Convertí a mi hija en nuestra puta
El siguiente relato ha sido ligeramente modificado de su
versión original por recomendación del autor del mismo que me ha pedido lo
publique en esta página.
Hola amigos, mi nombre es Sergio y vivo en Monterrey Nuevo
León. Tengo 39 años de edad y aunque no tengo pareja (mi esposa nos abandono
hace ya más de 5 años por motivos que aún no logro entender), tengo a mi cuidado
a mis dos hijos de edad adolescente. Una hija y un hijo. La mayor se llama
Verónica y tiene 21 años. Mi otro hijo, el menor, se llama Raúl y tiene 18, ya
casi 19.
Todo lo que a continuación les relato sucedió hace poco cuando mi hijo estaba
por cumplir los 18 años. En ese entonces, a mi me tenía muy preocupado el hecho
de que a mi hijo no le conociéramos novia todavía. Ya estaba en edad para ello.
Incluso a mi parecer ya estaba un poco viejo para no haber tenido novia antes.
A mi hijo siempre se le encontraba en su cuarto estudiando y
sacando buenas notas en el colegio. Era bien sabido por todos en la familia que
era bastante tímido por lo que tal vez no le era tan fácil acercarse a las
chicas. Basándome en el consejo que me dieron mis amigos pensé que lo mejor
sería que en su cumpleaños le rentara una puta.
Busque la prostituta indicada en las distintas "agencias" que
me habían recomendado mis amigos pero ninguna parecía convencerme. Quería para
mi hijo a una chica con la experiencia suficiente como para que supiera tratarlo
con cuidado en su primera vez y no le dejara una mala experiencia. Todas las
agencias mostraban chicas con bastante experiencia pero cobraban un ojo de la
cara y en las que cobraban poco eran chicas de sobre peso o bastante feas.
Tampoco quería que mi hijo se metiera con una de esas, yo quería lo mejor para
él.
Llevaba más de 20 minutos buscando en el directorio cuando de
pronto mi hija apareció.
Que haces?- me pregunto.
Trate lo más rápido que pude de esconder lo que hacía pero
las tarjetas de las agencias que me habían regalado mis amigos estaban en
desorden por toda la mesa y a eso agréguenle el directorio abierto en la página
pues me terminaron por delatar.
No me digas que tu...- dijo mi hija extrañada.
No hija no es lo que tú crees. No es para mí.
A no? Entonces para quien?- me pregunto.
Para un amigo...
Mi hija no parecía convencida. Se sentó a un lado mío y me
dijo:
Es que acaso tu amigo no puede hacer esto por sí solo?
Mi hija era una joven inteligente. Era todo lo contrario a mi
hijo. A ella le gustaba salir todos los fines de semana con sus amigos y siempre
regresaba hasta el otro día. Sabía perfectamente que mi hija era sexualmente
activa, lo supe desde que a sus 16 años me pidió que le comprara unas píldoras
para no quedar embarazada pues había tenido sexo sin condón y estaba llena de
preocupación. A ella era imposible engañarla.
Es para tu hermano.- le dije- Ya se aproxima su cumpleaños
número 18. Ya comienza a ser un hombre y tú sabes como son las cosas con él. Ya
va siendo tiempo de que comience a vivir, ya sabes a lo que me refiero.
Mi hija parecía entender perfectamente lo que le decía.
Y has tenido suerte?- me preguntó.
Aún no, llevo varios minutos intentando buscar una chica que
no cobre tan caro y reúna todas mis expectativas pero al parecer no la hay.
Y cuales son tus expectativas papá?
Quiero que sea una chica que sepa tratarlo. No quiero que se
meta con una mujer brusca que termine por lastimarlo o haciendo de su primera
vez una pesadilla. Quiero que lo trate con cariño y que no este tan mal la chica
para que a tu hermano le atraiga.
Y cuanto dinero piensas darle?
Bueno pues lo más que he reunido son 1000 pesos pero igual y
puedo conseguir otros 500 si no encuentro una que me cobre eso.
