"Hola San, ¿entras a trabajar ahora o tienes un rato para
tomar un café conmigo?"
"Vaya sorpresa, Luci. La verdad es que he quedado aquí dentro
de un par de minutos y me apetece estar sola mientras. Todavía me falta una hora
para entrar a trabajar."
"Me apetecía verte y charlar un rato contigo."
"Y ¿qué es lo que me quieres decir? ¿Tal vez que me echas de
menos? A lo mejor necesitas un oído que escuche todas tus aventuras o, quizás,
añoras sentir un orgasmo como los que yo te dí."
"No es necesario que seas tan dura conmigo. Quería verte
porque, si, te echo de menos, y no solo como amiga…"
"Jajajaja, no me hagas reír nena. Me dejaste bien claro lo
que había y yo te dije que necesitaba tiempo para olvidarte. ¿Que pasa? ¿Qué si
a la señora le apetece tenemos que ponernos todos a sus pies?" – le hice una
reverencia al tiempo que me daba la vuelta para seguir caminando.
"¡Sandra! ¿Se puede saber que es lo que te pasa? Te estoy
diciendo que te echo de menos, que tengo ganas de estar contigo y ¿me respondes
así?"
"Pues si, te respondo así. Mira Lucía, estoy cansada y no
quiero que me vengas ahora con esas tonterías. Ya no tengo ganas de volver a
comerme la cabeza tratando de averiguar cuanto te va a durar esta vez, si me
quieres o si yo te quiero a ti. Estoy harta de todo eso. Me he dado cuenta de
que no eres el epicentro de mi vida y..."
No se que parte de todo el tema no entendió. Tal vez lo que
le dije era demasiado sensual para ella, pero, cuando me quise dar cuenta, me
estaba besando a lo loco en aquel pequeño parque.
"Quiero que nos veamos mañana. Quiero tener una digna
despedida tuya. No puedes dejarme así."
"Adiós Lucía, te deseo lo mejor." - Si me llegan a decir unos
meses antes que de mi boca saldrían aquellas palabras no me lo hubiese creído ni
en sueños. Pero había algo en aquel momento que me tenía la cabeza muy ocupada…
……………………………………………………
Después de mi noche loca con Mari, tuve que enfrentarme al
consiguiente vacile de Alba debido a las marcas de mi cuello. Ella también había
tenido lo suyo con una chica a la que conoció aquella misma noche pero, según su
versión, no había habido más que un par de magreos.
"Si es que, al final, tu sola vas a juntar más experiencias
que la mayoría de las lesbianas del lugar. Estás hecha toda una fiera. Pero…
¡mira eso! Ahora va a resultar que, en vez de venezolana era una vampiresa."
"Te puedes reír tu, mona. No hace falta buscar a ninguna
venezolana para que te chupe la sangre… ¿me equivoco?"
"Bueno, no pretenderás que me pase la vida practicando el
onanismo. El amor propio es bueno, pero, ya sabes lo que decía Jesucristo:
compartir es amar. Y yo tengo mucho amor acumulado. Por cierto, hablando de
cristianismo, ¿pasa algo entre Ruth y tú?"
"¿Por qué me preguntas? Que yo sepa, las cosas están bien,
aunque, ni ayer ni hoy he tenido noticias sobre ella."
"Leti me preguntó si había algo entre vosotras porque Ruth
había ido a saludarla y, cuando te vio en pleno baile, se quedó mirando con
carita… bueno, ya sabes. Luego me dijo que, en cuanto os empezasteis a besar,
ella se fue muy apurada y con los ojos inundados."
"Le habrá pasado algo con su último rollete, pero, entre
nosotras no hay nada más que una buena amistad."
"A ver, nena, a lo mejor para ti solo hay una amistad. Pero,
quizás ella, te ve como algo más."
"No digas tonterías Alba. Si quisiera algo conmigo, lo normal
sería que me lo hubiese dicho. Ni me dijo nada ni noté nada tampoco."
"¿Sientes algo por ella?"
"Es mi amiga y le tengo mucho cariño. Me parece guapa y
atractiva, pero nada más. Dos chicas, por muy lesbianas que sean, no tienen
porqué acabar liadas siempre. Esas cosas solo las hace Leti."
"Bueno mujer, no es necesario que te pongas así. Aunque, te
lo digo por bien, deberías hablar con ella y preguntarle."
Seguí mi ronda sin Alba, no me apetecía que me dijera lo que
Ruth sentía o dejaba de sentir por mí. Ya era todo demasiado complicado como
para ahora empezar a pensar en si mis sentimientos estaban cambiando o algo
similar. Lo que si tenía claro era que, por mucho que lo evitaba y por mucho que
me fastidiaba, mis sentimientos por Lucía seguían ahí.
