Hola a todos los lectores de TodoRelatos, me llamo Carmen y
quiero contaros el cambio radical de mi vida que sufrí gracias a mi querido
hijo.
Para poneros en situación debo deciros que tengo 44 años y mi
hijo acaba de cumplir los 18. Sobre el borracho de su padre prefiero no hablar,
salvo para deciros que me abandonó cuando se enteró de que estaba embarazada.
Desde entonces no he vuelto a saber de él, ni quiero. Mi hijo Manuel es todo lo
que me queda y por él lo daría todo, este año hará el examen de ingreso en la
universidad y con suerte hará una buena carrera. Desde que mi marido me dejó él
se ha convertido en el motivo por el que lucho, me he dejado los cuernos
trabajando para que él tuviera una buena educación y que sea un hombre de
provecho. Físicamente mi hijo era un chico guapo, que se cuidaba y practicaba
deporte.
Por mi parte entre mi hijo y mi trabajo ocupé los 18 años
desde que mi marido se largó. No me da vergüenza decir que no he mantenido
ninguna relación sexual desde entonces, me basto, o me bastaba, conmigo misma.
Sin embargo una vez que mi hijo cumplió la mayoría de edad me replanteé mi vida.
Había sacrificado mi vida para que mi hijo tuviera todas las oportunidades, pero
¿qué pasaba conmigo? ahora que mi hijo ya podía volar solo me di cuenta de que
llevaba un montón de años sin preocuparme de mi. Me miraba al espejo y no me
veía nada mal a pesar de mis 44 años, mis tetas siempre fueron lo que más llamó
la atención de los hombres, ya que son naturales y de un gran tamaño, quizás
tuviera unos kilos de más, nada que no se pudiera arreglar con una dieta o con
un poco de ejercicio. Lo que de verdad necesitaba era volver a sentir una polla
dentro de mí, estaba harta de masturbarme en la soledad de mi habitación.
Dado que a mi edad mi vida social era escasa y que en el
trabajo no había ningún hombre atractivo decidí meterme en una de esas páginas
de contactos de Internet. Soy un poco negada para las cosas de informática en mi
casa tenemos dos ordenadores, uno en la habitación de mi hijo y otro, más
antiguo, en la mía, que apenas encendía. Me metí en Internet y tras consultar
distintas opciones me decidí por uno de los portales más conocidos, de esos que
se anuncian constantemente en las principales paginas de Internet. Me inscribí y
creé mi perfil, mi mensaje era: "Madura que se conserva muy bien desea hombre
que la haga volver a sentir joven". Según leí para que tu perfil tuviera éxito
había que poner algunas fotos. La sola idea de poner mis fotos en Internet para
que las viera todo el mundo me puso bastante cachonda, me puse ropa sexy, una
minifalda, una camisa bastante abierta para mostrar mi escote y subí las fotos
al ordenador. Una vez superados todos los trámites y después de dar el número de
mi tarjeta de crédito me puse a buscar hombres. La situación era muy excitante
para mi. Tras años y años de sequía me encontraba viendo perfiles de decenas de
hombres, en un principio busque hombres de mi edad, pero luego dije eso de solo
se vive una vez y empecé a mirar perfiles de chicos de 20 años, la verdad es que
ver esos cuerpos jóvenes y musculados e imaginarme follándolos en la cama
hicieron que mi coño empezara a chorrear. Salí de la página y me dispuse a
masturbarme sobre la cama de mi habitación, teniendo un orgasmo riquísimo. Justo
cuando acababa de correrme oí como mi hijo llegaba de clase. Rápidamente me
vestí y salí a su encuentro.
-Hola mami que tal
-Hola hijo, ¿qué tal las clases?
-Bien, por cierto que bien te queda ese vestido, ¿tienes una
cita?- dijo entre risas
Es cierto, se me había olvidarme quitarme la camisa bien
abierta
-Jaja que tonto eres hijo, es que esta tarde tengo una
reunión muy importante y tengo que ir elegante.
