Crónicas de un adolescente: SEXO, ALCOHOL Y GASOLINA
Hola a todos, amigos/as de todorelatos.
Poco a poco voy aprendiendo y el relato que os presento hoy
lo he resumido al máximo para que su lectura no resulte pesada. Mis anteriores
relatos eran algo extensos y contaba muchas cosas que en el fondo a lo mejor no
eran tan importantes.
En este texto me he centrado únicamente en lo imprescindible
para entender bien la historia; espero que os guste.
SEXO ALCOHOL Y GASOLINA
Sólo hay una cosa en este mundo que se puede interponer entre
dos amigos íntimos: una mujer. Ni siquiera el dinero provocaría tantas
traiciones y problemas como una chica con afán seductor. Y es que los hombres
somos sencillos, simples; máquinas de un único botón. Si logran calentarnos ya
no hay quien nos pare.
La parte buena de esto, es que es fácil entendernos y mucho
más fácil tenernos satisfechos.
La pareja formada por Arturo y Mabel parecía solida, como
todas las relaciones que acaban de empezar. Conocimos a Mabel y a su grupo por
medio de internet y entre todos los amigos acordamos una noche de borrachera que
Mabel debía ser para Arturo. Esto significaba ni más ni menos que todos los
demás nos comprometíamos, no sólo a no intentar ligar con ella, sino que
debíamos hacer lo posible para que se enrollara con nuestro amigo.
Mabel era de mediana estatura, más bien tirando a pequeña.
Tenía unas anchas caderas que no hacían sino resaltar más la curvilínea forma de
su cuerpo. Sus pechos no eran grandes, pero si muy redondos y bien puestos. Su
cara redondita y delicada. Boquita pequeña nariz puntiaguda y un poco levantada
hacia arriba y ojos grandes y negros. Sus pestañas eran enormes y sus cejas muy
finitas. En cuanto al pelo, era completamente negro, en ese momento lo llevaba
muy corto y liso, con flequillo y con puntas a los lados al estilo de Umma
Thurman en Pulp Ficcion (así todos nos hacemos una idea, que soy muy malo para
describir peinados ;)
¿Y por qué esta decisión? Bien, Arturo es buen hombre, le
gustaba divertirse y se lo pasaba muy bien con nosotros, pero a la hora de
tratar con el sexo contrario tenía problemas de confianza. No es que estuviera
mal el chico, pero en el momento de la verdad, no sabía entablar conversaciones
y mucho menos tácticas de ligoteo.
Por ello y como buenos amigos que éramos, queríamos que
Arturo ligara, con todas las de la ley.
Así lo hicimos. Yo personalmente me impliqué mucho en el
asunto, comportándome tremendamente simpático con el grupo de amigas de Mabel.
Gracias a la noche, la fiesta y el alcohol con el que brindábamos sin parar
logré convencer a Mabel, no sin esfuerzo, de que se dejara llevar por la
diversión y se enrollara con Arturo.
Por fin lo conseguimos y la noche salió redonda para ellos
dos.
A partir de ese día los dos tórtolos comenzaron una relación
más seria que se acentuaba con el tiempo.
Pasado un mes o algo más y por casualidades de la vida,
volvimos todos a la misma discoteca donde empezaron Mabel y Arturo. Ellos
también estaban, al igual que las amistades de Mabel. Según fue transcurriendo
la noche y las copas, los verdaderos sentimientos afloran y son difíciles de
ocultar.
Ese día Mabel llevaba una blusita roja de manga larga y unos
pantalones negros completamente lisos y ceñidos.
Como la música estaba muy alta yo no podía oír nada, pero
veía claramente, como Mabel y Arturo se habían apartado un poco de la pista y
estaban discutiendo. En sus caras se notaba claramente que algo sucedía; no lo
estaban pasando bien. Aún así no era una discusión fuerte, sino más bien algunos
reproches (o al menos eso me pareció a mí por los gestos).
Después de un largo rato terminan de discutir y se vuelven a
unir a nosotros cada uno por su lado. Como me siento un poco responsable de
ellos al haber sido su celestino enseguida me pongo a hablar con Mabel y la
invito a tomar algo en la barra. Ella no me quiere decir qué es lo que pasa y
solo hace algún comentario velado.
