Recomendable leer "la fiscal y su asistente son folladas en
prisión"
Así, a medio vestir y con las cabelleras revoloteadas, las
chicas son acompañadas por los policías, quiénes ya las miran con otro tipo de
ojos, los de la lujuria……
En efecto, los policías realmente se habían armado ante la
orgía desplegada ante sus ojos. Obviamente, al encontrarse amarrados, mayor
había sido su desesperación por participar en el festín o simplemente
masturbarse.
- Se siente bien Srta. Fiscal – Preguntó Juan, el policía más
joven, al acompañarla por los pasillos de la prisión.
La Fiscal ni se inmutó en responder, avergonzada por el
espectáculo montado minutos antes.
La asistente pugnaba por taparse el cuerpo con su estrecha
ropa, la cual había sido rota ante la desesperación de los presos. Evidentemente,
las formas de dicha muchacha se vislumbraban claramente detrás de lo que quedaba
de su vestimenta.
Pasen por favor a la oficina para que se aseen – dijo
Pedro, el policía más antiguo.
Muchas gracias, atinó a decir la fiscal, hablando por
primera vez después de la orgía montaba.
Una vez que cerraron la puerta del baño, los policías se
apresuraron a buscar el video que tenía que haber sido grabado por las cámaras
de seguridad del penal.
Al encontrarlo, recordaron las escenas de lujuria
protagonizadas por dos monumentales mujeres que se encontraban a escasos metros
de ellos.
Podemos darle muy buen uso Juan, le dijo Pedro,
cogiendo la cinta después de haber realizado la reproducción respectiva.
En ese momento salieron del baño las dos muñecas, ya
arregladas tanto en sus peinados como vestimentas.
Por favor, que llamen a la movilidad, nos vamos ya.
Dijo la Fiscal, nuevamente con aire imponente como queriendo controlar
la situación.
Ok doctora, en el acto cumplimos sus deseos. Dijo
irónicamente el policía más veterano.
¿Perdón? Preguntó la fiscal como queriéndole increpar
su ironía.
No nada, dijo el policía, y salió rápidamente a
buscar la camioneta de la fiscalía.
Ya en sus hogares, ambas mujeres descansaron en sus
respectivas habitaciones para así recuperarse de los traumáticos sucesos de la
mañana en el penal; sin embargo Anabel, la asistente, no sacaba de su cabeza los
penes de la media docena de presos que había visto en un solo día, y lo que es
peor, en una sola orgía. No dejaba de pensar y sentir sus aún húmedos agujeros
latiendo producto de la dilatación sufrida por aquellos gruesos y largos cipotes.
Pasaron los días y las "señoritas" retornaron a sus trabajos
habituales, cuando de pronto, Alexandra recibe una llamada a su despacho:
¿Aló, con la Srta. Fiscal Alexandra? Se escuchó
detrás del fono.
Ella habla, respondió la fiscal.
Srta. Quien le habla ha recibido un videito en donde
se le ve en situaciones poco decorosas.
¿A qué se refiere con poco decorosas? Preguntó
intrigadamente la fiscal.
Un video xxx que puede traer abajo su carrera en la
magistratura doctora.
¿Qué?!!!!!, Ud. está loco, yo no puedo ser dicha
persona que aparece allí, soy una mujer decente, contestó ya muy
contrariada la fiscal
No se altere Srta., recuerde la prisión El Canal, la
media docena de presos.
La fiscal en ese momento se quedó pálida, no podía
creerlo, alguien estaba utilizando la grabación del circuito cerrado del
penal. A su mente vinieron los momentos de lujuria vividos con los presos
más peligrosos de El Canal.
¿Qué es lo que desea, o mejor dicho, cuánto desea?
Dijo ya nerviosamente la fiscal.
Su asistente la escuchaba atentamente, al advertir el
nerviosismo de su jefa.
No se preocupe doctora por dinero, solo queremos
nuestra pequeña fiestecita así como la de ese día. Venga con su
asistente y hospédense en la habitación 310 del hotel Mijato, el sábado
que viene, a las 4pm. Allí, después de nuestro pago, les prometemos
entregarles el video.
En ese momento colgó el extorsionador, quedando
complejamente asustada la fiscal. La estaban amenazando con propagar la
orgía del penal, lo cual traería no solo la vergüenza general de una persona
pública en la zona, sino también la destitución inmediata en el cargo.
Ante ello, le contó a su asistente, quien le señaló que
lamentablemente no les quedaba mas que dos opciones: o denunciar la
extorsión, con lo que el video se haría público, mas aún si es que estos
señores contarían con copias o aceptar la extorsión y una vez más pasar por
el camino de la orgía.
En ese momento la fiscal no le contestó nada y optó por
retirarse a su casa aduciendo sentirse muy mal.
Llegó el día viernes y entra la fiscal al despacho y,
pasando por delante de su asistente le dice: tendremos que ir el sábado.
Sábado 4pm
La fiscal y su asistente llegan al hotel y piden
información acerca de la habitación 310.
No se preocupe, aquí están las llaves, pasen, ya está
pagada. Les dice el conserje.
Efectivamente, los malos policías apoyaron en una
oportunidad al dueño del hotel haciéndole un atestado a su favor, por lo que
nadie podrían ayudar a las dos muchachas en dicho lugar.
Al entrar las muchachas al cuarto, lo encontraron
totalmente oscuro.
