Continuación de:
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Niña Lucía llegó a la Casa de las Chicas y se tomó la
pastilla anticonceptiva de rigor. Encontró a Natalia en el piso superior, en las
duchas.
"Natalia, tengo algo que decirte…"
"Dime"
"Tengo un problema… no sé qué me pasa, y tengo miedo…"
"Cuéntamelo"
"Verás…"
Niña Lucía tomó aire. No sabía muy bien cómo
continuar. Su jefa y amiga le pidió una toalla y la pequeña rubia, antes de
continuar, se la entregó.
"No sé muy bien cómo decir esto… a lo mejor es una
estupidez… pero me está rayando y…"- dijo Niña Lucía mientras Natalia se secaba
el pelo.
"Luci, suéltalo ya. ¿Pasa algo? ¿Hay algún problema?"
"Sí… no…"- se contradijo.- "Es sólo que… Hace tiempo
que no puedo llegar al orgasmo."
Natalia, aún desnuda, detuvo su ritual de secado y
miró fijamente a Niña Lucía. La rubia miraba al suelo avergonzada, lo que
aniñaba aún más su rostro.
"¿Ves? Eso es un problema. No para el trabajo, pero sí
para ti. Y de los gordos. Esta noche voy a dormir contigo. Si no llegas al
orgasmo, te contrataré una cita. Y tranquilízate. Suele pasar mucho. Sobre todo
a chicas como nosotras"
"¿Una cita? ¿Con quién?"
"Con el psicólogo, nena… esto es un problema de
aquí…"- Natalia golpeó con la yema de su dedo índice en la frente de Niña
Lucía.-"No de aquí."- diciendo esto, su mano bajó y se posó sobre la cremallera
de los vaqueros de la rubia.
I. El psicólogo.
Nada. Ni todo el arte de Natalia había conseguido
arrancar un orgasmo a Niña Lucía, que se había pasado toda la noche perdida en
el placer inmenso que le causaba la escultural morena, pero sin llegar a
correrse en ningún momento. Finalmente, Natalia se dio por vencida, no sin antes
permitir a su compañera que le comiera el coño hasta correrse. El cuerpecito
delgado de la rubia y sus gemidos de placer la habían puesto muy cachonda.
Natalia le susurró a Niña Lucía un "Mañana por la mañana llamo al psicólogo. No
te preocupes… verás como todo se arregla…" justo antes de quedarse dormida,
abrazada al delgado cuerpo de Niña Lucía.
Al principio, Lucía no podía dormirse, estaba perdida
en sus cavilaciones y en su próxima cita con el psicólogo. Natalia le había
dicho que no era nada raro, pero ella sentía una extraña muestra de pudor y
vergüenza al pensar contarle sus intimidades a alguien que no iba a follar con
ella. A un simple profesional.
Finalmente, abandonándose a la calidez del cuerpo de
Natalia y a su propio sueño, la pequeña rubia de pechos nimios cayó en un sueño
reparador.
La despertó la alarma del reloj de Natalia.
"Venga, Luci… que tenemos clase. Ves vistiéndote…"-
dijo la morena mientras se levantaba.
"Oh… joder… no tengo ganas de ir a clase."
No se esperaba la furibunda mirada de Natalia.
"¿Recuerdas lo que te dije cuando viniste aquí? ¿Que
iba a ser muy dura contigo? Pues bien, me quedé corta. Ahora levántate, dúchate
y vístete si no quieres que te mande a la puta calle de una patada en tu
precioso culito, niña."
La decidida contestación de Natalia amilanó a la
rubia, que asintió rápidamente y salió hacia las duchas.
*****
25 minutos después, Natalia la esperaba en la puerta
de la Casa de las Chicas con la moto en marcha. La Veterana había tomado la
precaución de coger un segundo casco para ella, que Niña Lucía se colocó sin
decir nada antes de sentarse tras Natalia en la moto.
"Esta tarde, al salir de clase, te llevaré al
psicólogo. Ha conseguido hacerte un hueco…"
"Joder, Natalia… que no estoy loca… No sé por qué…"
"Ya sé que no estás loca. Pero hazme caso. Es lo
mejor."
