LOCO VERANO DE SEXO - 9
El cortijo 3
Se fue también, igual que el otro y me volví a dormir hasta
que Sole me zarandeó por los hombros, cuando ya el sol estaba alto. Estaba
tumbada en la cama, de cualquier manera, y tenia sueño todavía. Me avisó que se
metía en la ducha y que me fuera despertando. Teníamos que bajar a desayunar y
nos esperaban para pasear por la finca en un par de horas.
Me desperecé y al estirar los brazos casi me caigo. La cama
era inmensa, pero estaba en la parte de abajo. Eso hizo que me despejara
rápidamente y me levanté a ducharme y asearme yo también.
Estaba lista cuando salí y me esperaba vestida solo con las
bragas y una camisa ligera, que le cubría poco mas abajo del ombligo. Me había
preparado también mi ropa. Unas braguitas azul claro y una especie de rebeca
cortita de lana del mismo color; me lo puse rápidamente y
marchamos al comedor.
No había nadie, pero el desayuno estaba preparado, el café
caliente y toda suerte de dulces y cocinados, huevos, bacón, jamón… parecía un
buffet de un hotel. Teníamos hambre y desayunamos rápidamente, esperando que
aparecieran los anfitriones.
Aparecieron, dándonos un beso al saludarnos y poniendo la
mano en el culo con todas las ganas. Después de desayunar, salimos al porche,
donde el mayordomo estaba ensillando los caballos.
Me acerqué a los animales. Eran magníficos. Yo les había
hablado que de pequeña montaba algo y que me gustaba, a pesar del tiempo que no
lo hacía.
Dimos una vuelta por las cuadras, y me enseñaron todo,
explicándome razas, edades, genealogía. Se notaba que les entusiasmaba y desde
luego sabían mucho. Dijeron que me adjudicarían, si quería montar, una yegua
tranquila, para que no ocurriesen accidentes, porque algunos machos estaban a
medio domar y podían ser ariscos.
Uno de los hombres se acercó y me dijo que si estaba
dispuesta a dar una vuelta en su compañía. Por supuesto, le dije, y esperé que
me adjudicara una montura.
- primero desnúdate, quitate las bragas. Quiero ver si
pareces una lady Godiva.
Iba a dejar mi ropa encima de un banco, pero se adelantó el
mayordomo y me la recogió.
Al salir al patio, había preparados cinco o seis, dos
ensillados y los otros esperando.
- mira este, ha olido hembras.
- si señor, este si que entiende
¡Que barbaridad! El caballo al que se referían estaba con
toda la pinga estirada, casi hasta el suelo. Me quedé asombrada, un cipote
enorme y gordo, negro, con las venas sobresaliendo.
- ¿todo eso es de verdad?
- ven, tócalo. Compruébalo tu misma.
Me acerqué con un poco de reparo, pero el animal estaba
quieto y tranquilo. Bueno, tranquilo más o menos. Unos de los hombres me agarró
las manos y prácticamente me obligó a agarrarle el miembro.
Si, era mas grande de lo que parecía, y aunque colgaba como
con desgana, era de una dureza tremenda. Se me notaba mi cara de curiosidad,
estaba claro que no era vicio. Lo miraba por todos los lados y lo agarraba
apretando. El caballo no se movía y era una de las cosas mas sorprendentes que
jamás vi.
- ¿te gustaría tenerlo dentro?
- ¿esto? Ni loca. Si es más gordo que mi muslo. Que cosa más
enorme.
- pruébatelo

- ¿Cómo?
- acércatelo. Para ver como te quedaría.
Se estaban riendo de mí y de mis apuros, y supongo que,
principalmente, de que llevaba un buen rato con él agarrado con las dos manos y
no lo soltaba ni le hacía ascos.
