Puede que lo mejor para una mujer fogosa sea un hijo
placentero. Me llamo Luis, cuando ocurrió esta historia yo tenía dieciséis años,
mi cuerpo estaba casi desarrollado por completo, pero aún mostraba rasgos de mi
efímera niñez.
Vivíamos en una bonita casa de dos plantas, abajo estaban el
salón, cocina, baño y una bonita entrada. En la planta de arriba estaban los
cuatro dormitorios y un despacho que había montado mi padre. Allí vivía con mis
padres Manuel y Andrea que siempre se preocuparon de darnos la mejor educación
posible. También estaba mi hermana Laura que a sus dieciocho años traía a todos
los chicos del barrio locos con su hermoso cuerpo.
Una noche, en la que mi padre estaba de viaje por negocios y
mi hermana se había quedado en casa de una compañera de universidad, me desperté
sobre las tres de la mañana. Me levanté para ir al baño y caminaba en la
oscuridad intentando no hacer ruido para no despertar a mi madre. Llegué a la
puerta de su habitación, que estaba entreabierta, y escuché ruidos de
movimientos en su cama. Me asomé con mucho cuidado.
Allí estaba en medio de la cama mi madre con el camisón
subido hasta la cintura, sin bragas, con las piernas abiertas de forma que se
podía ver su coño peludo en el que metía y sacaba un consolador. Podía verla
gracias a la tenue luz que emitía el televisor en el que se podía ver una
película porno. Se estaba masturbando. Por su expresión se notaba que estaba
gozando, pero no emitía ni un solo gemido y entonces noté como tenía un orgasmo
por las convulsiones que le producía el placer.
Me retiré con cuidado, sin hacer ruido y, después de acabar
en el servicio, me fui a mi habitación pues la imagen de mi madre masturbándose
bien valía una paja. Y así lo hice, imagine que yo me metía entre las hermosas
piernas de mi madre y le abría los labios de su delicioso y húmedo coño. Mi
lengua lamiendo toda su raja hasta que los flujos de ella permitieran que mi
polla entrara sin esfuerzo hasta el fondo. No tardé mucho en tener una copiosa
corrida. Poco después volvía a estar dormido con la imagen de mi madre en la
mente.
A la mañana siguiente era sábado, me levanté y me dirigí a la
cocina para encontrarme a mi madre preparando el desayuno. Antes de nada la
miré, ya no la veía igual, ya no era mi madre si no la hermosa madura que anoche
se autosatisfacía en la soledad de su habitación.
-¡Hola cariño! – Su voz me sacó de mis pensamientos.
-¡Hola mami! – Le respondí abrazándola por detrás y dándole
un beso en el cuello como había hecho tantas veces.
Pero esta vez me deleité en sentir su cuerpo, su olor, el
roce de mis labios en su piel, todo me parecía nuevo y lo era pues la noche
anterior se despertó en mí un gran deseo sexual hacia mi madre.
-¡Siéntate a desayunar!
Ella se sentó frente a mí y mientras hablábamos yo miraba sus
ojos azules. Hoy eran más bonitos que nunca, aquella boca de rojos labios, su
pelo rizado y moreno… todo en ella me gustaba. Tenía una camiseta ajustada que
le marcaban los pechos, ¡y qué pechos! Recuerdo que una vez hizo topless en la
piscina y yo estaba delante, no hace mucho, pero hoy sus pechos eran un objeto
sexual para mi mente…
-¿Qué te pasa Luisito?
-¡Oh, no nada! – Dije.
-Hoy estás algo espeso… - sonrió – ¡a tu edad que se puede
esperar! ¿Te tiene locuelo alguna chica?
-No, no… - dije yo sintiéndome avergonzado por mis
pensamientos.
-¿De verdad? – Se levantó de su sitio y se sentó justo a mi
lado - ¡Anda cariño, confía en tu madre! ¿No hay alguna que te guste?
-La verdad… - bajé la mirada, era ella y no se lo iba a decir
– hay una…
-¡Vaya, mi niño se está volviendo un hombrecito! ¿Qué es
compañera o alguna vecina nuestra?
-Hay un problema mamá… - le dije como avergonzado – Es una
mujer mayor…
-¿Qué quiere decir mayor, mayor que qué? – Su rostro mostraba
algo de enfado.
