Los dos días que faltaban para regresar por última vez al
programa de Joe Frankfurt se me hicieron eternos. Después de la calientísima
sesión de sexo con el gerente de recursos humanos de la empresa, Enrique me dijo,
medio en serio medio en broma, que se había auto-nombrado mi "entrenador" y
representante artístico. Estudiamos todas las posibilidades que se podían
presentar en la entrega del último programa y hablamos francamente del tema. Me
pareció muy comprensivo de su parte cuando me dijo, con un gesto tierno de su
mano en mi cara, que esta era la oportunidad de realizar todas mis fantasías,
que aprovechara el momento al máximo, que cuanto más yo disfrutara y más lo
mostrara, mucho mejor sería el resultado.
Me llevó al gimnasio donde siempre entrenábamos, y allí me
preparo una rutina lo suficientemente fuerte como para que se marcaran aún más
mis músculos, pero lo suficientemente cómoda como para no agotarme. Fue genial
ver las miradas lascivas de los mismos chicos con los que anteriormente me
cruzaba (y con más de uno me acostaba), pero esta vez me veían diferente, con
algo de admiración y mucho de deseo. Uno de ellos, un rubiote de casi siete
pies, le pidió a Enrique que quería ayudarme él a levantar las pesas de pecho, y
cuando estaba acostado en el banco me colocó su paquete encima de la cara, tan
cerca que hasta me sonrojé al sentir su olor de macho, y eso que el sexo en
público ya no me era desconocido, pero en este caso se trataba de un lance
sorpresivo, descarado y directo. Enrique se sonrió y me guiño un ojo, lo cual no
le pasó desapercibido al rubio, quien finalmente terminó hablándonos muy
francamente: "Me imagino que ustedes son pareja, tanto mejor, quiero invitarlos
a mi casa para que nos demos un buen revolcón". Le dije que lo iba a pensar
mientras me pasaba un papelito con su número, aunque ahora podía darme el lujo
de elegir cuándo y con quién tener sexo. Parece que se dio cuenta de que no lo
iba a tomar en serio y me dijo: "Mi nombre es Frank. Yo era compañero de trabajo
de Harry, y fuimos pareja. No quiero que ese cabrón gane el concurso. Gana tú,
Danny, y ven a buscar tu premio, vengan los dos, a mi casa desde que todo esto
acabe. Los espero". Se despidió guiñándole un ojo a Enrique, quien por el tamaño
de su bulto ya se había excitado bastante.
Ese mismo día en la tarde, fuimos a una sesión de depilación
brasileña, y aunque era de cuerpo completo, aunque dejé un parcho pequeño de
vello entre el ombligo y la base de mi verga, casi como para mortificar. Luego
fuimos a un salón de bronceado, y Enrique procuró que me pusiera una mínima
tanguita que era prácticamente un hilo dental, con la intención de marcar esa
línea en mi piel para atraer aún más la atención. Al día siguiente fuimos por un
nuevo corte de pelo, y al entrar al salón, uno de los peluqueros exclamó con
emoción "¡Es él, es Danny!". Me causó mucha gracia esta nueva fama que ahora
tenía en los círculos gay, y de hecho me asignaron dos peluqueros a mi solo, que
se la pasaron preguntándome por detalles y secretos del programa, me hicieron un
corte formidable y al final no me cobraron nada. "¡Asegúrate de decir a todos
que te recortas el pelo aquí!", me dijeron entre risas al salir.
Todo estaba listo, o mejor dicho… casi listo. La mejor parte
de mi "entrenamiento", que ya era contra el tiempo, la tenía Enrique preparada
al llegar a la casa. Las siguientes 24 horas fueron una tremenda tortura, pues
Enrique insistía en excitarme hasta llegar al punto de casi eyacular, y entonces
me hacía parar. Decía que mi éxito iba a radicar en el autocontrol, en llegar al
punto de no retorno… y retornar. En una de esas prácticas me acostó desnudo en
la cama, me amarró manos y pies, y se desnudó él a su vez. Con una pluma larga
empezó a sobarme todo el cuerpo, como una vez me tocara en el programa. Luego se
pajeaba y me colocaba su verga a escasos centímetros de mi boca. Me chupaba la
verga, me metía dos dedos ensalivados en el culo, lamía mis pezones, y mi tronco
de carne respondía acorde, todo el tiempo erecto y latiendo con fuerza, babeando
su rica muestra de excitación. Cuando ya me iba a venir, sin siquiera tocarme,
Enrique lo presentía, pues conocía cada movimiento y cada gemido mío. Me decía
"No, aguanta, recuerda que debes tener auto-control". En una de esas no pude más
y empecé a apretar fuertemente el culo, para poder venirme, pues ya no aguantaba
más. No sé de dónde Enrique sacó un vaso de agua fría y me lo echó encima de la
verga, la cual abandonó su lucha por eyacular y se echó a un lado semi-erecta.
