas, y por supuesto, muchas veces estaba presente mi abuelo.

De todos los nietos, era la que siempre se quedaba a dormir. La casa era inmensa y teníamos de todo. Muchas veces me instalaba con alguna amiga y pasábamos todo el fin de semana en su casa. Mis abuelos me disfrutaban al máximo y yo a ellos.

Para que se den una idea, cuando fue mi fiesta de 15 mis abuelos se encargaron de organizar todo. Mi abuela, una mujer muy fina, se encargó de acompañarme en todo momento. Por supuesto estaba mi madre, pero quien ponía la plata era mi abuela. No me faltó nada. Y como corolario, mis abuelos me llevaron a un viaje por Europa de 45 días, junto a dos de mis amigas. Que más podía pedir. Se podía decir que amaba a mis abuelos, que no solo me atendían en las cuestiones materiales, sino que me daban mucho afecto.

Quiero aclarar y reiterar que mis abuelos tenían mucha plata, con lo cual, en realidad, los regalos eran a todos los nietos por igual. Sin embargo, yo siempre ligaba algo mas, y siempre, un poco más especial. Por eso y por mucho mas, era insoportable ver a mi abuelo mal.

Trataba de ir todos los días a su casa, y los fines de semana me quedaba a hacerle compañía, inclusive algunos días me quedaba a dormir. Tenía un cuarto siempre listo para mi y además provisto de ropa de todo tipo. Siempre me traba bien, con mucho amor, pero era evidente que ya no era el mismo.

Segundo capitulo. El primer encuentro.

Un día, varios meses después, cuando estaba llegando a su casa, encuentro en la puerta una ambulancia. Mi abuelo se había caído por la escalera. Estaba bien, pero pobre, se había quebrado la mano que tenía sana.

Se contrató una enfermera para que lo atendiera, en especial para ayudarlo a que se bañara. Dense cuenta que no daba para que las dos chicas que se encargaban de limpieza lo atendiesen Tendría yeso para dos meses, porque había sido una quebradura muy dura.

Habrían pasado tres semanas de ese suceso, cuando estaba en casa de mi abuelo. Recuerdo que era un día de semana porque estaba con mi uniforme de colegio. Me iba a quedar a cenar con él (después mi iría a casa en un remis). En eso, la enfermera de la tarde se acerca y nos dice que había llamado la chica de la noche y que informó que no podía venir porque estaba enferma. Y seguido agregó que justo ese día no podía quedarse mas tiempo porque tenía que buscar a sus hijos. Que igualmente había dejado un mensaje a otra colega para que se comunique y viniera de urgencia, y que esperaba que respondiera. Sin pensarlo le dije que se fuera tranquila que yo me encargaría de mi abuelo. Enseguida mi abuelo me miró y me dijo que me agradecía la atención, pero que realmente no me daba una idea lo que era atenderlo. Me dijo que llamara a mi mama (su hija) para que buscara una solución. Enojándome un poco le dije que no podía hacerme esto a mi, que me dejara demostrarle lo mucho que me importaba ayudándolo. Seguramente habré insistido mucho, por lo cual me dijo que era igual a la abuela en lo tenaz y que aceptaría. Igual, sería un par de horas.

Empezamos a comer y se hicieron las once de las noches, y de la otra chica, ni noticias. Mi abuelo estaba fastidioso e incomodo. Llamé a la enfermera a la que habían dejado el mensaje, y nuevamente el contestador. La noche se me complicaba.

Le dije que se tranquilizara que lo ayudaría a ir a la cama. Y con una cara de resignación me dijo, "mi amor, tenemos dos problemas, uno necesito bañarme, y dos, necesito ir al baño". MI cara habrá expresado todo porque mi abuelo agachó su cabeza y empezó como a querer sollozar. Mi reacción fue en un segundo. "Abuelo, no tengo ningún problema, yo te ayudo en todo. No tengo vergüenza y mucho menos me va a dar impresión". Y agregue "seguramente si yo estuviera en la misma situación me ayudarías sin dudarlo". Y dicho eso me levante de la silla y lo tome del brazo para levantarlo. Medio como que quiso murmurar algo, pero le tape la boca con mis dedos y le dije "sin comentarios, el amor no es solo palabras, se demuestra con actos". Y nos fuimos al baño.

La primera parte no fue tan complicada. Le desabroche el pantalón, se lo bajé, después el calzoncillo y lo ayude a sentarse en el inodoro. Por supuesto, por un poco de pudor miré para un costado cuando le bajaba el calzoncillo por lo que no vi casi nada. Le levanté un poco la camisa y se la dejé enroscada un poco. Habrán pasado cinco minutos y le pregunté si había terminado. Durante ese tiempo me imaginé lo que sería tener que limpiar a mi abuelo, pero la verdad, no podía echarme atrás. Me dijo que sí y entonces entré. Por suerte no había olor, y viendo mi cara de desorientada me dijo "ayudame a sentarme en el bidet, abrí el grifo, deja que se me limpie con el agua, y después agarra la esponja que está atrás del bidet y el jabón, y ayudame a lavar esa parte". Así lo hice y en este movimiento si pude ver en plenitud el pene de mi abuelo. Era inmenso, la verdad que me había imaginado la poronga de los hombres (alguna vez cuando me masturbaba o le tocaba la picha a mi noviecito), pero nunca de esas dimensiones. Rápidamente me concentré en lo mío y lo senté en el bidet. Abrí el agua y deje escurrir un poco. Acto seguido y con total naturalidad tome la esponja, puse un poco de jabón y lo lavé. En el movimiento creo que habré golpeados con mi mano los huevos de mi abuelo. Peludos. Una o dos veces habrán sido, pero se muy bien lo que sentí. La situación me ponía un poco nerviosa o excitada. Quien sabe cual sería la realidad.

Cuando terminé le dije que otra cosa seguía. A eso me contestó que le secara un poco y que le ayudará a levantarse el pantalón, que había pensado que sería mejor bañarse a la mañana siguiente, por cuanto nadie se moriría por acostarse un día sucio. Yo sabía muy bien la importancia que tenía el tema del baño para mi abuelo. Mi abuela siempre decía que era insoportable con ese tema. Era muy noble de parte de mi abuelo el decirme eso pero yo me había comprometido a algo, y le dije, "abuelo, no te preocupes por mi, lo mas grosso ya pasó, ahora es ponerte jabón y agua en el cuerpo. No tengo problema alguno". Y dicho esto me dirigí hacía la ducha y abrí el agua. "Vení abuelo, no tenemos todo el día". El se acercó y empece a desvestirlo. Acá si pude apreciar todo su cuerpo desnudo. La curiosidad podía mas y de vez en cuando echaba un ojo a su pene. Le puse la bolsa de naylón que protegía su yeso durante el baño y comencé a tratar de ayudarlo a entrar en la bañera. En ese momento me frené por que nos dimos cuenta de algo muy particular. Ni bien empezara a jabonarlo, me mojaría todo el uniforme y debía ir con ese uniforme al colegio. Mi abuelo terminó de meterse bajo la ducha pero yo no podía acercarme mucho porque salpicaba un montón de agua. Terminaría empapada. Fueron cinco segundo pero me decidí. Alejándome un poco de la ducha, bajé la tapa del inodoro y sin dudarlo me saque la falda, los zapatos, las medias y el chalequito del colegio. Faltaba la camisa, que aunque tenía seguramente alguna limpia en mi cuarto, era obvio que no podía dejar que me mojara. Así me quede en bombacha y corpiño.

Cuando me di vuelta mi abuelo no paraba de mirarme. "Sos loca, que haces", me dijo. "Nada" conteste, "trato de no mojarme toda. Además, vos estás peor que yo. Por lo menos tengo cubiertas mis partes íntimas." Y mirándolo le sonreí. Y continuó mirándome como embobado. Se dio cuenta de ello y exclamo "parece que estuviera viendo a tu abuela, seguramente serás hermosa como ella". Le sonreí y le di las gracias por el cumplido agregando "nadie podrá ser hermosa como la abuela". Sonrió y sus ojos se llenaron de lagrimas. "Bueno, dale que no tenemos todo la noche", y diciendo esto me acerque a la bañera y comencé a bañarlo.

La ducha estaba muy fuerte y el agua salpicaba para todos lados. Era algo lógico. Dense cuenta que la mampara estaba corrida para permitirme el ayudar a mi abuelo. Después de ver eso, le dije que se corriera y me metí también en la bañera. Por supuesto, me empapé en pocos segundos. No me día cuenta pero el agua transparentó todo. Se me veían todos los pendejos, demostrando una mata de pelos bastante tupida. En cuanto a mis pechos, mis aureolas estaban bien marcadas. Sumemos que estaba nerviosa y con un poco de frío, tenía los pezones duros y marcados terriblemente.

Seguramente ese fue uno de los motivos por los cuales cuando le lave el pene se le puso un poco duro. No fue una erección importante, pero si suficiente para comprobar la reacción que tenía en mi abuelo el baño que le estaba dando.

Me hice la tonta y terminé de bañarlo. Salí de la ducha y busque unas toallas. Lo seque un poco y lo tapé. Cuando me di vuelta para buscar una para mí, me di cuenta del espectáculo que le estaba dando a mi abuelo. Estaba enfrentado al espejo (grande – inmenso) del baño que en ese momento se le había ido el vapor que lo empañaba. ¡Por Dios!. Se me veía todo. Prácticamente estaba en bolas. Me sonrojé un poco y me tapé rápido. Le dije "abuelo, deja que me saco esto mojado que se me ve todo". Y dicho esto, me puse de espaldas y me desabroche el corpiño. Lo tiré en el cesto de cosas sucias y agarrando mi camisa me la puse. Estaba seca, por lo que no me transparentaba nada.

Me di vuelta, le sonreí y lo llevé para su cuarto.

Busque un calzoncillo y el pantalón pijama. Hice el ademan de sacarle la toalla y mi abuelo, inesperadamente me dijo que no. Y agregó "deja que me acuesto así". Le dije que le pasaba y no me dijo nada. Y agregue "te acabo de ver todo desnudo y vos algo a mí, no me digas que tenes vergüenza?". Y acto seguido casi por la fuerza le saque la toalla. Entonces entendí lo que pasaba, tenía una terrible erección. Inmensa estaba su poronga.

Todo colorado me dijo, "Disculpa, sucede que hace tanto que no veo una mujer tan hermosa. Además me acordé de tu abuela y de los buenos momentos que pasamos. Perdoname, no te quise ofender".

Mirándolo a los ojos le dije que no se pusiera mal. "Me halaga que te parezca una chica hermosa. Y nada de lo que digas me podría ofender. No hiciste nada malo". Y dándole un beso en la frente le dije que se parará para ponerle el calzón y el pantalón pijama.

Cuando le subí el calzón se nos planteo otra situación problemática. La erección no había bajado nada, y había que acomodar el pene adentro del calzón. Lo miré, y riéndome le agarré el pene y le dije "avisale que hoy no va a tener una alegría". Y se lo guardé dentro de su calzoncillo.

