La joven ama (2)
Bajamos a cenar al comedor, con su padre. Yo iba detrás de
ella, totalmente desnudo. Cuando él me vio me sentí avergonzado, se detuvo ante
mí y paso su mirada sobre mi cuerpo, como examinándolo para comprobar que era lo
suficientemente bueno para su hija. "Papá, me gusta mucho tu regalo, era lo que
necesitaba" "Mejor, así ya no tendrás necesidad de esos novios tontos que te
echas a veces". Me acerqué a una silla para sentarme, pero Arancha me lo impidió
"Los perritos comen en el suelo, siéntate ahí y espera que te demos de comer" Me
quedé quieto, pensando en lo que me había dicho, no podía ser. "A qué esperas,
perro, siéntate ahí y espera", la voz de su padre resonó en toda la casa, y no
tuve más remedio que tirarme en el suelo desnudo y esperar que me echaran algo.
Durante la cena ellos hablaban de manera normal, ella contaba cosas de la
facultad (al parecer había empezado ese año a estudiar medicina) y él le
preguntaba cosas y le daba consejos. Me echaron un trozo de filete, y alguna
patata frita que tenía que coger del suelo y meterlas en la boca.
La cena terminó, ellos se levantaron y ella me dijo "perrito,
recoge esto y friega los platos, cuando termines ven al salón con nosotros".
Cada minuto que pasaba mi vergüenza era mayor, el trato era el de un perro, que
además tenía que hacer de criado y ser el juguete sexual de ella. Aquella
situación no podía durar mucho.
Cuando terminé de limpiar y fregar todo, me dirigí al salón
donde estaban los 2 sentados en el sillón. El salón era muy amplio, con una gran
estantería llena de libros. Había una mesa de madera en un lado del salón, con 6
sillas a su alrededor, 3 plantas de grandes hojas verdes al lado de la ventana,
2 sillones pequeños flanqueando el sillón grande, todos ellos de piel marrón. Se
notaba la vida holgada económicamente que daba ser el delegado provincial de la
administración. Al verme, Arancha me hizo un gesto para que me sentara a su
lado. Una vez así sentado, me di cuenta de lo pequeño que era su cuerpo, yo le
sacaba algo más de una cabeza, y además era muy delgada. Estaban viendo una
película que yo ya había visto varias veces y era un rollo, así que me acomodé y
empecé a darle vueltas otra vez a la situación, buscando una solución.
Sentí su mano cogiéndome la polla, jugaba con ella entre los
dedos e intentaba ponérmela dura, cosa que consiguió en poco tiempo. Me la
acariciaba de arriba a abajo, también los testículos, los apretaba y los amasaba
con su manita de dedos delgados. Me entró la necesidad de ir al servicio, y le
pedí permiso. Ella se quedó pensativa "no irás a correrte, ¿verdad? Sabes que no
puedes" "no, ya lo sé, sólo voy a mear" se quedó un rato más pensando acerca de
darme permiso para ir, "tranquila, iré con él para vigilarle". Así pues, su
padre Aníbal me acompañó al servicio, que penosa era mi situación actual,
vigilado por el padre de una cría que no me deja correrme.
Entramos en el servicio, el cual era amplio, con un gran
espejo en la pared, una bañera con una mampara semi-transparente, un armario
pequeño blanco, un taburete, un lavabo bajo el cual había otro armarito, y el
váter. Aníbal se sentó en el taburete a mi lado y no quitó la vista de mi polla.
Yo ante esa mirada no podía mear, me ponía tenso y no me salía. Él se empezó a
impacientar "vamos perrito, no tienes todo el día", traté de relajarme y empecé
a mear. No me ayudó nada sentir su mano en mi culo, me estaba acariciando las
nalgas, me volví hacia él con gesto serio "tranquilo, perrito, no voy a hacerte
daño". Seguía sobándome el culo, también me acariciaba la espalda. Quería
terminar de una vez y volver al sillón con Arancha, quizás ese fuera el
propósito de Aníbal, el de meterme prisa por volver.