Les seguí la broma y me puse de espaldas, apoyándome con una
mano en un banquillo cercano, incliné el cuerpo y con la otra dirigí la punta
del enorme miembro a mi culo. Se estaban divirtiendo y continué un rato,
restregándomelo por mi rajita y a lo largo de todo el culo, de arriba abajo,
echando el trasero hacia atrás como si me lo metiera.
Me estaba mojando todos los cachetes y de pronto se movió, un
poco inquieto, y empujó el miembro contra mi cuerpo con fuerza. Lo solté y di un
grito saliendo a escape.
Los tres se reían a carcajadas y yo estaba aterrorizada, con
una enorme cara de susto, pegada a la valla, sin atreverme ni a respirar. Tuvo
que venir uno de ellos hasta mi, y tirando de mi brazo, consiguió que me moviera
un poco, aunque mirando de reojo al pobre bicho que no se explicaba quien podía
ser esa loca que gritaba sin venir a cuento.
- mejor será que nos vayamos a dar un paseo, si te atreves…
Me acerqué al caballo que me tenia preparado, pero…
- no tiene silla, ¿tengo que montar así?
- si, si hace tiempo que no montas, es mejor. Sentirás mejor
al caballo.
- pero no tengo bragas, se me clavara toda la crin en el…
- ven, que te ayudo a montar.
Miré a Sole, pero tenia cara como de enfado. Ah, claro, que
no debía discutir. Se me había olvidado. Pues venga, me agarré a las crines y
levanté hacia atrás una pierna. Me agarró por debajo del talón con una mano y
con la otra en mi culo me izó con facilidad, hasta que quedé a horcajadas.
Me pasó las riendas y montó en el otro caballo, que por
supuesto si tenía silla y echamos a andar hacia un bosquecillo que se veía a lo
lejos.
Sentía el calor del animal en mi culo y el hueso del espinazo
se metía por mi rajita. Cambié un par de veces de posición, pero era peor,
porque me pellizcaba la piel y me hacía daño.
A los diez minutos tenía un tremendo calor interior. Cinco
minutos después mi chochito ardía como si me hubieran dado un masaje con una
esponja áspera, otros cinco minutos mas tarde, tenia el calor en todo el cuerpo
y mi respiración se iba haciendo entrecortada. Él iba a mi lado, observando mis
reacciones con toda atención.
O sea, que sabia que iba a pasar eso, lo había hecho aposta.
Estaba que no podía mas, si no me bajaba o paraba el caballo iba a tener un
orgasmo allí mismo.
Me agarró de un brazo cuando empecé a dar convulsiones,
apretándome contra el cuello, tumbada sobre el cuerpo del animal, aferrándome a
las crines y sollozando de placer. El caballo aceleró la marcha y grité al
sentir golpear su cuerpo contra mi clítoris.
Lo agarró rápidamente de las bridas y lo paró en seco. Seguí
dando espasmos, cada vez más espaciados y cortos y si no llega a estar a mi
lado, me caigo al suelo desmayada.
Me apoyó en el suelo, dejándome tumbada en la hierba.
- tengo que volver a ver esa cara otra vez. Es la expresión
de felicidad más real que he visto nunca.
- estoy hecha polvo. Me duele todo.
- ven, andaremos un poco. Ahí cerca hay una alberca y te
refrescaras

algo.
Apenas podía andar. Me dolía y rozaba. Abrí las piernas y
avancé con las piernas arqueadas, como los vaqueros. Me agarró por debajo de los
brazos y me sentó de lado, en su silla y siguió andando, llevando a los dos
animales de las bridas, hasta el bosquecillo y la charca, que se veía ya muy
próxima.
Me bajó del caballo y mientras bebían, recogió agua con las
manos y me lo fue echando por vientre, lavando las partes mas escocidas. Me
alivió enormemente pero todavía lo tenia muy sensible, botaba cuando me rozaba.
Me echaba chorros de agua y luego descubrió otra forma de
divertirse: me lo echaba un poco mas arriba y se agachaba hasta mi concha a
beber según iba cayendo. Al final notaba mas cosquillas que dolor y dijo que ya
estaba bien.
