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TODORELATOS » RELATOS » MI PRIMA LAURA (2)
[ "No todo el monte es orgasmo" Juancho Armas Marcelo (Periodista) ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 04-Jun-08 « Anterior | Siguiente » en Amor filial (6310 de 6524)

Mi prima Laura (2)

casimiro11
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Tener su cuerpo desnudo entre mis manos, sentirla gozar bajo mis caricias, me parecía el colmo de la felicidad. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Los tres días siguientes fueron similares. Laura, Inés y yo pasábamos las mañanas en el estanque o en la playa, y los hermosos pechos de mi prima me parecían cada día más bellos y apetecibles. La complicidad entre Laura y yo era cada vez mayor, lo que hacía que Inés se sintiera desplazada e ignorada. Hoy lo lamento, no se lo merecía, pero en esos momentos yo no era capaz de pensar en nada que no fuera el cuerpo de Laura.

Por las tardes, mientras los demás hacían la siesta, Laura me visitaba en mi habitación, se desnudaba completamente y sonreía mientras yo me masturbaba mirándola, cubierto siempre por mi albornoz. Era una situación extraña, ella totalmente desnuda ante mí y yo, que era el que disfrutaba de un par de orgasmos todos los días, púdicamente cubierto por el albornoz. A ella no parecía molestarle que yo me mantuviera tapado, incluso creo que le gustaba, y a mí me hacía sentir más cómodo: mi cuerpo era todavía el de un adolescente sin desarrollar, y me daba vergüenza que Laura me viese como un chiquillo. Además, frente al espectacular desnudo de mi prima, era realmente difícil no desmerecer.

Fueron días felices para mí, ya he dicho que ni me planteaba la posibilidad de ir más allá. Mi prima era como un juguete valioso que sólo se debe mirar, y yo disfrutaba de ello con placer y alegría. Pero para mí era algo más, notaba que, además de recrearme con su voluptuoso cuerpo, mi alma soñadora e introvertida me estaba llevando más lejos: me estaba enamorando de ella.

Me parecía especialmente bonita cuando, después de su impúdica exhibición (se abría de piernas tanto como yo quería mientras yo me tocaba) yo alcanzaba el orgasmo y veía en ella las mejillas extrañamente arreboladas. Supongo que era obvio que ella también se excitaba con la situación, pero entonces a mí ni siquiera se me había ocurrido pensarlo.

El tercer día, tras mi segundo orgasmo, nos quedamos charlando un rato como solíamos, yo con mi albornoz sentado en la cama y ella en su taburete, con las piernas generosamente abiertas y totalmente desnuda.

Laura: ¿qué es lo que más te gusta de mí?

Yo: ... eres preciosa, yo... (estuve a punto de decirle que la quería, pero de un modo vago intuía que aquella relación acabaría haciéndome daño. Preferí callar)

Laura: (maliciosamente) ¿no te cansas de verme desnuda?, a lo mejor te aburro...

Yo: ¿estás de broma?

Laura: he notado que te excita mucho verme desnuda en la playa, con más gente delante...

Yo: er... sí, bueno... me parece sexy que seas casi la única en topless...

La cosa quedó ahí, yo no le di más vueltas, la presencia embriagadora de mi prima hacía que ni siquiera pudiera pensar, era ella misma la que sabía mejor que yo qué podía excitarme hasta volverme loco. Yo no sabía por qué se empeñaba en cumplir todos mis deseos, incluso anticipándose a ellos, suponía que quizá estuviera aburrida y aquello le servía de diversión.

A la mañana siguiente, cuando se cumplían 15 días de mi estancia allí, Laura me reservaba otra de sus sorpresas. Ese día estábamos en el estanque los tres, como era habitual, y se habían añadido Sara y Luis, pues era un día muy caluroso. Mi prima estaba en topless, como siempre, algo que tanto a su madre como a su padrastro les parecía totalmente normal. Yo disfrutaba de la contemplación de los pechos de mi prima, sabiendo que, después de comer, podría verla totalmente desnuda.

