Sácame de aquí. Jamás pretendí dañarte. Jamás pretendí
quitarte nada, sólo quería entregarte lo mejor de mí, mi amor, mi cariño
sincero. Aún recuerdo cuando, mientras besaba tus heridas dulces y llenas de
sangre, entro él. A ese que llamas novio, ese que dices adorar con toda el alma.
Sentí un golpe en la cabeza y ahora estoy aquí, tras estas barras de metal, como
si fuera una asesina. ¡Jamás mataría a mi niña! No soy una mala mujer, no soy
una perversa madre como todos me ven. Tan sólo mi amor es diferente.
Me cambiaron de celda esta noche. Estoy al lado de una negra
asquerosa. Detesto a los negros. Y ella parece saberlo. Me mira como si quisiera
arrancarme las tetas con sus dientes. De pronto, un mozo de la cárcel me trae la
comida. Me mira y sonríe. Me pregunta que si soy nueva. No le respondo. Es un
maldito maricón. Un asqueroso ser que le entrega el trasero a cuanto tipo le
sonríe.
Así que casi matas a tu hija –dice el gay.
No la mate. Sólo cuide de ella.
Me dan asco las mujeres por eso. No hay como los
hombres, regios, deliciosos –dice, retirándose mientras menea la cola
como una loca.
Siento que mi mundo se destruye. Me escondo en mi lecho y me
largo a llorar pensando en ella. En mi niña preciosa, mi amor. Como estará, como
estará su hermosa piel, ¿sus piernas estarán congeladas o las habrá sacado el
enfermo mental de su novio? ¡Mi niña, sácame de aquí! Esto es una pesadilla,
sólo quería amarte y que fueras para mí.
De pronto, siento un golpe en la cabeza. Es la negra que me
lanzó un puñetazo.
Mira blanquita, aquí a nadie quiere a las mamitas
corazón como tú. Así que anda preparándote para gozarla en grande.
Ni siquiera le respondí. Sólo el olor que tenía ya me daba
repugnancia.
Ah, te crees la inocente. Aquí todas somos inocentes,
todas hicimos cosas porque la vida nos trataba mal. Dicen que eres
doctora. Espero que sepas como auto curarte.
Esa noche me dormí llorando. Quería estar con mi niña, dormir
con ella.
De pronto, a mitad de la noche sentí unas risas. Me levanté y
para mi sorpresa estaba abierta la puerta de mi celda. Sin pensarlo dos veces,
salí a ver de donde venían las risas. No recuerdo cuanto camine, pero sé que
estaba lejos de mi cama. No entendía que pasaba hasta que vi a la negra y al
marica con dos tipos mas que parecían ser los guardias. A la negra la tenían con
las piernas abiertas apoyada en una mesa, con el trasero levantado en dirección
a uno de los guardias. El tipo era un viejo repulsivo de unos 60 años, con
aspecto de degenerado.
Ven preciosa, que ahora verás lo que es bueno. – le
dijo el tipo, metiéndole un dedo por el ano a la mujer. Ella se quejaba
como loca, mientras el marica y el otro tipo se reían. Odiaba a la negra
pero me dio lástima verla así.
Esta perra es virgen –dijo el otro guardia- méteselo
de golpe para que sepa lo que es bueno.
No, por favor –decía la negra, con los ojos rojos de
llanto.
Pero el guardia viejo no se apiadó de ella. Sacó un tremendo
palo, -luma creo que les llaman- con los que azotan a los presos y se lo empezó
a meter lentamente.
La negra gritaba como loca.
¿Te gusta el regalito que te traje, papacito? -dijo
el gay al guardia mas joven, acercándosele a la boca para fundirse con
un apasionado beso. –Quiero ser tuyo esta noche. Sólo tuyo. Ser tu
esclavo.
El guardia lanzó una risotada. Después que juguemos con esta
perrita caliente, jugaremos contigo. Me cargan los maricas y eso lo sabes, pero
el regalito de esta noche esta precioso.
La negra estaba algo aturdida, pero al sentir la luma entre
sus piernas perforándole el trasero hasta sus intestinos, despertó de su
letargo.
Ahora sabrá lo que es bueno –rió el viejo, sacándose
una verga gigantesca y gruesa, el doble que la luma que le había metido,
y sin piedad se la metió hasta el fondo. Comenzó un mete y saca sin
piedad, mientras le metía los dedos en la vagina hasta hacerla llorar.
Mira, así que hay tratarlas. Nos dijeron que nos
deshiciéramos de estas putitas, pero antes hay que sacarles el máximo
provecho. –dijo el otro guardia, mientras le metía su verga en la boca.
Pobre tipa, sentí piedad por ella. Parecía que la
desarmaban, una y otra vez. Lo más terrible fue cuando entre los dos la
acomodaron para meterle dos vergas por el ano.
Creo que en ese momento me desmayé. Y desperté en la sala
de la morgue de la misma cárcel.
Había una mujer vestida de blanco y tenía las manos
cubiertas de sangre.
Así que es compatible con el paciente. Me alegro que
se les haya ocurrido hacerle exámenes de sangre. Como es una asesina
parricida, nadie sabrá lo que le pasó aquí – dijo la mujer.
No podía hablar. Estaba aturdida, adormecida. Sólo
recuerdo cuando la mujer metió las manos en mi vientre, arrancando parte de
mi estómago y dejándolo a un lado. Increíblemente seguía viva, quizás porque
mi finalidad era estar contigo, mi niña. No dejé jamás de pensar en ti.
Hasta que mis ojos se cerraron. Y comencé a sumergirme en un extraño sueño,
en el cual veía como te mantenían viva aún conectada a tubos en el hospital.
Vi como vivías a pesar de todo lo que te quité. Aunque no fue nunca con la
intención de hacerte daño…