La Última Fantasía
Mi nombre es Melisa. Hasta hace un año yo era simplemente una
chica normal. Tenia deseos de esclavitud y podía llegar al orgasmo
exclusivamente con el dolor. No era algo que practicara a menudo, pero lo
disfrutaba cuando sucedía. Mi vida estaba bien hasta el día en que yo leí una
rara historia. Era sobre una chica que era atravesada por un asador, asada viva
y comida. Creo que tuve mas orgasmos leyendo esa historia que los que tuve jamás
en la vida. Ponía un consolador en mi ano, soñando que era el asador. Sabía que
era una fantasía, que nunca viviría ese momento, pero era una fantasía
divertida. Llegue a obsesionarme con la fantasía de ser asada viva e incluso
perdí el contacto con amigos y familia.
Un día vi un anuncio en que alguien buscaba a una chica que
deseara ser empalada y asada viva. Pensando que era broma conteste al anuncio.
Solo quería alguna cosa que alimentara mi fantasía. Tras unas cartas con ese
hombre, me sorprendía al ver que él era sincero en su petición. Para él no era
una fantasía sino una realidad.
Saber eso hizo que sintiera un gran nerviosismo y no conteste
durante semanas.
A veces asusta pensar que las fantasías pueden convertirse en
realidad.
Durante muchos días pensé en la oferta de ese hombre. Era lo
que siempre había soñado y me había masturbado con eso. Me preguntaba si
realmente me gustaría hacer realidad mi fantasía. A veces me tumbaba en la cama
y creía sentir como el asador entraba por mi ano hasta aparecer por mi boca.
Una mañana me desperté y supe que necesitaba hacerlo. Escribí
al hombre y le dije que aceptaba. No tardo en llegar su respuesta. Me pidió que
dejara el trabajo, liquidara todos mis asuntos pendientes y me dijo donde
encontrarlo al día siguiente. Me explico que llevaría por lo menos una semana
prepararlo todo. Durante esa semana yo podría echarme atrás. Inmediatamente tome
el teléfono y deje el trabajo, a fin de cuentas tampoco era un gran trabajo.
Queme todas mis cosas personales, le dije a la propietaria de mi apartamento que
me iba y lo abandonaba…y me fui al lugar que me indico ese hombre.
Estaba esperando de pie, preguntándome si no estaría haciendo
una locura cuando un hombre se acerco a mí y me pregunto si era Melisa. Le dije
que si con la cabeza. Me pregunto si estaba preparada para ir con él. Aún sin
hablar, solo con la cabeza, asentí. Me acompaño a una limusina y montamos en
ella. Ni él ni yo dijimos nada durante 30 minutos. Finalmente rompió el hielo y
me dijo que esto no seria muy agradable. Le dije que ya sabía eso. Me pidió que
me quitara la ropa. Lo mire pensando que era una broma, pero enseguida supe que
debía hacer lo que el me pedía. Mis manos temblaban al quitármela. Me sentí un
poco tonta al estar desnuda delante de un extraño.
Circulamos durante otra hora dando vueltas y más vueltas
hasta detenernos frente a un largo camino. No tenia ni idea de donde estábamos.
La zona era extraña para mí. Me dijo que me sentara en el borde del asiento,
tomo mis manos, las coloco detrás de mi y sujeto mis muñecas con un par de
esposas. Me dijo que únicamente debía saber que esto no seria un viaje
agradable. También me aviso de que aun tenía una semana para abandonar. Me llevó
a la mansión y bajando unos escalones me llevo a un calabozo del sótano. Había
una cama en un rincón y me pidió que me sentara en ella. Me dijo que las puertas
estaban abiertas y que podía salir cuando quisiera. Me estire sobre la cama lo
mejor que pude, al tener aun las manos atadas.
Allí me quede durante los siguientes cuatro días. Alguien
traía comida compuesta por verduras fresas y pasta tres veces al día. La mujer
que la traía me soltaba las manos para comer y después me volvía a poner las
esposas.
Una noche, o al menos creo que era de noche, camine hasta los
escalones para ver si la puerta estaba cerrada con llave. Me habían dicho la
verdad, no estaba cerrada.
