Los lunes por la mañana siempre dejaban indiferente a Teresa
pues suponía volver a la rutina de las clases en la facultad después de un fin
de semana cargado de diversión. Desde hacía varias semanas sin embargo, todos
los días se habían vuelto excitantes e imprevisibles para ella. Ese día se había
despertado temprano extasiada de placer y se había dirigido al lavabo para
lavarse la cara. A continuación se fue bostezando al comedor descalza y cubierta
únicamente con un vistoso culotte y una apretadísima camiseta blanca. Nada más
encender la luz de la estancia vio cómo desde el interior de la jaula, que
estaba encima del mueble en el que guardaba su calzado y que hacía unos meses
había ocupado su hámster, una delicada silueta había realizado un rápido
movimiento con el fin de arrodillarse. La chica no pudo evitar sonreír de forma
burlesca y se aproximó hacia ella.
-Me alegra que tengas claro cual es tu lugar ante mí,
esclava. Más te vale no olvidarlo.
Carla, que permanecía desnuda y con un vejatorio lacito rojo
que le cubría todo el cuello, no había apartado la vista del suelo. Sabía que
cualquier movimiento en falso podía costarle caro. Por otra parte y sin dejar de
esbozar una perversa sonrisa, su dueña aproximó uno de sus dedos hacía lo más
alto de los barrotes verticales y lo introdujo dentro.
-Quiero que llegues hasta mi dedo y lo beses, así que ya
puedes empezar a escalar, hormiguita.
Carla observó desde abajo el enorme y cuidado dedo el cual
tenía la uña cortada perfectamente y se asustó al contemplar sus dimensiones. La
altura para ella hasta llegar hasta él también era considerable. Sin embargo
sabía que no tenía otra opción y empezó a trepar por los barrotes intentado no
pensar en caer. En pocos minutos, que para ella se hicieron eternos, con algo de
esfuerzo y ante la evidente diversión de Teresa logró llegar hasta su fin.
Seguidamente cerró lo ojos y aproximó sus labios hacia el dedo. En seguida Carla
se sorprendió pues esperaba sentir en sus labios la piel de Teresa y en su lugar
notó cómo un tacto suave y delicado había logrado cubrir por completo su rostro.
Su olfato pudo apreciar algo fresco y agradable, y sintió por un momento que se
encontraba en un bosque cubierta de flores que olían a paraíso. Finalmente
decidió curiosa abrir los ojos y al hacerlo lo vio todo azul; la cruel sonrisa
de Teresa le devolvió a su humillante realidad.
-Nunca me hubiera imaginando que restregar en tu cara las
bragas que voy a usar durante el día te hiciese tan feliz –se mofó secándose las
lágrimas creadas por la risa-. Me alegra que te tomes con tanta vocación el ser
mi sierva.
Carla regresó cabizbaja y sumisa al suelo momento en el cual
la maliciosa universitaria abrió la pequeña puerta de la jaula e introdujo un
pequeño plato.
-Aquí tienes tu desayuno. Como cada día, es mi orgasmo. Ahora
me voy a duchar. Cuando vuelva quiero ver ese plato bien reluciente si no
quieres tener como compañera de celda a Juanita.
Teresa hizo un movimiento con los dedos de las manos, le
guiñó un ojo y caminó hacia el baño. Carla se aproximó rápidamente al plato y
empezó a degustar en su boca el espeso y para ella repugnante líquido sin
pensárselo dos veces. El hecho de haber escuchado el nombre de Juanita le
había provocado un aterrador temblor por todo el cuerpo. Juanita era una
enorme y terrorífica tarántula que Teresa había comprado días antes para ver si
lograba apaciguar la rebeldía de su esclava, que pese a ser mucho más pequeña
que ella, no estaba acostumbrada a obedecer las ordenes de nadie, todo al
contrario; pese a su veinticinco años recién cumplidos era Jefa de Marketing de
una prestigiosa empresa y le encantaba dar órdenes, tanto a sus empleados a como
su novio, que casi siempre acababa cediendo ante tu belleza y determinación. No
era de extrañar que por esa razón le resultara verdaderamente degradante haberse
convertido en la mascota y juguete de una descarada cría de dieciocho años.