*****
Niña Lucía estuvo perdida durante todo el día. No
apuntó ni una sola de las palabras y fórmulas que los maestros dictaban,
respondió con escuetos monosílabos a las preguntas de Ángela y Joan, que le
preguntaron sobre su nueva casa.
Comió, con Natalia, en un bar cercano, y la morena
trató de tranquilizarla respecto a la cita de esa tarde.
"Luci, pierde cuidado. Es un psicólogo que ya ha
ayudado a muchas de las nuestras en momentos así… ¿Por qué te crees que hemos
conseguido una cita tan pronto? Natural Escorts es muy buen cliente de este
hombre."
"Ya… pero… no sé…"
"Tranquilízate. Es por tu bien. Piensa que es como una
visita al ginecólogo."
"Vale, vale… me calmo…"- sonrió la pequeña rubia, y
Natalia respondió con un guiño simpático.
*****
La sirena de la clase sonó, dando por acabada la clase
de francés y, de paso, la jornada lectiva de un aburrido lunes.
"Oye, Luci, ¿Nos vamos esta tarde a tomar una horchata
por ahí?"- preguntó Ángela.
"No, no puedo… tengo… tengo una cita."
"¿Una cita? ¿Con quién?"
"Con… el ginecólogo…"- le mintió en un susurro.
"Ah, bueno…"
Por el final del pasillo, apareció Natalia, caminando
a paso firme y luciendo su escultural cuerpo. Si antes era Ángela donde se
dirigían la mayoría de miradas furtivas de los alumnos más avispados, ahora era,
sin duda, Natalia quien se llevaba todas esas miradas y, de paso, al de algunos
profesores.
"Vamos, Luci, que te llevo."- dijo, haciéndole un
gesto a Niña Lucía. La dieciseisañera, que aún parecía un poco aturdida, asintió
y siguió a Natalia por las escaleras.
*****
"¿Niña Lucía?"- preguntó con voz desganada la
recepcionista, y Niña Lucía miró interrogativa a Natalia.
"Es mejor dar tu ‘nombre de trabajo’, así lo hacemos
todas."- aclaró la morena.
Niña Lucía asintió y se levantó del mullido sillón de
la sala de espera.
"Sí, soy yo."
"Pase, el doctor García la está esperando."
El despacho del doctor García, Ismael García-Trabas,
según rezaba la placa a la entrada del edificio y la multitud de títulos que
superpoblaban la pared del fondo, era una enorme estancia donde, además de su
gran escritorio, un par de cómodas sillas frente a él y el sillón negro donde
reposaba el cuerpo del sonriente doctor, había otro sillón y una especie de
diván, al estilo de las consultas norteamericanas.
El doctor era un hombre de mediana edad, de pequeña
estatura y con unas grandes entradas en su pelo negro como la noche. Vestía una
camisa azul a rayas y sobre su chata nariz descansaban unas pequeñas gafas con
montura al aire. Por encima de los cristales, Niña Lucía pudo mirarlo a los ojos
y descubrió dos pupilas centelleantes que la atravesaban con la mirada.
"vaya… ¿Y tú trabajas donde Natalia? ¿No eres
demasiado niña? ¿Ahora también tenéis clientela pederasta?"- murmuró el doctor
con un tono de desprecio.
"Soy joven, pero menos de lo que aparento."- respondió
Niña Lucía.
"Ya, seguro… ¿Así que tú eres Niña Lucía?"
"Sí."
"¿Cuál es tu nombre verdadero?"
"Lucía."
"¿Y tus apellidos?"
"¿Para qué los necesita?"
"Porque no tienes contrato con Natalia, supongo que
porque eres menor de edad. Por lo tanto no puedo usar tu nombre de trabajo en
mis archivos."
"Del Solar Cortés"- confesó Niña Lucía.
"Bien, siéntate y explícame tu problema."- dijo,
señalando con la palma abierta una de las sillas frente a su escritorio.
*****
El doctor García-Trabas había apuntado unas pocas
palabras en una libreta mientras Lucía contestaba a sus preguntas. "Lucía del
Solar: Adolescente con periodo de anorgasmia" aparecía subrayado, y bajo ello,
una lista de cualidades de niña Lucía que el doctor creía haber averiguado en su
charla. "Extremadamente inteligente", "egocéntrica", "desafiante",
"manipuladora", "Posible adicción al sexo" esto último subrayado varias veces, y
con el "posible" finalmente tachado. "Usa su belleza a su favor, solventando con
picardía sus impostaciones físicas".
