Despedida a saco
La despedida está siendo de lo más normal: una cena con la
novia vestida de colegiala, mucho vino, alcohol, complementos de formas
alargadas y postre con pastel en forma de polla. Lo típico, vamos.
El hecho diferencial es después del ágape. Una discoteca
donde se prometía la actuación de los boys más lanzados del universo, sólo apta
para las más lanzadas del ídem.
Como locas, nos sentamos en mesas cercanas al escenario. No
nos queremos perder nada.
Los cubatas empiezan a ir, venir y bajar garganta abajo sin
mesura.
La velada transcurre sin problemas, entre risas y gritos de
perras en celo ante la continua visión de musculosos cuerpos hechos a base de
horas y horas de gimnasio.
Al llegar las dos de la mañana, una voz resuena en la
megafonía, informando del cambio de tercio que se efectúa a partir de ahora en
el espectáculo y la interacción con el público asistente.
Extrañadas, observamos como un amplio número de féminas
desfilan hacia la salida. Nosotras reímos y nos metemos con ellas. Ilusas…
En el escenario, un boy hinchado y musculoso como todos los
de antes, vestido de currante de obra.
Vengándonos de las múltiples veces que, alguno como él, nos
ha tratado como carne desde un andamio, nos lanzamos gritándole y entregándonos
a nuestros más bajos y barriobajeros instintos.
La diferencia con otros operarios más comunes en la calle, es
que este ya se ha quedado en tanga. Un tanga tan abultado como el resto de su
cuerpo.
Nuestra actitud no le ha pasado desapercibida.
Nos mira.
Se acerca con una toalla enrollada a la cintura y abultada en
el centro.
La primera reacción de la mayoría es bajar el volumen de
nuestros gritos y encogernos en nuestros asientos.
Verlo danzar bajo los focos nos deja ser muy lanzadas, pero
cuanta tanta carne cruda se te acerca directamente y todos los ojos de la sala
se giran hacia ti….. los ovarios se te ponen de corbata.
El chico nos dedica un baile, durante el cual, se nos escapa
algún que otro magreo a las más decididas. Por supuesto, yo estoy entre ellas.
El musculoso bailarín va abriendo, de vez en cuando, la
toalla, mostrando su gran bulto y sus dos nalgas bien redondas y firmes.
Buscando nuestra colaboración, se mete entre las piernas de
alguna, dejándose sobar cualquiera de sus cualidades.
Se me acerca.
Ya está a mi derecha, entre las piernas de Paula.
La toalla se abre, haciendo desaparecer la cara de mi amiga.
Estiro mi cuello.
Paula está ahí dentro con la cara tapada con sus manos,
asustada, supongo yo, por el calibre que parece tener el arma que la apunta
directamente a la cara.
-"¡¡¡Toda tuya!!!!!, arráncasela!!!!!!, toca eso si te
atreves!!!!! Le gritan todas embravecidas.
Yo cayo, mirándole directamente a la cara, y sonriendo
ampliamente.
Ante la pasividad de Paula, el tío se cuela entre mis
rodillas, atraído por mi sonrisa.
A mi alrededor, todo desaparece cubierto por una toalla
blanca.
Al fondo del precipicio de tela, el gran bulto.
-"puedes tocarla si quieres" – me susurra una voz masculina.
Le miro a los ojos intentando confirmar si eso lo ha dicho él
o ha sido mi cabeza.
Una sonrisa de perfectas perlas blancas y una sacudida de
caderas me corroboran sus palabras.
Mi mano derecha sube por cuenta propia.
Temblando de inseguridad, mis dedos contacta con el fondo: un
tacto suave y resbaladizo.
Una pequeña y leve prospección me indica la desorbitada
cantidad de carne que se acumula ahí dentro. Al notar mis dedos bien llenos, no
puedo reprimir una cara-sonrisa de incredulidad y asombro que comparto con mis
amigas. Soy pura sorpresa y nerviosismo.
En las caras de ellas se refleja claramente la envidia y la
sorpresa.
Igual que en todas las asistentes.
La mano se cuela por un costado del tanga.
Mis dedos agarran algo del todo imposible.
-"menuda tranca!!!!!" asevero entre risas.
Mis dedos se vacían de repente.
A mi izquierda Sonia, la novia, es la siguiente. Una polla en
su cabeza y el disfraz de colegiala la delatan.
Como las otras dos, desaparece dentro de la toalla.
El streaper nos invita a Carla, la que está al otro lado de
Sonia, a aguantar la toalla.
Las dos aceptados divertidas, colocándola lo suficiente para
que podamos ver las dos pero nadie más.
El tanga baja piernas abajo.
Miles de cuellos se estiran para poder comprobar qué es lo
que ha caído.
Las únicas que podemos ver el miembro salir disparado hacia
delante como un torpedo en busca del barco enemigo más cercano, somos Carla ,
Sonia y yo.
El boy recoge su minúscula ropa interior y la voltea
alrededor de uno de sus dedos todo lo arriba que puede.
Las tías se vuelven locas.
Mis ojos y los de Carla están fijos en el peazo de trabuco
que se sacude ante Sonia, que no puede verlo porque sus ojos están cerrados
mientras el boy sacude su herramienta de trabajo a escasos centímetros de su
cara.
Ante la pasividad de la novia, el tío se anuda la toalla.
Con rapidez y decisión agarra a Sonia de las muñecas y tira
de ella.
Se la lleva hacia el escenario.
