Mariana entró al cuarto de su hija Lauri por enésima vez
durante el día, estaba muy contenta de tener a su hija en casa por vacaciones y
no dejaba de repetirse lo afortunada que era de tener una hija tan estudiosa,
disciplinada y hermosa, disfrutaba con el solo hecho de estar en la recamara de
su niña, aunque su hija no estuviera presente. Lauri era una chica en la flor de
la edad, tenía 18 años, ojos azules, complexión delgada, estatura media y
cabellera larga hasta media espalda color castaño, estudiaba en un internado de
monjas solo para niñas en la ciudad de Celaya donde pasaba temporadas de 6 meses
en los que solo veía a sus papás cuando estos viajaban desde Monterrey para
verla solo por algunas horas un fin de semana de cada mes, ahora estaba en casa,
con papá y mamá en sus vacaciones de mes y medio, Mariana estaba feliz al tener
a su hija en casa.
Lauri había salido a visitar a Don Juan el chofer de la
familia desde hacía muchos años y por el que la niña sentía un gran aprecio, Don
Juan vivía en una pequeña cabaña separada de la casona donde habitaban Lauri y
sus padres.
Mientras en la casona, Mariana se sentó en la cama de su hija
y vio sobre la mesita de noche el diario de Lauri, “Mi diario, por Lauri” decía
en la tapa, lo tomó y observó que tenía un pequeño candado para impedir
que alguien que no fuera la propia autora pudiera leerlo, se dispuso a
devolverlo a su lugar cuando notó que la llave estaba tirada a un lado de la
cama, así que la levantó y se dispuso a abrir el diario y conocer un poco de los
sueños y anhelos de una chica de 16 años.
Empezó leyendo el último día registrado en el diario, era el
jueves pasado y esto es lo que Mariana leyó:
“El día de hoy por la mañana fui a visitar a Juan, estuvo muy
feliz de verme después de tanto tiempo, estuvimos hablando de cómo son las cosas
en el internado y me dijo que estaba muy orgulloso de saber que yo estaba en el
cuadro de honor, me dijo que desde la muerte de su esposa se sentía muy solo y
eso me puso triste, le dije que si yo podía hacer algo para mejorar esa
situación con gusto lo haría, él me dijo que había algo que yo podía hacer y me
dijo que lo acompañara a la pequeña cocina de la cabaña.
Una vez en la cocina me dijo que me sentara en un banquito,
me preguntó si realmente quería hacerlo feliz y le contesté te lo prometo, me
dijo que lo que realmente necesitaba en ese momento era un buen masaje en su
herramienta de hacer niños, de inicio no supe que quería decir con eso, pero
cuando lo vi bajarse el zipper del pantalón entendí a que se refería, al ver el
tamaño de su herramienta quise salir corriendo pero había hecho una promesa y la
iba a cumplir, con voz suave me dijo ’frótalo’, antes de hacerlo miré fijamente
esa enorme y oscura herramienta, la tomé con mis manos y la sentí ardiente y
palpitante como si tuviera vida propia, empecé a frotarla de arriba abajo y vi
su cabeza en forma de bulbo crecer y crecer, no podía creer el tamaño de
aquello, con mis dos manos no lograba cubrir todo el tamaño del mango de su
herramienta , mis manos blancas se movían con dificultad sobre esa oscura y
durísima barra, ‘humedécela un poco’ me dijo Juan, tomé aire, abrí la boca y me
metí todo lo que pude en la boca, solo entró la redonda cabeza, tenía un sabor
amargo, empecé a salivar, y pronto mi saliva estaba escurriendo por la comisura
de mis labios y por toda la extensión del tronco y entre mis dedos.
Juan puso sus manos en mi nuca y empezó a tratar de
meter más y más su herramienta en mi boca, yo sentía que me faltaba el aire, la
cabeza bulbosa me tocaba ya la garganta, aún así mas de la mitad del tronco
seguía fuera, no había modo de recibirla toda dentro, cada vez que la sentía en
el fondo sentía ganas de vomitar, lagrimas escurrían de mis ojos, por fin Juan
me la sacó de la boca, tome aire, me dolía la quijada, dejé la boca abierta y vi
como un grueso hilo blanco de saliva unía mis labios con la punta de la lanza
que momentos antes me taladraba la garganta, levanté la vista, miré a Juan que
se veía como transformado y le sonreí.
‘Masaje’ fue todo lo que dijo Juan, volví a mover mis manos
arriba y abajo, cada vez más rápido por toda la extensión del tronco, sentia en
mis manos sus venas, sus músculos y su palpitar, puse mi boca sobre la
cabeza inflamada y caliente y comencé a chuparla como si de un monstruoso
chupachups se tratara, después de unos momentos noté que Juan se ponía tenso y
emitía un prolongado gemido, al mismo tiempo aquel chupachups chorreó un liquido
ardiente que me llegó hasta el fondo de la boca, chorro a chorro mi boca se fue
llenando hasta que ya no cupo nada más de aquella leche caliente y mi
propia saliva, los líquidos se me escurrieron por la quijada y resbalaron por mi
cuello hasta debajo de mi blusa, Juan retiró aquél caramelo de mi boca, lo miré
y vi una expresión de felicidad en su rostro, me miró y dijo ‘gracias’, me sentí
feliz por Juan, tragué aquella ración de leche y saliva, me sorprendí al darme
cuenta de que disfrutaba del sabor de aquella combinación, de ahora en adelante
Juan y yo tendremos más cosas que compartir, el domingo por la mañana lo
visitaré de nuevo para hacerle compañía. ”
Mariana no podía creer lo que acaba de leer, no sabía que era
lo que debía hacer a continuación, ¿Reprender a Lauri? ¿Despedir a Juan?
¿Decirle lo que sabía a su esposo? Se llevó las manos a la cabeza, se sentía
mareada, súbitamente fue conciente de una humedad que le invadía la entrepierna,
se toco con las manos, sus bragas estaban totalmente mojadas, se dio cuenta de
que estaba muy caliente, más de lo que lo había estado en mucho tiempo, entonces
supo lo que haría, visitaría a Don Juan y hablaría muy seriamente con él, se
ofrecería a ayudarlo a luchar contra esa soledad que sentía en el momento en que
Don Juan se lo solicitara.
Continuará