Tumbada en la oscuridad me pregunte si esto era lo que
realmente quería. Mis fantasías de ser asada viva llegaron antes que la
respuesta. Durante ese tiempo lo único que hice fue poner mis manos en mi coño y
masturbarme. También me pregunte porque tardaría una semana en prepararme. En
todo el tiempo que permanecí allí solo comía y dormía. Lo único malo eran las
esposas. Me dolían los brazos al estar oprimidos, pero eso no era algo que no
hubiera hecho antes. Finalmente el hombre que me había traído se acercó. Me dijo
que era el momento de los preparativos finales, que me sentiría humillada y
enferma, pero también me dijo que no habría ningún dolor… aún. Me dijo que era
el momento de empezar a limpiarme. La mujer que me había alimentado durante esos
días entro en el cuarto con una bolsa de enemas. El me dijo que me pondrían uno
tres veces al día hasta que llegara el momento de ser empalada.
En mis últimos tres días dejaron de darme de comer y empezó
la preparación. Como me prometieron, me pusieron un enema tres veces por día. No
podía comer, pero podía beber toda el agua que quisiese. Un día la mujer me
trajo un vaso de agua "especial". No se que habría en el, pero vomite hasta que
no quedo nada en mi estomago. Podía soportar los enemas, pero esos vómitos
fueron lo peor que me había pasado en la vida. Tumbada en la cama, pensé en irme
antes que soportar otro vaso de agua como ese. Lo único que me mantuvo allí fue
pensar en vivir mi fantasía. Sabía que el asador seria un poco peor que eso,
pero aunque sabia la tortura que me esperaba, no podía abandonar.
Un día llego la mujer y me dijo que era mi último día. Me dio
un enema y otro vaso de agua "especial". Durante la hora siguiente el agua no
dejo de correr por mi boca y ano. Yo ahora estaba vacía, no había absolutamente
nada dentro de mí. El enema me estaba limpiando desde el día anterior. Estaba
totalmente agotada, mental y físicamente. La mujer volvió con una palangana en
la mano. Me dijo que era el momento de quitar todo el pelo de mi cuerpo. Vertió
cera caliente en diferentes sitios y empezó a arrancar mi pelo. No era muy
doloroso hasta que llego a mi espeso vello púbico. El dolor era casi insufrible.
Grite con cada tirón que arrancaba mi vello. Finalmente la mujer me dijo que
había terminado y yo estaba linda y suave. El único pelo que quedaba en mi
cuerpo era el de mi cabeza.
El hombre bajo las escaleras. Era la primera vez que lo veía
en tres días. Me dijo que era el momento, preparando una jeringuilla. Me dijo
que ayudaría a soportar el dolor y me relajaría. Respondí que quería vivir todo
lo que sucediera y sentir el dolor. Sonrió y me dijo que habría bastante dolor
para satisfacer mis necesidades. Sentí la picadura de la aguja en mi brazo. No
paso mucho tiempo hasta que me sentí medio dormida. Quise decir que no era justo
que me sedaran pero era incapaz de decir nada. El hombre me medio transporto
hasta las escaleras y de ahí al patio exterior. A través de mis vacilantes ojos,
pude ver a varias personas sentadas en semicírculo.
Delante de ellos había una plataforma de aproximadamente dos
metros de altura. Al lado de la plataforma había lo que parecía ser un agujero
en el suelo. Cuando el hombre me llevó a la plataforma pasamos junto al agujero
y pude sentir el calor que desprendía. Incluso en mi aturdido estado percibí que
eso debía ser la barbacoa. En la plataforma había un poste con un pequeño apoyo
de madera unido a él. El apoyo disponía de un agujero a través del que pasaba la
punta de un mástil de madera vertical de unos tres metros de largo. La punta
sobresalía del asiento unos 50 centímetros.
El hombre se sentó junto a la plataforma y me coloco en
regazo. Metió la mano en un bote y la extrajo llena de una blanca y cremosa
sustancia espesa. Incluso en mi estado aturdido supe que era manteca de cerdo.