En pocos minutos Teresa regresó desnuda con una pequeña
toalla que únicamente le cubría su rizado y radiante pelo. Carla pudo advertir
desde la distancia lo hermoso que era su cuerpo, tan bien cuidado, delicado y
enormemente sensual y comprendió que probablemente ahora mismo muchos de los
hombres morirían por estar en su lugar, incluso su novio, al cual no había visto
tan excitado como en la noche de su captura.
Teresa se aproximó despreocupada hacía la jaula y observó
orgullosa como el plato que estaba en su interior había quedado como los chorros
del oro. A continuación abrió la pequeña compuerta, metió su mano y agarró
cuidadosamente con sus dedos todavía húmedos por el baño a Carla, la cual quedó
impregnada de un olor intenso a albaricoque. Seguidamente, la fue alzando poco a
poco con su mano de tal manera que pudiese observar lentamente su cuerpo a
medida que fuera subiendo; quería conseguir que se sintiese más ínfima ante su
majestuosa presencia. A medida que iba ascendiendo Carla se iba sintiendo cada
vez más poca cosa. En primer lugar observó el descomunal sexo de su captora,
prácticamente rasurado y bien proporcionado, junto a un pequeño tatuaje del
conejo del Playboy a su misma altura, y se sintió un enorme sentimiento de
inferioridad. Luego vio su delicada barriga y su insinuante ombligo del que
colgada un sugerente piercing de un brillo tan intenso que provocó que cerrase
sus ojos. Finalmente apreció avergonzada su esbelta y delgada figura,
perfectamente cuidada, igual que sus pechos, que le parecieron perfectos y
enormes, lo cual le hizo sentir verdaderamente acomplejada, más si cabe porque
la enorme mano que la había estado ascendiendo se había parado frente a ellos
sin piedad. Teresa observaba la escena cada vez más satisfecha y excitada al
comprobar que la pequeña mujer iba bajando progresivamente la mirada hacía el
suelo como muestra de su inevitable derrota.
-¿Crees que en tu actual estado puedes hacerme sombra y
evitar que tu chico caiga rendido a mis pies? –sonrió-. Es cuestión de tiempo
que logre que piense obsesionado sin remedio en mí las veinticuatro horas del
día sin que puedas impedirlo. Debe ser muy frustrante para ti no poder hacer
nada al respecto, ¿verdad?
Carla permanecía en silencio con la cabeza gacha escuchando
resignada las vejatorias palabras de la joven.
-Tengo clase en la facultad y estaré unas horas fuera pero no
te vas a librar de realizar algunas tareas. Al fin y al cabo eres una esclava y
los esclavos están para obedecer y complacer a sus amos, ¿no te parece?
Carla seguía sin articular palabra, lo cual disgustó a la
universitaria que volvió a dirigirse a ella con un semblante más serio.
-Creo que no te he oído decir "Sí mi adorable Ama y Señora" y
eso no me ha hecho mucha gracia. –Teresa observó que al oír tal comentario Carla
había dado un respingo y delató su inquietud. Eso la hizo sentir todavía más
poderosa-. Te estaba diciendo que eres una esclava y los esclavos están para
obedecer y complacer a sus amos, ¿no te parece?
-Sí, mi adorable Ama y Señora.
-Más te vale tenerlo claro si no quieres verme de mal humor
–dijo con un tono algo imponente y malicioso-. Voy a enseñarte mi habitación
pues es allí donde estarás un buen rato ocupada.
Teresa cerró el puño de su mano derecha suavemente para que
Carla no cayese por accidente y se dirigió ligera hacía su lugar de descanso. Al
traspasar el umbral de la puerta la pequeña pudo observar que la habitación
estaba completamente ordenada y teñida de color rosa. Teresa la dejó en su cama,
desenroscó con delicadeza la toalla que cubría su pelo y empezó a vestirse,
primero con las bragas azules que minutos antes habían sido besadas por la
diminuta prisionera. Al acabar se acercó hacía la cama.
