Gloria se estuvo cinco días en mi casa, cinco días en los que
me sentí como una puta y una perra sumisa durante el día, y por la noche fuimos
buenas amigas, jóvenes, atractivas, deseables, pasándolo bien. En el bar
coqueteábamos un poco con todo el mundo, bebíamos en exceso y reíamos. El primer
día no había mucha gente, pero por lo visto corría de boca en boca nuestras
escenas en el bar, nuestras faldas cortas y nuestra "frescura", y así los días
siguientes el bar estaba curiosamente más lleno de gente de lo normal. Nos
sentíamos genial, éramos el centro de atención del pueblo, ¡el centro del mundo!
Pero los días pasaron y ya Gloria se fue. Y por el contrario volvió mi marido, y
la comparación fue odiosa… Tan bien que lo pasé aquellos días, ¡y ahora volvía
el tedio con mi marido! Por supuesto, el mal humor lo pagó él, pero era lo
mínimo, pues él fue el culpable del bajón. Pero las emociones volvieron con una
llamada en el teléfono de casa. Se puso mi maridito, pero enseguida me lo pasó.
- Es Gloria.
El pobre no sabía, ni siquiera podía imaginar, quién era
Gloria, qué era para mí. Una amiga, pensaba él…; nunca podría imaginar que en
realidad era mi Ama, aunque yo la sentía también como algo parecido a una amiga.
Una amiga a la que servir y obedecer, pero que si me portaba bien podía portarse
también muy bien conmigo. El caso es que me alejé de mi marido antes de
contestar al teléfono.
Hola, Ama.
Hola zorra. ¿Estás caliente puta?
Sí, mi Ama.
Claro, siempre estás mojada como una perra eh
¡putita!
Sí, Ama.
Quiero escucharlo, ¡perra!
Siempre estoy mojada como una perra, mi Ama. Soy una
putita que siempre está caliente y toda mojada.
Ajá. Esto es lo que quería escuchar. Bien, putita,
pues ya es hora que te portes como la zorra que eres. Quiero que te
vayas al bar y te folles a alguien, alguien del pueblo… por supuesto tu
marido no cuenta.
Pero….
¡Cállate zorra! Anda, quiero que lo hagas ahora. Y
cuando te lo estés tirando me llamas, quiero escuchar como te portas
como una buena puta, como le haces gozar… Venga, venga, ¡anda! ¡Ya!
¡Venga putita!
Sí, Ama.
Y colgó. Eran las diez y media, y mi marido estaba en el sofá
viendo la tele. Me vestí en la habitación, y ya en la puerta grité a mi marido
que me iba a dar una vuelta, quería un poco de aire fresco… Y salí
apresuradamente, para que no viera como vestía de atrevida y sofisticada solo
para salir a pasear al fresco del anochecer. En realidad me fui directa al bar.
Había poca gente pero todos ya me trataban más directamente, con más confianzas
y con comentarios irónicos y sarcásticos sobre mi, mi vida, mi marido… La presa
estaba clara, entre la poca gente estaba el fotógrafo, un chico joven,
treintañero también, atractivo, soltero de oro, aventurero y viajador. Por lo
visto hacía reportajes para el National Geographic, a veces. O eso decía él esos
días cuando yo y Gloria hablamos y coqueteamos con él. Le sonreí y me senté en
la barra, cruzando las piernas; él se acercó un poco, le ofrecí sentarse a mi
lado y él me invitó a una copa. Por el bar las miradas corrían rápidas, "esos
dos se van a liar", "esta es una fúrcia y él un don Juan cantamañanas"… Pero no
fuimos tan descarados, y ya a las once cerraban el bar. Andamos unos metros
juntos, y no había nadie ya por la calle, solo nosotros dos. Ya estábamos en el
portal de su casa, en la misma calle del bar, a pocos metros. Nos quedamos ahí,
un momento, como dudando, titubeando, nerviosos; él llevaba toda la noche
comiéndome con la mirada, estaba claro que si yo quería y él tenía los huevos de
hacerlo, aquello podía acabar en un buen polvo. Pero solo me dio dos besos y se
fue a su casa, y yo volví a la mía, los dos frustrados. Y entonces yo me acordé
de la orden de mi Ama, pues ya hacía rato que simplemente tenía ganas de
follarme al fotógrafo, no porque mi Ama me hubiera ordenado nada… Me metí en la
cama, y justo entonces me llegó una llamada perdida. Era mi Ama. Me levanté de
nuevo, y la llamé.
- ¿Qué pasa puta, aún no?