A media mañana, Laura decidió refrescarse y se metió en el estanque. Estuvo allí 10 minutos, nadando como la más hermosa de las sirenas. Cuando iba a salir, mi prima enganchó (porque seguro que no era un accidente) su precioso bikini naranja en la escalerilla del estanque. Aparentando que no se había dado cuenta, tiró hacia arriba hasta que la braguita cedió. Cuando Laura estuvo de pie en el borde de la piscina, se encontraba completamente desnuda.

Yo me quedé boquiabierto. La veía en cueros y abierta de piernas todas las tardes, pero ahora la situación me pareció increíblemente sexy. Su madre, su hermana, su padrastro y yo, con nuestros bañadores puestos, la mirábamos estupefactos. Laura miró hacia abajo y puso cara de sorpresa ""oh, dios mío!". Pero, lejos de cubrirse, recogió con calma el bikini, que estaba destrozado, y empezó a examinarlo lamentándose por su pérdida.

Su madre la miraba un poco azorada, supongo que no le hacía mucha gracia que yo viese a su hija desnuda. Inés la miraba con odio y rabia, mientras su padrastro parecía un poco cohibido. Pero nadie decía nada, creo que les resultaba más violento hacer mención a la desnudez de Laura, y todo el mundo fingía que allí no pasaba nada. Yo estaba colorado como un tomate, tenía un libro en la mano, pero no podía evitar mirar a mi prima continuamente.

Laura, por su parte, estaba disfrutando el momento. Una vez que vio que su bikini estaba destrozado, caminó lentamente por el borde del estanque y se sentó en su toalla, situada junto a la mía. Parecía dispuesta a pasar el resto de la mañana en pelota picada junto a nosotros. Yo no podía más, me puse boca abajo para que mi erección no fuese visible. Finalmente, mi tía, que llevaba haciendo gestos disimuladamente a Laura desde que ésta quedó desnuda, no pudo aguantar más:

Sara: ejem, Laurita, ¿qué estás haciendo?

Laura: mira mi bikini mamá, está destrozado, con lo que me había costado...

Sara: bueno niña, creo que ahora deberías taparte un poco.

Laura: no seas antigua mamá, hoy mucha gente se baña en pelotas, es mucho más sano.

Inés: una guarra es lo que eres tú.

Sara: ¡Inés!, ¿qué estás diciendo? Y tú (a Laura) haz el favor de ponerte algo, aquí no somos tan modernos ¿qué va a pensar tu primo? (su primo no podía pensar, tenía bastante con cubrir su erección).

Laura: está bien, esta familia sigue siendo del siglo pasado...

Lentamente, Laura se levantó y fue caminando hacia la casa mientras todos la mirábamos. Su paso era elegante y sensual, tardó una eternidad en llegar a la casa y desparecer de nuestra vista. Todavía volvió a aparecer en la puerta, con su hermosa mata de pelo púbico a la vista "mamá, ¿dónde está mi bikini verde?" "¿dónde va a estar? –dijo irritada Sara- con la ropa de verano". Mi tía estaba muy colorada, me miraba de reojo y no decía nada, temí que ese fuera el último año que yo recibiera una invitación suya. Al cabo de diez minutos, Laura regresó. Se había puesto la braga de otro bikini, la parte de arriba era algo que ya ni siquiera sabía dónde estaba. Todo el mundo parecía un poco agitado, pero el resto de la mañana transcurrió sin novedad. Yo contaba los minutos que faltaban para nuestra sesión diaria de sexo contemplativo, ese día estaba especialmente excitado. No sabía que me esperaba otra agradable sorpresa.

Como todas las tardes, Laura se desnudó totalmente y se sentó frente a mí, mostrando su cuerpo con alegría y desenfado. La primera paja no me llevó más de dos minutos, como he dicho, yo estaba super excitado ese día. Después, mientras yo me recuperaba, charlamos un rato, según lo habitual:

Laura: ¿qué te ha parecido el regalito de esta mañana? Vaya cara has puesto.

Yo: ha sido increíble. Pero tu madre se ha enfadado.

Laura: no te preocupes por ella. Son unos aburridos, menos mal que tú y yo sabemos disfrutar de la vida. Pero oye...

Yo: ¿sí?

Laura: hay una cosa que no me parece justa.