"Lucía… ¿Pasó algo hace años que te hubiera podido
causar un trauma de índole sexual?"- Niña Lucía palideció ante la pregunta a
bocajarro del doctor García, que se arrepintió al momento de haberla hecho. No
tenía que haberse arriesgado a hacerla tan pronto.
"N-no…"- contestó, dubitativa, Niña Lucía mientras a
su mente volvían los recuerdos de cuando no era más que una niña de 11 años y su
tío Rodrigo la violaba cruelmente.
"Perdón… no tenía que haberte preguntado eso… Ha sido
un error por mi parte. Olvídalo. No soy sexólogo, pero normalmente la falta de
orgasmos lo causa el cansancio y la presión. Tómate esta semana de relax. No
hagas nada fuera de lo natural. Ves al instituto o al trabajo si lo tienes más
allá de Natural Escorts y descansa. Queda con tus amigos, y no te obceques en
conseguir el orgasmo si vas a follar con alguien. Sólo déjate llevar… El lunes
que viene vuelve a verme y, si no se ha arreglado, intentaremos indagar más…"
"¿Y ya está?"- preguntó Niña Lucía con una sonrisa
divertida.
"Por hoy, ya está."
Cuando Niña Lucía salió por la puerta, el doctor
García se quedó mirando durante unos segundos su "ficha"… Lucía del Solar
Cortés… Del Solar… Del Solar… ¿De qué le sonaba ese apellido?
II. Hipnosis.
Como si hubiera recibido una repentina inspiración
divina, Ismael García-Trabas se lanzó a por el teléfono. No necesitaba buscar el
número en la agenda. Después de tantas llamadas durante tantos años, se lo había
aprendido de memoria. Fue, durante años, su contacto con las timbas ilegales
donde iba a dejarse el dinero junto con los empresarios más acaudalados de la
ciudad, y los rumores que corrían últimamente por esos círculos eran bastante
preocupantes. No obstante, siempre lo consideró un buen colega, su participación
en las timbas era siempre anónima gracias a él. ¿Qué diría la gente si supiera
que el eminente psicólogo Ismael García-Trabas tenía un problema con el juego?
El teléfono dio dos tonos y, al empezar el tercero,
alguien contestó.
"¿Sí?"
"Soy Ismael García-Trabas ¿Me recuerdas?…"
"Ah, cabrón… ¿Vas a pagarme los 12.000 euros que me
debes?"
"Me contaron algo de unos problemas tuyos ¿qué tal si
te ayudo a solventarlos?… ¿Conoces a una adolescente llamada Lucía?"
"¿Lu… Lucía?"- la voz le tembló al hombre. Ese nombre
significaba mucho, muchísimo para él.
"Sí. ¿La conoces?"
"¿Rubia, pequeña, cara de niña, culo de ensueño?"
"La conoces."- sonrió el psicólogo.
Al otro lado de la línea, un hombre de dientes
perfectamente blancos sonrió.
*****
Niña Lucía, durante toda la semana, hizo caso al
doctor, quedó con Ángela y Joan, fue al instituto cada día e, incluso, fue a
comer un día a casa de sus padres, con los que aclaró algunas cosas. El viernes
parecía haber vuelto a encontrar la sonrisa. Sin embargo, a pesar de intentarlo
martes, viernes, y
varias veces durante el sábado,
con Joan, Niña Lucía no lograba olvidarse de su necesidad de un buen orgasmo y
no conseguía dejarse llevar.
Los consejos del doctor García Trabas no dieron
resultado. Niña Lucía seguía sin conseguir un orgasmo. No podía dejar de pensar
que había algo dentro de ella que no funcionaba como es debido y la idea no la
dejaba disfrutar del cuerpo de Joan.
*****
Una semana después de su primera visita, Niña Lucía
volvió a la consulta del doctor.
"¿Así que no ha dado resultado?"
"Ninguno… sigo sin llegar…"- respondió, con un deje de
tristeza, Niña Lucía.
"Verás, Lucía… Podemos probar otro tratamiento. Suele
ser eficaz, y creo que es la mejor solución para ti."
