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Primero lo pruebo, luego lo escribo
TODORELATOS » RELATOS » NINFA LO CUENTA TODO... (RESPUESTA A ANDREA BONZO)
[ El casado, casa quiere. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 26-May-08 « Anterior | Siguiente » en Intercambios (804 de 844)

Ninfa lo cuenta todo... (Respuesta a Andrea Bonzo)

El Nuevo
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Ninfa nos relata su experiencia, y nos adelanta que Carlos y su mujer no eran nada primerizos en eso del intercambio... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Transcripción fiel del relato que el 05/05/08 hiciera Ninfa León al Nuevo Marqués, de los acontecimientos que tuvieron lugar en el Hotel Aladino la noche del 10/01/06.

10/01/06. 12:00 a.m. (Noreste de Barquisimeto)

Marqués, he decidido contar esto, porque quiero que los lectores sepan que Carlos y su mujer no eran primerizos en eso del intercambio de parejas. El relato y los hechos que narra Andrea Bonzo, son posteriores a lo vivido por mi persona en enero de 2006. A continuación relato lo ocurrido. Espero que lo disfruten, y léanlo con su pareja (abrazados y sin ropa).

Te cuento Marqués, que el primero en abordarme fue Carlos. Habíamos quedado en encontrarnos en su casa, pero a mí me resultó demasiado comprometido y peligroso. Quería un sitio neutro en el que nos sintiéramos seguros. A fin de cuentas, deseábamos tranquilidad para disfrutar sin compromisos.

Llegué al Hotel Aladino a las doce de la noche. La pareja esperaba puntual, como cuenta tu primer relato. Al igual que Andrea y Alberto, yo también quedé impresionada con la apariencia de los Martínez. Eran lindos, justo lo que esperaba. Yo creo que ellos también quedaron satisfechos con mi aspecto; él no me quitaba los ojos de encima, y su mujer se me aprobó con la mirada.

Tengo que reconocer que la señora es un manjar, chiquita pero maciza. Una hembra en carnes, pero en su sitio. Al momento de la presentación vi el celo inicial hacia el macho. Aunque el encuentro era pactado entre adultos, siempre se siembran las dudas entre las parejas. Ella me miraba con celo, y a la vez con unas ganas tremendas. Sabía que Carlos me deseaba tanto como ella, y eso la enfurecía.

Pasamos a la habitación, y dimos comienzo a la verdadera faena. Carlos sirvió los tragos y Helena aprovechó para quitarse los zapatos y acomodar sus pertenencias sobre la peinadora. La habitación era amplia y elaborada. Habíamos escogido una suite presidencial, con todos los juguetes disponibles. Tenía jacuzzi, potro, cama amplia para tres, y espejos y luces por todos lados. Yo hice hincapié en ese aspecto. Mi actitud sumisa y reservada era algo que quería abandonar, y así se lo hice saber a Carlos. Él lo comentó a su mujer, y ambos estuvieron de acuerdo en que debían ayudarme a soltar amarras. Había ido vestida igual que para el trabajo, falda negra hasta la rodilla, medias que hacían juego, y camisa blanca de botones. Una ejecutiva donde la viesen.

Por su parte, los Martínez iban deportivos. Ella llevaba shorts pequeñitos y blusa mínima, y Carlos sólo jean y franela. En este punto Marqués, estaba segura que ese par había disfrutado con otros tortolitos. Se desvistieron sin el más mínimo pudor, primero Helena se quitó el short y la franelilla quedando en tanga y sujetador, y después ayudó a su hombre con el jean y la franela dejándolo sólo en interiores.

