[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ] [ SexShop ]
 Enlace Recomendado del día: [ Contactos Personales ]
 1,143,590 Miembros | 12,841 Autores | 54,156 Relatos | 2,692 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
VARIOS
 
 
SEXSHOP
RELATO HABLADO

Solución sexual para la monotonía
TODORELATOS » RELATOS » MANOLITO (2: LA TORMENTA)
[ A la mujer y a la burra, todos los días zurra. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 23 de Noviembre, 2008.
Fecha: 15-May-08 « Anterior | Siguiente » en Gays (6235 de 6557)

Manolito (2: La tormenta)

ashara
Accesos: 5,160
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 13 min. ]
 -   + 
En este segundo capítulo continúan mis primeras experiencias sexuales (y reales) con mi amigo Manolito. Nuevamente gracias a Eduardo Altamirano, de la Argentina, por su valiosa ayuda a la hora de corregirlo antes de publicarlo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

MANOLITO

(La tormenta)

Había pasado ya como una semana desde nuestro primer encuentro sexual. Manolito y yo estábamos todos los días juntos con el resto de nuestros amigos: Jugábamos al fútbol, íbamos a pescar, perseguíamos a las chicas.... en fin, las cosas propias de chicos que aún no dejaron de ser niños pero que creen que ya son hombres.

Naturalmente nadie sabía, ni siquiera sospechaba, lo que habíamos hecho aquella tarde en el pajar. Y mejor era que nadie lo supiese, pues en aquella época (sobre el año 1965 aproximadamente) vivíamos en plena dictadura del general Franco, la iglesia católica regía la vida pública y privada de los españoles, el sexo en general, si no era dentro del matrimonio, y la homosexualidad en particular estaban muy mal vistos, y algo como lo que hicimos Manolito y yo, si llegase a saberse, sería suficiente como para que nos tratasen como a apestados y nos quedaríamos sin amigos.

Bueno, pues como decía, había pasado como una semana desde nuestra aventura en el pajar. Seguía haciendo mucho calor (estábamos en el mes de agosto.) Era un calor húmedo y agobiante, la ropa se nos pegaba a nuestra piel y transpirábamos por todos los poros de nuestro cuerpo.

Yo estaba en casa, más aburrido que una ostra, sin saber qué hacer para pasar el tiempo.

Serían como las cinco de la tarde cuando llegó Manolito y preguntó a mi madre si estaba yo. Mi madre lo hizo pasar y me avisó que había llegado mi amigo.

Me dijo: -¿Vamos a pescar?

-Pero hace mucho calor –le dije yo.

-¿Y qué? Vamos a estar a la sombra, que en la orilla del río hay árboles. Y además podemos aprovechar para nadar en el río. –Y acercándose a mi oído me dijo susurrando: "Nos bañaremos en pelotas". Y acompañó esto con una sonrisa maliciosa.

Yo también sonreí y le dije:

-Vale. Espera, que voy a buscar las cañas de pescar.

Le dije a mi madre que íbamos a pescar, y ella nos dijo:

-Tener cuidado y no os metáis en el agua.

Nos marchamos y en unos veinte minutos llegamos al río. El lugar era muy bueno para pescar, para pasear o simplemente para acostarse sobre la hierba fresca a leer o dormir una buena siesta. Había unos árboles grandes que daban una sombra muy agradable en aquellos días en que el sol caía a plomo sobre los campos y las ciudades.

Preparamos las cañas, echamos los anzuelos y nos dispusimos a esperar a que picase algún pez. Mientras, nos pusimos a hablar de nuestras cosas, acostados sobre la hierba (por supuesto, el tema principal de nuestra conversación eran las mujeres.) Nos habíamos quitado las camisetas, pues el bochorno era insoportable, y notábamos en nuestras espaldas el frescor de la hierba... y también el cosquilleo de alguna hormiga.

Estábamos tan entretenidos en nuestra plática que no nos dimos cuenta de que el cielo se había ido nublando poco a poco, hasta que un gran estruendo hizo que nos pusiésemos en pie de un salto:

-¡¡Tormenta!! -Gritamos los dos casi al mismo tiempo.