Pero mí querida amiga y compañera de trabajo había conseguido
preocuparme a cerca del estado de Ruth. Le había mandado un par de mensajes y no
me había contestado ninguno. Lo achaqué a que querría desintoxicarse de mí un
tiempo. Pero no pensé que pudiera ser por otro motivo. ¿Qué debía hacer?
¿Preguntarle si estaba enamorada de mi para después decirle que este era un
momento complicado?
La mejor opción era esperar a salir del hospital y comprobar
si me venía a recoger como todos los días. Y, si no venía, ir yo a buscarla a
ella.
¿Y si Alba y Leti tenían razón y Ruth sentía algo más por mí?
¿Qué sentía yo por ella? ¿Qué le tenía que decir? Si ellas estaban el lo cierto
la chica lo debió pasar mal durante este tiempo… aunque ella se interesaba
demasiado por lo que yo hacía y dejaba de hacer con el resto.
Y luego estaba el caso de la semana anterior. Se me vino a la
cabeza de golpe aquel momento de la semana anterior cuando me acompañó a mi
casa. Quiso decirme algo y luego se echó atrás. Tampoco quiso entrar en mi casa
sabiendo que estaríamos solas.
Me estaba agobiando demasiado sin siquiera saber lo que
pasaba en realidad. Tal vez solo se sentía mal por algo y quería hablar conmigo
y, al verme con Mari, se enfadó y se fue sin más. No tenía por que ser amor
necesariamente. Tampoco entendía por qué me embargaba esa gran sensación de
ansiedad al pensar en todo aquello. Es más divertido cuando no hay ningún tipo
de sentimientos en medio.
Debí recorrer los pasillos que tan bien conocía unas 30 veces
aquella noche y no conseguía dejar de pensar en todo aquello de los
sentimientos. Los míos, los de Lucía, los de Ruth, los de mi hermana Nadia (no
se por qué, pero también me acordé de ella) y los de los jugadores de la
Selección… en fin, había comenzado la noche con mucha alegría y en aquel momento
solo tenía ganas de salir corriendo.
"Ya estamos acabando el turno y no me has dirigido la palabra
en toda la noche. Supongo que es por lo que hemos hablado antes y que no va el
caso conmigo. No te lo he dicho por dejarte mal ni nada de eso, pero bueno.
Quizás no debí haberme metido."
"No te he hablado porque tenía mucho en que pensar. Lo he
pagado contigo y no ha sido justo. Lo siento. Sabes, voy a hacerte caso y la voy
a hablar con ella. No me gustaría perderla."
"No tiene por que pasar nada nena. Llámala y pregúntale. A lo
mejor también se trata de una de las miles de idas de olla de nuestra promiscua
Leti."
Dejamos allí el tema y nos fuimos a cambiar de ropa. Me
encontraba extrañamente nerviosa y, no se como, pero mientras el ascensor nos
conducía a la planta baja, no dejé de desear que Ruth apareciera como de
costumbre con una sonrisa y un pastel.
Pero Ruth no apareció, ni con ni sin pastel. Tomé el móvil
entre mis manos y marqué su número. Después de toda una noche pensando y
haciendo cabalas sobre todo el temita, necesitaba hablar con ella con suma
urgencia.
"¿Diga?"
"Hola Ruth, soy San. Es que… tenía ganas de hablar contigo y,
ni ayer ni hoy, has venido a buscarme. ¿Te pasa algo?"
"San, no he ido porque estoy en la cama. Supongo que no sabes
que hoy es domingo y ayer fue sábado y que ninguno de esos días se me da por ir
a las ocho de la mañana de visita."
"¡Oh, mierda!, ¡no me acordaba de que era domingo! Discúlpame
colega, no quería despertarte. Seguro que saliste ayer…"
"Que va, llevo todo el fin de semana encerrada en casa algo
enfermita. Mi compañera de piso se fue a casa de sus padres y estoy más sola que
la una."
"¿Y si hoy me convierto en ti y te llevo el desayuno? Ya se
que es temprano, pero ahora que estás despierta…"
"No se San. Estoy bastante cansada y quería quedarme aquí
tirada sin hacer nada."
"¿Me estás dando largas?"
"Lo estaba intentando, pero ya me voy dando cuenta de que
eres bastante cabezota. Puedes venir, pero solo si me traes unos churros y un
tazón de chocolate."
"Sus deseos son órdenes para mí. En quince minutejos me
tienes allí."
Cuando colgué el teléfono me sentía bastante mal. Ella no
tenía ganas de verme y yo había insistido hasta conseguirlo. Pero necesitaba
aclarar las cosas con ella. Tanto comerme la cabeza durante toda la noche no me
había sentado demasiado bien.