Nos reímos mientras me desamarraba, y lo besé con pasión como
premio. Por increíble que pareciera, a medida que avanzaba en el programa de Joe
Frankfurt, en vez de hacer que eso me alejara de Enrique, cada vez me gustaba
más él. Seguimos besándonos, y mi verga comenzó a pararse de nuevo, al igual que
la suya. "Tú no tienes que reprimirte, ¿verdad, entrenador?" Le dije mientras lo
tumbaba de espaldas en la cama para devorarle la verga en un movimiento
sorpresa. Enrique se transformó en el hombre arrecho que yo conocía mientras mi
lengua jugueteaba con la cabeza de su gorda verga, hasta que lo sentí jadear más
y más. Cuando me avisó que ya se iba a correr, le hice un regalo que se merecía
hace tiempo, y arrecié en mi mamada hasta hacerlo correr dentro de mí. Sentir el
sabor de su leche tan caliente en mi boca fue algo indescriptible. Ya fuera por
el deseo acumulado o por la esta nueva experiencia con mi amante, mi verga
empezó a subir y bajar con fuerza mientras yo seguía mamándoselo a Enrique, que
se había corrido hacía ya rato. Aún en su éxtasis post-eyaculatorio, reaccionó
al darse cuenta de mi furiosa chupada y entendió que estaba saliéndome de
control. Tiernamente empujó mi cabeza hacia atrás mientras se sentaba y me decía
calmadamente: "Danny… Danny, sé lo que haces. Contrólate. Respira hondo, piensa
en otra cosa…" Su voz surtió un efecto pacificador, aún cuando usualmente me
excitaba sólo al escucharlo al teléfono, pero esta vez logró dominar al animal
dentro de mí. Recobré la compostura y abrí los ojos para sonreírle a mi Enrique,
que me besó en la boca y probó el delicioso néctar de su propia leche.
Me di una ducha fría y al salir me vi frente al espejo de
cuerpo entero. Sin modestias puedo decir que me veía muy sexy. El bronceado, la
musculatura, el corte de pelo, todo el conjunto resultaba enormemente atractivo
y yo tenía plena conciencia de ello. Enrique se percató de ello y desde la cama
me dijo: "Si muestras tu sonrisa te ves aún mucho más sexy".
Empecé a flexionar mis músculos frente al espejo, primero mis
pectorales bien definidos y divididos por una raya que bajaba hasta mi ombligo.
Luego mi abdomen, que marcaba cada uno de sus músculos como en las revistas de
modelos atléticos. Luego mis bíceps, mis tríceps, y finalmente mis piernas, de
las que siempre me había sentido orgulloso. El resultado era impresionante, y
saberme atractivo me daba un poder increíble, me hacía sentir mucho más sexy.
Creo que en eso el programa había surtido un gran efecto en mí.
Seguí observándome desnudo y medio mojado, y mi verga se me
puso dura de nuevo. Esta vez le hice caso y me dediqué a jalármela allí mismo,
frente al espejo, viendo mi propia imagen.
"¿Qué haces?", me dijo Enrique desde la cama.
"Pongo en práctica tus enseñanzas, confía en mí", le
respondí.