El estaba muy colorado pero no hubo ningún otro comentario. Y nos fuimos a dormir.

Al otro día me desperté temprano (tenía que ira al colegio). Se sentían voces abajo de la casa. La chica de la mañana había llegado temprano. Me bañé, me cambié y bajé a desayunar. Estaba mi abuelo. Le di un beso (en la mejilla mal pensados) y me puse a desayunar con él. Rompiendo el aire tenso, le dije como había dormido. Me dijo que bien. Enseguida me miró y me dijo que tenía que pedir disculpas por lo sucedido y que se sentía muy mal. Volví a referirle que no se preocupara y le preparé una tostada para que comiera. Cambié el tema y todo volvió a la normalidad.

Tercer capitulo. Los días siguientes. El viaje.

Los días pasaron sin ningún problema, visitando a mi abuelo igual que siempre. No se volvió a hablar del tema.

La recuperación tardó mas de lo que pensábamos. Lo que iba a ser dos meses se iba a transformar en tres. Mi abuelo estaba con toda la bronca, pero aun así estaba de un humor aceptable.

Habían pasado unas seis o siete semanas. Esa tarde estaba con mi abuelo en su casa cuando llamaron a la puerta. Atendieron y entró un hombre, de la misma edad de mi abuelo, aunque un poco mas gastado.

Se estrecharon en un abrazo largo y hasta una lagrima se vio en el rostro de ambos.

Me lo presentaron. Se llamaba Juan, y era un gran amigo de abuelo de su infancia y adolescencia. Se había ido a vivir a España a los 25 años. Se había recibido muy joven de ingeniero de recursos naturales, y una empresa importante lo había llamado y se lo había llevado a europa. Con el tiempo levantó su propia empresa, construyendo una fortuna tanto o mayor que la de mi abuelo.

Siempre estuvieron en contacto. Inclusive, varias veces habían viajado (él acá o mi abuelo a allá). Realmente eran muy amigos. Según supe después, mi abuelo lo había ayudado mucho en la época de estudiante. De ahí la amistad y el profundo agradecimiento de Juan a mi abuelo.

Lamentó no haber estado presente al lado de mi abuelo cuando falleció mi abuela. El también había tenido algunos problemas de salud, y para esa época no le autorizaron a viajar. Por eso es que no lo recodaba del entierro.

Charlaron un montón de cosas y contaron muchas anécdotas que en verdad me hicieron reír mucho. Después de un rato le dijo "Se casa María, mi hija mayor, y quiero que estés presente en la boda. Vengo a invitarte personalmente y para evitar que me digas un no. Es un momento importante y quiero que estés presente. Acá te traigo las reservas para vos y un acompañante. No tenes excusas". Según supe después, Juan venía invitándolo desde hacía hacia varios meses atrás, y como mi abuelo siempre le daba evasivas, directamente decidió viajar y convencerlo personalmente. La verdad que me dio un poco de envidia. No existen muchos amigos que viajen 12 horas en avión para traerte personalmente la invitación y decirte que no podes faltar.

Mi abuelo volvió con el discurso de siempre, diciéndole que se le complicaba viajar, que necesitaba asistencia permanente. "Pense en todo eso", dijo Juan, "Durante todo el tiempo que estés allá tendrás las 24 hs. una enfermera que te atienda en todo lo que necesites. Y si no la podes pagar, me encargo yo". Se volvieron a reír mucho.

"Detesto decirte que no –decía mi abuelo- pero mira en el estado que estoy. Soy un desastre. Voy a arruinar tu fiesta con esta cara de amargo". Pero Juan insistió, "No seas tonto", y mirándome a mí me dijo, "hermosa, porque no lo acompañas vos también para que no se siente tan solo. Además le ayudará a levantar mucho los ánimos". La idea me pareció muy buena. No solo en cuanto a ver una fiesta de casamiento en Europa, sino además por que mi abuelo hiciera algo distinto. Y le comencé a insistir a mi abuelo. La verdad que ente Juan y yo lo terminamos cansando hasta que mi abuelo (principalmente por mi insistencia) finalmente aceptó.

El viaje era inmediato. Diez días después estabamos tomando el avión para España. Llegamos a Madrid un viernes a la mañana y ahí estaba el amigo de mi abuelo. Teníamos que ir en auto hasta una localidad cerca de Malaga. Ahora no recuerdo el lugar, pero era hermoso. Estuvimos llegando después del mediodía. Nos alojaron en un hotel con una hermosa vista al mar.

Nos dijo que a la noche nos llevaría a cenar a su casa, que por ahora nos instaláramos en la habitación, que después nos llamaría. El casamiento era al día siguiente (sábado) a la mañana - mediodía.

Juan nos preguntó a que hora quería que viniera la enfermera, a lo cual, ganando la palabra y mirando a mi abuelo le dije a Juan "Me tomé el compromiso de atender a mi abuelo, por lo que si no le molesta, le pediría que tengamos en espera a la señora. Si veo que es necesario le pediríamos que la llame. Le parece?". "No tengo problema por mi parte, -dijo Juan- si tu abuelo esta de acuerdo?". Mi abuelo tomó la palabra y dijo "Mirá, ya me atendió un par de veces (mentira solo una pensaba yo) y la verdad me siento cómodo con mi nieta y la prefiero a una desconocida".

"Como quieran". Y dándonos unos besos se retiró.

Mi abuelo me miraba sorprendido, hasta que no aguanté y le pregunte que le pasaba. Sin muchos rodeos me dijo que era una tonta por hacer algo a lo que no estaba obligada. Que lo pensara bien porque no quería hacerme sentir mal ni que me ofendiera con nada.

Lo miré y le dije, "Abuelo, te lo dije la otra vez que no tengo problema ni vergüenza con vos. Sos una persona que amo y por lo tanto si no le puedo demostrar con hechos ese amor me sentiría mal. La otra vez solo me sorprendieron las cosas que dijiste, pero no me ofendió nada. Además, lo estuve pensando mucho y sería algo que me gustaría hacer por vos. Calculo que te vas a sentir mucho mejor conmigo que con una extraña, no?.". Y dando por finalizada la explicación nos fuimos a la habitación.

Cuarto capitulo. Los primeros contactos.

Lo primero que queríamos hacer era darnos una buena ducha. Muy correctamente, el amigo de mi abuelo había solicitado dos habitaciones separadas aunque comunicadas por una puerta interna. Era una especie de departamento privado, por lo que cada uno tenía su habitación y su baño. Le dije a mi abuelo que me diera unos minutos que lo ayudaría. Luego de ordenar mis cosas, regresé con mi abuelo y me puse a desarmar sus valijas. Colgué su traje, sus camisas y guardé toda su ropa en el placard. Le dije si quería bañarse ahora o si prefería dar una vuelta y comer algo por ahí. Me miró y me dijo que saliéramos un rato.

Así lo hicimos. Caminamos unas cuadras y entramos en un lugar para comer algo. Como nos vendrían a buscar a eso de las 19:00 hs., decidimos volver al hotel e ir a bañarnos y descansar el resto de la tarde.

Cuando entramos le dije que me esperara unos minutos que lo ayudaría a desvestirse. Regresé solamente con una bikini, a lo cual mi abuelo me preguntó que estaba haciendo. Le dije que me había venido preparada para ayudarlo a bañarse y que de esta forma yo estaría mas comoda.

Riéndose nos fuimos al baño en donde lo desvestí y comencé a bañarlo. El contacto hizo que nuevamente se le pusiera dura la poronga. No me tomó de sorpresa, todo lo contrario, estaba muy pendiente de eso. Verla de nuevo me puso como loca. Era algo increíble y parecía mucho mas grande que la primera vez.

Mi abuelo traba de darse vuelta para que no lo viera, pero yo siempre me las arreglaba para estar de frente a él para poder apreciarla en su plenitud. A lo mejor era por el agua caliente pero la verdad es que su miembro estaba muy colorado. También podía ser por la sangre, que seguramente estaba circulando por sus venas con mayor intensidad. Quien sabe la razón, lo único que me recuerdo, es que me sentía en la gloría.

Terminé de bañarlo. Cuando salimos y lo empecé a secar, me jugué y le hice un comentario sobre esa erección, preguntándole porque se le había parado ahora si yo no estaba desnuda y además no se me transparentaba nada. Me sonrió -muy colorado- y me dijo que en parte era por mi, porque era una chica muy hermosa y por la forma en que lo trataba que tan bien lo hacia sentir. Por otro lado, estaba el hecho que le había estado lavando justo ahí, y fue algo inevitable porque hace mucho tiempo que no tenía ningún tipo de contacto con nadie. Que justamente eran esos los momentos en donde mas extraña a la abuela, porque ella era la única mujer que había estado en su vida y que luego de su muerte no había estado con nadie mas.

Ahí me di cuenta que mi abuelo realmente tenía un vacío enorme. Había algo que no podía ser reemplazado por nada en el mundo.

Nos fuimos hasta su cama y acerque el pantalón pijama para cambiarlo hasta la hora de irnos. Se recostó en la cama y me dijo que estaba bien así, que fuera a cambiarme yo que el descansaría. No quería ponerse pantalón. Me imaginé que podía ser que estuviera con su erección por lo que le dije que al menos corriera las sabanas para que se tapara y que sacara la toalla mojada. Dicho esto corrí yo las sabanas y le dije que se metiera y que me diera la toalla. Lo hizo muy lentamente y pude ver plenamente su miembro totalmente erecto. El tamaño era cada vez mas grande.

"Abuelo –le dije- perdona que te haga el comentario pero tenes una erección terrible, ¿estás bien?".

"No mi amor –me dijo- me está matando el dolor, la verdad, no puedo evitarlo. Y lo peor es que ni me puedo aliviar".

Sabía que no era culpa mía, pero la verdad me hacia muy mal ver a mi abuelo así. Me acerque y lo destapé del todo.

"Estás loca, que haces Cinthia?".

"Nada, dejame a mi".

Me senté al lado de él y dirigí mi mano hacia la poronga de mi abuelo. No dejaba de mirarme con una sorpresa que todavía no entendía. Solamente apoyé mi mano sobre el miembro y sentí que había pasado una barrera muy grande.

"Por favor mi vida –decía entre sollozos-, no hagas nada de lo que te puedas sentir mal".

"Abuelo –repliqué- no hay problema alguno. No estoy haciendo nada malo. Es algo que necesitas y yo no podría dejar de darte algo que te hace falta. No me digas nada que estoy muy segura de esto".

La verdad que ni yo entendía lo que estaba haciendo. Si les digo que estaba pensando claramente mentira. Si les digo que estaba excitada, también mentiría. Creo (o al menos hoy trato de convencerme de eso) que fue algo impulsivo. Veía lo que necesitaba mi abuelo y tomé una decisión de hacerlo. No me importaba otra cosa. Además, la curiosidad podía mas.

