Como Lo Hacía Papá
Hay tardes en las que se no da la
oportunidad de descansar de todas esas batallas con lo sobrenaturales y tenemos
que aprovecharlas porque son pocas. Como en esta ocasión en que sabemos que no
tenemos que preocuparnos por personas inocentes que pueden salir lastimadas.
Dean está recostado en la cama de un motel con el control remoto en la mano
buscando pornografía heterosexual en la televisión, mientras que yo estoy
acostando en su pecho viendo fijamente a la pantalla. Siento que su mano se
coloca en mi cabello y empieza a acariciarlo como su yo fuera su perrito. No me
gusta mucho que haga eso, pero si a él le encanta tocarme ¿Qué puedo hacer? A
veces es mejor no luchar con tu hermano mayor y dejar que la situación siga su
curso.
Entonces se me ocurre hacer una
pregunta que ha estado rondando mi mente por varios días. Honestamente no sabía
lo que se iba a desatar ni mucho menos lo que iba a descubrir.
“Dean…”
“¿Qué pasó, Sammy?”, responde el
con su voz tan varonil, y vuelve a cambiarle de canal.
Lo oigo gruñir porque no
encuentra lo que quiere, y yo estoy a punto de distraerlo con alguna de mis
preguntas tontas de siempre. Por lo menos tontas para él.
“Me gustaría saber sobre ti,
sobre tu primera vez.”
Dean gruñe otra vez y se acomoda
en la cama. Sé que lo estoy molestando y se me ocurre jugar con los botones de
su camisa.
“¡Dios santo! Ya te lo he contado
muchas veces, fue cuando estaba en secundaria y la maestra de historia estaba
enamorada de mí. Te puedo decir que era carne de primera calidad, un día después
de clases me llevó al salón y me robó la virginidad. ¿O esta vez estás
preguntando por los detalles sucios? ¡Sammy! Saliste más pervertido de lo que yo
estaba pensando.”
Yo niego con la cabeza.
“No, esa historia ya me la
contaste muchas veces y con detalles aunque yo no te los pedí. Sabes muy bien
que no me gustan tanto las mujeres como me gusta mi hermano mayor. Lo que yo
quiero saber es como fue tu primera vez con un hombre. Esa historia nunca me la
has querido contar y de esa si quiero saber todos los detalles sucios.”
La reacción de Dean no es la que
yo estaba esperando. Apagóa la televisión, se sienta en la cama y me obliga a
verlo a los ojos.
“La verdad no creo que estés
preparado para escucharla.”
“Dean, ¡No tengo cinco años!
Llevamos meses durmiendo juntos y creo que me gané el derecho de saber quién fue
el primer hombre en tu vida. ¿Fue alguno de tus amigos de la escuela?”
“No, por supuesto que no.”
“Entonces quiero que me digas
quién.”
“Por favor, Sammy, no empieces
algo que no podrás detener. No me pidas su nombre.”
“Pero quiero saberlo”, le ruego
intentando darle un beso en los labios, aunque él se muestra frío.
Veo que Dean quiere hablar, pero
las palabras se atoran en su garganta. Finalmente oigo una palabra que me
impacta.
“Papá… el fue mi primer amante.
Mas bien dicho, yo fui su amante.”
Él sabe muy bien que no es lo que
yo estaba esperando, pero de todas maneras lo vuelvo a besar.
“De, cuéntame todo sobre tu
primera vez, cada sucio detalle del que te puedas acordar. Por favor, necesito
saber.”
“Primero sentí sus labios húmedos
posarse sobre los míos, así…” y Dean me besa levemente, “pero yo me resistí
porque no sabía lo que estaba pasando. Tan sólo tenía quince años, y apenas
acababa de tener mi primera experiencia sexual con esa maestra. Papá se enteró y
se enojó mucho conmigo. Me dijo que esa no era la forma de hacerme un hombre,
sobretodo si me la pasaba cazado demonios. Que si quería sexo, él me enseñaría
la forma correcta de hacerlo. Entonces me volvió a besar, su barba me raspaba.
Su lengua entró a mi boca así.”
Dean me toma de la nuca y me
lleva hasta él. Siento su beso húmedo, sus labios presionados contra los míos y
su lengua entrar en mi boca. Quiero aspirar su esencia, sentir que yo soy el
primerizo Dean cayendo bajo los encantos sexuales de papá, del famoso John
Winchester.