Volví al salón, a sentarme al lado de Arancha. Otra vez puso
su mano sobre mi polla "espero que te la hayas lavado, perrito" "sí, ama, por
supuesto". La película aún continuaba, pero estaba cerca de terminar. Ella apoyó
su cabeza en mi hombro izquierdo "pasa tu brazo por detrás de mi cabeza y
abrázame", me quedé perplejo por aquella orden, era una orden casi como
cariñosa. La abracé y ella se reclinó más hacía mí. Seguía tocándome, tenía la
polla totalmente erecta y los testículos ya me empezaban a doler ante ese
amasamiento que me estaba sometiendo. La película terminó cerca de las 12 de la
noche, Aníbal se fue a acostar y quedamos solos Arancha y yo. Ella se estaba
estirando, yo esperaba que era lo me tocaba hacer, expectante. Se levantó y se
sentó sobre mis rodillas, frente a mí. Me rodeo con sus brazos y me besó en la
boca. Era un beso suave, su lengua se movía ansiosa dentro de mi boca, un tanto
descoordinada con sus labios. Me estaba calentando e intenté acariciarle la
espalda por debajo de su camiseta, pero ella reaccionó dándome una bofetada "tú
no puedes tocarme, perrito, estás para complacerme y solo harás lo que yo te
diga, ahora quédate quieto" volvió a meterme la lengua en mi boca, mientras mi
cara se recuperaba de ese bofetón, y dejaba mis brazos muertos, sin poder
usarlos en ella. Salió de mi boca y se dirigió a mi cuello, a comérmelo, sus
manos me acariciaban todo el torso, mi pecho, mi abdomen…. Me estaba ensalivando
completamente, estaba muy caliente y no podía ni siquiera tocarla. Bajó su boca
por mi cuerpo, hasta llegar a mi polla. Allí se separó de mi cuerpo, se levantó
y me ordenó "mañana me levantaré a las 8 para ir a la facultad, pero tú te
levantarás a las 7, primero para rasurarte la polla y los testículos, después me
prepararás el desayuno y te ducharás conmigo. Ahora nos vamos a acostar, y no te
olvides que tienes prohibido correrte". Me cogió de la mano y nos fuimos a su
habitación.
En el piso de arriba se encontraban 3 habitaciones y un
servicio. Una de esas habitaciones era la suya, se encontraba enfrente de la
habitación de su padre. Era una habitación donde el color que predominaba era el
rosa. La pared era de color rosa muy suave, había una mesa de estudio al lado de
la ventana, con una silla que parecía muy cómoda, una estantería con libros de
medicina y química y sobre todo peluches, muchos ositos y perritos de tamaño
pequeño. Me pregunté donde dormiría, si con ella en cama o en el suelo.
Finalmente me indicó que me acostará en la cama, por supuesto
desnudo. Ella se quitó la camiseta y los pantalones cortos que llevaba puestos
hasta ahora. Debajo tenía unas braguitas blancas, y un top blanco con ribetes
rosas. También se los quitó y quedó completamente desnuda. Su cuerpo era muy
delgado, se marcaban muy bien las fibras de sus músculos y se hacían notar las
costillas y las clavículas. Sus tetas eran pequeñas, y su culo era perfecto,
duro y terso. Se puso un camisón blanco, que le llegaba por debajo de las
rodillas. Era preciosa, tenía una erección tremenda que no podía ocultar. Se
dirigió al otro lado de la cama y al abrir la cama me vio la polla totalmente
dura, no sabía si se enfadaría por ello "perrito, recuerda que no puedes tocarme
y no puedes correrte, y como me hagas algo esta noche mi padre se ocupará de ti,
las manos quietas ¿entendido, perrito?" "sí, ama, muy claro". Dicho esto ella se
acostó, se acercó a mí y puso su mano sobre mi polla otra vez para amasármela.
Iba a ser una noche larga.
Me desperté a las 6 o así. Estaba nervioso por si me quedaba
dormido y temía el posible castigo. Ella estaba acostada de lado, dándome la
espalda. Sentía un tremendo dolor en los testículos, había sentido su mano todo
el rato hasta que me quedé dormido. Ahora debía esperar hasta las 7, para
levantarme y afeitarme el pubis completamente. Aún pensaba en como salir de
aquella situación, pero si iba a la policía, aparte de perder mi profesión me
podrían hacer más cosas dañinas. Quería salir de allí, pero no sabía como.
Casi me quedé dormido pensando en esas cosas cuando llegaron
las 7. Me levanté con cuidado y me dirigí al servicio que se encontraba en el
piso superior. Abrí los cajones de los armarios, buscando una maquinilla de
cuchillas y espuma de afeitar. Al final los encontré y empecé a aplicarme la
espuma. Me afeité con cuidado, nunca lo había hecho y temía cortarme en esa zona
tan sensible. Cuando terminé me ví en el espejo, con la polla y los testículos
totalmente rasurados, sin un pelo. Después bajé a la cocina, aún desnudo, para
preparar el desayuno a mi ama. Busqué las cosas y me dispuse a preparar algo
sencillo pero decente, para que no le pareciera mal y me castigara.
