** Dejo a mi acompañante, en su destino, tras sus últimas
palabras creo que nunca más nos volveremos a ver, mas todo lo sucedido entre
nosotros es pasado y ahora solo me queda mirar al futuro. Tengo que volver a
casa pronto, por lo que preparo mi auto y limpio cualquier evidencia de su
presencia, tengo que apresurarme para ir a besar a mis hijos y mi esposa que se
preguntarán donde estoy.
Nos disculpan un momento - dijo Paulina al tiempo que
tomándome de la mano me condujo hacia un lugar apartado y acercando su rostro al
suyo inició dándome un beso sencillo y rápido, pero que yo sentí completamente
sincero - Yo sé por qué quieres quedarte, pretendes follarte a Luisa el momento
que ya no estemos. Yo se que las cosas han sido muy duras para ti estos días,
pero no por eso debes buscar revancha a la primera oportunidad que se te
presente, como va a ser nuestra vida de aquí en adelante si esto sigue así.
En primer lugar, ¿quién te ha dicho que apenas salgan Luisa y
yo vayamos a estar follando como locos? - le dije a mi esposa, tratando de ganar
tiempo y permitir que las cosas se aclaren de una vez por todas, ya mis dudas me
estaban carcomiendo tanto que no sabía si de veras iba a soportar más tiempo -
Además para que quieres que yo vaya con ustedes, ¿para oír tus gemidos desde mi
cuarto el momento que Xavier te monta en su cama? Y bueno, después de todo a ti
no creo te importe mucho, estas bien atendida por Xavier, no creo necesitas de
mi compañía.
No estoy entretenida con Xavier - dijo mi esposa un poco
confundida - Pero habíamos llegado a un acuerdo y tú lo aceptaste desde un
inicio.
Y en ese acuerdo no decía nada que no pueda estar con otra
mujer - dije ya un poco más seguro de ir por el camino de aclarar estas malditas
dudas, había logrado hacer reaccionar a mi esposa y eso era algo que me estaba
produciendo algo de tranquilidad - Así que ¿Que me estas recriminando?
La mirada rabiosa de mi esposa podía filtrar sus hermosos
ojos, sabía que no había muchas objeciones que hacer en este caso, pero yo no
dejaría que esta ocasión pasara sin más, no era mi intención acostarme con
Luisa, sino mas bien, lograr que mi esposa termine de una vez y para siempre con
esta situación que ya se volvía insostenible de mi parte.
Mira, dejemos algo en claro - dije el momento que sentí que
los argumentos que Paulina estaba pensando se diluían y no conseguía definir
correctamente que era lo que realmente quería - Yo ya no sé si podré soportar
verte con ese tipo por más tiempo, me estoy volviendo loco minuto a minuto tan
solo con las imágenes que están en mi mente, incluso te puedo decir sinceramente
que llegará un momento en que me dejará de importar completamente lo que tú
hagas o dejes de hacer con él, así que piénsalo un momento y decide que quieres
hacer realmente.
Pero ese no fue nuestro trato - dijo instantáneamente mi
esposa, sujetando mis manos entre las suyas - Tu dijiste que estaría todo bien y
que no importaba este castigo, me dijiste que saldríamos adelante, dijiste que
me amabas.
Y eso es correcto - dije al instante, mirándola fijamente y
sin dejar de sujetar sus manos - Pero de igual de franco como fui ese día, hoy
te digo que no soporto más. Pero si tú dices que me quieres tanto, te pido que
hagas algo, para poder terminar esto. Te juro que no podré soportar esto más
tiempo.
El rostro de mi esposa se tornó más serio aún, ella
aparentemente se dio cuenta de lo grave que resultaba la situación y a mi
parecer asumía esto con serenidad pero con la seriedad que yo quería.
Yo sé cómo te sientes - dijo con aire de comprensión, que fue
contestado con una mirada algo dura de mi parte- En serio, después de verte con
Luisa, comprendo lo que sientes respecto a Xavier y yo y he comenzado a entender
por todo lo que te he hecho pasar. Pero al igual como contigo cerramos un trato,
lo hice de igual forma con Xavier y no puedo echarme para atrás tampoco. Pero
dame unos minutos para conversarlo con él y te aseguro que entenderá.
Está bien, pero en lo que tengas que decir, en ten cuenta lo
que te he dicho y piensa en nosotros dos juntos - le dije, como última frase
para conseguir que mi esposa tenga presente que el nosotros aún era posible y
que dependía de ella si algo iba a cambiar.
Al regresar con Xavier y Luisa, ellos se mostraban un poco
desconcertados por la discusión que acababan de presenciar, y aunque sin poder
haberla escuchado, debían haber entendido de qué se trataba.
Que consideración la tuya en acompañarme hasta la vuelta de
Andrés - decía Luisa, en tono coqueto, dando a entender que lo que habíamos
hecho minutos antes no era el fin de esta velada, mientras tanto Paulina y
Xavier comenzaron a conversar en el mismo lugar donde hace unos minutos yo
estaba definiendo esta extraña relación con ella.