-Vaya, creía que habías quedado con algún chico, sabes que a
mi no me importaría verdad mama
-¿En serio?
-Pues claro que no, te has sacrificado para darme una buena
educación y ahora que soy mayor de edad te toca vivir tu vida y pasarlo lo mejor
posible, nada me haría más feliz que verte contenta.
-Ay hijo no sabes que me alegría me das, de hecho iba a
decirte que me iba a apuntar a un gimnasio para perder algunos kilos-no le dije
nada sobre la página de contactos donde me había metido.
-Haces muy bien mami, ojala tengas suerte.
Esa conversación me dejó más tranquila, nunca sabes como va a
reaccionar tu hijo.
Esa tarde, después de volver del trabajo pasé por el gimnasio
que había cerca de mi casa y me apunté.
Por la noche, una vez que cenamos y mi hijo se acostó, fui
nerviosa hacia el ordenador para ver si alguien me había dejado algún mensaje.
Ansiosa me metí en la página y vi que tenía dos mensajes privados. El primero
era de un señor de 50 años, divorciado y con dos hijos, rápidamente lo borré. El
otro de un chico de 20 años cuyo mensaje era: "Menudas tetas, ¿me das tu
Messenger?". No puedo negar que me sentí un poco decepcionado, esperaba algo
más.
A la mañana siguiente me metí en mi cuenta desde el
trabajo, esta vez había seis mensajes, menuda sorpresa. Tres de ellos eran de
personas de mi edad que no me interesaban. Otros dos eran de dos personas
jóvenes que lo único que querían era verme las tetas. El último era de una
persona que aseguraba tener 19 años, no incluía foto pero en su perfil su frase
favorita era:"El amor halla sus caminos, aunque sea a través de senderos por
donde ni los lobos se atreverían a seguir su presa." Lord Byron. Tuve que
admitir que me gustó lo misterioso de la frase, además cualquier persona que me
conozca sabe que mi poeta favorito es Lord Byron, así que le respondí y le dije:
"Me ha encantado tu frase, me agregas al Messenger?". Le di mi dirección de
email y se lo envié.
Por la tarde fui al gimnasio, lo que me ayudó a tranquilizar
los nervios, aun así el resto del día estuve nerviosísima, me metía en el correo
cada dos por tres para ver si me había agregado, pero hasta la noche no pasó
nada.
Una vez mi hijo se metió en la habitación después de la cena
me conecté a Internet y me metí en el Messenger, ¡me había agregado! Yo no sabía
muy bien como funcionaba aquello pues solo lo utilizaba mi hijo. Cuando me metí
vi que el icono de la persona, estaba de color verde, señal de que estaba
conectado. La frase que tenía puesta era la misma que me había enviado en la
página de contactos.
Estaba un poco nerviosa pues no sabía quien debía llevar la
iniciativa, por suerte él abrió fuego, vi como me había enviado un mensaje:
-Hola
-Hola
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Carmen, ¿y tú?
-Carlos, ¿de donde eres Carmen?
-De Madrid ¿y tú?
-También que coincidencia
-Me ha gustado mucho tu cita
-Es mi escritor favorito
-Que coincidencia, el mío también
Por lo menos ya teníamos algo en común
-¿Te puedo preguntar cuantos años tienes?
-44 ¿y tú 19 no?-decidí no mentir con la edad
-Eso es, ¿las fotos son reales?
-Sí, claro
-Pues te conservas muy bien, si me permites que me lo diga
A saber a cuantas les habría dicho lo mismo, pero me sentí
halagada.
-Gracias, yo todavía no he visto ninguna tuya.
-Ya las verás, tienes un cuerpo muy bonito, seguro que habrás
conquistado a muchos hombres
-Jajaja ojala, ¿y tu muchas mujeres?
-Hago lo que puedo, por cierto, ¿tienes webcam?
Esto se ponía interesante.
-No, en este ordenador no, aunque mi hijo tiene una
En cuanto le envié el mensaje me di cuenta de mi garrafal
error, había confesado que tengo un hijo, la mejor de forma de ahuyentar a
cualquier hombre.