Ya estaban en cueros, y yo ni siquiera me había soltado el cabello. Fui hasta el baño, y cerré la puerta tras de mí. Estaba nerviosa, y a la vez excitada. Quería quedar bien, y disfrutar como en mis sueños, pero no sabía por donde empezar. Sin meditarlo comencé a desvestirme. Era un comienzo. La blusa cayó primero, luego el sujetador, y por último la falda. Estaba con bragas, medias y sandalias. La imagen no era nada despreciable, y pensé por un instante en salir así. Pero en el momento en que me disponía a unirme a mis compañeros, vi que de un escaparate, sobresalía el ala de un sombrero. Estaba muy usado, y era de color marrón claro. Yo soy blanca con el cabello negro, de cuerpo parecido al de Helena pero con los senos más pequeños. Una figura estilizada y con curvas que cualquier hombre sabría apreciar. Nada mejor que la desnudez para calentar una buena polla, pensé.

Y el resultado no pudo ser mejor. Salí del baño y me paré detrás de la puerta en la pose más sugestiva que pude. Llevaba el sombrero calado hasta las orejas, me había hecho unas trenzas a los lados, y mis únicos accesorios eran una correa y las sandalias blancas. Estaba hermosa, y lo sabía. Me sentía la más gozona de todas las mujeres, y mis amigos pensaban lo mismo.

Que ricura decían los ojos de Carlos. El bulto en sus pantalones era grande y jugoso. Un güevo de verdad. Su mujer se acercó a mí, y con dureza me atrajo, besándome con pasión. Eso me tomó por sorpresa, y a la vez me fascinó. Era un beso de lengua, largo y sabroso. Tenía toda la cachondez posible, y las dos parecíamos unas lesbianas de película porno.

—Eres bella Ninfa—me dijo la mujer. Esta noche relájate, que Carlos y yo te vamos a poner a gozar como loca. No vas a querer probar güevo en meses, ya lo verás

Yo tenía años sin probar nada de nada. Eso era exactamente lo que quería: gozar y emputecerme. Ya veía de refilón a Carlos sobándose el inmenso palo que se gastaba, mientras su esposa me obligaba a que le tocase las partes íntimas. Hacía fuerza en su sexo, friccionando los pelos por sobre las bragas. Gemía suavecito, como para que no la escuchasen los vecinos. El roce de su piel contra mis pezones me erizaba todo. Yo llevaba el sexo con los pelitos al ras. Dejaba que los vellos inundaran la zona por completo, rebajándolos con la máquina de cortar cabello. Me gustaba la marca triangular del pubis entre las piernas, hace que una se vea de lo más femenina.

Y parece que Carlos pensaba lo mismo, porque de inmediato se nos unió. Venía desnudo, y con un trago en la mano. Era whisky y estaba increíblemente fuerte. Tomé dos tragos largos para entrar en calor, y su mujer me imitó. Beberlo y que se subiera a la cabeza fue una sola cosa. Me sentía muy sabrosona y sobrada en mi nueva personalidad. Nos movimos hasta el jacuzzi y ahí nos enjabonamos mutuamente. Suave y sin prisas nos desprendimos de todo recato dejando que la noche mandara en el encuentro.

Carlos me besaba las tetas, mientras yo lo pajeaba rico. Helena nos miraba, y se tocaba el sexo y los senos alternativamente. Estaba excitada, y tenía el bollito húmedo y caliente por el movimiento en el cuarto. Nos habíamos desprendido del mundo, y creado nuestro propio espacio. Así estuvimos más de una hora, calentando los cuerpos con caricias y bebidas

Para cuando abandonamos el jacuzzi, yo estaba totalmente colocada. Quería que Carlitos me cogiera por todos lados, sin piedad, y como perrita de la calle. Pero él no se atoró ni un segundo, todo tenía su momento. Ambos me llevaron hasta la cama, otorgándome un espacio privilegiado: el centro. Helena me acarició el cuerpo frotándolo contra el suyo. Los senos grandes me abrazaron de pie a cabeza, provocando un aumento del clímax increíblemente placentero. Yo le chupaba el palo a Carlos con cariño y desprendimiento.