Sonia le sigue con pasos cortos diciéndonos de todo con su
mirada. Sus largas piernas destacan en el oscuro ambiente. Sus zapatos negros
son sólo visibles por el contraste de los pequeños calcetines blanco que no le
cubren ni el hueso del tobillo. Desde ahí hasta el principio de su miniminifalda
un sinfín de carne depilada y suave. A escasos centímetros, unas demasiado
visibles bragas blancas. Por arriba un chalequito azul marino sobre una camisa
blanca de manga corta.
Mirándolos desde ahí, la verdad es que tapa más cosas el tío
ese con la toalla que ella con el uniforme que le hemos puesto.
La sienta en una silla bajo el ojo de un potente foco.
Sonia cruza las piernas.
Él se pone ante ella, dándole la espalda mientras le invita a
aguantarle la toalla abierta de nuevo.
Unos movimientos nos obligan a imaginar a las demás, sus
nalgas rebotando y vibrando al son de la potente música. Lo único evidente para
las demás es el bulto de sube y baja en el centro de la toalla. Si continúa dos
segundos más nos hipnotizará a todas.
El streaper sube sus brazos hasta la nuca y se agacha y sube,
moviendo las caderas. Su cuerpo brilla artificialmente. Cada músculo se le marca
en un incontable número de trazos.
La locura es colectiva cuando se da la vuelta.
Las amigas nos levantamos y concentramos en un pequeño rebaño
de vacas locas, jaleando a la posible novia que nos mira con la vergüenza
grabada en su cara.
Finalmente Sonia endereza su cara.
Sus ojos bajan.
Su boca se abre.
Un grito, una sonrisa nerviosa y sus manos le tapan toda la
cara mientras niega con la cabeza.
El boy, incansable, empieza a dar botes hacia delante.
Sonia se gira, enseñándonos a todas su cerradísima boca.
-"!!!!!Miedosa, cagada¡¡¡¡¡¡ qué dirá tu marido si no la
sabes chupar!!!!!!- lo que he dicho antes, todas como putas cabras.
Él se agacha y le susurra algo al oído.
Ella vuelve a negar con su cabeza.
Él insiste.
Sonia se gira hacia nosotras.
Ahora asiente.
Como un cohete, el chaval viene a nuestra posición.
Sonia se queda con la toalla en las manos.
Mil gritos agudos.
El músculo humano se acerca a nosotras apuntándonos con su
arma de calibre infinito.
El rebaño se va desperdigando ante la llegada del lobo. Unas
se sientan, otras huyen despavoridas a causa de un repentino apretón de vejiga.
Carla y yo, fijas en el pilar de carne que se nos acerca, no
vemos venir al resto del cuerpo. Dos manos nos aferran de las muñecas y nos
llevan con Sonia. Ésta emite aspavientos y grita cosas inteligibles desde la
distancia. Al acercarnos queda más claro lo que dice : "estas, noooooo!!!!"
Nos sitúa detrás de Sonia, que sigue sentada en la silla del
centro del escenario.. Ambas esperamos expectantes.
El chico se sitúa entre las dos.
Su culo se mueve.
Sonia tira la cabeza hacia delante al notar algo
presionándole la nuca.
Carla y yo reímos tanto como el público asistente.
Entre las manos del chico aparece un micrófono que resulta
diminuto en comparación a lo que le cuelga entre las piernas. Ni me quiero
preguntar de dónde lo ha sacado. Sorprendiéndonos a todas por saber hablar, el
chico explica el trato al que ha llegado antes con Sonia:
Ésta se dejará hacer todo lo que se dejen hacer sus amigas.
O sea, nosotras.
Carla y yo nos miramos con los ojos a punto de salir
corriendo de nuestras órbitas.
Sin darnos tiempo a meditar, unos brazos nos rodean la
espalda a ambas y una mano nos aferra la teta derecha, a mi, y la izquierda a
Carla.
Ninguna de las dos llegamos a movernos ni un milímetro.
Sonia nos mira con la palabra "guarras" dibujada en su
rostro.
Miro a Carla.
Nuestras tetas son masajeadas amplia y concienzudamente.
Le guiño un ojo.
Ella asiente.
Todo sea por hacer pasar un mal rato a la novia. Sobre todo
eso. No os penséis que nos lo estábamos pasando bien.
Las manos desaparecen.
En unos segundos el magreo pasa al torso de Sonia, pero con
ambas manos. Las mueve rápidamente en círculos grandes y sensuales.
Acabado el magreo de mamas, el chico desaparece para volver
con su velocidad acostumbrada. Entre sus manos un bote blanco y largo.
Lo vuelca sobre su pecho.
Se llena los pezones con sustancia blanca y densa.
Nos agarra por los hombros. Mientras pide ayuda al público
con su cabeza.
Estas le responden con agudos chillidos y palmas.
Hambrientas por tanto alcohol damos buena cuenta de la nata,
hasta dejar al aire sus pezones,que seguimos lamiendo ávidamente, haciéndolos
danzar arriba y abajo.
Como una exhalación, se sienta sobre las rodillas de Sonia y
vuelve a untarse con el contenido del bote.
Sonia se traga la nata con la punta de la lengua y sin tocar
nada de piel.
El chico responde apuntando con el pulgar hacia abajo.
El abucheo es inmediato en el resto de la sala.
El desnudo macho vuelve a reunirse con nosotras. Nos lleva
junto a Sonia.
