Soy de las personas que al caminar por la calle, piensan y a
veces sueñan despiertos. Me encanta el ajetreo de las calles de la ciudad por la
mañana. Sus sonidos y colores me relajan la mente. Tras la salvaje orgía con
Pamela, mi novia y las colegialas, pensaba yo, caminando lentamente, con las
manos en los bolsillos, en lo extraña que es a veces la vida: muchos prefieren
una vida emocionante, que rompa con la rutina, que los haga sentirse realmente
vivos. Yo por mi parte, prefiero una vida más "simple"
(dormir-comer-follar,…etcétera, y SIN NINGUNA PREOCUPACIÓN), y así me hallaba
yo, hasta que aquella noviecita mía había aparecido en mi vida, llenándola de
pronto de excitantes situaciones, pero no exentas de temores.
La calle tenía su ajetreo cotidiano: los olores del
restaurante chino de enfrente, los ambulantes vendiendo chucherías,… la mujer
policía, sentada en su motocicleta (hum, tiene un culo precioso: mejor no se lo
veo mucho, no se vaya a dar cuenta). Respirando yo al fin tranquilo de haberme
salvado por un pelo, de una posible denuncia por corrupción de menores, meditaba
acerca de si no me metería Pamela en otro lío muy pronto. De pronto, sin ningún
aviso un tremendo golpazo me aventó contra una pared, estrellando mi cara contra
ella. En medio de un insistente pitido dentro de mi cabeza –producto del golpe-,
apenas pude escuchar aquella voz agresiva:
- ….¡ALTO!, ¡INTERVENCIÓN: NO SE MUEVA!!!!,…
Con la cara comprimida contra el muro por una fuerte mano
enguantada en cuero, trataba yo de entender la situación; ¡mierda, casi me zafa
las muelas!. No pasaron ni unos segundos cuando sentí que me torcían
dolorosamente el brazo, ¡CLICK,CLICK! y estaba yo esposado.
- …¡Yo no fui, no estuve ahí, no hay testigos, no tienen con
qué incriminarme!!!...-, repetí de paporreta un diálogo de Bart Simpson
(…perdón, pero no se me ocurrió otra cosa en ese momento)
Cuando me volteó zarandeándome, finalmente pude verle la
cara:
- …¿Pame?,…
Una amplia sonrisa pícara se dibujó en ese rostro con lentes
oscuros, ¡era ella la mujer policía que miré hace un instante!, con botas altas
de cuero, guantes, casaca negra con placa, casco, pistola al cinto y todas esas
cosas: mi enamorada lo había hecho de nuevo,...el atuendo ese le quedaba
genial,..y muy excitante. Para ese instante, muchos curiosos ya nos rodeaban,
interesados por la "detención":
- …¿Es tu novio lindura?...-dijo de pronto un impertinente-,
¡mándalo al calabozo!, ¡JAJAJAJA!...
Lanzándole una mirada de pocos amigos, Pame me arrastró de
las manos esposadas (¡duele realmente!), hacia un edificio de apartamentos
cercano, tras introducirnos en un pasillo desolado, finalmente pudimos conversar
a nuestras anchas.
- ¡TE HAS VUELTO LOCA PAME!!!!???-, le dije, como ya le había
dicho antes, y como le diría muchas veces.
- ¡Ay, no seas tan melodramático amorcito!,… - dijo mientras
se quitaba el casco y las gafas-, ¿acaso no te has dado cuenta de que las
películas más taquilleras son las de acción?, ¡quiero ser una actriz de acción!,
y necesitaba ver qué tan buena soy,…
- ¿Pero cómo lograste meterte a la policía?
- … Ah, bueno,…es que mi papi tiene una amigo,… -comenzó a
decirme en pausas, como una chiquilla que ha hecho una travesura-, …me encantaba
verlo de uniforme: ahora es coronel,… fue mi primero hombre,… y le pedí un
favorcito. Nunca me niega nada,… ¡pero te juro mi amorcito que te fui fiel; sólo
se la chupé y me le monté encima un poquito, pero nada más!,…
Y ahí estaba yo, lelo, escuchando su confesión -¡con razón
aún me tenía esposado la muy marrana!-, y viendo venir una vez más, que de nuevo
estaría metido yo en un embrollo. Pame me tomaba de las solapas mientras me daba
de besos, esperando que le perdonase; ¡qué me quedaba!, como ella decía y creía,
su culito siempre me lo reservaba a mí,… además, me imaginaba que el asuntito
también me traería otras morbosas experiencias también.