-¿Tienes un hijo? ¿y tu marido?
-Me divorcié- ¡no iba a decirle que me abandonó!
-Que imbécil tenía que ser ese tipo, dejar a una mujer tan
bella
-Gracias
-Lo de la webcam te lo decía porque si quieres podríamos
vernos a través de ella.
-Intentaré quitársela a mi hijo durante unas horas
-Mientras tanto te mando una foto mía para ir calentando
motores. Te la mando a tu correo, mañana hablamos a la misma hora OK?
Vaya, esto se ponía interesante, vi como se cerraba la
ventana de conversación del Messenger y al minuto recibí un correo de Carlos. Lo
abrí y descargué la foto ansiosa por verle, cual fue mi sorpresa cuando abrí
la imagen y me encontré con una foto de su polla, y menuda polla, estaba erecta
y debía rondar los 20 cm. La verdad que cuando vi ese instrumento en la pantalla
del ordenador el corazón se me desbocó, hacía tantísimo años que no veía una
polla ¡y ahora un chico de 19 años me mandaba una foto de su pene! Fue más que
suficiente para provocarme un calentón de cuidado que tuve que solucionar
masturbándome frente a la pantalla. Al salir de mi habitación para ir al baño vi
como la luz de la habitación de mi hijo se apagaba rápidamente para que yo no la
viera, esperé que no me hubiese oído utilizando el ordenador a esas horas de la
noche.
El día siguiente me levanté y vi que mi hijo ya estaba
despierto, de hecho había hecho el desayuno, ¡con lo vago que es para las tareas
del hogar!
-¿como esta la mujer más guapa del mundo?
-Hola hijo que sorpresa como me mimas.
-Tú te mereces eso y mucho más.
Ese día estuve nerviosísima en el trabajo, no veía el momento
de conectarme al Messenger en casa y volver a chatear con ese chico tan bien
dotado y con el que había conectado tan bien. Fui al gimnasio y cuando volví a
casa me encontré una bolsa de la tienda de informática en el salón, la abrí y vi
que había varios juegos d ordenador y, la vida te da sorpresas, una webcam.
-Manuel, ¿qué has comprado?
-Hola mamá, he ido a la tienda de informática de la esquina
para comprar algunas cosas que necesitábamos.
-¿Y la webcam?
-Es que la que tengo en mi habitación está un poco vieja, si
te parece esa la ponemos en tu ordenador y yo pongo esta en el mío
-Pero yo no se como se utiliza eso
-Si es muy fácil, yo te enseño
Fuimos a mi habitación y mi hijo la conectó y la instaló en
un santiamén
-¿Pero la gente con la que chateo va a ver si tengo webcam?
-Eso depende de ti mamá, es una decisión personal-me guiñó el
ojo y salió de la habitación
¿Qué misterios se traía ese? En fin, serán cosas de la edad
Durante la cena estaba al borde de un ataque de nervios y
creo que mi hijo lo notó, porque no paraba de mirarme. Recogimos todo y yo me
metí en mi habitación apresuradamente. En menos de dos minutos estaba en el
Messenger, él todavía no aparecía, oí como mi hijo se metía en su habitación,
espero que se durmiera pronto para que no oyera a su madre de 44 años chateando
por las noches como una adolescente. Un rato después vi como el icono de Carlos
se ponía en verde. De nuevo comenzó él la conversación
-¿Te gustó la foto?
-La verdad es que me sorprendió un poco
-¿Pero te gustó o no?
-Jeje pues sí claro, la verdad es que era muy grande
-Me lo imaginaba y tú ¿has cumplido tu parte del trato?
-Sí
Estaba calentísima, ¡me excitaba tanto la idea de desnudarme
ante un desconocido!
-Espera un momento-le dije
Esa ocasión había que celebrarla, me puse un top que dejaba
ver mi generoso escote y unos pantalones ajustados.
Conecté mi cámara y vi su imagen, ¡era su polla! todavía no
estaba erecta pero ya mostraba un buen tamaño.