La fiscal intenta prender las luces, cuando escucha una
voz que le dice: no se preocupe por las luces, desnúdese inmediatamente. La
orden también va para Ud. señorita Anabel.
Las chicas no reconocían en la oscuridad a sus
extorsionadores, pero sí podían visualizar entre sombras que se trataba de
dos hombres fornidos totalmente desnudos, con sus mástiles ya parados
dispuestos a empezar la fiesta.
Una vez desnudas las muchachas, les ordenaron que se
suban a la cama y que apoyen sus cabezas a las almohadas, de rodillas y con
el culo en pompa.
Una vez que lo hacen, las muchachas sienten que sobre sus
ojos se ponen vendas, con lo que no pueden ver ya nada de lo que les iban a
hacer.
En ese momento, los dos policías que habían estado en el
penal, prenden las luces de la habitación, relamiéndose por la escena. Dos
monumentales mujeres, en pose de perrito, con sus culos a disposición.
Uno de ellos se apresura en hundir su lengua en el ano de
la fiscal, quien da un respingo producto del ataque. El otro policía, inicia
la incursión de su dedo meñique en el culito de la asistente, utilizando una
crema lubricante, dado que era conciente que si bien es cierto ese culo ya
estaba estrenado, era preferible tenerlo bien dilatado para así disfrutar
tranquilamente de aquel platillo.
Cuando ven que los culitos ya están dilatados, ambos
policías se suben a la cama y prestos introducen sus respectivos penes en
los estrechos anitos de las muchachas, quienes mordiendo la almohada, ahogan
sus gritos de dolor.
El camino es estrecho, los penes pugnan por entrar a sus
respectivas cuevitas, mientras más pugnan más difícil se hace el trabajo.
Evidentemente el nerviosismo de las nenas jugaba una mala pasada,
haciéndoles doler más a ellas que tensaban sus anitos procurando no ser
invadidas por ese par de descomunales penes.
Relájense, nadie las sacará de esto, les dice uno de
los policías. Podemos estar aquí toda la tarde intentando romperles el
culo, y sea como sea, por las buenas o por las malas, no nos iremos
hasta no chocar nuestros huevos con sus nalgas.
Al escuchar esto, Anabel, la nena que más curiosidad
tenía en estas artes al haber sido estrenada recién el día de la orgía,
decide dejarse vencer, y relaja su esfínter para permitir que el pene
invasor de su extorsionador ingrese lentamente, haciéndola ver estrellas en
todo el momento en que ese gran trozo de carne recorre el camino hasta
llegar al fondo de sus entrañas.
El policía, extasiado y complacido por la actitud de
Anabel, empieza el bombeo respectivo, cogiendo a la pequeña de sus caderas y
metiendo y sacando lentamente la trancaza, ante los gemidos de la muchacha.
Anabel ya se ha entregado a la pasión, y mueve el culo
sensualmente ante las envestidas del policía, gimiendo totalmente desatada.
La fiscal aún pugna por evitar la invasión. Su
resistencia cada vez es menos fuerte, ya que se está excitando con los
gemidos y la cara de gozo de Anabel, lo que hace que poco a poco, el pene
que tenia tras suyo, avance en ese estrecho camino que significaba su
pequeño anito.
Al final, ambos policías habían encajado sus penes en los
respectivos culitos de las muñecas y sudorosos gemían cogidos de las caderas
de ambas, taladrando con dureza dichos agujeros.
Las nenas ya estaban fuera de sí, agarradas de las
almohadas, gemían al sentir salir de sus respectivos culos los penes de los
policías y gritaban casi al unísono al sentir que nuevamente se refundían
las trancotas dentro de sus estrechos agujeros.
Así estuvieron durante largo rato, realmente parecía que
los policías se habían preparado para esto, ya que ninguno de los dos se
vaciaba dentro de los culos de las muñequitas.
Luego de un rato, los policías cambian de posiciones,
colocándose uno debajo de Anabel, a quien más hambre le tenían.
Esta nena quiere tropa encima, gritaba el mayor de
los policías.
En efecto, Anabel era la que más gozaba con la situación,
quién al recibir la orden de treparse encima de el, no duda en hacerlo,
encajándose el pene del policía dentro de su vagina y haciéndolo desaparecer
a medida que la chica iba lentamente bajando.
Al terminar de acomodarse, Anabel siente que otro pene
está intentando ingresar por su ano, el cual, producto de la incursión de
hace unos minutos, ya estaba totalmente dilatado.
Los dos no por favor, nooo.
Pero ya es demasiado tarde, tiene dos trancas metidas en
sus dos agujeros, las cuales entran y salen rítmicamente, haciéndola sentir
un fuerte dolor que poco a poco se convierte en placer extremo, en un placer
que la hace llegar al orgasmo absoluto, haciendo que la nena se desmaye de
satisfacción.
Ya está esta niña, ahora con este bombón de fiscal que
tenemos, dicen los policías y repiten la operación con Alexandra, que había
estado presenciando absorta cómo es que la taladraban a su asistente.
Finalmente, los respectivos policías se vacían dentro de
la conchita y dentro del culo de Alexandra, quien recibe satisfecha las
ráfagas de semen que ingresaban dentro de su cuerpo.
Domingo 6am
Alexandra se encuentra en su cama, mirando en su
televisor el video que había recuperado, ese que siempre conservará, al ser
la evidencia de la inauguración de su culito. Pero además, al ser la
evidencia que puede utilizar para convertir en puta económicamente lucrativa
a su asistente frente a sus superiores.