Cuando se terminaron las palabras y visto que mi abuelo había dejada de oponer resistencia al ver que yo no daría marcha atrás, me dedique a hacer mi trabajo, para lo cual por supuesto decidí esmerarme lo mejor posible. La verdad que mi experiencia era mínima en este tema. Si bien tenía mi novio, lo nuestro no pasaba de apretadas fuertes, que incluían alguna mano traviesa que se escapaba por debajo de la remera. Me habían franeleado la cola, pero siempre con pantalón puesto. Y alguna vez habíamos simulado un coito, pero con la ropa puesta. En la teoría sabía muy bien lo que una mujer y un hombre tienen que hacer, pero la realidad era que mi práctica era casi nula.

Mi primera etapa se circunscribió a tocar por arriba la poronga, deslizando mi mano abierta por toda la superficie del pene. Después bajaba a la base de las bolas y las acariciaba con mucha delicadeza. Los pelos de mi abuelo me hacían cosquillas en la mano por lo que me quedaba un rato largo en esa parte. La verdad que nunca imaginé que se podía sentir tan bien el tocar un pene. En ese momento pasé a la segunda etapa. Tomando la poronga con mi mano traté de cubrirla en forma íntegra, pero la verdad era muy grande y apenas podía. Así empecé a acariciarla en la parte de abajo y volvía a los huevos, tratando de no tocar muy seguido la punta, de la cual por cierto se veían algunos líquidos que salían. Habré estado unos cinco minutos así y decidí pasar a la tercera etapa. Ahí me concentre en toda la extensión de la poronga de mi abuelo, subiendo y bajando y tocándola toda. Los líquidos que salían lubricaban todo el pene y evitaban así la fricción de la piel con mi mano. Mi abuelo, que hasta ese momento me había estado mirando a la cara como sorprendido y asustado, comenzó a desviar la mirada hacia un costado y a respirar mas rápido, agitando su mano enyesada. "Me vas a hacer acabar", me dijo, y fue ahí que le chiste para que se callara diciéndole que lo disfrutara. Acto seguido instalé la mano en la punta de su poronga, y tirando el prepucio hacia atrás comencé a masturbarlo con rapidez. No habrán pasado 10 segundos cuando hizo una exclamación de placer y comenzó a tirar su semen en una gran cantidad. Habré contado no menos de cuatro o cinco chorros de liquido blanco bien espeso que se volcaron sobre su panza, pecho y el resto en el brazo. Cuando vi que no salía nada mas, le pregunté si estaba bien a lo que me respondió que sí, pero que estaba preocupado por mí.

"Abuelo, lo único que importa es que vos estés bien. No te hagas la cabeza con nada". Y diciendo esto, me levanté, le di un beso en la frente y agarre la toalla del piso y le limpie los rastros de semen. Terminado lo tapé y me fui al baño a dejar la toalla. Ahí advierto que tenía semen en la mano, por lo cual abro la canilla de la pileta para lavarme. También instintivamente, acerque mi mano a mi nariz y olí el semen que tenía ahí. No era desagradable. Era un olor raro, distinto, desconocido. Me acordé en ese momento de la charla que había escuchado en la casa de mi mejor amiga, cuando le habían hecho la despedida a la hermana mayor que se casaba, en donde algunas decían que a los hombres los volvía locos acabar en la boca de las mujeres y que estas se la tragaran. Algunas pusieron cara de asco, pero otras decían que no era tan malo, que hasta inclusive, a unas pocas, les gustaba. ¿Cómo sería el gusto?. Me pregunté. Y volvía a acercar mi nariz a mi mano y me animé a pasar la lengua muy rápido. No estaba mal. Miré para la puerta y como no había nadie, le pegué una chupada terrible a la mano y me metí todo el semen en la boca, total si no me gustaba lo escupía ahí mismo. Y la verdad no fue necesario escupir. Después de saborearlo un rato y pensarlo otro tanto, me lo tragué. No había sido tan complicado.

Me fui a mi cuarto para ir a bañarme. Me sentía muy rara. Me saque toda la bikini y me quedé totalmente desnuda. Me miraba ante el espejo y me notaba algo rara. El corazón me latía a mil. Me temblaban las piernas. Recién estaba dándome cuenta de lo que había hecho. Pero curiosamente no sentía vergüenza, sino todo lo contrario, me daba cuenta que me había gustado, y lo peor, mucho. Me acariciaba los pechos y marcaba mis pezones. La verdad estaba experimentando cosas que no había sentido nunca.

Temiendo que mi abuelo pudiera verme, me metí en el baño y cerré la puerta. Sentí la necesidad y entonces bajé una de mis manos a mi entrepierna. La zona estaba mojada y no se debía al agua de la ducha de mi abuelo. Empecé a tocarme. La verdad no soy una experta en el tema de las pajas, pero al menos se lo suficiente para lograr aliviarme. Hoy que conozco lo que son verdaderos orgasmos, se que aquellas pajas eran cosas pequeñas, pero que realmente en esos tiempos me dejaban satisfecha. Nunca me había metido nada adentro salvo los dedos pero no hasta el fondo. Ese día me quedé parada, apoyada contra la puerta y me dediqué a acariciarme enteramente. La verdad que era muy rara la posición en la que estaba ya que siempre que me había masturbado lo hacía en mi cama y de noche, y además siempre me conformaba con un poco. Ahora quería todo, al punto que si hubiera estado con mi novio ahí, hubiera cedido a todas sus peticiones. Pero igualmente, mientras cerraba mis ojos tenía la imagen del pene de mi abuelo. Me ponía loca por lo que mis dedos, simulando pequeños penes, esta vez entraban en mi vagina y dejaban que la palma de mi mano acariciara mi clitoris. No hubo una pausa previa y estalle en un orgasmo terrible, silencioso pero muy intenso.

No sabía como sentirme, me había estado masturbado pensando en la poronga de mi abuelo. Sabía que lo que había hecho lo había realizado con la mejor intención, pero igualmente sabía que estaba haciendo algo que no era correcto. Así y todo me convencí que no había nada malo y que el amor permitía muchas cosas. Me metí en la ducha y me di un baño largo y relajante.

Quinto capitulo. Los preparativos y la fiesta. El segundo encuentro.

La tarde transcurrió sin novedades. Mi abuelo durmió un rato y luego nos cambiamos para la noche. Durante todo este tiempo no se hizo ningún comentario, pero era evidente que se sentía muy incomodo por lo sucedido.

Nos pasó a buscar el hermano menor del novio. Tenía unos 20 años y la verdad era muy lindo. Según nos contó después el amigo de mi abuelo, lo había mandado para que no me sintiera tan descolgada y así hiciera un amigo para estar con alguien durante la fiesta.

Comimos sin problema y la pasamos muy bien, sin embargo, mi abuelo que de en cuanto en cuanto se reía, era evidente que no estaba bien. En varias oportunidades me miraba y nos sonreíamos, pero inmediatamente corría la vista. Nadie noto lo que pasaba por cuanto la alegría que se vivía ahí era muy grande para percibir si mi abuelo sonreía forzado o no.

Mas tarde nos llevaron al hotel. Nos pasarían a buscar a las 10:00 de la mañana del día siguiente para ir a la ceremonia civil y pasaría Juan Carlos, este niño hombre muy guapo. Mi abuelo me dijo que sería mejor descansar temprano a lo cual asentí. Casi no habíamos dormido en el avión, y la tarde, había sido movida. Igual le pregunté que le pasaba, y evasivamente me dijo que nada. Notando que no me decía la verdad, insistí y luego de un rato me comentó que realmente se daba cuenta que su vida no volvería a ser nunca lo que había sido antes. Que si bien agradecía mucho lo que hacía por él, esto le había demostrado que realmente estaba muy solo. Que al verme a mí, se daba cuenta también que no podría tener a una mujer como yo nunca mas, porque nadie como yo se fijaría un viejo inválido. Que si no fuera por que era su abuelo, no me daría ni la hora. Y comenzó a llorar. La verdad, verlo llorar me partió el alma. Un hombre tan hombre (por así decirlo) no podía estar llorando.

Lo consolé un rato y le dije que no se preocupara, que en mi opinión de mujer seguía siendo un hombre completo, y que solamente bastaba que se decidiera para que cualquier mujer estuviera a sus pies. Era muy caballero, de esos que hoy en día no existen. Después de eso seguimos charlando un poco mas hasta que se tranquilizó, por lo que dándole un fuerte beso en su frente me fui a dormir.

Me quedé mal por como estaba mi abuelo, pero la verdad no se me ocurría que podía hacer. Tardé en dormirme, pero finalmente el cansancio que era muy grande me venció y me dormí.

A eso de las 08:00 escuche el teléfono sonar que nos despertaba para que nos levantáramos. Fui a la habitación de mi abuelo que ya estaba despierto, por lo que luego de saludarlo con un buen día saqué sus ropas y le dije que se preparará para el baño. Volví a mi cuarto, me puse la bikini (otra que había llevado) y fui al baño de mi abuelo. Estaba esperándome ahí. Le saque el pijama y nos metimos en la ducha. Lo bañe lo mas rápido posible para no perder tanto tiempo. Aproveché yo también para bañarme. Me lavé el pelo. Por suerte el pene de mi abuelo no se puso dura así que pude terminar rápido y sin contratiempo.

Salimos, lo sequé todo y comencé a vestirlo. Le puse el calzón, el pantalón del traje, las medias, los zapatos. Le dije si quería que le secara el pelo, lo cual me dijo que no era necesario, que prefería dejarlo así, que solo lo peinara un poco. Le puse la camisa y comencé a pelear con la corbata. Después de un rato logre ponerla de todo. Estaba listo. Ahora me tocaba a mi. Me fui a mi cuarto. Me saque la bikini mojada y me puse una tanguita que había traído para la ocasión porque el vestido era muy ajustado. Me puse también unas medias (tipo panty) pero que eran muy finitas en la parte de arriba. En realidad estaban diseñadas para que se usaran sin la bombacha, pero yo no me animé.

Me puse los zapatos que llevaría. Muy lindos y comprados especialmente para la ocasión, que en realidad era un regalo de mi abuelo. Como no había tenido tiempo de comprar un vestido, le pedí uno a mi mejor amiga que le había visto en el casamiento de su hermana. Era un vestido muy ajustado, realmente muy escotado y con la espalda totalmente descubierta hasta la cola. Complementaba mi vestido una chalina alargada que iba enroscada al cuello y que caía por la espalda y disimulaba de esta forma un poco el desnudo total de mi espalda.

Salí al cuarto de mi abuelo y cuando me vio no pudo evitar exclamar lo hermosa que estaba. Le dije que muchas gracias, y haciendo un movimiento de modelo, le pregunté si necesitaba algo mas. Como me dijo que no, le indiqué que me iría a maquillar y a terminar de peinarme. Como era de día, el maquillaje fue muy suave, con lo cual casi me hice algo natural. En cuanto al peinado, me hice una cola elevada tipo princesa, y después los costados todos recogidos. No se si se dan una idea a lo que me refiero, pero para no ser de peluquería, quedaba muy lindo.