"¿Cuál es?"
"Hipnosis"
"¡Vamos, doctor! ¡Eso es un cuento! ¿No me irá a decir
que usa esas técnicas de ilusionista de segunda fila?"
El doctor García-Trabas estalló en una franca
risotada. No sabía bien por qué, pero se esperaba que la pequeña rubia no
creyera en la hipnosis.
"Mira, Lucía, la hipnosis es real, y es una
herramienta de tratamiento psicológico muy buena, casi tanto como las terapias
semanales o cualquier otra estrategia. Obviamente, hay mucho fantoche que no
tiene ni idea de psicología y que, por tanto, no sabe ni sabrá hipnotizar."
"está bien… intente hipnotizarme."- dijo Lucía
finalmente, recostándose sobre el sillón y apoyando los brazos en los
reposabrazos del mismo.
El Doctor García-Trabas la miró y entonces vio lo que
ése hombre le había contado que veía en ella. No era su cuerpo, ni siquiera su
cara de niña… El atractivo de Lucía recaía en su aura. "Un término muy poco
científico, Ismael. Pareces uno de esos casposos de la tele", se recriminó
mentalmente el psicólogo.
"Bien, túmbate en el diván, Lucía…"
Niña Lucía obedeció y se recostó sobre el mueble.
Luego se puso boca arriba, siguiendo las indicaciones del doctor, y esperó.
Ismael no tardó en colocarse a su lado.
"Cierra los ojos".- ordenó él, y la adolescente puso
cara de extrañeza.
"¿No va a sacar un reloj de bolsillo y lo va a hacer
oscilar o algo así?"
"No. Ya te digo, esto es hipnosis real."
Niña Lucía, sonriente, cerró los ojos.
El doctor García-Trabas puso su mano escasos
milímetros sobre el vientre de Lucía, que aparecía desnudo debido a la distancia
entre su minifalda vaquera y su topa amarillo. Inspiró. Espiró. La mano le
temblaba. Lo que estaba a punto de hacer contravenía todo lo que su profesión
defendía. Pero tenía que hacerlo. Debía mucho dinero.
Con suavidad, posó el dedo pulgar sobre la frente de
Niña Lucía y palpó suavemente hasta encontrar el sitio exacto. Lucía esbozó una
risita.
"Relájate, pequeña, tienes que dejarte llevar, como si
fueras a dormir… sólo trata de escuchar mi voz."- mientras hablaba, el psicólogo
no dejaba de presionar en pequeños círculos en un punto sobre la cabeza de la
muchacha.
Niña Lucía trató de hacerle caso, y no le costó. La
suave caricia era completamente relajante y lentamente comenzó a notar como si
un velo la envolviese. Sólo escuchaba las palabras del doctor. En la sala,
insonorizada para evitar el ruido de la calle, retumbaba cada letra que fluía,
tranquila y pausada, por los labios del doctor.
El tiempo pareció estirarse, o encogerse. Algo hizo
que los segundos pasaran a otra velocidad, al menos para Niña Lucía, las
palabras del psicólogo sonaban distorsionadas y ya no entendía lo que quería
decir, sólo notaba la calma, la absoluta tranquilidad en que emanaban. Quiso
abrir los ojos y no pudo, como si estuviera tan profundamente dormida que
tuviera que realizar un asombroso esfuerzo del que no era capaz si quería
despertarse.
Por su mente comenzaron a desfilar imágenes de lo que
había sido su vida últimamente. Cuerpos desnudos, de hombres y mujeres,
orgasmos, Ahmed, la palabra que escribió en su brazo ("Es lo más hermoso que se
me ha podido ocurrir"… era su nombre, Lucía.), recordó a Ricardo y a la pequeña
Marta, Iván, Nacho, Pedro, Natalia, Alberto y su grupo, Luis, Ángela, Joan…
recordó la fiesta en casa de Luis donde sintió que todo empezó, donde consiguió
encandilar a Joan… había pasado mucho en muy poco tiempo…
Perdida en sus recuerdos, en una sarta de imágenes que
pasaban frente a sus ojos cerrados, escuchó algo acompañar a las siempre
presentes palabras de Ismael.