Vuelve a unir sus pezones con una generosa cuantía de nata,
creando un gran T que le baja hasta el ombligo.
Sin esperar la invitación, yo ataco la parte superior
mientras Carla empieza a bajar siguiendo las indicaciones de la línea blanca.
Mis manos rodean su torso. Siento la firmeza de cada
milímetro de su carne.
Desde arriba, veo a Carla clavando sus dedos en las
abdominales mientras su cabeza baja y baja hasta que la polla se clava entre sus
tetas.
Sustituida, ya, la nata por nuestra saliva, el streaper
vuelve con Sonia.
Ahora es su vientre que se llena de blanco más abajo que
antes.
Sonia sigue parada, mirando la nata acumulada delante de su
nariz.
Viendo que la cosa no marcha, Carla y yo volvemos a darnos un
atracón de crema blanca.
Con las caras todas cubiertas de blanco nos giramos al
público y levantamos las manos en señal de victoria.
El estruendo de aprobación y los reproches a Sonia llegan a
su momento álgido.
El boy se nos une a las dos y nos hace girar.
Sonia yace en el suelo boca arriba, claramente incómoda por
lo reducido de su falda.
Nos invita a unirnos a ella.
Los pies del chico se sitúan a ambos lados de la cabeza de
Sonia.
Con los 6 ojos clavados en el centro de su cuerpo, vemos su
polla y los huevos siguiendo el ritmo de la música.
Las rodillas empiezan a flexionarse.
Cada vez más.
Sus partes y la cara de Sonia están cada vez más cerca de
formar un todo.
Cuando la estampada de huevos parece inminente, el cuerpo del
macho se desvía, acabando con su culo sobre el vientre de Sonia. Como un perro
con pulgas restriega su trasero sobre el vientre de la novia mientras le golpea
con su porra.
Fijas en el aporreante miembro, tanto Carla como yo nos
estremecemos al notar una mano fijada en nuestra entrepierna.
El grito de descontrol es inmediato al ver, desde los
asientos, a tres chicas estiradas boca arriba, con un tío sentado sobre la del
centro con sus brazos extendidos a los lados mientras sus dedos trabajan dos
sorprendidos chochitos.
Mis tejanos diluyen el contacto de unos profesionales dedos,
pero la falda de Carla no le impide un contacto directo con su sexo. Nuestras
amigas ven perfectamente la mano colándose dentro de la subida falda de Carla y
el brazo entrando y saliendo por debajo de la tela.
Enseguida se quedan con la boca abierta al ver a carla
moviendo sus caderas.
Lanzada por la envidia y la necesidad de protagonismo, agarro
los dedos y los subo hasta donde mis pantalones se convierten en carne.
El sorprendido boy me mira fijamente.
Me sonríe.
Observo esa sonrisa y creo ver un atisbo de sinceridad
inesperada.
Los dedos bajan un poco.
Siento sus yemas enredarse con los rizos de mi pubis.
Cierro los ojos.
Levanto un poco las caderas para facilitar el acceso.
Empiezo a estar bien cachonda…
Inesperadamente, nuestras ingles son abandonadas, dejándonos
con el calentón en pleno apogeo.
-"A por la colegiala…!!!!" – grita el enfervorecido público
asistente. Los gritos suenan lejanos, a años luz de mi chochito, que llora
desconsolado por el feo que le acaban de hacer.
Ladeándose ligeramente, el tío se mete bajo la falda de Sonia
mientras, con la otra mano, le magrea las tetas.
Pensando en que eso no nos lo ha hecho a nosotras, veo como
levanta su minifalda, mostrando su dedo resiguiendo la parte central de Sonia.
Enseguida, su raja se hace visible al tragarse parte de su
ropa interior ayudada por la presión del dedo. Poca tela para tanta carne: el
vello de su pubis es visible desde Marte.
El boy abandona la entrepierna dejándola con la sonrisa
vertical marcada en la blanca prenda y apoya sus manos en el suelo. Estira sus
piernas hacia atrás.
Flexionando brazos y subiendo el culo, empieza a lamer el
cuerpo de Sonia.
Bailando y gritando, observamos una alucinante vista: su
depilado culo ante unos huevos colgantes , y detrás de todo, un inmenso embutido
de carne colgando hacia el suelo.
Fijadas en su espectacular péndulo amatorio, ni nos damos
cuenta cómo sus contorneos acaban con su lengua en el horno de Sonia: un horno
que ya debe estar a temperatura máxima y con el grill al rojo vivo.
Convertida en otra, Sonia agarra la cabeza que sube y baja
entre sus muslos, resiguiendo las idas y venidas sobre su, ya encharcado, sexo.
Aplaudiendo a forma de remate final, eso creemos nosotras,
Carla y yo rodeamos al lamedor macho.
Nos quedamos de piedra al verlo aguantarse con una sola mano
y , con la otra, ladear la íntima prenda, sacándola empapada de su prisión
vaginal.
Sonia suelta la cabeza y corre a cubrirse su tesoro.
Demasiado tarde, la cabeza ya se le ha incrustado hasta el
fondo de su ser, moviéndose de lado a lado en busca de su salada esencia.
No puedo deciros lo que siente Sonia con seguridad, pero creo
que no me equivocaré por mucho si digo que su mente se debate entre apartar esa
lengua lo más lejos posible, o apretarla hasta lo más hondo. Su cuerpo y su
mente batallan en una lucha con un perdedor evidente. La prueba son sus manos:
apretando la cabeza hacia sí mientras grita: "no, no , no , por favor".
Súbitamente la cabeza se separa, como ha hecho con nosotras
antes, dejando el lamido coño al aire.
Con la misma rapidez que Sonia se recompone la ropa interior,
el macho vuelve con nosotras.
Sus brazos pasan por nuestros hombros y pide el apoyo del
público agitando su pene arriba y abajo como el badajo de una campana de
iglesia.
Las dos sonreímos y aplaudimos convencidas de que nos están
despidiendo.
Qué error.
Las manos nos piden que bajemos.
Yo, sin acabar de pillarlo veo a Carla reptando hacia
abajo.El descendente viaje acaba con su cara junto a una de las caderas.
Mis manos bajan sintiendo la suave y dura piel pasando bajo
de ellos.
Cuando la espalda se acaba, mi mano contacta con algo tan
duro….. tengo que mirar un par de veces para convencerme que es una nalga. La
otra mano, llega a las ingles cansada de contar costillas y costillas sobre
abdominales y abdominales.
Nos miramos pero no nos vemos: un enorme y endurecido pilar
de puro mármol nos lo impide.
Una de las manos de Carla lo coge y lo aparta.
Reflejando en su rostro el asombro que le producen sus
propios actos, Carla empieza a mover lentamente la mano. Son movimientos lentos,
pero de un recorrido increíble.
Carla me ofrece el miembro, eso, o me quiere asustar
apuntándome con ella.
Lo agarro.
Dioooosss, que manos más pequeñas tengo!!!!
Lentamente empiezo a sacudir la parte cercana al capullo.
Siento su calor palpitar entre mis dedos. No me lo puedo creer. ¡¡¡Lo estoy
haciendo!!!
Aprieto con fuerza y el miembro se contrae entre mis dedos.
La concurrencia explota en un gran grito.
Creyendo que lo hacen por mí, intensifico mis atenciones
manuales.
Fuera de mi campo de visión, otro musculoso bailarín hace
acto de presencia. Los gritos iban para él.
No tarda en quedarse tal como vino al mundo, con su oscura
manguera a la vista y de la mismas proporciones que nuestro chico, pero con la
piel más morena y una perilla adornando su barbilla. Se acerca a nosotras.
Agarra a Carla y se la lleva a un lado del escenario. Ella se
niega como se negaría un bebé a aceptar un pecho.
Agachada como estoy, observo los acontecimientos sin
descansar la mano. Mis ojos cruzan con los de mi boy. Con un claro gesto de su
lengua, abultando su mejilla, me invita a profundizar más en nuestra relación.
Yo sonrío nerviosa y le digo que no con la cabeza.
Cariñosamente pone su mano bajo mi barbilla y me invita a
subir.
Yo lo hago sin soltar su polla.
Al estar de pie me fijo, por primera vez, en sus ojos. Un
precioso color verde dentro de una cara aniñada, con una piel que parece tersa y
suave como la de un bebé y una cejas perfectamente delineadas.
Mi mano continúa trabajando. Nunca había tenido algo
semejante entre mis dedos…
-"¿Cómo te llamas?- me preguntan al oído.
Sorprendida por que sepa hablar le respondo: "Tania".
-"Yo me llamo Miguel. Encantado". Me responde
-"Igualmente"
La situación me hace gracia. Siempre me he considerado una
chica fácil, pero nunca me había planteado la posibilidad de que alguien se me
presentase mientras tenía su polla en mi mano.
-"desde que he salido al escenario no he tenido ojos más que
para ti".
-"Si, yaaaa" le contesto con evidente recochineo.
-"Te lo juro. Mira que veo mujeres, pero nunca me había
pasado algo igual. Desde que te he visto allí sentada con tus amigas, he sentido
que algo nos unía".
Mirando su polla entre mi mano le digo: -"está claro que algo
nos une"
-"No Tania, no. Hablo en serio. No veía el momento de ir
hacia ti. Tu disfrazada amiga ha sido la excusa."
Esto no puede ser verdad.
-"No veía el momento de que nos dejasen solos. Menos mal que
ha salido Charlie a por tu amiga", me dice mientras me acaricia la espalda
suavemente.
-"Esto es estar solos?" me pregunto mirando alrededor.
-"De verdad, me gustaría verte después" me dice mientras me
acaricia la mejilla antes de añadir con un leve susurro: "para poder comprobar
si las fantasías que ocultan esa ropa se pueden llegar a hacer realidad" y
entonces me mete algo en el bolsillo de los pantalones.
Suaves y dulces palabras que me hacen acercar a él, hasta que
mis tetas presionan sobre sus costillas y mi cabeza se acomoda en su oreja.
Aún subiendo y bajando la mano, le digo que no me camele. Que
no le creo.
-"¿No me crees?.... Piensa un poco. Porqué a tu amiga le he
metido los dedos hasta el fondo y a ti no he podido?. Yo te respondo- me dice- ,
porque no podía convertirte en una más. Porque a ti te respeto, porque ella no
me importaba nada y así la he tratado, como un agujero más". No me puedo creer
que me estén tirando los tejos en un escenario ante decenas de tías
descontroladas. Pero lo peor de todo es que lo está consiguiendo. Todo esto pasa
en unos instantes que no paramos de movernos uno contra el otro, él susurrándome
al oído y las tías de abajo vitoreando sin parar… es demasiado para mí y para mi
ego.
Mirando al tendido le cojo una mano y la voy bajando,
recorriendo todo mi cuerpo.
Paso por las tetas…. Mi otra mano se agita bien alzada
buscando la complicidad de las asistentes.
Rodeo el ombligo con sus dedos.
Al llegar a mis pantalones me paro en seco.
Presiono su mano contra mi vientre.
Bajo un poco más, hasta alojar sus dedos dentro de mis
pantalones.
Sus dedos juegan con la goma de mis bragas.
Nos sonreímos.
Mis caderas se mueven ligeramente adelante y atrás mientras
me siento el centro del Universo.
-"Chiquilla, como me pones" me dice antes de introducirse por
completo en mi raja.
Al sentir sus dedos no puedo hacer más que abrazarlo y
apretar su polla con más fuerza.
He hecho muchas pajas, pero sacudir algo tan grande, deja sin
sentido todas las anteriores. Sentir mi mano completamente llena de carne,
subiendo y bajando a lo largo de kilómetros y kilómetros… uuff. Mi mano baja y
mi dedo extendido se mete una y otra vez entre los dos testículos. Cuando llego
arriba y noto el dedo salir entre los huevos, tendría el tiempo suficiente para
leerme "Guerra y Paz" antes de notar de nuevo el capullo entre mis dedos.
El pliegue del capullo separando mis dedos… uuuuff
Todo esto mientras una mano se cuela dentro mis bragas y me
roza el clítoris ante medio centenar de observadoras féminas…uuuuufff.
Y, cuando se mete en mí, no puedo más que morderle el
hombro…. Uuuufff
Cuando noto como me separa para follarme con sus dedos, ante
una audiencia enloquecida al ver el bulto que se mueve en el centro de mis
pantalones …. Uuufff
-"Esto lo he estado esperando mientras bailaba. No me podía
quitar tu imagen de mi cabeza" . me dice mientras hunde uno de sus dedos hasta
el fondo, para proseguir como si nada: "generalmente me cuesta ponerme a punto
ante tantas mujeres, pero ha sido verte y la polla se me ha puesto como un
cañón"- el dedo sale de mi vagina y su boca se acerca a mi oreja: "lo que
palpita en tu mano es gracias a ti".
Pensando que eso es evidente porque llevo casi diez minutos
magreándola, le planto un morreo largo, profundo y lascivo.
Siento el amor mezclándose con mi saliva, recorriendo mi boca
y bajando garganta abajo hasta lo más profundo de mi coño.
Separamos los labios mostrando al público asistente nuestras
lenguas forcejeando, tocándose y danzando una sobre la otra…. Hasta que tenemos
que parar para respirar.
Me mira a los ojos.
Ambos aspiramos con fuerza. Nuestros pechos suben y bajan
rápidamente.
Me mira la boca.
Me pasa un mechón de pelo tras la oreja.
Me besa la frente.
Me besa la frente!!!!!. Sus dedos se clavan en mi vagina y
sólo puedo pensar en ese beso en la frente!!!!! Qué gesto más entrañable, más
lindo, más sincero….
Como una exhalación, me agacho dejando sus húmedos dedos
moviéndose en el aire.
Llego a la altura idónea….
La polla continúa entre mis dedos.
LA mantengo tiesa, mirándome con su único y negro ojo.
Miro a un lado: mis amigas gritan de puro terror al ver lo
que voy a hacer.
Me acerco un poco.
El griterío aumenta.
Abro la boca.
Las demás la abren para animarme.
Mis amigas ponen esa cara típica que se pone cuando está a
punto de explotar un globo: los ojos entrecerrados y la boca tensionada….
Me acerco más, demasiado, y algo contacta con mis labios.
Lentamente, y con cuidado, como siempre con una polla nueva,
empiezo con cautela, disfrutando de cada uno de los matices de sabor que me
ofrece. Todo y la cautela te das cuenta que sabe igual que todas: a polla.
Lo hago con cuidado. No acabo de fiarme de que aguante mucho
más. Ya lleva casi diez minutos trempado, y no quiero que explote en mi boca.
Más aún tratándose de la polla que se trata: a saber la cantidad de zorras
desesperadas que la habían mamado antes.
Sin caer en la cuenta de mis autoacusadores pensamientos,
continúo trabajando la polla con una mano y mi boca. Además, a ellas no las
quería como a mí.
Sin darme cuenta, mi cabeza se mueve al son de los vítores de
las asistentes.
"EEEEEeeeeh" y la polla se hunde en mi boca.
-"Eeeeeeeh" y sale de mí.
"Eeeeeeeeeeeeeh" y vuelve a entrar.
"EEEeeeh" entra "Eeeeeeeh" y sale
"Eeeeeeh," "eeeehhehhehe" eeeeeh" "eeeeehhh " y entra y sale
como un pistón
Debo descansar o me marearé. Además las mandíbulas me duelen
un montón.
Descanso tragándomela casi entera mientras la agarro con
ambas manos. Nunca antes había podido hacer algo así.
Unas manos me tiran la cara hacia atrás.
Mi lengua intenta aferrarse al miembro sin éxito.
Acabo estirada boca arriba.
A mi derecha veo a Clara con la barra que utilizan los
streapers para bailar clavada entre sus piernas mientras dobla su cuerpo hacia
atrás, mamando la oscura polla del otro boy. Sus rodillas no paran de
flexionarse haciendo que el roce de su entrepierna no pare ni un momento.
Unos brazos me tapan la visión.
