Con cuarenta y seis años si alguien me preguntara que es la
felicidad sin dudarlo le diría "Victoria", si esa persona me dijera que no
entendía mi respuesta le diría que la felicidad era una muchacha de 18
años morena de pelo y piel blanca, con unos ojos marrones llenos de vida que
cuando se fijan en ti su atrevimiento te traspasa el alma, con su cuerpo lozano,
terso, de curvas perfectas rematadas en atributos divinos, le diría que es un
sueño que se mete en mi ser como yo me meto en su cuerpo.
Hace tan solo unos meses no hubiera respondido lo mismo.
Afortunadamente soy una persona a quien la vida le ha sonreído haciendo de mi
vida un camino que con gusto he recorrido. Tras años de estudio y trabajo he
conseguido situarme en un puesto de confianza en la empresa para la que presto
mis servicios lo que me ha concedido cierta holgura económica que si bien no
creo que me haga rico, si que me ha otorgado la oportunidad de vivir bien
concediéndome de vez en cuando algún que otro capricho. En cuanto a mi vida
sentimental lleva 15 años entrelazada con la sexual desde el mismo momento en
que Ángela y yo contrajimos matrimonio, lo cual no quiere decir que solo hayamos
gozado del placer de nuestros cuerpos sino que todo lo que hemos hecho ha sido
compartido ya fuere en tríos, en intercambios o en relatos de medianoche que nos
contábamos para calentarnos antes de retornar al cuerpo de la media naranja
abandonada para la ocasión. Sin duda esa "fidelidad" entendida como sinceridad
en nuestra relación es lo que nos ha hecho mantenernos juntos tanto tiempo,
además del innegable placer que experimentamos estando cerca el uno del otro y
la atracción que conservamos aun con el peso de la edad en nuestros cuerpos.
Pero la chispa que ha prendido el fuego en mi vida ha surgido
donde menos lo podía esperar, en una persona que difícilmente imaginaria que
pudiera trastornarme en modo así y ahora solo sé que cuando la pierda me será
muy difícil volver a llenar el lugar que ella ha ocupado en mi vida. Pero
vayamos por partes y déjenme que les cuente cuanto me ha sucedido.
Desde un poco antes de casarnos Ángela y yo nos fuimos a
vivir en un piso situado en la séptima planta de un edificio cercano al centro
de la ciudad. Como toda comunidad de vecinos no siempre se puede conocer a todas
las personas que viven en el mismo edificio y menos aun trabar amistad con
ellas. Victoria es la hija mediana del matrimonio que vive en nuestra planta en
el otro lado del pasillo quienes vinieron a vivir aquí con nosotros hará unos
siete años. Se puede decir que con ellos, tanto con los padres, Juan y Victoria,
como con sus niños, Alberto, Victoria y Ana, siempre ha habido buena sintonía,
incluso hasta cariño con los chicos.
Desde esa perspectiva observaba como se iba desarrollando
Victoria, la transformación que iba experimentando su cuerpo de niña a mujer y
al tiempo como se iba sustituyendo su inocencia infantil por la osadía y descaro
propios de la adolescencia. Era delicioso verla crecer y encontrármela por los
pasillos o en el ascensor con la jovialidad que siempre desprendía y la frescura
que era innata a ella. Como digo, era con ojos de cariño con los que la miraba
hasta hace unos meses en que todo comenzó a cambiar entre nosotros.
Fue un jueves si no recuerdo mal, aquel día salía un poco más
temprano de lo habitual hacia mi trabajo puesto que tenía una reunión a primera
hora y quería revisar algunos papeles antes. Tras abandonar el ascensor y
acceder a la planta de garaje donde tenía el coche escuche un ruido proveniente
de una de las esquinas del garaje. Mi reacción fue de sobresalto al no saber
quién podía andar escondido allí. Con determinación y cierto ridículo sigilo me
dirigí hacia el sitio donde se había producido el ruido cuando entre el claro
oscuro que había pude observar que allí había una pareja intentando gozar del
placer de la carne al resguardo de la oscuridad. Era excitante ver el ansia con
la que se besaban, como sin desvestirse del todo sus manos recorrían el cuerpo
del otro, lo tomaban, lo estrujaban y casi podría decir que arañaban. Sus juegos
conducían las manos hasta el sexo del compañero para darle placer en sustitución
del cuerpo que no se atrevían a entregar. No podía ver mucho pero por los
movimientos de sus cuerpos y los gemidos de ambos era innegable que se estaban
masturbando el uno al otro, lo cual era muy excitante entrándome ganas de hacer
lo propio con mi verga que ya abultaba bajo mi pantalón.