Justo cuando salía del baño nos avisaban que nos pasaban a buscar. A disfrutar la fiesta.

La verdad que estuvo todo muy lindo. Tanto el hermano del novio, como dos de sus amigos, estuvieron agasajándome toda la tarde. Nos habían puesto en una de las mesas de la familia y me hicieron bailar hasta morir. Igual, tanto el vals como algunos temas románticos se los dediqué a mi abuelo.

Le pregunté si hoy se sentía mejor de ánimos, a lo cual me dijo que sí, pero que igualmente tenía la tristeza por adentro porque no podría tener una mujer de verdad como era yo. Que seguramente podría ver algún día mujeres desnudas, pero que para ello tendría que pagar, pero que igualmente ninguna sería como la abuela o como yo. A pesar de todo, me comentó que no había perdido las ganas de vivir, porque existían cosas muy lindas para contemplar, como por ejemplo yo.

Le volví a sonreír y le dije que fuéramos a seguir bailando y disfrutando la fiesta. "Te quiero mas que a nadie abuelo, sos el hombre mas lindo y mas bueno que existe". Y dándole un fuerte beso, casi a la altura de la comisura de los labios lo tome del brazo y lo llevé a la pista.

A eso de las 10:00 de la noche, Juan se acercó a nuestra mesa y nos preguntó si queríamos ir con un matrimonio amigo de él que iban para el hotel donde nos hospedábamos. En ese momento interrumpió Juan Carlos que nos dijo que nos quedárabamos un rato mas porque él nos llevaría mas tarde. Mi abuelo prefirió irse, pero pensando en mí, me estimuló a que me quedará un rato mas disfrutando de la fiesta.

La mirada de mi abuelo era sincera, por lo que contando con su aprobación acepté quedarme un rato mas. Especialmente porque me insistían mucho y no quería que tomaran mi negativa como un desprecio.

Si bien la estaba pasando de maravillas no dejaba de pensar en mi abuelo y en lo solo que se debía estar sintiendo. Habrá pasado menos de una hora y le dije a Juan Carlos que por favor me llevara al hotel que me preocupaba como estaba mi abuelo.

Me hizo llevar por uno de los choferes. No por no ser un caballero, sino porque tenía unas copas de mas y no podía manejar en ese estado. Además, le dije que no era necesario que me acompañara porque era una hora de ida y otra de vuelta y no quería que se perdiera el final de la fiesta. Aceptó, pero con la condición que al día siguiente le concediera dar una vuelta en su lancha, por cuanto habíamos quedado ir a almorzar a la casa del amigo de mi abuelo que tenía en la playa. Las dos familias estarían juntas y por supuesto estábamos invitados. Sin dudarlo le dije que me encantaría, y me despedí. Su beso prácticamente fue en mi boca. En otras circunstancias le hubiera respondido y ahí mismo lo hubiera besado. Era un bombón. Pero la verdad tenía todos mis pensamientos en mi abuelo.

Llegue al hotel y sin perder un solo minuto subí a mi habitación, observando que la luz del cuarto de mi abuelo estaba prendida. Sin siquiera sacarme la ropa ni los zapatos, golpeo la puerta que separaba los cuartos y paso. Me miró sonriendo y me dijo con sorpresa que había regresado muy temprano, preguntándome porque no me había quedado un rato mas aprovechando que tantos chicos lindos me estaban conqueteando. Le dije que no quería dejarlo solo, y riéndome agregué "Además, para que quedarme allá si acá tengo el mejor de los hombres".

Manteniendo su sonrisa dijo, "Por favor, no digas tonteras, no viste como te miraban todos y lo apuestos que eran esos pretendientes. Que te puede dar este viejo."

"Abuelo, perdona si te puse mal, no quería que te sintieras mal".

Interrumpiéndome me dijo, "Mi amor, no hay problema alguno. Sos plenamente libre de hacer lo que desees. Es mas, estoy muy feliz que los hombres se desvelen por vos, lo que pasa es que, …", y dejó de hablar agachando la mirada.

"Pasa que abuelo, decilo".

"No pequeña, no tiene sentido, son cosas de viejo".

"Abuelo decime lo que pensas". Insistí un rato mas hasta que dijo:

"Lo que pasa es que me doy cuenta el tiempo que ha pasado y lo lejos que están esos momentos de alegría. Y no solo por lo de tu abuela. Date cuenta que a mi edad es imposible que una adolescente como vos se fije en mi, y no me pongo enojado con eso porque son las reglas de la vida, pero igual es inevitable estar un poco triste. Pienso que cualquiera de estos muchachos puede tener a una mujer como vos en cualquier momento, disfrutarla íntegramente. En cambio yo, como te dije en la fiesta, para contemplar a una mujer hermosa tengo que pagar mucha plata. Jamás volveré a tener a alguien como vos. Es triste darse cuenta que uno ha entrado en la recta final de su vida".

Me puso muy mal escucharlo decir eso. Tratando de cambiar de tema le dije que lo ayudaría a ponerse el pijama. Pobre, había llegado de la fiesta y no se había podido sacar el traje.

Lo cambié muy rápido. Mientras tanto, me pedía perdón por hacerme sentir mal por decir las cosas que decía. Que igualmente estaba muy agradecido por todo lo que yo hacía por él. Y a cada rato parecía que ya se quebraría.

Terminé de cambiarlo y lo recosté en la cama. Le dije que me iría a cambiar y que volvería para que viéramos algo en televisión.

Ya en mi cuarto, me dispuse a sacarme el vestido cuando pude apreciar la imagen que estaba dando viéndome frente al espejo. Me miré y me di cuenta que estaba realmente muy sexy y que ahora entendía por que los hombres habían estado sobre mi como locos. Seguramente hubieran pagado fortuna por verme en bolas, y por lo otro, hubieran hecho de todo, hasta serían capaces de vender el alma al diablo. A la mañana no me había fijado mucho, pero mi cuerpo se marcaba todo, la verdad, hasta yo me quería ver desnuda. Y un segundo después también pense en mi abuelo y en el hecho que seguramente a él como hombre le rondaban los mismos pensamientos. Era una cuestión inevitable.

Me senté en el borde de la cama y comencé a sacarme los zapatos. La idea me rondaba la cabeza. No podía estar pensando eso. Que me estaba pasando. Volví a mirarme al espejo. Realmente no me costaba nada y con muy poco podía hacer muy feliz a mi abuelo.

Me volví a poner los zapatos y me fui al cuarto de mi abuelo. Se sorprendió al verme vestida completa. Me paré a los pies de su cama y le dije "Te puedo hacer una pregunta, pero por favor, quiero que me seas sincero".

"Pequeña, jamás te mentiría. Pregunta lo que sea".

"Prometes no mentirme y decirme la verdad por mas dolorosa que sea?".

"Me asustas un poco, pero prometo decirte la verdad". Dijo mi abuelo con cara de muy preocupado.

Entonces, lance la bomba "Abuelo, te haría feliz si me vieras desnuda?".

"Que decís?. Estás loca?. Porque me haces una pregunta así?".

Y repliqué "No me contestes con otra pregunta, quiero que me hables con el corazón y no con calentura. Te haría bien?. Te cumpliría un deseo?. Una fantasía? Y no te preocupes por lo que pueda pensar yo, procuro antes que nada tu sinceridad. Si me mentís, ahí si me voy a enojar mucho". Y volví al ataque "Se te pasó por la cabeza verme desnuda?. Te gustaría que lo hiciera?".

Y respondiendo con una vos temblorosa dijo "Es difícil explicar lo que me pasa. Son muchos sentimientos encontrados. Por eso es que me he sentido mal algunas veces. Me pone mal tener pensamientos no santos con respecto a vos. Por ejemplo, estaba convencido que hoy te acostarías con Juan Carlos. Me imaginaba lo que sería estar en su lugar, hasta llegar a sentir un poco de envidia y de bronca, pero no con vos, sino conmigo. Si vos sos feliz, eso es lo único que me importa".

"Y entonces", pregunté apurando mi respuesta. "¿Te gustaría?".

"Si queres saberlo, he tratado de imaginarte como serías sin ropa. Seria hermoso verte desnuda. Desde hace un tiempo me ronda la idea. Es algo que no puedo evitar y me pone muy mal. Perdoname".

"Me querés abuelo?". Pregunté.

"Si, sos lo mas que quiero en el mundo. Me has hecho sentir muy bien. Perdoná si te he decepcionado".

Y le dije "No me has decepcionado. Me siento halagada que un hombre como vos se fije en mí. Yo también te quiero mucho, y espero que esto te lo demuestre". Ni bien terminé de hablar comencé a desvestirme delante de mi abuelo. Primero me saqué el chal que tenía enrrollado al cuello y me lo saqué muy lentamente, no por ser sexy sino por que estaba bastante ajustado. Mi abuelo me miraba y trataba de decir algo pero no podía. Cuando lo logró yo estaba empezando a desatar la parte de arriba de mi vestido.

"Pará mi amor. No sigas, no quiero que hagas algo por compromiso. No necesitas demostrarme nada. Ya esto me gratifica, me hace sentir muy bien. No quiero que después te sientas mal".

"No hago nada forzada. También quiero hacerlo. Estoy decidida y no vas a poder evitarlo. Quiero que lo disfrutes, no todos los días vas a tener a tu nena desnuda en tu cuarto.". Y entonces solté los ganchos del vestido y dejé caer cada una de las puntas. Mis pechos quedaron completamente al descubierto. Aunque no debía ser así, me sentía sumamente excitada por lo cual mis pezones estaban duros y se me marcaban un montón. Las luces de la habitación caían justo sobre mi cuerpo, con lo cual mi abuelo debía tener un espectáculo tremendo. Sus ojos, desorbitados, estaban clavados en mis pechos. Evidentemente lo estaba disfrutando, y yo también.

Me moví un poco para los costados para que pudiera apreciar los contornos, sus tamaños y formas. Se balanceaban muy lentamente permitiendo que se lucieran en toda su extensión. Mi abuelo seguía mirando y casi no pestañaba. Decidí continuar. Tomé los costados del vestido y comencé a bajarlo. Esta vez el movimiento fue bastante rápido, pero estando de frente a mi abuelo, seguramente habrá contemplado plenamente las caídas de mis pechos cuando llevé el vestido hasta mis pies. Levante uno, después el otro, y me dirigí unos pasos hasta una silla para dejar mi vestido ahí.

Volví a mi posición anterior. Miraba a mi abuelo a los ojos y veía como lo estaba disfrutando. El silencio era terrible, al punto que se podía escuchar la respiración de mi abuelo. Comencé entonces a deslizar mis medias. Lo hice con mucho cuidado para no romperlas, pero seguramente habrá sido un lindo momento para mi abuelo. Casi repetí los movimientos que hice con el vestido. La diferencia es que esta vez desabroche los zapatos y me los saqué, para de esta forma sacarme del todo las medias. Las tiré a un costado sobre los zapatos y me incorporé. Trataba de no pensar en nada, y mucho menos imaginare que podría estar pensando mi abuelo. Realmente todo esto era algo muy fuerte. Estábamos ante algo prohibido, algo que realmente me excitaba mucho mas de lo normal. Sin embargo no estaba nerviosa, por el contrario, me sentía muy segura de mi misma y por supuesto de mi cuerpo.

