El lunes Carmen madrugó más de lo habitual, me despertó el
sonido de la ducha; Me levanté y comencé a preparar el desayuno, al poco tiempo
apareció en la cocina ya preparada para salir.
-
"Lo siento, tengo que llegar pronto hoy" – dijo mientras
tomaba uno de los vasos de zumo de naranja y se lo bebía casi de un trago.
-
"¿No vas a desayunar nada mas?"
-
"Luego tomaré algo, a media mañana" – me dio un rápido y
beso y salió de casa.
Apenas tuve tiempo de reaccionar, me pareció extraño que no
me hubiese comentado nada en todo el fin de semana y, mientras terminaba mi
desayuno, recordé su cambio de humor del domingo por la tarde. Imaginé que
estaba preocupada con el asunto del nuevo departamento, no le di más
importancia.
Carmen llegó al gabinete media hora antes de lo normal y tuvo
que esperar unos diez minutos hasta que apareció Victoria, la secretaria, con
las llaves. Quiso llegar antes de que ya fuese noticia su larga sobremesa con
Roberto.
Se encerró en su despacho e intentó centrarse en su trabajo
para calmar la tensión.
A las nueve y media apareció Julia.
-
"¿Qué tal el viernes?" – Carmen no logró adivinar si
estaba ya al tanto.
-
"Fatal, una encerrona, una de las suyas"- sus palabras
transmitían preocupación y abatimiento, Julia se dio cuenta de que era serio
y se sentó- "A estas horas debo ser la comidilla de toda la oficina"
-
"No creo que sea para tanto Carmen, te fuiste a comer con
él, todos sabíamos que era un tema de trabajo.
Carmen le contó lo sucedido sin entrar en detalles, la
aparición del administrativo en el restaurante complicaba la situación. Julia
intentó ayudar.
-
"No te preocupes, voy a enterarme y pondré las cosas en
su sitio" – Carmen negaba con la cabeza.
-
"Julia, ya hemos vivido situaciones como estas otras
veces y no le hemos dado ningún margen a las chicas que ha acosado Roberto,
lo sabes bien".
-
"¿Te ha acosado" – Carmen desvió la mirada y evitó una
respuesta directa, Julia no insistió
Una hora más tarde era ya inevitable que Carmen tuviera que
salir de su despacho, no debía mantenerse más tiempo aislada. Recorrió el
pasillo hacia el vestíbulo que sirve de distribuidor y saludó a quienes se
cruzaron con ella, con el corazón encogido distinguió perfectamente las
conversaciones que se silenciaban a su paso, entendió con claridad las miradas
que le llegaban de las mesas… y se hizo a la idea de afrontar el mal trago y
esperar que pasase.
Pero… ¿cómo iba a pasar si Roberto seguiría echando más leña
a ese fuego que se había iniciado en la empresa? Esa mañana estaría tranquila,
preparaban la reunión del consejo fuera del gabinete y esperaba no tener que
verle hasta el Martes.
Pero se equivocó.
A las doce recibió una llamada de Roberto.
-
"Carmen, necesito que vengas, estamos atascados con la
presentación de tu tema, el PowerPoint que han preparado a partir de tus
datos es una mierda"
Carmen no veía la manera de evitarlo, no podía negarse de
ninguna manera lógica.
-
"¿Qué necesitáis? Si me pasas al técnico le puedo decir…"
-
"No Carmen, te necesito aquí" – su tono enérgico e
imperativo le impidió continuar.
-
"De acuerdo, voy para allá"
Salió del garaje y se encontró inmersa en el denso tráfico de
Madrid a media mañana, casi agradeció el retraso que eso iba a suponerle,
necesitaba tiempo para pensar. En el salón de congresos que habían alquilado en
un hotel de la Gran Vía no esperaba encontrar mucha gente, tan solo Roberto, su
secretaria y uno de los técnicos informáticos preparando el retroproyector y
montando las presentaciones en un portátil. Hizo un cálculo y comprendió que,
para cuando ella llegara, sería casi la hora de almorzar, y muy probablemente no
podría evitar quedarse a solas con Roberto.
Una hora más tarde atravesaba la puerta del hotel, era la una
y media y, como se temía, la secretaria de Roberto se volvía al gabinete y el
técnico esperaba su llegada para terminar la presentación y marcharse hasta la
tarde en que volvería para dar soporte.
Carmen resolvió las pegas en la presentación y a las dos y
diez se quedaron solos, estaba satisfecha porque su nombre aparecía en el
informe general varias veces y también como coautora del proyecto de su deseado
departamento.