Y a unos minutos de reunirme con ella, mi cabeza había vuelto
a darle vueltas a todo aquello. A lo mejor no había pasado nada, tal vez había
sido todo una suposición absurda de Leti. Quizás lo que me quería decir el otro
día no tenía nada que ver con sus sentimientos hacia mí.
………………………………………………………………………………
Después de decirle aquello a Lucía me di la vuelta y vi como
Ruth nos miraba moviendo la cabeza de forma negativa. Me quedé paralizada y
quise salir corriendo hacia ella para explicarle lo que había pasado. Pero me
mostró la palma de su mano a modo de stop y se fue de allí.
Me sentí la persona más estúpida del mundo aunque la culpa no
había sido mía. Me volví hacía Lucía y la miré con cara de odio. Ahora entendía
lo del beso.
"¿Lo has hecho a propósito?" – me estaba sonriendo
maliciosamente y deseé con todas mis fuerzas ser mas agresiva y arrearle un buen
bofetón.
"Me la presentó Leticia hace un par de días. Estuvimos
hablando sobre ti y me di cuenta de lo mucho que le gustabas. Hasta creo que
puede estar enamorada de ti. Sentí celos de que pudiera separarnos y…"
"¡Hija de puta! ¡Tu y yo nunca hemos estado juntas! Pensé que
eras mi amiga, que, a pesar de todo, había cariño entre nosotras y, ahora, me
doy cuenta de que, no solo me utilizaste, si no que pretendes que permanezca
pegada a ti aunque sufra."
"No es eso San, yo… yo…"
"Me da igual Lucía, me da igual lo que me vayas a decir ahora
mismo, no me importa lo más mínimo que te sientas bien o mal… si, al final va a
ser cierto, del puto amor al odio hay tan solo un paso."
"No te lo tomes así, no es lo que tu crees. Yo creo que… creo
que me he enamorado de ti."
"Vete a al mierda." – nunca antes había estado tan crispada.
Quería abofetearla, gritar como una loca y destrozarle la vida. Pero, en lugar
de eso, bajé todo lo que pude mi tono de voz y, susurrando le dije – No quiero
volver a verte, a saber nada de ti. No te me acerques y borra mi número para
siempre. Que no se te ocurra decirme nada más. Nunca. ¡NUNCA!"
Me di la vuelta. Ella estaba llorando desconsolada. Trató de
sujetarme por el brazo, pero mi mirada le había dolido más que un puñetazo en la
boca. Tenía que ver a Ruth y hablar con ella.
La llamé al móvil, pero estaba apagado. Di varias vueltas al
parque y también me acerqué hasta su casa. Luego me pasé por el bar de Leti,
pero todo fue inútil, no conseguí encontrarla por ningún sitio. ¿Por qué cojones
no salí corriendo tras ella? Encima tenía que ir a trabajar y no podía seguir
buscándola.
<<No ha sido lo que piensas. Por favor, quiero hablar
contigo. No quiero perderte. Bss. San>>
…………………………………………………………………………..
Mientras entraba en el ascensor, una sensación de nervios
embargó mi cuerpo. Mis manos estaban heladas a pesar de que en ellas tenía el
chocolate caliente. Salí y Ruth me estaba esperando con la puerta abierta, cara
de sueño y solo con una camiseta XXL. No me sonrió como de costumbre, aunque
forzó un gesto similar a una sonrisa. Sus ojos estaban algo hinchados, pero
supuse que sería del sueño.
"No hace falta que te diga que eres una bruja por llamarme a
estas horas un domingo."
"Joooo, tenía ganas de verte. Hace mucho que no se nada de
ti."
"Uff, por lo menos desde miércoles… un montón, vamos."
"¿Estás muy borde o son imaginaciones mías?"
"Estoy borde y recién levantada. Últimamente estoy bastante
decaída y antisocial. Por eso te daba largas cuando hablamos por teléfono
antes."
"Lo siento Ruth, pero estoy algo preocupada por ti. Te he
enviado algunos mensajes y no me has contestado. No se, te he echado de menos
estos días."
"He visto los mensajes, pero, es lo que te decía, no tengo
ganas de relacionarme con nadie. Estoy en un momento que quiero que sea mío. Ya
sabes, yo me lo guiso, yo me lo como."
"Bueno, pero yo estoy aquí para lo bueno y para lo malo.