-Vaya Carmen, que tetas más bonitas tienes
-Tu polla tampoco está mal-no me creía que estuviera
escribiendo estas cosas-¿no vas a dejarme ver el resto de tu cuerpo?
-Por ahora está bien así. ¿Y tú no vas a dejarme ver tus
pechos?
-Como quieras- lentamente me quité el top
-¿Y el sujetador?
-Déjame ver tu polla en máxima erección
-Jaja como quieras- se empezó a frotar la polla y vi como eso
no paraba de crecer, ¡qué disparate! creció a mayor tamaño que el rabo de la
foto que me había enviado por correo electrónico
-Ahora es tu turno Carmen
Me puse de espaldas a la cam y me quité el sujetador, me tapé
las manos con las tetas y me di la vuelta.
-Déjamelas ver
-Prométeme que te vas a pajear con ellas
-Claro
Me quité las manos y dejé ver mi tamaño 95 natural, su polla
dio un salto como un cohete.
-Joder
Empezó a masturbarse y yo no pude evitar llevarme la mano a
la entrepierna. Cuando puse mi mano en ella me asusté al comprobar que
estaba chorreando como una regadera, mis flujos manchaban la silla. Mientras
veía su paja yo empecé a masturbarme, quien me hubiera visto así a mis 44
años masturbándome al mismo tiempo que un chico de 19. Mi dedo entraba y salía
con total facilidad de mi lubricado coño, no pude evitar jadear a pesar de que
temía que mi hijo no estuviera dormido y me oyera, pero era una situación tan
nueva y excitante para mí. En menos de un minuto me corrí como una loca. Él
aguantó un poco más pero al poco tiempo se vino echando chorros de leche.
-Ha sido genial Carmen nunca pensé que una madura fuera tan
caliente como tú
-Esto hay que repetirlo Manuel, ¿mañana a la misma hora?
-Allí estaré
Tras la magnífica corrida me levanté para limpiar mi empapada
silla y mi todavía ardiente coño. Cuando salí al baño pude ver otra vez la luz
de la habitación de mi hijo que se apagaba rápidamente. Estuve a punto de
echarle la bronca por estar hasta tan tarde con el ordenador, pero con lo que
había hecho esa noche no era quien para dar lecciones.
Esa noche me la pasé fantaseando con la magnífica polla de
ese chico, me la imaginaba dentro de mí, hacía tantos años que no sentía un rabo
taladrándome…
Las noches siguientes nos las pasamos igual, yo cada día me
ponía una prenda nueva y más sexy con la que calentarle mientras que él me
mostraba su enrome polla masturbándose, compré ropa que antes nunca me habría
atrevido a llevar, tangas, sujetadores de todos los colores, ligueros, si a
esto le sumamos que gracias al gimnasio había perdido algunos kilos no se podía
negar que estaba viviendo una segunda juventud gracias a ese semental. Mi hijo
no solo me apoyaba sino que me fomentaba a hacerlo, le gustaba ver la ropa que
me compraba y me animaba a comprar más.
Un día no me anduve por las ramas y le propuse a mi
misterioso compañero de webcam quedar y conocernos. Pensé que se negaría pero
ante mi sorpresa dijo que sí, que para él era una decisión muy importante pero
que estaba de acuerdo en que había llegado el momento. Me pregunté porque era
tan importante la decisión de quedar con una mujer pero acordamos vernos ese
viernes, el propuso una discoteca del centro de la ciudad, yo dije que no me
dejarían entrar a mi edad pero él dijo que no me preocupara, que lo arreglaría
todo. Me pidió que me vistiera sexy, dijo que me reconocería él.
Quedaban tres días para el viernes y durante esas noches no
se conectó al Messenger, debía de estar guardando fuerzas para los que nos
esperaría.
Por fin llegó el ansiado día, habíamos quedado a las 22 y yo
esperaba que mi hijo saliera antes que yo para que no me viera salir con esa
ropa tan provocativa que iba a llevar, por suerte salió una hora antes que yo,
por cierto bastante nervioso, supuse que habría quedado con alguna chica de su
clase.