-Es más o menos de tu edad…
-¿Y la conozco?
-Sí, sí que la conoces…
-¡Seguro que es la guarra de la Belén! Siempre me está
diciendo que te estas poniendo hecho todo un hombre y que si te tiene que
enseñar algo que ella está dispuesta. ¿Te ha seducido de alguna manera?
-No mamá, no es ella… no insistas, no te voy a decir quien
es.
-Pero hijo, una mujer madura… - No sabía que decirme.
-Mami, creo que es más un deseo sexual que un enamoramiento.
– Le dije para que se tranquilizara.
-¡Entonces lo que te pasa es que te pone caliente cuando la
vez! ¿No?
-Eso es… - simulé algo de timidez – desde hace algún tiempo
me hago muchas… tú sabes, pensando en ella.
-¡Vaya, a mi hijo le ponen las maduritas! Pero dime, ¿quién
es?
-Es la madre de un compañero de clase… - le empecé a mentir –
El otro día estuve en su casa y sin querer pasé por delante de su habitación y
la vi desnuda, desde ese día estoy algo obsesionado con ella.
-Pero hijo, tal vez sólo sea algo momentáneo…
-Ya mamá, pero ahora estoy así… - la miré a los ojos - ¿Qué
puedo hacer para tener a esa mujer y sofocar esta calentura? ¿Cómo puedo
conquistar a una mujer madura?
Ella pensaba, tenía que aconsejar a su hijo que estaba en un
momento de su vida transcendental. Tenía que llevarlo de forma que no me causara
ningún daño.
-Déjame pensar unos días y ya veremos lo que podemos hacer…
mientras tanto sólo te puedo decir que te desahogues solo… ¡siento no poder
ayudarte más de momento!
Mi madre salió de la cocina y pude ver como se movía su
hermoso cuerpo. Aunque la había engañado pues la verdad es que era ella la que
me tenía obsesionado, esperaba que ella me ayudara a conquistarla a ella misma.
De vez en cuando, cuando nos cruzábamos en casa o estábamos solos en algún
momento, me decía "estoy en lo tuyo" y yo le daba las gracias.
Pasaban los días y no me decía nada. Yo me dedicaba a
acecharla en las noches en que mi padre viajaba y ella estaba sola, que eran
varias en la semana, intentando descubrir los horarios en los que le gustaba
masturbarse. Pude verla, con muchas dificultades, en dos ocasiones más. Esperaba
a que fueran las dos o tres de la mañana en que seguramente yo y mi hermana
estuviéramos dormidos.
Ya habían pasado muchas semanas y empezaba el mes de julio.
Yo no tenía clases y mi hermana hacía los últimos exámenes en la facultad, así
que pasaba todo el día en casa esperando a que viniera el resto de la familia.
En esos momentos aprovechaba para registrarle sus cajones. Encontré una buena
colección de consoladores, de todos los tamaños y colores. Además descubrí que
tenía una buena colección de películas porno, lo que no sabía seguro si eran
sólo para su uso o para compartirlas con mi padre. Estuve viendo su lencería,
tenía desde bragas anchas y grandes hasta minúsculas tangas que seguro que no
podría contener la cantidad de pelos que cubrían su raja.
Habíamos preparado las vacaciones de ese año para el mes de
agosto. Mi madre había pedido ese mes y mi padre igual. Pero a mediados de julio
todo se torció aunque fue en mi favor. Mi padre tenía unos negocios en otro
país, mi madre le propuso que fueran los dos juntos, pero él no quiso pues la
zona era peligrosa. Cuando sólo faltaba una semana para que acabara el mes de
julio, mi hermana les pidió permiso a mis padres para estar todo el mes de
agosto por Europa. Como era una empollona no tuvo problema en que le dieran
permiso y dinero. Total que sólo estaríamos mi madre y yo, lo cual me gustaba.
-Cariño, ¿Qué te parece si nos vamos los dos a la playa todo
el mes? – Me preguntó mi madre.
-Por mi estupendo… - dije indiferente y por dentro estaba
dando botes de alegría, estaría solo con mi adorada madre todo un mes.
El día uno se marchó mi padre con destino a otro país, mi
hermana se había marchado dos días antes a casa de su buena amiga Claudia con la
que viajaría, junto con sus padres, por toda Europa.