Como veo que la noche se puede ir al garete decido animar a
Mabel, ya que mis amigos son los que se ocupan de Arturo. La hago de reír todo
lo que puedo y tímidamente empieza a cambiar la cara. Eso unido a los dos
chupitos de tequila a los que le acabo de invitar terminan por hacer olvidarnos
de la discusión.
Así que la noche se arregla un poco y nos ponemos a bailar.
Mabel se muestra cariñosa conmigo y no es para menos. Seguimos hablando sin
parar de otras cosas mientras bailamos acompasadamente. De repente ponen una
canción de salsa y obviamente tenemos que agarrarnos y sobarnos más. El alcohol
hizo mella en nosotros y comenzamos un sensual bailecito que acaba con la
paciencia de un expectante Arturo, que sale a toda prisa de la discoteca. Mabel
se da cuenta y le sigue.
Yo para no empeorar las cosas decido quedarme dentro. Después
de un rato largo aparece Mabel con los ojos llorosos y diciendo que se va a su
casa. No quiere decirme nada más y enseguida me ofrezco a acompañarla.
Empezamos a caminar pero no nos dirigimos a su casa, sino a
dar un paseo. Ella va comentando los problemas que tiene con Arturo. No los
reproduzco aquí porque son los típicos problemas aburridos de las parejas (es
decir que no se entienden); sin interés.
Después de un buen rato de servir para su desahogo ya me
estoy cansando un poco. Así que la digo que nos tomemos la última copa en un bar
cercano mientras me sigue contando sus penas. Ella con tal de seguir
desahogándose accede. No se da cuenta de que ya va suficientemente borracha como
para aguantar toda la noche.
Como yo pensaba esta última copa le mata. Ahora sí que está
completamente pedo y aún así sigue hablando sin parar. En cuanto puedo llevo la
conversación al terreno sexual y entre bromas empezamos a hablar de guarradas.
Al salir del bar se bambolea un poco, así que tengo que agarrarla fuerte para
que no se caiga. Para mi asombro ella mete su mano en el bolsillo de atrás de mi
pantalón, tocándome de esa forma el culo mientras andamos. Ella no lleva
bolsillos en el pantalón, pero eso no me impide bajar mi mano abierta y gozar
del tacto de su culo… y está muy durito.
Sin dejar de andar seguimos toqueteándonos. Como Mabel no
puede andar firmemente se abraza a mí desde el lateral. Su mano sigue en mi
bolsillo y el movimiento propio de los pasos va haciendo que la otra mano de
Mabel resbale sobre mi torso hacia mi cinturón. Es evidente que Mabel se da
cuenta de esto y no lo impide. Es más, al llegar al cinturón la mano no se
detiene, sino que voluntariamente lo sortea por encima y se posa delicadamente
en mi paquete.
Por supuesto esta acción de mi compañera borracha me excita
mucho y mi polla ya empieza a querer salir de su escondite. Ya da igual que sea
la novia de un amigo; da igual que estén pasando por dificultades; da igual que
vayamos borrachos y posiblemente no conscientes al cien por cien de lo que
hacemos. La lujuria está llamando a mi puerta y estoy dispuesto a abrirla de par
en par.
Así que, sin mediar más palabras le pregunto: "¿Dónde lo
hacemos?" Ella, quizás gracias al alcohol que lleva en sangre no se sorprende de
la pregunta. Entonces empezamos a pensar en sitios posibles para estar cómodos,
la misma historia de siempre.
Cuando ya estoy pensando en que el parque es nuestra única
salida, a ella se le ocurre una idea. En el edificio de la oficina donde trabaja
hay un cuartito muy coqueto que da al garaje. Es como un recibidor con dos
puertas, una da al enorme garaje de dos plantas y la otra a la calle. Sólo
pueden pasar los que tengan llave, es decir, los propietarios. Y ella la tiene.
"Allí podremos estar tranquilos", me comenta.