Cuando el técnico cerró la puerta del salón tras él, Roberto
se acercó por detrás de la silla donde estaba sentada trabajando en el portátil
y puso ambas manos en sus hombros; Se le heló la respiración, estaba a solas con
él; Era consciente de que, sin pretenderlo, le había dado alas el pasado jueves
para que pensase que ella estaba en posición de ceder, lo que no tendría claro
era hasta donde, pero Carmen no dudaba que la iba a tantear.
-
"Carmen, ¿te das cuenta de que estas a punto de dar el
salto?" – no contestó, no podía decir nada, las manos de Roberto le pesaban
en sus hombros como si fueran de plomo, su silencio fue respondido por un
movimiento circular acompañado de una presión en sus hombros, como si fuera
un masaje; Debía decir algo, tenía que moverse – "De lo que ocurra esta
tarde depende tu futuro en el gabinete, puedes subir el escalón que te
separa de los socios, seria la etapa previa cielo…" - ¿Cielo? ¿Cómo se
atrevía a llamarla así? ¿Cómo había podido perder tanto terreno en tan poco
tiempo? La trataba como a una de sus conquistas– "… en cuestión de cuatro o
cinco años.. y con mi ayuda.." – se inclinó hasta decir esa frase a escasos
centímetros de su oído" – "podrías aspirar a convertirte en la nueva socia,
¿qué te parece?"
Su boca continuaba muy cerca de su oído, notaba su aliento en
su cuello, sus manos seguían masajeando sus clavículas, Carmen era incapaz de
hablar, estaba paralizada, no sabía que decir que no pareciera una claudicación,
tampoco encontraba la manera de rechazarle sin parecer brusca pero al tiempo
firme. Era consciente de que su silencio y su pasividad parecían otra concesión,
otra renuncia que iba a pasarle factura pronto, muy pronto. Por fin reaccionó.
-
"Todavía es solo un proyecto, hay mucho que trabajar,
mucho que…" – sintió la mano de Roberto en su mejilla. Con la palma abierta
sus dedos se doblaban alcanzando su cuello. Carmen hizo un leve gesto de
rechazo pero él lo ignoró y permaneció aun unos segundos.
-
"Te lo estas ganando, estas haciéndolo muy bien y ya te
veo convertida en mi más estrecha colaboradora"
Carmen cerró el portátil y comenzó a levantarse de la silla,
Roberto no había soltado su presa y la mano se deslizó por su espalda en un leve
roce, le quemaba el contacto de esa mano, se intento apartar pero le tenía tan
cerca que al retirar la silla quedo casi pegada a él, Roberto sonreía
empalagosamente, sabía la lucha que Carmen mantenía consigo misma y los
resultados le parecían alentadores. Se logró separar y comenzó a colocar la
carpeta de documentos, de nuevo sintió a Roberto detrás de ella cuando puso una
mano en su cintura. Carmen se irguió, pero no se apartó. No quería parecer
asustada.
-
"Roberto, por favor" – inmediatamente se dio cuenta de
que aquello había sonado a suplica más que a exigencia, tenía que haber
empleado otro tono y haberse alejado, pero ahí seguía, de espaldas a él con
esa mano casi en su cadera y con esa frase mendicante que expresaba una
débil negativa, justo lo contrario de lo que había pretendido.
-
"Vamos, vamos, no seas tan arisca, somos compañeros,
colegas, somos un equipo triunfador, nos merecemos algún descanso, no?
Roberto se acercó más a ella y puso la otra mano en su
cadera, Carmen tenía sus manos apoyadas en la mesa, ligeramente inclinada,
entonces sintió el contacto del cuerpo de Roberto en su culo.
-
"Vas a ser la triunfadora del día de hoy, te he visto
como mirabas tu nombre escrito en los informes, eres la nueva promesa del
gabinete, ¿no crees que nos merecemos un premio?"
¿Por qué no había reaccionado aun? ¿Por qué dejaba que
sucediera aquello? Era una decisión a tomar en menos de un segundo, cualquier
vacilación como ésta la dejaban indefensa ante él. Pero estaba sucediendo todo
tan rápido que no tenía capacidad de reacción. Notó como la mano derecha de
Roberto ascendía desplazándose hacia su estómago. Aquello estaba yendo demasiado
lejos, se movió con agilidad hacia la derecha, empujándole sin querer, hubiera
deseado no hacer esa presión contra su cuerpo, entonces se enfrentó a él.