El sonido distorsionado de unas pisadas. Mocasines que
retumbaban en su cabeza y le trajeron a la mente otro recuerdo. Pasos decididos
mientras ella se tapaba la cara con la almohada y rezaba para que no llegara.
Pasos decididos que salían de la salita anexa para meterse en la consulta del
doctor García-Trabas.
Los pasos se acercaban y ella sintió miedo. No le
gustaba el sabor del semen en su boca. Sólo tenía once años y no le gustaba el
sabor de esa sustancia pastosa que se le quedaba en la garganta y le daba ganas
de vomitar. Los pasos se detuvieron.
"¿Está dormida?"- preguntó el hombre al psicólogo.
"¿Estás dormida, princesita?"- le preguntaba el mismo
hombre en sus pesadillas.
No. Niña Lucía se aterrorizó. Quiso levantarse y salir
corriendo, pero no podía, su cuerpo ya no le respondía, ya no era suyo. Estaba
inmovilizada y aquél hombre preguntaba si estaba dormida. No. No estaba dormida.
Y de nada le sirvió nunca hacerse la dormida.
Era él. Había vuelto.
"Abre los ojos."- ordenó el psicólogo, y Niña Lucía,
automáticamente y sin tener consciencia alguna de ello hasta que pudo ver lo que
ocurría, obedeció.
III. Abre los ojos. PX
Niña Lucía quiso gritar cuando se vio de nuevo frente
a esos ojos grises. Quiso chillar tan alto que todo el bloque se enterara. Quiso
salir corriendo y avisar a Natalia, que estaba en la sala de espera
aguardándola, para huir de allí a toda velocidad en su moto. Pero no podía, su
cuerpo no le respondía, había dejado de ser suyo para convertirse en una mera
muñeca a disposición de aquellos dos hombres.
"Hola, princesita… Te veo muy bien."- dijo, con una
sonrisa, Rodrigo del Solar, el tío de Niña Lucía.- "Levántate y desnúdate".-
añadió, con una maquiavélica sonrisa.
Estás fresco si crees que te voy a obedecer, hijo de
puta. Pensó Lucía.
"Levántate y desnúdate, Lucía"- dijo el psicólogo, y
entonces, Lucía sintió el mayor miedo que jamás hubo sentido. Más que cuando
tenía 7 años y, jugando en los alrededores del chalet de su tío movió una piedra
y una pequeña culebra salió disparada entre sus piernas. Entonces se meó encima.
Pero ahora tenía mucho más miedo porque se había levantado y comenzaba a
desnudarse, porque en su mente había nacido la idea y quería hacerlo, no sabía
muy bien por qué. Pero lo hacía, porque no tenía forma ninguna de negarse a
ello, porque por más que buscaba excusas para no hacerlo, no las encontraba,
porque desnudarse en ese momento era una sentencia inapelable a la que no podía
negarse.
Comenzó por quitarse el pequeño top amarillo, y el más
pequeño aún sujetador de niña púber, ese sostén fabricado para no trabar el
crecimiento de unos pechos que Niña Lucía ya sentía que no crecerían nunca.
Le siguió la minifalda vaquera, que se deslizó al
suelo rápidamente, y a ésta le siguieron los escuetos zapatitos de tacón.
Cuando estaba colocando sus manos a ambos lados de sus
braguitas (unas braguitas brasileñas que realzaban el estupendísimo culo de la
rubia), Rodrigo la interrumpió.
"Dila que pare."
"Detente, Lucía."- ordenó el psicólogo, y Niña Lucía
se detuvo. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no podía huir? ¿Por qué acataba sin
rechistar cada una de las órdenes que le imponían? ¿Hasta dónde llegarían?
"Que se agache y que me la chupe"- rió Rodrigo,
sacándose la erecta verga de los pantalones.
"Lucía, chúpasela"
Niña Lucía lloró por dentro. Era humillante, era
horroroso, pero no podía negarse, como si hubieran desactivado la parte de su
cerebro que la hacía decir no. Como si estuviera atrapada en una pesadilla. Sólo
pudo agacharse y posar sus labios sobre la polla de su tío.
"Chupa, princesita, chupa."- decía su tío Rodrigo, y
Lucía sintió Náuseas. Náuseas porque ese hombre sin corazón volvía a violarla. Y
ahora no necesitaba hacer ningún tipo de fuerza, ni agarrarle las manos para que
no lo arañara con sus manos de niña. Ahora la violaba quizá más que cuando tenía
11 años. Ahora también violaba su mente.