Yo no estoy tan seguro, y una vez que estamos allí hago una
pregunta tonta: "Si alguien quiere entrar o salir del garaje a pie, tendrá que
pasar por aquí, no??"
Sí.
Contesta ella.
Pero a estas horas de la noche no creo que mucha
gente vaya a coger el coche…
Resuelve con tranquilidad.
En esta situación no me encuentro muy confiado. Pero si no
hay otra opción, tendremos que arriesgarnos.
Apagamos la luz y comenzamos el juego. Yo me abalanzo sobre
ella y la aprisiono contra la pared. Nos besamos con mucha ansia mientras voy
desabrochando uno a uno los botones de su blusa todo lo deprisa que puedo.
Cuando lo consigo, de un solo movimiento le subo el sujetador y dejo al aire sus
pechos redondos. Enseguida bajo mi cara a su altura y empiezo a mamarlos
gustosamente.
Voy tan rápido porque quiero acabar cuanto antes ya que el
peligro de que alguien abra la puerta y nos encuentre es muy grande. A pesar de
eso a ella parece que le excita tanta rapidez. Mientras sigo degustando sus
pezones Mabel intenta desabrochar mis pantalones, que tienen cierre de botones.
Como está borracha le cuesta mucho hacerlo y con una mano tengo que ayudarla
desabrochándolos yo mismo. De un estirón los bajo hasta mis rodillas y
seguidamente los bóxer siguen el mismo camino. Ella no tarda en agarrar mi rabo
tieso y empezar a masturbarme.
Acto seguido mi objetivo son sus pantalones. Nuevamente los
desabrocho con un botón lateral y caen solos hasta el suelo. Las braguitas, que
son negras y finas, cuestan un poco más porque están ceñidas, pero rápidamente
las deslizo hasta sus rodillas.
A continuación vuelvo a sus pechos otra vez y los masajeo
mientras les doy lametones a diestro y siniestro. Con la mano que me queda
suelta ya estoy haciéndole un dedo a Mabel, mientras ella no deja de cascármela.
Cuando noto que está súper húmeda sin más contemplación la penetro de improviso.
Tengo que darme prisa.
Ella sigue contra la pared, y yo estoy frente a ella,
follándomela, los dos de pie. Sus gemidos son bajitos pero muy excitantes. Mabel
no deja de hablar mientras la empujo sin pausa.
Vamos fóllame, fóllame…
Yo no digo nada, sólo la follo lo más rápidamente que puedo.
Méteme tu polla, más más adentro….
Ordena mi pareja sexual.
Como estamos de pie, los flujos de Mabel escurren por mi
polla hacia abajo y llegan hasta mis testículos. "Qué calentitos están y que
agradable sentirlos bañando mis huevos", pienso.
El movimiento continúa y Mabel se agarra con fuerza a mi
espalda. Su pubis se mueve también hacia mí rítmicamente. Pronto se va a correr.
Efectivamente, su orgasmo llega. En ese momento se abraza a mi cuello y me rodea
la cintura con sus piernas. Yo la cojo en brazos y sigo penetrándola aún más
profundamente. Sus gritos ahora son más altos. Ella salta arriba y abajo
abrazada a mí y se empala en mi polla sin cesar. Tiene los ojos cerrados, la
boca muy abierta y sus pechos se aprietan fuertemente contra mi torso. Yo no
dejo de atravesarla con mi verga mientras se corre de gusto.
Una vez que su cuerpo se va relajando me toca correrme a mí.
Sus grititos me han puesto a cien y estoy a punto de soltar una gran corrida.
Ella no deja de abrazarme mientras me preparo para llenarla de leche…
En ese momento se oye una conversación. Cada vez más alto.
Ahora también unos pasos. No hay duda, alguien viene de la calle hacia el
garaje. Y tendrá que pasar por aquí. Nos quedamos completamente quietos
escuchando y sentimos como una llave entra en la cerradura.
Velozmente y sin vestirnos abrimos la otra puerta y salimos
corriendo hacia el garaje. Nos escondemos detrás del primer coche grande que
encontramos y vemos como pasan dos personas hablando. Esperamos agazapados a que
cojan su coche y salgan del aparcamiento.