-
"Roberto, no sigas, por favor" – su tono no ofrecía
dudas, en ese momento no le importaba echar al traste su futuro en el
gabinete. No podía seguir por ahí, la suerte ya estaba echada.
Roberto pareció replegarse, de nuevo sonrió y levantó las
manos como aceptando sus reglas
-
"Vamos chiquilla, no te lo tomes a mal" – aquella pose
solo había sido una estrategia para desconcertarla, porque inmediatamente
Roberto congeló la sonrisa de su rostro y la cambio por una expresión seria
– "Carmen, eres una mujer muy fuerte, un líder nato, eres inteligente y… muy
ambiciosa. Tienes ante ti una oportunidad que no estás dispuesta a dejar
pasar, ¿verdad que no?" – Carmen no contestó, la única opción que tenía era
recoger sus cosas y marcharse, pero no lo hizo, su silencio le confirmó a
Roberto su disposición – "¿Ves? Has trabajado mucho como para tirar por la
borda la culminación de tu carrera por culpa de una bobada." – de nuevo se
acercó a ella y tomó una de sus manos – "Piensa en todo lo que te ofrezco,
valora lo que se te pone por delante, es un gran reto, profesional… y
personal" – Recalcó esa palabra – "estoy convencido de que serás capaz de
asumirlo…" – mantenía cogida la mano de Carmen que si al principio
conservaba cierta tensión se había ido aflojando, Roberto apretó el brazo de
Carmen con su otra mano enfatizando sus frases y midiendo al mismo tiempo
hasta que punto Carmen estaba dispuesta a ceder. – "… he puesto muchas
esperanzas en ti, voy a avalar tu nombre para un puesto de gran
responsabilidad y lo menos que espero a cambio es…" – Carmen le miró
asustada vaticinando el chantaje, Roberto captó su expresión y sonrió –
"…lealtad y cierto agradecimiento ¿no crees que es justo?"
Estaba jugando con ella, había conseguido hacerla expresar
miedo, había logrado hacerla aparecer asustada. Se dio cuenta de que durante
todo este tiempo había estado evitando su mirada y eso la situaba en una
posición de inferioridad que en absoluto deseaba aparentar. Pero no tenía
argumentos, solo podía dimitir o negociar; Roberto pareció adivinar sus
pensamientos.
-
"Sería una lástima que renunciaras a tu futuro por una
niñería, ¡Vamos Carmen! ¿crees que te voy a violar?" – dijo riendo – "Ni tu
ni yo somos así, pero si espero una cierta… comprensión, cierta tolerancia
con mis debilidades, mas confianza, si vamos a hacer equipo necesito contar
contigo al cien por cien… además, ¡ya me conoces! Me gusta jugar, romper
tensiones, cometer travesuras…" – la mano que sujetaba su brazo comenzó a
acariciarlo subiendo hasta el hombro y bajando lentamente hasta el codo –
"Obviamente, creo que entenderás que si decides no asumir este reto…
profesional, tu posición en el gabinete quedaría falto de sentido"
Roberto se permitía amenazarla con un despido ¡cómo era
posible que se hubiese metido en esta absurda situación! Si le hubiera parado a
tiempo, el mismo jueves…
Pero comprendió que estaba donde ella misma se había situado,
la expectativa de hacerse cargo de aquel departamento y la posibilidad de llegar
a ser socia era tan abrumadoramente seductora que la inducían a cuestionarse sus
convicciones lo cual le hacía dudar a la hora de tomar esas decisiones rápidas
que no había tomado y que la habían conducido a esta situación de dependencia.
Percibía la mano de Roberto recorriendo su brazo como si la estuviese violando,
al mismo tiempo volvía a tener esa sensación de vértigo al ser incapaz de parar
aquello, sabía que cada segundo que le permitía acariciarla era un retroceso
mas, era una claudicación mas.
Roberto la soltó de improviso.
-
"Bueno, vamos a relajarnos, nos esperan días duros como
para crear tensiones absurdas, vámonos a comer antes de que sea más tarde"
-
"No, gracias, prefiero volver…"
-
"Carmen, vámonos a comer, necesito terminar de cerrar
algunas cosas contigo"
De nuevo calló, de nuevo se sometió y se dejó conducir cogida
por la cintura hasta el restaurante del hotel y otra vez Roberto se sentaría a
su lado.
Carmen sabía que volvería a intentar tocarla, en un rápido
cálculo midió hasta dónde se le subiría la estrecha falda al sentarse; tenía la
impresión de que Roberto planteaba aquella comida como un nuevo banco de pruebas
donde someterla o acabar con sus ilusiones. Y de antemano, con un cierto
fatalismo supo que iba a soportarlo.