Llevó su mano cubierta de crema a mi culo y empezó a empujar la crema dentro de
mi ano. En el estado en que me encontraba, no me molestaba. Repitió la operación
varias veces. Al menos una de las veces estoy segura que tenia media mano dentro
de mi culo. Finalmente acerco su mano, nuevamente llena de crema, a mi boca y me
pido que tragara. Hice lo que me pidió. Casi me ahogo pero conseguí tragármelo
todo. Sentía como la grasienta crema se pegaba a mis tripas. Después me levanto
y me acerco al asiento de madera que tenia el mástil bajo el. Me susurro en el
oído que fuera fuerte para que durara. También me dijo que podría hacérmelo
despacio, si yo colaboraba, para que yo pudiera disfrutarlo al máximo.
Me alzó sobre el mástil y alineo mi ano encima de la punta
del asador.
Con las piernas totalmente estiradas, apenas rozaba el
soporte con la punta de los dedos de mis pies. Respire profundamente cuando el
asador entro levemente en mi ano. No tendría más de cinco centímetros dentro de
mí cuando el hombre me soltó. Mis débiles piernas flaquearon, pero al sentir el
dolor se tensaron rápidamente. Mire hacia abajo y supuse que habría unos 30
centímetros del asador dentro de mí. Al apoyar los pies, el dolor disminuyo. El
hombre empezó a atarme al poste por mi espalda. Las cuerdas no estaban
suficientemente apretadas para sujetarme pero si para mantener mi cuerpo
erguido. Fui consciente de que mis piernas flaqueaban al sentir el asador
deslizarse a través de mi cuerpo unos centímetros más. Oí un grito cercano y eso
atrajo mi atención hacia las personas que se encontraban allí.
Había una mujer sentada al lado de un hombre en pie que
estaba gritando. Al principio yo no entendía lo que decía. Entonces entendí las
palabras que gritaba. Estaba gritando "yo quiero montar en el asador". El hombre
me dejo y fue a la mujer que gritaba. La tomo de la mano y la llevo frente a la
muchedumbre. La gente se animo con ella. El hombre la llevo a una plataforma,
que yo no había visto, cerca de la mía. Tenia el mismo poste, el mismo asiento
con un mástil a través de el. No la lubrico y simplemente la situó sobre el
asador. La dejo caer de golpe y por lo menos treinta centímetros del asador
penetraron a través de ella. Entonces la ató, yo diría que mas firmemente que a
mi. Su cabeza estaba atada de forma que miraba al cielo. Vi como relajaba sus
piernas se aflojaban y su ano se deslizaba hacia el apoyo. Gritó cuando
cincuenta centímetros del mástil se introdujeron en su cuerpo. Sentí que el
asador debía estar en su estomago. Casi tuve un orgasmo cuando la mujer se dejo
caer sobre el asador. Eso me hizo aflojar las piernas y me deslice sobre el mío.
Mire hacia abajo y no quedaban mas de diez centímetros de distancia al asiento.
Sentía dolor pero no mucho.
Vi como la sangre fluía por el culo de la mujer. Ella luchaba
pero las cuerdas la mantuvieron en su posición. Mire hacia abajo entre mis
piernas y pude ver un poco de sangre gotear sobre el asiento. Supe que me
acercaba a la situación en que la mujer ya estaba. Me gire para verla. Aun
estaba retorciéndose cuando el hombre apretó un botón cerca del poste al que
estaba atada y pude ver como el asador se elevaba de la plataforma entrando
firmemente en su ano. Luchó furiosamente pero las cuerdas la mantuvieron firme.
Apenas unos segundos después el asador salio disparado a través de su boca. Tuve
un orgasmo por primera vez desde que estaba allí.
Al correrme mis piernas se aflojaron más y sentí como mi culo
finalmente se apoyaba en el asiento. Sentí como el asador rasgaba mis entrañas
hasta llegar a mi estomago. Al sentir eso tuve un nuevo orgasmo. Me relaje por
primera vez desde que el asador entro en mi ano. Supe que ya no podría irme de
aquí. Mire hacia abajo y descubrí un chorrito de sangre junto a mi coño. Me
hubiera gustado sentirlo en mi boca.
Vi como la mujer era transportada fuera de la plataforma con
el asador atravesando su cuerpo. Por un momento ella luchó, pero de repente
quedo flácida. Yo confiaba en durar mucho más que esa mujer. Quería vivir cada
momento de esta tortura. A pesar de que el asador me estaba partiendo en dos,
apenas lo sentía.
