Luisa se fue a casa de su novio, él la estaba siguiendo desde
hacia unos meses.
Ella era rubia natural e intensa, de inmensos cabellos y de
mirada azul, sus veinticinco años mostraban una figura esbelta, de grandes
pechos cubiertos por una camiseta en la cual se podían notar unos pezones
medianos.
Su cintura de avispa mostraba un hermoso contoneo de sus
caderas, unas caderas hechas para la danza del vientre.
Sus depiladas y torneadas piernas de ciclista, se movían con
gracia a pesar del enfado de Luisa, al llegar a casa de su novio, tocó el
timbre, él le abrió la puerta.
Cuando llegó al piso, lo primero que hizo fue darle una
bofetada.
El adolorido novio, dijo incrédulo.
-¡¿a que coño viene eso?!.
-¡no! ¡¿A que cojones viene eso de seguirme?! ¡¿Qué eres?!
¡¿Un acosador?!.
-¡me estas poniendo los cuernos con alguien, seguro! – decía
el novio.
Francisco era el novio de Luisa, tenían la misma edad, se
conocían desde pequeños, él era de complexión atlética, debido a los intensos
ejercicios que hacia para gustar a Luisa, lo mismo que sus ojos marrones que
portaban unas lentillas graduadas para evitar llevar unas gafas de culo de
botella, llevaba una coleta de caballo.
Francisco era corredor de bolsa, de los mejores, no tardó en
labrar una pequeña fortuna y muchas organizaciones le pedían consejo.
-¡yo! ¿Los cuernos? ¡No me jodas que me tienes que tocar el
himen otra vez! – gritaba Luisa.
La rubia se bajó los pantalones, mostrando una pequeña mata
de pelo que estaba encima de su rajita, agarro la mano de Francisco que estaba
paralizado por la excitación, él, notó el himen de Luisa.
-¡y-yo! – balbuceaba Francisco entre la vergüenza un el
arrepentimiento por desconfiar de ella.
-¡¿sabes que?! Esta mierda de relación no funciona, tus celos
me ponen enferma, ¡yo te he jurado reservarme para el matrimonio! ¡yo me he
contenido 10 años por ti! ¡Yo te amaba! – decía Luisa con lagrimas en los ojos.
Hace diez años.
Luisa tenia un cuerpo con unas formas que daban una idea de
la hermosa mujer que seria ella, su uniforme escolar era una camisa con una
corbata, una falda a cuadros y unos calcetines largos que le llevaban a la
rodilla.
Tenia dos largas coletas que la hacían parecer infantil.
Pero también una boca con aparatos, ella odiaba esa
ortodoncia.
Delante de ella, había tres muchachos que hacían él ultimo
año de colegio, eran del equipo de fútbol, su desnudez mostraba una musculatura
de deportista, la miraban con una sonrisa maliciosa.
-veo que no perdéis el tiempo – decía Luisa.
-vemos que te recuperas rápido, todavía me acuerdo de cómo te
destrozamos el coño hace unos días, cada día te gusta que te lo hagan más fuerte
– decía uno de los muchachos.
-es que soy muy mala, me gusta que me den fuerte – decía
Luisa con una sonrisa mientras empezaba a bailar.
Se desabrochaba los botones de en medio de la camisa,
mostrando un escote de infarto, como no llevaba sujetador, movía los hombros,
haciendo que boten sus senos de forma sensual.
A medida que se desabrochaba botones, movía sus caderas con
rapidez, despertando las erecciones de sus espectadores.
La camisa resbalaba por sus jóvenes hombros, cayendo al
suelo, en ese instante, metió sus manos bajo su falda, bajando suavemente sus
bragas sin dejar de bailar, las mantuvo en sus rodillas y siguió bailando, de
vez en cuando hacia un giro, levantando su falda, mostrando una concha sin pelo,
haciendo aullar a sus espectadores.
Pero uno de ellos le dijo.
-¿qué hay de ese empollon con el que sales?.
Luisa paró de bailar y con una mirada de decepcionada le
dijo.