Puff, por muy poco…
Susurro a Mabel.
Si nos llegan a pillar me muero.
Responde ella.
Mientras el coche sale ya nos hemos medio vestido. Yo me
encuentro mal, puesto que me quedé a las puertas del orgasmo y no logré
eyacular. Se lo comento a Mabel y ella me pide que espere.
El coche ya se ha ido y la puerta se está cerrando. Una vez
se cierra completamente, podemos salir de nuestro escondite y comenzamos a andar
por el garaje. Al minuto las luces se apagan y quedan solo las de emergencia.
Suficiente para ver por dónde vamos.
No sé si fue la oscuridad o el profundo olor a carburante del
ambiente pero estaba excitándome de nuevo. El garaje estaba sumamente sucio.
Todo cubierto por un polvo negro producto de tanto humo. Mabel tenía un tiznajo
gris oscuro en la cara, sin duda resultado de nuestra repentina huida,
probablemente se habría tocado con la mano sucia o algo así. El caso es que ese
toque sucio me hizo desearla todavía más.
Oye, vamos a seguir aquí mismo.
¿Aquí? Pero si huele a gasolina y todo está
guarrísimo.
Tú hazme caso y busquemos un coche que no esté muy
manchado…
A trompicones avanzamos por el sucio suelo de la galería.
Elegimos un coche que está en una plaza de garaje del fondo, en un rincón. De
esa forma si alguien viene es poco probable que tenga que llegar hasta allí. El
coche en cuestión es viejísimo. Se trata de un Renault 12 azul oscuro. Siendo un
auto tan antiguo no corremos el riesgo de que salte una alarma cuando nos
apoyemos en él para follar.
Cojo a Mabel en vilo y de un golpe la tiro encima del capó.
Antes de que se dé cuenta yo ya estoy con el rabo al aire y lucho por desnudarla
a marchas forzadas. Le voy quitando toda la ropa y la voy dejando en el techo de
coche. Cuando tengo su coño frente a mí no pierdo el tiempo y vuelvo a
penetrarla. Comienzo de esa forma a tirármela de nuevo al mismo tiempo que
termino de quitarle toda la ropa de la parte de arriba.
El movimiento es incesante y el coche se mueve arriba y abajo
por nuestras sacudidas. Ella está encima del capó abierta de piernas
completamente y yo de pie en frente, jodiéndola a base de bien. La agarro de sus
caderas para poder penetrarla todo lo fuerte que a mí me gusta y el chopeteo de
sus flujos empieza a sonar. A pesar del ambiente, la suciedad, el fuerte olor a
gasolina y la oscuridad, Mabel está disfrutando plenamente de la follada. Sin
dejar de envestirla meto un dedo en su boca y ella lo chupa con pasión.
Al poco rato ya estamos los dos al límite y vamos a corrernos
casi al mismo tiempo. El calor propio del garaje se pega a nuestra piel y
comenzamos a sudar… Más excitación todavía. Mabel me abraza de nuevo con sus
piernas, sinónimo de que se va a correr. Esto me alegra porque yo no guanto
mucho más. Enseguida se estira y tensa todo su cuerpo. Sus gemidos retumban en
todo el espacio e incluso hacen eco en toda la galería. Yo no dejo de empujar mi
polla en su interior y la mantengo dentro todo lo que puedo. Hasta que pongo
duros todos mis músculos saco mi pene y lo coloco en su pubis. Sigo haciendo el
movimiento y en un segundo comienzo a eyacular encima de ella.
Hasta cuatro grandes chorros de esperma caen sobre su
vientre. Los dos primeros incluso salpican sus pechos. Entretanto me corro
agarro muy fuerte a Mabel con mis manos para que no se mueva y pueda recibir en
su cuerpo todo lo que yo suelto. Cierro los ojos mientras termino mi corrida con
pequeñas gotas que se posan esta vez sobre la parte alta de su pubis.
Ahora soy yo el que me tumbo al lado de Mabel en el capó del
coche. Necesito recuperarme un tiempo antes de seguir. Ella aprovecha para
limpiarse con unas toallitas perfumadas que llevaba en el bolso.
