Hola nuevamente aquí en mi ultima entrega de relato de pasión
y amor… espero les guste dejen sus comentarios… un gran saludo LUIS donde quiera
que estés espero que os encontráis bien siempre te llevo en mi mente y corazón,
gracias por todo…
OSCAR 4 Y … ÚLTIMO
En realidad fumamos varios cigarrillos mientras estábamos
sentados en la cama. Era como un largo ritual, tranquilo, sereno… sin prisas. Mi
espalda reposaba sobre la almohada. Oscar, apoyado sobre mi hombro, reclinaba su
cabeza sobre mi pecho. Yo le colocaba de vez en cuando el cigarrillo sobre sus
labios para que diera una chupada. Con la otra mano acariciaba suavemente su
cabello negro y rizada, sudoroso, y mis manos recorrían cariñosamente su espalda
húmeda.
Oscar se dejaba querer, le encantaban las caricias y me
correspondía, en silencio, pasando sus manos tiernas por mis caderas y
acariciando todos los rincones de mi entrepierna.
-¿Qué hora es?, me preguntó
- Casi la una, le respondí.
-Tengo que ir a casa, me respondió; -hoy vienen mis abuelos…
Perdóname, Luis, sabes que me quedaría eternamente contigo, en tus brazos, pero
no quiero que mis padres se preocupen, ni que sospechen nada.
Desnudos como estábamos, entramos al cuarto de baño. Tomé una
esponja, la humedecí, y me senté en el borde de la bañera. Oscar, de pie junto a
mí, se dejaba hacer. Se la pasé por la espalda, el pecho, y recorrí suavemente
sus genitales, retirando toda huella de nuestra escena de amor. Luego se dio la
vuelta y se la pasé repetidamente por la raja de ese culo por el que momentos
antes se había deslizado toda la fuerza y el calor de mi verga. Oscar se inclinó
para facilitarme el trabajo y pude contemplar de nuevo la forma redondeada y
cálida de su agujerito que durante tanto tiempo él había reservado virgen para
mí. Su piel se erizaba con el contacto fresco y yo sentía la fuerza eléctrica de
la pasión que invadía mi polla.
La belleza entre infantil y salvaje de Oscar me tenía
cautivado. Mi ansia de tenerlo entre mis brazos, de mimarlo con pasión se veía
correspondida por una entrega total suya. Era como el hermano pequeño que se
abandona confiado a los brazos del hermano mayor. Le sequé con la toalla y sentí
que la flacidez de su polla empezaba a reaccionar… No quise seguir. Simplemente
me agaché y le di un beso en el capullo. Sabía que pronto podría gozarlo dentro
de mí. Al menos, lo deseaba profundamente.
Oscar tomó su ropa para vestirse.
-Déjame, cariño. ¿Te importa si lo hago yo?
Me miró con una de sus sonrisas más tiernas y me dijo
despacito:
- He sido tuyo, Luis, me has poseído y quiero seguir siendo
tuyo. Hazme lo que quieras.
Le fui subiendo el slip blanco con las rayas azules hasta que
se lo ajusté perfectamente a su cuerpo. Le coloqué la verga en la parte
izquierda donde quedó bien instalada, marcando sus sensuales perfiles de polla a
medio excitar. Le subí el pantalón vaquero, le cerré la cremallera y pude
apreciar una vez más el aspecto provocador de su culo, bien ajustado entre la
tela. Mientras lo hacía, él mismo se fue colocando la camisa.
-Luis, ¿quieres que nos veamos mañana? Es domingo… ¿Tienes
algo que hacer?
Mientras me decía estas palabras, Oscar colocó su mano sobre
mi verga que se estaba endureciendo por los tocamientos de su cuerpo al
vestirlo.
- Sólo tengo una visita guiada por la mañana. Luego estoy
libre. Me encantaría estar contigo, Oscar. Todo ha sido mucho mejor que lo que
había imaginado en mis sueños.