- ¿No te das cuenta que puedes acabar en la cárcel si te
descubren? –, le dije resondrándola.
- No pasará: dí datos falsos. Les di también la dirección de
tu depa,…
- ¡LA DIRECCIÓN DE MI DEPA!!!!,…
- Si, es que tengo un problemita y necesito tu ayuda: por eso
te detuve –me dijo-, mira, mi papi llegó de Miami por negocios y no puedo dormir
en mi casa; le dije que me iba unas semanitas a las playas del norte,…
-…Por que si te pesca te mata,…-, agregué yo.
- De pescarme, sí: no comprende mis aspiraciones artísticas
–agregó-, ¡de reconocerme en la calle, lo dudo; ayer le puse una multa de
tránsito, jijijiji!,…
Definitivamente el asunto podía ser riesgoso y yo ya tenía
mis dudas de aceptar su propuesta; eso se reflejó en mi rostro y Pamela se dio
cuenta de ello:
- …¿Pero por que te molestas mi amor?,…podemos hacer cosas
muy divertidas: entrar a los night clubs, beber y coger sin pagar, confiscar
droga a los chiquillos, extorsionar a las putas,…¡ahhhh; ya sé por qué te pones
así!, ¡claro, es que te he tenido muy descuidado!,…
Sin darme tiempo a replicarle, Pame se agachó, sacando mi
pene de su encierro, para metérselo a la boca inmediatamente (¡maldita sea!,
¿por qué siempre me convence así?). Valgan verdades, la boca de mi enamorada es
una deliciosa cuevita de placeres. Succiona como ninguna; sus apretaditos y
finos dientes me dan suaves mordiscos que me ocasionan convulsiones de loco
placer,…mmmm….sus labios me encapsulan la pieza como si hubiesen sido creados
específicamente para ello. Esposado como estaba, y viéndola chupármela vestida
de policía motorizada, hizo que me corriese irremediablemente dentro de su boca.
Pame se tragó cada gota de mi semen, mostrándome la delicia que le provocaba
hacerlo. Luego, poniéndose de nuevo sus lentes oscuros, y luego continuó
limpiándome la pieza con su lengua.
- …BZZZZ!!!,…¡CÓDIGO 34-12!,…¡BZZZ!!!!,… - se escuchó por su
walkie-talkie-, ¡CÓDIGO 34-12!!!!,…
Pame, muy profesional, me guardó la pieza en mi pantalón y me
quitó las esposas (¡menos mal!), y se preparó entonces a ir "presta al
servicio".
- Amorcito, te dejo. Debo ir…
- ¿Es algo peligroso acaso? –, le pregunté preocupado.
- …Nooo, ¡qué va!,.. – me dijo muy suelta de huesos-,… es
para cerrar una calle por un desfile. Nos vemos en la noche, mi amor.
Y así comenzaron mis noches esperando el retorno a casa, de
mi "esposa, la policía". Pame siempre llegaba de madrugada, cansada y
generalmente trayendo uno que otro "regalito": cintas de esas con las que
precintan la escena de un crimen (son excelentes para atar o que te aten: se las
recomiendo), porritos de marihuana decomisados (Pame se pone una como una fiera
en la cama, tras fumarse algunos), licor de contrabando, CDs y DVDs piratas
confiscados –ahora gracias a ella tengo una muy buena colección de pelis y de
música-, y un sinfín de esposas, cachiporras, pasamontañas y uniformes
camuflados que hicieron por mucho tiempo, las delicias de nuestras orgías ( un
consejo: no jueguen con las bombas lacrimógenas). Apenas llegaba a casa, tiraba
el uniforme policial a un lado y, como si un animal se despertase dentro de
ella,… simplemente me violaba. ¡SIIÍ, ME VIOLABA!; sin importare dónde o qué
estuviese yo haciendo en el departamento, se me tiraba encima, desnuda,
jadeante, moviéndose como una convulsa, haciendo desde antes el movimiento del
mete-saca:
- …¡Cómete mi coño ahora!,..-, me gritaba. Me ordenaba.