Sin embargo la parte más responsable de mi conciencia me
recordó que tenía que irme a una reunión por lo que decidí dejar a mis anónimos
amantes allí disfrutando, con una cierta lastima al pensar que los interrumpiría
al encender el coche para salir del garaje ante el susto de poder ser
descubiertos.
No le di mayor importancia a aquel suceso hasta que al día
siguiente por la noche cuando al salir para dejar la basura en el contenedor
coincidí con Victoria en el ascensor. Estaba rara, muy cortada conmigo y no
alcanzaba a entender el por qué, pero en modo alguno se me había ocurrido
relacionar lo pasado en la cochera con ella. Tras volver de depositar la basura
en el contenedor, antes de pulsar el botón para subir, me pregunto que si tenía
un momento para que habláramos.
Yo- Claro que si. Tú me dirás.
Victoria- Bueno …. Es difícil de decir.
Y- No te preocupes, ya sabes que me puedes pedir lo que
quieras. – Le dije sin saber sin saber de lo que podía tratar aquello.
V- Veras … es que … ayer cuando nos viste pues veníamos de
una fiesta.
No sabía muy bien a que se estaba refiriendo, estaba seguro
de que ayer no la había visto puesto que pase prácticamente todo el día en las
oficinas y llegue tarde a casa sin cruzarme con nadie. Puse cara de póker y no
le dije nada a la espera de ver que es lo que se suponía que sabía.
V- Era un chico del instituto que me venía gustando pero
hasta ayer no habíamos hecho nada …
El corazón me dio un vuelco al pensar por primera vez que la
chica que vi ayer en las cocheras podía ser ella, que me había pasado parte de
la mañana pensando en cómo aquel chico bajaba su camiseta para meterse en la
boca sus pechos. Por mi cabeza paso la idea de que me había puesto cachondo con
aquella chiquilla que tanto adoraba y lo que es peor pensar en todo ello hacia
que tuviera una incipiente erección. Ahora pase de estar confuso a estar
perplejo pero seguí sin decir nada.
V- Y como no teníamos donde irnos a esas horas y no quería
estar en medio de la calle subí a la casa para coger las llaves del garaje y
meternos en aquel rincón.
Ya no cabía duda, era ella la muchacha que gemía de goce
mientras con su mano satisfacía el deseo de su chico. Como pude recoloque lo más
disimuladamente posible mi verga de tal forma que se notara lo menos posible que
ya estaba completamente erecta. Qué pensaría de mí aquella chiquilla si se diera
cuenta que un hombre 20 años mayor que ella andaba poniéndose cachondo a la
primera de cambio.
V- El resto creo que ya lo sabes.
Y- Victoria yo …
V- Te vi entre los coches parado mirándonos como nos metíamos
mano. Al principio me dio un poco de apuro pero creo que eres un buen tipo así
que no le dije nada a él, además estaba tan encendida que me hubiera costado un
disgusto muy grande parar sin que me terminara.
Y- No me voy a meter en lo que haces o dejas de hacer, eso no
me corresponde a mí.
V- Sabia que podía confiar en ti. Pero el favor que quería
pedirte es que no se lo dijeras a mis padres, no sé muy bien como se lo
tomarían.
Y- Descuida no les diré nada.
Me dio las gracias por aquello al tiempo que pulsaba el botón
para subir. El trayecto lo pasamos en silencio. Al llegar arriba se acerco a mi
poniendo sus manos en mi pecho al tiempo que me susurro "recuerda que esto es
nuestro secreto", le mire a sus preciosos ojos asintiéndole con la cabeza y ella
me sonrió justo antes de darme un rápido beso en los labios. No tuve siquiera
tiempo de responder con mis labios solo de sentir el suave tacto de sus labios
sobre los míos. Ella sin más empezó a salir parándose un momento con medio
cuerpo fuera de la cabina del ascensor, se giro encarándome y sonriéndome
nuevamente me dijo que le había gustado que la observara.
Fue tal el impacto de aquellas palabras junto a todo lo que
me había sucedido que me quede inmovilizado dentro del ascensor mientras oía que
ella entraba en el interior de su vivienda. Estaba aturdido por mis emociones,
aquella chica de la otra noche ya tenía cara. Venían a mi cabeza flashes de ella
entregándose a alguien anónimo en el aparcamiento mientras que me miraba
fijamente. Veía partes de su cuerpo desnudo y como se agitaba ante los impulsos
de su pareja. La deseaba pero solo podía mirar aquella escena mientras ella me
preguntaba si me gustaba lo que veía. Saboreaba mis propios labios en busca del
sabor de los suyos. Como era posible que aquella chiquilla en un solo momento
hubiera causado tal estado en mí.
Esa noche apenas pude conciliar el sueño. Incluso aun
habiéndome entregado entero a Ángela seguía sin poder quitarme a Victoria de la
cabeza. Por otra parte tenía un sentimiento nuevo en mi, era la primera vez que
ocultaba algo a mi mujer. Nunca antes había tenido problema en contarle si me
atraía tal o cual persona, incluso si había hecho aquello o lo otro a sabiendas
de que podía no gustarle demasiado. Ojo, que no era por ser un santo, que ella
también hacia lo propio. Pero esto era distinto. Era un sentimiento tan profundo
que me daba miedo hasta asumir que lo tenía. No era por la diferencia de edad o
por que fuera la hija de nuestros vecinos, era porque notaba que aquella
muchacha podía arrastrarme más allá de donde había estado nunca.
Nuestros siguientes encuentros fueron normales. Ella
aparentaba como si no hubiera pasado nada salvo por algún guiño ocasional o un
esbozo de sonrisa y yo intentaba hacer lo propio ocultando el torbellino que
cada vez sentía de una manera más vigorosa en mi cuando estaba cerca de ella.
Pero pronto pude comprobar que su aparente normalidad no era tal. Apenas una
semana después de nuestra conversación, de nuevo cuando fui a bajar la basura,
ella volvió a acompañarme. Me dijo que quería darme las gracias por el favor que
le hacía. Evidentemente le dije que no tenía importancia y que no hacía falta,
pero no me hizo demasiado caso. Me dio un memory stick diciéndome que en su
interior había algo para mí y que esperaba que me gustara despidiéndose de mí
con otro beso en mi boca.
Sabía que no podía ver en el momento lo que contenía el
memory stick pero me obsesionaba saberlo molestándome el pensar que hasta el día
siguiente no podría mirarlo puesto que por la noche ya teníamos planes para
salir Ángela y yo. A la mañana siguiente me encerré en el despacho que tenía en
la casa como tantas otras veces con la escusa de tener trabajo atrasado. Ángela
decidió salir aprovechando la coyuntura para darse una vuelta por el centro.
Cuando por fin me senté en frente del ordenador todo me parecía ir muy despacio
desde mis propios movimientos hasta el funcionamiento del ordenador. Estaba
impaciente por ver cuál era el regalo que Victoria me había preparado. Por fin
accedí al único archivo de la memoria que era una presentación de power point.
Con temblor en mis manos le di a ejecutar.
En la pantalla apareció una foto de Victoria vestida de calle
con unos vaqueros y una camisa sin mucha historia. Parecía que estaba en su
cuarto mirando hacia la cámara mientras que lanzaba un beso que bien podía ser
para mí. Aquella fotografía dio paso a una nueva donde cambiaba de postura.
Tenía pose de modelo. Estaba preciosa. Nuevamente la fotografía desapareció para
dar paso a una nueva. Ahora sus manos habían ido a parar hasta los botones que
todavía estaban abrochados de su camisa puesto que ya había desabrochado dos o
tres. Aquella chiquilla se estaba desnudando para mí, no podía dar crédito como
tampoco pude evitar empezar a acariciarme la verga que tenía un considerable
tamaña desde el mismo instante en que me senté en frente del ordenador. Clave
los ojos en la pantalla ante la sucesión de imágenes en las que poco a poco
Victoria se iba quitando la ropa. Como estaba solo en la casa me quite los
pantalones para poder masturbarme mejor aunque con lo excitado que me tenían las
fotos no me hacía mucha falta.
No sé cuantas fotos iban ya pero Victoria apenas si tenía un
precioso tanga azul tapándose los pechos con sus brazos y manos. Durante el
tiempo que permanecía cada foto en pantalla estudiaba cada centímetro del cuerpo
de Victoria. Tal empezaba a ser mi obsesión por ella que no perdía detalle del
color de su piel, de la forma de sus curvas o la manera en que posaba su cuerpo.
Las siguientes fotografías me permitieron ver nítidamente las aureolas de sus
pezones, quizás un poco grandes para sus pechos de mediano tamaño pero perfectas
para los pezones de punta tan desafiantes como su mirada. Las fotografías
seguían pasando, yo seguía subiendo y bajando mi mano por la superficie de mi
verga cada vez más grande, palpitando de emoción con cada nueva fotografía.
Debo decir que no me quiso enseñar en su regalo lo que el
tanga ocultaba pues no se lo quito. No obstante, las últimas fotos si que pude
observar como se acariciaba. Acerco la imagen a su coño teniendo las piernas
bien abiertas para que no perdiera detalle de cómo se acariciaba primero por
encima del tanga siguiendo lo que parecían los pliegues de sus labios vaginales
para a continuación deslizar la mano por debajo del tanga continuando con los
tocamientos. Viendo aquellas fotos creo que esa mañana no pude evitar correrme
un par de veces antes de que volviera mi mujer a la casa y tuviera que salir de
la habitación para continuar con mi vida, aunque sin poder quitar de mi cabeza
el cuerpo de Victoria ni la frase del cartel que me enseño en la última de sus
fotos en el cual decía "Te gusto?" exactamente igual que me lo había dicho
tantas veces en mi cabeza.
Desde aquel momento me obsesione con encontrarme con ella en
el ascensor, quería tenerla allí para mí solo para poder disfrutar de su cuerpo
como tanto necesitaba. Pero aquella ocasión no llegaba. Al llegar el viernes
Victoria me castigó al no salir a bajar la basura. La situación era ridícula
pero me sentía muy abatido por no haber podido estar junto a ella lanzándome a
sus labios como había imaginado tantos días desde la primera vez que vi sus
fotos.
Afortunadamente el tan ansiado encuentro ocurrió de forma
casual al martes siguiente al medio día. Aquel día tuve oportunidad de ir a
comer a casa. Cuando estaba de vuelta de ir a por el pan coincidí con Victoria
que volvía de sus clases. No podía dejar escapar aquella oportunidad y a riesgo
de parecer precipitado pase mi brazo por detrás de su cintura para atraerla
hacia mí hasta tener su cuerpo pegado al mío. Ahora era ella la que me miraba
con sus ojos fijamente sin decir nada. Subí la mano hasta su nuca moviendo su
cabeza hacia mí. La bese, no como ella me había besado a mí, tampoco como lo
hiciera con su amigo. Lo hice con calma introduciendo mi lengua en su boca,
disfrutando del momento como si fuera a ser el único que tuviera así.
Cuando separamos nuestras bocas le dije que quería tenerla
para mí solo aunque no le confesé que no era una querencia sino una necesidad.
Ella no me decía nada aunque no hacía por separar nuestros cuerpos. Entonces las
palabras salieron de mi boca sin saber aun muy bien como diciéndole que el
sábado por la mañana tenía que venirse conmigo. Creo que me quiso replicar algo
pero no se lo permití volviendo a besarla de nuevo para despedirme de ella hasta
el sábado a las nueve de la mañana en las cocheras.
Llegado el sábado salí de la casa con el remordimiento de
haber mentido a mi mujer no solo por lo que quería hacer aquella mañana sino por
como me hacía sentir Victoria. También tenía miedo de que no estuviera
esperándome a la entrada de las cocheras. Por fortuna mi miedo resulto
infundado. Allí estaba ella esperándome. Iba vestida informal con una falda
hasta las rodillas y una camiseta ancha estampada que dejaba insinuar el
sujetador que llevaba debajo. Se monto en el coche y sin decirnos nada me
encamine hacia la casa que tenia a las afueras de la ciudad donde solíamos pasar
el verano mi mujer y yo.
Al llegar a la casa fuimos directos al dormitorio principal.
El cuarto estaba con la persiana a medio echar dejando la estancia en penumbra
con una tenue luz filtrándose a través del cristal. En silencio comencé a
besarle el cuello. Besos breves que recorrían todo la superficie descubierta de
su garganta. Ella se dejaba hacer. Con mis manos iba guiando su cabeza según
donde quisiera depositar el siguiente beso. Es difícil describir el placer que
experimentaba al arrastrar mis labios por su suave piel.
Todavía no la había besado y en vez de acudir con mis labios
a mi boca quise sentir en mis dedos el calor de sus labios. Estaban calientes y
húmedos, aunque lo que más me excitaba en aquel instante era notar el fogonazo
de su respiración agitada en mis dedos. Apenas si estábamos empezando nuestros
juegos y su cuerpo ya estaba rendido a mí, sabía que pasara lo que pasara ella
serias mía sin que nada pudiera evitarlo.
Victoria en aquel momento decidió intervenir. Lentamente
subió una de sus manos hasta mis dedos, solo le interesaba que quedara el dedo
pulgar a la entrada de su boca donde hizo acto de aparición su lengua para
recibirlo. Deslizando el dedo por su lengua lo introduje en su boca dejándole
que me lo chupara a su gusto. Aquella situación me excitaba tanto como si
estuviera chupando mi verga en vez del dedo. Tal y como me estaba excitando sin
duda de haber ejecutado sus juegos en el miembro no hubiera tardado más de unos
pocos segundos en rociar su boca con mi semen.
Desnudarnos no fue difícil, seguimos haciéndolo con suavidad
descubriendo nuestros cuerpos al tiempo que iban cayendo las prendas al suelo.
La contemplaba como el crítico que examina una obra de arte con el fin de
determinar si era la original o una copia. Recordaba cada detalle de las
fotografías buscando en su cuerpo un lunar aquí, un pliegue allá, comprobando
con mis manos si la tersura de su piel se correspondía con la que había
imaginado cada vez que pensaba en ella. Por su parte Victoria también había
terminado de desnudarme asiendo con una de sus manos mi verga que ya se
encontraba en todo su esplendor.
Deje que me tumbara en la cama sin soltar su agarre en ningún
momento. Se tumbo pegada a mí de forma que podía contemplar su trabajo manual
perfectamente. Mientras que con una de sus manos estiraba el pellejo hacia abajo
apretando en la base con el índice de la otra rozaba el glande provocándome un
placer perverso. Ella sabía que apenas me tocara iba a correrme justo por lo que
me tocaba pero levemente de forma que cada contacto parecía multiplicarse por
mil en mis receptores de placer sin ser suficiente para permitirme acabar.
Cuando se canso de sus caricias comenzó a subir y bajar su mano por mi verga,
despacio al principio incrementando el ritmo paulatinamente hasta que fue
inevitable que soltara una buena corrida que procuro cayera sobre su mano.
Siguió un poco más moviendo su mano hasta que exprimió la
última gota que podía contener mi cuerpo a esas alturas. Entonces separo su mano
absolutamente cubierta por mi leche llevándola hasta sus pechos donde ayudada de
su otra mano restregó todo el semen por sus tetas al tiempo que aprovechaba para
magrearselas. Con un espectáculo tan increíble como inesperado apenas si tuve
necesidad de esperar para estar listo con una nueva erección, realmente era que
no me había dado tiempo a que se bajara la que tenia, pero no era turno para que
obtuviera placer yo, quería que Victoria disfrutara.
Poniéndome de pie en el centro de la habitación pedí a
Victoria que hiciera lo propio. De uno de los cajones de la cómoda, que
previamente había preparado para la ocasión, extraje un antifaz para dormir.
Ella me miro con un cierto disgusto, no parecía gustarle demasiado la idea de no
poder ver que es lo que iba a hacer con ella pero siguió sumisa y me permitió
ponérselo. Siguiendo con lo que tenía planeado a continuación saque del cajón un
aceite corporal con el que me dispuse a recrearme embadurnando a Victoria.
