Algún avispado lector, que los hay –pocos, pero alguno hay-,
me ha recriminado haberme saltado a la torera el guión del primer texto de la
serie. Otro –éste, además de avispado, bastante cabrón- me reta a probar mi
propia medicina; es decir, a tratar del cómo, cuándo, dónde y por qué escribo,
en el mismo tono –comprensivo y cariñoso- empleado con los comentaristas y los
autores en las dos anteriores entregas.
Pues mira tú por dónde, había empezado a escribir éste, el
tercer y último capítulo de la serie, dedicándolo al tema de los foros de
autores. Me estaba quedado escaso extensión, flojo en contenido y no muy redondo
–el que me conozca, de oídas, sabrá que quiero decir incisivo, mordaz y
corrosivo-. Eso me estaba preocupando. ¿Me habré vuelto una monjita cuando de
dar caña a los colegas se trata? ¿Acaso me está creciendo la lengua hasta el
extremo de poder debutar como lameculos? Para corregir tan infames sospechas, no
se me ocurre mejor terapia que la autocrítica pública.
Por tanto, mil gracias al avispado lector y muchas más al
otro: al cabroncete listillo.
Empezando por el CÓMO, ningún misterio: me siento delante del
trasto electrónico y empiezo a darle a las teclas. Previamente, según los
expertos teóricos del tema –para mayor información, ver la sección de
Entrevistas- es preciso haber madurado una idea, tener un bosquejo de guión,
apuntar en notas los diálogos y momentos claves del relato, escribir, pensar en
un título impactante y son convenientes cuatro o cinco revisiones –para depurar
el estilo- antes de publicar el texto.
¿Qué quieren que les diga? No soy un experto y prefiero la
práctica a la teoría.
Si hablamos de ideas, las mías no maduran, estallan. Lo bueno
del asunto es que ando sobrado de proyectos. Lo malo, que la mayoría son poco o
nada eróticas, me pierde una innata tendencia a recorrer el camino en dirección
prohibida y, además, soy vago. Con estos antecedentes, que nadie se extrañe si
mis relatos tocan el tema sexual de pasada (de verdad, me aburre soberanamente
describir un polvo) y que los relatos "pretendidamente eróticos" –los que
publico, pocos, en las secciones de máxima audiencia- sean una tomadura de pelo.
De eso trataré más adelante, cuando analice el por qué.
En cuanto al CUÁNDO, hago lo que puedo, que no es mucho.
¡Pero qué cojones!, en esto, como en todo lo demás, si no me divierte lo que
hago, paso. Sí, también en…ESO: no hay cosa más aburrida que un polvo sin unas
risas.
¿DÓNDE? Preferiblemente en casita, con un café –tampoco le
hago ascos al güisqui- y un buen puro. Cuando éste se acaba, lo dejo. No sé la
razón, pero sin ahumar la habitación, no me concentro. Otro sitio, dónde
últimamente tengo raptos de inspiración, es al volante. Si un día de estos dejo
de publicar repentinamente, ya les adelanto el motivo: andaré buscando mis
dientes, esparcidos por la cuneta, por andar pensando en tonterías y no fijarme
en lo que debo.
Seré un poco más explícito –me doy cuenta que la anterior
exposición es casi telegráfica, pero me conozco, se me calienta la lengua y
luego cuento lo que no debía- al abordar la motivaciones que me llevan a
maltratar al sufrido lector con mis escritos. Para dar una contestación
"correcta" a la pregunta de ¿POR QUÉ escribo?, tendría que mentir y no voy a ser
tan capullo de soltar eso tan manido de: "Para dar rienda suelta a mis fantasías
más inconfesables". O mejor aún, para descojonarse: "Una serie de situaciones,
mitad autobiográficas, mitad imaginarias y un toque literario, producto de la
influencia de mis escritores favoritos".
Respecto a mis fantasías, son públicas y notorias: seducir a
una novicia y echar un polvete en gravedad cero. La crisis de vocaciones
religiosas me pone difícil la primera y los cruceros espaciales me van a pillar
ya muy mayor.