-¿Cómo mes ves? ¿Crees que lograré poner cachondo a tu novio
cuando me vea?
Teresa sabía que Carla no podía evitar que jugase con su
novio y le excitaba imaginarse lo impotente que podía sentirse al verse obligada
a responder preguntas tan humillantes como aquella. A continuación frunció el
entrecejo para advertirla de que podía pagar caro decir una respuesta
equivocada.
-Sí, mi adorable Ama y Señora- respondió resignada.- Está
realmente preciosa.
Teresa se sorprendió al escuchar cómo su sierva no había
osado tutearla y se sintió adorada como una Diosa. Le encantada sentir en sus
entrañas esa sensación de superioridad.
-Buena chica. Seguro que tienes ganas de saber lo que vas a
tener que hacer durante mi ausencia. Levántate y mira hacía la almohada.
Carla obedeció y dirigió la vista hacía la zona alta de la
cama. Se asustó considerablemente al ver que allí descansaba un peluche que le
pareció inmenso. Teresa sonrió al presenciar su reacción.
-Te presento a Cachondo. Es el osito de peluche con el que
siempre duermo. ¿A qué esperas para darle un beso en cada una de sus mejillas?
Carla se apresuró al cumplir las órdenes de su Ama mientras
ésta se empezaba a secar las lágrimas producidas por las carcajadas.
-¿Sabes? A Cachondo le quiero mucho y una de las cosas que
más me entristece es dejarle solo. Durante mi ausencia quiero que estés junto a
él y se la pongas dura susurrándole cosas al oído porque eso le encanta –Teresa
abrió un cajón de la mesita de noche, cogió una grabadora y la colocó justo al
lado del peluche-. Cuando vuelva escucharé todo lo que le has dicho. Más te vale
ser muy guarra ante él porque como me diga que no se la has empinado tendré que
castigarte por desobediencia. Me voy que llegó tarde. Pórtate bien.
El ruido de la puerta al cerrarse sonó como un estruendoso
trueno en los oídos de Carla. Siempre había despreciado a esa clase de chicas
que calentaban a los chicos con su forma de hablar y ahora tenía que comportarse
de forma humillante ante un oso de peluche como una verdadera calientapollas. En
pocos instantes empezó a susurrar cerca de la grabadora. Se sintió avergonzada
al escuchar de su propia boca tantas obscenidades.
Carlos esperaba impaciente en un banco cerca de la Facultad
de Magisterio. Hacía unas horas que había recibido un SMS de Teresa y ansiaba
saber cómo se encontraba Carla. Desde la distancia no se hacía la idea del
comportamiento tan infantil y endeble que había tenido ante la hermana de su ex.
Tenía claro que no iba a volver a comportarse como un imbécil otra vez y
pretendía conseguir a toda costa recuperar a su novia. De repente sintió el
suave tacto de unos dedos deslizándose por su nuca.
-Hola Cuernos. ¿Cuánto tiempo, verdad?
El chico se giró y volvió a estremecerse al volver a mirar a
los ojos a aquella imponente chica. Empezó a sentir desasosiego al notar que
toda la seguridad que había forjado en su mente días antes se había derrumbado
como un castillo de naipes con tan solo escuchar su dulce e insinuante voz.
-¿Dónde está Carla? –respondió vacilante.
Teresa se percato de su inseguridad y quiso hacer mella en
ello y dejarle indefenso del todo.
-¿Y ese tono tan irrespetuoso a qué viene? ¿Tanto te impongo
que no eres capaz de hablar si que te tiemble tu voz?- le dijo mientras
observaba divertida como Carlos se había puesto colorado-. Hoy me he puesto unas
manoletinas para que me pudieses ver los pies. Puedes saludarme besando uno de
ellos. Te doy permiso.