Empecé a sobarme todo el cuerpo mientras me hacía una de las
pajas más ricas que me había hecho en mucho tiempo. Ante tanto sexo del bueno, y
tan frecuente, se me había olvidado lo maravillosamente deliciosa que podía ser
una paja. Lo único es que nunca había experimentado la fascinación por mi propio
cuerpo, y esta vez la paja era distinta, puro narcisismo era lo que me inclinaba
a hacerlo, y aquella actitud era desconocida en mí. Me lamía mi axila izquierda
mientras seguía el sube y baja de mi mano en mi verga, y ya meneaba el culo con
sensualidad. Desde el espejo pude ver que Enrique a su vez se estaba pajeando
con fuerza en la cama, y eso me excitó mucho más aún. Por momentos me imaginaba
que el hombre del espejo no era yo, sino Harry, o acaso Frank, el rubio del
gimnasio, o Tommy Tornillo, el actor porno, pero curiosamente nunca me vino Joe
Frankfurt a la mente. Bajé mi mano libre al pezón izquierdo y empecé a
"sintonizarlo", pellizcándolo con fuerza y gimiendo ansiosamente mientras seguía
pajeándome como un enajenado. Podía ver mi mirada llena de lujuria en el espejo,
y cómo mis músculos subían y bajaban con cada movimiento. Bajé mi mano hasta el
perineo, esa zona sensible y maravillosa entre mis bolas y mi culo, y allí
apreté con fuerza, con mis nudillos, mientras sentía que la leche iba subiendo
desde la próstata hasta mi verga. Al sentir mi culo que apretaba con fuerza y
repetidamente, supe que era el momento, y allí mismo paré. Cerré los ojos,
respiré profundamente, pensé en la ropa que me pondría al día siguiente, y poco
a poco fui recuperando la compostura. La sensación era increíble, me había
vencido a mí mismo, al animal que llevaba dentro. Abrí los ojos y me vi sudado
frente al espejo, con mi verga en plena erección. Volteé a ver a Enrique y
estaba con el pecho lleno de leche, viéndome con ojos entrecerrados. "¿Quién
tiene el control ahora?", le dije mientras le tomaba con los dedos el semen que
había caído en su abdomen y se la ponía en los labios.
Al día siguiente, en la mañana del tan esperado día, fui a
hacerme el análisis requerido en el laboratorio que el estudio había
seleccionado. Este detalle me gustaba, pues nos permitía tener sexo "bareback"
sin miedo alguno. Después, Enrique me llevó a una sesión de meditación Yoga, y
luego a un spa donde recibí un excelente masaje de relajación. Enrique se
encargó expresamente de que fuera una mujer que me diera el masaje, para que no
me provocara ningún deseo. El resto de la tarde fue bastante tranquilo, aunque
recibí llamadas de varios hombres, algunos de ellos eran conocidos dejando
mensajes de motivación, y uno que otro haciéndome propuestas que ruborizaban al
más lanzado. Extrañé mucho las llamadas de mis compañeros en el show, y me dije
que después de todo solo habían transcurrido algunas semanas y que quizá yo
había percibido más compatibilidad de la que realmente había. Enrique me dijo
que se había encargado de llamar al rubio del gimnasio que el día anterior nos
había dado el teléfono, pues le había interesado su propuesta de trío y no
quería dejar enfriar aquello. Como bono adicional me dijo: "Ah, por cierto,
¿Recuerdas que Harry fue quién se corrió de último en aquel programa? Solo
tienes que morderle la oreja o algo así, y su eyaculación es inmediata. Solo
para que lo tengas en cuenta". Me reí mucho con el dato, así que habíamos
hallado finalmente el talón de Aquiles de aquel machote.
Ahora sí, me sentía más que listo para la última ronda del
programa. No sabía si ganaría o no, pero estaba seguro de que iba a hacer un
papel inolvidable, pues me sentía muy seguro de mí mismo, gracias a Enrique. Al
fin nos dirigimos los dos hacia el canal, y al llegar me percaté de que el
estacionamiento estaba mucho más lleno que de costumbre.
Nos recibieron como de costumbre los dos guardias, apuestos
en sus ajustados uniformes, y mientras uno de ellos me revisaba noté una sonrisa
en su rostro, y luego me introdujo un papelito en el bolsillo de la camisa. ¡Era
increíble la cantidad de oportunidades nuevas que se me presentaban ahora! Le
guiñé un ojo para animarlo, y me adelanté mientras Enrique intercambiaba algunas
palabras con el otro guardia que le sobaba el paquete a mi amigo, yo ya me
imaginaba que se traía Enrique entre manos. Cuando me alcanzó me dijo: "Sólo por
si te interesa un cuarteto un día de estos". Nos reímos de buena gana mientras
nos dirigimos a la oficina del Sr. Roca. Allí Enrique tomó la palabra: "Hola,
mucho gusto, yo soy Enrique, con quien usted supuestamente se acostó". El Sr.
Roca sonreía nerviosamente mientras Enrique contraatacaba: "No se preocupe, por
lo que Danny me contó, pienso que hubiera valido la pena". Roca cambió el tema
bruscamente: "Ya Harry está aquí, creo que podemos pasar al estudio, les
acompaño".
