A la mañana siguiente, a pesar de haber dormido pocas horas,
estábamos como nuevos. Nos duchamos, nos vestimos y salimos a la calle,
dispuestos a ver la ciudad. Nos dimos una paliza de impresión, sin parar apenas
para comer –unos bocatas en un parque—, pero la verdad es que mereció la pena.
Así, entre paseos, compras y algún museo se nos pasó todo el día. Por la noche
volvimos al kebab a cenar. Allí estaba Karim, tan sonriente como la noche
pasada. Esta vez si había un par de mesas ocupadas, pero la de la ventana estaba
libre, así que nos sentamos otra vez allí.
"¿Qué tal chicos?", nos saludó desde la barra. Después se
levantó del taburete y se acercó a nosotros. "¿Cómo habéis pasado el día? Por la
cara que tenéis veo que habéis hecho mucho turismo, jajaja. Tendréis hambre,
imagino…pero hoy dejad que decida yo por vosotros. ¿Qué os parece un plato
especial de la casa?", y antes de que pudiéramos contestar, le hizo una seña al
cocinero, que desapareció en la trastienda de inmediato con un cuchillo en la
mano. Al poco, apareció con dos platos llenos de todo tipo de comida, que nos
explicó uno a uno: falafel, dolmades, kefta, hummus…Después volvió con bebidas y
unos cuenquitos con distintas ensaladas y arroz con pasas y piñones. Tenía una
pinta exquisita, la verdad. Mientras comimos –o más bien, devoramos— todo
aquello bajo la mirada complaciente de Karim, estuvimos charlando con él: le
contamos los sitios a los que habíamos ido, nuestras impresiones…y él recordó
las que había tenido al ver esas mismas cosas y nos recomendó algunas más para
ver al día siguiente. Sara no pudo resistirse a enseñarle las fotos que habíamos
hecho. Karim acercó la silla en que estaba sentado y se colocó al lado de ella.
Otra vez me fijé en que ella no decía nada a pesar de lo mucho que se acercaba
él para verlas. Me sorprendía esa actitud en ella. No es que me importara en
absoluto…es más, tengo que confesar que casi me daba morbo, porque la imaginaba
con él, besándose, tocándose, quitándose la ropa…sí, los imaginaba juntos, en la
cama, él tumbado boca arriba, con la misma sonrisa cautivadora que tenía siempre
y ella encima, sudorosa y jadeante, igual que anoche mientras follábamos. Karim
asentía con expresión interesada a los comentarios que le hacía Sara de cada
foto.
"Son muy buenas. En serio. Se nota que sabes lo que haces con
una cámara en las manos", sentenció cuando acabaron de verlas. "Pero por lo que
veo", dijo riendo, "no has empezado tu proyecto de exposición…"
"Calla, calla, no se lo recuerdes", intervine yo, sonriendo
también "que ya casi había conseguido que se le olvidara…"
"Ni hablar, nene. No se me ha olvidado. De hecho, pensaba
empezar…esta misma noche", dijo Sara.
Karim y yo nos miramos y después volvimos los ojos a ella,
casi a la vez. "¿Esta noche?", dijimos los dos a coro.
"Sí, chicos, habéis oído bien. Así que tú", dijo, señalándome
a mí, "paga…y tú, a trabajar, que no me haces nada", terminó, guiñándole el ojo
a Karim y apoyando el dedo índice sobre su pecho. "Yo voy saliendo…tardo diez
minutitos nada más. Espérame aquí, ¿vale, nene? Ciao", y salió, dejándonos allí,
igual de sorprendidos los dos. Apenas habían pasado los diez minutos la vi
hacerme un gesto desde la ventana. Salí, y Karim lo hizo detrás de mí.
"¿Ya está?", le preguntamos.
"Sí…hoy solo quería hacer unas pequeñas pruebas, así que sí.
Venga, nene, vamos al hotel".
"¿No me dejas ver ni un poquito?", protestó Karim.
"No seas impaciente, que ya verás…el resultado", le dijo
Sara, con una sonrisa pícara.
Entramos en la habitación y yo me quedé de pie, expectante,
pero ella dejó las cosas en la silla y empezó a cambiarse de ropa, sin que
mostrara ninguna intención de ver las fotos. Iba a entrar en el baño cuando se
dio la vuelta y me miró, con cara de sorpresa. "¿Qué haces ahí parado? ¿No te
vas a acostar? Ya es tarde, y mañana tenemos muchas cosas que ver…", me dijo. La
miré con cara de incredulidad, como pidiendo una explicación… ¿no pensaba
enseñarme nada?
"Ah, ¿es por las fotos? Ay, no sabía que quisieras
verlas…haberlo dicho, hombre", dijo, con expresión de burla. "El caso es que no
sé si enseñártelas…todavía". El desconsuelo infinito que se dibujó en mi rostro
pareció conmoverla y añadió, fingiendo que le costaba un gran esfuerzo hacerme
aquella concesión: "Bueno, venga, pero solo un poquito…".