“¿Qué más, De? Cuéntamelo todo.
Quiero que juguemos. Yo seré tú, y tú serás papá. Háblame como si fueras él a
punto de robarme la virginidad.”
“Eres tan sucio, Sammy que me
encanta cuando tienes ideas pervertidas. ¿Quieres que yo sea papá?”
“Sí”, respondo al darle otro
beso.
“¿Quieres que te robe la
inocencia, jovencito?”
“Por favor, papi”, respondo con
una voz infantil que lo excita.
“Entonces, será necesario que te
enseñe como es tener sexo de verdad y no con una putita que enseña historia
¿verdad? Con ella habrás perdido la virginidad, pero hoy te voy a hacer un
hombre como yo. Todo un macho Winchester. ¿Estás listo?”
“Sí, papi. Quiero saber como es
eso, quiero que me hagas un hombre”, respondo con una voz chillona.
Veo que Dean está excitado por el
juego y me enseña su sonrisa deliciosa que tanto me gusta. Me besa otra vez,
mientras acaricio su espalda ancha.
“No se te olvide que yo soy tu
padre y sé lo que estoy haciendo. Debes obedecerme en todo lo que te pida o si
no me voy a enojar mucho. Quiero decirte que estos besos que te doy son para que
recuerdes que es obligación de un padre darle afecto a sus hijos, pero nunca
olvides que somos Winchester y nos gustan las cosas duras antes que las cursis.”
“Como tú digas, papi.”
“Ahora, no tengas miedo por lo
que voy a hacer. Es necesario que te quite la ropa para que estés desnudo. Así
es como los hombres tenemos sexo. No bajes tu cara, no sientas vergüenza, no se
te olvide que soy tu padre y te he visto desnudo muchas veces. Yo te vi nacer.”
La forma en que como Dean agrava
la voz cuando quiere mostrar autoridad me excita, aunque me divierte su
interpretación de papá. Parece ser tan ridícula y tierna al mismo tiempo que no
puedo evitar reírme. Además al quitarme la ropa me hace cosquillas. Sé que mi
hermano intenta mantener el semblante serio como si de verdad fuera mi padre. No
pasa mucho tiempo antes de que esté totalmente desnudo frente a él. Dean palpa
mi abdomen y mi pecho, sintiendo la dureza de mis músculos.
“Has crecido mucho desde el día
que te vi nacer en el hospital. Estoy orgulloso de ti. Has desarrollado muy bien
tu cuerpo, pero quiero decirte que no se compara a mi cuerpo, hijo. ¿Quieres
verlo?”
“Sí, papi.”
“Entonces quítamela la ropa como
yo te la quité. Enséñame que has aprendido algo.”
Dean se aparta de mí y abre los
brazos como ofreciéndome su cuerpo. Yo sé lo que tengo que hacer, he recibido
órdenes y he prometido cumplirlas; al menos por la diversión del momento. Le
quito la camisa y la camiseta para contemplar una vez más su delicioso cuerpo
bronceado. Le saco el cinturón, los pantalones, las botas y los calcetines. Lo
único que le queda es su slip apretado haciendo presión sobre su sexo erecto. Se
lo quité.
“Este es un pene experimentado,
hijo, y tiene un sabor delicioso. Pruébalo. Vamos, no tengas miedo. Esto es
justo lo que estabas esperando.”
Me inclino lentamente ante él y
contemplo su pene. Muchas veces he estado en la misma situación, pero ahora es
diferente. Me encuentro involucrado en un juego de roles pervertido, sugerido
por mí. Sé que Dean no le gusta jugar mucho, sobretodo si pretende ser alguien
más, así que me siento sorprendido que cediera a mis ruegos.
“No tengas miedo” repite Dean,
tomando de la nuca y acercándome aún más a su cuerpo.
Entonces empiezo a engullir
lentamente su pene. Siento como ese tubo de carne va entrando a mi boca y tengo
la posibilidad de rodearlo con mi lengua. Siento cada célula de piel excitada.
El sudor. Creo que lo que estoy probando no es el pene de mi hermano sino su
excitación y su morbosidad taladrándome la boca. Hay momentos en los que el pene
de Dean entra completo hasta la campanilla, otros en los que choca contra mis
paredes bucales, y unas pocas en que me permite succionar la punta como si se
tratara de una rica paleta de fresa. Sólo que lo que yo tengo en la boca es
mucho más delicioso. Inevitablemente se corre en mi boca en un orgasmo que lo
hizo soltar un gemido ahogado.