Entre al calor, el cansancio del esfuerzo realizado, el
alcohol ingerido y la oscuridad casi me estoy quedando dormido. No sé
exactamente el tiempo que estuve tirado encima de ese capó. Sólo sé que en un
momento dado que algo se me pone encima.
Es Mabel que al parecer todavía tiene más ganas de juerga.
Entonces comienza a lamer todo mi cuerpo como un perrillo. Pasa por mi cuello,
los pectorales, los abdominales y finalmente llega a mi pubis. Allí se
entretiene un poco pasando su lengua por mi cortito vello. Mi verga responde a
sus caricias y comienza a levantarse. Cuanto ya está dura se la mete en la boca
de golpe y comienza una mamada. Su boca está caliente y baña mi polla con su
saliva. Muy despacio comienza el movimiento de mete saca en su boca. Cuando
llega al capullo lo chupetea y sorbe con excitación para seguidamente volver a
bajar por el tronco de mi plátano. Sus mechones de su pelo más largo rozan mis
muslos cada vez que se introduce mi pene en la boca; y me hacen cosquillas.
Cuando pasan unos minutos de trabajo bien realizado mi tranca
está completamente dura y lista para atravesar otra vez su conejito. Se me ha
olvidado decir que el coño de Mabel era grande, abierto y con una bonita forma.
Cuando mi compañera entiende que estoy listo se sube encima
de mí y comienza a cabalgarme. Mi polla entra en su coño sin ningún problema y
Mabel me folla sin prisa pero sin pausa. Su técnica es diferente al de otras
chicas con las que había estado. En vez de subir y bajar a lo largo de mi
miembro, el movimiento de Mabel era de atrás a delante. De esa forma mi polla se
clavaba en ella mientras su cuerpo se rozaba con el mío. Yo aprovecho esa
postura que ella ha elegido para posar mis manos en su culo y agarrar
fuertemente. Ya no las quitaría de ahí hasta que ella llegara al final.
Poco a poco Mabel iba aumentando el ritmo al igual que sus
jadeos. De vez en cuando sacaba su lengua para ponerla en mis labios y traspasar
parte de su saliva a mi boca. Yo chupaba su lengua y recibía sus líquidos.
En un momento dado se levanta un poco y sin dejar el
movimiento se apoya en mi pecho con sus manos. Echa la cabeza hacia atrás y
comienza a gritar más fuerte. No hay duda de que se va a correr otra vez. En
esta ocasión yo no me corro con ella. Todavía no estoy recuperado del todo y
necesito mucha estimulación para llegar el orgasmo. Efectivamente se corre,
llenando de flujos vaginales no solo mi duro aparato sino también parte de mis
piernas y capó. Y yo me deleito con la visión de una chica que me folla y de sus
tetas que se mueven justo enfrente de mi cara. Los ecos de los quejidos de Mabel
vuelven a sonar en el garaje hasta que su éxtasis termina y queda tumbada encima
de mí, sin ni siquiera sacar mi falo de su interior.
Yo también me quedo quieto y la abrazo tiernamente sin variar
la postura.
Al rato, ella me susurra al oído: "¿no me dijiste en el bar
que lo que más te gustaba era follar desde atrás? Pues quiero que me lo hagas,
pero por el culo…"
:S "Tocado y hundido", pienso para mí. Justo lo que no me
hace gracia.
No es que no disfrute con el sexo anal, pero es algo que no
me gusta especialmente hacer. Aún así, cuando me lo piden, como es la ocasión,
no tengo problema para complacer a mi pareja; pero si por mi fuera creo que no
lo haría nunca.
En fin, ya a esas alturas no podía negarme, sobre todo porque
me apetecía volver a correrme antes de finalizar la sesión.
¿Tienes lubricante?
No.
Vale, lo preguntaré de otro modo: ¿Tienes algo que
pueda usar de lubricante?
Esta última ocurrencia le hizo gracia.
En el bolso llevo crema de manos.
Hummm, no sé si eso es lo más oportuno para esas
zonas.
Cojo la crema pero no estoy convencido de utilizarla.
Entonces se me ocurre sacar un preservativo de mi cartera y usar todo el
lubricante que trae. "Algo es algo", pienso.
