Hola a todos, me llamo Eduardo, tengo 21 años y vivo en
Madrid. Actualmente estoy estudiando una carrera de Letras, me considero una
persona normal que hace las mismas cosas que la gente de mi edad, me gusta salir
de fiesta, estar con los amigos, el fútbol, las consolas etc. Lo que os voy a
relatar ahora sucedió el mes de agosto del año pasado.
Por culpa de la puta carrera me tuve que quedar en verano en
Madrid estudiando para los exámenes que me esperaban en septiembre, mis padres
se fueron de vacaciones y yo me quedé amargado en casa, supuestamente para
estudiar. Por suerte dos de mis amigos estaban mi misma situación, por lo que se
presentaba un mes de salidas nocturnas la mayoría de los días. Ninguno de los
tres teníamos novia, yo había roto con una chica hace un año por lo que
llevaba todo ese tiempo en el dique seco, recurriendo a esa inagotable fuente de
porno que es Internet. No es que me disgustara, pero suele decirse que cuanto
más follas más hechas de menos pajearte y viceversa, así que esperaba mojar
durante este mes, al igual que mis amigos, y dejar de meneármela frente a la
pantalla del ordenador. No voy a presumir y decir que somos unos ligones y unos
conquistadores, somos como el resto de los chicos de nuestra edad que follan
cuando pueden, es decir, poco, o menos de lo que nos gustaría.
Un viernes de principios del mes de agosto quedé con mis
amigos, Mario y Santiago, en un local del barrio de Argüelles que tristemente
cerraron hace poco. Como el calor era insoportable quedamos tarde para no
asarnos por las calles de Madrid. No pertenecemos a ninguna clase urbana y
solemos ir a sitios en los que pongan música de pachangeo (comercial, vamos).
Entramos y la verdad es que la cosa estaba un poco muerta, no había mucho aforo
supongo que porque la mayoría de la gente estaba de vacaciones. Nos acercamos a
la barra y pedimos nuestras bebidas. Echamos un vistazo alrededor para ver el
ganado, a mi izquierda tenía un grupo de pijas que no estaban mal, a mi derecha
tres chicos con tres pibones, seguramente eran sus novias así que pasamos, había
otras chicas en la barra acosadas por babosos. Justo detrás de nosotros entraron
dos bakalas con aire de comerse el mundo. Estábamos hablando de nuestras cosas
cuando Mario decidió atacar y acercarse a una chica que estaba al otro lado del
local fumando. Cogió la copa mientras Santiago y yo nos poníamos cómodos para
disfrutar de la jugada y nos reíamos. Mario llegó y se sentó a su lado, la chica
le miró, saltó como un muelle y se fue a otro asiento.
Nos descojonamos de la risa al ver el ridículo que había
hecho, pero ligar es lo que tiene, muchas decepciones y algún éxito de vez en
cuando. Santiago no se decidía por ninguna y yo tampoco, todavía no era tarde
así que esperábamos a ver que venía más adelante. Empezamos a beber y ya
estábamos un poco cocidos, el garito no se animaba y estaba aburrido, parecía
que iba a ser otra noche que termina en paja a las siete de la mañana viendo un
vídeo porno en mi ordenador. En eso estábamos cuando se abrió la puerta y entró
un grupo de chicas. Nos quedamos expectantes, la mayoría eran pijas pero lo que
más nos sorprendió fue que entraron dos góticas, algo inaudito en un local como
ese. Una de ellas era bajita y gorda, pero la otra apuntaba maneras, era una
pena que estuviéramos tan lejos de la entrada porque no la podía ver bien. Las
seguimos con la mirada y vimos con alegría que iban a ponerse a nuestro lado.
Nos miramos diciendo esta es la nuestra.
Llegaron y pude fijarme más en la gótica, tenía ojos
verdes, pelo negro y largo, en su cuello llevaba un collar de pinchos, tenía los
labios pintados con pintalabios rosa, así como una sombra de ojos muy oscura,
pero sin duda la palma se la llevaba el ajustado corsé que llevaba. Era rojo y
provocaba que su cintura y sus tetas quedaran ceñidísimas, por cierto parecían
de un tamaño muy considerable. Llevaba también un pantalón de vinilo aunque no
pude apreciar su culo, tenía un piercing en la nariz y otro en la boca. Joder
con la niña.

