Crónicas de un adolescente: Sobada y abusada.
¿Os habéis parado a pensar alguna vez qué buscamos con el
sexo?
Sí, sí, ya sé que placer intenso, pero me refiero a cual es
el objetivo. ¿Satisfacer un instinto animal?, ¿Complacernos a nosotros mismos de
forma egoísta?, ¿Complacer a la otra persona altruistamente?, ¿Sentirnos
queridos o deseados?,¿Demostrar un amor hacia tu pareja? , o ¿simplemente
diversión?
Bueno, yo tengo mi opinión personal al respecto, pero no voy
a ponerla aquí. Prefiero que los lectores piensen en la cuestión y cada uno
saque sus propias conclusiones en base a su experiencia y/o gustos.
Si a alguien le interesa especialmente conocer mi parecer, me
puede escribir un correo y le recibiré amablemente.
SOBADA Y ABUSADA
En la adolescencia, nos guste o no, el alcohol es parte
integrante de nuestra vida. No es sólo un elemento cultural más, si no que se
erige como una poderosa herramienta a la hora de estableces relaciones
interpersonales.
No voy a hablar aquí del lado nocivo de esta droga tan social
pues todos la conocemos ya ampliamente y sabemos que cualquier cosa puede ser
dañina si no se le da un uso adecuado.
He detectado un problema muy curioso a la hora de consumir
alcohol en las noches de fiesta. Y es que resulta que cuanto más bebes, más guay
eres y a la inversa.
Por otro lado, es patente que las mujeres tienden poco a poco
a superar a los hombres en prácticamente todos los aspectos de la vida, desde el
académico, hasta el artístico o el sexual.
Pues bien, si juntamos estas dos realidades descubriremos que
a menudo las chicas también intentan superar a los hombres en cuanto a excesos,
y dentro de estos, en consumo de alcohol.
Y claro, normalmente esa acción deviene en fracaso total.
Físicamente la mujer no es igual que el hombre y por tanto las condiciones no
pueden ser iguales en ambos. A la hora de beber, influye la constitución
corporal, el peso, el índice de masa o la musculatura. Por supuesto también el
hábito, la costumbre y la tolerancia al alcohol.
Pero claro, lo más importante es ser guay, como decía antes.
No se puede permitir que alguien pueda pensar que se es inmadura o reprimida
(tono irónico).
Esta historia comienza en una noche de fiesta, como cualquier
otra. Habíamos quedado para hacer un botellón conjunto con otro grupito de
chicas en un conocido parque de la ciudad.
En ese grupo estaba Verónica, una chiquita con la que había
empezado una relación hacía dos semanas.
Verónica no era guapa. Pero tampoco fea. Más bien del montón.
Tenía una nariz con personalidad y se veía algo grande al perfil. Sus labios
eran finos y los ojos pequeños pero muy redondos; las cejas perfectamente
depiladas y unos pómulos prominentes que casaban muy bien con su carita redonda.
El pelo negro, solía llevarlo moldeado con espuma y largo,
dando una apariencia muy moderna y fresca.
Pero todo esto no tiene la más mínima importancia, ya que el
atractivo de Verónica estaba en su cuerpo. Tenía unos hombros muy estrechos,
pero debajo de ellos colgaban dos pechos preciosos. Grandes, pero no exagerados,
erguidos y con esa típica forma de misil que tanto nos pone a los chicos. La
cintura era finita, pero en seguida se ensanchaba para dar paso a unas caderas
generosas y un culito respingón que me hacía soñar con ponerla a cuatro patas.
Las piernas no eran muy finas, pero lo suficientemente bien formadas para no
desentonar del conjunto.
La forma en que conocí a Verónica y cómo nos enrrollamos
después es completamente irrelevante y no tiene nada de especial que deba
contar, así que la omitiré.
