Aquella Señora de mediana estatura sentada en el último vagón
del metro, era sin duda Leonor, "La Leo" para todos los alumnos de la clase de
C.O.U. de matemáticas del Instituto Avicena de Granada año 1986.
En aquella época, "La Leo" era una jovencita de 26 años con
su oposición recién sacada y con muchas ganas de enseñar matemáticas a sus
alumnos. De enseñar y de suspender. En el examen final de junio previo a la
incorporación a la Universidad, 28 alumnos de un total de 30 fueron suspendidos
y en consecuencia tuvieron que mendigar una plaza universitaria en el mes de
septiembre cuando prácticamente sólo quedan los desechos de tienta. Aquella
promoción del 85 fue una de las más numerosas en Filología Antigua y puso en el
mercado laboral un considerable número de expertos en Arameo y Lenguas Muertas.
Ni que decir tiene que durante años, en las reuniones de
antiguos alumnos, todas las puyas e insultos así como las llamaditas obscenas a
altas horas de la madrugada recaían en Leonor.
Y es que "La Leo fue mucha Leo", jovencita, rubia, con unas
minifaldas agresivas, bastante tacón y unas insinuantes curvas remarcadas por
unos ajustados sueters, fue sin duda el sueño erótico de toda una generación de
estudiantes masculinos preuniversitarios así como la envidia de todas las
estudiantes femeninas de aquel instituto.
¿Pero que hacía en el metro de Madrid a las once y media de
la noche en aquel barrio del centro?.
Él estaba claro lo que hacía, volvía en el metro a su
domicilio después de una jornada más de trabajo en el C.N.I., Centro Nacional de
Inteligencia, porque gracias a "La Leo" y aquel maldito suspenso en matemáticas
no pudo entrar en Ingeniería de Telecomunicaciones y tuvo que hacer Filología
Árabe.
A la postre aquel hecho marcó su vida puesto que acabó siendo
reclutado como traductor y analista del Gobierno para asuntos árabes. Acabó por
tanto de espía, un trabajo que le llenaba, que le proporcionaba de vez en cuando
emociones cuando hacían algún operativo siguiendo a algún terrorista islámico
pero también le postraba en una sala de audio interceptando y traduciendo las
llamadas de teléfono que desde el palacio Real de Rabat salían y entraban para
acabar siendo retransmitidas a Madrid por no se sabe que extraños procedimientos
tecnológicos que gracias una vez más a "La Leo" no pudo estudiar y comprender.
Como espía, ciertas actividades "extrajudiciales" no le eran
desconocidas y así cuando aquella mujer se bajó en la parada de Callao decidió
instintivamente seguirla puesta que a esas horas en el centro tampoco es que sea
uno de los barrios más seguros de la capital para dar paseos nocturnos.
Quien tuvo retuvo - pensó "Guaporro69"- su nombre en clave, y
es que puestos a ser espías mejor con humor que soso y aburrido. La verdad es
que algunos de sus informes sobre el norte de África acabaron sobre la mesa de
Presidencia de Gobierno o Zarzuela y hasta sus oídos llegó el comentario "¿no
tenemos otro agente un poco más serio en el Norte de África?" - y es que algunos
dirigentes no tenían claramente sentido del humor.
Quien tuvo retuvo - volvió a pensar Guaporro69. La jovencita
agresiva de 26 años, ahora era una atractiva mujer madura de 43 años
tremendamente insinuante aunque de aspecto exterior mucho menos agresivo que
entonces.
Él, contaba ya 35 años a sus espaldas aunque gracias al
deporte físico y a la continua actividad de su vida aparentaba mucho menos.
Pelo corto, pero no mucho, bien arreglado de peluquería,
falda negras por las rodillas, tacones moderados, y unas aún insinuantes formas
ocultas por una chaqueta de verde botella transmitían no obstante para un buen
observador cierta melancolía y tristeza y regusto a insatisfacción.
La siguió discretamente. Al cabo de un rato se percató que
estaba dando cierto rodeo como quien quiere despistar a alguien. Ella miró
varias veces hacia atrás para comprobar aliviada que no era seguida por nadie.
Él estaba haciendo bien su trabajo y no fue descubierto.
Cuando ella enfiló la Calle Maitines, él supo dónde ella iba.
En el centro de la calle, la luz roja intermitente de un sex-shop invitaba a
gritos a sus clientes. Ella miró desde la puerta del establecimiento alguna vez
más hacia a tras y aliviada entró dentro.
¡Tomate! . ¡Pero si "La Leo" entra en los sex-shops , esto no
me lo pierdo yo!.