Era el día dos por la mañana. Mi madre me despertó sobre las
siete de la mañana para marcharnos pronto con destino al apartamento que tenemos
en la costa. Por el camino hablábamos de todo un poco, pero no se hizo
referencia al tema de mi atracción por "la madura madre de mi amigo". Eso sí, mi
madre estaba preciosa esa mañana. Se había vestido con un pantalón corto y
camiseta ajustada que le marcaban su figura de forma que cuando paramos en la
gasolinera para repostar antes de salir de viaje, todos los hombres la miraban y
como no, yo la observé, la miré, la memoricé, cada curva de su cuerpo, cada
gesto, todo en ella me gustaba.
Varias horas después llegamos a nuestro destino. Sacamos todo
lo que llevábamos y fuimos colocando todo en su lugar. Al terminar decidimos ir
a comer a la playa, a un chiringuito. Después volvimos al apartamento, estábamos
muy cansados y decidimos ducharnos y descansar allí. Primero se duchó ella.
Cuando acabó entré yo y me encontré sus bragas. Las tomé y no pude hacer otra
cosa más que oler donde su coño había estado por varias horas. Percibí el aroma
de su sexo y mi pene se endureció. Me desnudé y me metí en la ducha. Empecé a
acariciarme mi erecto miembro y pensaba en la imagen del cuerpo de mi madre.
Estaba cada vez más excitado, apunto de correrme…
-¡Cariño! ¿Está ahí un peine marrón? – Hablaba y a la vez
separaba las cortinas para meter su cabeza.
-¡Mamá! – le grité y casi no me da tiempo a girarme para
ocultar mi erección.
-¡No seas tonto! ¡Soy tu madre! – Dijo descarada - ¡Bonito
culo! – Y me dejó seguir con la ducha.
Un rato después, acabé y me fui al salón. Mi madre había
preparado algo ligero para comer. Nos sentamos en la mesa y por un rato
estuvimos comiendo. Después nos sentamos en el sofá y, aunque teníamos la
televisión encendida, hablábamos.
-¡Cariño! Lo que te pasa con esa mujer es enamoramiento o
simplemente que harías el amor con ella.
-No estoy muy seguro, pero lo cierto es que por lo menos le
haría el amor un buen rato…
-¿Está casada?
-Sí, pero pasa mucho tiempo a solas, con lo que sería
cuestión de buscar algún momento propicio.
-¿Y tu amigo?
-Seguro que se une a nosotros… - dije pensando en voz alta
pues mi amigo era yo mismo – que nos ayuda quiero decir.
-Te ha dado algún indicio de que quiera hacerlo contigo.
-La verdad es que ella es cariñosa conmigo, como si fuera su
hijo… - entonces empecé a inventarme una historia. – No hace mucho que estaba en
su casa, a principios del mes pasado. Jugábamos a la consola y ella nos preparó
un batido de chocolate.
En ese momento la miré mientras seguía contando mi historia.
Sus dos ojos azules no se apartaban de mí y prestaba atención a todo lo que le
contaba.
-Con la emoción del juego, tiré todo el batido y me puse los
pantalones perdidos, totalmente llenos de chocolate.
-No recuerdo ningún pantalón manchado… - dijo ella intentando
recordar algo de aquello.
-¡Claro! ¡Ahí está la cosa! Me hizo quitar los pantalones y
se los llevó para lavarlos. Mi amigo se reía al verme con una toalla reliada
como si fuera una falda.
-¿No te pudo dar unos de él? – Estaba atenta y yo tenía que
tener cuidado pues buscaba cualquier fallo en la historia.
-No mamá, él es más canijo que yo. Estaba sentado en el salón
a la espera que mis pantalones se secaran cuando dieron las siete y mi amigo se
tuvo que marchar con su padre a no sé que de un medico.
-¿Y tú te quedaste allí con ella?
-Sí. Entonces ella me dijo que aún le faltaba un poco a los
pantalones. Y de buenas a primera me dice "¿Quieres que te enseñe los nuevos
bañadores que me he comprado?" No sabía que decir, así que asentí con la cabeza.
Al poco volvió con un bañador de cuerpo entero.