Lo que sí es importante para seguir bien la historia es el
hecho de que Verónica no era una chica ligera de cascos, alegre ni fogosa en
cuanto al sexo se refiere. De hecho en esas dos semanas no me había dejado ni
acercarme a ella con motivos sexuales. No había conseguido ni tocarla. En cuanto
bajaba mi mano a su culo, enseguida se apartaba o la retiraba de su sitio. Muy
cariñosamente, eso sí, pero me tenía a dos velas.
Yo no entendía como un cuerpo así podía estar sin un buen
meneo de vez en cuando, pero al parecer, era una chica chapada a la antigua y no
iba a permitir que le hiciera nada sin un compromiso más formal.
No hace falta decir que yo no era nada partidario de esperar
y en cuanto tenía ocasión insistía e intentaba convencerla de mil formas
diferentes.
Pues bien, ese día quedamos para hacer el botellón, acordando
que seríamos nosotros los chicos los que llevaríamos la bebida y ellas los
hielos. Así lo hicimos y la noche resultó bastante divertida. Hablamos, reímos,
contamos chistes… pero la cosa se empezó a desmadrar.
Por aquel entonces en mi grupo bebíamos mucho y bien.
Teníamos mucho control y a menudo imprimíamos un ritmo bastante grande.
Entre risas y bromas van cayendo los cubatas y Verónica
insiste servirse una y otra vez de los licores más alcohólicos.
Al cabo de dos horas y media o tres ya estamos todos
completamente tomados. Casi sin darnos cuenta se van formando grupitos más
pequeños de personas que hablan a voces. Yo como me estoy divirtiendo no hago
mucho caso a Verónica, y me entretengo contando batallitas con un par de amigos
y dos chicas que nos escuchan atentas, siempre con un baso en la mano, al que
sigo dando pequeños sorbos.
El problema viene al poco rato y en plena borrachera. Una de
las amigas de Verónica me llama y me advierte que ella está un poco mal. Resulta
que se ha pasado bebiendo y está tan mareada que no puede levantarse de donde se
encuentra sentada. A pesar de eso todavía habla coherentemente.
¡Vaya hombre! Exclamo cuando la veo. Y es que no hay peor
cosa que te pueda pasar una noche que tener que ocuparte de alguien que ha
bebido demasiado. Porque significa que la fiesta ha terminado tanto para ella
como para el que la cuida.
Además, por mi experiencia sé que durante la próxima hora,
los efectos del alcohol se van a ir intensificando aún más.
Por supuesto intentamos darle agua, mojarle el cogote, pero
nada funciona. Ella repite una y otra vez que está bien pero su imposibilidad de
dar dos pasos rectos la delata en seguida. El problema es que ninguno de los
demás presentes estamos en disposición de poner un poco de cordura a la
situación.
Así que la dejamos descansar un rato mientras decidimos qué
hacer. En el fondo todos sabemos lo que hay que hacer y es ni más ni menos que
llevarla a su casa y continuar nosotros con la juerga. Pero la cosa no es tan
sencilla: Verónica vive a las afueras de la ciudad, a muchísima distancia de
donde nos encontrábamos. Eso significa que con una persona borracha que no puede
andar nos llevaría más de una hora la ida y otra la vuelta; o sea, la noche
perdida.
En ese momento pienso que no es justo que yo me tenga que
perder una buena fiesta de sábado noche por culpa de una chica inmadura que no
ha sabido beber. Pero más injusto es que se la tengan que perder mis amigos. Al
fin y al cabo estoy saliendo con Verónica y en cierto modo yo soy el responsable
de ella.
Así que con enorme resignación invito a mis amigos y a las
demás a que sigan disfrutando de la noche que yo me encargaría de llevarme a
Verónica a su casa sana y salva. Alguno se ofrece a ayudarme y acompañarme en
ese calvario, pero desisto con humildad y no insisten más.
Enseguida tomamos caminos distintos, mis compañeros y amigas
se marchan a la zona de discotecas y yo cargo torpemente con Verónica en
dirección a su barrio.