Aproveché para arreglarme: me puse un vestido negro muy sexy
que no me ponía desde hace años pero ahora por suerte no solo me entraba sino
que me quedaba como un guante, me miré en el espejo y me sentí orgullosa, mi
culo y mis tetas podrían conquistar a cualquier hombre. Me puse unos zapatos de
tacón y bragas negras cuando mi pervertida mente se dio cuanta de que faltaba
algo. Fui al baño y cogí la espuma de afeitar de mi hijo, la observé unos
segundos sin atreverme a dar el siguiente paso. Me quité el vestido y las
bragas, cogí una cuchilla y me abrí de patas delante del espejo, extendí la
espuma por mi chochito y procedí a depilármelo. Ya que esa noche iba a
follar, quería que mi regreso al mundo del sexo fuera por todo lo alto.
A las 21:30, temblando como un flan, salí de casa rumbo a la
discoteca, mi vestido atrajo las miradas de muchos hombres por el camino, lo que
me dio un poco de confianza en mi misma, sin embargo no podía dejar de pensar en
como sería mi vuelta al sexo después de tantos años de sequía. Había perdido
muchos años de experiencia, y para colmo el sexo con el desgraciado de mi marido
había sido aburridísimo, seguro que el chico con el que había quedado a sus 19
años sabría muchas más cosas sobre el sexo que yo.
Llegué a la discoteca y ante mi sorpresa me dejaron pasar a
pesar de que tenía más edad que la mayoría de la gente allí. No pisaba una
discoteca desde mis tiempos de universitaria y estaba un poco perdida, de hecho
mucha gente me miraba sorprendida, aunque algún chico me guiñó el ojo o me
sonrió. Me dirigí a la barra para pedir la bebida cuando noté dos manos por
detrás que me agarraban de la cadera.
-Shhhhhh
-¿Quién eres? ¿Eres tú Carlos?
Lentamente esas manos me fueron guiando hasta un reservado,
yo intenté girarme para verle la cara pero él no me dejó, de hecho me puso una
cinta alrededor de los ojos, lo que todo sea dicho me resultó bastante
excitante.
Me llevó a una especie de cuarto que supuse vacío, puso sus
manos en mis hombros y me sentó en un sofá.
-Carlos ¿eres tú? me está excitando muchísimo-y era cierto,
mi chochito estaba empezando a chorrear.
-Shhhh
Noté como me bajaba el vestido hasta la cintura, mis tetas
saltaron al aire y mis pezones se pusieron erectos en un santiamén. Mi
respiración se hacía más entrecortada mientras mi excitación crecía por
momentos. Noté como hundía su cara en mis pechos y los besaba delicadamente,
pasando su lengua por mis pezones, yo intenté tocarle pero él puso mis manos en
mi espalda, estaba jugando conmigo. Se levantó y se fue hacia el otro extremo de
la habitación. No veía nada pero me pareció oír el sonido de una cubitera. Oí
como volvía hacia mí y a los pocos segundos noté el tacto de un hielo en mi
canalillo. La sensación de calentura y excitación que tenía unida al gélido
tacto del hielo en mi piel hicieron que se me pusiese la piel de gallina. Di un
suspiro y noté como mi amante, con el hielo en la boca, me lo restregaba por las
tetas y la tripa, yo estaba a cien y empecé a gemir, aquel juego me estaba
excitando muchísimo. Noté como su mano se deslizaba por debajo de mi vestido y
se abría paso, a través de las bragas, hacia mi coño. Ahí no pude más.
-Carlos si haces eso me voy a correr.
Él se dedicó a acariciar mis muslos, retrasando el momento de
la masturbación. Yo estaba a cien y no podía más.
-Carlos méteme el dedo ahora- le ordené
Dicho y hecho. No fue uno sino dos y hasta tres dedos los que
se introdujeron con facilidad en mi lubricado coño, empezando una masturbación
que terminó en unos pocos segundos ya que no pude evitarlo y me corrí entre
grandes espasmos.
