Mi primera vez
Todo comenzó cuando conocí a Cynthia. Ella mide un metro
sesenta, pelo negro, ojos celestes casi grises, buenas curvas y piel
inmaculadamente blanca. Lo que también es inmaculado es su culo gordo y redondo,
que golosamente pide ser llenado cada vez que tenemos sexo. Tanta práctica
tiene, que ya no es preciso lubricarle el ano para penetrarla. Ni siquiera
saliva. Me cuenta que en el trabajo, cuando va al baño, luego de orinar, se
entretiene masturbándose y para ello no precisa tocar su clítoris o su vagina,
sino que únicamente se mete dedos u otros objetos en su ano. Así, aparte de
disfrutar, lo mantiene siempre dilatado y listo para la acción. Por lo demás,
siempre está completamente depilada, algo que a mí me encanta. Volvamos al
relato: al poco tiempo de conocerla y luego de haberla cogido varias veces, me
contó que tenía amigos gay y si a mí eso me molestaba. Le respondí que no, que
estaba todo bien. No me imaginaba que pasados unos meses me propondría
participar de una orgía donde conocería a sus amigos. Allí fui, más curioso que
otra cosa, y siempre con la idea de que, si no me gustaba, no estaba obligado a
ser parte. Sólo saludaría y me retiraría.
De más está decir lo fabuloso que fue todo, y cómo, con el
tiempo, esta práctica se convirtió en algo normal en nuestras vidas. Aparte mío
–yo era el novio oficial-, tenía varios amigos gay y heterosexuales, tanto
hombres como mujeres, los que de tanto en tanto venían a saludarnos y a quedarse
con nosotros el fin de semana, armándose orgía tras orgía. Todos los hombres se
encontraban fabulosamente dotados, mientras que las mujeres, realmente eran
preciosas. Me imagino que no es una casualidad. Con lo puta que es Cynthia, debe
haber elegido a sus amistades teniendo en cuenta sus físicos y su afición al
sexo. Por ejemplo su mejor amigo Fernando, que es gay, la tiene de 25 cm de
largo por 8 cm de gruesa.
Hasta ahí, nada fuera de control. Un día, charlando, Cynthia
me confesó que una de sus fantasías incumplidas, era la de observarme alguna
vez, mientras me penetraban. Yo riéndome, le dije que se conformara con su
fantasía, porque nunca le daría el gusto. Ni siquiera un dedo. Hizo un mohín de
resignación y agregó "si aprendieras a disfrutar con tu ano, no necesitarías
utilizar siquiera la pija. Con eso solo te alcanzaría para tener orgasmos.
Imagínate poder tener sexo toda una noche si depender de tu erección" y cambió
de tema. Sin embargo esa frase quedó sonando en mi cabeza. Un mes después,
Fernando me llamó por teléfono para pedirme consejo sobre qué regalarle de
cumpleaños a Cynthia, puesto que se aproximaba su aniversario. Un segundo
después, le respondí que yo sabía exactamente qué regalarle y que para ello
sería necesario su colaboración y la de otros amigos. Le expliqué mi plan, que a
grandes rasgos era el siguiente: él me ayudaría con su experiencia a preparar mi
cola, la que iría gradualmente dilatándola, para recibir en ella una vela, y
así, en vez de pastel, estaría yo, desnudo, de rodillas, con una vela prendida
en el culo, y todos sus amigos le cantarían el feliz cumpleaños, reiríamos de la
broma y luego participaríamos de una orgía. Se quedó callado unos segundos del
otro lado de la línea y luego aceptó, enigmáticamente, sin decir más. Me agregó
que lo dejara todo en sus manos.
Y así, durante todo un mes, fui a la casa de mi amigo –con el
tiempo y la confianza, los amigos de Cynthia se habían convertido también en mis
amigos-, quién me explicó pacientemente sus técnicas para dilatar el culo y
poder recibir una pija, por muy grande que ésta sea. Al cabo de unos días, ya me
entraban con comodidad dos dedos míos ó, en su defecto, un consolador delgado.
No dejé que Fernando me tocase el culo, pues la idea era que Cynthia únicamente
me viera penetrado por un consolador –en este caso una vela-. No por una pija
real.
Al terminar la primera quincena de duro entrenamiento, ya
podía recibir un consolador mediano dentro de mi culo, y una semana después, uno
grande. Se aproximaba el cumpleaños y Fernando me dijo entonces que había que ir
ultimando detalles. Me pidió que fuera a su casa al día siguiente después del
trabajo y cuando llegué me estaba esperando con un frasco de cera y una sonrisa
de oreja a oreja. Le pregunté qué pensaba hacer con la cera y me contestó que
era para mí, para depilarme. Al principio me negué, pero luego lo pensé mejor y
acepté. Soy delgado, de un metro setenta y cinco centímetros de altura, pelo
castaño y piel blanca. Así que mi imagen, ya depilado, no sería algo
desagradable. Al cabo de una hora, por debajo de mi cuello no había pelo alguno.