Decidió correr el riesgo de los que son cotillas
profesionales como él. Tenía experiencia en ello como por ejemplo aquella
ocasión en que un político que manejaba información muy confidencial fue seguido
por él para comprobar que tenía que hacer en tantos viajes a Marruecos.
Fumaderos privados de hachís y jovencitos adolescentes eran invitados por él a
la suite de su hotel en Tánger a los que luego pasaba a la Península
clandestinamente en el maletero de su coche aprovechando para ello su
documentación oficial.
Antes que la oposición se enterase, "fue obligado a dimitir"
para evitar escándalos mayores.
Entró en el local, pero ella ya no estaba allí. Sin duda que
había pasado a una de las cabinas. El dependiente se le acercó y le dijo que las
cabinas de video estaban todas vacías y que podía elegir o que si prefería podía
esperar en uno de los miradores puesto que el pase con actuación iba a empezar.
- Sí, pasaré a una cabina para ver el espectáculo – dijo
Guaporro69, veamos que te gusta ver a ti pensó de "La Leo".
El pase con actuación comenzó diez minutos después. Primero
salió un jovencito que seguramente rozaba a duras penas la mayoría de edad, pero
cuyos atributos masculinos insinuados a través de su paquete de cuero le habían
dado claramente aquel trabajo. ¡Claro seguro que no está aquí por sus diálogos!.
Al momento apareció su pareja. Una mujer, algo mayor que él
pero con un cuerpo espectacular. Tacones peligrosamente altos, medias negras con
costura, ligueros, tanga roja que mostraba en su totalidad un firme culito
respingón que para sí quisieras muchas adolescentes.
Llevaba un corpiño totalmente transparente que mostraba unos
firmes y duros pechos con sus correspondientes erectos pezones.
La cabeza la cubría con un antifaz y los labios los tenía
pintados de un rojo intensísimo.
El espectáculo fue breve, quince minutos. Que fue los que
necesitó el discípulo en atar a su compañera, azotarla con una fusta, penetrar
aquel culito agresivo con un vibrador y con lo que efectivamente era un gran
miembro, envidia de la mayoría de los que estaban allí.
Fue en uno de los momentos en que tras la actriz simular un
orgasmo, se dio cuenta de quien era ella.
¡Hostias "La Leo" es una actriz porno! – pensó él. La pequeña
manchita rojiza, sin duda de nacimiento, que tenía en su brazo derecho y que él
recordaba perfectamente la delató.
De alguna manera se sintió excitadísimo, allí en aquella
cabina de tonos rojizos, sentado en un banco donde cientos de hombres y
seguramente también mujeres habían estado contemplando espectáculos eróticos
como aquel... el actor follando y azotando a una mujer sensual, más madura que
él... era mucho para él a esa hora de la noche.
A través del altavoz conectado en la cabina, se oían los
gemidos de ella, desgarradores, profundos y comprendió que no eran falsos. A "La
Leo" con toda aquella parafernalia y aspecto exterior de mujer segura de sí
misma, al menos en su juventud, lo que la iba, lo que la ponía era el sexo con
pinceladas de sado, porque aunque aquello fuera un espectáculo, ella estaba
disfrutando y sus multi-orgasmos no fueron fingidos.
No supo reaccionar, y antes de darse cuenta, el espectáculo
había concluido y "La Leo" desaparecido en la noche de Madrid.
Durante varios días estuvo intentando coincidir con ella en
los mismos horarios que la primera vez sin conseguirlo. Una semana después tuvo
suerte y tras un seguimiento concienzudo descubrió que "La Leo" a la misma hora
y siempre en Jueves, montaba su numerito particular en el sex-shop.
El cuarto Jueves decidió seguirla hasta su domicilio en un
barrio de clase media en las afueras de la ciudad, anotó todos los datos de la
calle, portal, piso y... buzón.
Vivía sola, no sabía porqué pero se lo imaginaba.
Conocido su escondite, no le fue tarea complicada seguirla
durante un par de días para terminar de hacerse su composición total de lugar.
"La Leo", seguía trabajando como profesora en Madrid, en un
colegio religioso donde a diferencia de Granada estaba muy bien considerada
ocupando incluso el cargo de Jefa de Estudios.
Tenía entre los alumnos fama de estrecha puesto que no se la
conocían novios o acompañante alguno.
Carácter agrio.
Vivía sola y sin embargo había descubierto como por las
noches de vez en cuando recibía visitas de jovencitos que reclutaba en las
páginas de contactos de un diario madrileño bajo el epígrafe de: "Sumisa busca
amo joven".
No cabía duda que "La Leo" tenía una sexualidad un tanto
especial a la de los demás.
