Almeida 3
Al llegar al club me llevo la sorpresa de ser reclamada para
un servicio puerta a puerta.
Uno de los gorilas me lleva en coche hasta una de esas zonas
que está por encima de la zona alta de la ciudad.
Él mismo pica al interfono y me abre la puerta. -"Te esperan
en el ático"- me dice. No se marcha hasta verme entrar en el ascensor, donde me
encuentro una sorpresa procedente del parking en forma de matrimonio de
vegestorios. Ambos me miran de reojo de pies a cabeza. No puedo engañar a nadie
con la pinta que llevo. Ellos bajan antes y los oigo cuchichear por lo bajo
mientras me siguen dedicando miradas furtivas.
Finalmente en el ático me espera un hombre que me hace pasar
mirando a lado y lado del pasillo.
En un salón enorme espera la mujer: falda por las rodillas,
blusa blanca y pelo recogido en una férrea coleta... Menuda pinta de monja. Nada
más verla mi mente se pone a trabajar el plan de ataque.
Ninguno dice nada, por lo que decido romper el hielo yendo
directa al grano:
-"Bueno, usted Sr., prepárenos algo de beber mientras su
mujer y yo hablamos." Ambos se quedan un poco sorprendidos pero acatan las
órdenes.
Ya a solas le pido que me lleve a su habitación. Y lo hace.
Menudos cabronazos, una suite tan grande como mi piso, con vistas a toda la
ciudad y una cama donde podría aterrizar un helicóptero...
-"Ejem"- carraspea ella.
."Sí, sí. Perdón"-y empiezo a quitarme la ropa.
-"Perdón, señorita. No sé qué le ha dicho mi marido, pero el
servicio es para los dos".
-"Lo sé. Pero vamos a jugar un poquito"- le digo dejando el
sujetador en la cama. -"Quítese la ropa también".
-"Pero..."
-"Oiga, no querían una profesional... Pues a hacer lo que yo
diga"... "coja mi ropa y póngasela".
-"Pero...".
-"Nada de peros".
Ella me mira a mi y a mi ropa pero no se mueve.
-"Mire, esto ha sido idea de mi marido. Yo sólo he aceptado
porque lo amo."- me dice ella.
Completamente en pelotas me acerco a ella y le digo:- "lo sé
Sra. Pero por eso mismo me va a obedecer. Esta noche van a pasar muchas cosas
entre usted, su marido y yo, todo lo que quieran menos una cosa: amor... Así que
ahora se va a poner mi ropa y se dejará el amor en esta habitación, ahí bien
cerquita de sus bragas. En el amor sólo hay sitio para dos..."
Ella se acerca a la cama y, mirando mi ropa con evidente
reparo, empieza a desabrocharse los botones de su blusa hasta dejarla
perfectamente doblada sobre la cama. Ella intenta protegerse de mi mirada todo
lo que puede, pero no lo consigue: bajo unos sujetadores que no se pondría ni mi
abuela, aparecen unas peras que ya querría para sí más de una top model... Y
bajo la falda una cintura estrecha y un vientre liso con unas piernas firmes y
largas... Está buena la monjita esta.
Ya en ropa interior, recoge mi ropa: -"Un momento Sra. La
ropa interior también."
-"uuuuy. He dicho que haré lo que mi marido quiera... Seguro
que ponerme la ropa interior de una puta no es uno de sus deseos."
-"Lo entiendo. Yo tampoco lo haría... Así que las dos sin
ropa interior... ¿O eso tampoco será del deseo de su santo esposo?"
Atrapada por sus propias palabras y ,sin opción, se deshace
de esas bragas que ahuyentarían a una manada de elefantes en celo y del
sujetador de mi abuela. Para mi sorpresa aparece con un pubis milimétricamente
arreglado... Ese no es el felpudo de una monja con bragas de abuela...
Interesante...
Sin problemas se enfunda mi falda, tres veces más corta que
la suya y el top rojo, que parece estar a punto de explotar ante semejantes
tetas. La ropa le sienta divina, como hecha expresamente para ella.
-"Sra. Deberá ir con cuidado con sus movimientos... Esas
tetas están a punto de salir disparadas y la falda...Si no va con cuidado
sabremos hasta lo que piensa."
Ella se mira al espejo mientras se ajusta la ropa y yo me voy
enfundando la suya.