-Y yo me he sentido el chico más feliz del mundo. Estar
contigo ha sido un pedazo de cielo. Quisiera corresponderte de alguna manera…
Me coloqué rápidamente un bóxer y nos encaminamos hacia la
puerta. Nos abrazamos por última vez y nos fundimos en un beso. La mano de Oscar
fue rápidamente hacia mi culo y lo apretó con fuerza, como un presagio de sus
deseos
-Hasta mañana, Luis. ¿Te parece bien a eso de las 4 de la
tarde? Me encanta la hora de la siesta…
-Estaré esperándote…
Cuando se cerró la puerta y me quedé solo, me tumbé en uno de
los sofás del salón. No, no había sido un sueño. Oscar, el chaval del colegio,
el objeto de mis deseos más íntimos, acababa de marcharse. Por mi mente pasó la
película con cada gesto, cada mirada, cada sonrisa desde que tocó el timbre de
casa la madrugada anterior. Por mi mente pasaban, rápidas, las imágenes de
aquellos momentos intensos: la ducha, el desnudarle, el descubrimiento mutuo de
nuestra desnudez, las caricias, los besos, las lamidas, las sonrisas pícaras y
sobre todo, aquellos momentos de intenso placer en que mi polla ansiosa se
deslizaba gozando de los íntimos placeres de su culo virgen…
Tenía cosas que hacer, pero me resultaba difícil
concentrarme. La imagen de Oscar, su entrega a mis deseos, su virginidad
ofrecida con tanta espontaneidad e inocencia, me obsesionaban. Puse orden en el
dormitorio que aún tenía la fragancia de su cuerpo joven. Besé aquella cortina
de tul con la que se había envuelto su cuerpo desnudo para ofrecerme toda la
sensualidad de un strip tease. Acaricié aquellas sábanas sobre las que habían
gozado nuestros cuerpos poco antes: aún tenían humedad del sudor y gotas de
semen.
Volví al salón y abrí uno de los cajones secretos: busqué
entre los videos gay alguno que pudiera recordarme a Oscar. Puse algunas escenas
de películas de Cadinot: aquellos cuerpos jóvenes que tantas veces me habían
excitado me resultaban pobres comparado con Oscar. Quizá era porque esos chicos
del film eran imágenes, y Oscar era real. En las escenas abundaba el sexo, pero
echaba de menos la ternura.
No quiero mencionar las actividades que tuve aquella tarde ni
la visita guiada que tuve que acompañar al día siguiente, de 9 a 12, con 2
grupos de turistas japoneses interesados en los mil detalles de la iglesia
barcelonesa de la Sagrada Familia. Puse todo mi esfuerzo y saber hacer de buen
guía turístico, pero mi mente estaba lejos de todo aquello. Ansiaba regresar a
casa, ponerme cómodo y esperar…
Por fin allí estaba de nuevo en mi apartamento, duchado y
fresco. Me había puesto un slip blanco de licra y un pantalón corto. Nada más.
Estaba recostado en el sofá cuando a las 4 menos diez sonó el timbre. Sentí que
mi corazón latía con fuerza mientras corrí hacia la puerta. No era el Oscar
borracho y sucio de la víspera. Allí estaba esplendoroso, dejándome ver sus
dientes blancos en una gran sonrisa. En un segundo admiré su camiseta sin
mangas, de redecilla, ajustada a sus pectorales, su pantaloncito blanco
deportivo, sus zapatillas de deporte…
Reaccioné cuando Oscar se vino hacia mí y me envolvió con un
gran abrazo
- Luis, no puedo más, no hago más que pensar en ti desde
ayer.
-Me pasa lo mismo, Oscar, le dije devolviendo su sonrisa.
Cerré la puerta y nos unimos en un gran abrazo de pasión.
Nuestras manos acariciaban ansiosas cada parte del cuerpo del otro y terminamos
con un gran beso, el beso del reencuentro, esta vez sin temores, sin vergüenzas
ni recatos, el beso del amor cómplice y buscado.
-Gracias, Oscar, por haber vuelto
-¿Pensabas que podría fallar? ¿Lo has dudado?
- No, claro que no. Te he deseado tanto…
Mientras caminábamos hacia el tresillo, Oscar se quitó la
camiseta que se adhería a su tórax. Ahora, a plena luz del día, lucían hermosos
sus pectorales, sus tetillas marrones, su pecho lampiño. Se dejó caer boca
arriba sobre el tresillo, apoyando tan sólo un pie en el suelo.
-Estás divino, Oscar.
-Quiero que me sigas enseñando los secretos del placer. Eres
formidable, Luis.
Me senté junto a su cuerpo, en el pequeño espacio que quedaba
y acaricié suavemente ese pecho tan suave. Acerqué mis labios para besar sus
tetillas como queriendo mamar todo el jugo juvenil de su cuerpo y aspiré el
perfume profundo de su cuerpo.
-Me he pasado una hora en el baño: quería estar lo mejor
posible… para ti, Luis. Y tengo una pequeña sorpresa.
Al decirlo tomó una de mis manos y la colocó suavemente sobre
su pantaloncito blanco.
Me coloqué en el suelo para tenerlo más a mi alcance y con mi
mano fui recorriendo la superficie del pantalón. No fue difícil encontrar su
verga que se estaba poniendo dura. Metí la mano por una de las piernas, acaricié
sus muslos hasta el elástico del slip… Pero no pude esperar más. En mí ardía el
fuego del deseo y la pasión. Le cogí el pantalón por la cintura e hice ademán de
bajárselo: el mismo levantó el culo para ayudarme. Se lo saqué completamente.
Oscar llevaba un slip diminuto, muy ajustado, de un color
gris claro y con la cintura blanca. Mi polla crecía por segundos ante aquel
espectáculo. El slip de Oscar casi transparentaba una verga a punto de hacer
estallar el tejido. La redondez de sus huevos estaba perfectamente delimitada…
Pasé mis manos sobre el tejido y Oscar suspiró de placer:
-Los tengo llenos de leche… para ti, Luis. Me gustaría
dártela toda, toda…
Aquello terminó de excitarme y en un movimiento rápido le
bajé el slip.
Casi no tuve tiempo de reaccionar ante aquel espectáculo que
se ofrecía a mis ojos.
- Como a ti te gusta, Luis, ¿no?
Oscar se había depilado completamente, hasta la pequeña
matita de pelo negro que yo le había dejado la víspera. Era un trabajo perfecto:
no quedaba ni rastro de vello púbico. La piel que cubría sus huevos estaba lisa
y suave como la de un gran bebé. Tan sólo a mitad de los muslos empezaban a
notarse esos pelillos pequeños que recubrían sus piernas. No sé qué crema había
empleado para untar su cuerpo, pero mis dedos se deslizaban por su polla y sus
ingles casi resbalando de suavidad
Me harté de tocar tanta belleza; tomé sus bolas en mis manos
y me di cuenta del tamaño enorme, de la forma redondeadamente perfecta. Jugué
con ellas mientras Oscar deba gemidos de placer.
Separó sus piernas y mis dedos recorrieron el camino
placentero que va hasta su agujero: ni un solo vello. Levantó luego las piernas
plegando las rodillas ayudando así a mi búsqueda frenética de las maravillas de
su cuerpo joven. Su culo lampiño, abierto, macizo, era una maravilla. Contemplé
su agujero rosado, limpio, latiendo de placer ante mis caricias. Ya no bastaban
mis manos. Acerqué mi cara y dejé que mi lengua recorriera todos los rincones:
el culo, los huevos, el senderito del placer…
- Debes estar a cien, me susurró Oscar mientras hizo un
movimiento de sentarse en el sofá. Déjame ver a mí, ¿vale?
Me puse de pie delante de él. Me agarró del culo y me
estrechó junto a él. Besó mi ombligo mientras me acariciaba la espalda y su
polla totalmente tiesa me apuntaba con pasión. Bajó sus manos sin perder la
fuerza del abrazo y las introdujo por dentro de mi short deportivo. Sentí sus
dedos rozar la tela de licra de mi slip e introducirse lentamente hasta abrazar,
con cada una de ellas, una de las mitades de mi culo. Lentamente las fue bajando
arrastrando con ellas el short y el slip.
Mi polla estaba totalmente erecta y, en aquella postura,
estaba pegada al pecho de Oscar. Cuando el slip bajó, mi polla se sintió
liberada. Oscar inclinó la cabeza y me la empezó a llenar de besos y lamidas sin
dejar de apretarme fuerte el culo. Mi éxtasis era total.