Él siguió metiéndome los dedos pero yo no pude aguantar más
la presión, quería follarme a ese semental ya. Llevé mis manos a mi nuca y
rápidamente me quité el lazo que cubría mis ojos. Cuando mis ojos se
acostumbraron a la luz vi, a unos centímetros de mi cara y haciéndome un dedo, a
mi hijo.
Su cara era un poema. Todavía tenía su mano en mi entrepierna
cuando impulsivamente me puse de pie.
-Mamá deja que te explique
Me quedé bloqueada, no supe como reaccionar y salí corriendo,
¡mi hijo me había estado masturbando! Así que él era el que había ideado ese
plan de Internet y la webcam, ¡qué ciega había estado!
Recorrí como un fantasma los pasillos y la pista de baile de
la discoteca, cuando noté que mi hijo me agarraba del hombro.
-Mamá ¿me vas a dejar que te lo explique o no?
Le di un bofetón en la cara, la gente que estaba bailando a
nuestro alrededor nos miraba.
-Mamá tranquilízate-me puso las manos en los hombros-no se
como te sentirás, pero si he hecho esto ha sido por tu bien, lo he hecho porque
he pensado que después de todos estos años en los que te has sacrificado por mí
me tocaba devolvértelo, me daba pena que una mujer tan bella como tú
desperdiciase el resto de su vida sin tener sexo con hombres, por eso cuando me
dijiste que ibas a ir al gimnasio y que te ibas a poner guapa me hiciste tan
feliz. Esa noche vi tu foto en una página de contactos y me di cuenta de lo
mucho que representas para mí. Tú has trabajado como una mula para darme la
mejor educación y yo tenía que compensarte, hacerte feliz.
Yo no sabía que hacer, por una parte me sentía engañada pero
por otra había visto otra cara de mi hijo, me di cuenta de que había pasado
tanto tiempo junto a él y todavía no le conocía, estaba enamorada de mi propio
hijo. Comencé a llorar y puse mi cabeza en sus hombros, él la acogió y me besó
cariñosamente.
-¿Pero tú que sientes por mí hijo?
-Mamá yo creía que te quería como madre, pero ahora que estoy
madurando me he dado cuenta de que no solo te admiro por lo que me has dado,
sino que te quiero y deseo devolverte por lo menos algo de tu sacrificio, quiero
hacerte feliz
Nos quedamos abrazados en medio de la pista, no sabía que
hacer, dentro de mi se había despertado algo que llevaba incubando desde hace
años y que por fin salía a la luz. Le agarré de la cabeza y nos besamos en la
boca, nuestras lenguas se mezclaban con lascivia, yo puse mis manos en su
paquete y comprobé que su tamaño era tal y como yo veía en la webcam. Pedimos
unas copas y nos sentamos en un sofá, allí estuvimos besándonos y metiéndonos
manos como adolescentes en celo durante un buen rato, él sobaba mis tetas y yo
disfrutaba de la dureza de su polla que parecía reventar su paquete hasta que mi
hijo dio el siguiente paso:
-Vamos a casa mamá
Nos cogimos de la mano y salimos de la discoteca
Subimos en mi coche y durante el viaje nadie dijo anda, la
tensión se notaba y nos mirábamos, sabiendo lo que estábamos a punto de hacer.
Conduje nerviosa hasta nuestra casa y aparqué el coche en el jardín. Entramos y
fuimos directos a mi habitación, pero allí nos quedamos parados, al lado de mi
cama, mirándola. Una cosa era lo de la discoteca pero aquí íbamos a pasar a
palabras mayores. Lo que íbamos hacer era uno de los mayores tabúes de
nuestra cultura, algo reprobado por toda la sociedad, pero ¿se le pueden poner
límites al amor entre una madre y un hijo?
No, por supuesto que no, llevaba demasiados años engañándome
a mí misma me acerqué a mi hijo y le quité la camiseta. Él me quitó los tirantes
del vestido y dejando otra vez mis tetas sueltas. Estaba ansiosa por comprobar
lo que había visto por el ordenador en vivo así que le bajé los pantalones y los
calzoncillos, desnudándole completamente.