Menos mal que no hace falta que la lleve en brazos sino que
apoyada en mí es capaz de ir dando pasos lo suficientemente normales como para
avanzar.
El camino es largo y pasado. A menudo tengo que parar para
descansar un poco. Según nos alejamos del centro de la ciudad cada vez nos
encontramos menos gente. Hasta que nos vemos caminando completamente solos por
las calles.
De vez en cuando intento entablar alguna conversación con
Verónica que anda apoyada en mí y mirando el suelo. Por desgracia según pasaba
el tiempo Vero estaba peor, como yo predije. Y para colmo empezaba a hacer frío.
Ya veo su barrio a lo lejos pero me encuentro muy cansado.
Vero cada vez pesa más y hace menos por andar. Así que decido sentarnos en el
banco de un parquecito que nos pillaba de paso.
Para matar un poco el tiempo mientras descanso, comienzo a
reprochar a Vero su comportamiento.
¿A quién se le ocurre hacer la bestialidad que has
hecho?, ¿Qué pretendías demostrar?
Ella está en silencio y con los ojos cerrados.
Porque vamos, salir de fiesta es para pasarlo bien,
no para estar jodida toda la noche y parte de mañana.
Vero murmura algo que no entiendo. Yo sigo con mi monólogo.
Ahora mismo, todas tus amigas y mis amigos están en
la disco, bailando y pasándoselo genial. Seguro que incluso algunos se
han enrollado… y nosotros aquí, pasando frío y con un bajón de la leche.
Según voy hablando siento cada vez más fresco en los brazos.
Supongo que es sobre todo porque los efectos del alcohol han bajado con el largo
paseo y están dejando la típica mini-depresión posterior.
Me voy sintiendo más hundido y enfadado por momentos.
Y que sepas que yo nunca cargo con borrachos. La
gente ya es lo suficientemente mayorcita como para saber lo que tiene
que beber y cómo.
Lo que pasa es que, claro, como estamos juntos, pues
me toca hacer de lazarillo.
Bueno, estar juntos, es un decir, porque lo que me
has dado hasta ahora es más bien nada. Yo las relaciones de celibato no
las llevo muy bien. No soy una piedra, tengo necesidades…
Mientras le echo el sermón, Verónica sigue murmurando e
intenta construir frases enteras, aunque no lo consigue.
Espero que después de esto que estoy haciendo por ti
me des un premio o me lo agradezcas de alguna manera, ya sabes a qué me
refiero…
Justo después de terminar esta frase un destello ilumina mi
pensamiento. Sin darme cuenta mi mente maquiavélica se ha puesto en marcha. Giro
mi cabeza y miro a Vero que estaba a mi izquierda.
Se encontraba sentadita, con las manos unidas encima de sus
piernas y con la cabeza puesta sobre mi hombro. Sus ojos estaban cerrados y su
estado era de semi consciencia alternando ratos de duerme vela.
De repente ya no la veo como una carga; sino como una chica
de cuerpo atractivo que aun no me había dejado tocarlo.
Sus pechos siguen tan bien puestos como siempre y en su
entrepierna los pantalones se ajustan como una segunda piel.
"Bueno; siendo como soy su novio, creo que no pasaría nada
por toquetearla un poco ahora que no me puede rechazar; yo cuido de ella, la
llevo a su casa… qué menos que disfrutar un poco de mi chica. De todas formas,
mañana no se acordará de nada. Todos salimos beneficiados", me convenzo a mí
mismo. Aunque no hacía falta, pues la idea de aprovecharme de ella ya se ha
instalado en mi cabeza y no hay forma de borrarla de mi mente.
Acaricio su cabeza con ternura mientras la susurro que duerma
tranquila, que no pasa nada. Paso mi brazo por detrás de ella para acomodarla
mejor sobre mí y coloco la mano en su hombro.
Tengo que reconocer que estaba nervioso y emocionado. Por fin
la noche tenía algo de sentido para mí.