Desde las bolitas, me fui hasta la cabeza. Chupé rico la piel, hundiéndolo en mi garganta en un par de ocasiones. Eso le gustó mucho, se notaba en la expresión de su cara

Ya estábamos listos para la verdadera acción. Helena me preparó para que todo saliera de lo mejor. Acostada boca abajo, y con el rostro hundido en la almohada, sentí como su esposo se encaramaba sobre mi cuerpo, y con exquisita destreza me tomó por la cuquita. El güevo se deslizó dentro de la cavidad sin interrupciones. Rozaba las paredes con su carne, y activaba todos los nervios de la zona púbica. Esas emociones tardan poco en viajar hasta el cerebro, es más parece que estuviesen penetrando en la cabeza, y no en el sexo

Entre tanto, Helena nos veía. Esa fue una noche más de voyerismo que de acción para ella. Sentada muy cerca de nosotros, se deleitaba con la imagen, y se masturbaba como loca. Frotaba toda la zona desde las piernas hasta el ano, buscando el orgasmo. Tenía el cuerpo bañado de gotas gruesas de sudor. Los senos se le veían majestuosos bajo el brillo de las luces, y la rajita roja por la fricción pedía a gritos que su amo la tomase

Pero esa noche era mía, me la habían obsequiado. El pene de Carlos entraba y salía con fuerza de mi frutica, dejando un espacio abierto y dilatado con cada abandono. A ratos me decía lo rica que la tenía, y lo mucho que iba a acabar. Quería que yo le sacase la lechita con la cuca, a pura penetración. Las tetas me bailaban sin ritmo ni rumbo. Tomada por las caderas y con el palo adentro, me balanceaba como en trance. Carlos estaba apoyado en mis nalgas, y con fuerza me separaba de su cuerpo para luego halarme hacia sí.

Luego de unos minutos que parecieron horas me giró, hasta dejarme con la espalda apoyada en el colchón. Con las piernas abiertas al máximo, me penetró de nuevo. El güevo se fue hasta la base. Sus pelos y los míos eran uno sólo, bañados en flujo y lisos de humedad. En ese juego estábamos cuando sentí que el empuje y la velocidad aumentaban. Tanto Carlos como Helena aceleraban la marcha, y todo parecía llegar a su fin. La primera en acabar fue Helena. De la cuca le brotaban pequeños chorritos de flujo que se estrellaban contra el colchón. Se movía sin control en medio de espasmos de placer puro y simple. Su esposo no tardó en venirse, pero de que forma.

Antes de correrse me lo sacó de la chucha, y como si de una película porno se tratase, nos arrodilló debajo de su cuerpo. Con el pene como un grifo, y las bolas como llaves, dejó que el líquido bañara nuestras bocas alternativamente. Yo no lo alcanzaba a creer. Estaba feliz por haber hecho realidad el trío. Besé a Helena, y el semen se mezcló en nuestros labios, volviéndose uno sólo. Ella me abrazó agradecida y, entre la alegría posterior al sexo, prometimos hacerlo de nuevo.

El resto de la noche se nos fue entre risas, caricias, y tragos de whisky. Dos meses más tarde, nos encontramos de nuevo. Esta vez fue en mi casa, y con un invitado extra. Pero eso es harina de otro costal, y ya tendré tiempo Marqués de contarte lo que pasó aquella noche en que cuatro fueron los cuerpos alegres y sudorosos que se toparon

Quiero agradecerles a tus lectores por tomarse el tiempo de ojear mi historia. Y les digo a las miles de personas que hoy experimentan el sexo libre y espontaneo que se animen a contar su historia al Nuevo Marqués. Es muy excitante verlo en la red en forma escrita. Se te moja la cuca cuando sabes que más de uno se hizo la pajita con tu cuento. Es más, provoca ir y hacérsela una misma… Pero con la boquita… (Risas)…
Gracias Marqués, acá te envío una foto para que la anexes al relato, y los amo a todos, si, a todos los que leen los relatos eróticos del Nuevo Marqués. Besos…

Si quieres más Marqués, visita: http://elnuevomarquesdesade.blogspot.com/

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