Diario de una Anoréxica Mental
Un anoréxico o anoréxica mental es toda aquella persona que
por más que las demás personas le digan que lo quieren, ella siente que no es
así. Por más que todos le sonríen ella siempre se siente triste, fea, gorda, una
basura…
Esta es la historia de Eva, una niña de 25 años que sufre
anorexia mental.
Sus ideas no están claras y en este momento todo le da
vueltas. La carcome la soledad a pesar de que esta acompañada. Sus manos
sangran, los cortes en sus muñecas invisibles al ojo humano por sus guantes, no
terminan nunca de arder y latir. ¡Están vivos! – cree Eva, existen bajo mi piel,
y se burlan de mí. ¡OH, sí! Eva oía voces. Miles de voces pequeñas que le
hablaban incoherentemente algunas veces cuando se miraba al espejo. ¡Estás fea!
¡Estás gorda! Oía constantemente Eva.
Pero Eva no era una persona mala, curiosamente los animales
la adoraban y los niños también. Sólo se sentía completa cuando iba a hacer
clases de Arte a los colegios y aquellos pequeños de no más de 7 años se le
lanzaban en manada como perritos abandonados a saludarla. ¡Que amor más sincero,
más puro, más bueno!
Eva tenía un hijo. Un hijo al que adoraba con todo su
corazón. Pero malas personas se habían dedicado a envenenar la frágil mente de
su pequeño hijo. A pesar de que tan solo era un bebe, la familia constantemente
le decía al oído que Eva no lo quería. Que Eva amaba más a los perros y a los
gatos, a sus pequeños alumnos que a él. El pequeño bebe comenzó a tomarle un
increíble rechazo.
Las voces le carcomían el cerebro a la pobre Eva. Día y noche
tratando de ganarse el afecto del ser que mas amaba en la tierra, sin embargo
todo esfuerzo parecía inútil. El ya no la necesitaba, nadie la necesitaba. Un
día, el director dijo que le parecía mal que Eva se llevase tan bien con los
niños pequeños. Que era mala imagen que se le colgaran del cuello, que
anduvieran a caballo arriba de ella y ella los besara como si fueran sus propios
hijos.
Pedofilia, dijo el director. Los padres se quejan, dijo una
colega. Eva no era mala y la estaban matando. Le arrancaron lo poco que le
quedaba de corazón, porque una tarde de Abril, un amante fugaz la engaño con
otra y le destrozo lo que quedaba de este mismo. Los ojos de sus niños se
llenaron de lágrimas al saber que Eva se iba. Miles de cartitas con letra
enredada y dibujos de corazones enteros llegaron a las manos de la "Tía Eva",
como todos le decían. Las huellas de Eva quedaron impresas en el pizarrón, como
una burla al destino, como un juego de palabras en el viento que se olvidan
fácilmente.
Al llegar a casa había alguien la esperaba. Eva tenía un
esposo. Un buen hombre que decía amarla mucho, pero no lo que ella necesitaba.
Eva tenía el alma podrida de tanto sufrir y no podía entender como alguien la
podría amar. Su esposo decía hacer lo mejor por los tres, pero Eva, al ser una
anoréxica mental, no podía sentirlo ni saberlo. Nada de este amor que su esposo
solía decir, llegaba a su corazón, parecía que algún maleficio extraño había
bloqueado el cuerpo de Eva, las caricias de él eran de fuego, le hacían daño
cuando la tocaban y solo la conducían al llanto.
Quisiera haberte conocido antes – decía él. – jamás
habría permitido que te hicieran daño.
Quizás era cierto y él era demasiado bueno. Pero a veces el
esposo cometía errores. Y Eva no aceptaba aquellos pequeños errores. Repito: era
anoréxica mental y no podía entender de amor de hombre.
No era pervertida, no imaginaba nada con niños, ni menos con
sus alumnos. De hecho, rara vez imaginaba cosas. Siempre cerraba los ojos y
lloraba muy calladita para que nadie supiera. Menos su hermano, que una vez le
pego por llorar.
Cuando Eva era chiquitita, como de unos 8 o 10 años, solía
esconderse y arrancarse de los golpes de su mama, de los gritos y el horrible
maltrato psicológico. Con una gillette muy finita se escondía en el closet y
lentamente se cortaba brazos y piernas. Nadie lo sabía. Eva siempre estuvo
enferma.
Se dibujaba a si misma como un ser espantoso, y truqueaba con
un programa de computación sus fotos para verse diferente en ellas. No soportaba
los espejos, y trataba de huir de ellos. Pero le gustaban los de los juegos
Diana, esos que son de mentira y a veces te vez chico y flaco. Otras gordo y
chueco. Eva siempre que se veía en cualquier espejo, se encontraba horrible.
No entiendo que te pasa… ¡Yo te amo, si supieras
cuanto te amo! – decía él, pero Eva no podía entender que era el amor.
Alguien debía enseñarle de nuevo que era ese sentimiento, que cosas se
hacían con él, que significaba. Esa tarde, Eva se dio cuenta que el
despido de su colegio había rebalsado el vaso. Y su hijo no quería
abrazarla ni besarla, no quería siquiera mirarla.
El corazón de Eva lentamente se detuvo y paso al plano de los
muertos, en donde los vivos piensan como si estuvieran muertos y sienten que ese
es el día indicado de decir adiós.
Eva mando a su esposo a comprar el pan. Pero cuando él
volvió, su mujer yacía sobre la cama, con una gran tijera enterrada en un brazo.
La sangre bañaba las sabanas, y la ropa del bebe que tenía abrazada.
Ya no mas dolor, amor… Ya no mas lagrimas… y el bebé
contigo estará mejor… -susurró Eva.
El pensó que podría haber hecho tanto antes, y nunca supo
como. Gritó de dolor y pensó que iba a morir con ella en ese instante… Pero de
inmediato dejo su cuerpo ahí y se dedico a ver al bebe que estaba llorando.
Eva siempre sobró.