Quiero que lo sepas y que cuentes conmigo. Tú también has estado a mi lado desde
que nos conocimos. Es como si fueras una amiga de toda la vida." – me miró
fijamente y se emocionó un poco. Sus ojos se llenaron de lágrimas y la abracé
con fuerza. – "Voy a llamar a mi casa para decirles que no voy, que me quedo
aquí. Me dejas descansar un rato y luego preparo la comida. Por la noche
trabajo, pero, hasta entonces, aquí me tienes. A tu disposición."
"Vale. Me alegra que te quedes. Supongo que todos necesitamos
una amiga de vez en cuando."
Después de llamar a casa tomamos nuestro light desayuno con
algunas risas forzadas por su parte. No es que yo me caracterice por ser la más
graciosa del mundo, pero algo simpática si que soy. Pero me di cuenta de que
ella tenía la cabeza en otro lugar.
"Quería saber que era lo que me ibas a decir el otro día. Al
final me quedé con las ganas."
"No me acuerdo, supongo que sería una mentira o algo sin
importancia." – me estaba mintiendo. Se había puesto algo colorada y no me miró
a los ojos. – "¿Quieres echarte? Yo también voy a meterme en la cama un rato. Me
duele la cabeza porque no he dormido bien."
"Si, va a ser mejor. Trabajar en el turno de noche es muy
cansado."
"Puedes irte a mi cama, yo me quedaré en el sofá."
"¡Era lo que faltaba! De eso nada, en todo caso será al
revés." – cuando entré en su cuarto vi que su cama era bastante grande así que…
- "Pero podemos echarnos juntas, con esta cama no tenemos ni que encontrarnos…"
"No se si será una buena idea. Tu estás muy cansada y…"
"Vamos mujer, no es para tanto. Nadie se murió por dormir con
una amiga…"
Me estaba dando una camiseta para que me cambiara de ropa y,
al hacer el último comentario, su cara se volvió un poco rara. Preferí no darle
demasiada importancia a ese hecho. Ya estaba siendo un momento suficientemente
extraño como para darle vueltas a todo.
Nos tumbamos las dos en la cama y me acurruqué a su lado.
Ella pasó su brazo bajo mi cuello y comenzó a acariciarme cariñosamente la
espalda. Quería hablarle sobre lo que había pasado el día de mi super baile,
pero no me parecía un buen momento. Estábamos bien así y no quería estropearlo.
Comencé a pasar mis manos por su abdomen, bajo la camiseta.
Me gustaba mucho esa sensación. Ella se comenzó a poner nerviosa, lo noté porque
sus abdominales se contrajeron y la mano que me acariciaba dejó de hacerlo.
"San, por favor, para."
No se ni por qué lo hice, en serio. Ella me atraía mucho
desde que nos habíamos conocido y, estando en esa postura tan cómoda con ella,
con sus mimos y sus aromas, no pude evitar incorporarme mirándola fijamente a
los ojos. Quería besarla. Tenía muchas ganas de hacerlo.
"No, San, no hagas eso. No lo hagas, por favor."
Me fijé bien en su cara, en sus facciones, en su mirada fija
en mis ojos, no pude evitar acariciar su gesto con mis manos. No la escuchaba,
estaba demasiado entusiasmada en descubrir todas aquellas cosas nuevas para mí.
Trató de incorporarse pero se lo impedí.
"San, te lo suplico, no me hagas daño. No juegues conmigo."
Despacio, con lentitud desesperante, me fui agachando para
alcanzar sus suaves labios. Quería probarlos bien. Quería descubrir a que
sabían. Y sabían a gloria. Al principio solo posé mis labios sobre los suyos y
después comencé a pasear mi lengua por entre ellos. Ella puso sus manos sobre mi
cabeza y se agarró a mi pelo con fuerza aprisionando más nuestras bocas. Las
lenguas se presentaron y comenzaron a explorar todo lo que podían abarcar. Su
saliva sabía a café todavía y sus dientes se aferraron a mi labio inferior, sin
apretarlo demasiado, para después soltarlo y volver a pelear con mi lengua que
deseaba a la suya.
Cuando empecé a posicionarme sobre ella reaccionó apartándose
de mi y levantándose de la cama. Me dejó allí sola y no podía dejar de sentir
como mis labios latían después de aquel beso. No me levanté inmediatamente,
quería analizar la situación.
Es increíble descubrir los sentimientos que tienes hacia una
persona con tan solo un beso. Me gustaba mucho y quería seguir besándola. No por
hecho del placer de besar a otra persona, si no, porque realmente me deleitaba
la idea de estar besando durante mucho tiempo a la misma persona. La quería como
amiga y me atraía, eso lo sabía desde el principio, pero había descubierto que
había algo más en mí para ella.
"Ruth, ¿Qué te ha pasado? ¿Estás llorando?" – cuando entré en
la cocina vi como lloraba mordiéndose los labios.