No hay problema, además Andrés podría demorar y no es
correcto que la esperes sola - le dije, casi por compromiso, puesto que mi
atención se dirigía a la penumbra donde mi esposa y Xavier se encontraban
conversando, no podía entender nada, pero por los signos dados a Xavier no le
hacía mucha gracia todo aquello, cosa que realmente me alegraba de veras.
Me das mucha lástima después de todo - dijo a quemarropa
Luisa- a fin de cuentas no dejarás de ser un cornudo cuando acabe este viaje,
escucha mis palabras porque tarde o temprano tu esposa va a querer volver a
estar con Xavier y tu ya no podrás hacer nada por evitarlo, por lo que solo te
quedará consentir que de vez en vez él se folle a tu esposa en tus narices sin
que puedas hacer nada.
No, eso no sucederá - repliqué sin tanta convicción- Ella me
ama a mí y al menos con esto lo he confirmado.
Yo no dije que no te amara - dijo serenamente Luisa, tomando
un sorbo de licor que pasó rápidamente por su garganta - Lo que yo digo es que
ella no va a dejar de ser follada por Xavier.
No, esto va a terminar - respondía casi en forma de ruego -
no creo que pueda tolerarlo más, es algo que ya me está volviendo loco.
Pero es únicamente porque no has aceptado tu rol de cornudo,
mi amor - replicó Luisa con aire de conocer bien de lo que está hablando - debes
aceptar que a tu mujer le resultará imposible vivir sin probar nuevamente el
placer de ser poseída por otro hombre, y mucho más si éste fue quien la
desvirgó.
En ese momento regresaron Xavier y Paulina, tras la
conversación que habían sostenido, él se notaba bastante turbado, pero ella
retornaba hermosa y serena con aire de que triunfadora, no sabía que fue lo que
se dijeron, pero creo que a Xavier no le agradó demasiado.
Debemos regresar al hotel mi amor, tenemos mucho que hacer -
me dijo Paulina directamente a mí, con un aire halagador y coqueto - Hoy nuestro
trato ha sido cumplido y de ahora en adelante soy tu esposa para todos los
efectos.
¿En serio? - pregunté un poco admirado con lo que me dijo
Paulina. - ¿Que sucedió?
Bueno, con Xavier teníamos un trato - me dijo mirándonos a
Xavier y a mi alternadamente – y hemos decidido que finalice el día de hoy, con
lo cual cualquier cosa entre él y yo se terminó desde ahora.
Siendo así, entonces creo que nos tenemos que marchar mi amor
- le dije con confianza, asiendo su mano a la mía y dirigiéndonos a Luisa y
Xavier. - Será hasta el día de mañana y que tengan una buena noche.
Chau! -nos despidió Luisa entre confundida y divertida por la
situación que acababa de presenciar - Espero poderlos ver pronto, y que
disfruten mucho.
Así lo haremos - respondió Paulina a Luisa, el momento en que
nos dirigíamos hacia la salida-
Ni siquiera regresé a ver la cara de Xavier, que para todos
los efectos había salido completamente de nuestras vidas. No sé qué pasó con él
y de veras me importa muy poco que tuviera en mente. Al salir, tomamos un taxi
tan rápido como pudimos, me mostraba curioso y dichoso de haber terminado de una
vez por todas, esta situación tan extraña y humillante. Estábamos abrazados en
el asiento trasero del auto, yo liberando todas mis dudas y conflictos, esperaba
un mañana donde todo sea felicidad, pero una duda nueva me asaltó el momento en
que miré la forma en que mi esposa observaba inexpresiva como los edificios se
perdían a nuestro lado.
Que habrían conversado mi esposa y Xavier, ¿habrían terminado
todo realmente? ¿Qué sentirá ahora mi esposa, ahora que ya no vaya a ver a
Xavier? ¿Realmente va a dejar de verlo?
No sabía las respuestas, pero ya habrá tiempo de preocuparse,
ahora la tengo únicamente para mí y pienso disfrutar de cada momento que pasamos
juntos. Cuando llegamos a la habitación del hotel, sin cruzar apenas palabra,
Paulina cerró la cerradura de la puerta que separaba nuestro cuarto del de
Xavier.
Espérame un momento, -me dijo Paulina, con esa voz coqueta
que a mí me encanta- No te vayas a ir, no me demoro.
Por supuesto que no - le contesté, ya tratando de quitarme la
camisa y desabrochando mis zapatos - No saldré de aquí para ningún lugar.
Paulina entró al baño de la habitación con un pequeño paquete
que llevaba en su maleta. Se veía muy hermosa y extremadamente sensual, sus ojos
me miraban como una gata observa su presa el momento en que iba a atraparla, me
dejaba inmóvil, sin aliento, sin esperanza de no ser atrapado, me encantaba. El
momento que salió, yo ya apenas en bóxer la esperaba en la cama, lucía
fantástica un babydoll negro de seda, que pronunciaban mucho más sus hermosas
curvas, sus senos apenas cubiertos por la suave tela, sus piernas semidesnudas
se plantaban como dos columnas griegas frente a mí, su cintura estrecha
pronunciaba aún más el hermoso trasero que me deslumbraba.