Dicho y hecho, cuando todavía estoy embadurnando mi cipote
con el líquido viscoso veo que Mabel ya se ha puesto en posición. Su imagen es
una maravilla para mi vista. Está apoyada con el pecho en al capo, boca abajo,
con los pies en el suelo, las piernas abiertas y su culo duro y terso puesto en
pompa y mirando al techo. Su espalda hace una curva perfecta, como a mí me
gusta.
No puedo más que correr hacia ella y empezar a meter el
capullo en su culito. A pesar de estar lubricado convenientemente me cuesta algo
que entre. Su culo es estrechito y tengo que ir avanzando con mi polla muy poco
a poco para no lastimarla. A pesar de eso no logro introducir más de la mitad de
mi palo en su interior. "Suficiente", pienso y acto seguido comienzo el
mete-saca. Empiezo muy muy despacio, con tranquilidad ya que sus paredes
aprietan fuertemente mi verga.
Poco a poco el movimiento se va volviendo más natural y Mabel
disfruta como nunca. Se nota que le gusta el sexo anal, porque se ha saltado el
paso de los gemidos y ha empezado a gritar directamente. Pero no son gritos de
dolor, sino de placer. Tremendamente excitantes.
Yo me concentro en conservar el ritmo y que mi ariete no se
quede demasiado seco. Asombrosamente Mabel se lleva una mano a su concha por
debajo y se corre de nuevo mientras se frota el clítoris con frenesí. No dejo de
penetrarla pausadamente cuando ella se vuelve loca gritando y moviéndose a la
vez que me ofrece su culo con descaro. En ese momento la agarro de las caderas y
aumento el ritmo. Ya no voy despacio, sino como una follada normal.
Peligro, me estoy quedando seco y no tengo más lubricante.
Pero en ese instante no puedo parar. El orgasmo de Mabel continúa en el tiempo y
ya dudo si es más de uno. Mi corrida está cerca de llegar.
Sin apartar mis manos de sus caderas cojo la crema que
habíamos dejado al lado y no tengo más opción que usarla. Hecho un buen
chorretón en mi mano que enseguida extiendo en mi polla y otro en su ojete.
Vuelvo a penetrarla sin pausa para no perder el estado de excitación extrema que
teníamos los dos y ella vuelve a gritar de placer.
Si algo bueno tiene el sexo anal es que provoca una
estimulación muy directa del glande del tío. Esa circunstancia, normalmente
acelera la llegada del clímax.
Es notorio que ella está disfrutando mucho más que yo con
este acto, pero sin embargo estoy a punto de irme otra vez. Gracias a sus gritos
y a la intensa presión de su culito sobre mi verga mis huevos quieren descargar
de nuevo. He de decir que la crema estaba haciendo su función perfectamente.
Quizás irritaba un poco las zonas más sensibles pero nada que no se pudiera
aguantar.
El bamboleo continúa cada vez más deprisa, cada vez más
fuerte y en lo posible más profundo. Mabel me recibe gozando con toda su alma.
En ese momento no me queda más remedio que sacar la polla de su culo, colocarla
entre sus nalgas y correrme con toda intensidad. Un par de largos chorros de
lefa caen sobre su espalda perfectamente curvada y otros más pequeños cerca de
su culo. Por un rato sigo pasando mi polla por sus mofletes disfrutando de los
últimos coletazos de ese tremendo orgasmo.
Cuando Mabel se incorpora no puedo evitar esbozar una
sonrisa. Tiene el cuerpo lleno de refregones de color oscuro, los pechos, el
estomago, los brazos… parecía pintura de camuflaje del ejercito. Ella me
devuelve la sonrisa y me indica que yo también tengo toda la espalda de color
negro.
Los dos estamos mareados y cansados por la experiencia
vivida. La borrachera se va pasando y deja un estado general de bajón. Una vez
vestidos salimos como podemos del garaje y con ritmo cansado, pasos torpes y
oliendo a gasolina, acompaño a Mabel, ahora sí, hasta su casa.
FIN
Mi email:
almonafreack@hotmail.com