Tras ordenar los platos, Roberto comenzó a hablar de nuevo
sobre el proyecto al tiempo que ponía su brazo por detrás de Carmen y rodeaba
sus hombros, estaban cerca, demasiado cerca, si le sostenía la mirada mientras
hablaba le inquietaba la invasión de su espacio personal , si le evitaba la
mirada daba una imagen de debilidad; Los ojos de Roberto se perdían sin ningún
disimulo en su escote de vez en cuando, Carmen maldijo la idea que tuvo al
ponerse esa blusa escotada y se juró cambiar el vestuario de ahora en adelante.
Almorzaron en un continuo monólogo de Roberto salpicado por
breves frases de Carmen que intentaba pasar aquel momento de la manera más
rápida posible, deseaba que llegaran los postres y poder marcharse de allí.
Cuando les retiraron el segundo plato, Roberto bajó su mano
por debajo del mantel, Carmen vio la maniobra como si se desarrollara a cámara
lenta y se preparó, aun así cuando sintió el contacto sobre su muslo no pudo
evitar un sobresalto a pesar de que lo esperaba desde el inicio del almuerzo. La
falda dejaba al descubierto medio muslo y las yemas de sus dedos se posaron
directamente sobre su piel desnuda. Un ahogo le atenazó la garganta, de nuevo su
indecisión hizo que el tiempo corriera en su contra.
Roberto estaba crecido, se sentía ganador, siguió hablando
del proyecto, del futuro de ambos, sus frases se excedían en euforia, mientras
tanto su mano apretaba, daba pequeños cachetes, avanzaba tímidamente para tocar
más carne, sus dedos reptaban muy sutilmente hacia la parte interior de su
muslo… y Carmen callaba.
-
"Este proyecto conjunto nos va a unir, ya verás, a medida
que te hagas a la idea de tus funciones todo te va a ser mucho más fácil" –
Carmen comprendió el sentido que le quería dar a esas frases ambiguas, su
mirada expreso sorpresa y duda –"… me refiero, Carmen, a que te tienes que
ir haciendo a la idea del cambio de posición que asumes, ya no eres una más,
formas parte del equipo de dirección y eso, irremediablemente, te aleja de
tus compañeros"
-
"No tiene por qué ser así" – protestó, su voz sonó
nerviosa, alterada, a causa de la tensión que mantenía al sentir avanzar la
mano de Roberto por su muslo.
-
"Desgraciadamente no depende de ti, es algo que surge de
los demás, te empezarán a mirar de otra forma, hablaran contigo con cautela…
lo notarás y te sentirás aislada, alejada de ellos, siempre pasa y cuanto
antes lo asumas menos disgustos te llevarás".
-
"Soy la misma que ayer, no tiene por qué cambiar nada" –
Roberto apretó su muslo.
-
"No Carmen, no eres la misma de ayer, ni mucho menos" –
ella entendió lo que quería decir y bajó la mirada.
Los días siguientes supusieron para Carmen la aceptación
resignada de la realidad que había elegido vivir y la confirmación de los
augurios de Roberto. Los rumores y cotilleos de la oficina, que Julia le
trasladó suavizados, sirvieron para alejarla de los grupos con los que solía
moverse a la hora de tomarse un café o de almorzar, había observado que las
conversaciones se apagaban al aparecer ella y comenzó a sentirse incómoda con
los que, unos días antes, eran sus compañeros.
Una de aquellas mañanas, al llegar a la máquina del café,
escuchó que estaban hablando de la nueva terapeuta recién llegada y de los
avances de Roberto; Julia contra argumentaba.
-
"Estoy convencida de que no se va a dejar amilanar"
-
"Torres más altas han caído" – dijo Marta una de las
administrativas más proclive al cotilleo y con cierta obsesión por los
refranes y las frases hechas.
Carmen sintió por el tono empleado que se refería a ella
y toda la rabia contenida afloró, recogió el café de la maquina y se volvió
hacia el grupo.
-
"A propósito de frase hechas, yo creo que la que mejor se
le puede aplicar es la de ‘perro ladrador poco mordedor’ o… ‘dime de qué
presumes y te diré de qué careces’… En el fondo todo es fachada, aparenta
más, mucho más de lo que en realidad es, en todos los sentidos" – se dirigió
directamente a Marta – "si no, yo no podría estar trabajando con él, codo
con codo, ¿no crees?" – Marta calló y desvió la mirada – "En el cara a cara,
sin público delante es bastante inofensivo" – volvió a mirar a marta que de
nuevo la evitó – "hay personas mucho más peligrosas, al menos a éste le ves
venir de lejos, pero hay otros que se acercan como serpientes, por la
espalda… de esos hay que tomar distancia"
Entró en su despacho y tras ella apareció Julia.