"Si, estoy llorando. No se si realmente eres tonta o te haces
la loca para no ver las cosas que pasan."
"¿A que te refieres? No entiendo nada, te lo juro."
"¿Recuerdas el otro día, delante de tu casa, cuando salió tu
hermano, que te iba a decir algo? pues te iba a decir que me estoy enamorando de
ti. Pero no te enteras. Lancé señales por activa y por pasiva y tu te dedicabas
a no perder el tiempo."
"No lo sabía Ruth…"
"¿No te extrañaba que siempre estuviera tan pegada a ti? ¡Si
hasta te soltaba burradas a ver si así lo entendías! Luego pensé que me
ignorabas a propósito para no enfrentarte a mis sentimientos. ¡Hubiese sido más
fácil que me dijeras que no querías estar conmigo!"
"Ruth, no sabía nada de esto, de verdad. Yo…"
"Y hoy te presentas en mi casa con un gran desayuno, en plan
mejor amiga… ¡No te das cuenta de lo que eso supone para mi! E insistes en
dormir conmigo alegando que, como somos amigas, no pasa nada. ¡Eres una idiota!
¡Te pedí que no vinieras! ¡Te pedí que no me acariciaras! Pero tú seguiste.
Claro, como ahora siempre tienes lo que quieres, si te apetece echar un buen
polvo conmigo, pues te lo echas…"
"No es así, realmente quería besarte y me pasó algo marav…"
"Ahora me dirás que yo también te gusto y que lo otro solo
eran pequeñas pruebas para venir ensayada, como si yo fuera una película y tu
una actriz…" – comenzó a murmurar por lo bajo sin dejarme decir ni una sola
frase, tenía los ojos hinchados de llorar y seguía con aquella camiseta puesta.
Me acerqué por detrás y la tomé del brazo girándola hacia mí.
Ella torció la cara y comenzó a sollozar de nuevo. La abracé y comencé a darle
besos por la cara, por sus ojos, por la frente, en sus mejillas…
"Ruth, estoy aquí y no quiero meter la pata contigo. Sabes
que te quiero mucho y, aunque ahora no tengo muy claros mis sentimientos, quiero
seguir aquí. Vayamos despacio, pero vayamos juntas."
La besé de nuevo en los labios, fue aún más tierno que en la
cama. Quería demostrarle que yo también sentía cosas por ella. No quería
perderla por nada del mundo. Mi lengua fue a buscar la suya, necesitaba
encontrarla de nuevo y acariciarla. No podía despegar mis manos de su cara, la
quería toda para mí. No soportaba verla llorar y, mucho menos, sabiéndome
culpable.
Nos besamos durante largo tiempo, allí, de pie, en la cocina,
ella aferrada a mi espalda y yo sujetando su cara con mis manos. Hasta que ella
se separó poco a poco y las lágrimas volvieron a sus ojos.
"Es mejor que te vayas San…"
"No me voy a marchar. Quiero estar contigo. Y no te voy a
decir eso de que quiero estar contigo ahora, no, quiero estar contigo ahora,
mañana, dentro de un mes y, si sigue la cosa bien, dentro de un año también.
Dame una oportunidad Ruth, no te arrepentirás, te lo aseguro."
"No me hagas más daño, por favor. No me rompas el corazón. Es
mejor que te vayas, San. Hazme caso por una vez. Piensa bien las cosas antes de
actuar. Vete, por favor."
La besé de nuevo, con más pasión. Respondió a mi beso y nos
abrazamos con mucha más fuerza, como si ninguna de las dos quisiera romper aquel
momento. Pero Ruth se separó de nuevo y me pidió una vez más que la dejara sola
y no tuve más remedio que hacerle caso. No sin antes hacerle prometer que nos
veríamos al día siguiente para hablar sobre esto.
……………………………………………………………………………..
"Si existe la posibilidad de que varias cosas vayan mal,
la que cause más perjuicios será la única que vaya mal" dice uno de los
corolarios de la ley de Murphy y, como no puede ser de otra forma, la ley en mi
caso se cumplió.
No dejaba de recorrer los pasillos del hospital como una
energúmena, enfadada con Lucía, conmigo por no haber reaccionado a tiempo, con
Ruth por no contestar a mis llamadas. Alba me miraba tratando de averiguar que
era lo que me pasaba, pero lo único que de mi boca salían era un sin fin de
palabrotas y maldiciones a todas aquellas personas que acudían a mi cabeza.
¿Cómo podía ser posible que las cosas se hubiesen torcido
así? No podía encontrar explicación alguna. Tenía ganas de llamar a Lucía… no,
mejor, tenía ganas de tenerla delante para partirle su estúpida cara dura por
haber hecho que Ruth saliera corriendo sin contestar a mis llamadas. Y para más
INRI, allí estaba yo, encerrada en el hospital, sin poder plantarme delante de
su casa para que me escuchara.