No tengo claro hasta qué punto se da cuenta de las cosas,
pero tengo que arriesgarme. Hago una prueba, bajo la mano poco a poco, la paso
por debajo de su brazo derecho y la coloco muy suavemente sobre su seno. No me
atrevo a apretar por si acaso se despierta, así que la mantengo ahí un ratito,
sin moverla.
"Cómo me está poniendo…"pienso, por fin tenía la mano sobre
ese pecho que tanto había deseado. Mi aparato ya llevaba despierto un rato y va
creciendo por momentos. Me empieza a apretar más y más en los pantalones, pero
ahora estoy en otras cosas. Necesito estrujarle esa teta tan hermosa. Voy a
arriesgarme.
Empiezo a estrujar su pecho con mucho cuidado. Primero muy
poquito… aprieto y suelto, aprieto y suelto, casi imperceptiblemente. Ella no
reacciona así que cada vez lo amaso más fuertemente. Al rato ya me encuentro
sobando su teta tal y como a mí me gusta. La agarro con toda la mano y la muevo
en todas direcciones. La amaso, la estrujo todo a la vez. Todo esto lo hago muy
suavemente, claro, no quiero que se sobresalte.
En un momento dado Verónica se mueve, dice un par de palabras
ininteligibles y quita su cabeza de mi hombro para dejarla colgando hacia atrás
del respaldo del banco. Por este movimiento he tenido que quitar el brazo de
detrás de ella y además ha cruzado los brazos sobre sus pechos, como si se
hubiera dado cuenta de algo. Y así se queda, dormitando de nuevo.
Bueno, no importa, me digo. Esto todavía no ha terminado.
"Hay más sitios de los que disfrutar". Mi mano se posa esta vez en su muslo
izquierdo y sin tardar mucho comienza a subir por él palpando todo lo que puede.
Ya he llegado a las arrugas que el pantalón hace en la ingle, y con la misma
técnica delicada voy introduciendo la mano muy poquito a poco entre sus piernas.
Introduzco un poco, espero, observo a Vero y vuelvo a introducir otro poco…
Al poquito ya tengo media mano posada en su coño por encima
del pantalón. Pero me cuesta seguir porque tiene las piernas muy cerradas. Ni
corto ni perezoso cojo sus piernas de las rodillas y las separo lo suficiente
para acceder a su encantadora zona. Ella, como acto reflejo las vuelve a cerrar,
pero ya es demasiado tarde y mi mano se ha apropiado por completo de su
conejito. "Que tacto más encantador y como me excita tocar ese lugar tan
prohibido por ella".
Empiezo a mover mi mano con maestría entre sus piernas a la
vez que observo su cara inexpresiva y ausente en busca de alguna posible
reacción. Lentamente uno de sus brazos que tenía cruzados en el pecho baja hasta
su pierna y pone su mano en la mía, intentando sacarla del lugar en el que se
encuentra. No lo consigue. No tiene nada de fuerzas y no logra coordinar los
movimientos. Está plenamente a mi merced.
Mi sobeteo de su almejita es cada vez más acentuado. Vero se
intenta mover y farfulla sin parar pero yo no me detengo por nada. Estoy muy
excitado con mi abuso y no quiero perderme ni un detalle de lo que está
ocurriendo.
De repente me detengo y alzo la mirada. Hasta ahora no había
pensado en que hay una farola cercana que arroja la luz suficiente sobre
nosotros, como para que nos puedan observar desde cualquier ventana de los
bloques de viviendas que tenemos enfrente. Eso es un problema. El exhibicionismo
también me gusta, pero no quiero que nadie sea testigo de mi depravada acción.
Necesito un rincón más íntimo para disfrutar plenamente.