Tampoco me atrevería a contar experiencias personales. Ni por
asomo. Por dos motivos: esta página la leen quienes más quiero (familia y
amigos) y ya me han sacado la tarjeta amarilla un par de veces. El segundo, la
censura. En cuanto a influencias literarias, ¿Corín Tellado, Forges –no Borges-
y los artículos de Play Boy, cuentan?
¿La verdad al desnudo?: ¡Para joder!
No, malpensados. Para follar alguna rendida admiradora,
incomprensiblemente arrebatada por el furor uterino provocado por alguno de mis
escritos, NO. Y si hay alguna…por favor, que no sea tímida y me lo haga saber.
Empezaré a creer en los milagros.
Me refiero a la segunda acepción de joder; más concretamente,
joder todas y cada una de las secciones de la página. Y para que no quede
ninguna duda de lo dicho, recapitulo por orden cronológico todas las violaciones
cometidas; algunas consumadas y el resto, en grado de tentativa:
-In Memoriam. (10 Capítulos. Sección: Confesiones). Las
pretendidas y delirantes memorias de un ácrata. Inspirada por una serie que me
marcó: la de una autora argentina, con un estilo de alta escuela, que traté de
imitar infructuosamente. El que sienta curiosidad que entre en el perfil y
pinche autores preferidos. Después, con buen criterio, dejé de publicitar mis
gustos.
-Diccionario de La Real Academia de La Húmeda. (3 Capítulos.
En las secciones de Autosatisfacción, Sadomaso y Textos Educativos). Con gran
indignación de los fanáticos de las dos primeras secciones, naturalmente.
-Por mí, como se te matas a pajas. (MicroRelatos). Una
primera aproximación, con prácticos consejos, al universo del lector. Como
verán, la intención estaba clara desde el principio.
-Disección del autor. (2 Capítulos. Otros Textos). Una
parábola hiperbólica. Los autores, con buen criterio, ni se dieron por aludidos.
Lo que me jodió fue que me confundieron con alguien…aún sigo investigando con
quién. Para contestar a tan aviesas intenciones, publiqué la segunda parte: el
guión de una película del Oeste. Personalmente, de lo mejor que he parido…y no
lo leyó ni dios.
-Un cuento de hadas. (Fantasías Eróticas). Mínimamente
erótico y, encima, terrorismo ecológico. Primer personaje que fallece en
extrañas circunstancias, por exigencias del guión.
-Doctor, recéteme un polvito. (Parodias). ¿Por qué no existe
la sección de Ciencia Ficción?
-El de genio cabrón. (Textos de Risa). Pues eso, un chiste.
Sin segundas intenciones, para variar.
-Minimicro. (MicroRelatos). Incomprensiblemente, un éxito de
crítica. Debió de ser por lo breve.
-Batallitas del abuelo. (Poesía Erótica). Sin comentarios.
Bruta como ella sola…y lo que me costó terminarla. Decididamente, soy prosáico.
-La educación de Julia. (Dominación). Como ocurre en todas
las secciones populares, los lectores no aprecian los argumentos originales. Hay
una serie de sacrosantas reglas, pilares sobre los que se asienta el tinglado de
la sección, y los cartuchos de Goma-2 no son bien recibidos. Cojones, ¿no es
original el argumento de una sumisa-dominante ciclotímica?
-Las Voces. (5 Capítulos. Sección: Grandes Series). Un
derroche de imaginación y pariendo nuevos personajes en cada capítulo. Para un
plumillas minoritario como yo, un éxito…por lo minoritario de la audiencia.
-Esto sí es un plagio. (Otros Textos). Evidentemente, un
plagio. Al menos, el plagiado –bendito sea- se lo tomó con buen humor.
-Perra vida. (Zoofilia). Otro atentado terrorista. El clamor
popular alcanzó el grado máximo de indignación. Por mi parte, muy complacido.
-Aniversario. (5 Capítulos. Hetero General, Tríos y Orgías).