- Tienes un culo muy bonito, Luis. Déjame verlo bien.
Se levantó del tresillo y fui yo quien me tumbé sobre él boca
abajo. Tomé varios cojinos y los puse debajo de mi vientre para que gozara mejor
del espectáculo.
- Ahí tienes mi culo. Disfruta.
No necesitó más explicaciones. Al instante se acurrucó detrás
de mí y empecé a sentir el calor de su rostro y las suaves caricias de su
lengua. Reconozco la enorme sensibilidad de mi culo, sobre todo de la raja y del
agujerito. Cuando sentí el frescor de su saliva recorriéndolo pensé que no
podría aguantar mucho. Estaba en un éxtasis de placer. Oscar lo notaba e
insistió acercando su lengua al agujero; lo cubrió de saliva y empezó el
excitante juego de follarme con su lengua. Tuve que morder uno de los cojines
para no gritar de placer. No sé cuánto tiempo estuvo lamiendo…
- Oscar, por favor, métemela, fóllame… Necesito sentirte
dentro de mí.
- ¿Lo estoy haciendo bien?
- De maravilla, chaval. Pareces un experto.
-Nunca he follado a nadie, pero quisiera devolverte todo el
placer que me diste ayer.
- Ven aquí
Me senté en el sofá y le hice ponerse de pie delante de mí.
- Mira, mi culo está más que preparado con tus chupetones de
gloria. Lo siento bien dilatado. Déjame que prepare tu instrumento para que
entre bien.
Me metí toda su polla en la boca. No había perdido nada de su
rigidez. Los huevos colgaban y se balanceaban al ritmo de mis chupadas.
Estábamos los dos al borde del orgasmo.
Le propuse una postura que le resultara fácil para esta
primera vez. Me levanté y apoyé mis brazos en el respaldo del sillón. Incliné mi
cuerpo hacia delante, de manera que el culo quedara bien salido. Separé las
piernas y mi agujero tembloroso y ansioso quedó plenamente al descubierto.
-Adelante, maestro, le invité.
Oscar se colocó detrás de mí. Con una mano acariciaba la
rigidez de su polla. Con la otra empezó a tantear la dilatación de mi culo.
Metió un dedo, luego otro y jugó con ellos en mi interior.
Sentí luego como la punta rosada de su capullo se acercaba a
mí. Recorrió con ella la raja de mi culo arriba y abajo para luego detenerse en
la entrada del ano.
-Animo, Oscar, hazme tuyo
Colocó sus manos en mis hombros y sentí cómo venía hacia mí
todo el peso de su cuerpo. Costó un poco la entrada del capullo. Me hizo lanzar
un pequeño quejido, pero Oscar estaba ya dispuesto a todo. Y sentí como se
deslizaba en mi interior todo lo largo de su verga joven. Se quedó un momento
como asombrado al ver desaparecer su polla dentro de mi culo, mientras a mí me
invadía una enorme sensación de plenitud al sentir todo aquel tesoro llenando mi
interior.
Empezó luego el movimiento rítmico cada vez más acompasado.
Intenté acompañarle con el ritmo de mi cuerpo. Apretaba y contraía mi culo como
queriendo aprisionar para siempre en mi interior aquel vástago tan encantador.
- Es maravilloso, Luis.
- Tú más, Oscar. Sigue, sigue, no pares… Estás haciéndolo muy
bien.
Sus manos se deslizaban por mi espalda, me cogían las
caderas. Sus muslos golpeaban mi culo en cada arremetida. Sentía el balanceo de
sus huevos que me rozaban.
Me daba miedo cortar aquel ritmo tan delicioso pero
necesitaba algo más; necesitaba ver los ojos de Oscar en el momento sublime.
-Espera un momento, le supliqué. Sacó su polla y me tumbé en
el sofá boca arriba. Levanté bien mis piernas y Oscar, con su polla tiesa,
caliente, a punto de estallar, se dispuso a metérmela de nuevo. Lo hizo
fácilmente en cuanto coloqué mis pies sobre sus hombros. Bastó una pequeña
inclinación de su cuerpo para sentirme de nuevo penetrado.