Mi hija se quedo mirando al directorio y tras unos minutos de
silencio cuando yo iba a realizar una nueva llamada me dijo:
Yo lo haré...
Extrañado le pase el teléfono pensando que ella haría la
llamada.
No papá no me refiero a la llamada.
Entonces?- le pregunto sabiendo perfectamente a lo que se
refería pero queriendo estar seguro de aquello que me parecía una locura.
Que yo estaré con mi hermano por el dinero.
Apenas y podía creer lo que mi hija estaba diciendo.
Pero hija... el es... tu...
Si papá si ya lo se que es mi hermano pero que tiene de malo?
Al fin y al cabo solo será sexo. No nos vamos a enamorar ni tendremos un hijo.
No tiene nada de malo. Además necesito mucho el dinero. Quiero irme de
vacaciones en verano con mis amigas por lo que el dinero no me caerá nada mal.
Y tu hermano? Que tal si el no quiere?
Déjame eso a mí papá.- se puso de pie y tras darme un beso en
la mejilla me dijo- y no te preocupes papi. Seré buena con él.
El día de su cumpleaños, después de la breve reunión que tuvo
mi hijo con sus pocos amigos, nos encontrábamos en la sala viendo una película.
Acabábamos de tomarnos nuestra primera cerveza cuando llegó mi hija. Lucía
tremenda. Se veía guapísima con unos pantalones de vaquero pegaditos a su cuerpo
resaltando la belleza de culo que tenía y una blusa negra bastante escotada que
hacían ver sus pechos excitantes y deseables. Inmediatamente me puse nervioso
porque no sabía cómo iba a reaccionar mi hijo ante lo que su hermana tenía en
mente. Meneando las caderas con movimientos enloquecedores se fue a sentar a un
lado de su hermano al tiempo en que me miro y me sonrió con malicia.
Que hacen?- pregunto mi hija.
Viendo televisión- le contestó Raúl.
¿Puedo sentarme?
Claro –contesto mi hijo y de inmediato mi hija se dejó caer
en el sofá al lado suyo.
Sin que mi hijo notara mi conducta extraña y mi nerviosismo, de ratos los miraba
a los dos de reojo para ver cómo reaccionaba cada uno.
Mi hijo Raúl se encontraba entretenido viendo el programa de
deportes que se mostraba en la televisión mientras mi hija con sus piernas
cruzadas empezaba a cambiar las piernas de posición una y otra vez. Pensé que
nada pasaría con él. Era imposible que su hermana le hubiese pasado
desapercibida vestida como estaba. En un momento dado llegue a pensar que era
gay pues hasta yo tenía una notoria erección debajo de mi pantalón nada más de
ver el cuerpo de campeonato que se cargaba mi hija.
Pasaron unos minutos más y logre a notar como Raúl comenzaba
a mirar de reojo a su hermana como no queriendo. Mire su entrepierna y note como
había un pequeño bulto que crecía a marchas forzadas.
Mi hija estaba cada vez más inquieta. A mí me tenía cada vez
más nervioso y lleno de incertidumbre por saber que era lo que haría.
Finalmente posó su mano sobre la pierna de Raúl. Con ello
atrajo la atención de mi hijo de inmediato que la miraba sorprendido como no
sabiendo que era lo que hacía.
Verónica comenzó a correr su mano por toda la pierna de Raúl.
La paseaba por sus muslos con delicadeza pero a la ver firmemente. Mi hijo
volteaba a verme como intentando ver que era lo que yo hacía pero yo trataba de
actuar con toda la naturalidad posible.
Finalmente, cansada de pasear su mano por la pierna de su
hermano, Verónica agarró con firmeza el bulto que se formaba en los pantalones.
Raúl dio un saltó que le hizo ponerse de pie. Miró a su hermana con la expresión
de sobresalto más grande que he visto en mi vida. Ella simplemente le devolvió
atrevida y una sonrisa coqueta, como si estuviese pensando "No tienes ni idea de
lo que está a punto de pasarte."