Los platos de la mesa salían disparados al suelo, la gata, mi
mascota, volaba por los aires de una patada, tiraba las sábanas de la cama, al
suelo, ¡lo que sea!, con tal de no tener obstáculo entre ella y mi pene. Como
una bestia me rompía la camiseta que llevaba puesta, igual que el cierre de mi
pantalón, y se introducía mi pieza a la boca, succionándola con desesperación.
Me excitaba enormemente que no se quitara las botas de motociclista cuando se me
iba encima. Una vez que mi verga ya estaba a punto, se acostaba rápidamente en
el suelo, la cama o la mesa de la cocina, alzaba las piernas y se las cogía con
ambas manos, dejándome ver su precioso coño mojado de labios apretados y su ano
rosado y ansioso.
- …¡Méteme tu pinga en el culo de esta puta, AHORA!!!,…
No necesitaba ordenarme eso; yo ya me había vuelto un obseso
de machacarle el culo con mi pieza. Desde que se la metía, hasta que terminaba
de llenarle el agujero de semen, Pamela no dejaba de gritar con fuerza, presa de
los salvajes orgasmos que disfrutaba, sin importarle que sus gritos de madrugada
mortificasen a mis vecinos.
- ….¡ASSSIIÍ!,…¡AHHH!,… ¡ASÍ MALDITO BASTARDO!,…-gritaba
teatralmente-, ¡TE AMO CUANDO ME ABRES MI CULO DE PUTAAA!!!!,… ¡AHHH!!!!,…
No sé cómo después lograba ponerse de pie muy temprano, para
irse a "cumplir su servicio". Pamela era una soberana insaciable, pero nunca
había sido tan agresiva. Una noche, tras nuestra demencial cogida de todas las
madrugadas, le pregunté el motivo de su comportamiento:
-…Sólo ganan Oscars los que hacen del "policía malo",…
No puedo negar que la pasaba tremendamente bien; al menos no
había metido a nadie en el asunto aún, pero su "actuación" era peligrosa de
todas maneras: una noche llegó casi gateando: la habían agarrado a pedradas,
durante un desalojo; una casi la descalabra si no hubiese sido por que tenía el
casco puesto. Esa noche no hubo sexo. Me tuve que dedicar a atenderla, tirada
boca abajo en la cama. Mientras gimoteaba como una bebé, con la espalda llena de
moretones, pensé que quizás había ya aprendido su lección, tras ese suceso.
Me equivoqué; dos noches después apareció en la puerta,
trayendo un inusual "regalo": una chiquilla vestida de hippye, esposada,
maldiciendo sin parar. Era una rubia delgada, pero de anchas caderas. Aparentaba
no tener más de unos 17 años. Vestía una blusa de tiritas amarradas detrás del
cuello, larga y holgada, una falda también larga, hasta los tobillos y calzaba
sandalias. Pame la tenía reducida por completo.
- …¡Suéltame perra fascista asquerosa!,…- gruñía la
chiquilla, no pudiéndose zafar de Pame.
- ¡Silencio! –le respondió con autoridad, haciéndola callar-,
amorcitoo, mira lo que te traje: la detuvimos por no tener documentos,…
Pame no me dejó ni replicar; en un santiamén la entró al
depa, la condujo a la sala y la sentó en una silla. Pamela tiró su casco al
suelo, se sentó en el sofá y se abrió de piernas, apoyando una de sus piernas,
en otra silla.
- ¿Bonita, no?- me preguntó-, me ordenaron que la entregue a
sus padres, pero yo creo que primero hay que auscultarla,...
- …¡Ya lo hizo en la comisaría la sucia gorda esa de tu
amiga, perra!,…-, replicó la muchacha.