Mientras nos dirigíamos a los vestidores, nos salió al
encuentro nuestro amigo Manuel, aunque esta vez no sonrió, sino que se dirigió a
Enrique: "Debes quedarte en el área de los invitados mientras tu amigo el
bromista se dirige a los camerinos". Me despedí de Enrique con un beso y los
dejé hablando a solas, mientras me dirigía al vestuario con el Sr. Roca. Me
explicó que el programa en esta ocasión no tenía vestuario, que iba a estar
completamente desnudo. No es que me molestara, pero mi mente trató de imaginarse
de qué se trataba todo esto, aunque pronto lo iba a descubrir. Mientras me
desnudaba, Roca se quedó observándome, tan libidinoso como siempre, solo que
esta vez decidí montarle un show para que lo gozara al máximo. Asumí el papel de
stripper con maestría, mostrando poco a poco un cuerpo musculoso y bronceado que
logró su cometido, pues Roca sin ningún pudor se acomodó el paquete que le había
crecido entre las piernas y tragó en seco. "Yo estoy apostando a ti, Danny, eres
un seguro ganador". Cuando estuve completamente desnudo me llevó al cuartito
donde la primera vez conocí al resto de los participantes. Antes de entrar me
dijo: "Hay dos tubos de aceite en la mesita del fondo, deben cubrir sus cuerpos
completamente con él".
Cuando entré, allí estaba Harry, completamente desnudo. Como
instructor de gimnasio, el hombre también había hecho su tarea y se notaba aún
más definido en su espectacular musculatura. Al verlo me convencí:
definitivamente, le tenía ganas a Harry, y sé que él también a mí. Se puso en
pie al verme y me tomó la cara con sus dos manos, plantándome un tremendo beso,
largo, profundo, y su lengua invadió mi boca con pasión. Cuando rompimos el beso
me dijo:
"Hola, Danny, qué bueno verte."
"Me da gusto verte también"
"Te ves mucho más guapo que la semana pasada"
"¿Te gusto?"
"¿Qué crees?", me dijo señalando su verga que ya había subido
a su nivel máximo. La mía le correspondió de igual manera. Nos abrazamos por la
cintura pegando nuestros cuerpos, y sobándonos las vergas de lado a lado. Harry
empezó a pasarme la mano por el pelo y yo a la vez acariciaba su espalda. En ese
momento me acerqué a su oído y le dije bajito: "Mira con disimulo la cámara
desde donde nos filmaron la otra vez y dime si está encendida". Cuando le
susurré al oído sentí su verga dar un brinco y comprobé que el dato que habíamos
obtenido ese mismo día era genuino. Harry me dijo en secreto: "Nos están
filmando, Danny, démosle lo que quieren".
Al escuchar esto subí una de mis piernas a la cadera de Harry
y sentí cómo mi pie tocaba su culo duro y redondo. El aprovechó para inclinarme
hacia atrás y chupar uno de mis pezones con un gusto y una furia sin igual. Yo,
como siempre, gemía de placer, y acomodé mi verga para que se pegara a la suya
una vez más. Tenía ganas de echar todo por la borda y simplemente dedicarme a
cogerme con aquel macho caliente, allí mismo, y echar el polvo de mi vida, pero
debía de acabar bien aquella prueba. Con trabajo nos separamos y busqué el
aceite, le pasé un tubo a Harry y abrí el mío, sacando una buena cantidad de
aceite entre mis dedos, para posar mis manos en el pecho de mi compañero.
Desde el principio me había encantado aquel pecho firme y
amplio, con sus grandes pezones erectos, y sus hombros como dos bolas macizas.
Con sumo placer me dediqué a cubrir sus pectorales y hombros de aceite, y éstos
cobraban un nuevo brillo que los hacía ver aún más firmes y apetitosos. Harry
hizo lo mismo conmigo, y sentí una ola de placer cuando pasó sus enormes y
rugosas manos sobre mis pezones. Volví a concentrarme en sus hombros, desde
donde arrancaban unos brazos fuertes y duros, con las venas pintadas encima de
sus grandes músculos, y los cubrí con aceite. Me encantaba la sensación de mis
manos deslizándose libremente por sus bíceps. Harry imitaba mis movimientos y me
expresó que le gustaba el resultado de mi ejercicio. Me plantó un beso
nuevamente al decir esto. Yo continué con la adoración de aquel hermoso cuerpo,
algo que me había gustado de todo el porno que veía eran los cuerpos musculosos,
y hoy me deleitaba dedicándome por entero a uno. Bajé mis manos a su abdomen que
parecía dibujado, y con ganas sobé su "six-pack" y lo unté con grasa, el
resultado era perfecto, Harry parecía salido de una revista de atletas. El hizo
lo mismo conmigo y con la mano abierta bajó un poco más, hacia la base de mi
verga, pero con una sonrisa pícara volvió a subir la mano hacia mis costados,
una zona erógena que pocos amantes habían descubierto en mí, pero este macho
sintió cómo mi verga reaccionó ante el roce y le dedicó más tiempo de lo normal.