Un Viernes, obsesionado por el seguimiento de la vida de "La
Leo" que llevaba hecho, se situó en el portal de su casa y esperó la llegada del
jovencito de turno que durante esa noche calmara sus ansias de sexo. Esta vez el
elegido telefónicamente era bastante normalucho, bajito y bastante tímido.
Éste no sabe dónde se mete – pensó.
Cuando se disponía a llamar al portero automático, salió de
entre las sombras y amenazadoramente le dijo:
¿Dónde vas colega?. ¿Saben tus padres lo que vas a
hacer ahora?.
Su cara se adquirió un rojo intenso y una expresión aterrada.
Anda lárgate antes que te pida la documentación y te
lleve a comisaría.
La amenaza surtió efecto y el imberbe chaval salió por patas
aterrado.
Decidió ocupar él su puesto. Subió hasta el segundo piso y
llamó al timbre.
La puerta se entreabrió y tras cruzar el umbral una figura
que rápidamente reconoció comenzó a andar por el pasillo guiándole a través de
la casa y sin mediar palabra.
El corto paseo terminó en una habitación que tenía una gran
cama de madera con dosel.
Tu no eres tan jovencito como me dijiste por
teléfono. No me gusta los engaños - habló "La Leo" con fingido tono
dominante.
Guaporro69 no dijo nada. Pausadamente comenzó a desnudarse.
¡Largo de aquí o llamaré a la Policía!.
¿Seguro?. ¿Vas a llamar a la Policía con eso puesto?
– dijo Guaporro69 señalando la bata larga negra y trasparente que mal
cubría su cuerpo.
"La Leo" llevaba puesto una bata transparente negra que
mostraba sin recato alguno un muy buen cuerpo cubierto exclusivamente por un
corpiño negro, las tetas fuera de las copas del mismo, liguero y tanga también
negros. Unas medias con costura, ligueros y unos altísimos zapatos de tacón
completaban su indumentaria.
¡Qué te vayas quien quiera que seas!.
No – dijo con mucha calma. No sólo no me voy a ir
sino que esta noche me voy a cobrar una deuda del pasado.
¿Deuda del pasado? –retrocedía "La Leo".
Sí. ¿No te acuerdas de aquella clase de matemáticas
de Granada en el 1986 que con tu suspenso de Junio arruinaste la vida de
muchos?.
¡Ahhh!. ¿Me conoces? – dijo aterrada pensando
nuevamente que tendría que cambiar de ciudad como ya le pasó en Granada
cuando ciertos rumores comenzaban a recorrer la ciudad.
Pues sí, fui alumno tuyo y no sólo eso sino que a
partir de hoy voy a ser tu amo. ¡Quítate la ropa!.
No quiero.
Quítate la ropa o la Junta Directiva del colegio al
que vas recibirá un pormenorizado dossier con tus andanzas. ¿A que te lo
pasas bien el sex-shop?.
¡No... Policía! - gritó.
La verdad es que aquello no entraba en el guión pero cuando
tras un leve forcejeo ella se tropezó y cayó a sus pies, dijo con humildad:
Haré lo que tu quieras pero por favor no me delates.
Eso está mejor... y repito quítate la ropa y es la
última vez que te lo digo.
Obedientemente, incluso más que si hubiera sido con uno de
sus amantes de periódico obedeció mostrando con toda rotundidad las formas de
una mujer en toda su plenitud. Sencillamente fantástica.
Acércate.
Ella se acercó. Sólo le restaba a Guaporro69 quitarse los
calzoncillos y le ordenó:
¡ Quítame los calzoncillos! – y obedientemente, como
quién está acostumbrada a recibir órdenes obedeció.
Nada más dejar libre el miembro de Guaporro69, éste se plantó
completamente erecto ante ella. Lo que inicialmente podía una escena denigrante
y humillante, a todas luces se estaba convirtiendo en una escena tremendamente
excitante a tenor del rostro que ella mostraba ahora. En la cama le gustaba ser
mandada y a fe, que allí la estaban mandando.
Con cierta rudeza, nada más ella sacó los calzoncillos de la
pierna, Guaporro69 puso las manos en su nuca y la atrajo hasta sí, hasta que la
única salida que tenía para no sufrir el golpe de una verga erecta fue abrir la
boca.
De un nuevo impulso la totalidad de su pene quedó inmerso en
aquella cálida boca. Sus ojos le miraban de soslayo indicando claramente que
aquello más que humillación lo que la provocaba era placer.
Nunca había presumido mucho de sus dotes amatorias, no
obstante las tenía, sin embargo aquello era muy fuerte y rápidamente se corrió
en su boca, derramando un tibio manjar que ella degustó con evidente placer.
Volvamos a empezar. Éste ha sido muy rápido.
Lo que tú quieras mi amo –dijo mientras aprovechaba
una gota que resbalaba por la comisura de sus labios.
