Increíble lo que sucedió el verano del año pasado. Acabados
los exámenes y currando en una escuela de verano con críos, esos meses se
apetecían bastante agradables. Por las tardes después de comer iba con algunos
amigos a la playa. Cogíamos el coche y en 10 minutos nos plantábamos allí.
Me llamo Sergio, tengo 20 años, soy bajito, 1,72 m. y de
cuerpo bastante normalito, el gimnasio no es lo mío. Pero el verdadero
protagonista de la historia es Luis un chico de 21 años primo de mi mejor amiga.
Nos conocíamos desde hacia varios años, él sabe de mis gustos hacia los chicos,
y siempre está bromeando sobre ello. Nunca me enfado, ya que se que no lo hace
como burla, y siempre estamos de coña.
Luis es un poco más alto que yo, unos 175 cm más o menos,
moreno y de cuerpo bastante fibradillo, aunque sin pasarse demasiado. Él esta
saliendo con una chica desde hace un año, que también forma parte del grupo de
amigos.
Varias veces antes de ese verano, al ir un poco bebidos en
alguna fiesta en su casa le tiraba un poco los trastos, puesto que el chaval me
pone burro a más no poder. A su novia no le molesta, ya que sabe que estamos en
confianza y que nada va a pasar. En alguna ocasión Luis se quedaba en ropa
interior y yo me quedaba embelesado contemplando el enorme bulto de ahí abajo.
De hecho, siempre esta presumiendo de su gran miembro, haciendo ostentación de
su paquete. Y claro, yo no puedo con él. Esa imagen del tío buenorro
heterosexual que se regodea delante de sus amigos gays me puede. Señoras pajas
me he hecho pensando en lo que puede haber ahí abajo.
Creo que más que ponerme él en sí me ponía su manera de
ostentar su enorme trozo de carne.
Pero no fue hasta el verano pasado cuando puede contemplarlo.
Uno de los días que íbamos a la playa, Luis se apuntó, aunque no tenía bañador
en casa, por lo que cogí uno de mi casa para prestárselo. Al llegar a la playa,
ni corto ni perezoso, Luis se quitó los pantalones y los gayumbos para poder
ponerse el bañador. Uno no es de piedra, y como es de suponer, me quedé mirando
el rabote que exhibía. Como ya se podía deducir de otras veces, pude comprobar
que no se quedaba corto con su pollote. Estaba flácido, y apenas lo pude ver 3
segundos, pero esa imagen me estuvo perturbando varios días. Ese trozaco de
carne bamboleándose ante mí para desaparecer entre mí bañador al instante. Por
cierto, bañador que aún tiene él…¡si es que no se le puede prestar nada!
El verano continuó, varios días más de playa, aunque sin
poder volver a ver su polla, ya que ahora tenía mí bañador y lo llevaba de casa
puesto. Por lo menos me conformaba con vislumbrar el bulto de su bañador.
Luis es muy abierto de mente, y siempre me cuenta sus
problemas o dudas sexuales con su novia actual u otros rollos de antes, además
de preguntarme a mí por mis relaciones con los hombres. Siempre dice que si
fuera gay se enrollaría conmigo, y eso me mata. Yo no me quedo corto y le sigo
el juego, pero no pasa de ahí. Simples palabras.
Un día vinieron unos cuantos amigos a mí casa a cenar y pasar
un rato bebiendo y jugando a lo que fuera. Mis padres estaban fuera unos días,
por lo que algunos de ellos se quedaban a dormir. A medianoche la novia de Luis
se enfadó por alguna chorrada y se piró a su casa. Estuvimos un rato charlando y
bebiendo, hasta que se hizo muy tarde. Algunos colegas se subieron a las
habitaciones a dormir.
Nos quedamos solos Luis y yo, jugando al Stratego. En un
momento le pregunté:
Oye tío, ¿qué ha pasado con Berta? Siempre estáis
igual macho.
Mira, ni me hables. Siempre se pone igual cuando bebo
un poco. Como ella no bebe pues le jode que yo lo haga. – Dijo Luis.
Bueno, como al final, siempre os acabáis
reconciliando. En el fondo no podéis vivir el uno sin el otro.
