ORGULLOSO DE MI MADRE (Cap. 13)
Las circunstancias poco a poco llevan a que experimente con
mi madre la mayor delicia para un hijo.
En el transcurso de aquella intensa tarde de sexo entre mi
madre, mi tía, sus dos amigos y yo mismo, mi madre y mi tía habían disfrutado
follando con Alberto y Alfredo, yo a mi vez había jodido con mi tía Rosa pero el
momento culminante para mí fue cuando mi madre decidió chuparme la polla hasta
llevarme al orgasmo.
Después de todo lo ocurrido ya todos dábamos por finalizada
aquella fabulosa sesión de sexo con las dos maduritas y por eso ellas se fueron
a duchar ya que sus cuerpos estaban prácticamente embadurnados de lefa. Mi madre
fue la primera en salir de la ducha regresando desnuda al salón y exhibiendo por
tanto su madura belleza y sus carnes abundantes ante nuestras miradas. Mientras
mi tía acababa de ducharse, mi madre se empezó a poner de nuevo las medias
apoyando un pie en un butacón y mostrándonos todo su soberbio culazo,
especialmente a Alfredo y a mí que estábamos sentados a su espalda en el sofá.
-¡Vaya patazas y vaya culo! –Dijo Alfredo provocando que mi
madre volviera la cabeza hacia nosotros y nos sonriera con picardía. Entonces,
consciente de que estábamos observando sus maniobras para ponerse la medias y
especialmente prestando atención a su culazo, lo hizo de la forma más sensual
posible y sacando aún más el culo si cabe para que pudiéramos apreciar su
amplitud y redondez. Era enormemente excitante ver por detrás a mi madre, con
todo su soberbio pandero en pompa y poniéndose las medias. Si a ello añadimos
que también veíamos algo de sus colgonas tetas balanceándose mientras deslizaba
las medias hacia arriba por sus muslazos, la visión no podía ser más excitante y
a pesar de lo que ya habíamos gozado todos, nuestras pollas cobraban nuevo vigor
a pasos agigantados
Una vez mi madre se puso las medias y también los zapatos,
Alberto, que estaba a su lado, dijo dirigiéndose a mí:
-Tu madre está buenísima de todo pero lo que más me gusta de
ella es este soberbio panderazo ¿no crees? Está para comérselo. –Y mientras
decía esto le acariciaba con una mano una nalga a mi madre haciendo que sus
dedos se deslizaran cerca de la raja que dividía en dos aquel fabuloso
mapamundi.
-Pues venga, si está para comérselo, cómeselo –le dije yo
riendo.– Que seguro que lo tiene bien rico.
-Y ahora bien limpio, así que si queréis comérmelo aquí lo
tenéis bien fresquito. –Repuso ella con humor.
Todos reímos divertidos la ocurrencia de mi madre y entonces
Alberto, acercándose a ella de rodillas, le dio un largo lametazo en una nalga
haciendo que ella sonriera y suspirara.
-¿A ti no te gusta el culo de tu madre? – insistió él
dirigiéndose a mí.
-¿Qué si me gusta el culo de mi madre? ¡Ya lo creo que me
gusta! No exagero nada si digo que es el mejor culo que he visto en mi vida. Y
no creáis que hoy, por habérselo visto desnudo, es cuando me he dado cuenta de
lo que me gusta el panderazo de mi madre, ¿eh? Hace ya mucho tiempo que pienso
que mi madre tiene un culazo para hacer diabluras con él.
-Qué tontos sois– intervino ella aunque sus palabras no
mostraban otra cosa que lo halagada que se sentía.
-Pues venga, ven aquí y ayúdame a comerle el culo a tu madre,
que tiene mucho para degustar,– me dijo Alberto mientras volvía a pasar la
lengua por una de las amplias nalgazas de mi madre con el beneplácito de ésta
que sonreía allí de pie sin acabar de decidirse a ponerse las bragas que ya
tenía en la mano.
Entonces yo me dirigí hacia ellos y poniéndome también
arrodillado al otro lado de mi madre, también le pasé la lengua por una de sus
blanquísimas nalgas y le dije:
-Anda, mamá, deja esas bragas ahí, que todavía tenemos que
hacer cosas con tu culito antes de que te las pongas.