-"Ya soy una señora... No se ofenda pero no es la mejor ropa
para hacer un trío. En cambio usted... sí que parece preparada... Aunque aún
falta el toque final"- y dicho esto le suelto el pelo, liberándolo de esa férrea
coleta que intento imitar lo mejor que puedo con mi pelo.
Todo queda consumado al calzarnos, yo con sus zapatos de
charol y ella con mis botines de tacón.
Las dos salimos en busca del marido. Ella camina
perfectamente sobre mis infinitos tacones, algo extraño para una persona que
calza unos zapatos tan horriblemente planos.
El marido nos espera sentado en el sofá y sacudiendo,
nervioso, una pierna como si tuviese Parkinson. -"Cariño, empezaba a preocuparme
por si..." y no es hasta que me tiene a un metro que se da cuenta de la jugada.
Si los ojos no se le salieron de las cuencas y su barbilla no
llegó a tocar el suelo fue por muy poco. ¡¡¡Menuda cara se le quedó al
ricachón!!!. Esa de minifalda y tetas como proyectiles no puede ser su santa
esposa. Él se le acerca y abriendo los brazos con que ella se cubría las tetas
la mira de pies a cabeza.
-"Cariño, no te equivoques, tu mujer soy yo"- le digo pasando
un brazo sobre su hombro y continuando marcando las reglas del juego le dejo ir:
-"las cosas bonitas las dejas para mí. Esta puta -le digo marcando una pausa
tras decir esa palabra- está aquí para hacer cosas malas y sucias".
Él parece entender el juego aceptando el adjetivo de puta
para su mujer sin rechistar.
-"Venga, bebamos lo que nos has traído"- no tengo casi tiempo
de coger mi copa cuando la mujer ya está apurando la suya.
-"Cariño, parece que nuestra amiga ha venido sedienta. Tráele
otra copita". El marido sale raudo y veloz hacia el mueble bar y yo le pido a
ella que me acompañe al sofá.
Ya sentadas, y sin previo aviso, le separo las rodillas.
-"Mucho mejor así". El marido vuelve con la copa y se la deja sobre la mesita de
delante nuestro, agachándose lo justo para descubrir una nueva perspectiva de su
mujer que, a juzgar por su expresión, no le desagrada nada.
Sin dar un segundo de respiro yo cuelo una mano entre las
piernas de ella y empiezo a hurgar.
-"No me extraña que tenga la boca seca, toda la humedad la
tiene concentrada aquí abajo... Mira querido"- y, dicho esto, le extiendo los
dedos al marido que los observa brillar bajo los focos sin atreverse a tocarlos,
pero sin pestañear.
Con estos brillantes dedos agarro su mano y la meto entre mis
piernas. Los dedos no tardan ni un segundo en meterse dentro de mí.
-"Ves, amor, como hemos hecho bien en contratar una
profesional. Yo estoy seca y, en cambio, ella parece una fuente. Sólo una puta
puede llegar así de preparada".
Los dos se quedan aturdidos ante mi demostración. Sobretodo
ella, completamente enrojecida e incapaz de mirar a la cara de su marido.
-"Bueno, aprovechando que ella nos lleva ventaja, será
cuestión de que nos ayude..." y entonces abro mis piernas y le bajo la bragueta
a "mi" marido.
Y dirijo las manos de ella: una a mi falda y la otra dentro
de los del marido. La mano de mi falda se queda quieta mientras la otra se va
animando dentro de la bragueta de él. Viendo que le cuesta, yo misma muevo su
mano a lo largo de mi rajita y, sin pedirle permiso, me la zampo atrapándola con
mis muslos y moviendo mis caderas de delante a atrás.
Enseguida me pongo a sus niveles de humedad relativa y,
viendo a su marido preparado, prosigo con las órdenes: -"Ahora veamos como la
chupa una profesional".
Al marido sólo la falta tocar las castañuelas para demostrar
lo de acuerdo que está conmigo. En vez de eso se saca los pantalones y
calzoncillos y se acerca, con el miembro acusador bien extendido, a su mujer.
Esta lo recibe, sin rechistar, con los brazos abiertos y la
boca preparada. Agarrándola firmemente con una mano inicia una mamada lenta y
suave mientras su marido le agarra la cabeza y le aparta el pelo para no
perderse ni un detalle.
Poco a poco la señora va pillando el ritmo y se va tragando
cada vez más centímetros, y más. La introducción de carne es espectacular y ella
acompaña la jalada con un buen trabajo de mano que acaba con el marido sentado
sobre la mesita y ella de cuatro patas "dale que te pego".