Mi Miguel ha apoyado sus manos a los lados de mi cabeza y se
ha estirado sobre mí.
Siento su miembro clavarse entre mis piernas.
Presiona con fuerza.
Empieza a tirar hacia arriba.
El duro badajo me presiona, ahora, el vientre.
Le chupo el pezón izquierdo antes de pasar al derecho.
La polla sigue subiendo por mis costillas y mi esternón.
Le voy lamiendo los abdominales uno a uno.
Él acaba poniéndoses en postura de flexiones, tirando su
cuerpo hacia arriba y poniendo las palmas sobre el suelo medio metro por encima
de mi cabeza.
La polla cuelga a diez centímetros de mi boca.
Un aplauso y Miguel hace una flexión.
La polla entre mis labios.
Vuelve a subir.
Otro aplauso y una nueva flexión.
De nuevo saboreo la sabrosa punta.
Otro aplauso y para arriba.
Otro y media polla en mi cabeza.
Otro aplauso, otro, otro , y otro…..
Un atronador y continuo palmar de manos me convierten en una
simple muñeca hinchable. Como una campeona, recibo las prospecciones bucales sin
inmutarme, es más, para demostrar lo sobrada que voy, agarro las nalgas
acompañándolas hacia dentro de mi boca.
Dios que nalgas más duras….
Las nalgas empiezan a rotar entre mis manos. Con el eje de
giro clavado en mi boca.
El resultado una postura de 69, con él encima.
Siento como empiezan a desabrocharme los pantalones.
La cremallera baja mientras unos huevos me dejan ciega a
golpes.
Los pantalones se abren.
Subo el culo.
Los pantalones llegan hasta mis rodillas.
Un aliento me recorre las ingles.
Unos labios se cierran sobre los míos: los suyos horizontales
y los míos verticales. Ambos húmedos y chorreantes, tan solo separados por las
bragas.
Siento como las ladean un poco.
El frío contacta con mi aireada raja y, entonces, la polla
desaloja mi boca.
-"Casi haces que me corra" me susurra cariñosamente.
Le abrazo con fuerza dispuesta a comérmelo a besos.
Él se resiste.
-"Quiero disfrutar bien de tu sabor" me dice.
El sonido de las palabras hace que se me estremezcan hasta
las uñas de los pies.
Aferrado a mis tetas empieza a bajar, y bajar, y bajar.
Así , el público no tarda en ver mis piernas abiertas, con
las rodillas enfocando al techo y una cabeza moviéndose en lo más hondo de ellas
pero sin llegar a tocar. Siento como sopla en mi rajita.
Sus manos se cuelan bajo mi jersei y me tocan las tetas
directamente.
Siento los pezones del tamaño de una pelota de béisbol yendo
de dedo a dedo.
Mi cara cae de lado, ni siquiera puedo mantenerla recta de
pura agonía ... Que me lo coma yaaa!!!
Al fondo entreveo a Carla sin falda ni bragas cabalgando una
morena montura.
Mientras observaba alucinada a la amazona y su negro corcel,
mi boy se ha encaramado en mi cuerpo, clavándome su lanza en plena ingle. Pero,
¿esto que es? ¿Ya me lo ha comido?. Ni me he enterado!!!
Dios, como se ha descontrolado esto…. Dios, no veo el momento
que esa enorme polla me empale sin compasión, y me penetre, y se funda en mí,
llenándome de leche caliente y espesa.
Y así, rodeada de desconocidas, es como mis pensamientos se
hacen realidad: una de sus manos abandona mi cara y se mete entre nuestros
sexos, aferra el duro mástil.
Apunta.
Y dispara….
Mi espalda se arquea de puro dolor, mi cuello se estira de
puro gozo, mis paredes vaginales se separan como nunca en la vida.
Mi cabeza cuelga por el límite del escenario, mostrándome un
público volteado, chillando y brincando por el espectáculo.
Una vez me recupero del pinchazo inicial, me libero de los
pantalones con rápidos movimientos de pies. Así puedo rodear su culo con mis
piernas, sintiendo las nalgas subir y bajar bajo mis gemelos.
Abrazo su espalda.
Él me golpea con sus huevos.
Yo hundo mi cara en su cuello.
Él resopla como un caballo cada vez que se llega hasta lo más
hondo de mí. Y resopla una y otra vez, y otra, y otra….
Cuando empiezo a sentir cada milímetro de mi coño a punto de
explotar, él se levanta.
-"Mierda".
Me agarra de los pies.
Me gira, poniendo mis pies y mi coño de cara al público.
Me arrastra hasta dejar mis pies colgando del escenario.
Instintivamente junto mis rodillas, ante la alocada y
desconocida concurrencia. Buenas horas para sentir vergüenza.
El boy me las separa y busca la complicidad del público con
gestos en sus manos.
Mi coño queda abierto en primer plano.
La sorpresa por el estruendo consecuente no me deja pensar en
nada cuando siento mis tobillos subir y subir.
Con las piernas casi tocando el techo, vuelvo a sentir algo
caliente en mi coño.
La postura me lo contrae, pero el duro mástil de Miguel no
tarda en abrirse paso mientras me sujeta con fuerza los tobillos.
Su cara se contrae de puro placer.
Sus pectorales brillan como estrellas.
Sus abdominales se estiran y arrugan sobre mi vientre.
La concurrencia observa un culo prieto presionando contra mí,
unos huevos colgando y su polla perdiéndose en el vértice de la V que forman mis
piernas.