Ella rió complacida y, tras lanzar de nuevo las bragas lejos
de donde estábamos, contestó:
-Cariño, ¿de verdad te gusta el culo de mamá?
-Por supuesto, mamá. Como dice Alberto, tienes un culo que
está para comérselo. Llevo viéndotelo toda la tarde y desde luego que dan ganas
de comértelo, maciza.
-Ja, ja, ja… - rió mi madre complacida. -Pues adelante,
cariño, que me gustan mucho esas lamiditas que me estáis dando. Desde luego sois
unos cerdos pero está muy bien eso que me hacéis. Que dos hombres estén dándole
esos besitos y esas lamiditas a una mujer en el culo os puedo asegurar que hace
a una sentirse realmente deseada.
Entonces tanto Alberto como yo volvimos a darle un prolongado
lengüetazo cada uno por la nalga que nos quedaba más cerca. Después lo hicimos
otra vez y enseguida estábamos ya los dos dándole besitos, suaves mordiscos y
chupándole las gordas nalgas a mi madre mientras ella suspiraba de gusto y reía
halagada por nuestras atenciones a su gordo trasero mientras no dejaba de
decirnos que éramos unos cerdos y unos guarros por hacer una cosa así.
-¡Pero qué cerdos! Mira que poneros a chuparme el culo nada
menos… ¿tanto os gusta? Si lo tengo muy gordo y ya fofo…
-Lo que tienes es un culazo espectacular, mamá.
-¿Sí? ¿Os gusta entonces mi culito gordo? –Decía ella con
coquetería e indisimulada satisfacción mientras miraba con la cabeza girada por
encima de los hombros cómo le pasábamos la lengua por las nalgas.
- No lo sabes tú bien, jamona –le decía Alberto.
Yo estaba encantado dándole aquellos besos y lengüetazos en
el culo a mi madre. Su gordo pandero siempre me ha atraído mucho sexualmente así
que enseguida mis caricias bucales se hicieron más atrevidas y en un momento
dado, abriendo sus gordas nalgas, le pasé la lengua por toda la raja del culo
incluido el ojete. Esto provocó un gritito de placer de mi madre lo cual nos
animó tanto a Alberto como a mí a seguir chupándole no sólo las nalgas sino
también la raja del culo y su ano.
-¡Pero qué cochinos sois, cabronazos! ¿Hasta el agujero del
culo me chupáis? Hay que ver cómo sabéis darle gusto a una mujer.
-¿Te gusta que te pasemos la lengua por ahí, Matilde? –Le
dijo Alberto entonces.
-Pues sí; me da un poco de vergüenza reconocerlo pero la
verdad es que esta cerdada da un gustirrinín muy rico. Más gusto del que hubiera
imaginado nunca, cacho cerdos. Lo que no sé es cómo a vosotros os gusta chuparme
ahí…
-Es delicioso chuparte el culo, mamá –le dije yo mientras
ella me sonreía mirándome por encima de su hombro-. Tienes un culazo estupendo y
apetece mucho darte mordisquitos y le lengüetazos en él.
-Si vosotros lo decís… A mí esto me parece una cerdada
increíble, pero, la verdad, tengo que reconocer que precisamente por eso me
gusta. Me gusta mucho, marranos. Seguid, seguid. Chupadme el culo, cerdos, que
sois los dos unos cerdos. ¡Ay, qué calentorra me estáis poniendo otra vez!
Venga, seguid, chupadme el culo, chupádmelo bien. –Decía mi madre cada vez más
dominada por el morbo y la lujuria.
-Lo tienes muy rico, mamá. –Le insistía yo entre lamida y
lamida.
-¡Ay, quién me iba a decir a mí que me iban a chupar el culo
y que además uno de los que me lo está chupando iba a ser mi propio hijo! ¡Pero
si me estás pasando la lengua por todo el ojete, hijo!
-Pues claro, mamá. Y no sabes cómo me gusta hacer esta
cerdada precisamente contigo.