Luego me agaché frente a él, su erecto vergón enfrente de mi
cara, y me dediqué a untar de aceite sus piernas, que eran dos columnas hermosas
que a mí me habían llamado la atención desde el primer día. A pesar de que
estaba atento a ellas, Harry movía a un lado y a otro su enorme verga, como
pidiéndome que se la chupara. Antes de untarle aceite, abrí mi boca y miré hacia
arriba, mientras él posaba su enorme nabo sobre mi lengua. Me lo metí entero en
la boca y comencé a chuparlo desde abajo hacia arriba, para que sintiera en su
cabeza todo el placer de la chupada. Esto lo puso loco, y a la vez que untaba
aceite en mi cuello y espalda, me empujaba más hacia él para que lo chupara más.
"Danny, chúpamela, así, me gusta eso", me decía aquel hombre a quien le tenía
ganas desde la primera vez. Cerré los ojos y recordé aquel día en ese mismo
cuarto, cuando le chupé la verga por primera vez, quién me diría que ahora
estaría a solas con él haciendo lo mismo. Seguí mamando y recordé ese mismo día
cuando me tocó descubrir cuál verga era de quién, y entendí por qué era tan
fácil de distinguir, pues era muy larga y muy dura, llena de venas, como me
gustaban. En ese momento Harry me tomó por los hombros y me puso en pie, para
agacharse él frente a mí, sobándome las piernas con aceite pero con ganas de
devorarme la polla. Así lo hizo, y empezó a meter y sacar mi tronco de su boca
caliente con rapidez, lo cual me encantaba. Una vez que hubo terminado de
engrasar mis piernas, se dedicó a untar aceite en mis bolas, sin dejar de
chuparme la verga ni por un momento. Yo estaba en la gloria, pero de pronto mi
macho se puso en pie y me volteó para vaciar una buena cantidad de aceite en mi
espalda, la cual corrió hasta mi culo. Sus manos enormes ahora me sobaban con
fuerza, y una de ellas bajó hasta el canal que formaban mis nalgas, y allí se
dedicó a untarme con aceite, proporcionándome un placer indescriptible. Metió un
dedo y luego dos en mi culo, y yo subí una pierna en el sofá para que penetrara
mejor. Me encantaba que el culo que ya Harry me había pedido estuviera ahora
siendo manoseado por él, y entonces entró sus dedos hasta el fondo, dándome una
mezcla de placer y dolor que me encantaban.
El tiempo corría y Harry seguía metiendo sus grandes dedos en
mi culo, cuando metió tres yo lo paré en seco y le dije que era mi turno. Se
volteó entonces él y vacié el tubo de aceite en su espalda, amplia y musculosa.
Hice lo mismo que él, y le sobé primero las nalgas con tantas ganas que hasta un
par de palmadas le dí. Con mi dedo medio empecé a coquetear con su agujero que
abría y cerraba con rapidez, hasta que lo metí dentro, y se deslizó suavemente.
Metí dos dedos en su culo estrecho, y él apretó con fuerza. Pude escuchar un
gemido de placer cuando metí el tercer dedo, profundamente. Así seguí un rato
hasta que de nuevo Harry se volteó hacia mí y me volvió a besar. Dios, cómo
besaba ese hombre. Si Enrique me hubiera querido celar con alguno de los del
show, sería definitivamente con éste. Nos abrazamos, pegando nuestros cuerpos
engrasados, y la sensación fue genial.
En ese momento se abrió la puerta y era Manuel, quien
obviamente se excitó con la escena y nos dijo un poco nervioso: "Basta, chicos,
la producción espera".