Yo: ... ¿justa? (yo me echaba a temblar cada vez que ella ponía ese tono, temía profundamente que, en cualquier momento, mi diversión diaria llegara a su fin)

Laura: eres muy joven, y quizá piensas que las chicas no tenemos necesidades.

Yo: er... ¿necesitas algo? (no sabía a qué se refería, pero tenía la boca seca y las manos me temblaban)

Laura: bueno, tú tienes dos orgasmos todas las tardes mientras me miras y yo estoy aquí, a verlas venir. Y una tampoco es de piedra (mientras hablaba, había abierto totalmente las piernas y su mano derecha descansaba junto a su sexo)

Yo: sí... claro.

Laura: supongo que no te importa si yo también me acaricio, me da un poco de vergüenza, pero la verdad es que me apetece... y así aprendes algo más sobre chicas para cuando vuelvas al instituto, ¿no te parece? (dijo esto último con una sonrisa que me traspasó el alma).

Yo estaba paralizado. Laura había empezado a acariciar sus pechos con la mano izquierda, mientras la otra se movía en círculos concéntricos, cada vez más cercanos a su vagina. Poco a poco, sus dedos se iban acercando a los labios de su sexo, mientras yo la miraba hipnotizado.

Entonces, Laura me sonrió, dijo que en el taburete no estaba cómoda y se tumbó en la cama, junto a mí. Yo seguía con mi eterno albornoz, y mi pene empezaba a recuperar su vigor rápidamente. Desnuda junto a mí, Laura introducía ahora sus dedos en su cavidad más íntima, al tiempo que susurraba "ah sí, ¡qué rico es!, ¿te gusta verme mi amor?". La tenía tan cerca y estaba tan hermosa, tan abierta ante mí, que por primera vez sentí el deseo de tocarla. Torpemente, con timidez, puse una mano sobre su rodilla. Laura dio un respingo y por un momento paró toda actividad "¿qué haces?, somos familia, te dije que podías mirar cuanto quisieras, pero nada de tocar".

Asustado, me retiré precipitadamente, temía enojarla y que dejara de tocarse ante mí. Deseaba con fuerza ver su orgasmo. Ahora fui yo el que se sentó en el taburete, con el albornoz puesto y acariciando mi pene "continúa, por favor".

Laura volvió a concentrarse en su propio placer. Sus dedos entraban y salían despacio de su vagina, a veces aceleraba el ritmo, otras concentraba sus movimientos en la zona del clítoris. Sin apenas tocar mi propio sexo, mi pene había alcanzado proporciones exageradas, el juego de mi prima me parecía el espectáculo más hermoso que se pudiera ver.

No sé cuánto duró ese momento, pero fue la experiencia más alucinante de mi corta vida. Me pareció eterno y, al mismo tiempo, se me fue en un suspiro. Las convulsiones de Laura anunciaban que su orgasmo estaba próximo, sus dedos hurgaban ahora más hondo y con mayor violencia en su deliciosa vagina, sus piernas temblaban, con los dientes mordía el índice de la mano contraria en una mueca de placer infinito.

Cuando Laura empezó a gritar en el momento cumbre, yo tuve mi propio orgasmo sin apenas tocarme. Me sentí como si la estuviera penetrando, aunque ni siquiera la había tocado. Fue maravilloso para mí, pero creo que no lo fue menos para ella: cuando yo ya había terminado, Laura seguía gimiendo y retorciéndose, ajena a todo lo que la rodeaba.

Finalmente, me miró sonriendo "¿te ha gustado?" "ha sido fantástico" "mañana podemos repetirlo, si quieres".

¿Cómo no iba a querer? Estaba fuera de mí, Laura me volvía loco, su cuerpo era un oasis que podría estar contemplando el resto de mi vida. Pero había un punto doloroso en todo aquello: ahora no había duda, la amaba, y sabía que eso acabaría haciéndome sufrir.

Los días siguientes no trajeron nada nuevo, seguíamos bajando a la playa de vez en cuando con Inés, otros días nos quedábamos en el estanque. Por las tardes, Laura y yo nos masturbábamos los dos juntos, ella desnuda y yo con el albornoz. Fueron días muy felices para mí, mi prima era principio y final de mis pensamientos. Por primera vez en mi vida, llevaba días sin leer una sola página, el torbellino de mi cerebro no me dejaba concentrarme en nada.