En ese preciso instante la joven alzó sensualmente uno de sus
pies y lo posó sobre el banco en el que Carlos estaba sentando. Éste bajó la
mirada y no pudo evitar excitarse al contemplar lo precioso que era. No pudo
sentir más que admiración por ella al ser tan bella y tener unos pies tan
espléndidos, dignos de una Diosa. Sintió unas ganas enormes de arrodillarse y
besarlos con humildad. ¿Qué tenía Teresa para convertirlo fácilmente en una
marioneta? Estaba empezando a darse cuenta de que le gustaba que le tratase así
y se sintió muy inseguro y vulnerable. A continuación bajó el cuello para
aproximarse a su pie sin pensar en la gente que podía presenciar la escena y en
el momento de besarlo Teresa lo apartó sin miramientos.
-Lo he pensado mejor. Si quieres besar mis pies tendrás que
ganártelo con tu comportamiento y tus mimos hacía mí -le susurró victoriosa
mientras le acariciaba con dulzura el pelo.
Carlos se incorporó excitadísimo y sin voluntad la habló con
más respeto.
-Siento haberte hablado antes así, Preciosidad -le dijo
acariciándola el pelo-. ¿Cómo está tu esclava? Hace días que no sé nada de ella
y tengo muchas ganas de verla.
Teresa se sintió halagada por la reacción tan respetuosa del
chico y le respondió con dulzura.
-Así quiero que me trates. Eres un sumiso y tu condición es
motivo suficiente para tratarme con respeto y adoración. Mi esclava está bien.
Es muy obediente y eso me gusta. Si hoy me complaces como deseo tendrás noticias
suyas.
-¿Complacerte? –repuso confuso.
Sí, eso he dicho. Esta tarde quiero educarte. Quiero que
aprendas a tratar como Dios manda a una mujer. No tienes más remedio que
aceptarlo. Antes te he demostrado una vez más que puedo hacer contigo lo que me
plazca porque yo soy una mujer decidida a usarte a mi antojo. Vete haciéndote a
la idea.
Carlos comprobó una vez más que las palabras de Teresa le
volvieron a excitar y optó por quedarse callado. No sé sentía dueño de sus
actos. Le era imposible tratar de imponer su autoridad ante ella. Había caído
rendido a los pies de su feminidad y estaba realmente asustado. A continuación
la dulce y sensual mujer le explicó su perverso plan. Volverían a verse las
cinco de la tarde y todavía no había conseguido asimilar todo lo que tendría que
hacer y decir. Jamás se había sentido tan humillado.
Eran casi las seis de la tarde y Carlos llevaba esperando
casi una hora delante de la cafetería en la que había quedado con Teresa. Al
final la vio acercarse tranquila y despreocupada, como si no le hubiese
importado hacerle esperar. En realidad así era.
-Hola Cuernos. ¿Te has divertido esperándome?-le dijo con
tono despectivo y sin mirarle a la cara.
El hombre se inclinó hacia una de sus manos y la besó con
humildad para saludarla.
-Hola Preciosidad. Si tu decisión ha sido que esperara yo no
soy nadie para contrariarte. Durante este rato sólo he pensando en poder
servirte como lo que eres, toda una Princesa.
Teresa se sintió orgullosa al ver que el chico se estaba
tomando en serio su educación. Desde que Carlos era novio de su hermana siempre
le había llamado la atención. Poseía algo distinto a los demás chicos, algo que
magnetizaba a quien tratase con él y ahora tenía la oportunidad de tenerlo
postrado a sus pies. Se sentía encantada con la situación.
-Vamos a tomar algo en la cafetería, en una mesa algo
apartada de las demás. He quedado con Rubén a las seis y cuarto.
Rubén llegó pronto a su cita. Tenía un cuerpo muy cuidado,
fruto de sus visitas semanales al gimnasio. Era alto, rubio y con ojos azules, y
llevaba puestas unas gafas de pasta que le daban un toque divertido e
intelectual. Carlos no le conocía y advirtió que nada más verlo le miró algo
receloso. Teresa se alegró al volver a verlo.
