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 TODORELATOS.COM Fecha: 13 de Mayo, 2008.
Fecha: 08-May-08 « Anterior | Siguiente » en Zoofilia (824 de 824)

Doctor Zuz

EgosumB
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Zoofilia. Como doctor, no la recomiendo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Como doctor veterinario del zoológico de Santa Margarita, he tenido acceso irrestricto a todos los animales del lugar por los últimos años. Mis labores en este centro han sido de lo más variadas, desde tener que acabar con la vida de animales heridos o moribundos (lo cual es de lo más difícil que he tenido que hacer) hasta asistir partos de felinos, primates y otras clases de mamíferos.

Durante mi experiencia en partos de primates, he llegado a comprobar por mí mismo que el sistema reproductor de estos animales no difiere mucho del humano, sobre todo en el caso de las hembras. Anatómicamente, las diferencias se reducen en realidad a la proporción, pues en general los primates suelen tener menos desarrolladas estructuras como los labios mayores, el clítoris está sumamente atrofiado en la mayoría de las especies, y así por el estilo.

Por esto, desde que comencé a asistir a estos animales, nuestros parientes lejanos, he tenido cierta inquietud por saber cómo sería tener relaciones sexuales con estos animales. Si vemos la relación sexual como mero acto físico, es nada más cuestión de hacer encajar dos piezas (una saliente y otra hendida). Cavilando sobre esto, llegué a la natural conclusión de que se tiene más control de la situación cuando un hombre (humano) tiene relaciones con una hembra que al contrario.

Así, a inicios del año pasado, la chimpancé Sophie (proveniente de un zoológico francés) entró en labores de parto alrededor de las tres de la tarde, y para las seis de la tarde, tras un parto sumamente complicado, una pequeña criaturita estaba acurrucada entre los brazos de su madre, la cual todavía estaba algo grogui por los sedantes que tuve que administrarle para facilitar la situación.

Esa noche, después de que los asistentes se marcharon, me di cuenta de que iba a quedarme dos horas solo en la sala de medicina (enfermería) del zoológico, y un extraño instinto animal me atacó. Un poco excitado (no por el animal, sino por el pensamiento fijo en una nueva experiencia) me acerqué a las jaulas donde aislamos a los animales, y me fijé en otra chimpancé, llamada Balunta, la cual estaba en cuarentena desde hacía cierto tiempo, pues había llegado al zoológico con una mano herida.

Tras asegurarme de que las puertas de acceso estaban cerradas y de que las cámaras de vigilancia no estaban encendidas (se activan con la alarma al cerrar por la noche) abrí la jaula de Balunta y la saqué, cargándola en brazos. La sentí caliente y, realmente, su olor me molestó, pues era un encendido olor a desinfectante quirúrgico, alimento, orina y excremento. Algo asqueado, la deposité sobre la mesa de trabajo, la cual tiene un poco menos que al altura de una mesa normal.

Balunta se sentó sobre la mesa y me siguió con su mirada sin emitir un sonido, según su costumbre desde que llegó a las instalaciones. Mientras tanto, busqué en el anaquel de sedantes el cinolazepan, un tranquilizante para animales cuya acción tarda entre 3 y 5 minutos en hacer efecto. Preparé la hipodérmica y la llené con 50cc de este producto, tras lo cual lo inyecté a Balunta en la zona del cuello. Con mi mano enguantada, le acaricié la cabeza hasta que se durmió, totalmente sedada.

Entonces, respiré hondo una vez y, viendo con temor hacia los lados, procedí a aflojarme el cinturón y bajarme los pantalones. Después, me despojé también de los calzoncillos que llevaba, y un poco de estimulación manual bastó para que mi pene, que había empezado a ponerse rígido durante la operación del sedante, quedara totalmente erecto y listo.

Del bolsillo derecho de mi bata de trabajo saqué un empaque de preservativos, que había comprado esa mañana para utilizarlos con mi novia en la noche, apenas terminar mi turno. Me coloque uno (simple, no me gustan sabores, colores o texturas en los preservativos) y empecé a acercarme a la simia dormida, pero un vago temor me atacó. Pensé en que el animal estaba con sus vacunas al día (las administré yo mismo) y que no había nada que temer de un contagio, pero en verdad me dio miedo, así que coloqué otro preservativo, encima del anterior.

Ahora sí, con el dedo índice de mi mano derecha (ambas estaban enguantadas) acaricié ligeramente la entrada de la vagina del animal, tras lo cual dilaté la entrada con dos dedos de mi mano izquierda. Tomé confianza al ver el grado de dilatación al cual llegaba la vagina de Balunta, y acerqué la punta de mi pene. Una sensación caliente me recorrió, tuve que aceptar que el contacto no difería demasiado al de una mujer, y comencé a meter poco a poco el miembro dentro del animal dormido.

La respiración del chimpancé se alteró un poco, pero, estaba seguro de que no podía sentir absolutamente nada por la próxima media hora, así que no me detuve y continué introduciéndome. Llevaba talvez tres cuartas partes del tronco metido, cuando debido a la estrechez de la cavidad, mi propia excitación y temor a lo que pudiera pasar, comencé a sentir que estaba a punto de eyacular. Y así pasó, efectivamente. Eyaculé bastante precozmente, sin que aún hubiera tenido tiempo de experimentar ningún placer.

Ante esto, saqué rápidamente mi pene del animal, tomé con asco los preservativos y los arrojé al basurero, solo para darme cuenta de mi tontería. Los recogí y los metí en una bolsa plástica que metí en el bolsillo de mi pantalón. En ese momento, ya un poco más serenó iba a controlar el pulso del animal cuando noté que de su vagina salía un ligero chorrito de sangre.

Alarmado, lo limpié con gasa estéril y pude comprobar que el tejido interior estaba ligeramente dañado, pero supe inmediatamente que se iba a regenerar por sí solo, tal vez para la mañana no quedarían señas. Cuando terminé de limpiar a Balunta, reparé en la gasa manchada de sangre, recordé la escena anterior y sentí nauseas. Apenas me dio tiempo de llegar al baño, donde vomité violentamente todo el contenido de mi estómago.

Regresé a mi casa (tras terminar mi turno y haber dejado a Balunta despierta y en buen estado de salud) y tras ducharme durante un bastante tiempo, me metí totalmente enfermo en la cama, sin hacer caso ni siquiera de mi novia y su excitante baby-doll nuevo.

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