-no me interesa ese inbecil, solo lo uso para aprobar los
exámenes, me pasa los apuntes y yo estoy con él, se mira pero no se toca.
-pero nosotros si podemos tocarte ¿no? – decía otro de sus
espectadores.
Ella se abría de piernas de forma sensual y con una sonrisa
de diablesa.
-si, pero hecho de menos el sabor de vuestras herramientas,
¿hoy puedo saborearlas? – decía Luisa.
-me temo que no, la ultima vez que nos la chupaste con esos
hierros nos hicimos unos buenos arañazos.
Luisa gruñía de Rabia, cogió un bote de aceite de baño y untó
con él sus manos, entonces se acercó a ellos y a dos los empezó a masturbar con
las manos, al tercero, con sus pechos, los tres jadeaban de gusto.
-ohh si, pequeña puta, cada día lo haces mejor – decía uno de
sus amantes.
Luisa sonreía, le gustaba que le dijesen eso en el acto, no
tardó en sentir un chorro de leche en su cara, después, notó como ambas manos
notaban la salida del semen de los penes que agarraba.
De pie, Luisa sentía como los chicos se colocaban delante y
detrás de ella y empezaron a penetrarla en la vagina, Luisa casi le dolía, al
tercero, con una de sus manos empezó a masturbarle.
-un día deberíamos penetrarte los tres a la vez – comentaba
uno de los muchachos.
Luisa no podía escuchar, jadeaba con fuerza, apenas sentía la
leche que salía de la polla que masturbaba, luego sintió como varios chorros la
llenaban dentro de ella.
Después, los muchachos tumbaron a Luisa, uno de ellos la
penetró mientras ella estaba boca arriba, lo hacia con fuerza y brutalidad
mientras ella jadeaba y miraba a su amante con los ojos entrecerrados por el
placer.
-cada día estas más estrecha putita, me voy a correr otra vez
– decía su penetrador.
Dio un empujón final y la llenó con su semen, ella notaba
como su amante la llenaba con un liquido cálido y viscoso, agotado, el chico fue
sustituido por otro, que la penetró con idéntica brutalidad, abriendo bien su
concha.
Luisa lo abrazaba con fuerza, quería que la penetrasen con
más y más fuerza, que la rompiesen.
El joven sacó su polla y se masturbó, echando todo su semen
por el cuerpo de Luisa.
El tercero era más brusco, volteó a Luisa y abrió sus nalgas.
-¡n-no! ¡Eso no! – decía Luisa temerosa de lo que la iba a
hacer.
Sus dos compañeros agarraron a la joven y el tercero la
penetro por el ano, al principio no cabía y Luisa suplicaba que lo dejaran, pero
poco a poco, entró en ella y la bombeaba con furia.
Luisa sentía mucho dolor, pero lentamente empezó a sentir
placer, tanto que sus dos amantes dejaron de agarrarla, ya la habían sometido.
Antes de que su amante eyaculara dentro, Luisa llegó al
orgasmo, mostrando como salía su flujo vaginal mezclado con el semen.
Ambos quedaron exhaustos mientras que los otros dos
aplaudían.
Presente
-Dios, ¡cómo pude enamorarme de ti! Que casi me violan porque
no tenias los huevos para enfrentarte a ese, ese..... – decía Luisa que en ese
momento rompió a llorar.
Hace 8 años.
Francisco y Luisa caminaban cogidos de la mano, ella, una
belleza de larga melena con su uniforme de colegiada, él, también con su
uniforme, con gafas de culo de botella, de aspecto enclenque y sonrisa estúpida.
Iban a tener su primera vez, ella se agarraba a su brazo,
restregando sus pechos en él.
En ese momento, un hombre corpulento apareció.
-oye muchacho, me gusta esa hembra, ¡damela! – decía el
hombre con voz grave.
Francisco temblaba, pero se enfrentó a el poniéndose delante
de Luisa, parecía un flan.