Me puse de pie y andaba normal, el agua me alivió bastante,
me enseño los alrededores y luego me dijo que me fuera metiendo, que nos íbamos
a bañar.
Estaba fría al entrar, pero enseguida te acostumbrabas y
parecía más templada. Se metió en bolas junto a mí, y me abrazó dentro del agua
pasando sus manos por mis pechos y mis caderas.
Me tocó el borde del chochito y me preguntó si me dolía. No,
estaba ya bien. Fue el momento de sensibilidad que me quedó después de haberme
frotado tan directamente con la grupa del caballo.
Metió un par de dedos dentro y los paseó con cuidado. Me
abracé a él, pasando las manos por su espalda, entonces me subió un poco el culo
y intentó meterla a pulso en mi agujerito. Le tuve que ayudar, era muy difícil,
me abrí con una mano y le dirigí.
La metió despacito, preguntándome a cada momento si estaba
bien. Agradecí este detalle de delicadeza, diciéndole que si, aunque a veces me
dolía ligeramente. Cuando estuvo dentro del todo paró un poquito, afianzó los
pies, para mantener el equilibró, y salpicando para todos los lados cada vez que
nuestros cuerpos se juntaban empezó a moverla en mi interior adentro y afuera,
con calma, pero sin parar.
Sentí los primero pinchazos de deseo y me apreté más a él,
que aceleró un poco. No llegó a terminar. Caímos los dos al agua juntos y
abrazados, y nos separamos, intentando sacar la cabeza del agua.
Salimos riendo los dos y con el pelo empapado (lastima de
peluquería)
- bueno, luego continuaremos, vámonos para casa.
Me subió a su caballo, por delante de la silla y luego montó
él, poniéndome de lado sobre sus piernas. Se estaba a gusto, desde luego, mejor
que en el otro sin silla y a horcajadas, pero por si acaso, me agarré bien a él.
Después de un breve trote llegamos al porche de la casa,
desmontó y luego me bajó en brazos. Desnudos como estábamos, nos acercamos a la
piscina, donde habíamos visto a los otros dos. Estuvimos nadando un rato y luego
nos levantamos a comer.
El mayordomo, que aparecía y desaparecía sin darnos cuenta,
había preparado un buffet frío, debajo de un toldo, junto a la piscina. Al
acabar, me dice mi acompañante.
- vamos a terminar lo que no pudimos en la charca.
Y lo terminamos, bien terminado, en una cama, como debe ser,
y él se quedó satisfecho y yo… pues también, la verdad, bastante satisfecha.
Después de cenar se incorporó un tercer invitado, al parecer
con ideas nuevas. Acababa de llegar y se le ocurrió ver como lo hacíamos las
dos, pero con una variante: nos dieron unos cuantos vibradores y se sentaron en
el borde de la cama a vernos.
Sole tomó la iniciativa. Me tumbó boca abajo y después de
paseármelo un poco por la rajita, me lo fue metiendo despacio, mientras lo hacia
vibrar.
Me gustaba, pero era algo frío, una maquina al fin y al cabo.
Sole era una experta. Cinco minutos después había cambiado de opinión respecto a
las maquinas y al poco rato sacaba mi culito para que entrase mejor.
Le pidieron que la metiese en mi culo, y ella agarró uno mas
fino y pequeño, lo chupó un poco con la boca y lo mojó bien con mi liquido
vaginal. Metió la punta y pegué un respingo. Lo metió la mitad mas o menos y
dejó de dolerme, pero no le acababa de ver la emoción a todo eso. Me gustaba más
por el otro agujero.
Dos pollas se acercaron a mi boca. Cogí una con la mano y
metí la punta
de la otra entre mis labios, chupándola suavemente, dándole
lamidas con toda la lengua, como si fuera un helado.
El vibrador fue sustituido por el pene de uno de los hombres.
Me puso boca arriba y la metió rápidamente, comenzando a bombear con rapidez.