Lo que quedó a ante mi vista fue un enrome pene de gran
longitud y grosor, tal y como había visto y tal y como había soñado tener en mi
interior. Nos miramos a los ojos. Me quité el vestido y solo me quedé con los
zapatos de tacón.
Me puse de rodillas hasta que su miembro quedó a la altura de
mi cara. Tenía que agarrarlo, palparlo. Lo agarré y estaba palpitante, caliente,
con las venas hinchadas. Poco a poco lo fui guiando hasta mi boca. En un primer
momento pasé mi lengua por la punta y acaricié sus inflados huevos, él comenzó a
gemir.
-Mamá...
No me lo podía tragar de un golpe así que me lo introduje
lentamente en la boca, una parte quedó fuera pero encajó bastante bien. Comencé
con la mamada a un ritmo lento pero continuo, años que no hacía una pero no se
me estaba dando nada mal a juzgar por su cara, a mi me estaba encantando ver la
cara desencajada por el placer de mi hijo así que me llevé la mano a mi
clítoris. No pudimos continuar mucho más pues mi hijo daba muestras de estar a
punto de correrse. Paré y le agarré la polla con la mano para evitar que
eyaculase, había que esperar, quería sentir todo ese semen dentro de mí.
Él se recompuso.
-Ahora, mamá, me toca compensarte a mí.
-Quiero que me folles hijo, llevo 18 años sin probar un
hombre pero deseo que seas tú el que me haga correrme de nuevo.
Lo pensé y lo cierto es que la última vez que había estado
con un hombre fue la vez que concebí a mi hijo, hace 18 años ¿Cómo podía haber
estado ciega tantos años?
Me empujó sobre la cama y mis potentes pechos botaron. Se
puso a cuatro patas y se sumergió en mi depilado y anegado coño. Sentir su
lengua jugueteando con mi clítoris fue la gota que colmó el vaso y me corrí
dando gritos de placer, él siguió durante más tiempo, la verdad es que no se le
daba nada mal a mi hijo, su lengua recorría todos los rincones de mi vagina, la
movía en círculos sin dejarse nada que chupar, me estaba volviendo loca con esa
endiablada masturbación por lo que el segundo orgasmo no tardó en llegar, mis
flujos se esparcieron por la colcha de la cama y la cara de mi hijo. Sacó su
cabeza de mi entrepierna mientras que yo trataba de controlar mi desbocada
respiración.
Puso su cuerpo sobre el mío y fue guiando su pene hacia mi
cueva, esos segundos se me hicieron eternos, ¿Como sería la sensación de sentir
una polla de nuevo en mi oxidado coño tantos años después?
-Mamá, ¿estás lista?
-Claro hijo
Noté la punta de su miembro pugnando por abrirse paso en mi
coñito, que al estar completamente empapado no opuso resistencia, poco a poco
fui notando su pene entrando y entrado, parecía que no acababa nunca, me dolió
un poco pues mi vagina no estaba acostumbrada a que entraran en ella más que mis
dedos pero la sensación de placer a medida que cada centímetro de mi hijo
entraba en mí era ya indescriptible. Cuando la metió del todo se quedó unos
segundos empujándola más y más.
-Quiero llegar hasta el fondo de tí mami
Todavía no se como me entró semejante aparato entero pero el
caso es que mi hijo una vez logrado su objetivo sacó su pene y me lo volvió a
meter, hasta que mi coño quedó totalmente adaptado a él. Me cogió las piernas,
las puso en sus hombros y comenzamos a follar.
