Capitulo VI
Una verdadera orgía era o que tenían ante sus ojos Antonio y
David, en un instante las ideas de enfrentarse a Alejandro para que dejase el
acoso hacia ellos desaparecieron ante semejante escena. Allí estaban Eduardo,
Manuel, Luis, Gustavo e inclusive Miguel, a quien ellos creían que los podía
ayudar a hacerle frente al clan y resulta que ahora tenía el pene de Luis en su
culo mientras chupaba la verga de Eduardo. Todo dentro de Antonio y David se
derrumbó, solo se quedaron perplejos viendo la situación mientras Alejandro los
guió hasta un mueble en la sala y ahí se sentaron los tres.
Como cinco minutos quedaron los dos chicos atónitos, no caían
en cuenta de lo que estaba pasando, frente a ellos sus compañeros de salón
estaban disfrutando de sus cuerpos penetrándose uno a otros. Antonio se enfocaba
en ver la magnitud de cada miembro de sus compañeros, mientras que David
intentaba no ver pero los gemidos de Manuel y Miguel al ser penetrados hacían
que él volviera a fijar la mirada en ellos. Alejandro estaba en medio de los
dos, dejó que observaran un buen rato antes de escurrir sus largas manos por las
espaldas de lo chicos, poso cada mano en la base de la columna y empezó a
masajear, lentamente primero y al ver que no había resistencia comenzó a
sacarles la camisa del pantalón para posteriormente meter sus manos dentro y
palpar directamente con sus espaldas. David fue el primero en reaccionar, cuando
la mano de Alejandro ya buscaba introducirse dentro del pantalón, él se apartó y
Alejandro quitó la mano, pero seguía con su faena con Antonio.
David: yo me voy, no soy homosexual como para quedarme a
presenciar esto.
Alejandro: espera un momento, vamos a hacer un trato: ustedes
dicen que son muy hombres y todo eso, les propongo que se queden hasta que
terminemos nuestra orgía, si ustedes son capaces de resistir todo ese tiempo sin
querer unirse a la fiesta, les prometo que no lo acosaremos más.
David: ¿en serio, si nos quedamos hasta que ustedes terminen
de hacer sus cosas no nos van a molestar más?
Alejandro: es en serio, ustedes nos gustan mucho, pero no
vamos a seguir intentando si ustedes realmente no quieren.
David: bueno, por mi acepto el trato, espero que tengan
palabra.
Antonio. Yo también acepto.
Alejandro: entonces, David siéntate a mi lado para que sigas
apreciando todo el placer que sienten ellos teniendo sexo.
David aceptó y se sentó de nuevo al lado de Alejandro, quien
lo dejó tranquilo un momento, puesto que estaba concentrado en seguir manoseando
a Antonio quien ni se inmutaba ante las caricias que ocultamente Alejandro le
estaba dando a lo largo de su espalda. Mientras tanto, Miguel y Manuel eran
quienes prestaban sus culos para las constantes penetraciones de Eduardo, Luis y
Gustavo, eran los sumisos del grupo y les fascinaban sentir como las vergas de
sus amigos los perforaran a cada instante.
Alejandro ya había masajeado y comprobado lo necesario con
Antonio, con una sonrisa cómplice con Eduardo y todo quedó pactado. La mano de
Alejandro abandonó aquel cuerpo para irse sobre David, quien hipnotizado por la
escena de sexo en vivo que estaba presenciando, no acertó a apartarse y
Alejandro lo tumbó sobre el mueble y quedó completamente sobre él.
David: quítate de encima, esto no era lo pactado.
Alejandro: lo pactado es que ustedes salieran vírgenes aun de
aquí y ahí nosotros los dejaríamos en paz.
David: pero, no entiendes que no quiero nada con ustedes.
Alejandro: eso mismo decía tu amigo Antonio y míralo ahí.
David volteó hacia donde hasta hace unos instantes estaba
desarrollándose la orgía y se encontró a un Antonio inmóvil tirado en el suelo,
mientras los demás le iban arrebatando pieza por pieza cada parte de su ropa a
la vez que besaban y mordisqueaban cada trozo de piel que quedaba al
descubierto. En apenas unos instantes el deseado cuerpo de Antonio había quedado
casi al desnudo, solo un estoico bóxer se mantenía firme resguardando el sexo de
un joven que ya había abandonado cualquier idea de resistencia.
Alejandro miró a un sorprendido David, se levantó y se colocó
frente a Antonio, quien lo miró con algo de miedo. Con un movimiento, Alejandro
dejó al descubierto su erguido miembro y se agachó para quedar a la altura de su
presa. Los demás dejaron de manosear y besar el cuerpo de Antonio y se
apartaron. Solo se escucharon estas palabras: ¿quieres que te de la bienvenida?
Hubo un gran silencio, David estaba incrédulo, los demás solo
querían que Antonio aceptara y que Alejandro le diera la iniciación para así
ellos poder disfrutar de aquel cuerpo suave y rosadito. Antonio solo cerró los
ojos. Con un movimiento delicado y rápido Alejandro le quito el bóxer dejando al
descubierto un pene erecto de unos 16cm, sin ningún vello, sin embargo ese no
era el objetivo de él quien tomó la cadera y la alzó un poco dejando al
descubierto la entrada por donde pasaría su pene en cuestión de segundos.
David se levantó rápidamente y de un empujón tiró a Alejandro
a un lado. Antonio se asustó y se levantó asustado, abrazó a su héroe quien lo
había salvado de ser penetrado, pero con ese movimiento puso su pene sobre el
culo de David quien al darse cuenta lo apartó.
David: Antonio vístete, hemos pasado la prueba, ya son las 6
de la tarde y hemos presenciado su acto sexual. Ahora nos vamos y espero que
cumplan su palabra de no volver a acosarnos.
Antonio: si, yo no quiero nada con ustedes.
Antonio se vistió rápidamente, mientras Alejandro calmaba a
sus amigos que estaban molestos por la actitud de David.
Alejandro: está bien, no hay problema por que se vayan, ya
han soportado bastante y no los molestaremos más.
Los demás se molestaron ante la decisión de Alejando, pero
más tarde él les explicaría que el trabajo ya estaba hecho, solo faltaba un paso
para que ellos cedieran, y que ese paso lo darían ellos sin la necesidad de
seguir acosándolos.
Ya en la calle, David recriminó a Antonio por su actitud,
este con la cabeza gacha y bastante apenado, dijo:
- Gracias por salvarme allá dentro, realmente me dejé llevar
por la situación y por las acaricias, creí que lo mejor era acabar con esta
situación de una vez y darle lo que tanto quieren para que nos dejaran en paz.
David: yo solo espero que cumplan con su palabra y que esto
termine aquí.
Los dos siguieron su camino, algo largo por la incomodidad de
caminar con sus miembros erectos.