-Hola Rubén ¡hacía tiempo que no te veía! –le dijo dándole un
beso en cada mejilla-. Te presentó a mi novio Carlos. Llevamos saliendo desde
hace varios meses.
Carlos le tendió la mano y se percató de que el chico se
sentía algo incómodo y sorprendido por la situación. Por un momento pensó que
hasta tenía algo de miedo y su posterior reacción acabó por darle la razón.
-Oye Carlos, lo de Tere conmigo hace dos semanas tiene una
explicación. Te juro que no sabía que…
-No tienes por qué preocuparte por eso –le interrumpió Teresa
con una sonrisa maliciosa-. Es más, creo que Carlos quiere contarte algo.
¿Verdad Carlos?
Rubén hizo ademán de no entender nada y dirigió expectante y
sorprendido su mirada hacía el chico.
-Verás, -Carlos vaciló por un instante pero la mirada
penetrante e intensa de Teresa le hizo proseguir sin remedio-. Desde hace
algunas semanas soy incapaz de cumplir con mi obligación de complacer a mi
maravillosa chica.
-¿Cómo? No te entiendo.
Rubén no podía dar crédito a lo que estaba oyendo y siguió
escuchándole expectante. Teresa por su parte, se excitó al ver cómo la cara de
Carlos se iba poniendo cada vez más pálida fruto de la humillante situación que
estaba viviendo.
-Lo que quiero decir es que no doy la talla ante ella y soy
incapaz de excitarla. Y me ha dicho que si no espabilo tendrá que replantearse
seguir con la relación. Por eso he decidido recurrir a ti.
Rubén se quedó perplejo y Teresa empezó a sentir cómo su
cuerpo iba entrando cada vez más en calor a medida que iba escuchando el diálogo
entre ambos.
-¿Y yo qué tengo que ver yo en todo esto? –le inquirió
sorprendido el muchacho.
-Mi Reina me ha comentado que de vez en cuando os habéis
enrollado y me gustaría pedirte que me enseñaras a ponerla caliente. Por favor,
ayúdame. Estoy desesperado.
El chico rubio no pudo evitar sonreír al escuchar tal
proposición. No se lo podía creer.
-¿De verdad que quieres que me líe con Tere delante tuyo?
-Sí por favor. Enséñame a poner a mi Princesa como una moto.
Al escuchar tal respuesta se excitó, se situó justo al lado
de Teresa y ante la presencia de Carlos empezó a acariciar la goma visible de
sus bragas. Los dos empezaron a darse suaves besos en la boca hasta acabar
dándose apasionados besos con lengua ante la mirada atenta de Carlos, que les
observaba humillado e imaginando lo que debería estar pensando de él el chico
que tenía delante. Seguidamente puedo advertir que, mientras los calientes besos
florecían sin ningún tipo de pudor ante él, la chica introdujo la mano en el
pantalón del fornido hombre con el fin de acariciar su miembro. Rubén disfrutaba
de lo lindo con la situación, mirando de reojo a Carlos mientras sobaba el
cuerpo de su novia. Durante más de 3 minutos los dos se calentaron frente a él
humillándole sin ningún tipo de escrúpulos hasta que Teresa apartó con suavidad
sus labios de su lengua y sus manos de su cuerpo. Ambos estaban excitadísimos.
Carlos les observada resignado.
-Espero que la lección de Rubén te haya servido para algo –le
susurró con un tono marcadamente burlesco mientras sacaba su mano del interior
del pantalón del atractivo chico.
-Sí que me han servido. Prometo dar la talla la próxima vez
que desees ser complacida.
Rubén les contemplaba excitado y algo confuso pues Teresa
había cortado la situación de raíz. Deseaba proseguir besándola y acariciándola
sus partes mientras su novio observaba en silencio sin poder remediarlo. Pese a
todo no pudo evitar dirigirse a él sonriente.