Empezando desde su cuello fui extendiendo metódicamente el aceite por toda la
superficie de su cuerpo. Estaba extasiado recorriéndola, cubrir sus jóvenes
pechos deslizando mis manos por sus firmes pezones muchas más veces de las que
hubieran sido necesarias, seguir la caída del aceite por su espina dorsal
extendiéndola por el resto de la espalda, abrazar con mis manos sus muslos y
piernas jóvenes y terminar en el centro de su cuerpo paseando los dedos por su
pubis, entre sus nalgas rozando su concha hirviente como un volcán a punto de
explotar.
Teniéndola perfectamente embadurnada y resistiéndome a mis
instintos más primarios que me reclamaban tomar aquel cuerpo sin la menor
dilación, seguí con los planes que había trazado en las noches en vela que pase
desde nuestro último encuentro pensando impaciente en como seria el encuentro
que se estaba desarrollando ante mí. Tumbe a Victoria en la cama tal y como ella
lo había hecho antes conmigo, pero a diferencia de ella no me dirigí
directamente a su sexo. Aprovechando que estaba completamente cubierta por
aceite, con ánimo de seguir apoderando en mi cabeza el cuerpo de aquella
chiquilla comencé a darle un masaje que me conduciría otra vez por todo su
cuerpo, deteniéndome en esta ocasión más en cada zona para conseguir una
completa relajación de su cuerpo al tiempo que una mayor excitación. Sabia como
provocarle ambas cosas y bien que me emplee en ello. Victoria se dejaba hacer
haciéndome saber las zonas que le producían mayor excitación contrayendo su
cuerpo cuando detenía mis manos en ellas y dejando escapar algún que otro gemido
de su boca estirando al tiempo su precioso cuello. El brillo de su piel junto
con la fragancia del aceite y mis manos que la recorrían incansables hacían que
tuviera mi verga completamente erecta entrando en contacto con el cuerpo de
Victoria según que postura adoptaba para masajearla. Casi caí en la tentación de
penetrarla cuando estando sentado sobre sus muslos masajeaba sus lumbares, la
punta de mi verga no paraba de acariciar los labios de su vagina. En otras
circunstancias resultaba un juego preliminar de lo más excitante pero en esta
ocasión harto difícil me resultaba no ceder a cualquiera de mis impulsos para
mover mis nalgas hacia Victoria hundiéndome en su cuerpo. Además ella también
debía desear que terminaran los preliminares puesto que mientras que la
masajeaba así alzaba sus caderas ofreciéndome una perfecta visión de su sexo y
de su ano que duda cabe a modo de invitación para que la tomara.
Sin embargo, una vez más logre mantenerme continuando el
masaje por sus muslos, piernas y preciosos pies.
Una vez terminado el masaje di la vuelta a Victoria para
dejarla tumbada boca a arriba. El perfil de su silueta era majestuoso. Pueden
creer que pretendo embellecer la historia o evocar lo ocurrido fantaseando la
realidad pero describirla de otra forma seria no hacer justicia a aquella
chiquilla que se estaba entregando a mí. Aun a pesar de la excitación que
experimentaba contemplarla tumbada sobre la cama con su cuerpo desnudo cubierto
de aceite, sus pezones desafiantes apuntando al techo y las piernas
entreabiertas dejando ver su rajita totalmente depilada.
Por fin me decidí a entrar en acción. Queriendo devolverle el
trabajo que me había realizado ella con anterioridad hundí mi cabeza entre sus
piernas. Como tenía sus muslos cubiertos por aceite me centre directamente en
los labios de su vagina. Me acerque lo suficiente para que notara mi aliento,
tanto como para que cada pocos segundos furtivamente mi lengua lamiera la parte
más externa de sus labios, incluso para que recorriera toda su rajita pero sin
adentrarse en ella lo más mínimo. Antes de continuar me coloque en la postura
del sesenta y nueve que tanto me gusta puesto que al tiempo que le doy placer a
mi pareja ella me lo da a mi dando muchas posibilidades para jugar el uno con el
otro. Sin necesidad de decirle nada mientras que volvía a hundir mi lengua en su
vagina ella se apoderó de mi verga con su boca, sin ayudarse en modo alguno con
sus manos. Aquello resultaba de lo más excitante pues ambos nos movíamos al
mismo tiempo de tal forma que cuando más adentro metía mi lengua más hacia ella
por introducir en su boca todo mi verga. Al no utilizar sus manos era con su
lengua y los labios como realizaba todo el estimulo en mi miembro totalmente
erecto. El esfuerzo añadido que además suponía la postura en que nos
encontrábamos, sumado a la increíble destreza que demostraba Victoria hacían que
gozara increíblemente del sexo que mutuamente nos estábamos regalando. Cuanto
más recibía de ella más aun quería darle, los lametones y chupetones de su
concha los torne más intensos centrándome en su clítoris con la lengua mientras
que con dos dedos penetraba su vagina. Tal fue el frenesí que imprimí a mis
caricias que pronto fue su orgasmo.