-Y qué, ¿tiene mejor cuerpo que yo? – Me dijo con una
sonrisa.
-¡Tú tienes mejor cuerpo que la mayoría de las mujeres!
-¡Gracias! – Me dijo y parecía sonrojarse. – Y qué más pasó…
-Imagina mamá, mi polla… perdona por la palabra…
-¡No te preocupes! Habla como quieras.
-Pues la polla se me puso dura y empezó a formarse una
montañita en la toalla. Tuve que coger posturas raras para que no me notara lo
excitado que me encontraba. Y entonces me hizo esperar de nuevo y volvió con
otro, pero este era un bikini, pero la braguitas eran un tanga. Eso ya me volvió
loco…
-Eso parece una señal de que está receptiva contigo, ¿quién
sabe si te estaba insinuando para que le entraras? Y qué pasó…
-Nada, ella me hablaba de sus bikinis y demás ropas y yo
sentado en el sillón no me atrevía a toser. ¿Qué tenía que haber hecho?
-No sé, tal vez alguna insinuación que le indicara que tú
también estabas dispuesto a algo más, no lo sé, la verdad… Hagamos una cosa, yo
haré como si fuera la madre de tu amigo y me pondré un bikini.
Mi madre se marchó a su habitación y unos minutos después
apareció con un bikini tipo tanga. Se giró delante de mí para que la observase y
le dijera lo que me parecía. La verdad es que estaba estupenda.
-¿Qué te parezco? ¿Estoy mejor que ella? – Me dijo girándose
y mostrándome todo su cuerpo.
-En general, sí, pero esos pelillos… - le dije señalando
hacia su entrepierna donde asomaban por el filo de la braguita.
-Tengo que arreglármelos…
-Entonces mamá según tú llegados a este punto, que es igual
que el otro día, me debería haber levantado, - y lo hacía a la vez que se lo
decía a ella – haberla rodeado y colocarme detrás de ella…
-Me estás asustando con esa cara y esa forma de hablar… -
dijo ella.
-Le tenía que haber cogido por la cintura así, - y ella
agarró mis manos para acompañarlas mientras acariciaba la piel de su cintura
hasta llegar a su barriga – y pegarla a mí para que sintiera mi polla dura sobre
su culo… - sentía como mi madre se iba calentando poco a poco – Darle un leve
mordisco aquí en el cuello…
-¡Ah, eso es cariño! ¡Así se hace! – Me decía mientras yo la
acariciaba.
-Subir una mano para acariciar sus pechos, mientras la otra
baja para meterse entre sus piernas… - sentía como ella temblaba de excitación
al sentir mis manos en su cuerpo – darle bocaditos en el lóbulo de la oreja de
esta manera…
Ella se retorcía de gusto entre mis brazos mientras mi polla
dura y erecta se frotaba contra su culo que ella movía para sentirla.
-Luisito, me estas poniendo caliente, para por favor…
-Primero, mi nombre es Luis, segundo me estás enseñando lo
que hay que hacerle a una mujer madura para ponerla a tono para follar. –
Cuantas más palabras obscenas le decía más caliente se ponía. – Si no me
equivoco tengo que hacer que su coño se ponga todo lo posible húmedo para poder
meter mi polla hasta el fondo ¿no?
-¡Sí, cariño! ¡Sigue así para que se me moje el coño!
-¡Mamá, tienes los pezones totalmente erectos! ¿Me los puedo
comer?
-¡Por favor! – Fueron sus únicas palabras.
Con las dos manos busqué el filo de las pequeñas telas que
cubrían sus pechos y las subí a la vez que cada mano envolvía a cada seno. Los
acariciaba y sentía sus duros pezones. Ella subió los dos brazos y me agarró por
la nuca mientras mi boca besaba su cuello y mis manos seguían amasando tan
generosos volúmenes, su culo no paraba de rozarse con mi polla.
-Madre ¿ya estás húmeda?
-Compruébalo tú mismo, hijo.
Solté unos de sus pechos y bajé acariciando su cuerpo hasta
llegar a sus bragas. Buqué el filo y metí mi mano para encontrar la entrada de
su coño custodiado por aquellos pelos. No tardé mucho en sentir la húmeda
entrada de mi madre. Empecé a pasar un dedo y al momento estaba dentro de su
vagina, masturbándola. La giré y ella me soltó el cuello. Me coloqué a uno se
sus lados sin sacar mi dedo de su vagina y agaché mi cabeza para empezar a
chupar uno de sus pechos.