Llevaba ya 3 semanas allí y empezaba a ver con temor que el momento de regresar a casa se aproximaba. Me parecía que Sara me miraba de un modo distinto desde el día que Laura se había mostrado desnuda en el estanque, sospechaba que no iba a pedirme que me quedara más tiempo. No podía hacer nada al respecto y, aunque la idea de separarme de Laura me resultaba insoportable, decidí no agobiarme y disfrutar a tope la última semana con ella.

Una mañana, Inés amaneció con dolor de cabeza. Le pasaba con frecuencia, pero ese día el dolor era más agudo, así que se quedó en su habitación, mientras Laura y yo decidimos bajar solos a la playa. Sara nos miró de un modo extraño mientras nos alejábamos, pero no dijo nada.

Fue maravilloso estar los dos solos en la arena. Me sentía como si Laura fuese mi novia, y ella estaba muy alegre, creo que la presencia de su hermana la cohibía y hacía sentir molesta. El mundo me parecía perfecto aquella mañana, pero la mente de mi prima parecía estar siempre maquinando, siempre pensando cuál debía ser el próximo paso. Con la sonrisa que tanto amaba y temía dibujada en sus labios, me miró fijamente "¿te apetece hacer algo salvaje?". No me dio tiempo a responder.

Sin que yo apenas me diera cuenta, Laura se había quitado la braguita del bikini y estaba totalmente desnuda, en una playa no nudista, sentada en su toalla, junto a mí. Colorado como un tomate, miré alrededor, había sólo 15 ó 20 personas en la playa, de momento nadie parecía haberse dado cuenta de nada "¿estás loca... pueden verte?" "ahí está la gracia, pueden verme, ¿y qué?, nadie nos conoce".

Riendo como una loca, Laura se levantó y fue corriendo hasta el agua, completamente desnuda. Al contacto con las frías olas, mi prima chillaba y daba saltitos, feliz. Ahora todo el mundo que había cerca la estaba mirando, y yo estaba avergonzado... pero orgulloso, ella estaba conmigo, y aunque era evidente la diferencia de edad y nadie la tomaría por mi novia, era mi momento. Hubiera dado cualquier cosa porque los chicos del instituto me vieran con Laura "el que nunca se comía un colín".

Mi prima me hacía señas desde el agua, llamándome. Fui corriendo hacia ella y nos bañamos juntos, yo con mi bañador, ella maravillosa y dulcemente desnuda. Nunca he vuelto a disfrutar tanto del mar y la playa, los 15 minutos que estuvimos juntos mientras las olas nos mecían fueron sin duda los mejores de mi vida.

Cuando volvimos a la arena, nos cruzamos con dos chicos de aproximadamente la edad de mi prima. Me sentí muy celoso al ver sus miradas descaradas, sobre todo porque Laura parecía feliz con que la mirasen. Por primera vez, me molestó que mi prima estuviera desnuda, y hubiera querido que se pusiera el bikini inmediatamente. Cuando nos sentamos en las toallas, ella me miró muy seria "a ver mi niño, vaya cara tienes, ¿no te estarás enamorando? Sabes que esto es sólo un juego" "claro que no" mentí. Para ella era un juego, pero a mí empezaba a irme la vida en él. Estuve tentado de decirle que la amaba, pero temía que ella interrumpiría nuestra relación si le confesaba que para mí se trataba de mucho más que simples momentos de placer.

Me sentí aliviado cuando Laura volvió a vestirse a la hora de volver a casa.

Esa tarde, mi prima entró con una mirada diferente en mi habitación. Como era habitual, se desnudó completamente nada más llegar, pero esta vez, no empezó a tocarse al tiempo que yo lo hacía.

Laura: ¿no te cansas de tanta paja?

Yo: (asustado, estaba convencido de que era el fin) si quieres... lo dejamos hoy...

Laura: oh no, yo estoy cansada, pero no me importa que tú te acaricies si quieres, aunque no entiendo cómo no te aburres.

