Por fin nos íbamos de vacaciones. Después de muchos intentos
fallidos, de muchos planes frustrados por el trabajo, la falta de dinero o los
compromisos, Sara y yo estábamos a punto de subir al avión. Destino: Europa del
Este. Hungría y República Checa, aunque por nuestra cuenta. No nos gustaban
demasiado los viajes organizados y, salvo el hotel, para lo demás preferíamos un
poco de independencia e improvisación. Pese a mis protestas, Sara se llevó la
cámara de vídeo y su ordenador portátil. Ya sé que puede parecer raro tratándose
de un viaje, pero mi chica es periodista y una cámara de vídeo o de fotos cerca
significa que no descarta la posibilidad de encontrar una buena imagen o un
reportaje jugoso para traerse de vuelta al periódico. Sus promesas no me
convencieron mucho, la verdad, pero cuando dejó caer que quizás esa cámara
sirviera para grabarnos a los dos en la cama del hotel no protesté más: sabía
que era una de mis fantasías preferidas, y hasta ahora nunca había podido
realizarla.
El vuelo no fue muy largo, así que llegamos dispuestos a
dejas las cosas y salir a dar una vuelta por Budapest esa misma noche. Las ganas
se nos quitaron un poco al ver la zona en la que estábamos. La verdad es que el
folleto no mentía: era incomparable. No creo que hubiera otro lugar en la ciudad
con más putas, mendigos y gente trapicheando…Pero bueno, no habíamos ido hasta
allí para quedarnos en la habitación…o no sólo para eso. Además, tampoco es que
el sitio fuera demasiado acogedor, la verdad. Un edificio destartalado, con unas
capas de pintura y muchas luces para despistar un poco de lo viejo que estaba.
Sara me preguntó si sería seguro llevar la cámara…y después de pensarlo un poco
le dije que sí, porque la puerta de la habitación tenía pinta de abrirse con un
soplido, así que por lo menos si la llevábamos sabríamos donde estaba. El
ordenador se quedaría, claro, y me resigné a llegar cualquier día y que no
estuviera. Nos duchamos –con el agua tirando a bastante fría y con un chorro
titubeante-, nos cambiamos y salimos. La segunda impresión fue mucho mejor. Las
tiendas estaban cerradas, pero había mucha animación en la calle. Garitos de
comida, puestos callejeros… Desde luego que no era un barrio de lujo, pero la
gente parecía ir a lo suyo, sin meterse con nadie. Eso sí, según avanzábamos,
desde los portales o apoyados en el capó de los coches, chicas y chicos nos
hacían gestos para llamar nuestra atención y que fuésemos con ellos. Siempre te
lo dicen antes de ir, pero la verdad es que nos impactó mucho. Sobre todo lo
jóvenes que parecían, apenas críos, pero eso sí, con una belleza que tenía algo
de hipnótico…y unos cuerpos impresionantes. Debía ser verdad eso que dicen de
que es la Meca del porno. Sara al principio me reñía en broma y me decía que no
fuera tan descarado, que estaba ella delante, pero al poco tuvo que reconocer
que a ella también se le iban los ojos detrás de los tipazos masculinos con los
que nos cruzamos. Eso sí, hay que decir que también ella tuvo mucho éxito. No
era tan alta ni tan espectacular como aquellas chicas, ni tenía ese aspecto de
muñequita de porcelana, pero sí una cara preciosa, con unos grandes y vivos ojos
verdes y labios carnosos, una media melenita rojiza que le cae sobre los hombros
y unas piernas muy bien proporcionadas. Además, el vestido negro que se había
puesto, corto, ceñido en la cintura y con vuelo era como para mirarla.
Estuvimos dando una vuelta por las callecitas del centro, que
nos pareció una preciosidad, con ese aire como de cuento que a pesar del turismo
y el paso del tiempo han conseguido mantener estas ciudades. Como estábamos algo
cansados y a pesar de todo no queríamos volver al hotel demasiado tarde, sobre
las diez y media nos metimos a cenar en un kebab que estaba justo enfrente. No
había nadie, aparte del camarero y el cocinero, y un par de chicos hablando con
ellos. Pedimos y nos sentamos en la mesa que estaba junto a la ventana. Desde
allí se veía la puerta del hotel…y al menos a una docena de los chicos con los
que nos habíamos cruzado antes. Mientras esperábamos la comida hicimos repaso
del día y, al final, volvimos a comentar el tema. Estábamos en esas cuando se
acercó el camarero con nuestros platos. Los dejó sobre la mesa y entonces, para
nuestra sorpresa, dijo en perfecto español:
-Qué, ¿son guapos eh?—
-¿Hablas español?—, le dijo Sara.
La cara de sorpresa que pusimos debió ser enorme, porque
volvió a hablar y se disculpó:
-Perdonad, es que he oído lo que hablabais y me ha hecho
gracia porque a mí me pasó exactamente lo mismo al principio de estar aquí—.