-¡Qué bueno Luis! ¡Haz que mamá se corra! – Con una de sus
manos buscó mi polla – ¡Dale a mamá esta duro ariete! – Y me la acariciaba por
encima del pantalón del pijama. - ¡Vamos a la cama ya!
Me llevó de la mano hasta la habitación de ella, me tiró en
la cama y al lado se quitó el sujetador y las braguitas del bañador. Se subió de
rodillas a la cama y se colocó a la altura de mi pene.
-¡Veamos que guardas aquí! – Decía y me bajaba el pijama
hasta dejarme desnudo por completo, mi pene quedó expuesto a su vista y a la
acción de su mano - ¡Qué maravilla!
Los dos estábamos desnudos por completo. Mi madre estaba de
rodillas junto a mí y me acariciaba el pene totalmente excitada. Mi pene nunca
había estado tan grande y tan duro como aquella vez. Mi madre me excitaba sobre
manera y lo demostró cuando sin previo aviso empezó a salir mi semen en grandes
chorros que llenaron la mano y algo la cara de mi madre.
-¡Perdona mamá! ¡No he podido aguantar!
-No te preocupes. Estás demasiado excitado. La próxima vez
aguantarás más…
Cogió unas toallitas y me limpió y limpio todo. Mi pene se
relajaba poco a poco. Entonces le pedí a mi madre que se tumbase en la cama boca
arriba y así lo hizo. Me coloqué a su lado y la besé en la boca. Nuestras
lenguas jugaban de una boca a otra. Mi brazo izquierdo pasaba por debajo de su
cabeza y con la otra mano le acariciaba los pechos.
-¡Qué buenas tetas tienes! ¡Seguro que haces buenas cubanas
con ellas!
-¿Quieres probarlas?
-Primero te voy a acariciar un poco.
La volví a besar y bajé mi mano por su cuerpo, tocando su
barriga, su vientre y empecé a sentir los suaves pelos de su sexo. Ella abrió un
poco más sus piernas para que mi mano pudiera jugar a placer con su coño. Sentí
los flujos que emanaban de su vagina. Metí un dedo y busqué el pequeño bulto de
su clítoris. Lo empecé a tocar y en poco tiempo tenía el doble de tamaño.
-¡Oh, que me gusta! No pares… - Me decía al oído mientras mi
mano la masturbaba y mi boca chupaba sus pezones. - ¡Cómeme el coño!
Bajé con mi boca por su cuerpo, besando y lamiéndolo hasta
llegar a su mojado coño. Sentía el aroma de sus flujos, ella abrió su sexo de
par en par para ofrecerme su rosado interior. Podía ver su abultado clítoris. Me
coloqué entre sus piernas boca abajo y hundí mi boca en su raja. Mi lengua
recorrió toda su raja de arriba abajo. Paré sobre su clítoris y mi lengua jugaba
con él haciendo que mi madre gimiera y moviera las caderas por el placer. Las
veces que la vi masturbarse en su habitación había aguantado sus gemidos para no
despertarnos, pero hoy no tenía ese problema y lanzaba los gritos de placer que
le provocaba mi lengua.
-¡Me muero de gusto! ¡Esto es bestial! – Decía mientras gemía
y se retorcía - ¡Siempre me atrajo el incesto, pero probarlo es bestial! ¡Sigue
comiéndome, hijo mío! – Hablaba y se excitaba más - ¡Come el coño de mami!
¡Hazle sentir como una puta!
Al escucharla y oler su coño, mi polla volvió a ponerse dura.
La lamí todo lo posible hasta que entre gritos y gemidos sentí como mi boca se
inundaba con sus flujos que no pude rechazar pues ella presionaba mi cabeza
contra su coño para que siguiera mamándola. Cuando me soltó la cabeza ya había
tenido su orgasmo. Me puse de rodillas delante de ella, entre sus piernas. Ella
aún se retorcía de placer.
-Ahora te toca a ti. Hazle a tu hijo una buena paja con tus
tetas.