Viendo su culo en pompa, y a mi plena disposición, le subo la
falda y le acaricio sus desnudas nalgas. Ella se gira para mirarme. Su marido se
queja. Ella continúa fuerte con una mano sin sacarme los ojos de encima.
Manteniendo la mirada, me adentro en ella con dos de mis
dedos extendidos hasta lo más profundo de su coño. Ella jadea y su marido
aprovecha esa boquita abierta para volver a endosarle su carne hasta el fondo.
Al cabo de poco yo ya no tengo que hacer nada, es ella misma
la que rota sus caderas alrededor de mis dedos, follándoselos hasta desaparecer
de mi vista y dejármelos como si los hubiera metido en un bote repleto de miel.
Hago un amago por retirarlos pero ella me persigue tirando
las caderas atrás. Yo contraataco en sentido contrario con todas mis fuerzas y,
entonces, siento como se corre sobre ellos. Ella trata de ocultar el orgasmo a
su marido, empotrando su cara en las ingles de este y lamiendo todo lo que se
encuentra por ahí abajo.
-"Bueno, bueno, a ver si dejamos algo para las demás"- le
digo mientras abandono su interior y me arrodillo a su lado. Supongo que,
agradecida por lo que le acabo de provocar, ella misma me ofrece el cáliz de su
marido que empiezo a tantear con la lengua mientras meto mis dedos en su boca.
Ella los relame saboreando su propio orgasmo y yo hago lo propio con la polla de
su marido apretando con fuerza mis mejillas y aspirando con todas mis fuerzas,
enseñándole como la chupa una profesional de verdad.
Con la generosidad que me caracteriza, le voy ofreciendo la
polla de su marido para que pueda poner en práctica mis enseñanzas y, así, nos
la vamos intercambiando en una clase magistral a la que el marido asiste
alucinado.
Finalmente, el marido canta bingo en la boca de su puta-mujer
y esta sin saber qué hacer con el premio lo va dejando caer al suelo. Incapaz de
poder presenciar semejante desperdicio, agarro el miembro y lo enfoco hacia su
boca, obligándola a tragarse los últimos restos. A la aplicada alumna le cuesta
horrores, pero lo hace. El marido le acaricia el cabello mientras sus huevos se
vacían en su boca, diría, que por primera vez en su vida a juzgar por sus caras
y sus miradas, llenas de ternura y amor. ¡¡Qué bonito!!.
-"Bueno, ¿y ahora qué?" les digo cuando las cosas se
apaciguan un poco.
Me podría haber quedado calladita, porque la mujer-puta,
sentándose en el sofá y poniendo un pie sobre él me dice: -"ahora, usted señora,
me va a comer el coño mientras su marido se recupera". He de admitir que esto no
entraba en mis planes... Pero he caído en mi propia trampa.
Al marido si le pinchan no sacan sangre. Él mira a la persona
que acaba de decir semejante barbaridad sin poder creer que sea su mujer.
Sin otra opción , me acerco a ella y me arrodillo. Al
agacharme y pasar a la altura de su ombligo ya me llega el aroma de su sexo. Ya
metida del todo compruebo la perfección de su rectangular felpudo, de esos
labios impolutos y, separándola con mis dedos, la natural textura de sus rosados
pliegues, completamente rociados de gotitas brillantes.
Con mi lengua la repaso de arriba a abajo y siento el olor de
antes mucho más concentrado. Tirando de un muslo la abro un poco más y recorro
la raja con cuidado, como si fuera una herida abierta. Al sentir el contacto de
mi lengua ella se retuerce como si hubiesen tirado sal en la herida.
Subo hasta el clítoris y lo rodeo.
Unas manos me suben la falda de monja mientras libero al
monstruito clitoriano con ayuda de mi pulgar y del dedo corazón. Bajo el
escondite aparece duro y tenso el timbre de entrada. Lo pulso una y otra vez
mientras unos dedos se meten en mi coño, saliendo encharcados y goteando el
mismo fluido que cae sobre mi lengua.
Ni dos lamidas puedo dar cuando el ajetreo en mis bajos acaba
con una polla en mi coño. Es un inicio lento, realizado con cautela, donde sólo
entra la punta.
-"¿No te pones un condón?- pregunta la mujer.