Es difícil describir lo que pasó durante esos minutos en que
mi hijo y yo hicimos el amor, pero fui encadenando orgasmos uno detrás de otros,
aquella polla me quemaba cuando entraba en mí, él estaba sobre mi cuerpo
penetrándome y yo le agarraba su duro culo para que la penetración fuera más
profunda, él apoyaba sus manos en mis tetas y en ocasiones aprovechaba para
besar mis pezones, que estaban al máximo de su dureza había estado tanto tiempo
sin sentir esa maravillosa sensación que ahora no quería que mi hijo saliera de
mí. Tras unos minutos follando en esa posición mi hijo me dio la vuelta, me puso
a cuatro patas y me folló en esa postura. Mis tetas se movían al ritmo de su
penetración yo notaba como sus testículos se balanceaban y chocaban contra la
entrada de mi coño, su respiración se entrecortaba, sin duda estaba a punto de
correrse
-Mami me voy a correr
-Está bien hijo dentro de mí quiero recibir todo tu semen
-¿Pero no pasará nada?
-Nada, no te preocupes
Aguantó unos segundos más en los que yo alcancé un nuevo
orgasmo, noté como me sujetaba las caderas, hundía su polla hasta lo mas
profundo de mi coño y tras un grito de placer se corrió, noté su polla
explotando y temblando dentro de mí, su semen caliente iba ocupando mi coño pero
sus huevos parecían no agotarse nunca y acabó saliendo y cayendo sobre mis
piernas y sobre las sábanas.
Tras semejante esfuerzo físico ambos caímos rendidos en la
cama.
-Ha sido genial hijo ¿e ha gustado?
-Me ha encantado mamá
Nos quedamos acariciándonos y tocando nuestros cuerpos, él se
puso encima de mí cuando en unos minutos noté que algo crecía y sentí su rigidez
en su pecho.
-Pero hijo ¿ya tan rápido te has recuperado?
No estaba dispuesta a echar un solo polvo esta noche y
parecía que mi hijo quería seguir dándome guerra, se dio la vuelta y comenzó a
comerme el coño. Comprendí lo que quería hacer y formamos un 69, él lamiendo mi
coño con fruición y yo metiéndome esa tranca hasta la garganta. Como ya había
recibido su lefa en mi interior esta vez esperé hasta que se corrió y expulsó
una buena cantidad de semen en mi boca, había olvidado su sabor salado. Parece
que a mi hijo le encantó ver a su madre tragarse toda esa leche pues en unos
segundos su polla volvía a estar tan dura como siempre.
Se tumbó sobre la cama con su polla enhiesta. Me puse sobre
él, agarré su nabo y me lo fui metiendo lentamente, noté como me empalaba ese
enrome aparato. Su grosor, su longitud, me llenaban y me provocaban un grato
escozor, comenzamos a follar de nuevo, yo bajaba y subía con eso clavado dio mío
cuantos años perdidos con ese macho en mi propia casa.
-Hijo mío eres un semental
-Mamá tengo que reconocer que nunca supuse que fueras tan
caliente
Aquellas palabras me pusieron a cien y me provocaron un nuevo
orgasmo, dios que locura, la cabeza me daba vueltas cada vez que sentía esa
espada perforándome hasta mis entrañas, ¿cuánto tiempo llevábamos follando?
Había perdido la noción del tiempo entre tantos orgasmos y corridas. Seguimos
así varios minutos
-Mamá voy otra vez
-Aguanta un par de segundos que yo también estoy a punto de
caramelo.
Estuvimos otro medio minuto apurando al máximo
-Hijo creo que ya puedes, me voy a correr
Yo había notado como mi hijo hacía un esfuerzo sobrehumano
para aguantarse así que en cuanto se lo dije no aguantó más y expulsó su semen
de nuevo con una potencia inusitada dentro de mi desbordado coño al mismo tiempo
que yo me volvía a correr. Nos quedamos en esa posición unos segundos más sin
decir nada, recuperando fuerzas, yo aprisionaba su miembro ya flácido dentro de
mí mientras su semen salía a borbotones.
Nos miramos a los ojos y nos besamos con locura. Ese fin de
semana fue una maratón de sexo en la que recuperamos el tiempo perdido, follamos
en todas las posturas y en todas las habitaciones de la casa y desde esa noche
en que lo hicimos por primera vez mi hijo y yo dormimos juntos y no escondemos
nuestro amor.