El hombre entonces volvió su atención hacia mí. Sonrió al ver
que me había deslizado hasta el asiento. Noto que había un reguero de sangre
corriendo por la comisura de mis labios. Se agacho, lamió mi sangre y entonces
me beso. Era la cosa más excitante que me había sucedido nunca. Nunca me había
sentido tan caliente en mi vida. Alargo el brazo hacia la derecha pero yo vi lo
que estaba haciendo. Había un interruptor igual al de la otra plataforma. Supe
lo que iba a pasar y aguante la respiración.
El toco el botón y el asador empezó a subir. No sentí nada
salvo un movimiento dentro de mi ano. Estaba de nuevo al borde del orgasmo
cuando sentí que algo tocaba el canal que va de mi estomago a la garganta. Había
una presión dentro de mi pecho, pero no sentí nada rasgarse. El asador se detuvo
de nuevo. Lo sentía en medio de mis costillas. Cada vez que respiraba sentía
como aumentaba la presión que me producía el asador.
¿Alguna vez has tragado algo y has sentido como bajaba? esto
era igual pero mas grande e inmóvil. Vi como el hombre se acercaba. Al
aproximarse vi que llevaba un bisturí. Confiaba en que no fuera a matarme antes
de estar empalada del todo. Di un respingo, o por lo menos lo intente, cuando el
bisturí rozo mi garganta. Hizo un pequeño corte y empujo un tubo dentro que se
deslizó por mi garganta. De repente, al respirar, el aire vino del tubo en lugar
de por mi boca. El hombre bajo la mano y acaricio suavemente mi clítoris
cubierto de sangre con sus dedos. Yo tuve uno de los orgasmos más grandes de mi
vida. Grite, pero nada salio de mi boca. El aire de mis pulmones apenas salio
por el tubo.
El hombre volvió a apretar el botón y el asador empezó a
moverse de nuevo. Sentí como rasgaba y atravesaba mis entrañas. La droga se
estaba disipando porque sentí un buen momento de dolor. Sentía al asador abrirse
paso por mi esófago y al mismo tiempo mas presión en el ano, sentía como el
asador se movía a través de mi pecho. Parecía que no iba a acabar nunca cuando
golpeo la parte posterior de mi garganta. Él, de alguna manera lo supo e inclino
mi cabeza hacia atrás. Sentí el asador dentro de mi boca, presionando mi lengua
hacia abajo.
Finalmente empujo a través de mi boca, rozando mis dientes.
Supe entonces que habría muerto si no fuera por el tubo que el puso en mi
garganta. Me sorprendí de que el dolor no fuera tan grande y de cómo me había
despejado. Yo no me sentía como una mujer a punto de morir.
Todo el mundo se alegró al ver como el asador salía por mi
boca. A esas alturas yo aun no me arrepentía de nada. Era lo que yo siempre
había deseado. El hombre que había hecho realidad mi fantasía y otro mas
vinieron y alzaron al asador y a mi fuera de la plataforma. Con un rápido
movimiento yo estaba ya horizontal. Habría gritado de dolor si hubiera podido.
El cambio súbito de mi peso hizo al asador golpear mis intestinos. Las lágrimas
fluyeron de mis ojos. No estoy segura si de dolor o de felicidad.
Me sacaron de la plataforma. Cuando bajaron los escalones,
sentí que mi cuerpo se deslizaba levemente por el asador. No estaba segura de si
dolía o era erótico. Vino otro hombre que ato mis piernas detrás del asador y
mis manos a mis muslos. Esto era mucho mejor, quito presión a mi cuerpo. Me
llevaron, de frente, al hoyo que yo había visto antes. Sabía que era el momento
de asarme, pero ellos se detuvieron cerca del hoyo y me depositaron sobre una
mesa. Estaba de espaldas en una posición antinatural. El asador mantenía mi
cuerpo rígido.
El hombre vino hacia mí con un cuchillo. No me preocupaba lo
que estaba a punto de pasar. De hecho, me excité al pensar en ello. Quería que
esta sensación durara para siempre, aunque sabía que no era posible. Sentí dolor
cuando rasgó mi abdomen con el cuchillo. Estaba abriéndome en canal desde mis
costillas hasta mi pubis. De nuevo habría gritado, pero no podía. Ahora el dolor
era terrible, pero a la vez estaba a punto de correrme. Abrió mi barriga y metió
la mano dentro. Sentí que cortaba algo y me di cuenta de que había arrancado mi
estomago.
Sentirlo trabajar dentro de mi hizo que me corriera de nuevo.
Estoy segura de que vio como me estremecía sobre el asador. Quizás pensó que era
por el dolor, pero la verdad es que mi último orgasmo fue cuando arranco mi
matriz y los ovarios, órganos que me hacían mujer. Sentí unos cuantos tirones
más cuando arrancó mas cosas de mi interior. Sabia que no era nada que
necesitara para mantenerme viva. Sentía su mano moverse en mi interior. Sus
dedos acariciaron mi coño desde dentro. Sentí como se reía cuando movía sus
dedos dentro de mi vagina DESDE DENTRO. Cada vez que su mano rozaba el asador,
lo sentía vibrar con todo mi cuerpo. Empezó a llenar, mí (ahora) cavidad vacía.
Sabía por mis lecciones que estaba llenándome de verduras. Mi mente me pedía que
me corriera de nuevo, pero ya no tenía órganos para hacerlo. Sentía el tirón del
hilo cuando me cosió para sostener las verduras. Era el dolor más apacible
experimentado hasta ahora.
De nuevo fui cogida por dos hombres. Tuve un dolor horrible
cuando quede colgando del asador. Sentí el peso del relleno extra en mi
interior. Caminaron hasta el hoyo y pusieron el asador sobre unos soportes a
cada lado del hoyo. Inmediatamente empecé a sentir el calor en mi cuerpo. Algo
se deslizo por el asador y penetro en mi ahora inútil coño. El calor era
horrible en mi espalda. Era el peor dolor que jamás había sentido. Alguien
empezó a derramar un líquido ¿aceite? sobre mí y eso ayudo un poco.
Con un chirrido el asador empezó a girar. Sentí como
continuamente me aceitaban mientras giraba sobre las ardientes brasas. Otro
hombre siguió rociando algo más fresco sobre mi cabeza. Se sentía bien mientras
giraba lentamente sobre el hoyo. Creo que no habría aguantado mucho sin ese
líquido sobre mi cabeza. Sabía que debía aguantar viva todo lo que pudiera. El
lado de mi cuerpo que se aproximaba a las brasas ardía, pero me refrescaba al
girar. Me preguntaba cuanto podría vivir con ese calor. Quise gritar cuando
giraba sobre las brasas, pero el tubo en mi garganta me lo impedía. Sentía como
se formaban ampollas en mi cuerpo a cada vuelta. Cuando explotaban podía ver
frente a mi el rugido de las llamas de las brasas. No paso mucho tiempo antes de
que pudiera oler a carne asada. No podía creer lo bien que olía. A la vez que
empecé a notar el buen olor de mi carne, deje de sentir dolor.
Estuve girando sobre las brasas durante varias horas. Podía
sentir marchitarse a mi cuerpo mientras el aceite resbalaba sobre mi cuerpo. El
hombre me roció con el aceite todo el tiempo mientras me asaban. Imagine como se
vería desde fuera mi cuerpo colocado en el asador. Finalmente dos hombres me
sacaron del fuego y me pusieron en una mesa. Sentí un gran placer cuando
empezaron a rebanar carne de mi cuerpo. Vi a las personas a mí alrededor
comiendo mi carne y eso me hizo feliz. Me estremecí al ver a una mujer comer uno
de mis pechos.
Me pregunte como podía seguir con vida después de haber sido
asada. Comprendí finalmente que había muerto hacia mucho pero que de algún modo
mi espíritu se había quedado para disfrutar del resto de mi fantasía.
Estoy contenta de que me permitieran escribir esto desde el
más allá para poder compartir mi fantasía y muerte contigo, querida lectora
Espero que tu fantasía pueda ser tan buena en la vida como la
mía ha sido en la muerte
Fin