Estaba colocando las servilletas cuando apareció Arancha,
envuelta en una bata blanca con rayas verdes. "hola ama, buenos días" "hola
perrito, ¿has hecho lo que te dije?" Miró hacia mi polla, le gusto mucho como la
tenía, se colocó de rodillas y empezó a comerla. "ahora puedes correrte", se la
metió en la boca, con las manos me sujetaba los testículos y me pajeaba duro
para hacer que me corriera. No lo hacía para darme placer, ni mucho menos, lo
hacía simplemente para sacarme la leche, me ordeñaba para terminar cuanto antes
con la boca llena e irse a clase. Me apretaba los testículos con una mano, debía
pensar que así me los exprimía, con la otra mano me pajeaba, y con su boca me la
lamía y chupaba con fuerza, me hacía daño. El orgasmo estaba próximo, esta vez
me iba a correr y lo deseaba para descargar mis doloridos testículos. Mientras
estábamos así, entró su padre a la cocina. "veo que le estás dando el desayuno,
tranquilo, no os interrumpo", ella no dijo nada, seguía comiendo con ganas.
Estaba a punto, ya me llegaba, traté de avisarla "ya….ya.." y me corrí. Mis
músculos se contrajeron al mismo tiempo, mis piernas, mis nalgas, mis
abdominales, todo temblaba. Mi polla descargaba una cantidad considerable de
leche, ella con las manos evitaba que nada se saliese de su boca, introduciendo
en el interior lo que salía por fuera. Después de soltarlo todo traté de
recuperarme y recuperar la respiración, ella quedó un rato más de rodillas,
tragando todo lo que tenía en la boca y limpiándose las mejillas de los restos.
Aníbal se quedó mirando el espectáculo de ver a su hija comiéndome la polla
hasta tragar toda mi leche. Ella se levantó del suelo y me dio un beso en la
mejilla "ha estado muy rico el desayuno, ahora vamos a ducharnos", Aníbal me
hizo un gesto como impresionado de la comida que me hizo.
Me llevó al cuarto de baño, se quitó la bata y el camisón, se
metió en la bañera conmigo y cerró la mampara. Primero me duchó con agua fría,
para que se me bajara la erección. Luego tuve que enjabonarla por todo el
cuerpo, lo que hizo que me volviese a poner dura. Pasé mis manos por toda su
piel, lo que más deseaba era agarrarla y metérsela hasta el fondo, pero no
imaginaba cuales podían ser las consecuencias. Acariciaba todo su cuerpo, llegué
a su culo y metí un dedo entre sus nalgas, ella no dijo nada. Yo estaba como
loco por penetrarla, con el calentón que llevaba, el tenerla allí desnuda y
acariciándola me desesperaba. Se dio la vuelta y abrió las piernas, empecé a
enjabonarle el coño. En ese momento le metí un dedo despacio, no podía aguantar
más, ella lanzó un suspiro y me dijo que siguiera así. Le metí otro dedo con
cuidado, puesto que su coñito era algo estrecho. Empecé a pajearla, sin duda era
lo que ella quería, le metía los dedos muy despacio para no hacerle daño. Cada
vez jadeaba más fuerte, sus caderas y sus piernas también se movían
involuntariamente buscando una mayor penetración. Se tocaba las tetas, se las
apretaba y se abrazaba ella misma, bajaba sus manos por su vientre hasta su
coño, cada vez se movía más y yo tenía que sujetarla. Levantó la cabeza mirando
al techo, su respiración era más fuerte "siiiii….perrito…no pares…dale más…durooo"
la notaba cerca del orgasmo. Ahora le metía los dedos con más fuerza, ella
estaba apoyada en la mampara porque ya no se tenía en pie. Los músculos de sus
muslos se contrajeron, al igual que sus abdominales y los de su coño. El orgasmo
fue brutal, todo su cuerpo temblaba, tenía que agarrarla para que no se cayese.