Así que, cojo en brazos a Vero y le comento que la voy a
llevar a un sitio más cómodo para su descanso. Unos metros más allá está el
césped del parque y hay muchos matorrales. Nos colocamos detrás de uno de ellos
que da a una pared. El sitio es bastante bueno. Tiene hierba, luego es cómodo y
la luz apenas llega al suelo. Prácticamente nadie podría descubrirnos allí.
Coloco a Verónica tumbada boca arriba, todo lo larga que es.
Ella no se queja, puesto que la posición es óptima para que siga durmiendo. Me
quedo un rato de rodillas a su lado, como mirando un menú. Pero estoy demasiado
caliente como para esperar más. Ya no tengo frío y solo quiero pasear mi polla
por toda su piel.
Me pongo encima de su estómago, con las rodillas a ambos
lados de su cuerpo y sin más espera agarro sus deliciosos pechos. Esta vez ya no
tengo cuidado y los aprieto con lujuria. Quiero sentir toda su ropa interior a
través el jersey; y lo hago. Buscar sus pezones se convierte en un juego para mí
mientras no paro de masajear y estrujar esos enormes melones.
Vero mueve su cabeza de un lado a otro. Parece como si se
diera cuenta de lo que pasa, pero no pudiera hacer nada para impedirlo.
Con un gesto rabioso levanto el jersey por encima de sus
pechos y también su camisa. Lo que me encuentro me gusta mucho. Su sujetador es
negro, con trasparencias y encajes por todos lados. Es de aro, claro y mantiene
a los dos misiles de Vero alejados el uno del otro. "Qué bonita forma tienen sus
pechos, me muero por verlos y saborearlos al natural".
Por ahora me conformo con seguir toqueteándolos por encima
del sujetador. Me gusta el tacto de la ropa interior femenina, tanto para los
dedos como para la boca. Así que chupo un poco la copa del sujetador mientras
mis manos dibujan las forma de esas extraordinarias peras.
A todo esto, Verónica recibía mis caricias y por lo general
no hacía nada. Seguía en su trance tan feliz. Alguna vez daba una voz más alta
que otra sin abrir los ojos, pero nada más.
Cada vez estoy más y más excitado; tengo que desabrochar un
poco mi pantalón para dar un respiro a mi ya dolorida y apretada polla. Ahueco
un poco el cuerpo de Vero para desabrochar el sujetador y enseguida está suelto.
Pero no lo quito de golpe. Lo voy echando hacia arriba poco a
poco, con calma; quiero ver como llegado un punto, los pechos de Vero se liberan
y se muestran ante mí. Ese punto llega y caen un poquito hacia abajo con un
elástico movimiento. "Qué bonitos son. Parecen mucho más anchos ahora que cuando
estaban bajo la ropa, quizás sea por la postura", comento para mis adentros, sin
dejar de mirar esas dos maravillas de la naturaleza.
Sin más dilación me lanzo a devorarlos. Huelen a perfume y
están deliciosos. No quiero dejar ni un solo centímetro sin lamer. Sus aureolas,
como sus pezones, son pequeñitos en comparación al resto del pecho. Eso no
impide que los capture con mis labios y los mame con frenesí.
Estoy plenamente centrado en esa zona de su cuerpo. Mis manos
tienen bien sujetos los melones de Vero para que mi boca y lengua puedan
recorrerlos y chupetearlos sin ningún problema. Mi compañera de abuso mueve un
poco sus brazos sin rumbo fijo, como dando manotazos al aire que no impiden en
absoluto que siga dando chupetones a sus ya húmedas tetas.
Vuelvo a mamar de sus pezones con avidez, voy de uno al otro
alternativamente y cada vez que los chupo suena un sonoro chuup, chuuup.
No con pena, decido que ya es hora de pasar a otras zonas del
cuerpo de Verónica. "No importa, siempre hay tiempo de volver a sus pechos". "No
os vayáis, luego vuelvo otro rato con vosotros", les digo como si pudieran
oírme.