Esto lo tenía guardado para ti mi amor - me dijo con una voz
delicada y dando una pequeña vuelta - Nadie me ha visto con él antes.
Esa frase, aunque sin intención, me hizo recordar como flash
en mi mente todos los momentos entre mi esposa y Xavier que había presenciado
durante esos días, mi malestar se debió haber notado pues inmediatamente Paulina
se me acercó y me abrazó muy fuerte, dándome un enorme beso que yo de igual
forma respondí. Ahora ella era mía y no iba a desaprovechar el tiempo.
Nos besamos y tocamos con mayor ímpetu cada vez, mis manos
acariciaban su cuerpo en forma desaforada, sus caderas, sus senos, su espalda su
cintura, sus piernas, no hubo rincón en el cual no posara mis manos ni mis
besos, con una urgencia contenida durante tanto tiempo, nuestros cuerpos ya
desnudos en apenas unos minutos se comenzaron a fusionar instintivamente.
Nuestros sexos hasta hace instantes desconocidos, se reconocían como si siempre
hubiesen estado juntos. Pude sentir su cuerpo caliente y fresco palpitar con
cada una de mis caricias, lo pude sentir estremecerse el momento en que mi verga
abría por primera vez los labios de su coño, sentía sus senos palpitantes en mis
manos cuando pausadamente comenzaba el movimiento de nuestras caderas, podía
sentir el amor que había entre nosotros, eso que nunca lo vi el momento que mi
esposa estuvo con Xavier.
Los minutos parecían horas y las horas días, mientras
nuestros cuerpos en batalla sin tregua se proporcionaban descargas de pasión y
placer, al menos en dos ocasiones pude con un grito contenido y una esperma
urgente desahogar toda la pasión que hasta ese momento tenía, llenando su
hermoso coño con mi cimiente, que por ese único día se vería mezclada junto con
la del hombre que por primera vez desvirgó a mi esposa.
Al fin el esfuerzo dio sus frutos y el cansancio nos venció a
los dos, dejándonos abandonados en nuestro cuarto a merced del sueño que nos
abrigó. La mañana siguiente era un nuevo despertar, perezosamente comenzamos a
movernos entre las sábanas y un nuevo fogonazo de pasión hizo que iniciáramos
otra lucha en la cama y que la termináramos en la ducha, donde entre delicados
aromas y blandas texturas, pude nuevamente dejar mi semilla en el cuerpo de mi
amada esposa. Todo era felicidad, pero algo comenzó a preocuparme nuevamente,
¿Que había sido de Xavier? ¿Dónde estaría en este momento? ¿De verdad no habría
más intromisiones de parte de él?
Pronto mis dudas fueron acalladas, el momento que salimos de
la habitación y observamos entrar a una pareja a la habitación que hasta la
noche anterior había pertenecido a Xavier. En un minuto confirmamos que esa
misma noche él había dejado el hotel y de paso nuestras vidas, al menos eso era
lo que sinceramente esperaba. Desayunamos y disfrutamos del hotel y el lugar, en
la noche, tras unas copas, el último fantasma que me intrigaba fue develado a mi
esposa.
¿Qué dijiste a Xavier anoche? - el pregunté con la mayor
tranquilidad y confianza que pude transmitir, pues no quería que Paulina se
sintiese amenazada- Se puede saber ¿verdad?
Claro, lo único que le dije es que ya no quería seguir así -
me contestó tranquila, dándome al menos un momento la sensación de que ya había
pensado la respuesta mucho antes- y que quería terminar la situación en la que
estábamos, Xavier me pidió que nos viéramos otra vez pero yo le dije que no, que
todo lo sucedido no volvería a pasar y que no me vuelva a llamar. De ahora en
adelante tan solo soy tuya mi amor, de ahora en adelante solo somos los dos.
No quise pensar más en las cosas que habíamos pasado, por lo
que me concentré únicamente en disfrutar de los últimos días que pasamos en
aquel lugar, no volvimos a oír de Xavier ni del bar de Luisa y Andrés, cosa que
realmente me alegro mucho, pues no quería tener que recordar nada de lo que
anteriormente nos había pasado.
Transcurrido un mes de nuestra luna de miel, confirmamos que
Paulina no había quedado embarazada, para mí eso fue una gran alegría, aunque
más tarde supe que a pesar de lo que me había dicho, ella no había dejado de
tomar pastillas anticonceptivas durante nuestro viaje y que no cabía la
oportunidad de que ella quedara embarazada, tan solo fue parte del plan que
había tenido.
Pasados ya varios meses, donde no nos habíamos dado tiempo
para recordar lo sucedido, una mañana de domingo tras levantarnos algo tarde
Paulina me llamó a la sala en tono algo serio, pese a yo tratar de jugar un poco
con ella.
Tenemos que hablar de algo importante - me dijo a quemarropa
- Vamos a la sala un minuto.
** De camino a la casa, pienso en las tantas veces que he
hecho esto, no me arrepiento de nada claro, pero han sido tantas, demasiadas
creo yo, pero eso es lo que la vida me ha deparado y aunque nunca pueda dejar de
hacerlo, al menos debo tratar de ser más cuidadoso. Hoy estuve muy cerca de que
me descubran.