RAVER

Se subió al vagón con la arrogancia de los jóvenes de hoy en
dia, esos que sin haber cumplido aún los veinte años ven el mundo dividido en
dos partes, aquellos que tienen menos de su edad y que son por lo tanto unos
niñatos y aquellos que les superan en años, respetables en algunos casos, pero
inevitablemente demasiado viejos y quemados como para fiarse de ellos en un
momento dado o ser uno más en su pandilla de amigos.
Tambaleándose llegó hasta la última fila de asientos y tras
echar una ojeada y comprobar que nadie más se había subido todavía se dejo caer
sobre el más cercano a la ventana del tren, casi al borde de la semi
inconciencia. Fijándose a continuación en los tubos fluorescentes del techo,
situados detrás de una rejilla de plástico para hacer más difícil que gamberros
como él los robasen, de pronto le pareció oir cientos de voces, perfectamente
identificables todas y cada una de ellas, pertenecientes a cientos de hombres
que estaban atrapados allí, detrás de ella, la maldita rejilla blanca
cuadriculada, asfixiados por el calor que emitían los tubos, deseando salir,
huir, volver a ser libres.
Por supuesto que no les prestó ninguna atención.
Dejando caer la cabeza hacia atrás, al notar el frio metálico
de la parte superior de su asiento en la nuca, sintió como si alguien le clavara
una enorme aguja en el cuello y a continuación comenzara a inyectarle una
sustancia amarillenta que afortunadamente eso si, le hacía sentirse mejor, más
descansado, con sus energías totalmente repuestas, con fuerzas aún de poder
continuar de fiesta unas cuantas horas más y cerró definitivamente los ojos una
vez que notó que el tren se había puesto por fin en movimiento. Era hora de
descansar. Ya tocaba. La sensación que tuvo una vez que este cogió velocidad fué
que iba en realidad mucho más deprisa que lo habitual y por un túnel muy oscuro,
no bordeando la costa, a esa hora en que ya estaba a punto de amanecer.
Podían ser doscientos kilómetros la hora o incluso más,
trescientos, y era completamente imposible distinguir algo al otro lado de su
ventana. Todo era profundamente negro. No se oía ruido alguno. De seguir
avanzando a esa velocidad sería inevitable que acabasen estrellándose dijó en
voz baja.
De repente le pareció distinguir a lo lejos un rumor de
música y risas, de gente gritando y por eso abrió los ojos y aunque el tren pasó
a toda velocidad, a él si que le dió tiempo de fijarse durante esos pocos
segundos en muchos detalles de esa discoteca subterránea que de pronto en la
oscuridad del túnel sin saber cómo había aparecido. Recordó asustado aún por
aquella sorpresa inesperada, una vez ya de vuelta a la oscuridad, sus
plataformas bajo una luz azulada y roja, a unas chicas bailando sobre ella
prácticamente desnudas, a la gente a su alrededor suplicando por un centímetro
más de su carne a la vista, pero pasada la sorpresa inicial no lo pudo evitar,
volvió de nuevo a quedarse dormido acurrucado en su asiento y a despertarse
bruscamente también, poco después, al volver a oir más gritos de gente, más
música.
No se lo podía creer.
Otra discoteca subterránea, de la que él no había oído hablar
jamás y esta parecía mucho más grande que la anterior.
El tren redujo de pronto su velocidad. Casi como si fuera a
detenerse alli.
Decorada en color metal y con las luces de un solo color,
blanco, encendiéndose y apagándose tan rápidamente que parecía casi de dia allá
dentro, la gente parecía estar al límite, a punto de explotar. Todo el mundo
era, o actuaba alli dentro como si fuera un gogo contratado para animar la
noche, por eso no se podía ir ya más allá, todos estaban al máximo y sin saber
porque, curiosamente, mientras el tren pasaba justo al lado de una enorme luz
blanca que por si sola podía iluminar el local entero, a Raver de pronto le dio
por pensar en llevar una vida diferente a la que llevaba, dejar las drogas,
pedir una nueva oportunidad a Celia, su novia de toda la vida. Era una mierda la
vida, desde luego.