Dándole un pequeño respiro, que también aproveche para
calmarme yo puesto que de continuar apenas hubiera durado un par de minutos y
quería que aquello no se acabara nunca, me levante de la cama para contemplarla
retozando como si su alma dispersa por el orgasmo quisiera volver a acomodarse a
su cuerpo. Cuando ya vi como se iba calmando un poco más trepando por sus
piernas me fui situando lentamente de forma tal que sus piernas abrazaran mi
cintura, su boca se hermanara con la mía y su cuerpo recibiera por fin al mío.
Como no podía ser de otra forma la penetre suavemente, no por necesidad puesto
que Victoria estaba plenamente humedecida, sino por querencia y entendimiento de
no poder ser de otra forma distinta. Me introducía en ella lenta pero
profundamente, quería estar tan adentro de aquella chiquilla tanto como pudiera,
realmente necesitaba penetrarla hasta lo más hondo de su ser y así lo hacía, una
vez en el fondo apenas si me retiraba para volver a penetrarla a cada acometida
con mayor intensidad. Ella no solo me recibía sino que con sus piernas
rodeándome apenas si me permitía alejarme de su cuerpo exigiéndome que moviera
mis caderas más vehementemente.
Como no quería que pensara que en algún momento era ella
quien dominaba la situación le hice girarse para que quedara tendida boca abajo
pero subiendo un poco las caderas para que así me ofreciera toda su vulva.
Sentándome sobre sus glúteos no tarde en encontrarme nuevamente en su interior
pero ahora se había disipado la suavidad anterior. Comencé a penetrarla con
vigor, realmente cada movimiento era una embestida que iba subiendo su cuerpo
hacia el cabecero de la cama y aun así quería más, sentía como si la lozanía de
Victoria me regalara un vigor que hacía años no sentía y mi cuerpo lo
transformaba en un ansia insaciable de sexo. Apoyando las manos sobre la cama y
agarrándome a las sabanas continúe embistiéndola con mayor fuerza de tal forma
que ella tenía que poner las manos en el cabecero empujando para no darse con la
cabeza con cada vez que me hundía en ella. Estaba frenético sintiendo que
necesitaba más así que cogiéndola por la cintura tire de ellas hasta que quedo a
cuatro patas delante mía en todo momento sin dejar de estar dentro de ella. De
esta forma, sujetando su cintura y sin nada que me impidiera moverme, empecé a
penetrarla con toda la intensidad que mi cuerpo me permitía, deslizándome por el
interior de su vagina tan rápido y fuerte como me era posible hasta que
finalmente una explosión de esperma se derramo en su interior dejándome
completamente exhausto por el esfuerzo realizado.
Nos quedamos tumbados el uno al lado del otro intercambiando
caricias y algunas palabras que igualmente acariciaban nuestros oídos. Cuando se
hizo un poco más tarde y para no levantar innecesarias sospechas nos vestimos
preparándonos para volver. Antes de llegar a la casa nos separamos sin decir
mucho, ninguno de los dos debíamos de saber muy bien que hacer en adelante así
que para ambos no decir nada fue lo más oportuno. Sin embargo aquella historia
si que ha tenido una continuación y sigo temiendo el día en que Victoria se
olvide de mi, pero si les parece lo que ha sucedido después de aquella primera
ocasión mejor lo dejamos para otra vez más adelante. Hasta entonces un saludo.