Nos pusimos a toda prisa la camiseta, recogimos las cañas de pescar (que no eran otra cosa más que unas simples ramas de mimbre con un hilo fino de nylon en cuyo extremo estaba atado el anzuelo y en éste estaba clavado el cebo) y las bolsas, en las que no había ni un solo pez, y salimos de allí corriendo como alma que lleva el diablo.

Un segundo trueno retumbó en nuestros oídos, y enseguida unas gruesas gotas de lluvia empezaron a caer de las nubes. El viento empezó a soplar con fuerza y la temperatura bajó bruscamente.

Empezó a llover cada vez con más fuerza y en pocos minutos estábamos los dos tan mojados que parecía que habíamos caído en el río.

Corrimos como locos pisando en los charcos que se habían formado y resbalando en el barro hasta que conseguimos llegar a una pequeña chabola abandonada desde hacía mucho tiempo. Esta chabola estaba cerca de la vía del ferrocarril y como a un kilómetro de la estación, y estaba en muy buen estado: Tenía puerta y ventana con sus cristales y había servido para guardar las herramientas y la maquinaria de los obreros durante unos trabajos de renovación de las vías.

La pandilla de amigos habíamos tomado aquella chabola como nuestro "cuartel de operaciones" y poco a poco la fuimos limpiando y acondicionando para nuestro uso: Pusimos algunas sillas viejas y una mesa que habíamos traído del galpón de la casa de uno de nuestros amigos, y que las tenían allí arrinconadas, y en el suelo, en un rincón, un poco de paja que renovábamos cada poco tiempo.

Aquella paja nos servía para tumbarnos en ella cuando no teníamos ganas de jugar y allí hablábamos y, cómo no, allí tenían lugar nuestras masturbaciones colectivas en las que yo ya tomaba parte con gran entusiasmo.

Entramos en la chabola como una exhalación, casi sin aliento por la carrera que tuvimos que hacer y nos dejamos caer sobre la paja.

Me dijo mi amigo:

-Vamos a quitarnos esta ropa, que está toda mojada y vamos a agarrar una pulmonía que nos va a matar.

Así lo hicimos. Nos levantamos, nos desnudamos completamente y colocamos la ropa lo mejor que pudimos sobre las sillas para que se secase un poco, y nos acostamos otra vez en la paja.

Antes de seguir con mi relato quiero decir que, aunque con mis amigos seguía teniendo vergüenza de que pudiesen verme desnudo o solamente con ropa interior, no era así con Manolo: Después de aquel encuentro en el pajar el mostrar pudor con él no tenía sentido. Además éramos amigos ya desde nuestra más tierna infancia y, debido a que nuestras familias tenían entre sí muy buena relación nosotros nos teníamos un afecto que nos llevaba a considerarnos como hermanos.

Bien, como decía, allí estábamos los dos, tumbados sobre la paja. No hablábamos. Sólo escuchábamos el furioso tamborilear de la lluvia sobre el tejado de la chabola y el rugido de los truenos. Pasados unos minutos Manolito, levantándose, dijo:

-Vamos a ver una revista que guardó aquí Marcos -(uno de nuestros amigos.)

Se acercó a la mesa, abrió el cajón y sacó una revista extranjera en cuya portada se veía a una mujer totalmente desnuda mostrando sus "maravillas".

Se sentó a mi lado y nos pusimos a hojear la revista. Por nuestros ojos empezaron a desfilar multitud de imágenes de todas clases: Felaciones, masturbaciones, penetraciones vaginales y anales y todo lo que una persona pueda imaginar en el tema del sexo. Enseguida mi corazón empezó a latir con fuerza y mi respiración se agitó. Mi pene se puso en "posición de ataque" y ya no fui capaz de estar un momento quieto: Cambiaba de posición, empujaba a Manolito con mi hombro, suspiraba continuamente… Manolito, que se dio cuenta, me dijo riéndose:

-Qué, parece que te gustan, ¿eh?

Yo, con la voz entrecortada. le dije:

-¡Pues claro que me gustan!. ¿Qué pasa, a ti no te gustan?

-¿A ti qué te parece? –Me respondió, retirando la revista. –Mira esto.