-"No lo necesito para follarme a mi mujer"- contesta el
marido mientras me la va metiendo un poco más- "y si ella puede comerle el
chocho a una puta como tú, yo puedo hacérselo sin condón... ¿No?"
La mujer, un pelín mosqueada, me agarra la cara y se la
incrusta hasta el fondo. El marido, viendo eso, se agarra a mis caderas y
empieza a culear con fuerza. Parece que seré yo la que pague los platos rotos.
Como siempre.
Yo chupo como puedo, dificultada por el continuo traqueteo al
que me somete el marido.
Cansada de recibir por todas partes consigo que la mujer se
ponga a mi lado imitando mi postura, de manera que el marido pueda ir
intercambiando su polla y sus manos entre las dos. Él se muestra especialmente
salvaje con su mujer, metiéndosela con fuerza hasta los huevos.
Después se sienta en el sofá y lo cabalgo de espaldas a él,
ofreciendo un espectáculo a su mujer que dudo mucho se hubiera imaginado cuando
le dio el "sí quiero". Y aún menos cuando me abro el coño con dos dedos y le
digo: -"chúpanos, puta".
Si antes se pensaba mis órdenes, esta vez se lanza como una
posesa hacia el punto de unión. Yo me mantengo lo más arriba que puedo dejándole
campo abierto... Y cómo se aprovecha... Va lamiendo el tronco y los huevos del
marido como una desesperada.
-"Te gusta como sabe la polla, eh?. No hay nada mejor que una
polla con sabor a coño" Ella se va animando y yo voy ocultando la polla con mi
coño dejándome caer e iniciando un desesperado juego del escondite. Ella se
contenta con ir chupando justo donde la polla se convierte en nada y mi coño en
un todo. Sentir su lengua en mi coño abierto me enloquece. Ella sigue
aprovechando la mínima ocasión que le dejo para jalar polla y, entonces, el
marido tensa sus piernas y me arraña las caderas. Justo a tiempo me levanto y la
polla cae con fuerza sobre la cara de ella y la empieza a alicatar con potentes
chorros blancos que, esta vez sí, ella se traga con paciencia hasta la última
gota.
-"Muy bien"- le digo palmeando su hombro. Ella me mira y
asiente con una caída de ojos y una sonrisa rellena de leche.
Descansamos del intenso polvo hasta que el marido se va a por
más bebida y yo pregunto por una ducha. La mujer continúa moviendo la lengua
dentro de su boca y me señala hacia la habitación de antes.
Al salir de la ducha me encuentro al marido apoyado en el
marco de la puerta y mirándome fijamente.
-"El servicio ha acabado y no incluye espiarme mientras me
ducho."
-"Ya, ya... Sólo es que... Quería pedirte algo más".
-"Pues tendrás que llamar al club".
-"Ya, pero antes quiero saber si me ayudarás".
-"Depende".
-"Ya, pero como mi mujer que eres..." - me sorprende que siga
con el juego así que le pregunto: -"¿Y?".
-"Como a ti no te gusta hacerlo por detrás..." y entonces se
me queda mirando. Viendo que no digo nada prosigue:-"que si no te importaría que
se lo hiciese a la pu... Profesional".
-"Tranquilo, puedes llamarla puta... Que es lo que es"...
-"claro que no me importa, cariño" le digo pasando por su lado y palmeándole una
nalga.
Ya de nuevo en el salón, la mujer continúa estirada y sumida
en un profundo y satisfecho letargo.
El marido ha llamado y me han confirmado el aumento de
servicio. -"Cariño, mira como duerme... Pero si aún tenemos puta para un poco
más, no?."
-"claro", contesta.
-"Venga, ponte a cuatro patas" le digo palmeando su hombro
con fuerza.
Ella obedece por inercia como si fuera un sueño. Casi ni abre
los ojos... Ya se los abrirá su marido de golpe.
Sin que ella se dé cuenta meto dos dedos en la boca del
marido y este me los va lubricando sin poder evitar una sonrisa.
Yo le hago unas señas indicándole que se la folle mientras
tomo posición a un lado de ella, a la altura de las caderas. El marido se la
incrusta pero ella sigue sin mostrar sensación ninguna.
Ya verá esta. Mis dos dedos embadurnados se dirigen al
objetivo y se adentran, por sorpresa, en el culo de ella, que, ahora sí, grita y
se gira hacia nosotros.
