Hola, mi nombre es Elkin, aunque en mi trabajo me llaman con
diversos nombres, según los gustos del cliente. Soy escort, salgo con hombres
por dinero, y por algo más de dinero, pueden meterme en su cama... o donde
quieran.
Tengo 27 años y desde los 18 descubrí que podía sacar buen provecho de mi
cuerpo.
Desde los 14 años, con mi tipo latino, heredado de mis abuelos, y los ojos
verdes, heredados de mi madre, me dediqué en forma consagrada al deporte y fui
el orgullo de mi padre. Eso me permitió desarrollar un cuerpo esbelto y bien
formado. Tengo además un rostro encantador. No es falta de modestia, simplemente
describo mis herramientas de trabajo. Claro, no podía faltar lo más importante,
mi cuerpo es velludo, aunque no en exceso, mis nalgas son firmes y carnosas y mi
verga (por línea paterna) es gruesa y de buen largo.
Y a mis 18 años todos esos atributos estaban en su esplendor. Desde los 15 había
empezado a acostarme con mujeres, la primera que me sedujo fue mi maestra de
literatura. Pero nunca había tenido nada (ni en sueños) con un hombre. Sin
embargo, eso cambio en mi último año de preparatoria.
Como dije, desde los 14 años me había concentrado en el deporte, y entre eso y
las chicas, no me queda mucho tiempo para las demás materias, por eso reprobé un
curso y atrasé un año mi entrada ala universidad.
Durante el transcurso de ese último año, mi rendimiento académico no iba mucho
mejor, aunque mis hazañas deportivas sí eran de renombre. Ello se debía a que
ese año contábamos con un nuevo entrenador y era más exigente, había sacado lo
mejor de nosotros. Y conmigo había sido aún más exigente, lo que al principio me
chocó pero los resultados hicieron que cambiara de opinión.
Tenía un estilo muy particular, no se limitaba a enseñarnos las tácticas, sino
que competía con nosotros, participaba de los juegos y nos ponía el ejemplo. Se
duchaba con nosotros a menudo y nos hablaba de su efímero paso por las grandes
ligas, de donde los sacaron pro meterse con la esposa del dueño del equipo (en
realidad fue con el hijo, pero eso lo supe mucho después).
Rubén, que así se llamaba, se preocupaba mucho por mi rendimiento académico y me
sermoneaba muy seguido por mis malas notas. "Con tu nivel actual puedes obtener
una beca deportiva en las mejores universidades, no lo eches a perder".
Pero a pesar de sus sermones y de mis esfuerzos, no logré el promedio requerido
y justo en mitad de la temporada recibí una advertencia de mis padres y del
director: o mejoraba mis calificaciones o me sacaban del equipo.
Una tarde, al finalizar el entrenamiento, mientras los demás se iban a las
duchas, Rubén me llamó a su despacho. Recibí el sermón más largo y más duro de
mi vida, ni siquiera mi padre había sido tan duro conmigo. Finalizó con una
frase: No jugarás más esta temporada.
Casi me desvanecí con esa sentencia. Me turbé, le pedí perdón por mis malas
calificaciones, le rogué que interviniera ante el director o la junta de padres
o algo así. Recibí otra reprimenda por mi actitud y me dijo que no había nada
que hacer. Insistí y con una palabrota me ordenó callar. "Vamos, hay que
ducharse" dijo y nos fuimos las duchas.
Habíamos tardado bastante y los demás chicos, al oír gritar al entrenador,
habían apresurado su marcha. Nos desvestimos en silencio y entramos a las duchas
sin decir nada, yo estaba confundido, asustado por mi futuro, y veía en los ojos
de mi familia y de mi entrenador la decepción que les causaba.
Rubén salió primero de la ducha y cuando yo salí lo encontré sentado frente a mi
locker, aun desnudo, es más, ni siquiera se cubría con la toalla. "en el próximo
partido habrá gente de las universidades más importantes, un amigo mío vendrá,
la había hablado de ti y quería verte". Yo no dije nada, me sentía peor cada
vez. "Tu futuro está en juego, decepcionarás a tus amigos, a tu equipo y a toda
la escuela".