Mi pene, ano, axilas, pecho y piernas fueron cuidadosamente depilados y luego
masajeados con crema para darle más tersura y suavidad a mi piel. Y llegó el
gran día. Con Fernando habíamos convenido en ir unas horas antes a la casa de
Cynthia (yo tengo llaves de su casa) y prepararíamos todo. Nuestros amigos ya
estaban avisados. Cuando llegué, mi amigo me estaba esperando en la puerta con
unas bolsas. Cuando las observé, él me dijo misteriosamente, que eran para la
fiesta. Al rato llegaron nuevos amigos, uno de ellos con una mesa de servicio
con ruedas para transportarla. Me dijo que yo iría en ella, en cuatro patas, con
mi dichosa vela en el culo, prendida. Dejé mis cosas en el dormitorio y luego de
desnudarme, comencé a preparar mi cola para la fiesta. Me excitaba tanto la idea
que no pude evitar empezar a masturbarme. Entonces recordé la conversación que
había mantenido hace ya un mes con mi novia y me dije que si quería gozar
únicamente con mi cola, no tenía que pensar en mi pene. Así que tomé una
decisión. Me masturbé frenéticamente hasta acabar. Aguardé unos minutos y volví
a masturbarme, también hasta llegar. Esta vez me costó más. Volví a esperar unos
minutos y reemprendí mi tarea, masturbándome una tercera vez, pudiendo llegar
luego de un rato largo. Acabé apenas unas gotas de un líquido que parecía agua.
Supe entonces que por el resto de la noche, mi pija únicamente serviría para
orinar, puesto que no conseguiría una erección por las próximas horas, ni aunque
me lo propusiera, habida cuenta el cansancio y la cantidad de eyaculaciones.
Así, le demostraría a mi chica lo bien que había comprendido sus palabras.
En eso entra Fernando con las bolsas y me dice que me vista
con su contenido. Eran un par de medias que me llegaban hasta la mitad del
muslo, una remera de manga corta y una máscara que cubría totalmente mi cabeza y
por consiguiente, mi identidad. Todo de color negro y ajustado al cuerpo, de
modo que cuando me lo puse eran parte de mí, sin molestarme en lo más mínimo. Ya
vestido y dilatado, Fernando me miraba de una manera muy especial. Sin embargo,
esta vez, no sólo no me molestó sino que hasta me agradó. Me preguntó qué había
en el vaso que estaba arriba de la mesa y le respondí que era mi semen, que
había guardado allí por no saber donde tirarlo. Le expliqué por qué me había
masturbado así y, mirándome seriamente, me dijo que ya sabía cómo usaría mi
semen. Inmediatamente se bajó sus pantalones, luciendo una terrible erección y
ya con líquido seminal en la cabeza del pene. Sin cruzar palabra alguna, se paró
frente a mí, que estaba de rodillas. Yo abrí mi boca y sin pensarlo ni un
segundo intenté tragar esa barra gigante de carne. Sólo pude engullir la cabeza.
Tan grande era. Mientras tanto, con mis manos, no paraba de meterme dedos en mi
propio culo, disfrutando así por arriba y por debajo de este momento nunca
imaginado.
En ese instante se escuchó la llave en la puerta y tuve la
seguridad que Cynthia acababa de llegar a casa, luego de una dura jornada de
trabajo. Al abrir la puerta se encontró con nuestros amigos, que con el cuento
de que la estaban esperando para festejar, nos daban tiempo a mí y a Fernando
para terminar de prepararnos. En eso Fernando da unos pasos para atrás, saliendo
de dentro de mi boca, fue hasta las bolsas donde me trajo la ropa, y sacó una
vela gigantesca, con forma de pene, una mecha que asomaba por la base, y más de
35 cm. de largo y 8 cm. de grosor. Le pregunté si estaba loco, que semejante
pija no iba a entrar en mi cola, a lo que él me respondió que ya no había tiempo
para echarse atrás. Que debía hacerlo. Me pidió entonces que, ya vestido con
medias, remera y máscara, me pusiera a cuatro patas sobre la mesa con ruedas y
levantara el culo. Lo hice y entonces entendí para qué iba Fernando a usar mi
semen. Con él me lubricó aún más el ano, llegando a meter cuatro dedos de cada
mano al mismo tiempo. Le pedí si me podía dar un poco de agua, pues chuparle la
pija antes y la tarea de dilatación me había dejado sediento. Sin decir palabra
me acercó a la boca el vaso conteniendo el resto del semen –quedaba la mitad de
lo eyaculado-, el que bebí con una mezcla de sed, curiosidad, y morbo, sabiendo
que estaba probando mi semen.
Entonces, me pidió que me abriera la cola con las manos e
hiciera fuerza como si quisiera defecar. Lo hice, adivinando lo que se venía. A
continuación pude sentir como entraba la vela-consolador en mis entrañas. Y no
paró de entrar hasta que sentí que llegaba hasta mi estómago. Le pregunté si era
necesario meterla tanto, a lo que me contestó que me la metía 30 cm. porque
Cynthia cumplía 30 años y era como un homenaje. Un centímetro por cada año de
vida.