Señaló a su entrepierna y vi que él estaba igual que yo, completamente excitado. Su polla, totalmente tiesa y dura, ya estaba destilando el líquido preseminal y palpitaba al ritmo de los latidos de su corazón.

-¿Nos hacemos una paja?

-Venga- le dije yo. –Pero mejor la hacemos mirando las fotos de la revista.

Pusimos la revista entre los dos y empezamos a masturbarnos lentamente, al tiempo que íbamos pasando las páginas de la misma.

-¡Vaya tetas que tiene ésta!

-¡Pues ésta menudo culo!

-Uauh, ésta cómo la chupa. Cómo me gustaría a mí ser el dueño de esa picha.

Esos eran los comentarios que nos hacíamos mientras sacudíamos nuestras vergas.

Después de un momento Manolito me dijo:

-Oye, ¿Qué te parece si hacemos lo mismo que hacen éstos de la revista?

-Qué....

La cara de idiota que debí de poner ante la propuesta de mi amigo debió de ser tan cómica que Manolito estalló en una sonora carcajada.

-Sí, hombre: Nos acostamos, abres las piernas y yo te la meto en el culo.

-Eso no te lo crees ni tú- Protesté yo. -¿Por qué no te la meto yo a ti?

-Venga, hombre, joder, qué más da. Yo te la meto hoy y la próxima vez me la meterás tú a mí y así quedamos iguales.

Después de unos minutos de discusión llegamos al acuerdo de que él me la metería a mí, y la próxima vez sería yo quien se la metiese a él. Sólo quedaba un problema por resolver: Si en ese momento entraba alguien y nos veía en plena faena ¿Qué pasaría?

-¿Pero quién va a pasar por aquí ahora con la tormenta que está cayendo, hombre? Tendrían que estar locos.

-Bueno, vale, vamos a hacerlo. Pero no te olvides de que la próxima vez te la meto yo a ti.

Cerramos la puerta de la chabola, quedando ésta casi a oscuras. Me puse en cuatro patas, abrí las piernas todo lo que pude y Manolito se colocó detrás de mí, de rodillas.

-Venga, abre las nalgas con las manos. –me ordenó.

Le obedecí. Mi cuerpo quedó apoyado en el suelo por las rodillas y los hombros, lo que hacía que mi trasero quedase muy levantado. Yo estaba muy nervioso, pues había oído algo sobre el dolor que producía una penetración anal la primera vez que se hace.

Enseguida noté la punta de la verga de Manolito entrar en contacto con mi ano. La sentía húmeda por el presemen, durísima, caliente... y muy suave. Mi corazón latía con fuerza y en mi vientre volví a notar aquella sensación de tenerlo lleno de mariposas haciéndome cosquillas en mi interior con sus alas. Empecé a temblar y entonces Manolito me dijo:

-Tranquilo, hombre, ya verás cómo nos va a gustar.

Me agarró por las caderas y empezó a empujar con fuerza.

Por nuestra corta edad y por las circunstancias que nos tocó vivir en el campo de la moral sexual los chicos de aquella época (y muchas personas mayores también, todo hay que decirlo) teníamos una información casi nula sobre el sexo y las técnicas sexuales, y no sabíamos nada sobre los preliminares de una penetración. Por eso no había preparado mi ano con una dilatación adecuada para poder recibir la verga de Manolito dentro de mí sin problemas, ni me había lubricado.

-¡Ay! ¡Ayayayayay! ¡Para, que me duele mucho! –grité.

-Pero si aún no te la metí –protestó Manolito asombrado.

-No lo sé, pero me duele.

Mi amigo dejó entonces de hacer presión sobre mi ano y se limitó a pasar su pene por la raja de mi culo con suaves roces. Aquello me excitó aún más si cabe y empecé a gemir de placer, al mismo tiempo que movía mi cintura como si estuviese follando.

Pasarían como diez minutos cuando Manolito, sin decirme nada, empezó otra vez a hacer presión muy suavemente con la punta de su verga en la entrada de mi culo.