-
"Has estado genial, la has dejado chafada, no creo que se
atreva a volver a insinuar nada más"
-
"No estoy tan segura" – dijo Carmen algo abatida,
empezaba a experimentar lo que Roberto le había anunciado, sus compañeros ya
no se comportaban delante de ella como siempre.
Dejó de acudir al café de las diez, no se sentía cómoda y
creyó intuir que sus compañeros tampoco. Además, sus reuniones con Roberto eran
cada vez mas continuas y siempre procuraba llevarla a la máquina del café para
exhibirla como su trofeo, al menos así se sentía ella.
En el despacho, a puerta cerrada, abundaban los escarceos de
Roberto, bien situándose detrás de ella y cogiéndola por los hombros, tomándola
por la cintura si estaban de pie hablando… artimañas para confundirla, para
recordarle que estaba en deuda con él,
Cuando estaba delante de él se sentía desnuda, notaba sus
ojos moviéndose por su cuerpo; nada más entrar le veía recorrer su anatomía y
tenía que aguantar, hacer como si no le viera y avanzar hacia la mesa sintiendo
sus ojos en sus pechos, en su vientre… A los pocos días Roberto comenzó a darle
dos besos al entrar y salir del despacho, la cogió desprevenida la primera vez y
a partir de entonces intentó escabullirse pero no era fácil sin hacer explícita
su negativa.
Progresivamente se acostumbró a pasar por ese ritual que
procuraba que sucediera antes de abrir la puerta, quería evitar a toda costa los
rumores; Una tarde en que se estaban despidiendo en la puerta el despacho
Roberto aun la mantenía cogida por el talle pero no acaba de besarla, entonces
vio como tomaba el pomo de la puerta y reaccionó tomando la iniciativa, le besó
en ambas mejillas y logró separarse él, abrió la puerta y salió. Más tarde se
dio cuenta de su error y pensó en el significado que Roberto iba a atribuir a su
gesto, para él acababa de pasar de una postura pasiva y resignada a una conducta
en la que no solo aceptaba sus aproximaciones sino que las provocaba ella misma.
Al día siguiente comprobó el efecto de su gesto, Roberto
actuaba con menos cautela, era como si diera por hecho que no le iba a rechazar.
Al entrar en su despacho se acercó a ella pero en lugar de besarla se aproximó
esperando que fuera ella quien lo hiciera, durante un eterno segundo estuvieron
cara a cara a escasos centímetros el uno del otro, era una situación
extremadamente violenta que Roberto no iba a resolver y que Carmen rompió
haciendo lo único que podía hacer, se aproximó y le dio dos besos. Roberto
sonrió triunfante y la llevó hacia la mesa cogida por la cintura, más
estrechamente que otras veces, Carmen no tenía fuerza moral para protestar y se
dejó llevar sintiendo sus caderas pegadas. Al terminar la reunión Roberto la
sometió a la misma prueba y Carmen, deseando acabar cuanto antes, le besó. Al
salir del despacho y revivir la escena, se sintió humillada, sometida, vencida.
Una tarde de esa misma semana, regresando a casa, afrontó por
fin la situación. Si quería detener aquello debería prepararse para abandonar el
gabinete, por el contrario si luchaba por su ascenso tenía que manejarlo de la
mejor manera posible; Ya que no lo iba a poder impedir al menos debía ser ella
quien lo controlara.
Llegó a casa ensimismada en estos pensamientos, con un cierto
fatalismo que la llevaba a transitar desde la oposición, el rechazo y la rabia
hacia la aceptación de las dos caras de aquella moneda que no había rechazado:
El poder y el éxito unidos a la humillación y la vergüenza.
Yo aun no había llegado a casa, Carmen se cambio de ropa, se
sirvió un zumo y subió al ático, puso música y se arrellano en el sofá.
Intentó analizar fríamente la situación, aplicando la mismas
estrategia que usaba en cualquier experimento: dividirlo en partes que lo
hicieran más manejable. Con ese espíritu de investigador intentó ver el problema
y buscar una estrategia que le permitiera recuperar la serenidad.
Se planteó la situación que más le desagradaba: Roberto
sobando su muslo. Hasta ahora le había sentido siempre por encima de la falda,
tan solo una vez, en el restaurante el día del consejo, se había atrevido a
tocarla directamente el muslo, levemente, las yemas de sus dedos habían tocado
su carne. Esperaba más avances, estaba segura.