-Esto ya debe ser el colmo de la guarrería y del puterío,
pero me encanta… Ummm… ¡Hay que ver qué zorra y qué guarra me he vuelto en poco
tiempo!
Mi madre se estaba desmelenando con nuestras caricias bucales
en su trasero. Se había apoyado con las manos en los brazos del sillón y estaba
inclinada hacia delante sobre el propio asiento de la butaca, dejando que sus
tetas colgaran y se balancearan, con los pezones apuntando al suelo. Mientras,
mantenía las piernas rectas, enfundadas en sus medias, y el culo en pompa,
alzado gracias al alto tacón de sus zapatos, para que nosotros siguiéramos,
arrodillados detrás de ella, con nuestras lamidas en su enorme traserazo.
Yo enseguida, además de chuparle el agujero del culo, me
atreví a meterle un poco la lengua en el ojete. Esto hizo que mi madre casi
orgasmara, yo creo que más por el morbo que a ella le producía la acción que por
el placer en sí.
-¡Aaaahhh! Síííí… Pero que guarrada más rica, hijo; qué cerdo
eres y cómo tratas a la guarra de tu madre. Me vas a matar de gusto con tanta
cochinada. ¿Quién iba a pensar que mi propio hijo era tan guarro y tan vicioso?
¿Quién iba a pensar que eras capaz de hacer estas marranadas con tu propia
madre? Ummmm… Aaaahh. Sigue, hijo, sigue, chúpame el culo, chúpamelo. Cómele
todo el culito a mamá. ¡Ummmm…! ¿Pero cómo puede dar tanto gusto una guarrada
tan grande? ¡Uhhh…!
Luego fue Alberto el que hizo lo mismo y ella le animó con
palabras similares.
-Sí, cabrón, méteme la lengua en el culo, marranazo. Ay, ay ,
ay, pero que marranada más grande. Es increíble lo que me estáis haciendo, cacho
puercos, pero seguid, seguid los dos, cochinos marranazos, que me matáis de
gustito, cabrones. Nunca hubiera pensado que en el culo se podía sentir tanto
gustito. ¡Ahhh….! ¡Ummmm…!
Entonces, mientras Alberto le chupaba el ano yo, desde atrás
y pesar de lo incómodo de la postura, pues me tuve que colocar entre sus
piernas, le metí la lengua en el coño y se lo lamí un poquito. Quería que mi
madre sintiera un placer total y la tremenda humedad de su chichi me confirmaba
que mi propósito estaba siendo logrado. Ella suspiraba ante nuestras caricias y
cuando Alberto se separó de su culo fui yo de nuevo quien atacó con la lengua el
agujero marrón de mi madre mientras era ahora Alberto el que le daba unas suaves
lamiditas en los labios del coño y en el clítoris.
-¿Pero qué es lo que está pasando aquí? –oímos entonces la
divertida voz de mi tía Rosa ante la escena que se presentaba ante ella.– No te
lavaste bien el culo, eh, marrana, y quieres que éstos te lo dejen bien
reluciente, ¿no?.
-Chica… esto es divino… -respondía mi madre entre gemidos.–
Qué guarrada… más… rica. Nunca… hubiera imaginado… que una cerdada así… diera
tanto gusto… Esto, hasta que no te lo hacen no sabes lo rico que es… ¡Ufff… es
rico, rico… y qué morbazo que te estén pasando la lengua por todo el ojete,
chica, y además dos tíos. Y bueno, si uno de ellos es ya mi propio hijo qué te
voy a contar. Nada menos que mi hijo lamiéndole el culo a su madre! Si es que
esto es el no va más… No se puede ser más cerda… ¡Aaaahh…!
Alberto y yo seguimos así un rato más, al cabo del cual mi
madre empezó a decir gritando y completamente excitada.
-Venga, cabrones, ahora folladme que estoy calentorra
perdida. Jodedme bien, cacho cerdos. Venga, que ahora lo que necesito es polla
en el chocho. ¡Qué calentorra me habéis puesto con esta guarrada, mamonazos!