Al final va a tener razón el refranero y nunca sabes lo que
tienes hasta que lo pierdes… no quería pensar en que la había perdido, pero
había visto como Lucía me besaba cuando le prometí que no le haría daño. No era
culpa mía pero me sentía muy culpable.
La noche no acababa de pasar y estaba deseando que llegara la
luz del día para plantarme en su portal y explicarle lo que había sucedido. Me
perturbaba el hecho de pensar que, tal vez, me dijera que no, que no quería
saber nada más de mí. Tenía muchas ganas de llorar y Alba se dio cuenta.
"A ver pequeña, ¿qué te pasa?"
"Pues que esta tarde había quedado con Ruth para hablar sobre
lo nuestro. Ayer nos besamos y me di cuenta de que me gustaba mucho más de lo
que pensaba, pero ella estaba asustada y me dijo que no quería que le hiciera
daño. Y eso, que quedamos esta tarde para hablar y aclarar algunos puntos de la
discusión, pero claro, me encontré en el parque con Lucía y me dijo que me
echaba de menos y yo le dije que me dejara en paz, que ya no era el centro de mi
vida. Entonces ella vio a Ruth a lo lejos, mientras yo le decía todo esto, y se
acercó y me besó y ella nos vio y se marchó corriendo. Quise seguirla pero me
paró y yo me quedé allí gritándole a Lucía porque lo había hecho a propósito.
Luego fui a buscar a Ruth para explicarle lo que había pasado realmente pero ya
no pude ponerme en contacto con ella y…"
"Que manía tienes de soltar a borbotones todo lo que te pasa
hija. Menos mal que ya estoy acostumbrada. A ver, mujer, no te lo tomes tan a
pecho que tiene solución. Deja que pase un tiempo y luego se lo explicas."
"Pero, ¿y si la pierdo? Necesito explicarle lo que ha pasado,
que no ha sido culpa mía."
"Dale tiempo. Aunque se lo expliques mañana… no se, puede que
no te crea. Todas sabemos de que va tu relación con Lucía y… un beso así…"
"Gracias por los ánimos, Alba. Me voy a gastar más suela,
necesito pasear. Tal vez le envíe otro mensaje para explicarle las cosas un poco
mejor." – dije sin convicción alguna. Tal vez tenía razón y no merecía ser
escuchada.
<<Salgo de trabajar a las 8 de la tarde. Ven a mi casa y
hablamos.>>
A las 7:30 ya estaba allí clavada como un poste de la luz. No
paraba de pasear de un lado a otro deseando verla. Y, aunque mi cabeza no dejaba
de centrarse en la idea de que me daría calabazas educadamente, el resto de mi
no era capaz de dejar de aferrarse a un pequeño, ínfimo si.
Verla aparecer con una caja de pizza cuarenta y cinco minutos
después de mi llegada fue una gran alegría. Estaba segura de que me daría la
oportunidad de explicarle las cosas durante la cena.
"Hola Ruth"
"Puedes empezar a contarme eso que tanto me querías decir
mientras subimos. Si me convences tendrás un trozo de pizza, si no, no entrarás
en mi casa." – Así empezamos bien, tenía menos de un minuto para decirle todo lo
que había pasado – "Vamos, empieza, el tiempo corre." – sin presión, mujer, tu
puedes hacerlo bien.
Cuando entramos en el portal me quedé sin habla, no podía
decirle en tan poco tiempo todo lo que quería y todas las ideas se agolparon de
repente en mi cabeza. No me salían las palabras y estaba temblando. Ni siquiera
era capaz de mirarla a los ojos, ni de refilón. Entramos en el ascensor y ella
se me quedó mirando fijamente esperando a que comenzara a hablar, sujetando la
pizza entre sus manos. Las lágrimas comenzaron a asomarse a mis ojos. No quería
llorar, lo juro, pero no podía hacer otra cosa, no era capaz de hablar.
Dejó de mirarme y alzó la vista al cielo. Llegamos a su piso
y yo me quedé un rato parada dentro de aquel habitáculo. Ella salió y escuché
como abría la puerta. Sabía que me iba a dejar allí y que después no me abriría,
así que salí rápidamente mientras ella iba cerrando la puerta. Las tímidas
lágrimas se habían convertido en llanto…
"¡No quiero perderte!" – empujé la puerta y entré, le quité
la caja que llevaba entre sus manos y me abracé a ella desesperadamente.