Raúl me miró con perplejidad, sin decir nada. Estaba esperando que yo hiciese
algo para detener a su hermana. Yo sólo me encogí de hombros y le eché una
mirada como diciéndole "No pasa nada". Sorprendentemente, su hermana se estaba
comportando como si yo no estuviera en la habitación. Yo estaba sentado en el
sillón de enfrente del que ellos dos estaban sentados.
Sin apartar la mirada de su hermano, ella tomó la mano
derecha de su hermano y la colocó firmemente sobre una de sus tetas. Raúl
entendió la indirecta y empezó a acariciarla suavemente, intentando medir su
tamaño y firmeza a través del sujetador. Mientras él seguía mimando la teta de
su hermana, ella continuaba frotando suavemente su hinchada polla.
Ponte de pie delante de mí -dijo Sara, asiéndole un brazo a su hermano y
ayudándole a levantarse.
Aquellas palabras me sacaron de lo que parecía un sueño. De repente me di cuenta
de que estaba viendo a mi hija seduciendo a mi hijo. Por mi cabeza fluyeron
sentimientos encontrados... aquello no estaba bien. Pero la necesidad de que mi
hijo empezara a vivir como hombre, la cerveza que ya me había tomado para ese
entonces y las acciones de mi hija me había puesto un poco cachondo, quería ver
más. Decidí sentarme y ver qué pasaba.
Raúl estaba de pie y Sara le había colocado justo enfrente de ella. Sentada en
el borde del sofá, mi hija le desabrochó los pantalones, deslizó sus dedos bajo
la goma de sus calzoncillos y le bajó toda la ropa de un tirón. La polla de
Jaime saltó hacia ella, apuntando directamente a su cara. Era blanca y suave,
sin experiencia en los placeres del sexo. Sus huevos estaban claramente
hinchados de la excitación que provocaban las caricias de Verónica.
Verónica acarició la parte interna de los muslos de Raúl, con cuidado de no
tocar su polla ni sus huevos. Estaba poniéndole cachondo, haciendo que sus
pasiones afloraran. Mientras le hacía esto, su mirada no se apartaba de la joven
polla que estaba delante de su cara, admirando su longitud y su grosor.
Finalmente, su mano subió hasta los huevos y los acogió en ella. Mi hijo dejó
escapar un gemido. Su polla se estremeció. Verónica se dio cuenta de que no
faltaba mucho para que su hermano se corriese, así que no perdió el tiempo.
Agarrando firmemente la polla con su mano, la acarició un par de veces y se la
metió en la boca. Raúl de inmediato soltó otro gemido. Mi propio miembro estaba
empezando a hincharse al imaginar lo que Raúl estaría sintiendo en aquel
instante en que su polla estaba deslizándose por primera vez en una cálida y
húmeda boca.
Verónica le comía la polla como toda una experta. La lamía de arriba a abajo,
para luego metérsela completamente en la boca unas cuantas veces. Miraba hacia
arriba, con los ojos clavados en los de su hermano y con una sonrisa en la cara
al tiempo que su lengua aleteaba sobre su sensible glande. Cuando vi que los
huevos de Raúl se pegaban el uno al otro, supe que estaba cerca del orgasmo. Mi
hijo para ese entonces ya empezaba a parecer ansioso.
- ¡Cre.. cre... creo que deberías parar! -dijo con una voz rota y temblorosa.
Mi hija ignoró el ruego de su hermano mientras su cabeza seguía subiendo y
bajando sobre su polla.
- Aaaahhhh... -gritó Raúl al tiempo que descargaba su semen en la garganta de su
hermana.
Verónica mantuvo el palpitante miembro en su boca todo el tiempo que éste estuvo
escupiendo su cálida descarga en ella. La polla de Raúl se encogió rápidamente y
se deslizó fuera de la boca de Verónica. Ella le dio un beso en la punta y Raúl
cayó rendido en el sofá, con sus brazos y piernas totalmente extendidos.