Me echo a un lado del cuerpo de Verónica para poder
desabrochar sus pantalones. Cuando bajo su cremallera me encuentro unas
braguitas negras a juego con su sujetador. Cuando empiezo a bajar los pantalones
por sus muslos, Vero intenta torpemente impedirlo y lo consigue. Como no quiero
forzarla más de la cuenta, subo de nuevo hasta su carita y le susurro al oído:
"shussssssss, tranquila cariño, sigue durmiendo que no pasa nada. Yo cuidaré de
ti…"
Dicho esto vuelvo para abajo y rápidamente bajo los
pantalones y braguitas hasta los tobillos. Lo he hecho así de deprisa para no
dar tiempo a Vero de que intente impedirlo de nuevo.
Ante mí tengo un precioso chochito. Está depilado por los
lados, y en el centro del pubis hay un reguerito de vello cuidadosamente
recortado. Coloco sus piernas flexionadas.
No pierdo el tiempo. Mi mano traviesa se apresura a abrir sus
labios menores y contemplo un coñazo de primera. Es muy rosadito y sobre todo
grande. Sus labios no sobresalen demasiado, pero una vez abierto la cosa cambia.
Como está un poco sequito, me chupo los dedos que voy a utilizar y comienzo a
acariciar delicadamente todos sus pliegues. Como si estuviera examinándolo poco
a poco. Acaricio los labios de un lado, de arriba abajo y luego los del otro.
Uno de mis dedos va abriéndose paso hacia su interior, pero todavía no quiero
penetrarla con él. Antes de eso necesito encontrar el clítoris.
Según el tipo de coñito, puede ser difícil encontrar el
clítoris si no está excitado. Por eso me lleva un poco de tiempo, pero enseguida
lo identifico. Una vez que lo tengo, dedico una de mis manos solo para él. Con
mis dedos jugueteo, lo sujeto, lo froto, lo acaricio sin parar. Necesito
excitarla para que se humedezca.
Cada vez voy más deprisa y torturo su botoncito sin cesar.
Ignoro completamente las cosas que Vero intenta decirme y sus pequeños
movimientos de cadera. Tengo las dos manos completamente ocupadas con su rajita.
Si no estuviera borracha a buen seguro ya estaría a punto de tener su primer
orgasmo, pero la cosa ahora no es tan sencilla. Al cabo de un tiempo, mis
esfuerzos tienen su fruto. Su coño se está humedeciendo, así que no voy a parar
ahora.
En esta ocasión ya no sólo acaricio, sino que meto dos dedos
en su vagina ya lubricada. Y sigo con mi técnica. No puedo evitar sentir la
curiosidad de probar sus flujos. Me llevo los dedos manchados por sus líquidos a
mi boca y los saboreo. "Hummmm, no está mal… creo que voy a comerle el coño un
ratito." Y así lo hago.
En pocos segundos estoy entre sus piernas y ya tengo mi boca
pegada a su concha como una ventosa. Quiero recibir todos sus jugos en mi boca
mientras mi lengua no para quieta en su interior. Todos los rincones son
visitados por ella y al rato comienza a follarla. La lengua entra y sale de su
agujero una y otra vez. Vero en su duerme-vela mueve las piernas e intenta
cerrarlas, pero yo estoy dentro de ellas y no pienso dejar de saborearla.
¡Qué bien sabes! Estaría comiéndotelo toda la noche.
Comunico a Vero en voz alta. Ella contesta preguntando cosas
raras como ¿Qué haces? Pero apenas se la entiende.
¡qué coñazo más rico!
Repito antes de volver a hundir mi cara en él.
Yo ya no puedo más. Necesito utilizar mi polla de inmediato.
De un salto me incorporo entre sus piernas y aún con la cara llena de flujos
empiezo a meter mi verga en su interior. Primero entre al capullo y después todo
el tronco.
Ya estoy dentro de ella y me gusta. No hay tiempo que perder.
Agarro sus caderas y comienzo la follada. Yo me encuentro de rodillas frente a
ella y mi pene entra y sale de su interior con toda facilidad.