Se desnudó (su pija seguía parada), me prendió la vela que
apenas sobresalía de mi culo súper dilatado, se puso tras la mesa para empujarla
y se preparó a salir. Yo no quise que se desperdiciara esa pija enorme que
quedaba a tan poca distancia de mi boca, así que, sin pensarlo dos veces,
comencé nuevamente a lamerla y chuparla, sin tocarla con las manos, que usaba
para mantener abierta mi cola para que la vela se viera en toda su dimensión.
Y así llegué al salón. Estaba repleto de gente aún vestida
–pues lo de la orgía también era sorpresa- y la luz apagada, dado que un amigo
al vernos llegar accionó el interruptor. Yo iba sobre la mesa, desnudo, vestido
con medias y una remera ajustada, con el consolador más grande que se puedan
imaginar metido en mi culo blanco y depilado, mi pija colgando muerta entre mis
piernas depiladas, llevando una máscara y chupando el pene de Fernando.
Cynthia se sorprendió sólo un instante y luego empezó a batir
palmas y a sonreír de oreja a oreja como la nena más feliz del mundo. Todos
comenzaron a cantarle el "Feliz cumpleaños" y al terminar, ella sopló la vela
apagando su llama, mientras todos aplaudían y reían.
Empezaron a desnudarse con la clara intención de comenzar la
orgía y en eso Cynthia les pide que esperen pues aún yo no había llegado.
Fernando entonces sonrió, me ordenó que me ponga de pie y me quite la máscara,
aunque sin sacarme el consolador del culo. Lo hice y ante la cara de asombro de
mi novia, Fernando le dijo "feliz cumpleaños de parte mía y de tu novio". Pude
ver entonces la lujuria en sus ojos. Mientras se desnudaba y comenzaba a meterse
tres dedos en el culo sin necesidad de saliva, me pidió que me la cojiera por el
culo mientras mantenía el consolador puesto en el mío. Le expliqué que esa noche
no iba a ser posible pues mi pija no se levantaría por un buen rato. Me miró con
decepción, pero cuando le expliqué el por qué, saltó a mis brazos y me dio un
profundo beso de lengua mientras por detrás tanteaba la vela-consolador que
seguía dentro de mi culo, intentando meterla aún más. Luego me miró, me dijo que
mi beso tenía gusto a leche y que, si yo quería que su regalo fuera perfecto,
debía dejarme coger por dos hombres. Yo, que a esas alturas estaba excitadísimo
y con mi ano latiendo como nunca –mi pija seguía caída y sin dar señas de vida-,
acepté gustoso.
Entonces se me tiró encima Fernando, que había presenciado
toda la conversación y, junto con otro amigo, Mario, con su pija terriblemente
erecta, vinieron a una señal. Entre los dos se arreglaron para ponerme en
cuatro, y mientras uno me cogía, metiéndome su pija hasta los huevos, el otro
disfrutaba de mi lengua, haciéndome lamer tanto su pija como también su ano y
sus tetillas. Después de un buen rato de cogerme, comencé realmente a entender
lo que Cynthia había estado diciéndome. No precisaba ya mi pija para tener toda
una noche de sexo. Y eso fue lo que tuve exactamente, pues luego de atender a
Fernando y Mario estuve con Agustín. Cuando también despache a éste, Fernando ya
se había recuperado y vino para una segunda vuelta. A todo esto, mi novia se
encontraba frente a mí, con la vela-consolador metida en su culo, y con una
cámara de video en la mano proponía distintas cosas mientras filmaba los mejores
momentos. Alrededor nuestro la orgía continuaba.
A estas alturas mi ano se encontraba tan dilatado que, sin
ninguna dificultad, y sin tener nada metido en el culo, éste alcanzaba el
diámetro de una moneda. Por lo demás, la leche chorreaba por mis piernas. Es
entonces que mi novia me pidió que le tome la leche a Fernando, para que así
quedase registrado en el vídeo. Yo acepté encantado (ya había pensado hacerlo de
todos modos) y así fue como me tomé su leche, tan caliente y espesa que parecía
crema. Me puse de pie y le estampé un beso a Fernando que estoy seguro no lo
esperaba. Por cierto, que le pase algo de su propio semen. Al rato ya los
invitados se habían ido y sólo quedábamos Fernando, Cynthia y yo.
Me preguntó mi novia si me había gustado y al responderle yo
que sí, me miró seriamente y me dijo que a partir de ahora nuestra relación iba
a cambiar. Por empezar, antes de tener sexo, ahora ella tiraría una moneda al
aire. Si resultaba cara yo haría el papel de heterosexual, pero si caía seca,
debería adoptar el rol pasivo permitiendo que me cogieran y me llenaran de
leche. Me pareció bien, pues ahora también disfrutaba de coger por el culo y no
resultaba imprescindible usar mi pija. No sabía entonces cuánto cambiaría mi
vida.