En ese momento, el hombre mostró un machete que brillaba como
la guadaña de la muerte, provocando un desmayo a Francisco, cuando cayó al
suelo, se podía ver una humedad en su entrepierna, que indicaba que se había
orinado en sus pantalones.
-Carlos, que bueno que llegaste – decía Luisa con una
sonrisa.
Carlos se acercó siendo iluminado por la farola, tenia una
camisa raida, tenia el pelo largo y negro, una musculatura curtida en mil peleas
de bar, unos piercings en las cejas y unos pantalones vaqueros también raidos,
sus musculosos brazos mostraban tatuajes con imágenes de heavy metal.
-bien, puta, a la moto ¡ahora! – decía Carlos con brusquedad.
-ohhh, la pobre e indefensa jovencita va a ser raptada ¿qué
tramará su secuestrador? – decía Luisa mientras se dirigía a la moto de Carlos.
Al subirse en ella, en vez de agarrarse al pecho del
motorista, se agarró a su bulto que tenia en la entrepierna, ambos se alejaron
del lugar en el que en este momento una pandilla aparecía y le empezaba a robar
las pertenencias de Francisco.
La pareja llegó a una casa vieja, casi derruida, Carlos dejó
el garaje y cargó a Luisa por el hombro para llevarla a un colchón.
-ohh, pobre jovencita, siente como su secuestrador la desnuda
con la mirada y tiembla porque sabe que va a pasar – decía Luisa mientras ponía
sonriente una posición sexy.
Carlos se quitó su ropa y cogió su machete, rasgando el
uniforme de Luisa, la cual, sentía con miedo y excitación como el filo rasgaba
sus telas, después, con sus manos, arrancó la falda y las bragas de la joven.
-por favor, señor violador, no obligue a esta joven e
inocente muchacha a chuparsela – decía Luisa de forma sexy.
Carlos tenia una inmensa erección, agarró la cabeza de Luisa
y la penetró en su boca con fuerza, ella en un principio sentía arcadas, pero se
esforzaba por dar placer al motorista usando sus labios y su lengua.
Estuvieron largo rato hasta que Carlos eyaculó en su boca,
Luisa quedó tirada, tosiendo, con el semen saliéndole de sus labios.
-cof, cof, pobre muchacha, siente mucho asco en su boquita,
tiene esperanza de que haya terminado, pero su violador quiere más – decía
Luisa.
En ese momento, Carlos separaba con brutalidad las piernas de
Luisa y la taladró al grito de.
-toma, 28 centímetros cúbicos de motor de Carlos.
Luisa sentía unos bombeos muy fuertes, no tardó en correrse,
pero seguía hablando.
-l-la ah joven, mmmmm s-s-se sienteeee usada, co-como si, ah,
fuera una mmmm muñeca, pa, ah para usar aaaa, aaaaaa placer.
Carlos agarraba los pechos de Luisa con fuerza, haciendo que
les doliera, en ese momento se corrió dentro de ella.
Cuando terminó, se dirigió a la nevera a por una cerveza.
-la joven muchacha se siente usada, vejada, como un trozo de
carne, desea odiar, llorar y gritar de impotencia, pero solo puede amar al
secuestrador que la usa una y otra vez.
-bueno puta, vete – decía Carlos mientras veía la tele
tomando su cerveza.
Luisa no sabia que veía en él, tal vez sus tatuajes, tal vez
su aura de peligro o tal vez, ponerle los cuernos a Francisco.
Presente.
-y-yo, perdona, n-no sabia que hacer – decía Francisco
intentando tocar la mejilla de Luisa.
Pero ella la apartó de un manotazo y siguió gritando.
-¡claro que no sabes que hacer! ¡Nunca has sabido nada! Ni
siquiera la razón por la que te dejaba en medio de las citas, si me amaras,
hubieras sabido que mi pobre padre estaba enfermo en la cama, yo como hija tenia
que cuidarlo, pero claro ¡nunca sabes nada!
Hace cuatro años.
Luisa pasa por la puerta, vestida de enfermera, con una falda
muy cortita y un largo escote, sus medias blancas.
En la cama, había un hombre de cincuenta años con bigote y
barba canosa y unas entradas capilares.
-ay, hija mía, el dolor me esta matando – decía el hombre
interpretando a un moribundo.
-resiste papa, aquí está tu enfermera que va a ponerte una
inyección – decía Luisa con una sonrisa.
Su padre se dio la vuelta, mostrando su culo, Luisa se acercó
a él y le plantó un dulce beso en la nalga, para luego dar con su mano varios
cachetes en sus glúteos.
-relájese, señor paciente, la doctora Luisa va ha hacer que
se sienta muuuy bien – decía Luisa mientras se quitaba su camisa de enfermera.
Cuando sus pechos se liberaron, los usó para masajear la
espalda de su padre, sus movimientos sensuales despertaban la libido de su
progenitor.
-ay, hija, tu si que sabes cuidar de tu anciano padre – decía
su padre sonriendo.
-aún eres muy joven para ser anciano, además, estoy algo
malita ¿tienes una inyección para mí? – decía Luisa sonriendo.
Su padre se dio la vuelta, mostrando su erección, Luisa puso
cara de asombro y dijo.
-ohhh, que inyección tan grande, tanto que da miedo, pero si
eso me cura me la pondré.
Luisa se levantó y aproximó su concha a la verga de su padre,
lentamente su padre se introducía dentro de su hija, llenándola de él.
-ah, papi, mmm, que dulce inyección me pones – decía Luisa
mientras se movía.
-ah, hija mía, eres la mejor enfermera del mundo – decía su
padre.
Los pechos de Luisa botaban a medida que aumentaba la
velocidad de los movimientos, su padre pensaba que iba a explotar, de modo que
de forma brusca la apartó para ponerla a cuatro patas.
-ahhh hija, siento como recupero la salud, ahora déjame
recompensar tus esfuerzos – gritaba su padre.
-ah, si padre mío, dame fuerte – decía Luisa.
Su padre la penetraba con ganas, agarrando sus caderas para
asegurarse de que no se soltara.
Luisa sentía como su concha ardía, como el orgasmo llegaba,
poco después, su cuerpo empezaba a temblar, sus ojos se pusieron en blanco, ella
había llegado al orgasmo.
Su padre, viendo el cuerpo sudoroso de su hija, también
estaba llegando, pero cuando su hija lo notaba, le pidió que le diese el jarabe.
Ambos se desacoplaron y Luisa empezó a chupar la verga de su
padre, chupaba con ganas mientras acariciaba sus testículos con sus manos.
-ah, ah, hija, aquí tienes el jarabe – decía su padre.
Luisa engullía el semen de su padre, se relamió sus labios
mientras susurraba, que amargo.
-je je, las buenas medicinas son amargas – decía su padre.
Ambos se tumbaron, Luisa puso su cabeza encima del pecho de
su padre mientras que el se encendía un cigarro.
-bien hija ¿sabe tu "novio" lo de lo nuestro – decía su
padre.
Luisa soltó una carcajada.
-ay papa, el no sabe tantas cosas, pero es trabajador, sin
duda tiene futuro en el mundo de las finanzas, puede pagarme la hipoteca, tus
deudas, caprichos míos – decía Luisa.
-no sé, hija, llámame viejo, pero la verdad es que cuando
vivía tu madre, no le fui infiel ni una sola vez, incluso me da la sensación de
que a pesar de que tú eres en parte carne y sangre de ella, tengo la sensación
de que le estoy le estoy poniendo los cuernos – decía su padre.
-has oído, pobre, su cerebro debería jubilarse y tu ocupar su
lugar, pero si estas en la cabeza no me podrás atender, pobre de mí, no puedo
estar sin ti – decía Luisa acariciando la verga de su padre.
-oye, no me gusta que hables con mi polla, tu madre siempre
me lo hacia incluso en su lecho de muerte le dijo que la esperaría – decía su
padre disgustado.
-pues, yo te la entrenare para que en la otra vida mi madre
esté realmente satisfecha cuando llegues – decía Luisa.