Realmente, cuando me di cuenta de que la iba a perder vi que
lo que sentía por ella era más de lo que había sentido por nadie. Ni por Lucía
había sentido aquello. Creo que no había estado tan asustada en mi vida.
Se apartó un poco hacia atrás para buscar mi cara y en vez de
aguantarle la mirada, no pude evitar besarla de nuevo. Yo estaba temblando como
una vara verde. Eran demasiadas cosas las que estaban ocurriendo en mi interior
y, realmente, estaba muerta de miedo.
"San, para, tranquila que no me voy a escapar. Tampoco tenía
pensado dejarte ahí fuera." – a pesar de escuchar sus palabras no podía dejar de
llorar. La miraba como si yo fuera uno de esos perritos que están en las
protectoras esperando que los adopten – "Te mandé ese mensaje porque me llamó
Leti contándome que Lucía le había dicho lo que ocurrió ayer, que lo había hecho
a propósito. También me llamó Alba y me dijo que tu estabas mal por ello y que
tenía que darte la oportunidad, por lo menos, de hablar. Así que, no me quedaba
más remedio…"
"Ayer quería decirte que me gustas de verdad y que quiero
intentarlo contigo. Pero Lucía apareció y me dijo un montón de cosas y cuando te
vio me besó a propósito y…"
"Ya está todo aclarado, de verdad, pero sigo sin estar muy
segura de lo que sientes por mí. Tu misma me dijiste que no lo tienes claro.
Supongo que entiendes mi postura. Temo embarcarme en algo que me produzca
inestabilidad, sabes que no lo he pasado muy bien."
No se a que se debe pero, en algunas ocasiones, no soy capaz
de hablar claramente. Supongo que soy de las que piensan que, si quieres
demostrar algo, no lo digas; hazlo. Así que, sin mediar palabra y mirándola a
los ojos, me acerqué más a ella y la comencé a guiarla hacia su sofá. Con su
mirada me mostró aprobación y, rodeando mi cuello con sus brazos, me besó ella a
mí. Era la primera vez que lo hacía y me gustaba mucho. No teníamos prisa. No
había presión. Solo estábamos ella y yo, dispuestas a disfrutar de aquel momento
que, por suerte, no sería único.
Cuando estábamos llegando me giró y caí sentada en aquel
cómodo asiento. Ella se sentó a horcajadas sobre mi regazo sin dejar de besarme.
Puedo decir como íbamos vestidas aquel día sin temor alguno a equivocarme. Una
por una conté todas sus prendas y las mías mientras iban cayendo al suelo: su
chaqueta, la mía, su camisa, mi camiseta, su sujetador, el mío…
Si mis manos se aferraban a sus pechos, su lengua se
apoderaba de mi cuello. Si mi cabeza se movía buscando sus labios, la suya
escapaba jugando conmigo. Si mis dientes apretaban suavemente su hombro, sus
dedos pellizcaban delicadamente mis pezones.
"¿No íbamos a ir más despacio? Creo que estar medio desnudas
no es precisamente tomárnoslo con calma…" – tenía mis manos sujetas contra el
sofá, con sus senos a escasos milímetros de mi boca y ambas jadeando por lo que
estábamos haciendo y por lo que sabíamos que íbamos a hacer.
Saqué toda la fuerza que tenía para que me soltara las manos
y lo que conseguí fue acabar en el suelo junto a ella, rodando sobre la alfombra
para averiguar cual tomaba el mando. Y gané yo. Me podían las ganas de tenerla a
mi merced y explicarle en que consistía el término "ir más despacio".
Ahora los que dejaron de tocar nuestros cuerpos fueron los
zapatos, los calcetines, los pantalones y las braguitas. Por fin estábamos
desnudas, piel con piel. No es lo mismo ver su cuerpo desnudo (como el día que
salió de la ducha cuando nos conocimos, o aquella misma noche mientras hacía el
amor con aquella chica) que sentirlo debajo del mío. Su piel era tan suave como
me la imaginaba y el olor que embargó aquella estancia era el mejor afrodisíaco
existente.
Forcejeamos un rato en aquella posición, así que, agarré sus
manos con mi mano derecha sobre su cabeza y comencé a besarla de nuevo. Su
cuerpo empezó a relajarse y continué besando su cuerpo. Ahora era su cuello el
que estaba siendo devorado por mi boca y mi mano libre comenzó a remarcar su
silueta por un costado. En aquel camino descendente que había tomado tropecé con
sus pechos y mi lengua comenzó a practicar la escalada libre sobre ellos para
culminar en la cima y recrearme allí hasta conseguir que se retorciera para que
siguiera con aquel recorrido que había comenzado.