-Más te vale cumplir con tus obligaciones como novio si no
quieres que tu novia te deje tirado como una colilla –le trasmitió con algo de
sorna.
Carlos asintió sumiso con la cabeza terriblemente
empequeñecido. Teresa por su parte al percatarse de ello sintió un ferviente
deseo que humillarle aún más.
-¿Has visto lo pringosa que me ha dejado la mano el rabo de
Rubén?- la perversa estudiante mostró a Carlos la palma de la mano con la que
había agarrado el pene del chico. A continuación la aproximó al rostro del ex de
su hermana mientras advertía cómo Rubén observaba la escena atentamente con los
ojos como platos lo cual la excitó aún más-. ¿A qué dirías que huele cariño?
Teresa acarició con la palma de la mano todo el rostro de
Carlos hasta posarla durante unos instantes en su nariz. A continuación el
entregado chico respondió.
-Huele a polla, Princesa.
-¿A sí? Ahora mismo me siento una guarra entonces. Las manos
de las guarras huelen a polla. ¿Me consideras una guarra, cariño?
-No Reina. Eres la chica más limpia que he conocido –balbuceo
algo nervioso.
-Entonces habrá que limpiar la palma de mi mano. Creo que lo
justo sería que Rubén, al haberte hecho el favor de ser tu profesor, debería
tener el privilegio de elegir quién debe limpiarla, ¿no crees?
-Claro Princesa. Como desees –respondió cabizbajo.
Teresa dirigió su mirada a Rubén, el cual no podía disimular
su calentón, y esperó sonriente su decisión.
-Quiero que la limpie tu novio. Seguro que estará encantado
de hacerlo.
Los dos observaron al instante cómo Carlos sacaba de uno de
sus bolsillos un pañuelo con tal cumplir la faena encomendada pero Teresa se lo
impidió.
-Creo que deberías ser más educarlo y consultarle a Rubén si
puedes utilizar un pañuelo para limpiarme. Al fin y al cabo él puede ser el
causante de que no te deje por tu hasta ahora incompetencia sexual.
Carlos asintió intranquilo al escuchar sus palabras y se
dirigió al chico de forma educada y respetuosa, que sonreía triunfante y de
forma maliciosa.
-Rubén puedo utilizar…
-¡Por supuesto que no! –le espetó sin miramientos antes de
que acabase la frase-. Hazlo con la lengua, que su tacto es más suave a la piel
de Tere. Quiero que la lamas lentamente, sin prisas. Quiero que la saborees –se
mofó.
-Ya le has oído. Obedece -dijo irguiendo la mano.
El rubio esperaba expectante presenciar una escena que sin
haber ocurrido todavía ya le producía una excitación descomunal. En pocos
minutos observó cómo Carlos lamía lentamente con un gesto de desagrado la palma
de la mano de su chica hasta dejarla limpia del todo. Sé imagino lo humillante
que podía sentirse en ese momento y notó cómo su pene se había quedado
completamente erecto. A continuación se metió con Teresa en el lavabo de la
cafetería para acabar lo que habían empezado. Entretanto Carlos pagó las
consumiciones de los tres y les esperó fuera del local. Al despedirse de Rubén
no pudo evitar escuchar de sus labios algo profundamente vejatorio que acabó por
humillarle por completo: "Espero que el hecho haberme conocido te haya dejado un
buen sabor de boca".
Antes de despedirse Carlos y Teresa se sentaron en parque de
un banco cercano. Teresa permaneció relajada mientras él la acariciaba las
mejillas con dulzura y la besaba el pelo sin pausa. Así estuvo durante casi una
hora. Era el deseo de una mujer que había decidido dominarlo y él se dio cuenta
de que era absurdo oponer resistencia. No podía luchar contra su naturaleza.
-Te has portado muy bien Cuernos -le susurró besándole en la
mejilla.
-Gracias Preciosidad. Lo he hecho lo mejor que he podido.
-Lo prometido es deuda. Te dejo que me quites mis manoletinas
y me beses cada uno de los dedos de mis pies. Te lo has ganado.