Seguí chupando alternativamente una y otra. A veces la metía
casi toda dentro, pero me daban arcadas. Quería experimentar, había ido allí a
eso, pero era superior a mí. Cuando el pene en mi vagina empezó a hacer efecto
en mi libidinosa mente y a sentir el ardor en mi interior, me fue imposible
concentrarme en otra cosa.
Tenía las pollas de los otros dos en mi mano y las agarraba
fuertemente, pero estaba preocupada más de mi placer que del suyo. Uno dijo que
me la metiera por el culo, pero no le hicieron caso, gracias a Dios.
Sole, viendo el cariz que podían tomar las cosas, agarró a
los dos hombres abandonados por mí, y se los llevó al otro dormitorio.
Cuando quedamos satisfechos los dos, se tumbó a mi lado. No
estaba allí cuando me despertó Sole, como el día anterior. Después de ducharnos
bajamos al comedor.
El mayordomo nos dijo que el desayuno estaba preparado en la
bodega y que los señores habían pedido que fuéramos desnudas. Cuando estuvimos
en la puerta, nos quitamos lo poco que llevamos y entramos, hasta una especie de
mostrador, donde estaba preparado todo, en plan buffet, como siempre.
Después de desayunar y pasear por la bodega, el nuevo tuvo
otra feliz idea, y enseguida la pusieron en práctica. Como siempre, yo era la
perjudicada, me imagino que por ser la nueva.
Me ataron entre los tres a una especie de poyete, encima del
cual pusieron unos trapos o almohadas, para que no se me clavara demasiado en el
cuerpo. Así atada quedaba expuesta e indefensa a sus manejos. A Sole se la
llevaron a otra sala, y supongo que la atarían también, porque no la volví a
ver.
Se divirtieron de lo lindo. Mientras paseaban y tomaban
vinos, me tocaban por todo el cuerpo, o metían los dedos por mis agujeros.
Las cuerdas no me hacían daño, no estaban muy fuertes, pero
era imposible soltarme, además que yo creía que no debía hacerlo, se podía
enfadar Sole.
Llevaba casi media hora, allí aburrida y mirando para el
techo y llegó de pronto uno y sin decir nada me la metió, follándome hasta que
se vació dentro, se subió la bragueta y se fue. Al rato vinieron los otros dos y
mientras uno me tocaba las tetas, el otro me la metía.
Yo no había sentido nada, pero cada vez que oía pasos o algún
ruido cercano, pensaba que era alguno que quería sexo. Me empecé a calentar yo
sola, sintiendo como me la meterían. Oía algo y decía: ahora si.
Vinieron dos o tres veces más. Alguno me la volvió a meter,
pero casi sin ganas. Parecía que solo era para demostrarme que estaba a su
disposición. Luego se oyeron ruidos fuera y estuve casi una hora, otra vez
aburrida y sin poder moverme.
Otra vez oí ruido y me dije, ahora, seguro que ahora. Los
pasos se dirigían en mi dirección. Me volví a excitar.
Era el mayordomo. Me pasó una de las cuerdas por la boca,
estiró las de mis pies para que quedara bien abierta y se desnudó.
Con absoluta tranquilidad se acercó a mí y me la fue metiendo
despacito. Veía su cara disfrutando. Me tocaba los muslos, los pechos, metía y
sacaba su pene. Mi cara de susto y desconcierto cambió.
Ahora me estaba gustando, por fin empezaba a sentir placer.
Abría mis piernas más de lo que necesitaba, casi aflojando las cuerdas. Mi
cabeza cayó hacia atrás y empecé a retorcerme de gozo. Botaba sobre la camilla
improvisada y lo sentí sin parar, dos o tres veces.
La sacó y me regó el vientre y las piernas con su leche,
después cogió un poco de aire, se metió el aparato dentro y me desató.
- pueden irse cuando quieran. Les he dejado algo de comida en
su habitación.