Se situaron de espaldas a nosotros y pidieron sus copas. Puse
la oreja y parecía que estaban celebrando el cumpleaños de una de ellas, la
verdad es que formaban un grupo bastante heterogéneo, por un lado las típicas
pijas madrileñas y por otro dos góticas que rara vez se aventuran en locales
como ese. No habían pasado desapercibidas para los otros chicos del bar, vimos
que los bakalas se daban codazos entre ellos y por el fondo el local también se
levantaban algunas cabezas para observar el grupo que acababa de entrar, habría
que jugar deprisa.
Nos miramos entre nosotros pero nadie se decidía a atacar,
estábamos un poco cortados. Al parecer los bakalas no tenían tantas dudas
porque se acercaron al grupo de chicas, uno con la cumpleañera y el otro fue
directamente a por la gótica. Nada más aparecer los malotes ellas se quedaron
calladas poniendo cara de circunstancias.
-Que pasa chavalas que tal estamos.
A eso se le llama empezar bien.
-Me llamo Cristian ¿y vosotras?-dijo su amigo.
-Mira estamos celebrando mi cumpleaños así que no queremos
nada con vosotros.
-Bueno bueno que humos, camarero un cubata para todas que
invito yo.
-Mira que os larguéis además no sois nuestro tipo.
Aquello cabreó a los bakalas.
-Que pasa que vas así vestida y ahora te haces la estrecha-
le soltó uno a la gótica, se notaba que habían bebido unas copas de más.
La situación se caldeaba por momentos.
-Mira gilipollas vete a Parla y déjanos en paz.
Nosotros nos miramos, dos camareros también estaban mirando
con el rabillo del ojo por si la cosa se desbordaba.
-Venga que pasa que os molan las tías o que.
-Lo que no nos molan son los horteras de mierda.
-Con esto la debes chupar de campeonato zorrita- y le tocó el
piercing del labio a la gótica.
Aquello fue la gota que colmó el vaso, ella le empujó hacia
nosotros con tan mala fortuna que el bakala tropezó con mi pierna y, tras
tambalearse durante unos metros, se cayó de culo. La verdad es que fue bastante
gracioso y ridículo, y provocó las risas del grupo de chicas, pero yo estaba
acojonado pues esta gente se lía a hostias a la primera de cambio.
-¿Pero qué haces colega?
Se levantó de un salto y se dirigió hacia mí a toda
velocidad.
Por suerte los camareros del local tuvieron reflejos y le
pudieron parar, su otro amigo se lanzó hacia mí pero la gótica le puso otra
zancadilla y se dio un hostión contra un taburete. Mis amigos les sujetaron y
con la ayuda de los del bar les echaron no sin antes amenazarme con rajarme,
matar a toda mi familia, cortarme los huevos y todo eso.
Respiré aliviado pues había estado a punto de vivir una pelea
con esos matones de gimnasio. Ellas se acercaron a nosotros y nos dieron las
gracias, la verdad es que mi zancadilla había sido totalmente involuntaria,
tenía la pierna estirada y el bakala tropezó con ella, mi intención no había
sido la de hacerle caer. Como es lógico no dije nada pues no iba a perder la
oportunidad de hablar con esas chicas.
Nos fuimos presentando uno a uno, nos dimos besos, la última
era la gótica.
-Hola soy Eduardo.
-Hola, yo me llamo Adriana, gracias por salvarme de esos
gilipollas.
Si supiera que no lo había hecho aposta...
-Nada, no te preocupes, me dio por hacerme el héroe, pero no
te acostumbres que no lo suelo hacer muy a menudo.
Ella se rió, habíamos empezado bien.
-¿Te puedo invitar a una copa?
-No me gusta que me inviten pero en tu caso haré una
excepción.
Empezamos a hablar, según me dijo tenía 18 años, iba al
instituto y había entrado en este local porque su amiga pija cumplía años, ella
solía ir a antros góticos.
Mis colegas estaban hablando con el grupo de amigas de la
gótica, en cambio ella se había empeñado en hablar sólo conmigo, miré y Mario y
Santiago me sonrieron con malicia, no es que me acojone hablar con mujeres pero
esa chica me imponía y estaba un poco nervioso. Para mí era completamente
distinta a todas las chicas que había conocido, la forma en que se vestía y el
maquillaje que llevaba me resultaba muy morboso y original, la vista se me
perdía en su corsé. Decidí beber más para estar un poco más suelto. Por suerte
había escuchado algo de música gótica, lo que a ella le sorprendió y hablamos de
eso un rato, estábamos los dos un poco cocidos pero seguíamos charlando, ella
acercó el taburete hacia mí, estábamos a unos pocos centímetros. Yo
decidí atacar y le cogí una mano para ver como reaccionaba, no pareció poner
ninguna pega. Se la observé y estaba llena de anillos, sus largas uñas estaban
pintadas de negro, no sé por qué pero me excitó mucho. Ella se acercó más
todavía, estábamos casi pegados, los dos bastante bebidos pero conscientes de lo
que estábamos haciendo.
Casi sin dame cuenta nos besamos, estábamos tan cerca y tan
calientes que fue inevitable. Rocé mis labios con los suyos, eran muy gruesos y
suaves, ella empezó fuerte y me metió la lengua, yo hice lo mismo y nos
morreamos, el tacto de su piercing me puso como una moto, noté como mi polla
ganaba tamaño. Nos enrollamos durante bastante tiempo, seguro que estábamos
dando el cante porque estábamos en la barra y morreándonos con lascivia, la
verdad es que la chica besaba muy bien. Abrí los ojos y vi a mis amigos
flipando, seguro que estaban muertos de envidia. Seguí a lo mío, el beso se
estaba haciendo más y más apasionado, notaba su respiración acelerada. Me di
cuenta de que ella palpaba mi bragueta, mi rabo estaba duro como una piedra, me
dolía un poco porque llevaba unos vaqueros ajustados y mi polla quería salir a
toda costa. Intercambiamos fluidos sin importarnos lo que la gente opinara, pero
estaba claro que la situación estaba a punto de desbordarse y no era plan de
ponernos a follar ahí delante de todo el mundo.

-Ven a mi casa-dije sin dudarlo y cogiendo aire tras el
morreo.
-Vale, donde vives.
La verdad es que vivía en el otro extremo de la ciudad, pero
tuve una idea.
-Espera un momento.
Me fui donde mis amigos.
-Menudo campeón.
-Que hijo puta estás hecho.
-Mario necesito que me dejes las llaves de tu casa, sabes que
yo haría lo mismo por ti, pero es que tú vives cerca y yo a tomar por culo- él
vivía a tres minutos del bar y en un apartamento para él sólo.
Mis amigos se despollaron.
-Joder que ganas tienes, pero porque no habláis un poco, la
juventud de ahora solo piensa en follar y follar.
-Adonde vamos a parar.
Me estaban tocando los cojones sus bromitas.
Mario sacó las llaves, cuando fui a cogerlas las escondió
rápidamente.
-Me debes una, que te vaya bien- al final me las dio.
-Muchas gracias tío.
Volví donde estaba ella, se había puesto de pie y me esperaba
para salir. La agarré de la mano y salimos del local. Nos encontramos en la
calle desierta de Madrid una noche de viernes a las tres de la madrugada, ambos
sabíamos lo que íbamos a hacer y la tensión sexual era máxima. A mucha velocidad
la guié hasta casa de mi amigo, cuando tras unos metros noté que se había
quedado parada.
-Eduardo- me dijo mientras señalaba a una farmacia de
guardia.
Es cierto, tenía que comprar los preservativos, menos mal que
se había dado cuenta. Me acerqué y pedí una caja, pagué y la farmacéutica me los
entregó con cara burlona.
Por fin llegamos a la casa de Mario, cuando saqué las llaves
de mi bolsillo para abrir la puerta del portal me di cuenta de que me temblaban
las manos ante la excitación de hacer el amor con ese pibón. Nos metimos en el
ascensor y ella me dio otro morreo, esta vez puso su pierna por detrás de mi
culo, yo me volvía loco con su piercing. Llegamos al piso de mi amigo y abrí la
puerta.
No sabía si hacer el paripé de ofrecerla una copa y hablar un
rato antes de follar pero ella parecía muy excitada así que buscamos la
habitación. Entramos y vimos que la cama de Mario por no tener no tenía ni
sábanas, estaba sólo el colchón y un cojín, pero era más que suficiente para lo
que íbamos a hacer. Nos quedamos parados y estuvimos mirándonos unos segundos,
tanteándonos, observándonos, nuestra respiración era acelerada y se oía en el
silencio de la sucia casa en la que estábamos. El calor era sofocante.
Cogí el toro por los cuernos y me acerqué a ella, hizo ademán
de quitarse el cinturón pero yo la detuve, quería desnudarla yo solito. Le quité
el collar de pinchos que llevaba, para evitar accidentes, y empecé por arriba,
estaba excitadísimo ante la idea de desprenderla del corsé, una prenda que hoy
en día se ve tan poco. Me di la vuelta para quitárselo, pensé que tendría
cremallera pero no, había que desabrocharlo. Me tomé mi tiempo mientras le
besaba el piercing que tenía en la oreja, ella estaba respirando a un ritmo
acelerado. Era un trabajo de chinos quitar eso, mientras le separaba los nudos
iba viendo poco a poco su espalda, cubierta de tatuajes...madre mía. Finalmente
le desabroché el corsé y liberé sus apretadas tetas que saltaron como movidas
por un resorte, estaba desnuda de cintura para arriba. Me giré para verlas y
comprobé que eran de buen tamaño, mínimo 95. Sus pezones estaban erectísimos
y apuntaban al techo de la habitación.
A continuación pasé a sus pantalones, eran de vinilo y esta
vez sí tenían una cremallera, le estaban tan ajustados que me tuvo que ayudar a
quitárselos, también le quité las botas. Llevaba unas bragas negras muy sexys,
se las bajé con muy lentamente con los dientes y fue quedando ante mi vista un
coñito depilado, sólo se había dejado una fina raya de pelo que subía desde la
raja. Lo toqué y mis dedos se mojaron, estaba cachondísima y un poco de su flujo
bajaba por sus largas piernas.
Mi turno había acabado, ya estaba desnuda y ahora le tocaba a
ella. Me quitó, o más bien debería decir me arrancó, la camiseta. Me quitó
también el cinturón y con cara de niña mala me lo puso alrededor del cuello como
si me fuera a asfixiar, en unos segundos me desnudó y quedamos allí en pelotas y
excitados en el centro de la habitación. Me puso las manos en los hombros y me
sentó en el colchón, se puso de rodillas, mi polla estaba que no podía más.
Pensé que me la iba a chupar pero en vez de ello agarró con
fuerza mi palpitante rabo y empezó a hacerme una paja. Por sorprendente que
parezca lo hacía con mucha destreza, manejando los tiempos, durante unos
segundos me la pelaba muy rápido y luego paraba y lo hacía muy lentamente, no
sabía si podría aguantar mucho tiempo, estaba jadeando por el calor y la
calentura. Mientras me masturbaba yo veía su espalda y su duro culo, me excitó
especialmente un tatuaje que llevaba en el centro de la espalda y que
representaba una especie de pájaro. Con la mano derecha siguió pajeándome pero
acercó su boca y con su lengua comenzó a chuparme la punta de la polla. Su
piercing hacía milagros, fue la sensación más excitante que he tenido en mi
vida, sentir esa bolita recorriendo mi glande fue la gota que colmó el vaso,
noté como mi lefa avanzaba en mi polla, cerré los ojos, agarré el colchón y me
corrí como un loco en su boca y en su cara, disparé cuatro o cinco chorros de
lefa a gran velocidad entre jadeos y resoplidos.
-Perdona, no lo he podido evitar.
-No te preocupes- dijo mientras se tragaba una parte del
semen y se limpiaba el resto.