La oscuridad comenzó poco a poco ,de nuevo, a adueñarse del
vagón una vez que dejaron atrás aquel sitio que tan nervioso le había puesto.
Aunque duró poco. Una imagen de una chica en ropa interior roja, con las tetas
enormes y unas piernas perfectas apareció de pronto desde las profundidades de
aquel túnel. Y a esta le siguió poco después la de otra chica, rubia esta vez y
saliendo de una piscina a varios metros bajo tierra, desnudándose ante él poco a
poco. Ambas segundos después le esperaban en una cama totalmente desnudas pero
Raver se sentía tan débil que casi ni podía respirar. Levantarse de aquel
asiento, parar el tren e ir hacia ellas hubiera sido desde luego ,y en su
estado, algo totalmente imposible de hacer, irrealizable por completo.
El tren atravesaba a toda velocidad una enorme estepa nevada
cuando Raver volvió de nuevo a la semi inconsciencia. Afuera hacia viento y los
copos de nieve se estrellaban en gran número contra el cristal de su ventana.
Toda la excitación había desaparecido, de pronto se sentía enormemente relajado,
muy tranquilo pese a estar totalmente desorientado, obviamente muy lejos de su
casa. Quizás se habría dormido, no mucho desde luego, tres cuatro minutos como
máximo. A lo lejos se distinguían agrupadas pequeñas luces de color amarillo, un
pequeño pueblo cerca de las vias del tren pensó. Ese era el único signo de vida
que podía distinguir desde su asiento. Los árboles situados al lado de las vias
parecían estar muertos , sepultados bajo kilos de nieve,las carreteras
completamente abandonadas, los edificios que podía ver con claridad, siempre, en
un estado ruinoso, a punto de venirse abajo.
Un sonido familiar hizo acto de aparición de repente. Era y
traía consigo...........¡Dios mio la realidad de nuevo! .
Por eso al abrir los ojos, asustado, se encontró con la
imitación de piel que rodeaba su capucha, el techo amarillento del tren, y
torciendo la cabeza, el mar enfurecido y los primeros rayos de sol cayendo sobre
el agua.
Abriendo su teléfono móvil contestó de mala gana a la llamada
que le había devuelto a la gente normal de camino al trabajo un domingo, a su
desesperada situación escolar todavía, pese a ser repetidor, a su condición de
abandonado por Celia por vivir como él vivía.
Ah eres tú, ¿qué coño quieres?
(Nada, me apetecía oir tu voz, me la estoy cascando
pensando en ti ¿sabes?)
- Buff...estas fatal tio
(Ya no me da vergüenza nada tio, me pones a cien, me
encantaría descubrir eso que escondes bajo el chándal)
A mi no me molan nada los tios lo sabes, simplemente
te di mi móvil porque te la puedo pasar más barata que tu amigo, para
ese panoli con él que vas, si es verdad que tu no tomas nada.
(Te quitaría el slip con la boca antes de chupártela)
-No te dejaría neng, te partiría la cara
(Eso me gustaría aun más)
-¿Te molaría que te pegara?
(Si, ¿Me mandas una foto de tu polla por el móvil?)
-Estás enfermo
(Me encantaría que no me dejaras hacer nada porque yo
volvería a la carga una y otra vez para volver a intentarlo y cada vez sería
más excitante, seguro que tendrías la polla a tope al final)
-Si te mando una foto de mi polla, ¿Te haces una paja con
ella con el móvil encendido para que yo pueda oirte?
(Claro, eso es lo que más deseo)
-¿En serio?, ¿No te da corte que nos volvamos a ver?
(Ya te he dicho que he perdido toda la vergüenza, me da
igual)
-Vale.......................
(¿Sigues ahí? ...Eo)
-Si.........espera, que me estoy levantando. Me la has
puesto muy dura sabes. Pillo el baño del vagón y empezamos vale. Voy a
matarte a hostias. No vas a conseguirme tocar ni un pelo.