Niña Lucía introdujo toda la verga de Rodrigo en su
boca. Notó el sabor de una forma nueva. Como si naciera y muriera en su mente y
no tuviera nada que ver con el exterior. Su lengua se enredó en el tallo del
erecto ariete, y Rodrigo bufó complacido.
Allí tenía su venganza. Ver a su sobrina, que lo había
hecho quedar como un despojo humano a ojos de la familia, humillada, lamiéndole
la polla como la gran puta que era. Sí. Rodrigo del Solar SIEMPRE consigue lo
que quiere.
Los labios de la joven rubia subían y bajaban sobre el
tronco de la gruesa polla. La lengua se encargaba de frotarse con el frenillo,
en una caricia docta y experta en la que Rodrigo pudo adivinar más felaciones
que las que le hizo a él con once y doce años. ¿Quién sería el afortunado que se
follaba a Niña Lucía? En los próximos minutos, eso lo tenía claro, sería él.
Niña Lucía, por su parte, se había convertido en
silenciosa espectadora de todo lo que su cuerpo hacía. Ante sus ojos, la polla
de su tío subía y bajaba, empapada en saliva, y su propia lengua, aun cuando
ella no la dirigiera (si hubiera podido dirigir su cuerpo, su primer movimiento
hubiera sido cerrar bien fuerte la boca), lamía sabiamente el falo de su tío
Rodrigo.
"Chupa, princesita, chupa…"
Niña Lucía quiso evadirse. Huir de la humillación,
perderse en su propio mundo.
"Chupa, princesita, chupa…"
Hizo acopio de lo único que le quedaba, la
imaginación, y recordó a Joan. Le puso a esa boca otra textura, a la cara de su
tío, la que era obligada a mirar mediante las órdenes del psicóplogo, que lo
miraba todo con gesto ausente, le puso la cara de Joan. Hizo lo posible por
imaginarse que era Joan quien recibía las caricias de su boca, pero no podía
olvidarse que no era ella quien las implementaba. Además, siempre estaba aquella
voz grave:
"Chupa, princesita, chupa…"
Rodrigo atrapó la cabeza de Lucía con ambas manos y
comenzó a embestir con su polla, la boca de su sobrina. Su glande chocó varias
veces con el paladar y hasta la garganta de Niña Lucía, que sintió la inevitable
angustia de su garganta obstruida.
Tosió Niña Lucía, gruñó y se corrió Rodrigo, e Ismael
miró hacia otro lado.
El semen brotó de la boca de Niña Lucía entre los
espasmos de la tos. Se derramó por su barbilla y su torso de pechos nimios, y
manchó la alfombra.
"Oh, que desconsiderada, princesita… Has ensuciado la
alfombra del doctor. Anda, lame bien esas gotas que han caído en la alfombra.
Dile que lo limpie, Ismael."
"Rodrigo… te estás pasando…"
"¡DÍSELO, MALTDITA SEA!"- El psicólogo tembló ante el
berrido de Rodrigo. Miró con compasión a Niña Lucía, como pidiéndole perdón con
la mirada, y murmuró un "Lame el semen del suelo, Lucía".
Niña Lucía, escandalizándose de lo que (ahora lo
sabía) iba a hacer sin forma de evitarlo, logró cerrar los ojos mientras lo
hacía.
No supo si fue ella misma la que lo había hecho o fue
una simple reacción del cuerpo al ver el suelo tan de cerca. Pero de todas
formas lo notó como una pequeña victoria.
Desgraciadamente, cuando terminó, y vio a Rodrigo
completamente desnudo, y con su verga nuevamente erecta, supo que aún le
quedaban muchas derrotas por sufrir.
"Súbete al diván, Lucía, y abre las piernas que te voy
a follar como no te puedes hacer una idea, pequeña puta."- Había lujuria en las
palabras de Rodrigo, pero también odio. Un odio profundo y salvaje. Una rabia
que se salía de lo nunca visto. El miedo de Niña Lucía crecía.
"hazlo, Lucía…"- pidió el psicólogo, con voz ronca y
triste.