- ¡Dios! -exclamó él mientras de su cada vez más arrugado miembro salían las
últimas gotas de semen. - Ahora me toca a mí -dijo sonriendo Verónica,
poniéndose en pie.
Empezó a desabrocharse los botones de la blusa y rápidamente se la quitó, así
como los pantalones vaqueros, quedándose solo con el sujetador y las bragas. Se
quedó de pie unos instantes dándole tiempo a Raúl para que contemplase su cuerpo
con todo detalle.
Me di cuenta de que era la primera vez que veía a mi hija
desnuda desde que era muy pequeña. Verónica hacía atletismo en la universidad y
estaba en muy buena forma. Su cuerpo estaba bronceado y parecía muy suave.
Físicamente, estaba en la época perfecta para una mujer, ya que su cuerpo estaba
adoptando las curvas de una mujer adulta, pero manteniendo la firmeza y el
brillo de la juventud.
Estaba enfrente de Raúl, con las manos apoyadas en sus caderas. Lentamente,
cruzó los brazos y deslizó las manos por todo su vientre. Sus manos recorrieron
sus costados, con los brazos aún cruzados, hasta que llegaron a sus hombros.
Esto hizo que sus tetas se apretasen la una con la otra, consiguiendo que dos
increíbles globos de carne salieran por la parte superior de su sujetador.
Descruzó los brazos a medida que deslizaba las manos por su cuello, por encima
de sus orejas y a través del pelo. Estiró los brazos por encima de su cabeza,
entrelazando los dedos, y luego se puso de puntillas, inclinándose ligeramente
hacia adelante y arqueando la espalda. Aquella era una visión maravillosa. Su
joven cuerpo estaba completamente estirado, sus piernas eran largas y delgadas,
su culo apuntaba afuera y arriba, orgulloso, sus tetas sobresalían de su cuerpo,
su vientre estaba hundido y su cabeza echada hacia atrás.
Raúl sólo miraba con la boca abierta. Mi polla empezó a hincharse de nuevo.
Verónica se quedó en aquella pose durante un instante, pero luego volvió a
descansar sobre sus pies planos. Se bajó los tirantes del sujetador y se sujetó
las copas de éste a la altura de sus tetas mientras sacaba los brazos por los
tirantes. Tras una corta pausa, lentamente dejó caer las copas de su sujetador,
dejando a la vista sus enormes tetas. Eran puntiagudas, abundantes y, a juzgar
por su forma, duras como piedras. Los pequeños triángulos blancos de su bikini y
sus brillantes y rosados pezones resaltaban como rótulos de neón contra su bien
bronceado cuerpo. Sus pezones eran unos pequeños garbanzos rosados en la punta
de sus tetas, como dos guindas en un helado.
Tras quitarse el sujetador, mi hija empezó a frotarse la entrepierna. Se apretó
las bragas contra su raja y tiró ligeramente de ellas para que la forma de su
coño fuese claramente visible. Dándose la vuelta para quedarse de espaldas a
Raúl, Verónica se inclinó ligeramente hacia adelante, posó sus manos en sus
caderas y luego deslizó sus pulgares bajo la goma de sus bragas. Lentamente, se
las bajó dejando a la vista el mejor culo que he visto en mi vida. Cuando sus
bragas llegaron al suelo, me di cuenta de que estaban húmedas.
La flácida polla de Raúl comenzó a moverse. Mi corazón latía a mil por hora. Mi
hija se dio la vuelta, se inclinó sobre Raúl y apoyó sus manos en la espalda del
sofá. Este movimiento dejó una de sus tetas justo en la cara de su hermano. Raúl
no perdió el tiempo. Se metió en la boca aquella deliciosa teta y empezó a
chuparla con locura, mientras masajeaba con vigor la otra. Aún de pie, Verónica
se abrió de piernas, haciendo que formasen una V vuelta del revés. Al ponerse en
aquella posición, tuve la vista más asombrosa de su coño. Lo tenía depilado
alrededor de la raja, dejando a la vista un suave y ligeramente coloreado monte
de Venus. Sus labios, rosados y mojados, sobresalían de la raja.