- …Pero no yo -le replicó Pame-, además, sospecho que
escondes algo por ahí,… no creo que escuchabas música nada más, con tus amigos
pelucones,…
Imponiéndose con la voz, Pame la hizo ponerse se pie, cara a
la pared. Yo por mi parte, me senté en el sofá. Cerveza en mano, a disfrutar del
espectáculo. Pamela con la punta de una de sus botas de motociclista, le obligó
a separar las piernas. La joven temblaba como una hoja, su cabello lacio,
tapándole a medias su carita de ángel, me excitaba cada vez más. Lentamente,
para mi disfrute y el suyo, Pame le desató las tiras de su blusa, haciéndola
caer lentamente, dejándonos ver sus pequeños y erectos pechos de pezones
diminutos y rosados. Luego le bajó totalmente blusa y falda, tirándolos al
suelo, dejando a la beba desnuda ante nosotros, solo con su calzoncito de
algodón blanco puesto. Después que Pame disfrutó por un rato sobando, más que
acariciando, pospechos y piernas de su prisionera. Yo ya estaba para ese momento
con la pieza afuera, masturbándome con la escena; la chiquilla me miraba de
cuando en cuando, rogándome en silencio, con la mirada, que la dejásemos en paz.
Acuclillándose, abriéndose de piernas, mi enamorada puso su rostro a la altura
del culito parado de la chica, viéndome con lascivia, lentamente le bajó el
calzoncito con ambas manos. Sus nalgas eran blanquísimas y respingonas.
Lamiéndole las nalgas con su lengua afilada, Pame hizo que la hippye se
estremeciese de temor; acariciándole los muslos por dentro, Pamela respiraba
agitadamente sobre la piel de la muchacha, para luego abrirle sus labios
vaginales, introduciéndole los dedos, como si buscase algo. La mocosita
sollozaba con fuerza, mientras Pamela dejaba por un instante su coñito que
comenzaba a humedecerse. Ya de pie, Pame sacó un guante quirúrgico de un estuche
de su correaje, en segundos se lo puso y rápidamente le metió dos dedos al ano.
-….¡AAAAAUUUUUU!!!!!,…-,chilló la chica, ahora pegada contra
la pared, imposibilitada de zafarse.
Sus alaridos gimientes me excitaban cada vez más, mientras
Pame movía sus dedos dentro de su agujero recién violado, auscultándola
dolorosamente. Cogiéndola así, y atenazando uno de sus pechos, la fue dirigiendo
hacia mí; la pobre caminaba de puntitas, con los ojos cerrados, lagrimeando. Ya
frente a mí, mi enamorada, sin retirar los dedos de su culo, la hizo poner de
rodillas, a mis pies; sólo ahí le sacó los dedos. Respiraba con dificultad. De
improviso, Pame sacó algo de su bolsillo:
- Mira lo que encontré en el culo de esta putita –exclamó
falsamente, mientras nos enseñaba a los dos un sobrecito plástico con droga.
- …¡Eso no es mio, noooo!!!,…-chilló la chica-, es mentira,…
- ¿Me llamas mentirosa?-, replicó Pame, mientras e tomaba con
fuerza de la mejilla-, ¿te creerán tus padres?,… ¿o prefieres pasar una
temporada en la cárcel?, hay mujeres muuuy malas ahí,… les encantaría tu
culito,…
No le quedaba otra opción. Pame le dijo que si no hacía todo
lo que queríamos, pagaría las consecuencias. La chica asintió con la cabeza.
- Ahora mámaselo a él -, le ordenó mi enamorada.
Primero con timidez, luego con más confianza, la chiquilla
comenzó a besarme la cabeza del pene, para luego introducírselo en la boca. Su
boca apretadita apenas podía con el tamaño de mi pieza. Esposada, con las manos
en la espalda, no pudo impedir que la cogiera de la cabeza para metérsela a la
fuerza casi hasta las amígdalas, haciéndola sufrir fuertes arcadas. Pame siguió
mientras tanto un buen rato metiéndole los dedos al culo, haciendo que no parase
de gemir. Después de un buen rato, la alzamos y la llevamos hacia nuestro
dormitorio. Mientras Pame entraba al baño "a ponerse más cómoda", yo aventé a la
muchacha a la cama. Sin perder tiempo, le abrí las piernas y comencé a penetrar
su coño juvenil. Primero trató de evitarlo, pero al poco rato de estarla
follando, dejó de resistirse. Acompasadamente comenzó a emparejarse con mi ritmo
pélvico, haciendo que mi pieza le inundase de sus jugos, presa de una gran
excitación. Sus gemidos ahora eran quedos, alternados con grandes suspiros,
abriéndose más de piernas, pidiéndome así en silencio, que se la metiera hasta
el fondo. No tardó mucho para que la puerta del baño se abriese y Pame se uniese
a la diversión. Vistiéndome únicamente sus botas, me sorprendió verla luciendo
su nueva "adquisición" del sex-shop: un arnés de correas que exhibía un inmenso
falo negro.