Quedaba el último paso y tampoco tuve duda alguna. Respirando profundamente tome los elásticos del costado de mi tanguita y con mis dedos comencé a bajarlos hasta que me detuve a la altura de mis muslos. Mi vagina ya estaba al descubierto y se podía apreciar plenamente. No tuve necesidad de agacharme para sacarme del todo la bombacha, simplemente me incliné un poco y levantando las piernas (una por vez) me saqué del todo la prenda interior, arrojándola sobre las medidas. Ahora sí estaba totalmente desnuda. Separé un poco las piernas para que se me pudiera apreciar todo mi cuerpo en toda su plenitud. Mi mata de pelos era (y es) tupida por cuanto no era (ni soy) de depilarme totalmente por cuanto me gusta sentir mis vellos púbicos. Por eso, seguramente mi abuelo podía ver una concha peluda, muy prolija, porque trataba de recortarme los pelos y además, iba a depilarme a la peluquería, con lo cual me hacía cavado y era algo prolijo. No sabía que hacer con las manos. Las movía de atrás hacía adelante, pero cuidándome de no tapar ninguna parte de mi cuerpo, por cuanto quería que mi abuelo pudiera verme totalmente.

Había que romper el clima. Mi abuelo miraba sin poder entender lo que pasaba.

"Que te parece?. Es lo que imaginabas?". Y mientras decía esto di una vuelta para que pudiera contemplar todo mi cuerpo, especialmente mi cola.

"Abuelo, decí algo?"

"Mi pequeña, me has dejado sin palabras. Es mejor de lo que me imaginé en cualquiera de mis sueños. Sos realmente hermosa": Y volviendo a mirarme, esta vez a los ojos, me dijo con la voz casi quebrada "Cinthia, muchas gracias".

"De nada abuelo, vos lo mereces. Esto y mucho mas".

Así desnuda como estaba, me acerqué a su cama y me senté a su lado, sin taparme nada. De esta forma podía verme mucho mejor. Le pregunté: "Estas mejor?".

"Si" me contestó.

"En serio te ha gustado?".

"Mucho, realmente creo que no debe haber chica mas linda que vos. Ni tu abuela podría competir. Y mira que era la persona mas linda del mundo para mí. Ella era mi princesa, pero vos sos mi princesita."

"No exageres"; le dije riéndome.

"Sabes que no exagero, ni te imaginas como me has puesto".

Y siguiendo el juego le dije "Haber", y poniendo mi mano sobre las sabanas, le toque su pene. La verdad que tenía de nuevo una erección terrible. Se sentía muy duro a pesar del pijama y de la sabana. "Epa, es verdad!!!!".

Mi abuelo se sobresaltó. Se ruborízó.

"No seas tonto, después de todo lo que ha pasado estos días me vas a decir que te da vergüenza. Dejame que termine el día con todo". Y diciendo esto corriendo las sabanas, descubrí su pene de adentro del pantalón del pijama. El procedimiento fue muy parecido al de la tarde anterior. Me dediqué a acariciarla lentamente y disfrutar al máximo ese momento. También quería que lo disfrutara mi abuelo.

Le desabroche la camisa del pijama y con mi otra mano comencé a acariciarle su pecho. Su piel era muy suave. Veía que disfrutaba mucho todo esto.

Mi pierna desnuda estaba pegada a su costado. Lo rozaba todo el tiempo. Me aseguraba de tratar de dejarla lo mas abierta posible para que pudiera ver plenamente mi sexo. Mi abuelo no paraba de mirar mis pechos que se balanceaban armónicamente. Aveces bajaba la mirada para mirar mi entrepierna, pero nuevamente la subía a los pechos. Estaba embobado. Creo que no podía creer lo que estaba pasando. Su nieta, una adolescente de 18 años, estaba completamente desnuda, sentada en su cama, acariciando su pene, masturbándolo con mucho amor. Seguramente ningún sueño se acercaba a lo que estaba viviendo él.

No podía aguantar mucho por lo que acabó nuevamente con violentos chorros, pero que esta vez cayeron sobre mi mano y brazo izquierdo que estaba acariciando el pecho de mi abuelo. Otra parte fue a su pecho. Como no tenía una toalla a mi alcance, pasando mi mano derecha traté de juntar la mayor cantidad de semen para limpiar a mi abuelo. Le dije que iría a lavarme las manos y buscaría una toalla en el baño. Me fui para el baño. Había una importante cantidad de semen en mis manos y brazo. Nada comparado con el día anterior que apenas fueron unas gotitas. Me animaría. Me miré al espejo y vía una mujer desnuda que acababa de hacer una locura. Mi rostro estaba irreconocible, o a lo mejor debía ser que no quería reconocerme. Debía sentirme culpable, pero no, todo lo contrario, tenía mucho de felicidad, y aún mas por haber visto la cara de alegría de mi abuelo.

A pesar de todo esto no tuve dudas. Comencé a chupar los rastros de semen. La primer lamida fue saborear ese líquido especial, para después meterme todo en la boca. Lo degusté con mucha pasión, hasta que lo trague. Quería mas y lo tenía a mi disposición. Lamí mi brazo y lo dejé limpio. Hice lo mismo con mi mano derecha. Esta vez me bebí un líquido mas acuoso, pero no por eso menos sabroso. No podía creer que pudiera estar disfrutando de esto. Muchas mujeres pasan toda la vida sin probar el semen, y menos tragárselo. Yo, en ese momento, hubiera bebido todo lo que pusieran.

Abrí la canilla y lavé el resto de mis manos. Tomé la toalla y me fui para lo de mi abuelo. Lo limpié. No decía nada. Me fui para el baño y tiré la toalla en un cesto. Volví al cuarto de mi abuelo. "La pasaste bien abuelo?" pregunté. "Muy bien mi vida, no puedo creer lo que acabamos de hacer".

"No te pongas mal –replique y ganando de mano a cualquier arrepentimiento- date cuenta que es algo que deseabas y era la única persona que te lo podía cumplir". Y apoyando mi mano en su rostro le dije "Lo único que quiero es lo mejor para vos".

Me sonrío. Ahí me miró y me dio las gracias, pero agregó "sería bueno que te taparas un poco, sos demasiada tentadora". Ahí me di cuenta que seguía toda desnuda. "Me voy a dormir, fueron demasiadas emociones por hoy". Y dándole un beso en la frente, me levanté, agarré mi ropa y me fui a mi cuarto, sin darme vuelta. Cerré la puerta.

Mi tiré en la cama sin nada. Dormiría desnuda. Nunca lo había podido hacer. Prendí la tele y para mi sorpresa, encontré un canal de películas condicionadas. Comencé a mirar. Una rubia terrible le estaba haciendo una mamada a un morocho con una morcilla increíble. Que ganas de estar ahí!!!!!!!.

Hubo varias escenas (habré estado unos cuarenta minutos), pero siempre las chupadas me volvían loca. Hasta que en un momento, un muchachito bien dotado, volcó todo su líquido en la boca de una jovencita también muy linda. La muy guacha se tragó todo, y las escenas te permitían ver todo con detalle. Que locura!!!!!!!!!!!!!.

Me subí mi mano a la nariz para ver si había algún olor. Nada. El jabón era mas fuerte. "Mierda" exclamé. Entonces dirigí mis dedos a mi entrepierna. Quería sentir mis olores. Muy fuertes. Me excité. Y comencé a masturbarme sin preámbulos. Me metía los dedos y raspaba mi manos en la entrada de mi vagina. Imaginaba que el semen de mi abuelo entraba en mi interior. Igual, no había nada, pero como yo tomo pastillas para mantener regular mi menstruación (por que desde chiquita había sido un desastre), uno de los efectos de estás pastillas es que son anticonceptivas. Por eso ni me preocupaba.

Acabé muy rápido. Toda mojada. Me tuve que levantar a limpiarme. No podía creer. El orgasmo no había sido tan fuerte, pero lo había disfrutado mucho.

Volví a mi cama, apague el televisor, y así desnuda como estaba, solo tapada con una sabana, me dormí.

Sexto capitulo. La primera vez.

Habíamos quedado levantarnos a la hora que nos despertáramos. Sentía algunos movimientos en el cuarto de mi abuelo. Miré el reloj y eran las 10:00 de la mañana. Agarré el camisón y me fui al cuarto de mi abuelo. "Buen día. Estás bien?".

"Buen día querida, muy bien. Vos?".

"Mejor que nunca", le dije "Estaba muy cansada".

"Menos mal que te levantaste, necesitaba ir al baño".

"Me hubieras despertado, que tonto".

"No era tan urgente, ja ja, estamos justo a tiempo".

Fuimos al baño. Hizo sus cosas, lo limpie y le pregunté "Queres aprovechar a bañarte?". Me dijo que sí.

Busque el naylon y ayudé a desnudarlo del todo. Abrí la ducha y lo metí. Con una naturalidad que inclusive a mí me sorprendió, me levanté el camisón y me lo saqué por la cabeza. Me quedé totalmente desnuda.

Mi abuelo, sorprendido, como tantas veces preguntó que estaba haciendo.

"Ya me viste toda desnuda, ya no tengo nada que ocultarte. Me parece muy tonto ponerme una bikini. Si te molesta me la pongo?".

"Al contrario, me gusta mas así".

Me metí en la ducha. Ahora sí que habíamos pasado todas las barreras. Estaba realmente jugando con fuego pero no tenía intenciones de echarme para atrás. Creo que no tenía en mente ni me imaginaba a donde podía llevarme todo esto. Verdaderamente era algo distinto y tal como dije en un momento, me di cuenta que me excitaba lo prohibido.

Tomé el jabón y empecé a lavarlo. El agua caía sobre los dos. Mi abuelo no salía de su asombro. Estábamos los dos desnudos y el agua hacía que todo luciera mucho mas. Cómo él era mas alto, cuando le lavaba la cabeza mis pechos directamente se apoyaron en su espalda o cuando lo daba vuelta en su pecho. Ya había pasado lo mismo los días anteriores, pero la bikini minimizaba el contacto. El pene de mi abuelo empezaba a reaccionar. Todavía no lo había tocado, pero era evidente que el roce de mis pechos lo estaba enloqueciendo. Yo también me estaba excitando aún cuando sabía que estaba mal pensar en mi abuelo en forma sexual, pero a esta altura era algo inevitable.

Cuando terminé de lavarle la cabeza, comencé con el resto del cuerpo y entonces me agaché a lavarle las piernas quedando su pene a la altura de mi cara. Su pija me miraba desafiante. Parecía como que sabía que la situación la había generado yo y me estaba probocando. Cuando me levanté, sin darme cuenta golpeo su pene con mi cara, siendo que mi abuelo en ese momento sintió el contacto lo que hizo que su pene se moviera solo. Era evidente que mi abuelo estaba muy pendiente de todo.

