Danielle y el Deseo
Por fin, el esperado ¿final? de la saga de Danielle, una de las historias más
extrañas de todas cuantas hayan acontecido. ¿Porqué pongo "final" entre signos
de interrogación? Porque sencillamente, nadie puede afirmar si es el final de
toda la historia… o sólo el comienzo.
Luego de esa salvaje noche con Carla, Danielle y yo, parecía
una realidad falsa, así que me puse a ver a mi Danielle, con ese consolador
dentro de ella… ya era algo más que sólo una chica de casa convertida en puta…
era ella… su verdadera personalidad, que había probado todo lo inexplicable y
deseable. Sinceramente, algo que me faltaba… no lo hallaba. Pero sabía de esa
ausencia… Danielle se la pasaba con un consolador dentro… uno de látex, púrpura…
lo tenía siempre… y no me había dado cuenta…se lo metía por todos lados y
después lo mamaba, quería verga todo el tiempo… Así que después de mucho darle
verga, se me ocurrió una idea: una máquina. Había visto algunas en videos, y me
gustaban. Sólo era cuestión que a Danielle le gustaran…Y entonces llegó: ese
día, Danielle, vio uno de mis videos y… empezó a masturbarse como la perra que
era… El problema principal era buscar la máquina. Una máquina sexual que le
gustara, y que me hiciera gozar a mi perra y por tanto a mí. No fue muy difícil.
Hay muchos ingenieros perversos, y un grupo en especial, me hizo esa máquina.
Era una que con un motor conseguía mover un consolador de dentro hacia fuera… y
cuando la vi en acción con una chica que quería con ganas probarla, pues… yo
dije "La compro", y la compré.
Luego de comprarla, empecé a ver cómo funcionaba, era una
cosa extraña de metal, con un motor que hacía mover el consolador como si fuera
un pene real. La encendí y la vi funcionar… ya sólo faltaba Danielle, que estaba
fuera con tres de mis compañeros de gimnasio. Se la estaban follando bien bueno
a la puta esa. Uno de ellos llegaba y le daba por el culo, otro por su coño y
otro por su boca, los tres al tiempo. A Danielle le encantaba eso, esa clase de
sensaciones la ponían a mil, y mucho más si yo la veía. Así que, cuando terminó,
le ordené que se quedara desnuda y fuera a su cuarto.
Danielle, luego de llegar al cuarto, vio la máquina. La
encendió y luego sonrió y dijo: "Hey, ¡esto se ve que es para mí!". Empezó a
lubricarse con sus jugos y luego tomó el control de la máquina. En ella vio una
perilla que permitía diferentes grados de intensidad. La puso en el menor grado,
y empezó a sentir como la máquina la masturbaba suavemente. Ella sonreía y se
movía y le gustaba, pero eso era cuando era una niña inocente. A medida que pasó
el tiempo, fue incrementando la intensidad, con lo que ya gemía más seguido, y
yo, para callarla, le metía mi verga hasta el fondo. A la muy puta le gustaba
todo eso y más, y por eso quiso dejarla en intensidad máxima… de hecho, ella
quería a mi amiga también, así que más tarde Carla llegaría a probar la máquina.
Unas horas después, Danielle regresaba de sus clases y cuando
iba a entrar a su cuarto, sintió que habían usado la máquina. Era Carla, que
vino de visita y se quedó un rato a ver a Danielle, y sin ella saber, empezó a
acariciarle sus tetas, su coño, y dijo: "Quiero verte, putita", con lo que
Danielle obedeció y se hizo meter esa verga de nuevo. Pero no estaba sola. Clara
se puso encima de ella y dijo: "Chicas arriba." Y empezó a frotar con su
clítoris el clítoris de ella… Danielle jadeaba y gemía mientras Carla le lamía
el cuello y las tetas, ella quería más y más, ambas se mojaron mucho y
finalmente, después de varias horas de sexo lésbico y, digamos, maquinero, Carla
se había ido, dejando una nota a Danielle: "La máquina de Xico es excelente,
pero no más que tú, putita." La noche había comenzado, y Xico quería coño, así
que se hizo follar.
Desde esa noche, Carla no había regresado a la casa de Xico,
y Danielle no sabía si buscarla o seguir con el frenético estilo de vida con
Xico, sus amigos y la máquina. Pero lo que sí sabía es que tenía que darse otra
vez ese trío con su amigo, amo y perversor, y Carla, esa misteriosa morena que
tenía viendo el cielo a Danielle. ¿Pasará ese trío?
¡Hasta el próximo relato!