“Trágalo todo, hijo. A esa
lechita calientita se le llama esencia de machos y es lo que otorgamos en cada
suspiro de placer. Es lo que le diste a esa profesora putita ¿No es cierto?
Ahora me toca a mi probar tu sabor. ¿Me dejarías, hijo?”
“Sí, papi. Hazlo”, respondo al
darle un beso a Dean en la boca.
Veo en su sonrisa que le está
gustando el juego. Lame mi pecho, y se detiene en mi ombligo para soplarlo como
si fulera su bebé. Estoy demasiado excitado para reírme a causa de las
cosquillas, quiero que llegue más abajo. Sus manos acarician todo lo que pueden
al llegar a mi pene y darme una mamada mucho más experta que la mía. Dean sabe
exactamente lo que me gusta y cómo me gusta. Al principio intento mantener mis
gemidos con la voz infantil, por lo menos para mantener el juego, pero poco a
poco me resulta imposible mantenerla. Mis gemidos se vuelven graves y siento que
poco a poco me vuelvo a otra vez el Sammy de Dean. Mi hermano no parece notarle
y sigue con lo que está haciendo. No pasa mucho tempo antes de que le inunde la
boca de mi semen, se lo trague y se levante para darme un beso profundo contra
la pared.
“Tú sabor es delicioso, hijo mío,
pero creo que es necesario que hoy te enseñe algo más. ¿Te acuerdas que tú le
metiste tu pene a tu maestra en su vaginita?”
“Si, papí” respondo ante las
palabras de Dean.
“Pues nosotros los hombres
también podemos hacer algo similar. Quiero entrar en tu cuerpo. ¿Me dejas?
¿Puedo penetrar tu vaginita y hacer el intento de preñarte?”
“¿Lo vamos a hacer aquí a la
mitad del cuarto?”
Dean se rie, y de me da un golpe
en el pecho.
“¡Cristo Santo! No, por supuesto
que no. Quiero que estés cómodo cuando te haga hombre. Lo haremos en la cama.”
No tiene que decir más, camino
hasta la cama y me recuesto con la piernas levantadas ofreciéndole mi culo, o
poniéndole en sus palabras del juego, mi vaginita. Él está complacido. Se va al
baño y regresa con un bote de crema que siempre usamos para estos casos, y con
ella embarra la entrada de mi culo lo más que puede. Luego introduce el primero
dedo en mi cuerpo y realiza un movimiento metisaca con él. Yo quiero más, pero
Dean me pide que espere, que la experiencia va a valer la pena. Entonces hace lo
mismo con dos dedos, y luego con tres. De repente lo saca y me siento vacío.
“Este es el momento en que te voy
a hacer un hombre, hijo.”
Coloca su pene a la entrada de mi
culo y empuja. Va entrando poco a poco partiendo en dos por el dolor, pero el
placer que siento en ese momento ¡El placer de ser penetrado por tu propia
familia! Más cuando en juego de roles es tu propio padre el que te penetra. Dean
sube mis piernas para apoyarlas en su hombros. Mis puños cerrados en la cabecera
para sujetarme de las fuertes estocadas que da mi hermano mayor.
“Eres mío, recuerda siempre que
fui yo quién te robó la virginidad y no esa perra. Yo soy el dueño de tu cuerpo
y el que te hizo un hombre. Yo, tu padre”, repite Dean entre gemidos una y otra
vez.
Yo no le contesto, sólo me dejo
llevar por las oleadas de placer de recorren mi cuerpo como su fueran sus
poderosas manos acariciándome. Haciéndome suyo. Poseyendo mi cuerpo como sólo
Dean puede. Me inunda con su esencia, y me marca como suyo. Su cuerpo tiembla al
sentir el orgasmo, y llenarme con su semen. Me encanta ver como sus músculos
llenos de sudor se tensan y su rostros se deforma por la lujuria.
Él se tiende junto a mí y yo me
apoyo en su pecho desnudo tal y como estábamos antes de empezar la sesión
sexual.
“Eres muy morboso Sammy, nunca
pensé que te gustaran esos juegos tan sucios.”
“Dime una cosa, De. ¿Me cogiste
tal y como lo hacía papá?”
“Como lo hacía papá”, me asegura
Dean con el control remoto en la mano, buscando otra vez pornografía en la
televisión.