Comencé a lavarle el pecho y comencé a bajar. No tardé mucho en tomar su miembro. Comencé a lavarlo y a cada segundo se ponía mas duro. Lo estaba masturbando. Mi abuelo exclamo que parara que sino lo haría acabar. "No te preocupes. Es lógico que se te ponga así, estoy desnuda, mojada y encima te la estoy masajeando. No es justo que estés todo el día al palo". Y sin decir nada mas, comencé a masturbarlo abiertamente.

Estaba de frente a mi abuelo. El agua hacia mucho mas excitante el movimiento, porque mi abuelo se había quedado bajo la ducha, y yo estaba mirándolo a él, pero fuera del chorro del agua. No era la mejor posición para pajearlo, pero quería ver el momento en que acabara. No tardó mucho y cuando lo hizo tiró todo su semen sobre mi. Cuatro o cinco chorros muy fuertes cayeron sobre mi panza, una pierna y parte de los pelos de mi vagina. La verdad, nunca había lanzado tanta leche en las pajas que le había hecho.

"Perdoná", dijo asustado.

"No pasó nada, además ahora me lavo. No hay problema".

Obviamente, tardé mucho en lavarme. Sentía como los líquidos se escurrían lentamente sobre mi cuerpo. Parecía mas duros y no tan líquido. Quería probarlos pero realmente me daba mucha vergüenza que me viera mi abuelo. Enseguida me dijo que estaba listo para salir, Le dije que me enjuagaba y me lavaba el resto y lo ayudaba a secarse. En el movimiento de cambiar el lugar de la ducha, pasé mi mano por mi panza y unté (esa es la palabra justa) un poco de semen. Rápidamente me lo llevé a la boca y lo pasé a saborear hasta que lo tragué enseguida. Me confié que al hacer todo ese movimiento de cambio de lugar, mi abuelo no advertiría lo que hacía, pero cuando me di vuelta estaba mirándome muy asombrado.

Me puse colorada enseguida. Me habrá visto?, me preguntaba.

Mientras me enjabonaba y lavaba lo miré y no le sacaba la vista de encima. Su cara estaba desencajada. Tenía que preguntar. "Que te pasa abuelo?. Ya me viste desnuda otras veces. Algún problema?".

"Nada, es que …, me pareció …., bueno, no importa, no es nada". Y cambió la mirada.

Era evidente que me había visto. No se dijo nada mas en todo el día.

Nos vestimos y nos fuimos a desayunar. El pobre de mi abuelo estaba muy raro. La verdad me ponía en su lugar y seguramente no podía entender lo que había hecho. Su nieta no solo lo había masturbado sino que se había probado parte de su semen delante de él. Si lo piensan realmente todo esto era una locura.

Al rato nos pasaron a buscar y nos fuimos a lo del amigo de mi abuelo. La verdad no hay mucho para contar de ese día, solo que la pasamos muy bien. Cumplí mi promesa y entonces salí a navegar con Juan Carlos. Obviamente en esta oportunidad lo besé y dejé que me acariciará toda, dejando inclusive que en un momento descubriera mis pechos y los sobara con total libertad.

Como nos habíamos alejado varios kilómetros por la costa nadie nos podía ver. Igualmente y a pesar de todo esto yo estaba pensando todo el tiempo en mi abuelo. En un momento en el cual la franela estaba pasando a niveles muy elevados, Juan Carlos trató de sacame la parte de abajo de la bikini pero lo detuve. Le dije que me en realidad me encantaría hacerlo con él pero que prefería esperar porque todavía era virgen, y que por mas que me parecía un bombón creía que debía hacerlo con alguien que conociera un poco mas de dos días.

Si bien insistió un rato largo (mientras me acariciaba todo el cuerpo y me calentaba cada vez mas) se portó como un caballero y respetó mi decisión. Me apoyaba todo su paquete y la verdad estaba a punto de ceder. No podía imaginar una primera vez mas romántica, un barco sobre el mediterraneo, un muchacho hermoso y un día soleado alucinante. Tenía curiosidad de ver de lo que me estaba perdiendo, y debía hacer algo inmediatamente porque podía tentarme. Luego de pensarlo un rato y de haberle estado sobando el miembro por encima de la malla, metí mi mano para sentirlo directamente. Era también muy grande y no tardé en liberarlo del todo. "La verdad que sería hermoso sentir esto, pero sigo en mi postura. Si queres te puedo acariciar de alguna forma especial para que no te quedes tan mal".

"Dale", y sacándose del todo su malla dejó totalmente al aire su hermosa pija. No era tan grande como la de mi abuelo, pero como dije, tampoco era para despreciar. Lo acaricié un rato largo al igual que sus huevos. Y después, procedí a masajearla entera. En un momento me pidió y hasta suplicó que se la chupara a lo cual por supuesto me negué. Un rato después acabó pero sin derramar mucha leche, siendo que una parte calló sobre mi mano y mi pierna. Curiosamente no tenía el impulso de lamer este semen como había sido en el caso de mi abuelo. Es mas, cuando me acercó una toalla me lo saque bastante rápido y no crear que era porque me daba asco por que no era así ya que no tenía ningún problema de tenerlo sobre mi cuerpo. Simplemente es que no sentía el impulso, deseo o ganas de lamerlo.

Después de ello nos tiramos al agua, siendo que durante el resto del día me quedé solamente con la parte de abajo de la bikini, haciendo topless como si fuera una europea mas. Cruzamos otros barcos y la verdad no me daba vergüenza para taparme y que me vieran. Resulté un poco exhibicionista, pero en realidad, pensaba que los tipos que me miraban no sabían quien era y realmente no los vería nunca mas, por lo que poco me importaba.

Mientras regresábamos hacía la casa pensaba de todo. Si bien había pasado un día muy lindo, no dejaba de recordar el momento en que Juan Carlos acabó sobre mi mano, tratando de encontrar el motivo por el cual por la cual el semen de mi abuelo me atraía tanto y no así el de este hermoso muchacho. Que me estaba pasando?. Cuándo estábamos por llegar obviamente, me puse la parte de arriba de la bikini para que no pensaran tan mal de esta tierna adolescente.

Nos bañamos en la casa del amigo de mi abuelo y aprovechamos para cenar ahí. A eso de las 10:00 de la noche nos llevaron al hotel.

Era nuestra última noche por cuanto el vuelo salía al día siguiente (lunes) a la noche.

Mi abuelo estaba medio raro. Era claro que algo le pasaba. Lo ayudé a cambiarse y le dije que iría a cambiarme yo. Me fui a mi cuarto y me puse un camisón para luego regresar al cuarto de mi abuelo.

"Que te pasa abuelo, y no me digas que nada. Te noto muy raro".

"Nada querida, estoy pensando todo lo que vivimos estos días. Ha sido muy intenso. Lamento que sea la última noche. Voy a extrañar todo lo que haces por mi. Y lo mas triste que ya no voy a tener excusa para verte sin ropa." Nos comenzamos a reír de lo que había dicho.

"No seas tonto, algún día puedo dejar que veas algo. Pero que quede claro que va a ser algo ocasional, no sea que se nos vuelva un vicio". Nuevamente estallamos en rizas durante un rato.

La verdad que hacía tiempo que no lo veía reír. Durante la fiesta había largado alguna carcajada, pero no sonaba algo sincero. Ahora era algo distinto.

Ya estaba sentada al lado de su cama. Continuamos charlando de todo un poco y de lo que habíamos vivido nosotros. En eso me levanto para ir a mi cuarto a dormir, y siendo que habíamos logrado un clima muy lindo, le dije si no quería que me acostara un rato a su lado para ver televisión juntos y si no tenía problema me quedaba a dormir con él. La verdad que la cama era muy grande por lo cual entrábamos muy bien y no había problema, pero igualmente la idea era estar lo más juntos posible. Destapando la sabana me invitó a meterme en su cama.

Realmente estábamos muy cansados por lo cual veíamos televisión y tratábamos de charlar para no dormirnos. Yo estaba recostada a su lado, apoyando mi cuerpo sobre el suyo. El había pasado su brazo izquierdo sobre mi espalda y medio me tenía abrazada. Mi mano izquierda acariciaba el pecho de mi abuelo por abajo de la camisa piyama. Después de un rato escuche un suspiro.

"Que te pasa abuelo?".

"Nada pequeña, me haces sentir muy bien. Me gusta mucho sentir tu cuerpo junto al mío. Es una sensación que ya casi había olvidado". Y diciendo esto me apretó mucho mas a su cuerpo.

Luego de pensarlo dos minutos me incorpore y me quedé sentada a su lado mirándolo. Las sensaciones de la tarde con Juan Carlos me habían dejado muy excitada. Igualmente, no pensaba llegar tan lejos, pero quería sentirme un poco mas atrevida. Estaba confundida. A lo mejor si mi abuelo me pedía de hacer el amor le decía que no. Pero en el fondo, un deseo íntimo era que él fuera mi primer hombre.

"Si te gusta, no tengo problema en que sientas mi cuerpo mas de cerca", y diciendo esto me saqué el camisón por sobre la cabeza, y mostré una vez mas a mi abuelo mis hermosas tetas.

"Es una locura", dijo mi abuelo.

"Callate y deja que me recueste de nuevo": Y desabrochando la camisa piyama, apoyé mis pechos casi en los suyos.

"Te quiero mucho abuelo, buenas noches".

"Buenas noches para vos también Princesita".

No se que cara habrá puesto pero con seguridad debía estar muy nervioso.

Me era muy difícil dormir porque el corazón de mi abuelo latía a mil, muy fuerte y sentía retumbar por todos lados. Además, sentía el calor de su cuerpo atravesar el mío, no pudiendo diferenciar cual de los dos irradiaba mas temperatura. A lo mejor era el mío y no me daba cuenta, pero lo que si no podía ignorar era que me estaba excitándome cada vez mas. Cerré los ojos y empecé a imaginarme en mil situaciones y las cosas que podía hacer ahora mismo, haciendo que mi cabeza comenzara a dar millones de vueltas.

Ya habíamos apago el televisor y la luz de la habitación, siendo que sin embargo la tenue luz de la calle iluminaba perfectamente el ambiente. En eso sentí unos ligeros movimientos a mi lado que llevaron a que abriera un poco un ojo, suficiente para ver como la mano de mi abuelo (la enyesada) estaba en la zona de su pene, quien sabe haciendo que. Seguramente su miembro se le había puesto totalmente erecto. Mi pensamiento fue inmediato. Quería verla. Quería tocarla. Quería olerla. Quería ….. chuparla????. No podía estar pensando eso. ¡Quería tener la poronga de mi abuelo en mi boca!!!!!. Como sería?. Que se sentiría?. Me acabaría en la boca?. Cual sería la sensación de sentir los chorros directamente en mi boca?.

