Dios, como odio estas aglomeraciones en los trenes, hace unos
días un hijoputa me robo el móvil, si llego a pillarle la hubiera abierto en
canal. Odio a esos apestosos, a esos fanáticos, los odio a
todos.
Entro en la facultad sin que mi odio se haya aplacado.
Se me acerca Andrea, una compañera con la que me hablo.
-Hola.
La saludo antes de que diga nada.
-Hola, ¿qué tal?
-Bueno, bien.
-¿Y tus padres?
Anoche la conté por el Messenger que había habido tema en mi
casa.
-Hoy, cuando estábamos desayunando, no han dicho nada.
Por supuesto que la miento, pero hay cosas que los… bueno,
que la gente de a pie es mejor que no sepa.
Nos metemos en clase, y casi no hablamos durante las 5 horas
de clases. Cuando acaban la evito, no quiero que siga indagando en lo que
ocurrió anoche en mi casa. Así que me las arreglo para coger un autobús antes de
que ella me de alcance.
Cuando llego a casa, aún no se ha ido el puto olor al coño
chamuscado de mi madre.
El caso fue de lo más sencillo que puede haber, aunque para
algunos es una blasfemia o un pecado… que se yo, nunca he ido a misa. Él caso es
que anoche mi padre iba a trabajar hasta tarde, y mi madre se había atiborrado
de prozac. Con mi padre ausente, y mi madre más feliz que unas pascuas, pensé
que pasearme en bolas por la casa no supondría ningún problema (Mi padre no
estaba, y mi madre estaba demasiado ida como para enterarse de nada). Así que,
en pelota picada, me senté en el sillón a ver al tele. En ese momento llego mi
madre, riéndose a carcajadas. Su piel se convulsionaba, parecía como si se
configuraran y desconfiguraran, constantemente, sus rasgos faciales.
-Joer, hijo, que herramienta te marcas.
Y de improviso ce magreo la polla y los huevos, sin parar de
reírse.
-Déjame en paz.
La espete irritado. Odiaba esas familiaridades, y odiaba esa
risa de loca que se la ponía cuando se tomaba las putas pastillas.
-¿Cómo se te ocurre tratar así a tu madre? Esto es mío – y me
señalo la polla y los huevos-, porque lo hice yo ¿Sabes?
-Pues puedes quedártelos, no los quiero.
De verdad que me ponía de los nervios, esa zorra loca.
Entonces ocurrió, la muy zorra me agarro tan fuerte de los
huevos que me dolió hasta el alma. Pero, bueno, eso no es lo peor en mi familia,
lo peor fue cuando las uñas empezaron a clavarse en mi bolsa escrotal.
-Los acepto gustosa.
-Zorra, te sacare las tripas si no me suel…
Apretó más y más fuerte, así que solo me quedo una opción.
-Ok, joder… ¿Que quieres? ¿Chupármela? ¿Follarme? o ¿Qué te
encule?
Ella aparto su garra de mi dolorido escroto, podía sentir la
humedad y calidez de la sangre corriéndome por el interior de los muslos.
-Me conformare con que seas un hijito complaciente.
Aquello tenía demasiados significados, y sinceramente, mi
madre siquiera se parecia a una mujer que pudiera despertar la libido de nadie.
La misma mano que hace unos instantes casi me arranca los
cojones, ahora sacudia mi polla como si de una zambomba se tratara.
-Así esta mejor… ¿Sabes? La tienes mas grande y gorda que tu padre?
Y, sin más, se sentó encima de mi polla erecta. Entonces me
di cuenta de dos cosas: 1) mi madre no llevaba bragas y 2) entrar en ese coño
era como meter la polla en carne podrida y gelatinosa. Aguante la ganas de
vomitar, mientras ella cabalgaba sobre mi, y se magreaba su caídas y marchitas
tetas.
Por suerte ocurrieron dos cosas: 1) Mi padre regreso de
trabajar más temprano de lo que esperaba mi madre y 2) El susto provoco una
pequeña deflagración, accidental, dentro del coño de mi madre. En fin, el asunto
no se podía ocultar, nos habían pillado con las manos en la masa. Mi padre se
puso furioso, mi madre estaba roja (Aunque no se sabía bien si era por el dolor
de su entrepierna, o por la vergüenza de haber sido pillada). Antes de que
empezaran los fuegos artificiales, me escabullí a mi habitación, y eche el
cerrojo.