Teresa pudo ver cómo el rostro del chico se había iluminado y
se lo agradeció con una mirada sincera de agradecimiento. A continuación se
arrodilló ante ella, le quitó con mucho amor y delicadeza los zapatos y besó
dulcemente los dedos de sus pies como si éstos se tratasen de delicados trozos
de diamante. Se sintió en el Paraíso.
Al despedirse Carlos volvió inclinarse para besar su mano y
le deseó buenas noches. Teresa volvió a acariciarle el pelo y le ofreció un
papel doblado.
-Ábrelo al regresar a casa.
Los dos quedaron en silencio durante un breve instante hasta
que Carlos advirtió que Teresa había empezado a esbozar una sonrisa que conocía
muy bien.
-¿Qué ocurre?- inquirió sorprendido.
Estaba pensando que alguien va a agradecer mucho que haya
estado con Rubén esta tarde y no eres tú, Cuernos –dijo con burla.
-No entiendo lo que quieres decir. ¿A quién te refieres,
Preciosidad?
-Me sé de una que va a poder cenar algo fresco esta noche.
Teresa introdujo su mano en su bolso y extrajo risueña un
preservativo lleno de semen. A continuación le guiñó un ojo y se alejó con porte
alegre y satisfecho ante la perplejidad del chico.
Al llegar a casa, Carlos desplegó la hoja de papel que había
recibido de Teresa y pudo leer en su interior una dirección de Internet junto a
un breve texto: "Seguro que la página web te gustará. Esta noche te ordeno que
sueñes conmigo".
El hombre no pudo aguantarse y se dirigió al lavabo para
masturbarse. A continuación encendió su ordenador y escribió la dirección web en
su navegador. Se quedó petrificado al contemplar la foto principal. Su novia
salía completamente desnuda a excepción de un lazo rojo que rodeaba su cuello y
una diadema en forma de orejas de conejo. Carla salía abrazada a un enorme pene
de plástico con la lengua sacada y con ademán de estar lamiéndolo
insaciablemente. Debajo de la imagen se podía leer:
"HOLA GUAPOS,
LA CHICA QUE VÉIS EN LA FOTO ES MI ESCLAVA. COMO PODÉIS
CONTEMPLAR EN LA FOTO MIDE MENOS QUE UN DEDO PULGAR Y LE VUELVEN LOCA LAS POLLAS
GIGANTES. SE ALIMENTA ÚNICAMENTE DE MIS CORRIDAS Y LAS DE MIS AMANTES. ¿QUIERES
DARLE DE COMER? PUJA EN LA SUBASTA Y TENDRÁS OPCIÓN DE DISFRUTAR DE UNA NOCHE
ENTERA JUNTO A ELLA. ANÍMATE Y HAZ REALIDAD TUS FANTASÍAS MÁS PERVERSAS. SI
GANAS MI ESCLAVA TENDRÁ LA OBLIGACIÓN DE RESPONDER "LO HARÉ ENCANTADA" A TODAS
TUS PROPOSICIONES. POR CIERTO, MÁS ABAJO PODÉIS COMPROBAR LO GUARRA QUE ES
ESCUCHANDO CÓMO PONE CAHONDO A MI INOCENTE OSITO DE PELUCHE.
BESOS CALIENTES Y HUMEDOS A TODOS".
Carlos se estremeció al ver escritos en la página más de mil
comentarios con cantidades importantes de dinero. Se fue a dormir no sin antes
escuchar durante varis horas las frases que su novia le había insinuado a un
inanimado oso de peluche. No daba crédito a lo que había hecho. "Jamás se conoce
del todo las facetas de una persona", pensó.
Esa noche pese a todo soñó con Teresa. Se lo había ordenado y
debía obedecerla.

No he podido escribir antes la continuación. Para cualquier
sugerencia o comentario acerca del relato no dudéis en escribirme un mail.
Prometo responder.
Saludos y gracias por haber dedicado vuestro tiempo a leerme.