Estoy que exploto y con el chocho ardiendo después de esta guarrada tan grande,
mamones. Jodedme los dos uno detrás de otro. Sois unos cerdos y yo más cerda
todavía y quiero vuestras pollas dándome gusto en el chocho ya.
-Ya has oído a tu madre –me dijo Alberto incorporándose y
guiñándome un ojo.– Venga, dale gusto en la castaña a esta guarra, que lo está
pidiendo y esto nos va a gustar mucho a todos.
-No, métesela tú, Alberto… -dije yo un tanto cohibido ante la
invitación y la posibilidad de follarme a mi madre.
-Venga, hombre, -insistió él-, que tu madre está esperando
polla y no la podemos tener ahí de esa manera. ¿Eh, Matilde? ¿A que te apetece
la polla de tu hijo en el higo?
-Me apetecen las dos, quiero las dos, que los dos me habéis
puesto como una perra de salida con lo que me estabais haciendo en el culo,
cabronazos. –Decía mi madre completamente salida-. Venga, folladme, que no
aguanto de caliente que me habéis puesto. Si me metéis los dos la lengua en el
culo también quiero que me metáis los dos la polla en el chocho.
-Ya has oído, chaval –volvió a animarme Alberto–. Venga,
quiere las dos pero por alguna hay que empezar… Y seguro que la de su hijo le
hace especial ilusión a la muy viciosa, ¿eh, Matilde?
-Pues claro que me hace ilusión y ahora, además de ilusión,
lo que quiero es que me haga cosquillas bien dentro del potorro.
-Venga, chico; ya lo ves, y date prisa que no se puede tener
a una dama con el culo en pompa ansiosa de polla y haciéndola esperar.
Todos reímos pero yo aún insistí para cerciorarme de que
aquello le resultaba aceptable a mi madre:
-¿Te parece bien entonces que… que te la meta yo, mamá? –Hice
la pregunta, a pesar de todo, con una cierta prevención pues se trataba nada
menos que de follarme a mi madre y aunque me apetecía horrores joderla, quería
estar seguro de que a ella no le incomodaba lo más mínimo aquello.
-Pues claro, cariño, ¿no ves que me tienes calentorra del
todo? ¿No has visto ya lo baboso que tengo el higo por tu culpa?… Así que claro
que quiero que me la metas… Bueno, si tú quieres, claro.
-Yo claro que quiero, mamá. Me apetece un montón joderte,
guarrona. Con lo buena que estás y lo calentorra que eres…
-Pues venga, cariño. Después de lo que hemos estado haciendo
toda la tarde y de lo que me has hecho tú ahora en el culo… Si más puercos ya no
podemos ser, así que vamos a gozar todo lo que podamos como tú dices ¿no? ¿O es
que no vas a estar orgulloso de mamá, como tú dices, si le metes tu cosita en el
chichi?
-Claro que sí, putorra. Estoy muy orgulloso de ti y si me
pides que te la meta yo también lo voy a estar mucho más, te lo aseguro, porque
así es como te quiero, viciosona y cerda a más no poder. Te voy a joder como a
una perra, mamá.
-Claro, hijo, jódete a tu mamaíta, cariño. Fóllame, que mamá
se ha convertido en una buena putorra en gran medida gracias a ti y me pone muy
caliente que me jodas tú. Venga, venga, jódeme que lo estoy deseando, hijo.
Méteme toda la tranca que no aguanto más de ganas. –Me animaba ella
completamente salida.
Entonces, situándome detrás de ella según estaba apoyada
sobre el butacón y agarrándola por sus estupendas y amplias caderas, se la metí
en su caliente y profundo coño. Entró con tal facilidad que hasta me sorprendió
como se deslizaba mi polla en el caldosísimo conejo de mi madre. Una vez
acoplado en su cálido chumino empecé a follarla despacio pues sentía que me
corría nada más meterle el cipote en el chocho. Allí tenía el estupendo y gordo
culazo de mi madre en mis manos y mi polla clavada en su almeja. Era una
situación fascinante y en extremo morbosa. Estar follándome a mi madre resultaba
súper excitante y para ella también debía serlo pues enseguida empezó a gemir
profundamente.