La suavidad de aquel empuje, unido a la lubricación natural ( e ignorada por nosotros) que proporcionó su líquido preseminal, y a la brutal excitación sexual que sentía yo hicieron que su verga fuese ingresando poco a poco en mi interior. Dolía, sí, pero ya era un dolor perfectamente soportable, y casi diría que incluso era agradable.

Cuando terminó de entrar me preguntó:

-¿Te duele?

-Un poco –le dije- Pero sigue, que aguanto bien.

Manolito entonces me agarró con más fuerza por las caderas y empezó un lento movimiento de mete-saca que me hizo enloquecer de gusto.

Yo, de rodillas como estaba, también movía mis caderas para adelante y para atrás, con la cabeza levantada y los ojos cerrados, notando su verga moviéndose dentro de mí y frotando en mi próstata. Pero aquella postura era muy incómoda para mí y le dije:

-Manolito, quítate un momento.

-¿Por qué? ¿No quieres seguir?

-Sí que quiero- le dije. Pero quítate, que estoy incómodo.

Manolito se retiró, muy a pesar suyo, y yo entonces me di la vuelta, me acosté de espaldas sobre la paja, abrí mis piernas y las flexioné, y separando mis nalgas con las manos le dije:

-Métemela ahora.

-Jajaja. Así pareces una mujer- rió él.

-Va, venga ya, deja de decir tonterías y métemela.

Se puso de rodillas entre mis piernas, que yo flexioné todo lo que pude sobre mi pecho, agarró su pene, lo acercó a mi ano y empezó a empujar. Aquella maravilla entró en mí sin ninguna dificultad. Me dolió un poco, pero aquel dolor no era nada comparado con el placer que sentía. Manolito empezó otra vez a moverse y yo, en aquella posición, podía ver su cara, roja como un tomate, sus músculos contraídos, los ojos brillantes y cómo se mordía el labio inferior. Me agarraba por los hombros con fuerza y su respiración era fuerte, acompasada con sus movimientos encima de mí. Los pelos de la base de su polla cosquilleaban mis nalgas, al tiempo que sus huevos las golpeaban suavemente. Aquello era algo increíble. Nunca antes había sentido un placer tan grande. Aquel placer era doble, porque al que me producía aquella penetración se unía el hecho de tener a mi mejor amigo encima de mí, gozando de mi cuerpo, con una expresión de gusto en su cara que me hizo quererlo aún más de lo que siempre le quise.

-Qué buena estás, nena- me dijo al oído.

Si eso me lo dice en otro momento le hubiese roto la cara a bofetadas por llamarme "nena", pero ahora yo estaba totalmente entregado a él. Le pertenecía en cuerpo y mente y su comentario no me ofendió en absoluto. Abrí los ojos, lo miré a la cara y por toda respuesta le sonreí.

De repente sus movimientos se hicieron más rápidos, lo mismo que su respiración. Sus músculos se pusieron más tensos y noté en su pene un espasmo, y luego otro... y otro... y otro... Noté cómo algo caliente y húmedo corría en mi interior. Manolito se quedó quieto y enseguida se dejó caer sobre mí, sudoroso y jadeando como si hubiese corrido algún maratón. Lo abracé con mis piernas y mis brazos y, dejándome llevar por un impulso sin control, le di un beso en el cuello. Enseguida me di cuenta, alarmado, de lo que había hecho: Nosotros considerábamos los besos entre amigos como cosa de "maricones" (pido perdón por la expresión, pero ésa era nuestra forma de pensar en aquella época.) Seguro que Manolito iba a enfadarse conmigo y no volveríamos a ser amigos en una larga temporada. Pero no fue así. Él siguió quieto, acostado sobre mi cuerpecillo menudo, respirando ya más relajado.

Pasados unos minutos, haciendo ademán de levantarse, me dijo:

-Bueno, ahora te toca a ti.

Casi siempre, cuando nos masturbábamos, lo que queríamos era corrernos cuanto antes, e incluso muchas veces hacíamos competencias para ver quién era el que acababa primero y quién derramaba más semen, pero ahora era distinto. Yo no quería correrme. No quería clavarle mi verga a Manolito. No quería moverme. Sólo quería que el tiempo se detuviese, y que aquel momento que estábamos viviendo durase una eternidad. Manolito y yo estábamos así, los dos acostados sobre la paja, él encima de mí, los dos completamente desnudos, nuestras pieles en contacto. Yo lo tenía abrazado con mis brazos y con mis piernas y él tenía sus manos a ambos lados de mi cabeza, que acariciaba con cariño.