Un volteo sobre mis caderas y me pone a cuatro patas.
Miguel se separa de mí y me deja mirando al público con mis
dos ojos más oscuros. Las primeras filas seguro que pueden ver lo rojo que está
toda esa parte de tanto frotamiento.
Mi camisa sube y sube por encima de mis tetas.
Lo siguiente que sigue es mi sujetador.
Mis tetas cuelgan libres hacia el suelo.
Mis nalgas son separadas.
Nunca me había sentido tan indefensa.
Las manos me separan los labios del coño.
Corrijo. Ahora, con mis rosadas partes mostradas al público a
forma de trofeo, es cuando me siento indefensa.
Un cachete en la nalga.
Nada más.
Espero y espero.
Es insoportable….
Mi culo se mueve a forma de súplica. No puedo esperar más.
De nuevo entre mis amigas, veo a Miguel tirando de Sonia.
Se acercan a mí.
Se ponen detrás de mí.
Miguel, junta a mi culo y, detrás de él, Sonia.
Él la invita a bajar.
La cara de Sonia queda a la altura del masculino culo.
Me giro y veo sus ojos abiertos como platos, fijos en mi
palpitante sexo.
Otra vez dos manos en mis nalgas.
Otra vez una mano acercando su polla a mi sexo.
Otra vez me vuelvo a equivocar con las mates.
Otra vez contacto en mi coño.
Me vuelvo a girar y veo a Sonia dirigiendo las tareas de mi
penetración, aferrando con fuerza el pollón, que ya mete su cabeza entre mis
nalgas.
Sin llegar a entrar, la presión se convierte en un paseo de
arriba a bajo entre el clítoris y la raja.
ME encanta.
Se nota que quien dirije es una mujer.
De nuevo abajo.
Y arriba.
Y abajo.
Y, de repente, ADENTROOOOO!!!!.... hasta el mismísimo fondo.
Sonia nota como entre sus dedos pasan kilómetros y kilómetros
de carne mientras su mano se va llenando de mi chorreo vaginal.
Al darse cuenta de lo que está tocando con el dorso de su
mano, su cara se descompone en una expresión de puro asco. Estamos salidas, pero
seguimos siendo mujeres.
Mi coño empieza a aumentar de volumen. Es como si un globo se
me fuera hinchando dentro con cada empuje. Espero , de veras, que explote
pronto, llenándome de el orgasmo más público y espectacular que haya sentido
jamás. Quiero correrme ante todas estas mujeres. Quiero que me oigan gritar. Que
vean como me retuerzo de placer, que me vean temblar de cabeza a pies….
La follada empieza a coger ritmo.
Mis tetas lo demuestran bamboleándose libremente adelante y
atrás. Igual que mi pelo, que me tapa la cara a intervalos.
Un mechón se engancha entre mis labios.
Abro los ojos para ver lo que tengo en la boca.
No me creo que lo captan mis ojos: Carla agarrada a la barra
que antes tenía entre sus piernas, y una pierna en el suelo y la otra sobre el
hombro del moreno que se la folla con la misma compasión que a mí.
Mis ojos sólo captan el oscuro miembro entrando y saliendo
del blanco cuerpo de mi amiga, mientras ella grita sin parar.
Mientras observo, Sonia agarra las nalgas que me están
follando.
Él se aferra a mis tetas.
La polla parece entrar más, si es posible, en esa postura.
Carla lame la barra, mientras el moreno le lame la pierna de
su hombro sin dejar de follársela.
Me pellizcan los pezones.
Me amasan las peras.
Me lamen la espalda.
Sonia lame las nalgas de mi Santo follador.
Aúllo como la perra que soy.
La perra que siempre ha sido la ama de todo.
Sumisa ante tanta gente, aflora mi parte más dominante.
Gateando me zafo de la polla que se incrusta en mi chocho.
Me levanto y me pongo ante su cara.
Me agacho un poco para besarle.
Mientras me como su lengua, le empujo la cara, obligándole a
estirarse.
Ahora son sus pies los que cuelgan del escenario.
Ahora es su polla la que enfoca al techo.
Dando la espalda al público, doblo las rodillas y bajo.
Vuelvo a subir.
El griterío me anima.
La mano de Sonia agarra el miembro, manteniéndolo firmes y
presto para mi almejita.
Bajo de nuevo.
Mi culo se acerca.
Sube de nuevo al sentir el roce de algo caliente y suave. El
culo se contornea. Ahora mando yo, y el espectáculo lo doy yo.
De pie, con las piernas a los costados de Miguel y los brazos
levantados, formo una gran y casi desnuda X.
-"Métetelo ya", "Clávate eso " , gritan desde atrás.
Bajo
Y bajo.
Sonia ya nota el miembro cediendo ante mi peso.
Lo mueve un poco en busca de mi agujero.
Lo encuentra a la primera.
Cierro los ojos.
Mis manos descansan sobre los fuertes pechos.
En cuclillas, me mantengo con la polla rozando los pelillos
de mi chocho. Noto como la humedad que los rodea se impregna con el capullo,
enganchándose a él. Lo muevo de derecha a izquierda. El público observa mi culo
danzando sobre la ansiosa polla... Y lo dejo caer.
Media polla dentro.
Subo y bajo sin sacar la polla de mi interior.