Me había puesto de rodillas para que mi postura fuera más
cómoda pegando mi muslo a su sexo. Cuando lo notó comenzó a moverse sobre el
haciendo que mi excitación se incrementarse hasta el grado 8 en la escala
Richter. Ella se movía y jadeaba, yo seguía enganchada en sus pechos y sintiendo
mi muslo húmedo por su excitación.
Alcé mi vista y contemplé su rostro. Tenía los ojos cerrados
y la boca ligeramente abierta. Movía la cabeza y la echaba hacia atrás. Sus
mejillas estaban ruborizadas y su piel se había erizado. No quería que llegara
al orgasmo contra mi muslo, quería provocárselo con mis manos, así que,
lentamente me puse a su lado, dejando su pubis huérfano durante unos instantes.
Abrió los ojos ante aquel acto y me imploró con su mirada que no la dejara así.
Paseé mi mano por su cuerpo sin dejar de mirarla. Ella
también lo hacía al tiempo que me sonreía tímidamente aprobando cada uno de mis
gestos. Su mano se posó suavemente sobre mi pecho cuando la mía alcanzó su sexo.
Mi dedo corazón comenzó a pasearse lentamente, descubriendo sus humedades más
íntimas y Ruth comenzó a entrecerrar los ojos. Me incliné un poco más sobre ella
para poder besarla y decirle sin palabras que seguía estando a su lado y que no
me iba a alejar tan fácilmente.
Noté su mano sobre la mía. La estaba agarrando con fuerza y
comenzó a guiarla, enseñándole a darle placer. Colocó dos de sus dedos sobre los
míos, buscó mí mirada de nuevo y los empujó hacia su interior al tiempo que un
pequeño grito se escapaba de su garganta. Y de la mía también…
Retiró su mano para arañar suavemente mi espalda mientras mis
dedos entraban y salían cada vez más deprisa de su húmeda cavidad. Conseguía que
me derritiese sin siquiera tocarme. Con ella, con Ruth, descubrí lo que era
proporcionar un orgasmo vaginal, descubrí lo que era la eyaculación femenina,
descubrí lo que era hacerle el amor a quien te ama de verdad y a quien tú estás
comenzando a amar con locura.
Sentí todos sus músculos tensos, sus líquidos en mi mano, sus
gritos de placer, sus uñas clavadas en mi, su boca pegada a la mía y,
finalmente, su desesperado abrazo, sujetándome con fuerza para sentirse anclada
a este mundo.
Cuando pensé que nos quedaríamos allí tumbadas toda la noche,
sentí como su boca comenzaba a recorrer nuevamente mi cuello, dando pequeños
mordiscos. Intenté detenerla para que siguiera disfrutando de su estado, pero me
tumbó y se colocó sobre mí.
"¿Recuerdas aquella noche en el hotel? Yo si recuerdo ver tu
cuerpo desnudo mientras te masturbabas para mí y también que yo estaba pensando
en ti mientras lo hacía. Ahora, al fin, puedo hacer aquello que tantas veces
imaginé…"
Recorrió con su boca toda mi cara, mi pecho, mi abdomen y
continuó por mis piernas. Primero la derecha, desde el muslo hasta el pie y
luego la izquierda, del pie a la ingle. Comenzó a rodear mi pubis y a dar
ligeros lametones por toda aquella extensión.
Cerré los ojos. No era capaz de mantenerlos abiertos. Así
como no pude contener un desgarrador grito de placer en el momento en el que la
punta de su endiablada lengua se posó sobre mi hinchado clítoris, comenzando un
imposible masaje sobre él.
Desesperada me agarré a su pelo, presionando más su boca
contra mí, en el preciso momento en el que me penetraba con sus dedos. No me
podía creer que se pudiera llegar a sentir todo aquello por la misma mujer.
Pasión, amor, cariño, amistad, confianza… era un todo en uno, dos seres que, por
un instante, se fusionaron para poder llegar al lugar donde solo puedes llegar
cuando todo lo que tienes te hace sentir plena.
Un temblor comenzó a recorrer todo mi cuerpo. Ella se
incorporó y se echo sobre mí, sin apartar sus dedos de mi punto de placer. La
luz se apagó y una sensación de paz y relajación, previa tensión corporal
íntegra, embargó todo mi ser. No tenía fuerzas ni para abrazarla, pero ella
sabía lo que yo quería y no dejó de prodigarse en mimos y caricias, todos para
mí.
Ruth a Noemí: No insistas más en que me separe de ti. Donde
tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo es mi pueblo, y tu Dios
es mi Dios; donde tú mueras, yo moriré y allí me enterrarán. Juro hoy
solemnemente ante Dios que sólo la muerte nos ha de separar. (Libro de Ruth:
Ruth 1:14).