Yo había empezado a vestirme delante de él, no era extraño, pero estaba apenas
en boxer y el no dejaba de hacerme reproches. Ya estaba derrumbado y desesperado
"En lugar de criticarme más, ayúdeme, haga algo". "Quizá pueda hacer algo,
convencer al director" dijo "pero tú tendrás que cooperar también" "Haré lo que
sea" dije y él se levantó y se acercó a mí. "Eso espero" dijo y una de sus manos
se deslizó hasta mis boxers y acarició mi bulto.
Retrocedí asustado. "No te preocupes, ya la he visto antes… y vaya si me gusta".
Estaba asustado y perplejo, no esperaba que mi entrenador fuera gay. "No tendrás
que hacer nada, sólo quiero que me dejes chuparla, cierra los ojos y deja que yo
haga"
Lo empujé y quise irme, pero él me detuvo de un brazo. "Piensa en tu futuro, en
el equipo, todo está en tus manos, con mi ayuda no sólo ganaras este campeonato
sino también una beca. Y tu no tienes que hacer nada, nadie lo sabrá". Se
arrodilló ante mí ye empezó a acariciar mi paquete, yo cerré los ojos.
No podía reprobar otro curso, sólo los deportes me abrirían al entrada al
universidad y mi familia, mis amigos, todos esperaban que pudiera lograrlo. Esos
eran los pensamientos que me rondaban para tratar de ignorar las caricias de
Rubén, que mojaba mi boxer con su saliva y besaba mi verga sobre la tela con
gran ansiedad.
A pesar deque me lo negaba, estaba disfrutando sus caricias. Cuando retiró mi
ropa y empezó a chupar mi verga, la erección no se hizo esperar y eso lo excitó
más. "Justo como la he imaginado tantas veces" dijo y besó y lamió mi ya
completamente erguido miembro, desde las bolas hasta la punta, dándome un placer
hasta entonces desconocido. Esa fue mi primera mamada. Sus manos acariciaban
alternativamente mis nalgas y mis bolas, mientras su boca se concentraba en mi
verga, mamando con frenesí, haciéndome gemir como nuca lo había hecho entre las
pierna de una mujer. "Di que te gusta". "Me encanta" dije casi inconscientemente
y él se concentró más en la manda haciéndome venir de forma abundante y
bebiéndose la leche que derramé. "No te dejaré ir, no te dejaré" dijo cuando ya
mi miembro volvía a su estado flácido y él había limpiado todos los líquidos que
emanaban de mí verga con su lengua. "Tendremos que ducharnos otra vez" me dijo
sonriendo con malicia y dándome un par de nalgadas.
Toda esa tarde, me sentí sucio, me sentí vil, no sólo por haber tenido sexo con
un hombre, sino porque lo que había hecho: me había vendido. Ni siquiera cuando
el director, a los dos días, me anunció que tendría otra oportunidad y que
podría jugar los próximos partidos, me sentí más animado.
Evitaba la cercanía de Rubén todo lo que podía, y él lo comprendió y no se
acercaba más de lo necesario, pero a la menor oportunidad ponía sus manos en mis
nalgas o en mi paquete con una sonrisa morbosa. El partido siguiente fue
espectacular, nuestra victoria fue aparatosa y yo jugué como nunca, con la
esperanza de sacar de mí toda esa culpa que sentía.
Sabía que habían venido de las universidades a observar a los
deportistas y estaba seguro de haberme lucido. Tras festejar unos minutos en el
campo, nos fuimos a las duchas donde el entrenador nos felicitó y exaltó el
trabajo de todos, especialmente el mío. Entonces me llevó a su oficina sin dejar
que pasara a ducharme.
Cuando entré estaba en su silla, de espaldas a la puerta. "Cierra con llave,
pero se discreto" dijo con una voz anhelante. Hice lo que dijo y se levantó de
su silla para acercarse a mí, estaba totalmente desnudo y tenía una erección
firme y poderosa. "Me ha excitado tanto verte en el campo, has puesto el corazón
completamente en el juego" dijo y extendió sus manos para acariciar mi cuerpo.