Por primera vez y para su sorpresa, aquella situación evocó
el recuerdo de Carlos tocando su muslo en el Parque María Luisa, ¿Qué
diferenciaba uno y otro caso?
Intentó aprovechar el recuerdo para seguir con su
experimento.
Acción – reacción; La acción era la misma, una mano en su
muslo, una caricia; La sensación era la misma, un roce, una presión, una
sensación tibia… no había diferencia ninguna.
Pero lo que ella percibía en cada caso era claramente
diferente, con Roberto había rechazo, con Carlos… no, con él no había habido
rechazo, al menos no en las últimas ocasiones, incluso en la primera, no podía
seguir fingiendo que no le había gustado.
La reacción física también era distinta: con ambos había
tensión, si, con Roberto esa tensión era bloqueante, negativa, puro rechazo; Con
Carlos… la tensión era diferente, era una tensión expectante, había habido
placer, todavía en ese momento, al recordarlo, sentía… no quiso seguir.
Las dos personas también eran diferentes para ella, sentía
hacia Roberto un claro desagrado no siempre bien disimulado en el pasado, no le
caía bien, también descubrió algo de superioridad por su parte, se consideraba
mejor que él en todos los sentidos.
Carlos, sin embargo, le caía bien, era agradable, atento…
buscó mas en el recuerdo, no podía quedarse en la superficie, tenía que aceptar
que Carlos le atraía, le costó reconocerlo pero lo afrontó, se sentía atraída
física y sexualmente por Carlos, quizás eso es lo que más miedo le había dado
entonces. Era algo que jamás había querido pensar y que ahora, quizás por la
distancia y el tiempo transcurrido, se sentía capaz de encarar.
Poner en palabras los pensamientos que se intentan ocultar es
una excelente terapia, ella lo sabe y en aquel momento lo hizo; Se levantó del
sofá, se acercó a la puerta para comprobar que no le había pasado inadvertida mi
llegada y dijo en voz alta.
-
"Me atrae Carlos" – se sintió rara pronunciando aquellas
palabras, como si cometiera una grave falta, conocía bien esas reacciones
aunque ahora era ella quien las experimentaba, sabía que no era suficiente,
tan solo era una aproximación" – "Me gusta Carlos" – bien, otro escalón más;
Se forzó a seguir, como hacía con sus pacientes – "Me excita Carlos… me
pone… " – siguió adelante, obligándose a hablar, a reconocer realidades,
rompiendo ese miedo supersticioso que vaticina el cumplimiento inexorable de
lo que se pronuncia en voz alta – "me puso cachonda… me tocó… me hubiera
dejado…" – se detuvo, no podía decirlo, no podía, lo intentó de nuevo –
"hubiera querido que… Oh Dios, me tocó las tetas… me abrí de piernas… me iba
a… me tocó el coño… me tenía… me tenía que… ¡me tenía que haber follado!" –
explotó toda la tensión y se sorprendió por el sentido de la frase, no era
un deseo, era una queja, la expresión de una frustración.
-
"Me tenía que haber follado" – repitió una vez más, ahora
con serenidad, percibiendo cada palabra - "me tenía que haber follado" – lo
repetía para poder reconocer las sensaciones y las emociones que esa frase
le producían.
Asustada, se volvió a sentar con la respiración alterada, no
sabía que es lo que le había llevado a ejecutar ese ejercicio; Intentó apartar
de su mente a Carlos y volver a la frialdad del investigador.
¿Y Roberto? ¿Era tan desagradable? Intentó verlo
asépticamente, dejando de lado su desprecio profesional y todo lo que a lo largo
de aquellos años había ido acumulando contra él.
No era fácil librarse de sus prejuicios, pero intentó hacer
un inventario lo mas desapasionado posible de Roberto, físicamente no estaba
mal, no era feo, no se cuidaba demasiado y le sobraban unos kilos pero era
aseado, vestía bien mas por mostrar su estatus que por gusto propio.
Con el trato diario había conocido a otro Roberto, el
profesional que hasta ahora había despreciado aparecía ahora de otra manera, su
trabajo era menos clínico pero no por eso dejaba de ser un buen gestor, estaba
llevando al gabinete hacia una renovación necesaria.
Además, tuvo que reconocer que, en los escasos momentos que
bajaba la guardia, cuando dejaba de aparentar ante los demás, era ingenioso, de
conversación fluida... lástima que siempre estuviera interpretando el papel de
seductor y de triunfador.
Hasta ese momento, la situación estaba equilibrada, salvo por
sus juicios sobre ambos.
Y las expectativas: Con Carlos sus expectativas de aquellos
días en Sevilla pasaban por acabar haciendo el amor, sobre todo en una situación
apasionada en la que la razón había quedado nublada, estaba convencida de que si
no hubiéramos aparecido Elena y yo y, sobre todo, si no se hubiese sentido
engañada por el asunto de las habitaciones reservadas sin su conocimiento, la
posibilidad de que hubiera acabado en la cama con Carlos era más que probable,
aunque luego se hubiera arrepentido.
Con Roberto no había ese horizonte, en ningún caso se
imaginaba follando con él, sus expectativas quedaban mas en el terreno del
manoseo, probablemente intentaría besarla, seguramente sus manos se le irían
cualquier día a su pecho, a su culo… eran esas las situaciones que tendría que
manejar…. Y valorar.
Se sorprendió de su frialdad, no se reconocía a si misma
planteándose si le iba a dejar besarla o sobarla. Se levantó del sofá huyendo de
aquellas ideas y bajó a rellenar su vaso de zumo; pero los pensamientos la
persiguieron.
Comenzó a actuar de abogado del diablo: ¿Tan horrible sería
dejar que Roberto la tocara? ¿Realmente era tan desagradable el contacto de su
mano en su muslo? Tuvo que reconocer que no, que el punto de espanto lo ponía
ella misma con su tensión y con el rechazo unido a su pasividad; Cuando en
realidad lo tenía fácil, si no quería pasar por aquello debía dimitir.
Pero si iba a terminar pasando por ello, si como se imaginaba
la idea de arruinar su carrera la dejaría paralizada cuando Roberto intentase
besarla, si el tacto de sus dedos sobre su blusa rozando sus pechos no sería
suficiente estimulo para provocar en ella una reacción instantánea… entonces
debía ocurrir sin humillarse ante él, era la única forma de controlarlo y marcar
unos límites con autoridad y no desde la debilidad, como hasta ahora.
Recordó el último episodio, esa misma tarde antes de salir de
su despacho, Roberto la seguía y, casi en la puerta, le dio un cachete en el
culo; De espaldas, sin llegar a volverse a mirarle para dar fuerza a su frase,
le había dicho "Roberto, por favor". Se dijo a si misma que jamás le volvería a
suplicar.
Y de nuevo el análisis: ¿En realidad había sido tan
desagradable? ¿Podía vivir el día a día con Roberto asumiendo esos pequeños
escarceos? ¿Borrándolos de su mente en cuanto sucedieran? ¿Qué los hacía más
desagradables, el breve instante en que sucedían o las horas perdidas
reviviéndolo y reprochándose?
A finales de semana Roberto le anunció que casi tenía vía
libre para su ascenso, Cuando finalizó la reunión, casi al llegar a la puerta la
despidió de nuevo con un cachete en el culo. Carmen ya no se sintió tan
sorprendida como la primera vez. Se volvió hacia él con una expresión mitad
sorpresa mitad superioridad.
-
"Roberto, por favor" – De una manera inconsciente esta
vez aquella frase no había sonado a súplica, parecía una reconvención, una
reprimenda a un niño; Roberto rió y de nuevo le propinó un segundo cachete
que se deslizó por su glúteo transformándose en fugaz caricia, Roberto dejó
su mano apoyada en su nalga durante un brevísimo instante mientras le decía
riendo.
-
"Señora directora, hasta mañana, sea Vd. buena"
Y otra vez ella, sin evitarle, le lanzó una mirada de
reprobación, se cruzaron los dos besos de rigor con la mano de nuevo en su culo.
Se sintió relajada, dueña de la situación, había logrado
superar una situación desagradable y convertirla en tolerable. Ya había pasado,
ya se había acabado, no quedaba rastro de lo sucedido.
El azote en el culo se convirtió en un terreno conquistado
que Roberto quería consolidar, y comenzó a prodigarlos cuando Carmen menos se lo
esperaba, ella siempre respondía con una queja que marcaba un límite y pretendía
evitar que aquello fuera a mas, Roberto no le hacía caso a la primera, solía
llevarla hacia la puerta de su despacho con la mano claramente situada en su
nalga, lo cual obligaba a Carmen a reiterar hasta tres veces su protesta; pero
ya no le producía el amargo desagrado del principio. Había logrado ahogar la
sensación de suciedad que sentía las primeras veces.