Yo: (mintiendo, no quería que ella notase la dependencia que tenía) Bueno... sí, es un poco repetitivo.

Entonces sucedió algo asombroso. Lejos de vestirse y cancelar el asunto como yo temía, mi prima deslizó su mano por dentro de mi albornoz y, con suavidad pero con firmeza, me asió la verga. Fue una sacudida eléctrica. Me sentí sin aliento, estaba sorprendido y asustado a partes iguales "dijiste que nada de tocar" dije estúpidamente "es sólo una paja, esto no cuenta, ¿o es que no te gusta?" No pude ni contestar, pero la respuesta era evidente. Su mano era cálida y suave como jamás pudiera haber imaginado, mi pene era una barra de hierro que se erguía reclamando satisfacción. "Fuera este estúpido albornoz" dijo mi prima, y por primera vez después de tantos orgasmos y juegos, quedé desnudo ante ella.

Me avergoncé de mi cuerpo enclenque y sin desarrollar. Ella ya me había visto en la playa y en el estanque, pero ahora me sentí ridículo, su belleza hacía que mi enjuto pecho pareciese más insignificante aún. Sólo una parte de mi cuerpo parecía propia de un hombre "vaya aparato gastas primito, ahora me explico tanta paja diaria". La sonrisa de aprobación de mi prima al ver mi verga enhiesta me hizo feliz, perdí toda vergüenza y me entregué al placer guiado por sus sabias manos.

Mientras su mano izquierda acariciaba dulcemente mis testículos, la derecha se deslizaba con suavidad por mi pene, transportándome a un mundo de placeres nunca sospechados. En aquel momento no podía pensar en ello, pero mi prima era una verdadera experta, sabía cómo complacer a un hombre, el ritmo de sus movimientos se acomodó automáticamente a mis deseos y, gradualmente, me llevó a cotas más elevadas de placer hasta que se produjo la explosión final. Mi pene escupió su carga como una fuente, en todas direcciones, y tuve que reprimir el deseo de besar a mi prima mientras tenía el orgasmo más placentero de mi vida.

Me derrumbé en la cama, exhausto pero feliz. Tenía la mente en blanco, sólo el placer parecía existir en el mundo. Cuando recobré la conciencia, vi que Laura me miraba fijamente "y ahora, mi niño, ¿vas a ser bueno y devolverle el favor a tu prima? Pero recuerda, somos familia y esto es sólo un juego".

Torpemente, dirigí mi mano hacia su sexo. "No tan deprisa chiquillo (odiaba que me llamase así). A las mujeres nos gusta ir más despacio. Yo te enseñaré, así aprenderás cosas que luego te servirán con tus novias". Quería protestar, decirle que yo no quería más novia que ella, pero Laura había cogido mi mano y se la había llevado a su seno izquierdo. Ya no podía pensar, estaba abrumado por la situación, feliz pero desbordado. Su pecho me pareció lo más encantador del mundo. Era firme, pero moldeable, duro, pero a la vez suave, sus pezones se erguían al contacto de mis dedos de un modo encantador, mientras Laura seguía dándome instrucciones "así, muy bien, masajéame los pechos despacio, con ternura".

Estuve jugando con los senos de mi prima durante un tiempo que no sé precisar, todavía estaría allí, amándola en silencio, si ella no me hubiese ido indicando qué debía hacer "muy bien, mi niño. Ahora, debes acariciar mis muslos con calma, desde la rodilla hacia arriba..." Yo iba siguiendo sus instrucciones, las más maravillosas que había obedecido nunca. "Hummm... tus manos son suaves, me gusta, pero ten en cuenta que es sólo un juego... no podemos ir más allá" "lo sé, somos primos" contesté. Lo cierto es que tener su cuerpo desnudo entre mis manos, sentirla gozar bajo mis caricias, me parecía el colmo de la felicidad, ni deseaba ni necesitaba nada más, sólo seguir allí junto a Laura, eternamente.