Vero ahora se queja, no sé si por sueños de borracha o por
placer. Yo no dejo de empujar. Ya nada puede pararme hasta que me corra. El mete
saca va ganando en intensidad al igual que los gritos incoherentes de mi
compañera. Sus pechos empiezan a moverse arriba y abajo al ritmo de mis golpes.
La imagen me excita muchísimo. Tengo una chica medio dormida
y medio despierta recibiendo mi polla en su coño. Sus grandes pechos se mueven
sin cesar y mi verga se muestra brillante cada vez que sale de Verónica para
volver a entrar al instante.
Ella ahora grita sin parar. Tiene los ojos medios abiertos y
me mira fijamente mientras la follo.
Lo siento mi vida, pero estás demasiado buena. Tenía
que hacértelo de una forma u otra.
Cabrrruuuooonnnnnnnnn.
Responde volviendo a cerrar los ojos acto seguido.
Mis envestidas no cesan ni un solo instante. Ahora voy mucho
más deprisa, pues estoy próximo a correrme.
Sé que te gusta mi polla… tómala tómala.
Grito mientras doy fuertes y hondas penetraciones.
Al poco tiempo la saco rápidamente y me acerco a la carita de
Vero. Como sigue con los ojos cerrados ni sabe lo que le espera…
Entonces froto mi glande por sus labios una y otra vez hasta
que comienzo a correrme. Sujeto su barbilla para que no gire la cabeza y coloco
mi verga frente a ella. Llega la eyaculación y un chorretón blanco cruza toda su
cara, dejando un reguero de leche que va desde la mejilla hasta la oreja
contraria. El segundo cae más hacia su nariz y los demás los dirijo a sus
labios. Cuando por fin termino, Vero se ve muy atractiva con toda esa cantidad
de lefa en su carita.
Me siento completamente cansado a su lado y de reojo veo como
Vero se está quitando de la cara como puede algo que no sabe lo que es. Eso me
hace gracia y me rio.
A lo lejos veo una fuentecilla de parque, así que decido
dirigirme hacia ella para limpiarme un poco. Al mismo tiempo el paseíto me
vendrá bien para recuperarme un poco. Por supuesto no pierdo de vista a Vero que
sigue inerte en el mismo sitio donde la he dejado.
Mientras vuelvo con ella voy pensando la cantidad de cosas
que podría hacerla. No me decido.
De todas formas no puedo estar toda la noche; corro el riesgo
de que se despeje y me pille en plena faena y no quiero eso.
Cuando llego a su altura la contemplo de nuevo. En mi
ausencia se había subido un poco las braguitas y bajado el jersey que ahora
tapaba sus pechazos.
Bueno, vamos a darte la vuelta a ver qué tal…
Delicadamente la giro y pongo boca abajo. Ella no se resiste
absolutamente nada. Ahora tengo en frente a mí su culito respingón. Mientras me
sigo recuperando un poco beso sus nalgas y le doy pequeñas lengüetadas.
Al rato, voy colocando un poco su culo en pompa y saco de
nuevo mi polla para fuera. Abro su culo para acceder bien y se la meto de nuevo
por el coño.
Me apoyo en sus hombros con mis manos y comienza una nueva
follada. Cada vez que la penetro me choco con su culo blandito pero firme y eso
sirve de complemento excitante. Ya no tengo ningún cuidado. Me la tiro
fuertemente y de vez en cuando la estiro del pelo hacia atrás.
Ella grita, pero sus lamentos se oyen poco.
Sigo mi movimiento incesante. Voy cambiando mis manos de
posición para sujetarla desde diferentes sitios y acaricio todo lo que tengo a
mi alcance. Su almeja vuelve a estar húmeda así que realmente pienso que muy en
el fondo Vero está disfrutando.
Ahora apoyo mis manos en el césped, al lado de sus brazos y
me tumbo sobre ella. Mis bamboleos son más profundos, fuertes y lentos. La
atravieso con golpes secos que hacen temblar su culo en cada envite.