Mis potentes emboladas hacían que se moviera toda la
blanquísima y abundante carne de sus nalgas como si de gelatina se tratara. Todo
su inmenso culazo parecía estremecerse ante mis arremetidas y eso no hacía sino
excitarme más aún.
-Ya me parecía a mi que esta zorra no se iba a escapar sin
probar todas las pollas que tenemos aquí –decía divertida la tía Rosa
contemplando la escena sentada, completamente desnuda, al lado de Alfredo y
mientras éste le tocaba las tetas por encima de los hombros.
-Venga, chaval –me animaba Alberto, que se había situado muy
cerca de nosotros sin duda para disfrutar de la escena.– Jódete bien a la zorra
de tu madre. Nos la hemos cepillado todos y no ibas a ser tú el único que no te
jodieras a esta golfa, que está bien buena y es bien caliente la jamona.
-Mamá, como me gusta joderte, zorra. Cómo me gusta agarrarte
este culazo y estártela clavando en ese chocho de puta que tienes. –Le decía yo
completamente salido.
-Sí, hijo. Jódeme bien; dame polla bien fuerte en la almeja.
Fóllate a tu madre, que es una buena putona, cariño. A ti te gusta que sea una
puta ¿a que sí? ¿A que te gusta joderme?
-Me encanta, mamá. Es cojonudo que seas así de zorra y me
encanta joderte, cacho perra.
-Así, así… ¡Qué gustazo más bueno me das, hijo! ¡Cómo me
gusta sentir tu polla así de dura en el chocho! Sigue, sigue… Dale más fuerte.
Síííííí… Hazle disfrutar a mamá. Mi hijo me ha estado lamiendo el culo y ahora
me está jodiendo como a una perra. ¡Esto es maravilloso! ¡Aaaaahhhh!
Sin tardar demasiado mi madre prorrumpió en un tremendo
orgasmo y entonces yo ya no pude aguantar más y le solté toda mi lechada en el
coño. En el momento de mi eyaculación mi madre soltó otro tremendo grito, señal
inequívoca de que había tenido otro intenso orgasmo casi como continuación del
anterior.
-¡Ummmm….! Ha sido maravilloso, cariño –decía mi madre
derrengada boca abajo sobre el butacón y exhibiendo ante los demás su fantástico
culo.– Cómo me ha gustado que me joda mi propio hijo. Vaya guarra que estoy
hecha, pero cómo he disfrutado. ¡Qué polvazo más rico!
-Te ha gustado, ¿eh, puerca? –le preguntó Alberto estirándole
de sus tetas colgantes.
-Me ha gustado mucho, ya lo creo. –Le contestaba ella riendo
mientras se dejaba tirar de los pezones-. Desde que le chupé antes la polla ya
no dudé de que tenía que follar con él tarde o temprano y mira, ha sido hoy
mismo. Y la próxima vez quiero que sea estando yo tumbada de espaldas y con él
encima. Igual a vosotros os parece menos excitante que poniendo el culo en
pompa, que parece que tanto os gusta, pero quiero ver a mi hijo mientras me
jode, que me pone cachonda perdida sólo pensar que mi hijo se folla como un
cerdo a la putorra de su madre y que disfruta conmigo jodiéndome como a una puta
viciosa.
-O sea, que no va a ser sólo una vez, ¿eh, cacho guarra? Te
ha echado un buen polvo y ahora quieres joderte a tu hijo a menudo, ¿eh, golfa?–
le preguntó mi tía riendo.
-Sería de tontos ¿no? –Rió mi madre-. Andar con remilgos
habiendo hecho delante de él todo lo que hemos hecho durante toda la tarde.
Además, ya te digo que es que me pone muy cachonda follar con mi hijo. No creas
que vas a ser tú sola la que te beneficies de su rabo, cacho puta. Yo también
puedo darle gusto con el chocho ¿no?
Todos reímos y entonces mi madre insistió.