"Me excita tu cuerpo sudoroso, ese olor tan viril". Yo traté de alejarlo y mi
miró con astucia. "Ha venido mi amigo de la universidad, quedó interesado, pero
puedo conseguirte una cita directa con él y el encargado de las becas, será una
excelente sorpresa para tus padres".
"No tengo que venderme para eso". Parecía disfrutar mi resistencia, se alejó de
mí y se apoyo en su escritorio, sin que hubiera perdido la erección. "Bueno,
quizás no, pero no esta no es la única escuela de la cuidad ni tú el único buen
jugador, ni siquiera el mejor. Mi amigo irá a otras escuelas, verá otros
jugadores… una recomendación no te vendría mal. Además, los exámenes empiezan la
próxima semana y por lo que he escuchado no has avanzado mucho en tus materias.
Una suspensión por bajas calificaciones a finales de la temporada no se vería
bien en tu solicitud".
Nuevamente tenía razón, pero no quería ceder a su chantaje. "Usted es una
basura" le dije. "No creas eso, si no deseas un buen futuro, allá tú,… pero se
que si deseas esto…" se dio la vuelta, se reclinó sobre el escritorio y me
ofreció sus nalgas abultadas, firmes y lampiñas. "Pon tú el precio, tendrás lo
que quieras, pero quítate ese uniforme y ven a calvar tu precios verga aquí"
apartó sus nalgas para dejarme ver su culo depilado y ansioso de mi leche.
"Quiero esa beca, sin entrevista ni calificaciones, eso es lo que quiero". "La
tendrás" dijo ansioso, Y me saqué la camiseta y la pantaloneta, me acerqué a él
con una tremenda erección y tome su mano para llevarla hasta mi verga, la que
sobó con firmeza. "Esta como me gusta" dijo, mientras y froté mi duro y grande
miembro contra sus nalgas y recorrí su culo con la punta. "Sí, vamos, tómame,
culéame". Yo retrocedí y me vestí nuevamente. "primero la beca, después el
pago". Dije y salí de su oficina, dejándolo rabioso.
Pasaron unos días y mis notas en los exámenes, si bien no fueron excelentes, me
permitieron no reprobar. Pero no había sabido nada de las universidades, mi
entrenador no había vuelto a hablarme y mi padre me preguntaba si pensaba ir a
la universidad.
Ante la presión, me acerque a Rubén una tarde después de entrenar. Entré a su
oficina y le pegunté directamente por la universidad. "No lo sé" fue su
respuesta. "Creí que te bastabas tu solo". Ante su actitud, me acerqué y roce
con mi paquete su hombro". Me puse atrás de él y baje mis pantalones y ropa
interior hasta la rodilla. "Y yo pensé que usted quería esto. El se dio vuelta y
me miró. "¿Quieres negociar?, bien, haz tu oferta". "Ya la conoce". "Aquí va la
mía: tendrás una beca completa, sin entrevista, sin consultar tu historial
académico, y con una recomendación especial,… pero quiero más que tu verga…
quiero desvirgar tu culo y deberás entrar en un trío con mi amigo de la
universidad".
Me quedé helado. Él estaba negociando como si yo fuera un puto, sin pudores, sin
tabúes. "Tendrá lo que quiera cuando yo tenga mi beca". "Así se habla, verás
como en un par de semanas todo será perfecto… pero por ahora, podrías darme
algún anticipo" dijo mientras extendía su mano para tomar mi verga y yo, sin
saber por qué, me acerqué y deje que su boca, una vez más, me diera el enorme
deleite de una mamada experta.
Pasaron dos semanas y un día antes del partido final, recibí en casa una carta
de la universidad donde confirmaban el otorgamiento de una beca y algunos
beneficios espaciales para el ingreso y traslado al campus. Luego, sonó el
teléfono y era mi entrenador, le informó a mi padre que en vista del partido,
tendríamos una sesión especial de entrenamiento. Ya sabía yo lo que tendría de
especial la sesión.