Verónica tomó la mano que estaba masajeando su teta y la guió hacia abajo, en
dirección a su coño. Raúl tanteaba torpemente con la mano, sin saber exactamente
qué hacer. Verónica cogió uno de los dedos de su hermano y separó los labios de
su coño con él. Luego lo acompaño hasta su clítoris y lo frotó durante un rato.
Mientras hacía esto, sus caderas se balanceaban adelante y atrás,
proporcionándome un maravilloso espectáculo. Soltó la mano de Raúl, dejando que
fuera él el que siguiese, y cerró los ojos. Un dolor llenó mi polla al ver el
dedo de Raúl abriendo la raja de su hermana y exponiendo así todo su agujero a
mis ojos. Deseaba con todas mis fuerzas clavar mi larga y dura polla hasta lo
más profundo de aquel dulce y joven coño y tuve que hacer uso de toda mi
capacidad de autocontrol para poder seguir sentado.
Para entonces, Raúl ya tenía una erección completa de nuevo. Verónica se
arrodilló delante del sofá y se metió aquella palpitante polla en la boca. Una
vez consiguió ponerla bien húmeda se levantó, se dio la vuelta y descendió sobre
la verga de su hermano.
- Vamos a hacerte hombrecito hermanito -dijo Verónica mientras empezaba a subir
y bajar sobre la polla de su hermano.
Sus tetas saltaban juguetonamente y rebotaban arriba y abajo. Las manos de Raúl
estaban sobre las caderas de su hermana, pero enseguida empezó a deslizarlas
hacia arriba por sus costados hasta que cubrió sus tetas con ellas. Se sujetó a
ellas como si fueran asideros. Mientras tanto, yo estaba embobado mirando el
coño de Verónica. Era hipnótico ver sus suaves y rosados labios deslizarse
arriba y abajo por la virgen y blanca polla de Jaime. En seguida aquella polla
estuvo brillante por los orgasmos de Verónica. Ver aquello me puso realmente
cachondo. Mi propio miembro latía aceleradamente y pugnaba por salir de mis
pantalones. Estaba seguro de que iba a explotar de un momento a otro.
Por primera vez desde que todo aquello empezase, Verónica me miró. Observando el
enorme bulto de mis pantalones y la expresión de dolor en mi cara me hizo una
seña para que me acercase a ella. Salté de mi silla y atravesé la habitación. En
cuanto llegué a su lado, sacó una mano y empezó a acariciarme el bulto. A
diferencia de Raúl, a mí no me hacía falta esperar a que nadie me desnudase.
Rápidamente dejé caer mis pantalones liberando mi hinchada y palpitante polla.
Los ojos de Verónica se abrieron de asombro. Mi polla es mucho más grande que la
de Raúl y mis huevos estaban hinchados tras ver todo aquel espectáculo.
Raúl me miró brevemente y me dedicó una extraña expresión. No tenía ni idea de
lo que estaba pensando. De todas formas, no importó ya que rápidamente volvió a
mirar el culo de su hermana rebotando arriba y abajo delante de él. Sara empezó
a acariciar mi polla mientras seguía follándose a su hermano. Estaba ya a punto
de soltar toda mi leche por encima de ella cuando, de repente, se detuvo.
Jadeando por el esfuerzo, soltó mi polla y se echó hacia adelante. Se levantó
hasta casi dejar salir la polla de Raúl de su coño, y entonces empezó a
deslizarse arriba y abajo con pequeños movimientos sin dejar que le entrase del
todo en la raja. Me imaginé qué era lo que estaba haciendo. Quería que Jaime
pudiese ver su polla deslizándose dentro y fuera de su coño. Jaime se la estaba
metiendo entera. Al ver aquello me convencí de algo que hacía rato que me
rondaba por la cabeza. Mi hija era un gran polvo.
Verónica se levantó y se puso a cuatro patas en el suelo con el culo hacia
nosotros dos. Tras arquear la espalda para que su culo quedase apuntando hacia
arriba, se separó los labios del coño dejando a la vista aquel agujero que pedía
a gritos ser llenado. Mi frustrada polla se sacudió al ver aquello.
- ¡Acércate y métemela! -dijo Verónica a Raúl.
Mi hijo caminó hacia ella con su joven y dura polla oscilando de un lado a otro.
Se arrodilló detrás de su culo, se cogió la polla con una mano y la condujo al
suave, cálido y húmedo agujero de su hermana. Al ver aquello, noté que mi leche
estaba de nuevo a punto de salir disparada. ¡Cómo me gustaría que fuese mi polla
la que estuviese metiéndose en aquel coño!
Raúl empezó a bombear con largas pero lentas embestidas al principio, pero eso
fue hasta que cogió el ritmo. Verónica me buscó con la vista y me hizo señas
para que me pusiese delante de ella. Así lo hice y al llegar allí levantó la
mirada y dio unas palmaditas al suelo que había justo debajo de ella.
- Túmbate aquí -me dijo.
Me senté delante de ella, pasando mis piernas por entre sus brazos para que
quedasen justo debajo de su cuerpo. Me eché hacia atrás y me apoyé en los codos.
Mi polla había quedado justo debajo de la cara de Verónica. Empezó a chupar mi
hinchado miembro mientras yo observaba a mi hijo follándosela por detrás. Tenía
los ojos cerrados y una expresión de intensidad en la cara. Estaba disfrutando
de aquella cabalgada. Verónica se sacó mi polla de la boca.
- ¡Fóllame con más fuerza! -le gritó a su hermano.
Mi hijo aumentó el ritmo de sus movimientos un poco más. Me moví un poco a la
izquierda para poder ver más del cuerpo de Verónica a. Ella por su parte, seguía
trabajando con mi polla.
- ¡Clávamela! -gritó de nuevo- ¡Clava tu polla en mi coño hermanito!
Mi hijo se la metía con todas sus fuerzas. El culo de mi hija temblaba a causa
de los impactos y sus tetas oscilaban salvajemente.
Aquello era más de lo que yo podía aguantar. Mis huevos estaban a punto de
soltar la mayor corrida de toda mi vida. No iba a poder soportarlo más. Me senté
y cogí la cabeza de Verónica entre mis manos al tiempo que sentía una increíble
calidez brotando de mi interior.
- Aaahhh -gemí cuando mi polla explotó en su boca. - Mmmmph -fue el único y
ahogado sonido que Verónica pudo emitir mientras trataba de contener los chorros
de semen que estaba lanzando mi polla en su garganta.
Vi cómo mi verga latía mientras seguía enviando su largamente esperado
cargamento al interior de la ansiosa boca de mi hija. Me eché hacia atrás y
cerré los ojos, saboreando la tranquilidad con que me había quedado tras aquella
liberación. Pensé durante un instante en lo que había pasado en aquella
habitación. ¿De veras Verónica entendía mis necesidades? ¿Dónde había aprendido
a hacer todo aquello?
Oí a mi hijo soltar un grito mientras llevaba a cabo sus últimos movimientos. Su
ritmo decayó rápidamente hasta que por fin se detuvo y cayó rendido sobre la
espalda de Verónica. Pensé en su caliente semen saliendo disparado en lo más
profundo del dulce y joven coño de su hermana. Vaya tipo con suerte. Aunque yo
no me podía quejar, también había quedado satisfecho con la rica mamada de verga
que me había hecho mi hija. Verónica levantó la vista mirándome a los ojos y me
dedicó una sonrisa traviesa.
- Feliz cumpleaños, hermanito -dijo pero sin dejar de mirarme.
Su hermano sin decir nada se fue a su habitación. Verónica caminó hacía mi y
rápido le extendí 1000 pesos. Los recibió de buena gana y me dijo:
Aun queda mucha noche por delante. Tienes los 500 pesos extra
papi?