-La verdad es que después de este polvo estoy todavía la mar
de cachonda, casi como al principio de la tarde o puede que más. Follar con mi
propio hijo me ha hecho sentirme una completa zorra y ahora estoy más salida y
cachonda que nunca. Me siento muy puta y muy viciosa y me encanta sentirme así,
siendo una completa zorra desvergonzada; nunca hubiera imaginado que me iba a
gustar tanto ser una marranaza y una zorra indecente, pero es que esto es
fabuloso. No quiero más que polla en el conejo. Lástima que se nos está haciendo
tarde.
-Bueno, para otro polvito si tendrás tiempo ¿eh, cerdota?– le
dijo entonces Alfredo.– Que a mi también me ha puesto muy cachondo verte follar
con tu hijo y ahora quiero ser yo el que te joda como a la puta que eres.
-Pues venga, cariño. Jódeme que tengo el chocho ardiendo. Y
tú hijo, ponte aquí delante, que quiero que veas bien de cerca a mamá jodiendo y
además quiero chuparte la polla mientras este guarro me folla bien follada. ¿Te
parece bien, cariño?
-A mi me parece estupendo. Todo lo que sea que te portes como
una golfa me parece estupendo, así que venga, puta, ponte a cuatro patas para
que Alfredo te taladre bien el chocho.
Así lo hicimos. Mi madre se puso de nuevo a cuatro patas
sobre el asiento del sillón y con las manos apoyadas en el respaldo, Alfredo se
situó detrás de ella para follarla por detrás y yo delante para ponerle la polla
a la altura de su boca de viciosa. Enseguida Alfredo la penetró y yo le di mi
polla a mamar.
Enseguida reparé en que Alberto se había acercado a mi tía
Rosa y se la estaba trajinando sobre el sofá y que éstos también estaban gozando
de lo lindo.
Mientras mi madre me la chupaba yo le decía:
-Qué bien lo haces, mamona. Cómo me gusta que seas tan puta,
mamá. Estás buenísima y no hay mayor placer que magrearte esas carnes tan buenas
que tienes, meterte la polla en esa boca de mamona y por supuesto joderte como a
una zorra, que es lo que eres.
Ella no podía hablar pues mi polla ocupaba su boca, pero me
miraba con una sonrisa pícara y viciosa en los ojos mientras de vez en cuando se
le escapaba algún suspiro provocado por la follada que le estaba dando Alfredo.
Lo caliente de la situación hizo que mi polla reaccionara
pronto y que enseguida la volviera a tener dura. Alfredo por su parte debía
estar bastante cachondo pues enseguida empezó a soltar bufidos diciendo que se
corría. Mi madre también estaba a punto del orgasmo y justo antes de que el
hombre soltara su descarga de lefa en el coño de mi madre, ésta volvió a
alcanzar otro orgasmo brutal. Enseguida Alfredo se corrió en su almeja y
saliendo de ella se sentó en la alfombra a descansar.
Mientras, mi madre seguía chupándome el rabo pues yo no había
llegado al orgasmo. Sin duda para excitarme, mi madre de vez en cuando paraba de
chupármela y me decía cosas como: "¿Te gusta como te chupa mamá, hijo?",
"Córrete en la boca de la puta de tu madre, hijo", "¿Soy una buena mamona,
cariño?"
En un momento dado yo, mientras ella seguía chupándome la
polla con bastante habilidad, le agarré las tetas y se las empecé a estrujar
haciendo que ella gimiera y que mi excitación aumentara. Entonces ella siguió
chupando con igual dedicación pero además empezó a pasarme una mano por los
huevos y metiéndola entre mis piernas llegando incluso hasta el culo, que me
acarició de una forma muy sensual. Entonces si que ya no aguanté más y le solté
la poca leche que quedaba en mis cojones en su boca.
-¡Toma, cerda, toma mi leforra en tu boca de puta!
-Sí, hijo, llénale de lechecita cremosa la boca a mamá.
–Replicaba ella con malicia para sacar a continuación la lengua mostrando la
blanca lefa que había depositado en ella.
-Ha sido maravilloso, mamá. Me encanta el sexo contigo. Eres
una calentorra de cuidado.