Al rato vuelvo a cambiar de posición, me incorporo un poco
sin sacar mi polla de su gruta y cojo sus nalgas con mis manos. Las agarro muy
fuerte y la penetro lo más rápido que puedo. Mi orgasmo está cerca y parezco un
conejo de lo deprisa que la jodo.
Sin aviso previo saco mi plátano y la doy la vuelta una vez
más. Ella gira como un muñeco de trapo. Vuelvo a subir el jersey y dejo sus
tetazas al aire de nuevo. De un salto y con mi polla en la mano me pongo encima
de ella, pero esta vez mucho más arriba. Coloco mi mástil entre sus dos melones
y los aprieto uno contra el otro con mi verga dentro. "Qué tacto más suave"
reconozco.
Acto seguido me follo sus tetas con frenesí. Las agarro muy
fuerte mientras mi rabo entra y sale de ellas sin cesar.
Ahora Verónica se revuelve y abre los ojos de nuevo. Pero no
hace nada, como anteriormente. Su mirada está perdida. Todavía tiene restos en
su cara de mi corrida anterior, y eso me gusta.
Mi movimiento no se detiene. Sus pechazos me ponen a mil y
estar jodiendolos me hace estar de nuevo al límite de mi aguante. Pero todavía
es pronto.´
Súbitamente dejo la cubana para chupetear otra vez sus tetas.
"Os dije que volvería, hermosuras", mascullo mientras mamo sus pezones y les doy
pequeños mordiscos. Me despido de ellos con unos cuantos chupetones por debajo
de sus aureolas y en otras zonas blanditas y vuelvo otra vez a colocar mi polla
donde antes, ahora sí, dispuesto a soltarlo todo.
Ahora no dejo de mirar fijamente sus tetas mientras mi palo
entra y sale de su canalillo y mis manos colaboran para tener esas peras muy
prietas y juntas cuando las follo.
Mis envestidas van ganando en fuerza y cadencia. Vero agita
sus piernas como queriendo soltarse, pero es imposible. Mi corrida está llegando
y no voy a soltarla hasta que la bañe de nuevo con mi leche.
Mi chica grita con fuerza que me esté quieto. Ahora sí se ha
entendido perfectamente, pero es demasiado tarde. Justo en ese momento me aparto
de ella, agarro mi miembro con la mano y empiezo a restregar el glande por su
pezón derecho. Un chorro largo de lefa aparece y cae a lo largo de toda su teta.
Rápidamente me dirijo a la otra y descargo el siguiente en ella. Los demás ya no
puedo controlarlos y cada uno va a parar a un sitio distinto de sus pechos y
canalillo.
Al terminar, restriego mi polla aun dura por todas las zonas
manchadas para extender bien el esperma y caigo rendido y semidesnudo en el
césped.
Si no es por el fresco que corre a esas horas yo mismo me
hubiera quedado dormido en ese sitio. Lo que vino después no es muy importante
de comentar. La limpié lo mejor que pude, la vestí lo mejor que pude y por fin
llegamos a su casa.
Yo sabía perfectamente que vivía con sus padres y su hermana
pequeña, aunque seguramente ya estarían acostados. Así que cogí sus llaves del
bolso, abrí las puertas tanto del portal como de su casa. Encendí una luz, llamé
al timbre y la empujé dentro del recibidor de su vivienda. Cerré la puerta y me
fui corriendo de allí. No tenía ninguna ilusión de conocer a sus padres y menos
en esas circunstancias.
Cuando llegué a mi casa y me acosté, no pude evitar pensar
antes de dormirme, como una noche particularmente mala, puede convertirse en
toda una experiencia súper morbosa y erótica a más no poder.
"Las vueltas que da la vida…", medité. Y caí en un profundo
sueño.
FIN
Mi email:
almonafreack@hotmail.com