De su coño no dejaban de salir fluidos. Su cuerpo estuvo temblando 3 o 4
minutos. Al final acabó recostada en el suelo cogiendo bocanadas de aire con la
boca para volver a conseguir una respiración normal. Después de haberse
recuperado y levantarse de nuevo me tocó a mí ser enjabonado por ella. Lo hizo
con malicia, deteniéndose en mi polla y testículos "ahora vuelves a tener
prohibido correrte, hasta que te vuelva a dejar". Sus manos también se
deslizaban entre mis nalgas, llegaban a mi agujero y volvían fuera. Me torturaba
provocándome un orgasmo, con una mano entre mis nalgas y con la otra pajeándome
"sólo te froto para dejarte bien limpio", ella disfrutaba viéndome sufrir
aguantando sin correrme. Terminamos cuando ella creyó conveniente. Tuve que
secarla y a su vez ella me secó a mí.
Ella se vistió y se fue corriendo a la facultad "te veo a las
3, perrito". Me quedé solo con Aníbal, su padre. "Escucha, hoy tenemos que traer
tus cosas a esta casa, así que te vas a vestir y vamos a salir para allí
enseguida, vamos". Me fui a la habitación a coger mi ropa del día anterior. Una
vez vestido, Aníbal ya me esperaba para salir hacia mi piso.
Su coche era muy grande, con él podíamos hacer el traslado de
una vez. No hablamos mucho por el camino. Yo trataba más de buscar alguna
ocasión para salir de allí corriendo y gritando, si apareciese alguna
oportunidad, la aprovecharía. Llegamos a mi calle, con la fortuna de poder
aparcar enfrente del portal. Nos bajamos del coche y nos introdujimos en el
portal. Esperamos al ascensor, que estaba bajando. De él salió Eva, una vecina
que vivía 2 pisos encima de mí. Pensé que era mi oportunidad. "hola, cuanto
tiempo" "hola Eva, que tal" "bien, bueno, con el niño que tiene fiebre" "vaya,
bueno, oye, mira a ver si…." En esto Aníbal me dio un empujón y me metió en el
ascensor "perdone, es que tenemos prisa". Una vez dentro me dio una bofetada
"perro asqueroso, que pretendías, eh? Pedir ayuda? Ahora vas a ver, te voy a dar
hasta que se te olvide que puedes salir de esta". Me dio mucho miedo, ahora
tendría que soportar un castigo y no sabía en que podía pensar ese hombre.
Cogimos mis cosas en unas bolsas y en una maleta, y salimos del piso. A Aníbal
se le notaba muy enfadado, lo que aumentaba mi temor. Nos metimos en el coche,
durante el trayecto no me soltó el brazo para que no pudiera escaparme "no te
preocupes, que ya pensaré algo para que no vuelvas a pensar en largarte". No
tenía la menor oportunidad ante él, era un hombre muy alto y muy fuerte, sin
duda si intentaba escapar me atraparía y me daría una buena paliza.
Llegamos a su casa a las 12 del mediodía. En cuanto estuvimos
dentro me ordenó quitarme la ropa, "Ahora vas a hacer limpieza por las
habitaciones y la cocina, cuando termines empezarás a preparar la comida, las
cosas están en la despensa y la nevera", estaba realmente enfadado y yo con
mucho miedo, ese loco era capaz de cualquier cosa "y una cosa más, después de
comer recibirás tu castigo, te lo aplicaremos Arancha y yo, ya veremos lo que
aguantas". Ahora si estaba asustado. Traté de hacer las tareas lo mejor posible,
me esmeré en dejarlo todo bien limpio, en hacer las camas sin arrugas, y sobre
todo hacer la comida de manera que les gustase mucho, a ver si así se rebajaba
el castigo.
Arancha llegó a las 3 de la facultad, saludó a su padre y a
mí me dio un beso en la boca y un apretón en los testículos "¿Qué tal mi
perrito?". Su padre le contó el incidente, ella también se enfadó "Con lo buena
que soy contigo y tú queriendo escapar, voy a tener que castigarte para que no
vuelvas a pensar en salir de aquí". Comimos los 3 juntos en la cocina, ellos en
la mesa y yo en el suelo. Me tiraban la comida al suelo y yo tenía que cogerla y
comerla, como la noche anterior. Terminamos de comer, "perrito, ya sabes,
recoges esto y friegas los platos. Cuando termines, baja al sótano por esa
puerta, te estaremos esperando para castigarte como mereces", dicho esto me dio
un beso en la mejilla y, junto con su padre, bajó al sótano.