De rodillas me coloqué para que mi polla quedara a la altura
de sus tetas. Ella estaba boca arriba y la dejé entre aquellos dos volúmenes.
Ella se agarró cada una con una mano y las juntó para que rodearan por cada lado
a mi pene. Me moví adelante y atrás para que me masturbara. Ella, con la lengua
fuera, esperaba a que la punta saliera de entre sus pechos y le daba una pequeña
chupada. De vez en cuando le dejaba que me chupara bien el glande, provocándome
mucho placer. Me levanté y me puse de pie en el suelo al lado de la cama con mi
polla apuntando a ella.
-¿Tú eres mi puta madre?
-¡Sí cariño! ¡Yo soy la puta de tu madre!
-¡Pues ven aquí como la perra que eres y mámame la polla!
Así lo hizo, obedeció como una perra en celo y a cuatro patas
vino hasta mí y comenzó a chupar la polla que le ofrecía. Agarré su cabeza con
las manos y empecé a follar su boca. De vez en cuando paraba para que tomara
aire, pero ella no quería que parase y al momento volvía a tragar.
-¿Te gusta la polla de tu hijo? ¿Quieres que te la clave en
tu chorreante chocho? ¡Chupa y siéntete como la puta que eres esta noche!
-¡Fóllame, clávamela entera en mi mojado coño! – Me decía
mientras se giraba para ofrecerme su hermoso y redondo culo - ¡Clávamela hasta
el fondo!
Así lo hice, agarré mi polla y la dirigí a la entrada de su
vagina, su raja mojada hacía que mi glande resbalara hasta que empezó a entrar.
Agarré sus caderas y empecé a empujar hasta que le entró por completo. Ella
volvió a gemir de nuevo.
-¡Ah, que buena polla tienes! ¡Me siento llena! ¡Fóllame!
Aceleré mis penetraciones y mi madre no paraba de gemir y
gozar. Se retorcía de placer. Yo acariciaba su culo mientras mi polla se perdía
en sus entrañas. Agarraba sus caderas y empujaba para que mi pene le entrara
todo lo posible.
-¡Más rápido! ¡Me voy a correr! – Me gritaba y gemía como una
poseída - ¡Más, más, por favor!
Apretó su culo contra mi polla y con ella totalmente dentro
empezaron a temblar sus piernas por el placer del orgasmo que estaba teniendo.
Después un fuerte grito y empezó a moverse de nuevo para que mi polla volviera a
entrar y salir mientras su boca volvía a lanzar gritos.
-¡Fóllame más! – Estaba poseída.
Le saqué la polla y la puse boca arriba en medio de la cama.
Ella gruñía y se quejaba para que volviera a penetrarla. Abrí sus piernas y se
las doble hacia el pecho. Tenía delante de mí un redondo culo y a mi alcance
estaba sus dos agujeros, su coño y su ano. Apoye sus piernas en mis hombros y
llevé mi polla hasta su coño, de nuevo la volvía a penetrar. Me movía con todas
mis fuerzas y ella volvía a gemir. Sentía como me clavaba las uñas en la
espalda, sin duda estaba gozando de nuevo.
-¡Ah, joder, qué bueno! ¡Sigue follándome! ¡No pares cabrón!
¡Folla a mamá!
La follaba todo lo rápido que mis fuerzas me permitían y
empecé a sentir que me iba a correr. Seguí follándola.
-¡Quiero correrme mami!
-¡Hazlo y lléname con tu leche!
Así lo hice, seguí empujando hasta sentir que me vaciaba
dentro de mi madre. La metía por completo dentro de ella y lanzaba un chorro de
semen, volvía a sacar y a empujar hasta el fondo y otro chorro la inundaba por
dentro. Caí rendido sobre ella cuando casi todo mi semen había salido. Mi polla
aún estaba dentro de mi madre y ligeros espasmos de mi polla indicaban que aún
me daba placer. Ella bajó las piernas y quedamos los dos descansando en la cama.
Así es como lo hice por primera vez con mi madre, que fue la
última. Resulta que mi madre, que quiere mucho a mi padre, no tiene suficiente
con el sexo que él le puede dar, así que en otro relato os contaré como mi padre
y yo tuvimos que hacer turnos para satisfacer a nuestra madre y como mi hermana
la ayudó con su novio, pero eso será otra historia.