Apenas nos vió cogiendo, se calentó tanto que se nos echó
encima: con rudeza nos hizo a ambos voltearnos, quedando yo abajo, y todavía
ensartado en la concha de la chiquilla. Sin miramientos le abrió las nalgas y le
introdujo con fuerza el aparato. ¡Los gritos de la chica fueron los más largos e
intensos que yo hubiese escuchado jamás!. Imposibilitada de zafarse de nosotros,
la cogida tomó de golpe un ritmo demencial; la chica comenzó a llorar con
desesperación, mientras Pame se atenazaba de sus pechitos, peñiscándole los
pezones. Yo gozaba como loco, sintiendo mi pene dentro suyo, siendo rozando de
rato en rato, por ese miembro que se le introducía por el ano. La muchachita
berreaba, me arañaba y mordía tratando de detenernos en nuestra doble violación,
pero fue inútil; poco a poco comenzó a encenderse su pasión. Casi sucesivamente
unos tremendos orgasmos le hicieron convulsionar de placer, mientras nos
inundaba a los dos con los jugos que salían generosamente de su concha. Hicimos
con ella lo que quisimos, hasta quedar rendidos, junto con ella. A la mañana
siguiente, se despidió de nosotros dos con un beso, la promesa de Pamela de no
meterla en problemas y la bolsita de droga con que Pame la amenazó, en premio al
goce recibido.
Al llegar el fin de esa semana, coincidió con el fin del mes;
ese día era en el que le correspondía a la "policía Pamela" recibir su ansiada
paga: ¡Pamela estaba tan eufórica que se fué al "trabajo" sin desayunar!, era la
primera vez en su vida que le pagaban por hacer alguna labor. No supe de ella
hasta la noche. Para mi sorpresa, llegó acompañada: riendo a carcajada batiente,
entró al depa abrazada de otra mujer policía: había hecho buenas migas con una
chica recién egresada de la Escuela de Policía. Se llamaba Brenda y tenía a
Pamela como su superior. Vino vestida de uniforme, pero su trabajo era
administrativo, en la unidad motorizada. Era una mulata hermosa, de larga y
ondulada cabellera negra recogida en un moño. Sus pechos eran puntiagudos, su
cintura diminuta y firme y un culito duro y apretado. Sus ojos negros como la
noche eran enormes.
Pamela me presentó como su marido, y en esta "actuación",
pasé, para mi decepción, a ser un triste, común y corriente maestro de escuela.
Dado que ambas habían cobrado, estaban decididas a premiarse un mes de duro
trabajo para el estado con una descomunal borrachera. Tras comprar una buena
provisión de ron y cervezas, nos instalamos los tres en la pequeña sala de mi
departamento, escuchando a todo volumen música de moda. Debo admitir que mi
"personaje" me tenía algo incómodo: mientras ellas hablaban de emocionantes
anécdotas de la vida policial, yo por mi parte apenas era tomado en cuenta en la
conversación. De rato en rato, nos poníamos a bailar, y en eso no tengo rival:
al poco rato me dí cuenta de que Brenda no dejaba de verme con interés, con sus
enormes ojos, sonriendo. Ya muy tarde, y bien borrachos, saqué a bailar, a
pedido suyo, a Brenda. Era una chiquilla romanticota y quería bailar el bolero
que se escuchaba en ese momento en la radio. Apenas sentí su cuerpo caliente
pegado a mí, su cabellera suelta –ya para ese momento-, y el perfume de su piel,
comenzó a endurecérseme el pene. Era una intensísima ola de electricidad que
recorría nuestros cuerpos. Brendita se dio cuenta de mi aparato alzándose dentro
de mi pantalón. No le molestó, sólo sonrió y se ruborizó. Continuamos bailando
apretadamente. Al terminar, Pame estaba en el sofá, mirándonos sonriente. Estaba
totalmente ebria. Nos anunció que se iba a dormir, que tenía que despertarse a
trabajar temprano.