El proyecto iba sobre ruedas, a comienzo de año, si todo
seguía así, se anunciaría la reestructuración; En apenas diez días Carmen se
había acostumbrado a dejarse sobar por Roberto e intentaba minimizar el
desagrado que le producía. Al entrar en el despacho Roberto le daba dos besos en
los que Carmen media las distancias e intervenía a veces adelantándose para
evitar que siguiera acercándose a la comisura de sus labios, luego la llevaba de
la cintura hasta la mesa de reuniones, otras veces, la cogía del brazo, muy
arriba, buscando situarse cerca de su pecho, si estaban de pie viendo algún
planning extendido sobre la mesa, Roberto se las ingeniaba para poner su mano en
su cadera o para situarse frente a ella de modo que su escote ahuecado quedara
su vista. Carmen ignoraba esas miradas, ya no le provocaban pudor, había dejado
de aparentar que no las notaba y en más de una ocasión le llamó la atención para
que recuperara la atención perdida. El trato continuo con Roberto les había
llevado a una cierta confianza, ya no era el jefe distante, eran más compañeros
que antes. Roberto era consciente del progresivo cambio de Carmen, y en contra
de lo que Carmen podía pensar, ahora se sentía más seguro de conseguir sus
objetivos.
-
"¡Eh, vuelve!" – le dijo en una ocasión que notó que no
escuchaba su argumentación, perdido en su escote, cuando ambos trabajaban
sobre la distribución de la nueva ala del gabinete – "no te has enterado de
nada de lo que he dicho" – dijo Carmen reconviniéndole, ambos estaban de pie
en la mesa de reuniones donde tenían desplegado el plano de la planta del
edificio, inclinados sobre él disponían alternativas para la distribución
del personal. Carmen se comenzó a incorporar tras echarle la bronca,
rápidamente Roberto tomó su mano y la sujeto sobre la mesa abortando el
impulso de Carmen que tuvo que apoyarse de nuevo en la mesa logrando con
ello que quedara otra vez inclinada; Le miró el escote, luego a los ojos.
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"Vuélvemelo a explicar cielo y si me pierdo otra vez, lo
repites" – dijo sumergiendo sus ojos en el hueco que dejaba la camisa.
Carmen ya no se sentía invadida por esas cosas, las consideraba pequeñas
mezquindades de su jefe, poca cosa a cambio de su éxito.
Pero cedía terreno lenta e inexorablemente; Una tarde, cuando
estaban culminando la distribución del ala nueva, ambos estaban apoyados sobre
la mesa, Carmen se sujetaba sobre un codo mientras escribía sobre el plano,
Roberto había deambulado a su alrededor un par de veces sin ningún objetivo
concreto y Carmen, al segundo paseo, entendió que Roberto buscaba mirarle el
culo, realzado por su postura; Sonrió indulgentemente y le llamó para que viera
su último cambio; No conseguía centrarle, intentaba que le diera su opinión
sobre el ultimo cambio y le encontraba ausente, perdido en sus pechos. Intentó
ignorarlo y continuó exponiendo razones, pero por el rabillo del ojo veía a
Roberto bucear en su escote, bajó la mirada y vio la blusa totalmente ahuecada,
supuso que la mirada de Roberto alcanzaba a ver su sujetador y toda la curva de
sus pechos; se disponía a incorporarse cuando Roberto, que jugueteaba con una
goma la lanzó a la mesa. Mil veces que lo hubiera intentado y jamás habría
sucedido: la goma rebotó en la mesa y se coló en su escote.
Ambos se miraron sorprendidos, ¡era tan improbable! En un
segundo Carmen entendió la involuntariedad de este acto y lo cómico de la
situación les hizo explotar en risas incontroladas.
Carmen se incorporó intentando proferir una protesta, pero el
ataque de risa se lo impedía, entonces intentó alcanzar la goma con sus dedos,
vio a Roberto seguir su gesto y se volvió de espaldas para hacerlo.
-
"¡Nooooo, noooo!" – fingió llorar Roberto, aquello
reavivó el ataque de risa en Carmen que no terminó de volverse y metió la
mano en su escote para recuperar la goma sin importarle que Roberto
observara toda la maniobra, luego se la tiró como si fuera un proyectil,
Roberto la evitó y a su vez le tiró otra goma que Carmen evitó con agilidad.
Recordando en la cama lo sucedido pensó que Roberto no era
tan peligroso como había pensado en un principio, aquella noche se durmió más
relajada que nunca en todo este tiempo.
¿Y yo? ¿Dónde estaba yo mientras se consumaba esta transición
en mi esposa?