No se si mi abuelo se imaginaba que estaba dormida o que no miraba, o a lo mejor su excitación había alcanzado niveles tan altos que ya no le importaba nada. Me incorporé un poco y le pregunté que le pasaba. Mis pechos quedaron ahora rozando su pecho generando muchas cosquillas en los dos, especialmente en mí, ocasionado que mis pezones se pusieran duros permitiendo que al contacto se sintieran en su plenitud. Mi abuelo no contestaba por lo que armando de valor decidí dirigir mi mano a su pene confirmando lo que ya sabía era así: estaba muy duro. Corrí las sabanas y sin darle tiempo a nada le desabroché el pantalón piyama y metí mi mano tocando como otras tantas veces en directo su miembro. La punta estaba mojada. Seguramente el líquido preseminal estaba saliendo desde hacía un rato largo. Tome su pija con mi mano y comencé a masajear la punta un poco. Un poco de líquido se quedó en mi mano. El momento había llegado. Lo que hiciera ahora podía marcar el resto de mi vida sexual. Y no lo dudé. Ni siquiera lo pensé. Llevé mi mano a mi boca y provee el líquido. Era mucho mas suave que el otro. Algo distinto, pero también muy rico. Miré a mi abuelo. Su boca abierta denotaba su total sorpresa.

"Abuelo, ojalá que el hombre con quien me case sea al menos un poco como vos. En todo sentido. Y obviamente, mi felicidad sería completa si fueras vos. Te amo mucho". Y diciendo esto, sin darle tiempo a decir nada, me agaché y pasé mi luenga por la punta de su poronga. Sorbí parte de los líquidos que continuaban saliendo. Lo lamía como un helado. Cubría toda la superficie que podía con mi lengua. No podía creer lo que estaba haciendo.

Después de un rato pase a chupar la pija. Hice una primera saboreada metiéndomela hasta la mitad. Se sentía realmente grande porque me cubría casi toda la boca. La saqué. Repetí la acción dos, tres, cuatro veces. Lentamente volví a mirar a mi abuelo.

"Te gusta" pregunte.

"Mucho" me respondió. Y volví a meterme su miembro en la boca.

Siendo mi primera vez que hacía algo así, no sabía que había que controlar los ritmos para que el hombre no terminara tan rápido. Además, lo mío era una obsesión por lograr que acabara en mi boca.

Mi abuelo comenzó a acariciarme la espalda con el munillo de su brazo amputado. Aunque no tenía mano el nudo se sentía muy bien y no tardó mucho en tocarme los pechos. Apenas rozaba los bordes, pero se sentía muy bien.

En eso me pide que pare diciéndome que estaba por acabar. "Es lo que quiero, dame tu semen. Lo deseo mucho". Me miró, y sonrió aprobando lo que quería hacer. Realmente a estar altura no se iba a negar.

Volví a mi tarea. Era inminente. Su cuerpo se tensó todo. Comenzó a largar su leche en mi boca. Era una canilla abierta. Me fue imposible mantenerlo en mi boca. Mi intención era saborerarlo, pero no me daba tiempo. Empecé a tragar, pero gran parte salía de mi boca. Igual, no me sacaba la pija de mi boca. Debía ser un hermoso espectáculo.

Cuando ya no salía mas, me dediqué a limpiar la poronga en toda su extensión. Había semen hasta en la parte de los pelos. No me importó. Pasé mi lengua por todos lados. Estaba feliz.

Miré a mi abuelo y mientras me acercaba a su lado, me dijo que no podía creer lo que había hecho. Era lo mejor que le había pasado desde la muerte de la abuela.

"Abuelo, sos el hombre de mi vida. Quiero hacerte feliz, y ser feliz con vos", y diciendo esto le di un beso en la boca. Fue un beso muy simple. Nuestras lenguas ni se encontraron, pero sabíamos que esta noche recién empezaba.

"Espero que pueda ser una persona especial abuelo, no quiero que pienses mal de mi".

"No, como pensaría mal, el único que es culpable soy yo por aprovecharme de vos. Deberías estar durmiendo o bien con Juan Carlos disfrutando la vida, y no estar forzada acá conmigo":

"Nadie me ha forzado -le dije- y si bien me encantaría estar con Juan Carlos, no dejaría que él fuera mi primera vez. Todavía soy virgen, y me gustaría que mi primera vez fuera única, especial, y que no la pueda olvidar en toda mi vida".

"Lo que daría por ser yo", me dijo.

"Solo tenes que prometerme que siempre voy a ser tu princesita".

"Por siempre". Y mientras decía esto, comencé a besarlo sin ningún pudor.

Nuestras lenguas se cruzaban por primera vez, pero parecía que se conocían de toda la vida. Yo ya estaba sobre su cuerpo. Una de mis manos acariciaba su rostro. Su mano enyesada (sus deditos en verdad) me acariciaban la cola por arriba de la bombacha.

Su pene se empezaba a poner duro lentamente pero creciendo nuevamente.

Mi abuelo empezó a besarme en el cuello. Lo hacía con una maestría que jamás me hubiera imaginado. Todo mi cuerpo estaba en ebullición. Me empezó a besar la oreja. Me estaba matando.

"Me muero de ganas de hacerte el amor", susurró a mi oído.

"Decime lo que tengo que hacer, estoy en tus manos". Respondí con mi vos entrecortada. Por mas que sabía que era algo que me había buscado, no puedo negar que estaba asustada.

Mi abuelo se incorporó un poco, y recostándome en la cama, comenzó a besarme en la boca nuevamente. Esta vez era yo quien recibía la lengua de él, junto con su saliva que seguramente por sus nervios, brotaban en grandes cantidades.

Decidió seguir con mi cuello. Ya no solo lo besaba sino que pasaba su lengua a lo largo, lo cual se sentía muy excitante. Y de repente empezó a bajar. Se dirigía lenta pero decididamente hacia mis pechos. Parecía que nunca llegaría, y de repente, estaba bordeando mis aureolas. No las toco ni las besó. Sus besos se limitaban a los contornos de mis pechos. Mire a para abajo y vi que mis pezones estaban parados, erectos como nunca los había visto. Comenzó a acercarse al centro de mis pechos. Mis pezones se tensaron mas. Los besos llegaron finalmente sumergiéndome en una sensación increíble que me estaba enloqueciendo.

De repente su lengua salió de su boca y tocó mis aureolas y comenzó a lamerlas sin ningún tipo de reparo. Los pezones estaban esperando su momento que llegó en el momento menos pensado cuando su lengua empezó a recorrer todo el resto de mis pechos sin ninguna restricción. ¡Que placer!!!.

Los besos y la lengua dejaron lugar a su boca. Ahora empezaba a introducir mis pezones en su boca. Con mucha delicadeza los succionaba. Parecía como que los iba a arrancar. Magistralmente pasaba de un pezón al otro. No daba tiempo a que ninguno se relajara. Las sensaciones eran totalmente desconocidas, estando experimentando cosas que no podía entender, pero que no querían que desaparecieran. Cada vez mas fuerte, y mas, y mas, y maaaassssss.

Un fuerte gemido le dio la pauta a mi abuelo que estaba disfrutando cada lamida que me estaba dando. Me miró y me dijo "Hoy voy a devolverte todo lo que me has dado estos días. Hoy voy a volver a ser hombre otra vez". Acto seguido comenzó a bajar por mi panza besando cada centímetro, una y otra vez, en especial, lamiendo todos mis costados. Me estaba hacíendo muchas cosquillas pero el placer era tan grande que no me importaba otra cosa y no quería que parara. Estaba totalmente paralizada, y aún mas grave, totalmente entregada. Continuó bajando por mis caderas y luego por mis piernas llegando luego de un rato hasta mis pies. Su lengua recorrió todo, besando y chupando cada uno de los dedos. ¡Que manera de darme placer!!!!!. No podía creer lo que estaba viviendo, nunca me había imaginado que pudiera causar tanto placer el que te besaron los pies. Pasó al otro pie e hizo lo mismo. El mismo ritual, mucho mas placer. Empezó a subir por la otra pierna. Parecía que la lavaba con su lengua, no dejando ningún lugar sin humedecer. Comenzó a lamer mis muslos interiores. Los mordía en forma muy despacio pero certera. Pero su nariz ya estaba cerca de mi sexo rozándolo cada vez mas seguido. Estaba empezando a amarme como a una mujer.

Mi bombacha era lo único que en esos momentos lo separaba de mi sexo. Sus besos subieron a mi tela y besaron los costados, comenzando a correr los elásticos con sus dientes pero sin bajarlos. Un rato después estaba regresando a a mi sexo, comenzando a besarlo por arriba de la tela. La bombacaha, así lo sentía, estaba totalmente mojada. Ya no aguantaba mas y sus besos parecían que nunca iban a terminar.

De repente, su voz sonó fuerte y muy clara. Me estaba dando una orden tajante pero que no sonaba desagradable en la forma. "Sacate la bombacha, quiero ver toda, quiero saborearte plenamente."

No lo dude, estiré mis manos, que estaban una en mi cabeza y la otra en uno de mis pechos, y recogiendo las piernas y tomando los elasticos del costado, me saque la bombacha. La verdad que no perdí tiempo en hacer algún movimiento sexy por cuanto quería sentir la lengua de mi abuelo directamente sobre mi vagina.

Mi abuelo se ubicó entre mis piernas, besando y lamiendo un par de veces mis muslos internos, pasando luego a mi vagina. La verdad es que lo hacía con mucha maestría, llevándome a limites inimaginables. No tenía idea todo lo que pasaría ese día, pero la verdad si solo se hubiera limitado todo a esto me hubiera quedo mas que satisfecha.

Lo primer que hizo mi abuelo fue darme muchos besos por arriba de mi vagina. Le pasaba la lengua a mi rajita, pero siempre volvía a sus besos. En un momento comenzó a cubrir con toda su boca mi vagina, y simultáneamente pasaba su lengua en la puerta de mi agujero. Me estaba matando. Con sus brazos apartó las piernas y las abrió lo mas que pudo. Ni siquiera cuando había ido al médico había quedado tan expuesta. Tenía totalmente abierta mi intimidad. Comenzó a puertear mi conducto vaginal metiendo muy lentamente su lengua cada vez un poco mas. Era increíble con la facilidad que parecía entrar su lengua que se sentía muy dura y grande.

De repente paró, mi miró a los ojos y dio una nueva orden que tampoco dude en cumplir "Ayudame con tus manos, abrite los labios vaginales, quiero lamer lo mas adentro que pueda". Mis manos dejaron de acariciar mis pechos y se dirigieron a mi entrepierna. Cuando me toqué sentí que todo estaba mojado. Empapada. Parecía como si me hubiera hecho pis encima.

"Es un enchastre esto, para que me lavo", le dije a mi abuelo.

"Quedate tranquila, esto me demuestra que la estas pasando muy bien y que lo estas disfrutando".

"No te quepa ninguna duda, me siento como en el paraíso": Le dije.

"O en el infierno", refuto.