Las primeras filas ven claramente que, cuando subo, la parte
externa de mi vagina sale de mi , abrazada al tremendo mástil que me abre en
canal. Parece como si en una de las subidas, mi interior fuera a quedarse
agarrada a la polla.
Levanto una mano pidiendo ánimos.
Los recibo al instante en forma de gritos y vítores
descontrolados.
Animada, caigo con todo mi peso sobre la estaca.
Grito
Gritooo!!!!
Y griiitoooooo!!!!!
Vuelvo a abrir los ojos.
Me encuentro a Sonia ante mí, sentada sobre la cara de mi
amor.
Junto a ella, en el suelo, un arrugado bulto blanco. Como yo
la he ayudado a disfrazarse, enseguida las reconozco: son sus bragas.
Me está sonriendo.
Yo le devuelvo la sonrisa, que sube y baja como todo mi
cuerpo.
Sonia deja de verme al cerrar los ojos a causa de un apretón
de nariz sobre su ano y una señora lamida en su señor coño.
Botando como una amazona, me pregunto cuántas veces ha tenido
así a su futuro marido, sentada sobre su cara y gozando de su lengua. Apostaría
que no más de una o ninguna.
Tres días después, mientras se dirigía al altar, enfundada en
un virginal vestido blanco, no pude sacarme de mi cabeza la expresión que ahora
me dedica: los ojos prietos con una fuerza inhumana, la boca abierta hasta
emblanquecer esas comisuras a punto de romperse.
También recuerdo el abrazo de después de la ceremonia, ni
mucho menos tan sentido como el abrazo que nos estamos dando las dos ahora mismo
sobre nuestro follador personal. Unidas en un solo cuerpo, subimos y bajamos
sintiendo nuestros coños lubricados como el pistón de un Fórmula-1.
Desde luego, hace una hora, si alguien nos cuenta esto, lo
tildamos de loco.
Ahora, si alguien nos hiciera parar, seríamos capaces de
matarlo a hostias
Al subir, las dos nos miramos fijamente, pero sin vernos.
Está claro que yo me llevo la mejor parte, pero Sonia tampoco
tiene intención de quejarse.
Sonia apoya su cara sobre mi hombro. Y yo sobre el suyo.
Grita con fuerza. Yo grito más.
Sentimos nuestros orgasmos recorrer nuestros cuerpos hasta la
punta de nuestros pelos.
La veo clavar su culo contra la cara que yace debajo de ella,
sintiendo la lengua en su orgásmica vagina.
Unos golpes en mis nalgas.
Una cara que sale entre las piernas de Sonia.
-"Aparta, aparta que me corro" suena bajo el coño de mi
amiga.
Como una exhalación vacío mi coño.
Las dos nos arrastramos hasta la fuente vertical.
Ante mis ojos una violenta explosión en forma de chorro sale
disparada hacia el techo. Las dos nos apartamos con la cara de globo a punto de
explotar que os comentaba antes.
El segundo chorreo cae sobre su propia barriga.
Agarro el pollón por la mitad.
Aprieto con fuerza.
La fuente se seca al instante.
Siento la fuerza subiendo por la polla hasta mis dedos.
Miguel grita. No sé si de dolor o placer. No me importa.
Aflojo mis dedos.
De la punta empieza a salir un continuo chorro blanco y
espeso, Sin parar van cayendo litros y litros tronco abajo hasta mis dedos.
Durante varios segundos, la polla va escupiendo sin parar ,
El blanco chorreo supera mis dedos hasta bañar los dos
testículos.
Sonia se lo mira sin pestañear.
Levanto mi mano.
Extiendo mis dedos, que se mantienen unidos por una telaraña
de semen.
Así levanto mi mano, ofreciendo el trofeo al resto de
féminas.
Los aplausos y los vítores alcanzan el nivel máximo.
El caliente y fluido blanco empieza a gotear hasta el suelo.
Me limpio la mano sobre su barriga, como si secase ropa sobre
un montón de piedras.
Retiro los restos que quedan entre mis dedos con lo primero
que pillo. Pobre Sonia, tendrá que seguir el resto de la noche sin bragas. Se le
constipará el conejito.
Ya de nuevo entre nuestras amigas, las tres "homenajeadas"
nos recomponemos las ropas como podemos.
Todas nos dicen y recuerdan lo locas que estamos, la cantidad
de enfermedades que podemos haber pillado, etc…
Pero a ninguna de las tres nos importa nada eso. Nuestros
cuerpos vuelan sobre la moqueta de la sala sin tocar suelo. Estamos en otra
dimensión. A ellas sólo las corroe la envidia.
Al cabo de cinco minutos, después de volver a beber algo y
observar como otro danzante streaper, intenta que alguna nos imite, miro
disimuladamente el papel que me ha dado antes de que empezase todo. Únicamente
un número de teléfono apuntado con letra clara y concisa. Luego me pensaré si le
llamo, aunque la respuesta es obvia, al menos la de mi coño, la de mi cabeza, no
la sé aún.
Carla alardea de su moreno.
-"Tías, os prometo que me ha dicho que me ha visto tras el
escenario y que no ha podido resistirse"
-"Que nunca le había pasado algo semejante" – y eso que el
tío estaba como un tren.-"Y, además, me ha dado su número de teléfono. Mirad"- y
entonces nos muestra un papel, idéntico al mío, con un número escrito en él...
También idéntico al mío… Trago saliva. Noto el sabor a polla. Nos han engañado.
Sí. Pero sólo por sentir ese sabor en mi paladar ya ha valido la pena.