RELATOS ERÓTICOS PARA LA PAREJA
Autor: Antoine Antilef el GRANCAMINANTE
Título: Un SPA sensual de la costa caribeña.
Con mi esposa tenemos una vida sexual bastante dinámica, pero
por tener una educación conservadora, propia de un país del hemisferio del
extremo sur, de clima templado a frío. Nunca hemos realizado juegos sexuales a
nivel lujuriosos. Pero en los últimos años, durante nuestros encuentros íntimos,
hemos creado juegos eróticos con claras fantasías sexuales, donde involucramos a
otras personas desconocidas, pero siempre han quedado sólo en nuestra
imaginación.
El año pasado decidimos pasar nuestras vacaciones en el
caribe mejicano, sin nuestros hijos. Reservamos una habitación en un hotel sólo
para adultos.
"Pero mi amor, ¿Cómo vamos a ir a un lugar que no conocemos y
quizás, qué tipo de hotel será?- me decía ella.
"Considéralo como un viaje romántico, sólo en pareja"- le
decía yo.
"pero yo nunca he dejado mis hijos por tanto tiempo"-me
insistía ella.
"Vamos y repitamos como nuestro viaje anterior, igual que una
"luna de miel", sólo los dos"- le rogaba yo.
Entonces, nos preparamos para pasar una segunda "luna de
miel", pero una muy especial.
La temperatura cálida de la región nos recibió de una manera
excitante, cambiando nuestros ánimos, estimulando nuestras hormonas y
haciéndonos olvidar del agobio de la ciudad y de nuestros estresantes trabajos.
"huauuu! Que hermoso el lugar, gracias por traerme y
convencerme- me decía ella. La sola vista interior del hotel, era muy atrayente.
La atención muy dulce y sensual de la recepción. Te ofrecían un refresco en la
misma sala de atención, tanto hombres como mujeres con unas tenidas muy
sugerentes. Las mujeres con faldas muy cortitas y los hombres con sus hombros y
parte del dorso descubierto.
Lo primero que hicimos, después de recorrer el hotel y
preguntar por sus servicios, fue prepararnos para ir a la playa, justo al frente
de nuestro hotel.
En sus instalaciones había sala de baile con variados
ambientes que anunciaban show en vivo, restaurantes, varios bares, un casino de
juego, una sala que no entendimos muy bien su funcionalidad pero donde sólo
entraban parejas, una piscina al aire libre y una techada con uso opcional de
ropa, y además un SPA muy completo. Mi señora no se fijó en lo de la ropa
opcional, era mi secreto, por suerte en ese momento estaba vacío.
Nos pusimos nuestros trajes de baños en nuestra habitación.
Mi esposa tuvo la precaución de no exhibirse cuando se puso el bañador y lo hizo
sin darme cuenta. Lo que sí me llamó la atención es que se sobrepuso un pequeño
y sugerente batín, luciendo sus preciosas piernas morenas.
"vaya, vaya que bonita la batita que se colocó, no se la
conocía"- le decía, cuando íbamos caminando por los pasillos del hotel. Supe
después que una amiga se la había prestado, traído de un viaje al caribe.
Después nos dimos cuenta que la gran mayoría de la gente se
cambiaba la ropa en la misma playa, nosotros aún estábamos inhibidos y
manteníamos la costumbre de nuestro país. ¿Tan ingenuos seremos nosotros?- le
decía a mi señora. "Parece que aquí aprenderemos nuevas costumbres"- me
respondía picaronamente ella.
Cuando llegamos a la playa, se sentía en el ambiente el
sensualismo emanado por los cuerpos semidesnudos de las bañistas. Yo me saqué la
ropa, quedando en mi traje de baños tipo sunga que sólo utilizó en mi propia
piscina y nunca en un lugar público por parecerme muy incómodo, pero aquí la
situación era incomparable, me encontraba dentro de lo cotidiano. Pero mayor fue
mi asombro, cuando mi señora se despojó de su batín, quedando en una pequeñita y
sensual tanga color anaranjada que hacía contraste con su tostada piel morena.
Este bañador se lo había comprado junto a una amiga antes de partir. Ella
habituaba usar bañadores discretos de una pieza. Pero con esta nueva
presentación dejaba sugerir y afloraba plenamente su cuerpo, muy bien formado,
con sus caderas prominentes y onduladas, dejaba entre ver sus pequeños y bien
labrados senos, y además le extendía sus firmes muslos, coronados en sus
redondos y erguidos glúteos.
"mamita mía, que estupenda y rica se ve"- le dije, sin dejar
de exponer mi asombro y para agregarle un apoyo al sabor sensual de su nueva
disposición. "No me habría atrevido hacerlo en otro lugar público"- me decía, un
poco sonrojada, pero alegre y atrevida.