El sentir sobre mí aquel cuerpo caliente, sudoroso y resoplando como si le faltase el aire, el poder acariciar su piel me estaba llevando hacia un placer superior al que podría darme en aquel momento un orgasmo por muy placentero que éste fuese. Todo lo que nos rodeaba había dejado de existir y el mundo se había reducido a aquella chabola, que ahora a mí me parecía la antesala del paraíso. Mi cuerpo vibraba y tenía ganas de llorar y de reír a la vez. Han pasado los años y aún hoy es para mí un auténtico misterio cómo un adolescente, casi un niño, puede experimentar esas sensaciones tan... sublimes, por llamarlas de alguna manera.

Cuando me dijo que ahora me tocaba a mí lo apreté contra mi cuerpo para impedir que se levantase y le dije:

-No, ahora no. Quédate así, encima de mí.

-¿Por qué? ¿Qué te pasa ahora?

-No me pasa nada, no te preocupes. Es que me encuentro muy bien así como estamos. Por favor, no te muevas.

-Bueno, está bien. Si lo quieres así no hay problema. Yo también me encuentro muy a gusto así.

Y así, sintiendo nuestros cuerpos unidos por un cálido abrazo y nuestras mejillas juntas, estuvimos un tiempo que no podría calcular, porque, como dije antes, los dos perdimos la noción de todo lo que nos rodeaba.

Nos levantamos, nos sacudimos las pajas que se nos habían pegado en la espalda como consecuencia de nuestro sudor y nos dirigimos a recoger nuestra ropa para vestirnos y marcharnos a nuestras casas.

Cuando Manolito se separó de mí y me levanté noté que algo húmedo fluía por la cara interior de mis muslos. Me limpié con la mano y vi que era semen mezclado con un poco de mi sangre. Me fui, como dije, a recoger mi ropa, pero la sensación de tener el ano abierto y relajado hizo que instintivamente contrajese esos músculos, lo que hacía que anduviese de una manera un tanto "característica".

 

-¡JAJAJAJAJA!- Rió Manolito- Andando pareces una nena, ¡jajajaja!

Nos reímos los dos, nos pusimos nuestra ropa, aún húmeda, y nuestras sandalias, y salimos de la chabola. Habíamos tenido una suerte inmensa porque nadie nos había sorprendido mientras estuvimos allí.

La tormenta ya había pasado y solamente se oía, de vez en cuando, el gruñir de los truenos en la lejanía. El sol volvía a lucir con fuerza haciendo que los charcos que había dejado la lluvia reflejasen su luz.

El resto del día transcurrió sin que pasase nada interesante.

Por la noche, ya en la cama me hice una de mis mejores pajas de mi vida pensando en la tarde que pasé con Manolito.

Durante dos o tres días cuando iba al baño tenía que vaciar con cuidado mi vientre a causa del dolor que aún sentía en el ano. Un dolor no demasiado intenso y que me hacía sonreír porque me traía a la mente aquella maravillosa tarde.

Antes de terminar quiero decir que Manolito y yo no éramos novios. No estábamos enamorados el uno del otro. Simplemente éramos muy amigos, "amigos del alma" como decimos en España, nos teníamos un cariño muy grande y cuando lo hacíamos lo único que queríamos era darnos placer el uno al otro, sin más complicaciones.

Un abrazo a todos los lectores y muchas gracias por tomaros la molestia de leerme.

TodoRelatos.com © ashara

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (9)
\"Ver  Perfil y más Relatos de ashara
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 

Sexo en Vivo
 
 
SEXO

WebCam de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

Galerías Porno
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
     
 
Emotik: Nicks y Emoticonos para MSN Messenger
InverForo: Comunidad sobre Dinero y Vivienda
ForoCoches: El mayor foro de coches en Internet
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.41 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto