EL TAXISTA SE APROVECHA DE MÍ
Continuando con el relato anterior, una vez me recuperé en la
casa de Mariela de aquellas cuatro pollas decidí marcarme a casa. Creía que por
ahora mi culito ya tenía bastante. Me duche y me vestí. Abrí el ropero de
Mariela y cogí lo que necesitaba. Hacía un poco de frío pero pese a ello decidí
ir bien coqueta. Por dentro un juego de sujetador y tanga negro y sobre el un
liguero que ajustaban unas lindas medias de nylon. Por fuera una camiseta de
lycra que marcaba bien mis tetas y una falda corta. Por último mis zapatos
negros de 12 cm. Mi peluca y mi maquillaje completaron el conjunto.
Después de despedirme de mis amigas me dirigí hacia la calle
y detuve a un taxi. Para mi mala suerte era el mismo que me había llevado hasta
la casa de Mariela. Una vez ya dentro le di mi dirección pero el muy pillo,
lejos de llevarme a casa lo hizo a otra de las afueras que según me dijo luego
era su nidito de amor. Mientras el coche circulaba no para de mirarme hasta que
detenido en un semáforo me dijo:
"Nena, ayer me calentastes muy bien y aunque luego al volver
a casa me tire a mi mujer no he dejado de pensar en ti y en las ganas que tengo
de follarte"
Por más que le suplique que lo dejáramos para otro día y le
prometí que me dejaría follar cuanto él quisiese no hubo manera. La visión de
mis medias y mi tanga no hacía más que calentarlo aún más y me devoraba con la
mirada llena de deseo. Insistí por último y le prometí una mamada ahí mismo si
me dejaba ir. De nada sirvió.
Poco después llegábamos a un pequeño apartamento a las
afueras. Era un sitio pequeño pero acogedor. Me abrió las puertas y me hizo
salir. Mientras caminábamos hacia la puerta me cogió por la cintura y me magreó
una de las tetas. Ya dentro me hizo sentar en el sofá mientras el se dirigía a
la cocina y poco después volvía con una botella de vino. A la segunda copa ya
bien chisposos comenzamos a jugar. Mientras me besaba en la boca con ardor sus
manos no paraban de ir de mis tetas que sobaba sin parar a mis piernas y mi
culo.
Todo este magreo me puso a cien y ya sin poder parar le abrí
la bragueta, le saque una estupenda polla de unos 15 cm y comencé a mamársela
sin parar. Al momento lo puse a cien mientras me decía sin parar
"Que bien la mamas zorra, pónmela bien dura que te voy a
romper ese culito de puta que tienes"
Instantes después se corría y yo tenía que tragar una enorme
cantidad de leche de macho que provocó en mi aún más calentura y deseo que me
follara. Tras fumarnos un cigarro me quite la falda y volvía a comérsela. Al
rato ya estaba lo suficientemente dura y fui yo la que se lo pedí.
"Ahora cabrón violador quiero que claves esa tranca en mi
culito de zorra y me hagas tuya"
Dicho y echo, me puso como los perritos, apartó la tira del
tanga y me la clavó hasta el fondo. El dolor era intenso, pero también lo era el
placer de verme follada por aquel macho que me usaba a su antojo. Después de un
buen rato de follarme en esa postura me hizo acostarme en la cama, me puso las
piernas sobre sus hombros y volvió a meterme su dura polla. El dolor fue poco a
poco dejando paso al placer. Me gustaba sentirme mujer mientras me jodían. Poco
después se tendió en la cama y yo me puse encima y le cabalgaba mientras él me
sobaba las tetas.
El gusto que me estaba dando el taxista violador era tan
grande que terminé por correrme mientras él lo hacía llenándome el culo con una
buena cantidad de leche.
Tras descansar y arreglarme un poco me llevó a casa. Se
despidió de mí y yo cogí su número de licencia. Tenía pensada vengarme de aquel
macho pero de forma que pudiera disfrutar de nuevo de su grandisima polla