- ¿Perdone, Ama?
- ¡¿Aún no te has follado a nadie!? Te he dicho que me
llamaras cuando estuvieras follando por ahí, ¡puta!
- Perdone, Ama. Estuve a punto pero al final…
- ¡¡Eres una inútil!! ¡¿Es que no piensas obedecer mis
órdenes?! ¡¿Quién te has creído?! ¡¿Crees que solo puedes obedecer qué y cuando
quieres?! ¿No te habrás confundido, verdad? YO NO SOY TU AMIGA: SOY TU AMA.
¡¡¡¿¿Entiendes??!!!
- Sí, mi Ama, por supuesto, yo no quería desobedecerla…
Prometo obedecerla siempre, en todo… Ha sido un error, soy una estúpida, pero
espero aprender y acepto su castigo, mi Ama.
- Bueno, a ver… Esta será la última vez, eso ya te lo aseguro
yo. Ahora vete a buscar la vara y el ordenador. Conecta la cam, quiero verte
desnuda con el collar puesto y la vara en la mano.
Yo obedecí y rápidamente me apresuré a estar tal y como mi
Ama quería. Mi marido estaba en el salón con la tele encendida, quizás
durmiendo, quizás no. Decidí ir al baño, pues es la única pieza que se puede
cerrar por dentro y por lo tanto no podía entrar mi marido y encontrarme en una
situación embarazosa. Así pues, estaba yo en el baño con el ordenador, el collar
y la vara en la mano. Entró mi Ama y me miró, no dijo nada en unos segundos.
Entonces me dijo: "20 en cada nalga". Y yo empecé a azotarme el culo con la
vara. "¡¡Más fuerte!!". Azoté un poco más fuerte. "¡¿Me tomas el pelo, pedazo de
puta?! ¡¡Más fuerte!!" Me azoté violentamente, con el máximo de mis fuerzas.
Ella se veía reconfortada, pero a mi me escocía el culo y empezaba ya a llorar.
Tras los 40 azotes, de los cuales treinta y pico fueron extremadamente fuertes,
yo tenía ya el culo muy dolorido. Me hizo darme la vuelta para mostrárselo.
"Bueno, pse, ya está bien por ahora", dijo como perdona vidas. Entonces
aprovechando que estaba en el baño me hizo meter en la ducha, desenroscar la
manguera de la ducha y metérmela en la entrada de mi culito destrozado.
Entonces, debía poner el agua en su punto máximo de calor. Lo hice… "Bien, ahora
abre el grifo". Un chorro de agua ardiente me penetró por el culo, y yo di un
grito de dolor que se escuchó por toda la casa. Escuché un ruido, y alguien
intentando abrir la puerta del baño, sin suerte por estar cerrado por dentro.
"¿Qué pasa? ¿Qué haces ahí?" Yo aún lloraba y ya había cerrado el grifo. "Nada
cariño, me estaba dando una ducha, pero me salió de repente el agua caliente sin
querer y me quemé, pero no pasa nada…". Pero sí pasaba, yo seguía llorando, la
voz me temblaba. Pero él ni se dio cuenta, y dijo que se iba ya a la cama.
Entonces mi Ama me replicó. "¿Quién te ha dado permiso para cerrar el grifo?".
Yo rompí a llorar desconsoladamente, y ella no siguió presionando. Me caí de
rodillas en el plato de ducha, y ella me pidió que me masturbara allí, en esa
posición, para ella. Y yo lo hice, y me vine en un rato. Luego me dejó ducharme
y acostarme, pero tenía doce horas para follarme a alguien del pueblo sin falta.
Y no podía volver a fallar. Además había una nueva condición: debía follarme en
mi cama, o sea, mi cama de matrimonio, la que compartía cada noche con mi
marido. Aquella noche la pasé en vela en esa misma cama, pensando que en pocas
horas debía ser infiel al infeliz de mi esposo, ahí durmiendo a mi lado, en esa
misma cama…
Al día siguiente, a primera hora de la mañana busqué en el
listín telefónico el número de teléfono del fotógrafo, justo cuando marido
acababa de marcharse. Llamé, y se puso él, claro, quién iba a ser sino. A él le
sorprendió que le llamase, y más después de lo de anoche, de esa situación… y
ahora, que mi marido acababa de irse… Seguramente el chico enseguida pensó que
yo le estaba buscando, y en realidad así era. Le pedí si podía venir a casa a
hacerme unas fotos, y él por lo visto se daba cuenta del juego. Tenía que ser
ya, ahora mismo, y en mi propia casa… no, en el estudio no, ¡en mi casa! Sin
duda él sabía a lo que venía, pero al final se dejó convencer.
Poco después estaba ya en casa, y empezaba una sesión
fotográfica en mi habitación de matrimonio. Yo vestía lencería de lo más
erótica, la habíamos comprado con Gloria. Le dije que quería unas buenas fotos,
sexys, para regalar a mi marido, para ver si así arreglábamos nuestra relación,
que en los últimos tiempos era poca. Él estaba tenso, nervioso, incómodo. Seguro
que no habría venido, de saber de antemano el tipo de fotografía que yo quería.
Me puse atractiva, provocativa, en posturas de lo más excitantes… y sin duda él
estaba excitado también, no podía disimularlo aunque quería aparentar
profesionalidad. Yo estaba a cuatro patas en la cama, avanzando hacia el pie de
la cama donde estaba él tirando fotos; ahí me paré y me dí vuelta, poniéndo la
cola frente a él, frente a su objetivo y sus narices. Moví un poco el trasero,
juguetona. Él seguía disparando la cámara. Volví a ponerme de cara frente a él,
me dejé caer a sus pies, de rodillas, mirando arriba, al objetivo, él seguía
disparando. Me puse un dedo en la boca, chupándolo. Él seguía con las fotos.
Entonces le miré a los ojos, cambié de mirada, de forma de moverme, como
diciendo "el juego ha terminado". Pude sentir su sudor y sus temblores. "¿Te
parezco atractiva?", le dije. Él se puso colorado, nervioso, quizás no era tan
don Juan como parecía… "Sí, eres una mujer muy bonita", dijo él, con un tono
neutro como de parte meteorológico. Entonces mi mano se puso sobre su bulto, que
no dejaba lugar a dudas. Él no dijo ni hizo nada, solo noté como un relámpago
sacudía todo su cuerpo al poner mi mano sobre su bragueta, los pantalones a
punto de estallar. Le desabroché los pantalones y le saqué su miembro
endurecido. Luego, le miré a los ojos y él esquivo mi mirada, y mi boca se
acercó a su polla y empecé a mamársela. Sobre el tocador, mi ordenador estaba
abierto y encendido, aunque él ni se había dado cuenta. Tras la cam, mi Ama
debería estar viendo y escuchando todo. Intenté mover un poco al chico para
darle un buen primer plano de la mamada a mi querida Ama. Él se estaba
relajando, empezó a jadear, a gemir, y acabó llenándome la boca de su semen
espeso y amargo. Entonces me puse a cuatro patas y le pedí que me follara por
detrás, y cada vez que sentía su polla o sus manos tocándome el trasero, sentía
un gran escozor en el culo maltratado anoche. Él no había dicho nada al
respecto, yo miraba a mi Ama, a la cam, de frente, sonriendo, "mira Ama, qué
bien me porté". Y gemía y gozaba, como una buena puta. Eso es lo que mi Ama
quería, convertirme en la zorra del pueblo. Solo después de haberse corrido en
mi culo y tras unos minutos, el chico preguntó por las marcas en mi trasero. Yo
hice un poco de melodrama. "Mi marido…", dije, sin afirmar nada más, dando a
entender lo justo. Él pareció contrariado, y se sentía tan incómodo que se fue.
Entonces me acerqué al ordenador y mi Ama me felicitó, pero también me dijo que
había echo un poco de trampa.
¿Trampa? Perdone, Ama, pero no sé a qué se refiere…
Venga zorra, no te hagas la inocente. Te has tirado
al guapo del pueblo, al solterón de oro. Eso no tiene ningún mérito.
Pero bueno, para empezar está bien… pero eso hay que trabajarlo más. Por
supuesto las golfas cómo tú nunca repiten, así que a este ya no te lo
follarás más, que he visto como disfrutabas, ¡pedazo de puta! Tú no
estás para disfrutar sino para hacerme disfrutar a mi, ¿entiendes?
Sí, mi Ama.
Perfecto. Esta noche va a empezar el juego de verdad.
De madrugada cuando tu marido duerma quiero que te vayas a follar a
algun vecino. Luego vuelves y te acuestas de nuevo junto a tu maridito y
le pides que te folle.
Sí, mi Ama.
Aquél día fue largo. No podía dejar de imaginar unos grandes
cuernos en la cabeza de mi marido, ni podía dejar de ver la escena de la mañana
en la habitación, y lo bien que follaba y lo bueno que estaba el chico. Y además
tenía que pensar ya en la próxima persona del pueblo que me iba a pasar por la
piedra. No fue hasta las tres de la madrugada que noté que mi marido se había
dormido profundamente y era el momento de salir. Me vestí con escasa y
provocativa ropa y salí a la calle. Di una vuelta por el pueblo pero no había ni
una alma, el bar ya cerrado y todo el mundo durmiendo. Al único que podría
despertar para follar era el fotógrafo, pero mi Ama me lo había prohibido: las
putas como yo nunca repetimos. Al final, solo quedaba pues una opción: el
panadero, el único que estaba despierto en aquellas horas. Tenía la puerta
abierta, y llamé y pasé. ¿Holaaa? Me vio y se quedó medio sorprendido, pero me
hizo pasar. "No podía dormir, y he salido a pasear un rato". El tipo se dedicó a
sus cosas, y me contaba algo sobre el mundo del pan, de la cocción y qué sé yo
qué cosas. Decidí no alargarlo. Justo antes de entrar había llamado a mi Ama que
estaba escuchando al otro lado del teléfono. "Estarás muy caliente aquí, no?",
le dije al panadero, con voz picarona. Él se dio cuenta y se molestó. "Claro, el
horno hace calor, cómo no. Pero aún en invierno se pasa bien, ahora en verano es
peor…" El tipo se iba del tema, pero yo me apresuré a meter mi mano en su
entrepierna y le puse contra un montón de cajas, y me abalancé sobre él,
acariciando su entrepierna (con un rabo bien duro, hay que decir) y su pecho.
Pero él la empujó y la apartó, y a empujones la echó. "¡¿Pero qué coño haces?!
¡¿Quién te has creído?! ¡¿Qué coño haces joder?! ¡¿Por quién me tomas?! Yo soy
un tipo sensato y con mi mujer y tres hijas, que me hacen muy feliz. Soy un
feliz padre de familia… así que aquí no se te ha perdido nada, ¡puta de mierda!
¡¡Jodida comepollas!! ¡Anda vete por ahí putón!..." Ya no escuché más, me iba
calle abajo, medio triste y cabreada. Me habían rechazado y esto me dolió mucho
más que cualquier castigo u humillación; fue un ataque al amor narcisista que
sentía por mi, por mi capacidad de atracción. Al teléfono, mi Ama se reía a
carcajadas, y me dijo que lo había hecho muy bien. En realidad, dijo, se trataba
de que en el pueblo me tomaran por una zorra, y eso sería un gran paso en este
sentido. Daba igual si follaba o no, lo importante era lo que pensara y dijera
de mí la gente. "En realidad, si no follas mejor, que eres una zorra de verdad y
te gusta demasiado, putona… Ahora vete a que tu maridito te consuele… jajaja".
Llegué a casa con lágrimas en los ojos. Me desnudé y me metí en la cama, me
junté a mi marido muy fuerte, le besé y acaricié… hasta que despertó. Luego le
pedí que me follara, y maquinalmente me folló, un polvo triste y desgarrado. Yo
no estuve en absoluto activa, solo recibiendo su mete-saca pasivamente, como si
de un objeto me tratara.
Al día siguiente, mi marido se fue como siempre a trabajar y
yo me iba a la compra. Entonces me envió un sms mi Ama: "Vete al bar y toma un
café. Tira el cambio en la maquina tragaperras, y empieza a tirar y tirar
monedas. Quiero que estés 3 horas de reloj jugando". Dejé las compras para más
tarde y fui al bar, pedí café y me puse a jugar en la tragaperras. La gente del
bar me miraba raro. También a mi se me hacía raro, pero poco a poco le encontré
gusto a la partida e incluso gané algo, pero lo volvía a tirar. Hasta que el
dinero se terminó; entonces salí al cajero de enfrente, el único servicio
bancario de la población (ni siquiera hay oficina). Saqué más dinero, bastante
más, y volví a la tragaperras. Hasta cerca de las dos, y con los rumores de
todos los clientes. Era un poco más que debía hacer para agrandar el mito de la
mujer pendón, calientapollas, zorra y adicta a las tragaperras y quién sabe a
qué más. A partir de entonces otra de mis labores como sumisa sería pasarme casi
todo el día en el bar. Pero ahora eran ya las dos, hora de comer. Fui a casa, me
desnudé completamente, me puse mi collar de perrita, mi cazo metálico de agua en
el suelo, mi platico de metal para la comida del perro, al lado del cazo de
agua, y finalmente llené el platico de comida de perros, me puse a cuatro patas
y conecté la cam esperando órdenes de mi Ama.