-¿Sí, hijo? –rió ella complacida,- pues lo calentorra y puta
que sea, es gracias a ti, que si no es por ti seguro que en vez de haber estado
esta tarde chupando pollas y de tener el chocho bien lleno de leche estaba en
casa sentada en el sofá haciendo ganchillo.
-¡Qué desperdicio para una puta como tú! –Le contesté yo
provocando su risa y la de Alfredo.
-Y tanto, hijo, y tanto. –Decía ella satisfecha y con la
sonrisa en la boca-. Y es que vaya tardecita que hemos pasado ¿eh? Yo he
disfrutado de esto del sexo más que en toda mi vida creo. ¡Qué manera de gozar!
¡Y vaya con las cosas que hemos hecho! Si casi ni me lo puedo creer yo misma…Yo,
que siempre he sido una mojigata… Ay, las vueltas que da la vida y las sorpresas
que nos damos a nosotros mismos…
En ese momento oímos cómo mi tía Rosa estallaba en un brutal
orgasmo debido a la follada que le estaba pegando Alberto a cuatro patas sobre
el sofá. También le oímos decir a él con humor:
-Te la echo dentro, puta, porque si te la echo en este culazo
tan cojonudo que tienes te tienes que duchar otra vez e igual se os hace tarde.
-Así mejor, así; todo dentro –intervino mi madre riendo.– Así
vamos para casa las dos con el coño bien repleto de leche de macho, como buenas
putas, que es lo que somos.
Todos reímos las palabras de mi madre. Después descansamos un
rato comentando lo bien que lo habíamos pasado todos y mientras tanto nos fuimos
vistiendo los cinco. Cuando estuvimos preparados mi madre y Rosa se dieron
sendos morreos con Alberto y Alfredo y ya nos íbamos a ir nosotros cuando mi
madre dijo:
-Espera un momento, que les hemos dado unos besos a estos dos
pero no a mi hijo y aunque de él no nos despedimos porque nos lleva a casa, los
besos tendremos que dárselos aquí. No vamos a ponernos a morrear de con él de
esta manera en el portal de casa.
-Tienes razón –dijo mi tía Rosa al tiempo que se agarraba a
mi cuello y me daba un morreo de lo más guarro, con toda la lengua bien
ensalivada dentro de la boca. Yo colaboré cuanto pude y se puede decir que nos
dimos un muerdo de lo más guarro.
-Ahora me toca a mí – dijo mi madre cuando me hube separado
de la tía Rosa.– Ven acá cariño que mamá te va a dar un buen besazo.
Entonces mi madre y yo también juntamos nuestras bocas y
nuestras lenguas intercambiando un buen montón de saliva. El beso de mi madre
fue también especialmente guarro. Nos chupamos las lenguas y los labios y hasta
la saliva se nos salía por las comisuras de los labios a los dos. Nunca hubiera
imaginado que mi madre fuera tan fiera besando y mucho menos que fuera a ser yo
el que besaba de aquella manera a mi madre, claro.
-Hay que ver cómo besas, mamá.
-Yo es que soy muy besucona, cariño. –Replicó ella con
malicia.
Cuando por fin acabamos ya salimos por la puerta y nosotros
tres nos fuimos mientras Alberto y Alfredo se quedaban poniendo un poco de orden
en su pisito.
Ya en el coche yo les dije:
-Habéis estado magníficas, chicas. Yo he disfrutado una
barbaridad con vosotras y creo que Alberto y Alfredo no lo han hecho menos. No
me lo hubiera pasado mejor con ninguna otra mujer en el mundo. Ha sido la mejor
tarde de sexo de mi vida. Bueno, hasta ahora...
-¿De verdad, hijo? ¿Te lo has pasado bien con dos viejas como
nosotras?
-Ya te digo, mamá, que no cambiaba yo esta tarde por estar
con ninguna otra mujer. Sois las tías más estupendas que hay en el mundo.
-Pues ahora ya has visto lo putas que son tu madre y tu tía,
aunque la verdad, sin que tú nos hubieras ayudado a animarnos a ir a esa
discoteca no creo que hubiéramos llegado nunca a hacer lo que hemos hecho hoy.–
intervino la tía Rosa riendo.