En esa bruma de placer contemplaba su rostro. A veces cerraba
sus ojos, a veces me miraba. Se le veía concentrado y cercano al orgasmo total.
De repente paró. Abrió su boca con tensión y dejó escapar un Ah ah ah…!
Entrecortado. No fue capaz de controlar el chorro de leche caliente que me
invadió hasta lo más profundo.
-Ah, ah, ah Uffffffffffff
Se quedó por un instante como petrificado, con su polla en mi
interior. Perlas de sudor llenaban su frente.
- Gracias, Oscar, estás agotado, y yo también, pero me has
hecho muy feliz.
Sacó su polla aún chorreante de leche y se tumbó sobre mí a
lo largo, sobre el sofá. Le abracé y nos quedamos un rato descansando,
recuperando el ritmo normal de nuestros cuerpos exhaustos.
- Te quiero, Luis
- Y yo a ti, Oscar. No sabes lo bien que lo has hecho. ¿De
verdad era tu primera follada?
- Sí, claro. Y al mismo tiempo, la segunda parte de mi sueño
Empezamos con pequeños besos entrecortados hasta que poco a
poco nuestras lenguas se fueron entrelazando en un juego intenso y prolongado.
Las caricias en nuestros cuerpos sudorosos tenían ahora una nueva sensación de
escalofrío y placer.
El agua fresca de la ducha nos hizo volver poco a poco a la
realidad. Allí, bajo el chorro, Oscar se puso delante de mí, con su espalda
contra mi pecho, y le apreté contra mi cuerpo mientras el agua nos salpicaba. Mi
polla resbalaba sobre su culo y mis manos le acariciaban el pecho, el vientre,
el pubis, los huevos, la polla. Cuando nos secamos le hice una propuesta.
- ¿Qué te parece si guardamos un recuerdo de esta primera
aventura? Yo me quedo tu slip y tú te llevas el mío
- No te lo creerás, pero eso es lo que estaba pensando; no me
atrevía a proponértelo.
Así lo hicimos. Y con ese intercambio quedó sellada la
relación más hermosa, más íntima y más fascinante que he conocido..
….
Conclusión
Mi relación con Oscar duró dos meses. Nos encontramos varias
veces, en ocasiones en su casa; otras en la playa nudista adonde íbamos juntos
en mi coche… Oh, qué deliciosos atardeceres bajo los pinos, sobre la arena… El
encuentro de nuestros cuerpos fue siempre un volcán de placer…
Desgraciadamente el alma se me rompió aquel 14 de octubre
cuando, indirectamente, me llegó la noticia de su accidente. Iba Oscar en su
flamante moto, con todo el entusiasmo y la vida de sus 18 años, cuando un
vehículo le golpeó. La caída fue mortal. No se pudo hacer nada. Cuando llegaron
los del SAMU Oscar estaba muerto.
Desde entonces mi vida es otra. En mí se entremezclan las
imágenes de los deliciosos momentos en que gozamos juntos, con la rigidez de su
cuerpo en el tanatorio. He tenido relaciones ocasionales con otros chicos, pero
siempre he buscado en ellos una reencarnación del amor de mi vida. Tengo 24
años, tengo trabajo, salud, un apartamento, un vehículo… pero lo sigo echando de
menos. Necesitaré tiempo para olvidar a mi querido, tímido y apasionado Oscar.
Ojalá algún día se cruce en mi camino alguien como él a quien pueda ofrecerle
todo mi amor y de quien pueda recibir la ternura, la ingenuidad y la inocencia
con que Oscar supo corresponderme.
…
Se que tal vez no es el final que todos esperan, pero esto
fue real un pedacito de lo que vivió Luis. Mi amor a distancia, ni amor en
secreto… te extraño mucho Luis espero que estes muy bien y que finalmente hayas
encontrado el amor que tanto anhelabas cuando me compartiste esta vivencia tuya
que ahora aquí quedara plasmada para la historia…
Gracias por todos sus comentarios os agradezco mucho xao nos
vemos en otro ocasión! J