-…Pero quédate un rato más conversando con mi marido –le dijo
a Brenda-, tiene una conversación muy interesante,…
Fue así que nos quedamos los dos solos en la sala. Al poco
rato nos reímos al escuchar a Pame roncando con fuerza en la otra habitación.
Sería muy largo contarles lo que charlamos con Brenda: era una chiquilla. Una
miraditas, vanalidades, risitas compartidas y acercamientos de nuestros rostros,
casi llegando a besarnos. En silencio en la sala –olvidamos cambiar de un disco
una vez que el último se acabó-, finalmente vencí su reticencia y nos besamos:
su lenguita era diminuta, pero deliciosamente rasposa como de gato. Poco a poco
Brendita se olvidó de que estaba yo "casado" y comenzó a apretujar su cuerpo
contra el mío. Los meses de encierro en la Escuela de Policía la tenían ardiendo
del deseo de sentirse cogida por un macho. Sin dejar de besarnos, lentamente la
comencé a desnudar. Su camisa policial cayó al suelo, siendo acompañada al poco
rato por su sostén, permitiéndome acariciar sus deliciosos y jóvenes pechos. Sus
pezones se erectaron de inmediato. Conforme la quitaba el pantalón, trató de dar
marcha atrás, pensando en ser descubiertos. Afortunadamente logré convencerla de
seguir adelante. Ya con su calzoncito totalmente mojado, la alcé y desplegué el
sofá-cama (indispensable en el depa de un soltero), ya más cómodos, la acosté, y
sin perder tiempo, le quité la prenda, para luego abrirla de piernas, metiéndole
rápidamente la lengua a su raja. Brendita se revolvía desesperada, sintiendo que
se vendría sobre mi rostro en cualquier momento. Se metió el puño en la boca,
para evitar gritar de placer y advertir a Pame de lo que pasaba. La joven
policía comenzó a forcejear conmigo para que deje de lamer su coño: estaba
desesperada de ser penetrada ya. Cambiando de posición, me acosté y sentándola
encima mío, y lentamente le ensarté mi pieza que ya ardía como el fuego.
Lentamente, ascendía y descendía, hundiendo cada vez más mi
pinga en su deliciosa raja mojada. Sus suspiros eran suaves, pero intensos. Sus
uñas se me clavaban en el pecho, mientras Brenda se esforzaba por gozar en casi
absoluto silencio. Sus pechos crecían cada vez que tomaba aire, para luego
soltarlo cargado de placer. Sin advertirlo ninguno de nosotros dos, una sombra
se corrió rápidamente por nuestro costado. Nos cogió por sorpresa:
- …¡ASÍ QUE POR ESTO QUERÍAS QUE ME VAYA A DORMIR!, ¿VERDAD
MALDITA?...-, le gritó a Brenda.
Un sonido metálico nos heló a ambos, ¡Pame estaba atrás de
ella, sosteniendo su arma con ambas manos, apuntándole a Brenda, directo a la
cabeza!!!, apenas sintió la pequeña el frío cañón en la nuca,…¡simplemente se
orinó del espanto!. Brenda comenzó a llorar con desesperación. Yo por mi parte,
estaba ahí, bañado por la chiquilla, mientras no dejaba de observar a la
furibunda Pame: se veía totalmente apetecible, parada, abierta de piernas,
solamente vestida con sus botas de cuero, su casaca policial con las mangas
recogidas hasta los codos, guantes, casco, lentes oscuros y correaje al cinto.
Su escasa vestimenta negra hacía resaltar su sexo generoso, sus nalgas tensas y
sus pechos parados, asomándose por la casaca abierta. Me hubiese lanzado sobre
esa fiera y la hubiera violado sin compasión,… si no fuese por que temía que a
esa salvaje se le escapara un tiro.