Niña Lucía lo hizo. Rodrigo se inclinó sobre ella,
cubriendo con su cuerpo el pequeño cuerpo de su sobrina, y apuntó su verga al
coñito depilado de la pequeña adolescente.
"Joder… está más seco que la hostia"- se quejó el
hombre.- "¿No puedes obligarla a que se moje un poco?"
"¿Tú qué coño te crees que es esto, un puñetero truco
de magia? Sigue siendo un cuerpo, y tendrás las reacciones propias de un cuerpo"
Rodrigo lo entendió a la primera, y una sonrisa
malévola cruzó su semblante.
"Está bien… hazlo tú…"
"¿QUÉ?"- se alarmó el psicólogo.
"Haz que se moje, va, quiero ver cómo masturbas a mi
sobrina…"
"No, Rodrigo, esto no era parte del trato, hemos
llegado demasiado lejos, no puedo…"
"¡HAZLO! Te recuerdo que te la estás jugando, Ismael,
ya me conoces…"
El doctor García-Trabas miró a Rodrigo, luego miró a
Lucía, tumbada en el diván, con las piernas abiertas, y su rostro manchado de
semen, y pensó que sí, sí que lo conocía. Ahora lo conocía.
"Perdóname, Lucía…"- Dijo casi para sí mismo el doctor
mientras se recostaba junto a la joven.
Su carrera también tenía clases de anatomía, y durante
sus años de estudiante fue un gran conquistador de la noche, costumbre que había
mantenido tras acabar la carrera. En resumidas cuentas, Ismael García-Trabas
conocía bien el cuerpo de las mujeres.
"Por favor… no hagas esto…"- pedía mentalmente
Lucía, pero nadie la oía.
No le costó hacer que el clítoris de Niña Lucía
asomara de su capuchón, ni que los labios vaginales de la muchacha se
inflamaran, excitados. Pocos minutos de diestras caricias después, Niña Lucía
gemía suavemente, casi con ronroneos felinos, mientras el psicólogo la seguía
masturbando.
"Haz que se corra."- dijo Rodrigo, que se masturbaba
viendo cómo las caderas de su sobrina se movían inconscientemente, buscando más
contacto con esa mano que tan bien las acariciaba.
"No lo entiendes, Rodrigo, vino aquí precisamente
porque no podía correrse. Si la obligo a llegar al orgasmo ahora, sin encontrar
el origen de su problema, podría ser mucho más difícil…"
"Me la suda. Quiero verla correrse en tus manos…"
"Por favor, parad… por lo que más queráis, dejadme
libre…"
"Rodrigo…"
"¡HAZLO!"
A Ismael le temblaba la mandíbula mientras pronunciaba
las palabras, no se atrevía a enfrentarse a Rodrigo del Solar.
"No lo hagas, por favor… no le hagas caso…"
"Córrete, Lucía…"
Los gemidos de Niña Lucía, que habían ido en aumento,
cesaron de repente nada más escuchar esas palabras. Sus piernas comenzaron a
temblar incontroladamente mientras sus gemidos eran ya prácticamente gritos. El
cuerpo de Niña Lucía se sacudió de arriba a abajo, e incluso su mente sintió el
orgasmo, estallando por un momento en una multitud de fuegos artificiales
mientras su flujo salpicaba la mano de Ismael.
Aún temblaba, gimiendo y jadeando, Niña Lucía, cuando
Rodrigo apartó a Ismael del diván y se abalanzó sobre la joven. La colocó a
cuatro patas sobre la cama, y antes de penetrarla, la miró una vez más. Sonrió.
Puso su glande entre las piernas de Niña Lucía y lo
frotó sobre todo el sexo de la joven, que palpitó al sentir un nuevo roce sobre
su sensibilizado clítoris.
"Para, por favor… maldito hijo de puta, para…"
Rodrigo seguía rozando su polla entre los labios
vaginales de su sobrina adolescente. No quería penetrarla, al menos no de
momento, se bastaba con lubricar su polla. Y cuando Niña Lucía sintió (no supo
muy bien cómo, creía que no podía sentir nada de su cuerpo) la verga de su tío
frotándose también por la quebrada de su nalgas, lo entendió.
"¡NO! ¡NO, POR FAVOR! ¡NO ESTOY…!"