Pero la parte inferior de su bañador era tan minúscula que
por la parte del frente se le destacaba elegantemente su monte de Venus, y aquí
mi doble asombro, que para precaver que se le escabulleran sus vellos púbicos se
había rasurado entera la entrepiernas. Me estimuló mucho al notarla tan
tentadora. Se veía como una diosa morena que llamaba la atención de nuestros
vecinos de alrededor.
"vamos a bañarnos, para refrescarnos un poco, estoy muy
acalorada" – me decía, sabiendo que por dentro su escozor de exhibirse
públicamente con minúscula ropa, la tenía muy excitada.
Después de bañarnos en las tibias aguas, mi esposa decidió
despojarse de la parte superior del bañador, exhibiendo sus naturales y
flamantes senos. Observando con sus grandes ojos negros a su alrededor y
capturando las miradas de los vecinos.
¡Qué bien me siento, y qué rica es la brisa que corre!- decía
ella, mientras se recostaba boca arriba, cerrando sus ojos y entreabriendo sus
piernas para sentir el roce.
A esa altura del día el entorno era extremadamente sensual,
con el suculento primer plano de mi señora semidesnuda. Yo a esa altura, venido
de tierras y ambientes frígidos, enardecía por dentro.
Cuando llegamos a la habitación, la estreché por detrás, bien
apegado a su suave cuerpo, le metí sagazmente mi mano bajo su calzón de baño,
palpando la exquisitez de su monte, que me mantenía muy goloso de curiosear y
hurgar.
"mmm…!…parece que tu carne está durita, ¿me deseas?"- me
decía,
y le contesté –"es que con este cuerito de tengo a mi lado,
…pero me percato que tu "conejito" también está humedecido".
Sonreímos y nos besamos, ardientemente.
"Me encanta verte tan provocativa"- le decía, provocando unos
temblores muy especiales en mi hembrita cuando la noto en franca excitación.
En ese momento nos interrumpió el timbre de la puerta. Venían
a buscar a mi señora para su sesión de masaje. Entró al hall de la habitación
una mujer rubia de pelo corto vestida con un fino y cortísimo delantal blanco
con suaves líneas rosadas, mostrando sus largas y bronceadas piernas.
"Se sacan toda su ropa y se ponen esta bata para ir a al
masaje, los espero" nos dijo amorosamente, con una mirada muy cálida a mi
señora.
Nos pasó las batas del SPA, que eran delgaditas y cortas,
fuimos a nuestra pieza y sin titubear nos sacamos toda nuestra ropa. Yo decidí
acompañarla.
Caminamos detrás de la masajista, y nos fijamos que se le
dejaba traslucir un pequeño y delgadito calzón, sólo se asomaba la parte
superior a la altura de las caderas.
Nos miramos y comentamos con mi señora- "qué exquisita la
modelito que tenemos al frente"- le decía. "Siiiiii!, se le trasluce todo y se
ve preciosa"- me decía ella, picaronamente.
La pieza de masajes era amplia, suavemente iluminada,
acompañada con candelabros y música, preparado sensualmente para las parejas,
con una camilla central muy confortable, una tina grande de hidromasajes y una
sauna para dos parejas
"Se saca la bata y se tiende sobre la camilla" le pidió la
masajista.
Yo decidí meterme al hidromasaje, mientras ella se recostaba
boca abajo sobre la camilla.
Era un ambiente que invitaba a la relajación. La masajista se
ubicó dándome la espalda, y yo quedé en una posición privilegiada, por un lado
podía ver que a su inclinación se le asomaba su hermosa entrepierna de piel
blanca bronceada y de contraste mi mujer con su deliciosa desnudez morena,
entregada a las manos suaves y relajadoras de una experta.
"Respire profundo, necesito que se relaje y tranquilice, para
que sienta bien el contacto de mis manos sobre su cuerpo" le dijo de manera muy
agradable y suave la masajista. Imponiéndole las manos en varios puntos de su
cuerpo desnudo.
Primero recibió masajes por toda su espalda, pero no las
observé porque me había quedado un rato dormido, cansado de tanto frenesí y me
desperté cuando ella le pidió que se diera vuelta para ponerse boca arriba.
Mi señora inmediatamente después de darse la vuelta se separó
provocativa e impúdicamente de piernas, ofreciéndole toda su suavidad y limpidez
vaginal. Ambas sin soltar una palabra, magnetizadas cruzaron sus miradas
cómplices y anhelosas. La masajista sin dejar de tocar con sus blancas y suaves
manos la piel morena de mi señora, circuló alrededor de la camilla admirando el
cuerpo de piel bronceada, que con su mirada le suplicaba que la deleitara con
masajes más eróticos.