Cogió una silla, se sentó y nos explicó. Se llamaba Karim,
era turco y había estado algún tiempo como guía y como bailarín en un
espectáculo para turistas en Estambul. Por eso sabía español. Bueno, por eso y
porque –aseguró entre risas— una cincuentona rica de Barcelona lo había tenido
"secuestrado" durante quince días en su hotel como guía privado. "Tenía que
distraerla hablando, porque si no me hubiera dejado seco", dijo, guiñando un
ojo. Luego lo había dejado y se había venido con su primo –el cocinero— para
abrir el restaurante aquí.
Era muy simpático y bastante guapo. Aunque hablaba con los
dos, se notaba que estaba mucho más interesado en Sara, a la que aprovechaba
cualquier excusa para cogerle la mano, echarle un piropo, guiñarle un ojo…Y a
juzgar por las miradas y las sonrisas que le dedicaba Sara, el gusto era mutuo,
porque ella por lo general es bastante cortante con la gente que se acerca mucho
y te toca constantemente al hablar, y esta vez no dijo nada, más bien al
contrario, le seguía la conversación muy animada.
Después nos preguntó por nosotros. Cuando le dijimos a qué
nos dedicábamos, dijo que lo de que uno era periodista lo había supuesto por la
cámara, porque él entendía un poco de esos aparatos y era mejor de lo habitual
en un turista, incluso en uno aficionado a la fotografía. "Además ya me he
fijado el interés con que mirabais a esos chicos tan fotogénicos", dijo, y nos
reímos los tres.
"Pues mira, ahora que lo dices, lo mismo no es mala idea",
dijo Sara.
"¿El qué?", preguntamos casi a la vez Karim y yo.
"Pues lo de las fotos…podía tomar unas cuantas y hacer con
ellas un reportaje. O incluso una exposición. Estas cosas suelen venderse
bastante bien".
Seguimos hablando un rato más y cuando ya eran casi las doce
nos subimos a la habitación. Estaba sentado en la cama quitándome la ropa cuando
Sara me habló desde el baño.
"Qué majete el Karim este, ¿verdad? Joder, menos mal que no
nos dio por decir nada de él o de su primo…"
"Pues sí, la verdad es que era un tío muy enrollao. Aunque
bueno, ejem ejem, seguro que no habríamos dicho nada malo…sobre todo tú,
pillina, que bien que te ha gustado…", le contesté, riéndome.
"Mucha Pasión Turca has visto tú, guapo…", la oí decir,
"aunque no te negaré que el chico no esta nada nada mal. Se lo comentaré a mis
niñas al volver, jeje, lo mismo convertimos Budapest en un nuevo destino de
turismo sexual femenino…".
"Bueno, no me preocupo entonces…pero vamos, que si te me
fugas con Karim yo ya le he echado el ojo a un par de nenas de las de ahí
fuera…a ver si te crees que me iba a volver solo", le dije.
"Así me gusta, que te fijes bien, porque vas a tener que
ayudarme a seleccionar a mis objetivos fotográficos…mañana por la noche pienso
empezar", continuó hablando, mientras se acercaba a la cama.
"No sé, no sé, no me parece buena idea. A lo mejor no les
apetece que les hagas fotos. A ellos o a sus chulos. Ya veremos…Oye, ¿has
terminado ya en el baño? Quería ducharme antes de que se hiciese muy tarde",
dije, haciendo amago de levantarme.
Ella me detuvo poniéndome la mano en el pecho y después, con
un empujón y un movimiento felino, me tiró hacia atrás, saltó sobre la cama y se
colocó sobre mí.
"Para que te vas a duchar si ahora mismito vas a sudar otra
vez", me dijo, con una sonrisa pícara.
"Pero bueno… ¿no te parece un poco tarde?", protesté. "Mañana
vamos a estar para el arrastre".
"Venga….solo un poquito", dijo, poniendo carita de niña
buena. "Además ¿No querrás que me baje donde Karim a por un pedido rápido…?",
continuó, y me sacó la lengua.
Sonreí, y sin decir nada, la volteé sobre la cama y me
coloqué encima.
"Mmm, así me gusta", dijo, "defendiendo el honor hispano…".
Le cerré la boca con un beso.
Atrapé sus labios entre los míos y deslicé mi lengua
hasta que se encontró con la suya, entrelazándose en una intensa lucha. Llevé mi
mano hacia abajo, intentando bajar el pantalón de su pijama de un tirón…ella se
resistía, así que sujete sus muñecas con mis manos a la altura de su cabeza.
Introduje una rodilla entre sus muslos, tratando de separarlos. Ella seguía
debatiéndose. "¿No es esto lo que querías?", le dije. "Pues es lo que vas a
tener…". Junté sus muñecas para poder sujetarlas con una sola mano y dejar la
otra libre. Entonces sí, su pantalón bajó hasta media pierna., dejando ver unas
braguitas negras con el borde de encaje rojo. Metí la mano bajo la camiseta y
empecé a acariciarle los pechos de forma algo brusca, tomando sus pezones entre
mis dedos y pellizcándolos, retorciéndolos un poquito… "Ay…cabrón…me haces
daño…", gimió, pero mordiéndose a la vez los labios y echando la cabeza hacia
atrás…Entonces levanté la camiseta y sustituí mis manos por mi boca…mis dedos
por mi lengua…mordisqueé sus pezones, haciendo que se endurecieran aún más…los
besé y los lamí una y otra vez…arrancándole varios gemidos más. Mi mano se
paseaba por entre sus muslos, acariciándolos, subiendo hasta el borde de sus
braguitas, deslizándose sobre la tela, que empezaba a humedecerse…sus piernas se
cerraban, intentando atraparla…Aparté suavemente la ropa y dejé resbalar mi dedo
lenta y suavemente, de arriba abajo…dibujando los bordes de su sexo…dejando en
cada movimiento que se introdujera un poquito, pero sin llegar a hacerlo del
todo…Noté como su respiración se aceleraba más aún.
"Fóllame ya", suspiró… "me muero de ganas…". Negué con la
cabeza y seguí mis caricias, ahora con dos dedos… Sus caderas se adelantaron
ligeramente, tratando de sentirme más dentro. "Por favor…déjame por lo menos que
te la chupe", dijo. "Por favor", repitió, pasándose la lengua por los labios.
Interpretó mi silencio como un sí, y aprovechando que había aflojado la presión
sobre sus brazos, se zafó sirviéndose de sus piernas y se colocó ella encima. Me
sujetó los brazos como yo había hecho con ella y acercó su cara a la mía hasta
que casi se rozaban nuestras bocas. Notaba su respiración, agitada…y sobre todo
notaba el calor y la humedad de su sexo sobre mi estómago…era una sensación muy
excitante. "Ahora qué, cabrón…¿quién manda ahora?". No respondí. Se dejó ir un
poco hacia abajo y se colocó de manera que nuestros sexos se rozaran. Entonces
empezó a moverse adelante y atrás. Aquello me excitó todavía más. "Vaya, vaya,
¿qué es esto?", dijo, al notar que mi polla se ponía aún más dura. "¿Sabes ya
quién manda ahora o sigues sin responder?", preguntó de nuevo. Esta vez no me
pude resistir. "Tú", susurré. "Así me gusta", dijo, satisfecha. Entonces, sin
darme apenas tiempo para reaccionar, bajó mis boxer y apartando con una mano sus
braguitas se dejó caer sobre mi polla, con un gemido. Se quedó quieta un
instante, con los ojos cerrados, y después comenzó a moverse, lentamente,
haciendo girar sus caderas en círculos, arriba y abajo, adelante y atrás…con un
ritmo endiabladamente pausado, pero constante, que me volvía loco. Tenía
tentaciones de llevar mis manos a sus caderas y toma la iniciativa, pero sé que
no me hubiera dejado…así que me dejé llevar. Sentía el roce de su sexo sobre el
mío…deslizándose una y otra vez…atrapando mi polla, devorándola…haciendo que se
clavara hasta el fondo. A veces parecía que iba aumentar el ritmo, pero
enseguida volvía a ralentizarlo. Disfrutaba haciéndome sufrir, sabiendo lo mucho
que la deseaba, las ganas que tenía de tirarla sobre la cama y follarla
salvajemente. Pero ahora era suyo. Seguía subiendo y bajando, gimiendo cada vez
más intensamente…pronto ella también necesitaría más. Se inclinó hacia
delante…me besó…y empezó a moverse con más velocidad. Sus caderas ahora no
dejaban de subir y bajar, de deslizarse arriba y abajo, mientras nuestros
gemidos se ahogaban en la boca del otro. Entonces la sujeté por las caderas y
empecé a follarla yo…ella no hizo nada…solo besarme con más fuerza, clavando su
lengua en mi boca de la misma manera que mi polla se clavaba en su interior, sin
descanso, queriendo recorrer todos los rincones… Sus jadeos se hacían cada vez
más intensos y noté como todo su cuerpo se ponía en tensión…Sus uñas se
deslizaron sobre mi pecho, marcándolo, mientras los movimientos de sus caderas
se hacían más y más descontrolados. Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los
ojos, sus dedos se crisparon y empezó a gemir, con voz entrecortada… "Me
voy…Dios…me voy…". Yo aceleré también el ritmo para llegar al mismo tiempo que
ella…sentía el roce de su sexo, mojado, caliente, moviéndose violentamente sobre
el mío…provocando que todo mi cuerpo se estremeciera de placer…un placer que
llegaba en oleadas, subiendo por mis piernas y mi espalda…no pude aguantar
más…ella seguía aún cabalgándome, jadeante, buscando hacerme acabar sin darme un
momento de tregua…cuando sintió la primera descarga se quedó muy quieta por un
instante…como queriendo captar cada pequeña sensación…después se dejó caer sobre
mí con un hondo suspiro… "Te quiero", dijo…y se quedó así, sin dejar que saliera
de ella…dejando que su respiración y sus latidos se acompasaran a los míos,
calmándose poco a poco. Nos tumbamos de lado, todavía enlazados…y así nos
dormimos.