El dolor fue instantáneo y desgarrador. A pesar de la
lubricación previa, Rodrigo insertó con decisión su polla por el anito de Lucía.
Si hubiera podido hablar, Niña Lucía habría gritado sin consuelo. En vez de eso,
una especie de gruñido gutural murió en su garganta mientras el falo de su tío
avasallaba su trasero.
"¡¡¡PARAAAA!!!"
Pero no paró. La polla de Rodrigo siguió su camino
hasta que sus huevos chocaron con las piernas de Lucía. Luego, lentamente,
disfrutando de la presión que ofrecía aquel magnífico agujero, fue sacando su
polla, para a continuación hundirla nuevamente en el interior de su sobrina.
Las penetraciones aumentaron su velocidad a medida que
los doloridos esfínteres de Lucía se acostumbraron al inesperado invasor. La
polla entraba y salía a más velocidad, manchada de la sangre de la adolescente.
Jadeaba Rodrigo, sodomizando a su sobrina. No era el
primero, era una lástima. Sin embargo, a él siempre lo recordaría.
"Haz que se vuelva a correr…"- gruñó Rodrigo,
embistiendo una y otra vez a su sobrina.
Ismael García observó con odio a su "amigo". El olor a
sexo iba a tardar en irse, pero lo que más le preocupaba era su propia erección.
Aquello le excitaba brutalmente, y pensó si no sería un bastardo cabrón. Había
participado en aquella violación, así que determinó que sí.
"Córrete otra vez, Lucía…"
Niña Lucía comenzó a convulsionarse. El placer
estallaba en su mente una y otra vez, se alegró de no tener control absoluto
sobre su cuerpo, el dolor le habría empañado aquel orgasmo brutal y no
consentido.
Vibrando con su sobrina, Rodrigo también se corrió
dentro de ella.
*****
Habían vestido a Niña Lucía, que había quedado
dormida, o al menos lo parecía, en cuanto Ismael dio la orden. Antes de
marcharse rápidamente, Rodrigo se acercó a su sobrina y le dijo algo al oído.
"Para que veas que no soy mala persona, te voy a
ayudar… sé cuál es tu problema. Eres una puta y siempre quieres más. Si quieres
correrte, tienes que ir más lejos. Pregúntaselo a tu madre, ella sabe mucho de
esto…"
Con una lacónica carcajada, Rodrigo adecentó su imagen
en el reflejo del cristal de uno de los muchos cuadros con títulos de Ismael y
se despidió de éste.
"Bien, doctor García-Trabas… deuda saldada… Es un
placer hacer negocios con usted."- dijo irónicamente, y salió por la puerta.
Ismael García-Trabas quedó en la consulta, observando
compasivamente el cuerpo frágil y vestido de Niña Lucía. Esperaba que le saliera
bien el plan.
"Bien, Lucía, cuando diga tres, te vas a despertar y
no vas a recordar absolutamente nada de lo ocurrido en la sesión. Uno, dos…"
*****
Natalia y Niña Lucía hablaban distendidamente en un
bar del centro mientras bebían una coca-cola la rubia y una cerveza la morena.
"¿Así que te hipnotizó? ¿Y no recuerdas nada?"- rió
Natalia, antes de darle un trago a su "Coronita".
"No. Pero tuve un sueño extrañísimo… un sueño en el
que me corría, pero raro…"
"¿Así que ni siquiera sabes quién era el tipo que
entró en la consulta durante tu sesión?"
"¿Un tipo?"
"Sí, un tío elegante, aunque me daba mala espina… era
raro, no sé… tenía los ojos grises, en eso sí que me fijé…"
Ojos grises… ojos grises… Niña Lucía quiso gritar
cuando se vio de nuevo frente a esos ojos grises.
La coca-cola se le cayó de las manos y se derramó
sobre la mesa. Sin más, la rubia corrió hasta el lavabo.
Natalia la encontró acurrucada y llorando en un
rincón, con algo en la mano.
Eran una braguitas y tenían una mancha de sangre en la
parte trasera.
"No ha sido un sueño…"- dijo, entre lágrimas, Niña
Lucía, con la mirada perdida en algún extraño punto del deprimente baño.
CONTINUARÁ
Kalashnikov.