Una serie en la que eché el resto de mi capacidad para relatar algo erótico. O
eso creía, hasta que llegaron las críticas. Inconclusa, pero así se queda.
-Yo acuso: Papá Noel es un "presunto" pederasta. (Hetero
General). Me costó dios y ayuda (la de Caronte) que fuera publicado. Al final,
para sortear la censura, tuve que añadir la coletilla de "presunto".
-18 Clavos (Querido Roberto:). (MicroRelatos). Un alegato
feminista. Desde entonces, tengo que andar desmintiendo que sea una autora
travestida. Hay gente con mucha imaginación…y empiezo a comprender el infierno
de las pobres autoras.
-Juramento Hipocrático. (No Consentido). Con final trágico
del protagonista. Segundo, de tres, que me cargo. Y, como se me fue la mano en
las apostillas, arreciaron los emilios del tipo: Venga, guapa, verás que bien lo
pasamos juntos.
-La Benéfica. (Interracial). Un alegato, muy serio, contra la
represión del gobierno chino (antes de que se pusiera de moda el asunto del
Tíbet) y la peña se descojona de risa. Pues yo no le veo la puta gracia.
Pendiente la continuación.
-La maldición de Príapo. (Sexo con Maduras). Prólogo de una
nueva serie sobre mitología. Algún día, paciencia.
-Cuentos Infantiles. (Otros Textos). Recopilación de cuentos,
con los que entretuve a mi hija. Y luego, algún hijo de puta, disfruta
terribleándolos. Por una vez, me jodió. Pero ya se me ha pasado el berrinche.
-Cómo, cuándo y por qué. (3 Capítulos, con éste. Textos
Educativos). Manual para hacer amigos en TR.
-Ejercicios. Uno publicado: El Vuelo del Electra (podía haber
quedado mejor, lo sé). Dos pendientes de publicación (Micros) y una colaboración
–en proceso de elaboración-, que salvo accidente informático o renuncia de la
otra parte (la que le da el toque romántico), amenaza con convertirse en un
tocho de treinta páginas o más.
Una vez demostrada, con pruebas, la culpabilidad del acusado
al tratar de dinamitar los cimientos de tan augusta institución, escucharemos
los argumentos de la defensa:
Me gusta leer. Quiero decir que me gusta leer historias con
un mínimo de sentido común (en el planteamiento), originales (en el argumento),
con estilo (narrativo), sin faltas de ortografía (de las gordas) y, si no es
mucho pedir, con un toque erótico (toque, que no hostia). Resumiendo, que me
interesa más el marco, la pincelada, la iluminación de la sala y el estilo
arquitectónico del museo, que el cuadro en sí. Salvo sorpresas, la tela es
siempre la misma.
Deplorable. La opinión que tengo de los lectores de la
página. No se ofendan, me pasa con casi todo el mundo. Y, convencido como estoy
de la miserable condición humana, tiendo a ser comprensivo con casi todos los
vicios, pecados y tonterías, salvo con un par de ellos: la hipocresía y la
estupidez.
No lo puedo remediar, soy así. Un rompecojones vocacional.
Trato de enmendarme, pero es inútil. Además, sentarse delante del ordenador con
la bragueta abierta, no son formas de leer.
Sabrán perdonarme, espero. En caso contrario, masacren el
escrito.
Apostillas del autor.
Respecto a las apostillas, rasgo que me define –no las tengo
patentadas, así que no me sentiré ofendido si aparece algún imitador-, expresan,
con absoluta claridad, mis opiniones personales sobre el tema tratado.
En este caso, por tratarse de un ¿texto educativo?, seré muy
breve: no es oro todo lo que reluce, ni mierda todo lo que apesta.
El texto puede prestarse a interpretaciones, ya que suelo ser
premeditadamente ambiguo, dando argumentos a favor y en contra; a veces -pocas-
en serio, otras, no tanto. Pero las apostillas tienen una sola lectura.
Por último, para los convencidos de que la pose cínica es una
coraza defensiva, una revelación: no reconozco más Dios que Sócrates y Diógenes,
su profeta.