Que va tío, me la quiero un montón, y se que estoy
enamorado de ella. Pero es que tiene cosas que no me gustan. No me deja
espacio.
Si haces lo que quieres siempre, tío. Mejor que con
ella no podrás estar con nadie. Pero bueno, es una decisión tuya.
Si ya se que con ella la vida es muy fácil, pero es
que hace tiempo que nada de nada. Esta perpetuamente enfadada
conmigo....y claro de sexo ya ni te digo. Nada de nada. Hace como dos
semanas que nada…y yo necesito descargar.
Joder macho. Pero si dices que los días que no quedas
con Berta te la cascas…
Eso era antes. Ahora me contengo, para que no se
pique. Pero no sabes lo que me cuesta.
Pues nada tío. Sólo toca cascársela. – Dije en coña.
Ya, más te gustaría a ti, so maricón...que se que
estas deseando vérmela.
Bueno, ya sabes que si que me gustaría vértela…bueno,
y pajeártela y mamártela…
Yo con tal de descargar ya sabes que no tengo ningún
problema.
Pues venga, ya sabes si quieres sácatela y haz lo que
quieras, estas como en tu casa.
Sin cortarse un pelo, Luis se bajó los pantalones y se quitó
la camiseta, quedándose en slips. En esos momentos yo ya estaba bastante
cachondo viéndole el pedazo de bulto que se le marcaba. Era tan grande que bajo
el slip, la polla estaba ladeada hacia la derecha, llegando la punta hasta el
borde lateral del gayumbo.
Fue hacia un lado del comedor y cogió un pantalón corto de
pijama. Se quitó el slip, quedándose completamente en pelotas. Pero la visión
duró poco, puesto que se puso de seguida el pantalón.
Tío, menudo pollote. No me provoques que no me
contengo. – Dije sin dejar de mirar su pene dentro de ese minúsculo
pantalón, observándolo mientras se dirigía de nuevo al sofá.
Anda…anda, calla, que como me desaté te violo aquí
mismo. – Dijo tocándose el rabo por encima de la tela.
Ya sabes que no me molestaría.
No sabes cuanto daría por que Berta estuviera aquí
para chupármela, y no una nenaza como tú.
No se yo quien es más nenaza, no sabes lo que yo
triunfo, cabrón.
Ya…seguro. Con esa minipolla que debes tener todos
los tíos deben asustarse, pero en el mal sentido.
Ya....lo que tu digas…
Pues vamos a verla, tío listo.
En ese instante se levantó y de repente saltó al sofá donde
yo estaba, intentando quitarme los pantalones. Estábamos bastante contentillos
por el alcohol, y como el pantalón que llevaba era de pijama con goma elástica,
no le costó mucho sacármelo.
Yo me dejé hacer...iba bebido, pero sabía lo que me hacía. Y
creo que él también.
Mi bulto en el boxer era bastante pronunciado, debido a que
estaba cachondo como una perra.
Tío…estás todo empalmado…creo que no soy el único que
necesita un pajote. – Dijo Luis apartándose de mí.
No te jode el desgraciado. Me pones toda la polla en
la cara y quieres que me quede como una piedra?
Ya te digo que necesito descargar…así que en el fondo
no me importa que me la pajees tú. – Dijo Luis para mí sorpresa.
Um…joder macho…lo dices en serio? Y Berta?
¡No tiene por que enterarse!
Acto seguido se bajó el pantalocillo, dejando ver su
monstruo. Ese monstruo que estaba más crecido que hacia un minuto. Estaba medio
morcillona.
Luis se estiró completamente en el sofá.
¡Va! A que esperas!? – Dijo Luis tocándose de nuevo
la polla. – ¡Es toda tuya!
No me lo podía creer, tenía aquella cosa ante mí. Un trozo de
carne que sabía que medía 21 cm, ya que siempre presumía de pollote. Me situé
justo al lado suyo, en el suelo. Cogí su polla y empecé a pajearla. No estaba
del todo dura…y el prepucio no se le bajaba del todo…por lo que me daba miedo
hacerle daño.
Luis, al ver que estaba un poco cohibido se ensalivó la mano
y se la refregó por la punta.
Ahora ya puedes…venga coño-…sin miedo…
Su cipote estaba ya en todo su esplendor. Una cabeza bastante
grande y brillante, y el resto de la polla grande y gorda. Era como un sueño
hecho realidad.