"el tostado de su cuerpo es muy natural,…no necesita rayos de
sol como lo necesita el mío. Eres muy atractiva" le dijo la masajista, de manera
muy directa y sin esconder su deseo.
"tu cuerpo se ve muy bien bronceado"- le dice mi mujer.
"Déjame mirártelo"- de manera muy atrevida le replica mi mujer.
La masajista sin dejar de mirarla, se quita su pequeño batín.
Exponiéndose a la devoradora mirada de mi mujer, animada para que se exhibiera
más apetecible. Quedando sólo en su diminuta tanga, revelando un esbelto cuerpo
de tez dorada.
De aquí para adelante me despabilé, porque mi corazón latía a
toda revolución y sin juntar pestaña contemplé lo que para mí había sido siempre
una de las más brutales y sabrosas fantasías sexuales. Ver a mi mujer con otra
mujer, realizando agasajos sensitivos y eróticos. Se notaba que había mucha
química entre ellas, como que hubieran estado juntas antes. Después me enteré
que uno elegía a la persona que le daría el masaje, y a ella no le había fallado
su ojo.
"…Qué precioso cuerpo tienes, y qué suavecita tu piel" le
dice mi señora a la masajista, pasando una de sus manos desde la parte trasera
de los muslos hacia arriba, pasando por los glúteos y terminando en su cintura.
Mantuvo una de sus manos acariciando regularmente la parte trasera de la
masajista.
La masajista empezó el recorrido por los pies y remontó
lentamente por los muslos internos traspasando un leve y hábil roce de los
labios externos de la vulva, arribando hasta su vientre, y regresó descendiendo
por el mismo camino. La exploró varias veces, pronunciando los movimientos en
las zonas más desconocidas de su cuerpo, esto hacía que la figura de mi Diosa
consiguiera estremecerse por la receptividad al deleite.
"mmm…que rico se siente, sigue igual por favor" le decía
suplicando mi mujer.
Sin abandonar la ternura y suavidad, los desplazamientos
volvieron a ser cada vez más acentuados y encendidos, asediándola por sus
resplandecientes muslos, su deleitable depresión, sus saludables senos y
metiéndose en los escondites más secretos de su espesura.
Esto, la masajista, lo repitió varias veces y por unos
interminables minutos, que me ponían totalmente perturbado y con una semi
erección, provocada por la extraordinaria vivencia.
"mmm…, m…, más… por….faaaa…vor, máaaaaaas…." - Trataba mi
mujer de completar palabras.
Hasta percibirla dar gozos de delicia, incitados por los
repetidos orgasmos, que se propagaban por la sala. Mi mujer para no perder su
estabilidad, se apoyaba con su mano en los muslos de la masajista.
"haaayyy!, que riiiiiiiico"- insistía mi mujer.
Como clímax final, la masajista trepó a la camilla por los
pies, lamiendo sosegada y amistosamente de arriba abajo por todo su cuerpo,
repasando el recorrido e innovando varias veces, hasta culminar con su dulce
boca y golosa lengua en su exquisita y cremosa vulva.
Provocándole un gemir sensacional y estrepitoso hasta
dejarlas abatidas y sin aliento. Se quedaron tumbadas formando un enjambre,
descansando por varios minutos con mutuos y tiernos cariños.
Ocasiones como estas, uno puede apreciar mejor la sexualidad
de la mujer, por sus múltiples zonas erógenas como pequeños genitales repartidos
en todo su cuerpo, que sólo una mujer reconoce mejor. Jamás había sentido un
placer ajeno tan propio y cercano.
Yo me salí lentamente del agua, sin hacer mucho ruido, me
sequé y esperé desnudo tranquilamente en un rincón. Un rato después, la
masajista se levantó y ambas se despidieron con tiernos besos.
"Qué estés bien,…me gustó relajarte, nos vemos pronto" - le
dijo la masajista.
"Sí,… me encantó,…gracias,…lo disfruté mucho" le dijo mi
mujer.
Yo me acerqué desnudo a la puerta para despedir a la
masajista, con mi carne aún dura y sin disimular, con un ajustado y pegado
abrazo a su divino cuerpo semi desnudo. Ella también me abrazó, de la misma
forma por cálidos segundos, como de agradecimiento mutuo por el deleite
concedido. Y se fue, cerrando despacio la puerta.
Me acerqué lentamente a mi señora, que estaba con su cuerpo
humectado en aceite y sus ojos aún brillante del gozo, tendida de costado
exhibiéndome toda su rabo cremoso, la abarque dulcemente a su ardiente y jugoso
cuerpo.
… y me rogó murmurando- "por favor,… penétrame ahora".
Yo que me hallaba con mi entero erguimiento, la agarré por
atrás, y se lo fui insertando, resbaladiza y delicadamente al interior de su
estrecha y jugosa abertura. Hasta llegar a lo más profundo de su cavidad.