Harry me dio una palmada en la nalga mientras salíamos y me
dijo:
"Danny, gane quien gane, quiero que sepas que tengo unas
ganas enormes de cogerme contigo, ya no me importan premios ni nada, me he
pajeado varias veces por ti desde que te conocí"
"Tendrás lo que deseas, pues yo también lo quiero, Harry.
Pero ahora somos competidores, así que demuestra que eres el mejor"
Manuel nos condujo hacia un saloncito que no conocía y allí
había dos sillones de cuero donde cada uno nos sentamos. Joe Frankfurt apareció,
vestido simplemente con unos shorts de cuero negro que le quedaban perfectos y
casualmente también se había engrasado el cuerpo para que sus músculos se
notaran más. No sé si fue su aroma de hombre, su melena, o su pícara sonrisa,
pero el poco descanso que había tenido mi verga terminó, pues ésta volvió a
pararse. Joe se dio cuenta y me dijo: "Me encanta cuando un hombre se excita al
verme".
Se sentó en un sillón frente a nosotros y entraron tres
camarógrafos. Joe inició una serie de preguntas que obviamente serían parte de
la última entrega del programa. Comenzó por preguntarnos cuál de sus películas
nos gustaba más, con cuál escena nos habíamos pajeado más, cuál actor porno nos
gustaba aparte de él, y cosas así. Luego se dirigió a otras preguntas más
personales:
"¿Cómo fue tu primera vez?" Harry contó con detalles cómo a
los trece años fue a llevar un mandado a donde un vecino y lo encontró
masturbándose en el sótano de su casa, y todo lo que siguió después. Joe,
excitado, se acomodaba su enorme bulto debajo de sus shorts.
"¿Qué es lo más caliente qué has hecho?" Yo respondí que
había tenido sexo en un patio, sobre el césped y bajo la lluvia, mientras un
vecino observaba y se masturbaba desde su balcón. Harry contó cómo hizo un
trencito con otros dos amigos en un jacuzzi y lo grabaron para juntarse a verlo
luego.
"¿Te gusta más penetrar o ser penetrado?" Ambos respondimos
que éramos mayormente activos, pero que ocasionalmente disfrutábamos ser
penetrados. Harry me guiñó un ojo al escuchar su respuesta, y mi verga dio un
salto. Uno de los camarógrafos captó los movimientos con su cámara.
"¿Con cuál famoso te gustaría tener sexo y de qué tipo? Yo
expliqué que soñaba con comerle el culo a Keanu Reeves y Harry dijo que le
gustaría metérselo a Brad Pitt.
"¿Dónde te gusta correrte?" Al decir esto, miró a Harry con
lujuria, y éste respondió, dueño de la situación: "En el pecho, en las tetas de
un hombre".Al oír esto, Joe se sobó el pecho, en una obvia remembranza de la
famosa corrida de mi compañero sobre su pecho en un programa anterior.
"Y finalmente: ¿Cuál es tu mayor fantasía?" Harry explicó que
soñaba con una orgía entre desconocidos, pero que últimamente sólo soñaba con
una cosa. "¿Cuál es esa nueva fantasía?", preguntó Joe. Harry dijo simplemente:
"Danny". Yo me ruboricé, me puse nervioso, me excité, y me compuse, todo en
cuestión de segundos. Respondí: "Siempre he soñado con la idea de hacer un trío
con Joe Frankfurt y Fredo Cassini. Ahora solo sueño con hacer un trío con mi
amigo Enrique y con Harry". Joe estaba emocionado, y cortó la entrevista con
algo de prisa, obviamente lo suyo era el cine porno, no entrevistar. Una vez que
las cámaras hicieron corte, Harry y yo, ignorando a Joe, nos volvimos a besar
apasionadamente. Escuchamos a Joe decir: "Este último programa será mucho mejor
de lo que pensábamos".
Luego nos agarró las vergas a ambos, las cuales estaban a
punto de explotar, y nos dijo: "He pensado que tal vez un empate sería mejor y
así nos cogemos en un trío", luego las soltó y nos dijo con arrogancia: "Pero
solo uno de ustedes tendrá la dicha de tener una noche conmigo".
Salimos del saloncito por instrucciones de Joe y nos
dirigimos al estudio, donde nos esperaban las últimas sorpresas del programa…
A todos los que me han escrito, pronto escribiré el final de
la saga, no la termino en esta entrega porque aún había muchos cabos sueltos,
pero estoy trabajando en el final, gracias por su paciencia y sigan en contacto…
caribecaribe@hotmail.com