El marido se me adelanta mandando: -"Puta, mira para delante
y calla".
Ella obedece incapaz de contestar a su marido y yo prosigo
con el tacto rectal, primero lineal y luego circular.
Al poco sustituyo los dedos por mi lengua mientras el marido
para de follar y, viendo mi cercanía, aprovecha para meterla en mi boca.
Con ese sabor a pescado en mi boca le dedico una mirada de
mala hostia, recordándole el objetivo de todo esto. Él reacciona retirando,
amablemente, su polla de mi boca y la vuelve a insertar en el coño de su mujer.
Entonces me concentro en el arito de la mujer con una
metodología que repito 4 o 5 veces: escupo, esparzo la saliva con mis dedos o
con la lengua y le voy metiendo un dedo cada vez más adentro.
El culo dilata con pasmosa facilidad y, entonces, agarro la
polla del marido y empiezo a pajearla con brío sin sacarla de su guarida. Es
algo que no había hecho nunca y nos vuelve locos a los tres, casi haciéndonos
perder de vista nuestro objetivo.
Encauzando el tema le digo a la señora:- "Bueno, puta, ahora
relájate que viene la traca final." Ella me mira duditativa -"seguro que para
una buena puta como tú no será difícil... Enséñame como se folla un culo!!!".
Sus ojos y boca se abren como platos. No le doy tiempo a más. Con una maniobra
rápida y efectiva saco la polla del marido y la posiciono en el culo. El marido
presiona al notar esa piel arrugada en la punta de su capullo. La polla se abre
paso entre mis dedos sin ver el exterior al otro lado...
La mujer aúlla como si le hubieran clavado un cuchillo en el
vientre. El marido resopla y yo toco el piano sobre su clítoris intentando
confundirla con una suma de sensaciones opuestas.
-"Sácala, sácala... Me duele"
Caso omiso. Yo redoblo la intensidad del toqueteo clitoriano
y el marido va consiguiendo entrar más y más, mientras ella va gritando menos.
Ojalá fuera cierto lo que dicen algunos cabrones:
-"tranquila, que sólo duele al principio". Se nota que no se lo han hecho a
ellos...
Una distracción es un buen método de relajación... Así que
con lo que tengo entre las piernas, y ella sólo con su boca como orificio libre,
tenemos un único resultado posible... Y me siento en el sofá bien espatarrada a
comtemplar la metamorfosis de monja "nomepongotusbragas" a perrita lame-coños.
Empieza con el brío y la prisa de alguien que saca el polvo
de una estantería. -"Tranquila, ¿qué prisa tienes?... No se va a derretir...".
La pobre hace lo que puede ante las envestidas de su marido,
brutales y cada vez más profundas. Yo agarro su cara y la incrusto hasta el
fondo, presionando con mis muslos a la altura de sus orejas. Ella frunce el ceño
y, durante unos instantes pienso que no soy de su gusto... Pero no. Es su culo
inundado de leche lo que la preocupa.
El marido se retira, exhausto, llenando la carísima alfombra
de lechecita caliente pero ella no deja de lamerme, ahora con más tranquilidad.
Desde luego no voy a ser yo la que se queje, sobretodo si me lame así de bien.
El marido observa en silencio como me chupetea el clítoris con la paciencia,
suavidad y perfección que sólo una mujer puede conseguir.
Su lengua se clava hasta el fondo y sacude su cabeza de lado
a lado. Yo miro al marido incapaz de decir ni hacer nada. Me siento mareada.
Con una mano en mi pecho me tira hacia atrás dejando mis dos
agujeros expuestos del todo, sobretodo cuando alzo mis rodillas. Sin perder ni
un segundo ataca el nuevo agujerito con su lengua, donde no tarda ni 15segundos
en meterse.
Así, con el ojete lamido y el clítoris presionado, me corro
patas abajo.
Luego, mientras aún tiemblo, ella se levanta y le estampa un
morreo al marido, haciéndole probar mi culo sobre su lengua.
Luego, de rodillas, le limpia el sable a su marido... Esta
tía es insaciable.
Yo vuelvo a la ducha dejándola amorrada al pilón y al marido
intentando recuperarse de tanto orgasmo.
Al salir de la ducha me vuelvo a encontrar con alguien
mirándome. Ahora es ella, aún desnuda y con un cigarrillo entre sus dedos.
-"Veo que esto de mirar a la gente ducharse es una costumbre
en esta casa..."