Entonces conectó la cámara al ordenador, para no gastar las
baterías y poder utilizarlas por la mañana. Tardó un poco en estar todo
preparado, pero la verdad es que mereció la pena. Reconocí algunas de las caras
que fueron desfilando ante mis ojos, otras no, pero todas eran igual de
increíbles. Además, Sara había conseguido captar en sus expresiones inocencia y
lujuria al mismo tiempo…Después de un rápido primer vistazo, volvió a comenzar
la serie, pero esta vez, Sara se sentó en la cama, justo detrás de mí, enlazando
sus piernas alrededor de mi cintura. Las fotos iban pasando lentamente, y a cada
una de ellas le acompañaba un comentario suyo. Sentía su respiración en mi
cuello, se pegaba a mí para hablarme de manera que sus labios casi me rozaban…
"¿Qué te parece esta rubita? Es preciosa, ¿verdad?", me preguntó, cuando
apareció en la pantalla una cara angelical enmarcada por una media melena rubia,
muy lisa. Los ojos eran de un azul intenso y la boca, de labios muy finos y un
rojo vivo. No dije nada, y tampoco con la foto de una morena con dos coletas y
carita de traviesa. "¿Y ésta? Ésta sé que te gusta…te has quedado mirándola cada
vez que hemos pasado por allí…y no lo niegues, porque me he dado cuenta". Asentí
con una especie de gruñido, pero sin querer darle la satisfacción de una
respuesta, aunque era cierto. Era una chica espectacular, con unos ojos verdes
que parecían atravesarte y una larga y ondulada melena pelirroja que caía
desordenadamente a los lados de su rostro. Era pálida de piel y con aspecto
frágil, pero había algo en su expresión que la hacía especial e
irremediablemente seductora. Desde luego sabía de su poder de fascinación.
"¡Qué rencoroso eres! Pero si sabes que te las iba a enseñar,
tonto… por eso no dices nada, que lo sé yo…Pero algo te traiciona", me susurró
al oído, mientras su mano se deslizaba del teclado hacia mi pantalón, en el que
se empezaba a marcar un bulto. Mi mente había empezado a funcionar al ver a
aquellas chicas…quizás demasiado deprisa, porque no me decidía sobre cómo
imaginarlas…se superponían imágenes de ellas conmigo a otras en que era Sara
quien recibía sus caricias y se las devolvía, mientras yo las contemplaba…o las
dos dedicadas a mí…juntando sus lenguas sobre mi sexo…
"Me encantaría saber todo lo que estás pensando…". La voz de
Sara me hizo volver a la realidad. Su mano se había deslizado ya bajó mi
pantalón y me acariciaba, en un lento sube y baja. Las fotos continuaban
pasando, y decenas de ojos ávidos contemplaban cómo Sara me desabrochaba el
pantalón para dejar a la vista mi polla. "Mmm, como me gusta verla así…". Sus
pechos se apretaban contra mi espalda, y el roce continuo había hecho que sus
pezones se endurecieran. Aquella caricia, sumada a los movimientos constantes de
su mano, hizo que mi polla acabara de despertar. Trate de girarme para besarla,
pero no me dejó.
"Tú sigue mirando", me susurró ella. La morena de las coletas
volvía a mirarme fijamente, ahora en una pose más sugerente, con la punta de la
lengua asomando entre sus labios, como para humedecerlos…pensé en cómo sería
sentir esos labios brillantes, carnosos sobre mi polla, la punta de su lengua
jugueteando con ella. Después aparecieron los hipnóticos ojos verdes de la
pelirroja, que ahora se me parecían, en cambio, suplicantes, como diciéndome que
el dedo que se perdía en su boca no era suficiente…
"Te gustaría tenerla en su boquita, ¿verdad? Tener a esa
niñita de rodillas delante de ti, mirándote a los ojos mientras te la come…ver
su cabeza subiendo y bajando, tragándosela entera…". Sus palabras me excitaron
aún más y ella se dio cuenta. Su mano se cerraba con firmeza en torno a mi
polla, subiendo lentamente y arrancándole en cada movimiento pequeñas y
brillantes gotitas que deslizaba con la punta de sus dedos sobre el capullo,
hinchado y enrojecido por la excitación.
"¿Eso es lo que te imaginas? Pero seguro que también te
gustaría verme a mí a su lado…de rodillas junto a ella, mamándotela
también…comiéndonos la boca las dos mientras te lo hacemos, acariciándonos la
una a la otra"
"Para…para o me voy a correr", le dije, porque veía que no
podía aguantar ya más…el ritmo de sus caricias se había hecho endiablado y sus
palabras me llevaban al límite...
"Sí…córrete…córrete encima de nosotras", fue su contestación…
"míranos…las dos con la boquita abierta…, peleando con nuestras lenguas sobre tu
polla para que nos des tu leche… vamos… dámela a mí…dámela toda…"
Nada más decirlo noté que había llegado el punto de no
retorno…su mano subía y bajaba sin parar, recorriendo toda mi polla, mientras
con la otra pellizcaba mis pezones, retorciéndolos, haciendo que me echará para
atrás, con lo que lo único que lograba era perder más el control, intensificar
el placer que su mano me daba… Un instante después, dos fuertes descargas
llenaron su mano y se derramaron sobre mi estómago. Respiré hondo… Ella sonrió y
dijo: "Te has portado muy bien, nene. Ahora a dormir…"
"Pero ¿y tú?", le dije, con cara de decepción. Me había
encantado, pero no me gustaba dejarla así.
"No te preocupes…es tarde…y mañana te garantizo que me tomaré
mi recompensa", contestó. "Ahora vamos a dormir", y colocando el ordenador en la
mesita de noche, me besó y apagó la luz.