Mi prima empezaba a contonearse inquieta. Abrió las piernas, con un suspiro "muy bien, lo estás haciendo muy bien... ahora, despacio y muy suavemente, debes empezar a jugar con mi vagina, mira... por aquí me gusta mucho" Obediente, mi mano se movía por sus ingles, acercándose cada vez más a los labios de su sexo. Notaba que Laura empezaba a hablar de un modo entrecortado, su respiración se hacía más agitada, sus mejillas cogían un adorable color rosado. "Oh... bien, ahora, con mucho cuidado, empieza a tocarme aquí, en el botoncito... oooh, eso es, despacio, es muy delicado... lo haces muy bien..." Sus labios se contraían en una mueca de placer mientras, por primera vez en su vida, mis dedos tocaban un clítoris. Notaba que, a cada movimiento mío, mi prima respondía con una sacudida, me sentía feliz, quería devolverle parte de lo que ella había hecho por mí. Hubiera hecho cualquier cosa por ella.

La masturbación de Laura seguía adelante, lenta pero ininterrumpidamente "uff, eres muy hábil... ¿seguro que es la primera vez que haces esto?" Yo quería decirle que no, ¿qué se creía?, pero al mismo tiempo deseaba decirle que ella era la primera, la última, la única... "Bueno... ahora, es hora de jugar con la vagina, por favor cariño, mete un dedito aquí y sé bueno conmigo".

Fue increíble. Su sexo estaba inconcebiblemente húmedo y caliente. Mi índice se deslizó con total facilidad a un mundo acogedor y maravilloso. Laura se retorcía ahora bajo mis caricias, mientras mi dedo entraba y salía de su cuerpo "ooooh... muy bien... pero muévelo en círculos... así... así me gusta más...".

Yo hacía todo lo que me pedía, pero empezaba a adivinar sus necesidades viendo el ritmo de sus jadeos. Por propia iniciativa, introduje un segundo dedo en la vagina de Laura. Ella se movía ahora como poseída por una infernal fuerza interior, sus convulsiones me dejaron atónito, mis dedos estaban empapados dentro de su sexo. Yo giraba tanto como podía mis dedos en su interior, la muñeca me dolía, pero hubiera preferido perderla que detener el placer de mi amada.

Finalmente, con un lardo gemido, Laura quedó tumbada junto a mí, con una radiante sonrisa en su cara. Sabía que la había complacido, no me sentí como un chiquillo, sino como un hombre. Tomé entonces conciencia de mi propia excitación: mi pene era un signo de afirmación a punto de reventar. Laura estaba junto a mí, con su sexo abierto con el que yo acababa de jugar a mi antojo...

No sé si parecerá ridículo, pero ni se me pasó por la cabeza la idea de penetrar a mi prima. Mientras ella yacía adormilada a mi lado, me masturbé en silencio, enamorado y feliz. Mi semen se derramó sobre su vientre, algunas gotas llegaron a sus pechos. Laura abrió los ojos "uf, perdona, haberlo dicho, estaba tan relajada... ya te hubiera aliviado yo".

Esa noche, a solas en la cama, no sabía si sentirme feliz o desesperado. Estaba enamorado de la chica más bonita del mundo. Disfrutaba con ella de largas horas de sexo todas las tardes, gozaba como nunca hubiera imaginado que fuera posible... Pero ella tenía 5 años más que yo, era obvio que me consideraba un chiquillo. Mientras para mí nuestra relación era la más importante del mundo, para ella era un pasatiempo inocente: los dos nos aburríamos, y jugar con nuestros respectivos cuerpos para darnos placer mutuo era para Laura algo inocente, un pasatiempo como cualquier otro. Yo sabía que, en el momento en que ella encontrara a alguien de su edad, yo quedaría olvidado, como un juguete que entretiene hasta que se tiene otro mejor. Eso me hacía sufrir, yo quería que mi prima se estremeciera conmigo como con un hombre, no en juegos de chiquillos.

Me juré a mí mismo hacer todo lo posible para poseer a mi prima. Sabía que mi aventura con ella tenía fecha de caducidad, pero de un modo doloroso tomé conciencia de un hecho indiscutible: cuando, tiempo después, recordase nuestra relación, el dolor por su ausencia quedaría mitigado por saber que, al menos una vez, Laura había sido mía.

TodoRelatos.com © casimiro11

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