-"¿Qué?".
-"Nada, nada".
-"Oiga, sé que no es asunto mío pero..."
-"¿Pero?".
-"Yo no soy nadie para juzgar... Puede que ha su marido lo
tenga engañado, pero..."
-"¿Pero?".
-"Joder, que su culo puede ser muchas cosas menos virgen"
Entonces ella me responde con otra pregunta que, para los que
hayan aguantado hasta aquí sin pajearse con la "investigación" de una compañera,
encontrarán la importancia justa.
-" ¿Cómo les va a las chicas? Y, ¿Jacinta sigue con el mismo
humor de siempre?".
Todo coge forma ante mis ojos en un instante: esta era una
puta de Almeyda.
-"sí" me contesta sin tener que decirle nada. "y espero que
reacciones con la discreción necesaria... Mi marido no sabe nada."
-"Venga ya".
-"Es cierto. Y ya sé lo que te ronda la cabeza: ¿cómo una
puta ha conseguido un partido semejante".
Es puta e inteligente...
-"Pues mira, una puta además de las piernas abiertas, ysiendo
lista, tiene miles de contactos..."
-"Ya veo. ¿Y qué le llevó a dejarlo?".
-"Supongo que como a todas, el asco, el cansancio... Y el
miedo".
-"Miedo"- le pregunto. Mi nariz de detective me indica el
camino a seguir.
-"Sí. El miedo... Está claro que tampoco me encantaba chupar
pollas y abrirme de piernas para ganarme la vida, pero es algo adictivo... No
sé. Ganas un montón de dinero y, una vez te acostumbras, no le ves tantos
inconvenientes... Pero entonces empezaron a desaparecer algunas chicas y..."
-"¿Y?"
Ella se toma su tiempo para proseguir, es evidente que le
cuesta. -"un cliente. No lo había visto nunca, aunque, según me dijo Jacinta,
era más o menos fijo. Habían clientes realmente asquerosos, gordos, sudorosos y
que olían mal, pero me los hubiese follado mil veces antes de volver con aquél".
-¿Por qué?"- le pregunto intentando disimular mi ansiedad.
-"Nada".
-¿Cómo que nada?"-
-"Es lo que tenía su mirada. Nada. Su mirada estaba vacía.
Unos ojos negros e inexpresivos. Acabé el servicio helada, temblando de pies a
cabeza. No hizo nada malo, pero nunca había estado con un ser humano como aquél.
Es..."- y antes de seguir se abraza ella misma como queriendo darse calor- " es
como si estuviera muerto por dentro, como si la muerte viviese en él"- y
entonces se calla, incapaz de continuar.
-"¿Cómo era?" y viendo su mirada interrogativa, añado: -"por
si me lo encuentro".
-"Lo recuerdo como si fuese ahora: Era alto, terriblemente
fuerte con unos brazos musculados que parecían capaces de partirme en cualquier
momento, moreno, pelo corto, ojos negros y nariz redonda como la tuya. Unos
labios helados pero carnosos".
-"¿Alguna marca, cicatriz...?"
-"Nada. Era un tipo normal y vulgar... Hasta que le mirabas a
los ojos. Dios, me estremezco sólo de pensar en él".
Cuando veo que la mujer no tiene nada más que decirme, me
visto y me largo. Al marido sólo le ha faltado hacerme la ola al marchar. Me ha
llenado de besos y abrazos contento por el rato que hemos pasado y me ha
prometido volverme a llamar... Espero no darle la ocasión.
Tania vuelve al club y recibe la grata noticia de tener el
resto de la noche libre. Los ricachones han dejado un buen bote.
Ella se desplaza contenta, totalmente ajena a unos ojos que
la siguen por el local.
Es el tercer día que la espían, y no será el último.
-"No hay duda es ella"- piensa el espía. Las mismas manos que
lo esposaron. La misma boca que le dijo que se pudriría entre rejas. Esa rodilla
que se clavó en su espalda para inmovilizarlo. Las mismas tetitas, el mismo
culito prieto, el mismo coñito apetitoso, pero con una gran diferencia: ahora
tenían un precio.
4 años y un día sin sexo eran demasiado. Pero ahora la sed
que lo comía por dentro nada tenía que ver con el sexo. Venganza. La mayor y más
placentera de las venganzas.
Pese a eso, la polla se le ponía como una roca sólo de pensar
en la venganza que tenía planeada.