La verdad su comentario me hizo caer en la realidad. Era terrible lo que estábamos haciendo. Pero aún así, estabamos seguros que no ibamos a parar.

Sus labios besaron los míos, y obviamente, me refiero a mis labios vaginales. Parecía que me estuviera succionando mi interior. Era algo que aún hoy me cuesta describir.

Su lengua se metía en mi vagina, pero ahora comenzó a concentrarse especialmente en mi clítoris. Hacía movimientos muy parecidos a los que había hecho cuando nos besamos en la boca, aumentando mi excitación a pasos agigantados.

A esos debemos sumarle algo que realmente me sorprendió. En un momento, mi abuelo dejó de chupar mi vagina y nuevamente se dedicó a lamer toda el área. Sin embargo esta vez, aprovechando que estaba plenamente abierta y con parte de mi cola para arriba por la posición de mis piernas (había metido mis manos por abajo y las levantaba un poco yo misma), mi abuelo pasó varias veces su lengua por mi cola, y mas precisamente por mi ano. Lo lamió sin ningún pudor, y yo, que estaba llegando al climax, lo dejé hacer.

Mi cuerpo estaba como convulsionando, lo cual fue notado por mi abuelo, por lo que volvió a mi clítoris, succionando con todas sus ganas al punto de sentir que me lo arrancaba

De repente, lo que tanto estaba esperando. Una sucesión de oleadas de placer me invadieron por todos lados. Las sensaciones pasaban de casi quedarme sin respiración a palpitaciones muy fuertes, mezclado todo con un cosquilleo intenso en mi estómago y entrepierna. Quería gritar pero no tenía fuerzas y tampoco podía decir nada. Pensaba que me iba a morir, pero la verdad, si morir era eso no me importaba.

Instintivamente agarré la cabeza de mi abuelo y la apreté contra mi vagina. Cerraba mis piernas y lo apretaba todo. El seguía inmutable en lo suyo. Decididamente quería que lo disfrutara al máximo.

Y de golpe todo paró. Parecía que el mundo se hubiera detenido. El aire volvía a mis pulmones y mi corazón comenzó a marcar un paso mas lento. Mi miró y me preguntó como estaba. Le sonreía. No recobraba todavía el aliento plenamente pero alcancé a susurrar "Fue hermoso, gracias".

"Tengo miedo de no poder parar", exclamó.

"Me encantaría que no pares. Que mas podes hacer por mi", pregunté estúpidamente.

"Quiero amarte como a una verdadera mujer, quiero estar dentro tuyo, pero para eso, tenés que estar muy segura".

"Nunca estuve mas segura de algo, quiero sentirte adentro mío, quiero que me hagas tu mujer":

Y mirándome con mucha lujuria se puso a mi altura y empezó a besarme la boca de nuevo, mientras sentía que su pene se ponía duro nuevamente. Parecía todo un sueño. Estaba a punto de tener mi primera vez, y no estaba preocupada, pero no veía la hora de sentirlo adentro.

Mi abuelo me seguía besando hasta que me besó nuevamente la oreja. Me susurró "princesa, deberías ir a comprar unos preservativos, no quiero tener accidentes".

"Abuelo, no es necesario, acordáte de las pastillas que tomo para mi ciclo, son también anticonceptivas". Y agregué "vamos a poder sentirnos plenamente y amarnos sin preocuparnos por nada".

Mi abuelo se incorporó y me miró. Estaba desencajado. Su rostro no expresaba malicia pero si había algo que lo había transformado.

Como él estaba encima mío, cuando se incorporó despegó su cuerpo del mío. Ahí pude contemplar su pija. Estaba terriblemente grande. Seguramente el hecho de hacerlo sin preservativo lo había puesto a mil.

"Estas bien" pregunté.

"Es que es mas de lo que podría pedir, estar adentro tuyo sin ninguna protección. Es demasiado".

"Abuelo, no perdamos mas tiempo", y diciendo esto le tome su miembro entre mis manos y comencé a acariciarlo.

Habré estado unos segundos, hasta que me dijo "Ayudame a ponerlo en la entrada de tu cocha" utilizando así términos vulgares, dejando de lado el caballero que hasta ahora había sido. Igual no fue algo que molestara, es mas, me gustó mucho que utilizará esos términos.

"Te va a doler un poco. Date cuenta que no puedo ayudarme con mis manos ni mis dedos. ¿Aguantas?".

"Abuelo, no te preocupés por mi, se que al final lo voy a disfrutar".

Reconozco que en este momento me puse un poco nerviosa. Sabía que algo dolería, pero la verdad, no tenía en cuenta que la lubricación que había logrado mi abuelo simplificaría mucho el trabajo. Mientras pensaba esto apoyé el pene en la entrada de mi vagina que estaba todavía muy mojada. Inmediatamente empezó a empujar, avanzando lentamente pero sin detenerse hasta que llegó a un punto que parecía tapar el acceso. Estaba seguro que era mi himen. "Dale, no te detengas, yo estoy bien", y entonces, sentí el último envión.

Grite bastante fuerte. Por dolor y placer. El dolor fue muy intenso, pero el momento hacía que lo aguantará bastante. Mi abuelo se quedó quieto y empezó a besarme la boca y la cara, y decía que me amaba y que nunca olvidaría lo que había hecho por él. Yo acariciaba su espalda, pasando mis manos por todos lados, inclusive los cachetes de su cola.

"Te duele mi amor", preguntó.

"No abuelo, estoy muy bien". La verdad que no me dolía mucho. Solo tenía algunas molestias pero que no sabia diferenciar si eran de placer o qué. Y luego de esperar un rato empezó a moverse muy lentamente. Sentía como ese enorme pedazo de carne salía y volvía a entrar una y otra vez. Y de repente, comencé a sentir muchas cosas. Me estaban cogiendo por primera vez. Un hombre me estaba penetrando y justo era mi abuelo. Que mezcla de excitación y confusión. Pero lo estaba disfrutando mucho.

Mi nuevo orgasmo no tardó en llegar. Fue también muy fuerte. Los movimientos de mi abuelo eran ahora un poco mas rápidos, y golpeaba mi cadera totalmente. Mi vagina recibía todas las embestidas. Era inevitable. Acabé ahogando nuevos gritos. Durante todo ese orgasmo mi abuelo no paró ni un segundo.

Cuando me relajé, mi abuelo nuevamente ordenó, saliendo de adentro mío, "Ponete en posición de perrito, en cuatro patas". Obviamente volví a obedecer. Mi abuelo se puso atrás mío y me dijo "Ayudame a meterla en tu vagina de nuevo. Pero ahora, quiero que te la metas vos sola."

Agarré su pija desde abajo, y me la metí. Entró como si nada. Ni me molestó.

Apoyé mi cabeza sobre la almohada, pero mirando hacía atrás desde mis pechos hasta mi vagina. Parecía que estaba mirando hacía un agujero inmenso. El espectáculo de mis tetas colgando y balanceándose sumado a los huevos de mi abuelo que parecían colgar de mi vagina, me pusieron a mil. Al final de agujero imaginario se veía el espejo del cuarto, inmenso, que reflejaba la figura de un hombre grande sometiendo a una pequeña mujer. No podía creer estar sintiéndome así.

Mi abuelo empezó el movimiento. Lento al principio, pero una vez seguro que había entrado bien, empezó a golpear como no lo había hecho hasta ahora. Sus huevos pegaban perfectamente en la parte delantera de mi vagina, mientras que su cadera golpeaba contra mi cola. Nuevamente presté atención a mis pechos que se movían para todos lados. Las embestidas de mi abuelo hacían que me tuviera con sostener con las dos manos y apoyar de lleno mi cabeza, pero igual de reojo podía ver a mi abuelo que estaba disfrutando de todo al máximo.

El pene de mi abuelo cada vez entraba mas adentro, y a decir verdad, empezó a doler bastante. Le dije que me estaba doliendo, pidiéndole que parara un poco. Como respuesta recibí una embestida fuertisima que me hizo pegar un terrible grito.

"Tenes que acostumbrarte. Al principio duele pero después no".

"Si, pero hacelo mas despacio", le pedí.

Y no hubo respuesta, solamente siguió martillando en mi conchita. El placer era muy grande, pero el dolor también. Nuevamente me di vuelta y pude ver a mi abuelo totalmente desencajado. Estaba disfrutando mucho pero su cara era muy rara. Se dio cuenta y me miró a los ojos y me dijo "Te gusta princesita?. Ahora sabes lo que sienten la putitas. Andá acostumbrándote".

Corrí mi cabeza hacía el costado. Ahí podía ver a mi abuelo totalmente reflejado en el espejo. Me incorporé un poco y pude ver la imagen de dos personas totalmente sumergidas en el placer. Si bien la mujer era yo, no me podía reconocer. Me imaginaba que era otra persona y me excitaba mucho mas. Como estaba un poco recostada sobre el costado opuesto al espejo, podía ver plenamente uno de mis pechos que se movía para todos lados. El movimiento era rítmico, marcado principalmente por las embestidas de mi abuelo.

"Ahora te voy a dar mi lechita", y diciendo esto agilizó los movimientos y empezó a gemir como loco. Estaba acabando dentro mío. Si dijera que sentí el semen adentro mío, mentiría. Igualmente, de solo imaginarme que me estaba acabando adentro mío, y que en circunstancias normales podía quedar preñada, me estaba dejando caer en un terrible orgasmo. Fue fuerte pero no tanto como el anterior.

En un momento mi abuelo paró. Empezó a mirarme y a decirme cosas lindas. Salió de adentro mío y se recostó sobre la cama. Yo todavía estaba en cuatro patas. Me incorporé y apoyándome sobre mis rodillas me quedé mirando a mi abuelo. Miré su pene. Estaba todavía un poco erecto, pero muy manchado. Flujo, semen y un poco de sangre. Ahí miré la sabana a la altura donde estuvimos y pude ver bastante mojado y con algunas manchas grandes de sangre. Me toqué mi entrepierna. Estaba el agujero agrandado y sentía que salía de todo. Cuando miré la mano, había mucho semen y algo de sangre.

"No te preocupes –dijo mi abuelo- es lógico que esto pase, anda a lavarte".

Me fui al baño. Parada frente al espejo trataba de notar alguna diferencia. Una sonrisa abarcaba mi rostro, pero mi mirada perdida mostraba que algo había pasado. Sabía que a partir de ahí nada sería igual, al menos en lo que a mi vida sexual se refería.

Cuando volvía a la cama me acosté al lado de mi abuelo. Le di un fuerte beso en la boca y nos dormimos hasta el otro día. No necesitábamos decir nada, por cuanto los dos sabíamos que algo nuevo había empezado.

Alguna otra vez les contaré las cosas que me enseño mi abuelo y que luego comenzamos a compartir y a disfrutar.

Les mando un beso grande, pidiéndoles disculpas por haber sido tan extensa. Sin embargo, tratándose de una historia real, consideré que brindando los pormenores, entenderían el porque traspase una barrera que muy pocos se animan a cruzar.


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