Padre e hija se fundieron en un beso.
Presente.
-si, ya sé que es tu padre y que debes cuidarle, pero – decía
Francisco.
-¡pero nada! Aún me acuerdo que casi por tu culpa me despiden
del trabajo ¿sabes que hice para que no me diesen la patada? ¡Me puse de
rodillas! Yo, ¡de rodillas! ¡Fue la experiencia más humillante de mi vida! –
decía Luisa llorando
El año pasado.
Luisa, vestida de secretaria estaba de rodillas chupandosela
a su jefe, pero él le decía.
-Luisa, ayer tu novio me pidió un favor, sospecha que le
pones los cuernos y que le dé pruebas de ello.
Luisa interrumpió la mamada y le dijo antes de continuar.
-pues dile una mentira, que le soy fiel.
-no ahhh, no es tan fácil, él es mi me-aaah-mejor corredor de
booolssaaaaa y y asesor fiiiinancierroooooo, s-si se entera d-d-de esto, perderé
milloooooones y y la empressaaaahhh quebraraaaahhhh – decía su jefe antes de
eyacular en la boca de su secretaria.
Luisa, se descubrió los pechos y los apoyó en la verga de su
jefe mientras le decía con su carita manchada de leche.
-¿y yo no soy buena? ¿Te gusta más mi novio que a mí?.
Esa visión excitó a su jefe, que le arrancó las bragas
mientras le decía.
-claro que eres buena, tienes unas tetas que valen un imperio
– decía su jefe.
En ese momento apareció Francisco, instintivamente el jefe
bajó la cabeza de Luisa.
-h-hola Paco ¿cómo va todo? – decía el jefe.
-muy bien, le he conseguido triplicar el valor de sus
acciones, dentro de poco podremos internacionalizarnos.
-buen trabajo, e-enseguuidaaahhh t-te daré u-u-un buueeenn
incentivooohhhh –decía el jefe que notaba con espanto que Luisa se la estaba
chupando con más ganas que nunca.
-¿le pasa algo? Le veo mala cara? – decía Francisco.
-n-nada aaahhh, e-es solooohhh la emociooohhhn, y-ya sabeeees
c-c-como era la empresaaaah antes de que llegaaaaaraaaahhhhs – decía el jefe
mientras suplicaba mentalmente a Luisa que parase.
-por cierto, en lo del asunto de mi novia.
-traaanquilooohhhh y-yo me encargareeeehhh – decía el jefe.
-gracias, por cierto, debería ir al medico, no le veo nada
bien – decía Francisco.
-tranquiilooohhh, es-es-estoy bieeennnn – decía el jefe.
Francisco, después de despedirse, se fue del lugar, justo en
el momento en el que nuevamente eyaculó en la boca de Luisa, dejándolo
totalmente agotado.
-arf, arf, oye, arf, por favor, arf, no vuelvas a arf hacer
eso – decía el jefe sudado por la excitación y el nerviosismo.
-tal vez lo haga más veces, no sabes lo cachonda que me he
puesto en ese momento y sin duda tu también estabas disfrutando – decía Luisa.
En el presente.
-lo siento Luisa ¿qué podría hacer para que me perdonases? –
preguntaba Francisco.
Luisa todavía lloraba y entre sollozos decía.
-hay un collar precioso en la joyería de la esquina, pero es
muy caro y...
Antes de que terminara, Francisco le dio una de sus visas
oro, ella lo cogió como dudándolo y le preguntó.
-¿juras que no volverás a desconfiar de mí?.
Francisco la abrazo, sintió una monstruosa erección al notar
los turgentes pechos de Luisa mientras le decía.
-no solo eso, sino que esperare al día de nuestra boda.
Luisa le dio un cálido beso y se fue, al salir de casa se
decía.
-bueno, a comprar ese collar de diamantes y a sacar dinero
para otra reconstrucción de himen, aunque debería empezar a acostarme con ese
cateto, pero, quizás después de cuarenta o cincuenta tíos.