Mantuvimos por varios minutos el acoplamiento, realizando un suave balanceo,
hasta cuando la hizo clamar:
"fuerte!…fueeeeeerteeeeee, …máaaaas fuuuuerte!" - me dijo.
Apresuré con afinados y rápidos meneos, expresando toda la
comezón comprimida de la excitación, hasta evacuar y acabar jadeantes en
nuestros jugosos sexos.
Continuamos apasionados esa noche y no tuvimos urgencia de
salir de nuestra habitación.
Al día siguiente, realizamos una rutina parecida, fuimos a la
playa y cuando llegamos de vuelta a la habitación, llamaron a mi señora porque
había un inconveniente de última hora con la masajista, así es que ella tuvo que
bajar para elegir a otra. Pero para esta ocasión no había disponibilidad de
mujeres, sólo varones.
Descansamos a lo menos una hora tendidos desnudos en nuestra
cama, hasta que llegó el masajista a buscar a mi señora. Yo le abrí mientras mi
señora se arreglaba para bajar con él. Era un hombre atlético y joven. Decidí no
ir esta vez, prefería esperarla en el bar y encontrarnos en el casino de juegos,
que tenía una velada muy animada en las diferentes salas, que incluían sensuales
strip-tease. Mi señora al bajar se veía impaciente, nos despedimos amorosamente.
Bajé inmediatamente después, al casino de juegos, pasaron más
de dos horas y media, se hizo tarde y decidí ir a mi habitación para acostarme,
estaba cansado y tenía que levantarme temprano para mi primera práctica de buceo
con la instructora del hotel. Cuando llegué a mi habitación, aún no había
llegaba mi señora. Me estaba quedando dormido, cuando sentí que ella entraba
silenciosamente, cuidadosamente se metió desnuda entre las sábanas, abrazándome
con todo su cuerpo fresco.
"¿Cómo te fue? le pregunté, "bien, muy bien" me dijo, sin
agregar más palabras.
Nos abrazamos, muy apegaditos, y la sentí con unos
estremecimientos de su cuerpo que percibía al tacto por toda su dermis, similar
sensación de cuando vuelve de una fiesta sin las parejas, como en una actitud
atrevida y que al hurgar la sedosidad de su sexo está impregnada de humedad.
"estas bien húmeda" le dije. "siiii?" – me decía, como
escondiendo en su subconsciente del deseo, pero muy picarona.
Palpitos que me producen una apetencia de deseo, como
captando la emisión de feromonas femeninas, que resucitan en mí una obligación
biológica y bestial de poseerla, como atrayendo al primer semental que la pueda
disfrutar.
Me activó por entero en todos mis sentidos, incitándome e
irguiendo mi cuerpo.
La acarició con presteza todo su suave cuerpo, la recorro
como jamás la había saboreado.
Me pide que la abrace. La tomo de lado, con un brazo en su
espalda y le beso su cuello, su boca y pechos hasta ponerlos duritos, y con la
otra mano inicio un juego por toda su parte inferior, hasta caer en su hendidura
suculenta, invadiéndola con mis dedos, ingresando y saliendo, y rociando sus
propios néctares sobre su clítoris para afinar mi mano, repasando variadas veces
este juego y por varios minutos, hasta incrementar la rapidez induciendo al
clímax.
Hasta poner su cuerpo rígido como conteniendo su aliento,
suscitando un clamoroso bramido de gozo, producido por la alta concentración
acaparada de embriagadoras vivencias.
Para continuar, le ofrezco que se monte en mi potro salvaje,
insertándose con la guía de su mano toda mi erección hasta el fondo de su
orificio húmedo, atrayéndole desde aquí, por sus caderas y nalgas generosas, de
esta jineta frenética con regocijo e inmoralidad humana, que nos hacia sacudir y
rugir el gozo de esta divinidad morena.
"aaaaaaaaaaaaahhhhhh!!...queeeeeee…rico!...." – soltando y
bramando toda su carne de hembra, y de toda su comprimido deseo de ser poseída
por su macho.
Esa noche nos dormimos extasiadamente, entrelazamos nuestros
cuerpos sin desapegar ni siquiera nuestros suspiros.
Así pasaron nuestros intensivos días de locura mediterránea,
cada día era distinto, todos los días pasaba una vivencia sensual, pero que
nosotros podíamos controlar cada situación y el momento.
Estamos seguro que de estas apasionantes y relajantes
vacaciones, ambos logramos satisfacer nuestras más íntimas fantasías y nos hizo
mejorar nuestra actividad sexual. Nos dio más herramientas para continuar dando
rienda suelta a nuestra productiva imaginación erótica.