Empecé con un vaivén de muñeca, mientras veía a Luis con los
ojos cerrados y bastante cachondo. La posición en la que estaba era bastante
incómoda, por lo que me subí al sofá, situándome entre sus piernas. Unas piernas
peludas, al igual que sus huevos. Desde ahí tenía una visión mucho más completa
de su mástil.
Luis se levantó un poco, y con su mano cogió mi cabeza,
inclinándola hacia delante. Era lo que esperaba…
Me recliné de rodillas, situando mí cara justo delante de su
polla. Cogí el vergote con una mano y sin miramientos me la metí toda. Bueno, lo
que pude, que creo que no era ni la mitad. Su sabor era estupendo. No sabía no a
rosas ni a gloria, tenía un olor a hombre, a macho…me encantaba…y me ponía aún
más palote de lo que podía estar ya.
Por momentos, dejaba de mamar y bajaba mi lengua por todo el
tronco, hasta llegar a meterme sus huevos en mí boca...
Joder Sergio, ¡lo haces mejor que la puta de Berta! –
Dijo Luis entre jadeos.
No estuvimos así ni 5 minutos cuando me apartó bruscamente.
No me quiero correr aún.
Me cogió por la cintura, levantándome del sofá y bajándome el
boxer, dejando mi polla al descubierto.
Bueno tío, tampoco la tienes tan mal. Es gorda…y eso
es lo que mola, ¿Verdad?
16 cm no es que sea gran cosa…pero es lo que hay.
Agarrándome por el culo me empujó suavemente contra el sofá
de enfrente, dejándole todo mi culo a su vista.
Ahora vas a ver lo que es bueno, ¡perra!
Con un dedo intentó dilatarme el ano, pero no pudo, se notaba
que no tenía mucha experiencia en petar culos. Directamente puso la punta de su
polla en mi ano. Me temía que eso iba a doler mucho, por lo que agarré un cogín
y me lo puse en la cara, para amortiguar los gritos, no fuera a ser que se
despertara alguien del piso de arriba.
Su polla no estaba del todo dura, por lo que se la empezó a
pajear un poco. Intentó de nuevo que entrara, pero sin éxito.
Luis se desesperaba y yo no quería perder la oportunidad de
tener a ese pedazo de tio dentro de mí, por lo que me dilaté yo mismo el ano con
un par de dedos y saliva. Luis se dispuso a meterla. Eso dolía mucho…joder si
dolía…pero tenía que aguantar. Consiguió meter el ancho glande…ahogando mis
gritos como podía. El resto de la verga pasó con más facilidad.
Era una postura un poco incómoda, pero me sentía tan bien
siendo cabalgado por ese jinete con su enorme montura que poco importaba que me
estuviera clavando en la barriga todo el brazo del sofá. Al principio, el
movimiento de penetración era bastante torpe, pero al pillar velocidad el placer
era de los dos.
Luis agarró mi culo con las dos manos y empezó a meterla y
sacarla con más fuerza. El dolor que sentía pasó a ser éxtasis. Notaba sus
pelotas golpeando las mías, era una sensación incomparable. Yo estaba a punto de
correrme sin apenas tocarme, pero en ese momento Luis empezó a ir más y más
rápido en su movimiento, hasta que empezó a jadear como un animal. Noté como
toda su leche inundaba mi interior. Se recostó sobre mí, dejándose caer
exhausto. Al bajársele la polla, se apartó para sacarla de mi culo. Fue una
sensación increíble, notar como ese largo cilindro iba saliendo poco a poco de
mi interior. Todo el semen y la sangre empezaron a salir, recorriendo mis
piernas.
Luis se estiró en el sofá. Yo mientras me pajee mirándole.
Esa polla peluda y flácida, que justo había estado partiéndome en dos fue todo
lo que necesite para correrme como nunca antes lo había hecho.
Luis se quedó sobado en esa posición. Desnudo boca arriba en
el sofá. Yo mientras me duché y seguidamente le tapé para que nadie le viera en
esas condiciones.
Siempre será el polvo de mi vida…aunque él no quiera hablar
de ello. Difícil será superarlo
.