-…¡Por favor, mi sargento, no me mate, no me mateeee!!!,…-,
gritaba desesperada Brenda, con el rostro inundado de lágrimas, paralizada del
pánico.
- ¡SILENCIO PERRA ASQUEROSA!-, gritó casi escupiendo Pame, y
apoyándo más el cañón en la cabeza de la joven policía-, ¡DÉJA DE LLORIQUEAR:
COMPÓRTATE COMO UNA POLICÍA!,…
Aquellas palabras tuvieron un efecto instantáneo: en pocos
segundos, Brenda dejó de llorar, recuperó en algo la compostura, para luego
levantar la vista al frente y decir aún gimoteando:
- …¡Sí, mi sargento!,….
- ¡MUCHO MEJOR! –replicó Pame, total dueña de la situación-
¿así que te gusta la verga de mi esposo?, ¡CONTESTA!!!...
- …¡SÍ,…. MI,… SARGENTO!,…-,respondió Brenda, volviendo de
nuevo a llorar.
- …Pues si es así,… ¡quiero que termines de
montarlo!,…¡QUIERO VER QUE TE TRAGUES CON ESA RAJA DE PUTA TODA LA VERGA DE MI
MARIDO, AHORA!...-, le ordenó, presionando la pistola en su cabellera ondulada.
Aterrada, Brendita comenzó a saltar sobre mi, retomando la
cabalgata; primero lentamente, y sin dejar se llorar y moquear, luego más
animosamente. Sus apretadas nalgas mojadas comenzaron a chapotear, conforme mi
pene erecto entraba y salía de su vagina. A medias asustada, a medias excitada,
Brenda seguía la orden de Pame al pie de la letra, disfrutando ya de la rara
sensación, mezcla de miedo y de gozo masoquista. Lo sé por que sentí cómo
comenzaba a mojarse de nuevo, pero ahora era de excitación. Pamela mientras
tanto, sacó de su correa su porra de policía y, mientras nos observaba cogiendo,
comenzó a masturbarse con la porra, sobándose el clítoris lentamente. Brendita
cerraba los ojos, mientras volvía a gemir, cada vez ahora con más fuerza.
- …¡Ahhhh!,… ¡AHHHH!,… ¡Sí!,…¡MIIIIIIÍ!,….SARGENTOOOOO!!!!, ¡AHH!,
¡AHH!,…
- …Mmmmm!,….¡MMMM!!!, ¡así!,….¡así me gusta que lo hagas,
zorra! –decía Pame, mientras aunaba su voz al solo de gemidos de Brenda-,…ahora,
besa a mi marido,…pero sin dejar de coger!,…
Sintiendo ahora la pistola en su espalda -¡menos mal, estaba
descargada!; al fin lo pude ver-, la joven se inclinó sobre mí, aplastando sus
pechos redondos en mi pecho, con mi pene aún dentro suyo. Abrazándome el cuello
y besándome, introduciendo su lengua en mi boca, comenzó a subir y bajar su
culito, a una velocidad sorprendente. Pronto toda la habitación se llenó del eco
de los gritos de placer de la joven, del gozo que le producía mi pieza entrando
en su raja mojada; la joven policía se desesperaba, cerraba los ojos y
disfrutaba, ya prácticamente ajena a Pame y su pistola. Sus senos bailoteaban
sin cesar, ya endurecidos sus pezones oscuros, frotándose de arriba abajo contra
mi pecho mientras gruesas gotas de sudor saltaban de todos lados, de los rulos
de su apretada cabellera. Pame, desde su posición, se masturbaba con más fuerza,
mientras miraba el subir y bajar del culo de la joven, mostrándole su apretado
agujerito en medio de sus nalgas apretadas.
La enorme pistola de mi enamorada ya no apuntaba a Brenda;
con la mirada clavada en la chica, se la llevó a la boca, introduciéndose el
cañón lentamente en su boca pintada de rojo fuego. Su sabrosa lengua lamía el
frío metal, calentándolo. Conocía esa mirada; algo se le había ocurrido.