La agarré y la tumbé en la cama, ahora me tocaba a mí. Le
abrí las piernas y vi su chochito depilado, metí un dedo y lo saqué empapado,
metí dos y hasta tres, estaba caliente y mojado, sus flujos se quedaban colgados
como una liana entre su coño y mis dedos cada vez que los sacaba. Estábamos
dejando perdido el colchón. Observé como su pecho se movía hacia arriba y hacia
abajo muy rápidamente, señal de su excitación, procedí a meter mi cara en sus
tetas y fui bajando por su tripa hasta su coño, que lamí con dedicación, a lo
que contestó con unos gemidos tremendos, yo seguí lamiendo su chorreante rajita
y ella respondía estirando y arqueando su cuerpo, fue sólo cuestión de tiempo
que se corriera entre grandes espasmos y un chorro de su flujo me inundara la
cara.
Me limpié el rostro y me tumbé a su lado, ella se tapaba la
cara con las manos mientras trataba de recuperarse, yo jugueteé con el
piercing de su pezón. Tras unos segundos de descanso logré que entrara en calor
de nuevo para el asalto final.

Se levantó y fue a por la caja de condones, rompió la
envoltura de uno, lo sacó y volvió al colchón. Ante mi sorpresa vi como se metía
el condón en la boca en la dirección contraria en la que se suele meter en la
polla. Sujetó el borde del preservativo con los dientes y tiró de la lengua
hacia atrás. Tenía el condón ajustado en su lengua y se inclinó sobre mi polla.
Me la agarró y comenzó a introducir el condón en mi miembro con la boca, notaba
como lo iba ajustando con la lengua, suavemente. Cuando llegó a la base de mi
pene sacó su boca lentamente y comprobé como me había colocado el preservativo
con la boca perfectamente, esa chica era la hostia.
A continuación me agarró el mástil con la mano y se lo fue
introduciendo poco a poco en su coño, montándome y provocando unos gemidos
inmediatos. Una vez que se metió todo comenzó la cabalgada a toda velocidad, yo
me volvía loco viendo sus tetas botar y ella cerraba los ojos y apoyaba sus
manos sobre mi pecho. El polvo ganó velocidad y las penetraciones se fueron
haciendo cada vez más profundas, los dos empezamos a gritar y a sudar a medida
que pasaban los minutos, el calor de la habitación era tremendo y los muelles
del colchón no paraban de crujir, nos debían de estar oyendo todos los vecinos.
Sin dejar de penetrarla levanté mi torso para cambiar de postura, ella
aprisionaba mi polla en su cueva y no la dejaba salir, abrió sus piernas, yo
puse su pierna derecha sobre mi hombro y la penetré con más dureza todavía,
sentía como mis huevos chocaban contra la entrada de su coño en cada
penetración, ella estrechaba su vagina cada vez que recibía una de mis
embestidas para intentar aprisionar mi rabo dentro de ella y que no saliera.
Llevábamos un buen rato follando pero deseaba que ese momento no terminara
nunca, ella y yo solos en ese cuartucho follando como locos, no me lo podía
creer, nunca había echado un polvo tan intenso. Me agarró la cintura con sus
manos y sus gritos hicieron temblar toda la casa, iba a tener un orgasmo en
breve y yo también estaba a punto de correrme, esperamos unos segundos más y
explotamos, gritamos de rabia, de pasión, yo me corrí dentro de ella y no paré
de lanzar chorros uno detrás de otro, ella se llevó los dedos a la boca mientras
derramaba sus flujos por todo el colchón. Nos quedamos dormidos con nuestros
cuerpos entrelazados, exhaustos, agotados.
Cuando me desperté ya era de día, vi que ella se había
levantado y estaba vistiéndose, volví a admirar ese cuerpo que había sido mío
durante toda la noche mientras se ponía la ropa. Me levanté y nos besamos, me
dio las gracias por la noche que la había hecho pasar. Estaba claro que había
sido un rollo de unas horas así que no intercambiamos nuestros números de
teléfono. La acompañé hasta la puerta y nos despedimos. Yo volví a la cama y
traté de asumir lo que había vivido.