-Y bien que me alegro de haberlo visto… y experimentado, ja,
ja, ja…
Los tres reímos y ya llegamos a casa de mi tía. Allí ésta se
bajo diciendo al despedirse.
-Bueno, ya me llamaréis para la próxima salida. –Y añadió con
picardía-: Y a ver lo que hacéis ahora vosotros en casa, ¿eh, marranos?
De camino a casa yo le reiteré a mi madre que me había
gustado mucho todo lo que había pasado y claro, especialmente, que me había
encantado follármela.
-Si quieres que te diga una cosa, la verdad es que desde el
otro día que estuve desnudándome delante de vosotros no pensaba en otra cosa que
en follar contigo. Ya sabía que iba a terminar más temprano que tarde follando
con estos dos, pero contigo no lo tenía tan claro y mucho menos que fuera a ser
tan pronto, pero desde luego la idea me atraía un montón.
-Pues mira, mamá, mejor pronto que tarde ¿no te parece?
-Hombre claro, así ya sabemos los dos que nos gusta y que no
vamos a pensar mal por follar entre nosotros y a la menor oportunidad… Pero en
casa tenemos que ser muy discretos ¿eh?
-Claro, mamá. Faltaría más. Prometo no chuparte el culo en
casa.
-Bueno, a no ser que estemos solos… ja, ja, ja. – Rió ella mi
broma.
Ya en el garaje, después de aparcar el coche, protegidos por
la penumbra del lugar, le metí mano a mi madre bajo la falda para sobarle una
vez más sus carnazas: los rollizos muslos y el culo. Entonces ella riendo se
colgó de nuevo de mi cuello y me arreó otro morreo de impresión.
-¿De verdad lo que más te gusta de mí es el culo, cariño?
-Lo que más me gusta de ti es lo puta que eres, mamá.
-¡Qué tonto eres! –Respondió ella divertida con mis
palabras-. Quiero decir lo que más te gusta de mi cuerpo, hombre.
-Bueno, pues si hablamos de tu cuerpo sí, lo que más me gusta
es tu culazo… aunque lo demás también me gusta mucho, ¿eh, maciza? Esas tetas no
tienen desperdicio, tus piernas me encantan, esa boquita de mamona es
maravillosa y tu chochito es una delicia, pero tu culazo la verdad es que es de
campeonato.
-¡Uy, cuánto piropazo, cariño! Si todo eso es verdad sí que
te gusto, ¿eh, hijo? –Respondía ella coqueta y halagada.
-Puedes estar segura, mamá ¿o es que antes, cuando te la
tenía bien metida en el chocho, no te ha quedado claro lo mucho que me gustas?
-Sí, cariño; me ha quedado muy claro y me encanta que así
sea. Pero bueno, a lo que íbamos; de mi cuerpo lo que más te gusta entonces es
el culo, ¿no?
-Pues sí; supongo que si tuviera que señalar una cosa tuya
que sea la que más me guste elegiría tu soberbio panderazo, mamá.
-¡Eres un desvergonzado, mira que decirle eso a tu madre! –Se
rió ella al contestarme, y continuó mientras me dedicaba una mirada llena de
picardía y se daba ella misma unas suaves palmadas sobre una de sus gordas
nalgas-. Pues ya sabes dónde lo tienes para hacerme lo que quieras, cariño. Lo
que quieras…
-No se me olvida, no, que cada vez que te lo miro se me
levanta. A ver cuando te lo vuelvo a ver desnudo y te lo como otra vez.
- Sí, a ver… Yo no voy a decir que no…¡Hay que ver qué
guarrada más grande es eso pero cómo me gustó, hijo! Nunca hubiera pensado
siquiera que se podía hacer esa cochinada y sin embargo mira con quién la he ido
a hacer. ¡Qué gustazo y qué morbo más grande que mi propio hijo me chupe nada
menos que el culo! Si es que sólo de recordarlo se me pone la raja toda babosa y
me entran otra vez ganas de que me lo chupes y de que me jodas después.
Con esta conversación ya nos dirigimos a casa.
Continuará.
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