Mientras levantaba una pierna y la apoyaba en la cama, se fue acercando. Pame
comenzó a abrirse de piernas, introduciéndose más la punta de la porra en su
raja caliente y mojada. Cuando la punta del cañón del arma ya estuvo bien
ensalibada, se acercó sigilosamente a la inadvertida Brendita.
-…..¡AHHHHHGG!!!!,….¡¡AYYYYY!!!!!,….
Con firmeza Pame comenzó a introducirle el arma, casi
horadándole su estrecho agujero, a la casi desfalleciente Brenda, que trató un
instante de comprimir su agujerito, pero que igual se abrió completamente para
dejar pasar el cañón de la Mágnum.
-¡Asiiií!,…¡ASIIIÍ!!!!,… -gritaba Pame, tratando de hacerse
escuchar en medio de los gritos de dolor de Brenda-, ¡hasta el fondo,
chiquilla!!!,…¿te gusta, VERDAD??!!!,…
Mientras la joven no paraba de llorar, yo seguía
penetrándola, cogiéndola por las nalgas, para impedir que se soltase; pude
sentir cómo la salvaje de mi enamorada le había metido el arma por el culo hasta
casi no dejar parte del inmenso cañón afuera. La cacha de la pistola estaba
apuntando hacia arriba, por lo que Pame, tras un momento de jugar con su
clítoris hasta mojarse, viento la escena frente a ella, se encaramó, para dejar
su coño en contacto con la asidera del arma. Rítmicamente comenzó a sobar su
concha contra la cacha, gimiendo a más no poder, mientras atenazaba las nalgas
de Brendita (imagino que si su concha hubiese sido más grande, Pame se la
hubiese metido por completo)
- … ¡AHHHHHH!!!!,….¡DÉJEME!!!,..¡DÉJEMNEEEE!!!!,….
Brenda gritaba sin parar, excitándonos a los dos aún más;
Pame y yo casi luchábamos por apretar sus senos temblorosos, estando los dos a
punto de estallar. Casi al mismo tiempo, mi pene explotó dentro de la joven,
inundándola por dentro de semen, mientras Pamela caía rendida, presa de un
potente orgasmo. Al poco rato dejé caer sobre la cama a Brenda, exhausta, aún
con el arma insertada en su culo. Mi enamorada no estaba satisfecha, así que se
encaramó encima suyo de nuevo, para sobarse otra vez con la cacha del arma,
mientras Brenda, boca abajo, sentía que el cañón entraba y salía de su agujero
dilatado. Apenas me repuse, cogí por las caderas a Pame y también la ensarté por
el culo; ahí estábamos los tres, gozando de aquel salvaje trencito sexual.
- …¡¡¡RÓMPEME EL CULO MI AMOR, RÓMPEME EL CULOOOO!!!!,… -,
gritaba Pame, fuera de sí.
El resto de la noche nos alternamos en gozar del culo y la
vagina de Brendita, ya ahora ansiosa de gozar de los placeres de la nueva
experiencia que vivía, abriéndose de piernas ansiosa, pidiendo más y más. Al día
siguiente, Pamela la convenció de no hablar del asunto, a menos que quisiese
ella ser denunciada ante su comando, por "falta grave a la superioridad", dado
que Pame la había pescado cogiendo con su "esposo".
Pocas semanas después, Pamela dio por finalizada su
"actuación" policial, tras participar en una balacera real con unos
asaltabancos. Decidió que había sido suficiente para ella. Su amigo el coronel
se encargó de simular un inesperado y muy conveniente retiro. Buen tiempo
después Brenda la policía y la chiquilla hippye –se llamaba Alicia-, continuaron
visitándonos en mi departamento: juntas se montaban unas cogidas lésbicas
realmente fenomenales: a veces participábamos Pame y yo, otras veces, solo las
observamos. Brendita adquirió la costumbre de meterse cualquier cosa que tuviese
a la mano en el culo, mientras Pame, Alicia o yo –o todos juntos-, disfrutábamos
de ella. Para evitar problemas, le dijimos a Brenda que la inesperada salida de
Pame de la policía se debió a que "en realidad", ella pertenecía al Servicio de
Inteligencia", se la tragó completita, al igual que su insaciable ano.