A cuatro patas en la cama – ordenó y ella obedeció.
Con feroz impulso y de un solo golpe, introdujo el pene en su
ano arrancándola un grito de dolor. Ella se volvió diciendo:
Duele... pero me ha gustado.
No necesitaba más. Aquel ano, seguramente muy entrenado,
acogió aquélla verga poderosa transmitiendo placenteras sensaciones a su dueño e
increíbles impulsos a su receptora.
Puesto que había tenido una eyaculación unos minutos antes,
esta vez fue más duradera la penetración. Ella parecía controlar la situación,
sin embrago claramente estaba empezando a estar fuera de sí del placer que
sentía.
Sin previo aviso ella se corrió.
Sin embargo a él le faltaba un poco aún y puesto que no
estaba dispuesto a quedarse a medias, sacó su verga del ano y sin contemplación
alguno se la introdujo igual de rudo en su vagina.
Cinco minutos más fue lo que pudo aguantar sin eyacular una
segunda vez. Exhaustos se tumbaron en la cama.
Eres fantástico – dijo ella tras un prolongado
silencio.
No te equivoques, soy tu amo – y con un leve azote en
la nalga dejó marcado su territorio.
Cogió una de sus medias y con ellas anudó sus manos. Con la
otra ató una de sus piernas al dosel de la cama. La otra pierna se la puso en el
hombro y de esta guisa comenzó a penetrarla nuevamente.
Se daba cuenta que estaba consiguiendo una gran penetración.
Muy profunda sin duda. Con cada golpe, ella pensaba que algún miembro le iba a
salir por la boca tal era la sensación en aquella postura.
Acostumbrada a casi todo, no podía menos de admirar un hombre
con un buen dominio de la técnica amatoria como aquel.
En mitad del orgasmo él le dijo:
¿Te está gustando...?
Síííííí....... – respondió entre jadeos mientras se
quebraba su voz.
¿Te está gustando...?
Síííííí....... – respondió entre jadeos mientras se
quebraba su voz.
¿Te está gustando...?
Síííííí....... – respondió entre jadeos mientras se
quebraba su voz.
¡Plaffff!. Azote que te crió.
¿Te ha gustado...?
Síííííí....... – respondió entre jadeos mientras se
quebraba su voz.
¿Te ha gustado...?
Síííííí....... – respondió entre jadeos mientras se
quebraba su voz.
¿Te ha gustado...?
Síííííí....... – respondió entre jadeos mientras se
quebraba su voz.
¡Plaffff!. Azote que te crió.
¡Ayyyyyy, gritó ella!.
¡Pues que te quede claro, que si ahora soy un
miserable espía con convenio colectivo bajo, como el de los funcionarios
es por tu culpa, que yo sí hice bien el examen de matemáticas del 1986 y
me lo suspendiste para hacerte la chulita!.
Lo tendrías mal – respondió ella entre impulsos de su
verga y jadeos.
¡Plaffff!. Azote que te crió.
¿Cómo lo iba a tener mal si copié?. Llevaba una
chuleta y ni siquiera me pillaste ni hiciste revisión de examen.
Ella explotaba de placer y morbo con aquel espía
cabalgándola.
A partir de hoy, ya sabes quien es tu dueño...
Dejarás el sex-shop...
¡ Me vendré a vivir contigo porque este piso me gusta
y a mí me estafaron con la cooperativs de viviendas de la PSV y como no
pude conseguir otro trabajo de Filólogo en lenguas Muertas y Árabe, vivo
de alquiler en un piso con humedad de mala muerte...
Y si te resistes le diré a los curas del colegio que
la Jefe de Estudios le va el sado y trabaja como "La Perversa
Succionadora" en un sex-shop de mala muerte...
Y ahora repite... ¿Quién eres tú?
Tu esesesclvaaaaaayyyyy – dijo entre nuevos golpes de
verga.
¿Quién soy yo?
Mi aaaaaaaaaaammmmmmoooooooaaaaay – dijo con la
última embestida de aquel taladro percutor.
Y asestándole el último puyazo final dijo:
¡Pues ale bonita prepárame algo de comer que tengo
hambre y todavía me queda una caja entera de Viagra y un fin de semana
por delante para cobrarme todos los atrasos que el puto Plan de
Estabilidad del Gobierno me tiene retenidos. ¡Te vas a acordar tu del
suspenso de matemáticas del 1986 como yo me llamo Guaporro69 y soy
agente secreto!.
E indicándole el camino de la cocina "La Leo" salió rauda a
obedecer a su amo porque al fin había encontrado a alguien que la metiera en
cintura y la hiciera gozar hasta la extenuación.