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[ A la cabeza, el comer endereza. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 12 de Mayo, 2008.
Fecha: 03-May-08 « Anterior | Siguiente » en Interracial (203 de 204)

Violación fallida

King Crimson
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Viviana deambulaba sin rumbo fijo bajo los soportales aquella oscura noche de finales de otoño. Hacía un frío intenso y húmedo que se clavaba hasta los huesos pese a que la pobre muchacha cerraba con ambas manos el gastado abrigo de piel de cordero. Se acercaba el invierno y día tras día el maldito tiempo empeoraba más y más. Las tuberías se helaban durante la noche llegando incluso a reventar en el peor de los casos. Los inquilinos que tenían suerte lograban conseguir algo de agua caliente con la que poder ducharse. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Violación fallida

Viviana deambulaba sin rumbo fijo bajo los soportales aquella oscura noche de finales de otoño. Hacía un frío intenso y húmedo que se clavaba hasta los huesos pese a que la pobre muchacha cerraba con ambas manos el gastado abrigo de piel de cordero. Se acercaba el invierno y día tras día el maldito tiempo empeoraba más y más. Las tuberías se helaban durante la noche llegando incluso a reventar en el peor de los casos. Los inquilinos que tenían suerte lograban conseguir algo de agua caliente con la que poder ducharse.

Viviana deambulaba sin rumbo fijo bajo los soportales aquella oscura noche de finales de otoño. Hacía un frío intenso y húmedo que se clavaba hasta los huesos pese a que la pobre muchacha cerraba con ambas manos el gastado abrigo de piel de cordero. Se acercaba el invierno y día tras día el maldito tiempo empeoraba más y más. Las tuberías se helaban durante la noche llegando incluso a reventar en el peor de los casos. Los inquilinos que tenían suerte lograban conseguir algo de agua caliente con la que poder ducharse.

En una esquina la muchacha ve un grupo de yonkis revolviendo en un contenedor de basura en busca de algo de comida que poder llevarse a la boca. ¡Sí amigos, aquello era una maldita ciudad occidental de finales de siglo! Una maldita ciudad de podredumbre, una maldita ciudad en la que la honradez, el respeto y la integridad de los individuos hacía años que habían desaparecido, una maldita ciudad en la que vivía instalada la corrupción, la prostitución, la depravación y el caos más absolutos. El soborno y la confusión campaban a sus anchas en cada acera, en cada restaurante, en cada club de alterne….

Viviana ha dado una vuelta completa a la plaza circular. Parece abandonada a sus propios pensamientos, como si estuviera dejando pasar simplemente el tiempo. Observa durante unos breves instantes las gastadas punteras de sus zapatos de tacón. ¡Hace tanto tiempo que perdieron el brillo y el lustre! Los había comprado con los primeros ahorros que pudo conseguir en el primer burdel de carretera en el que entró a trabajar. Había llegado a la ciudad como muchas otras muchachas de su edad en busca de un porvenir; en la vieja capital de provincias en la que vivía, la juventud veía desperdiciar sus mejores años de forma miserable. Así pues un buen día decidió abandonar su casa sin decir adiós, sin despedirse de sus amigas…ni tan siquiera de sus pobres padres. Ahora todos aquellos recuerdos quedaban tan lejos….

Hay luna llena y la noche es clara, con algunas nubecillas. El día no ha sido nada bueno; nieve medio derretida y lodo –espesados con las gotas de una densa niebla- ennegrecen las calles. La gran plazoleta ha quedado vacía a aquellas horas de la madrugada, reinan el silencio y la tranquilidad, la fuerte brisa y el tiempo parecen haberse paralizado a su alrededor. La ciudad duerme al fin. Ya no quedan borrachos en busca de una taberna a la que entrar para tomar una última cerveza o un último whisky.

Un grupo de gatos callejeros remueven ávidos con sus garras entre las bolsas de basura abiertas, maullando débilmente como si no quisieran molestar ni ser molestados, revolviendo entre los desperdicios, peleándose por la cola de una sardina rancia, por las sobras de unos alimentos en avanzado estado de descomposición.

Comienza a llover lentamente, una lluvia fina que poco a poco va dando paso a una lluvia más persistente obligando a la joven a resguardarse bajo el toldo de una tienda de comestibles. Su bonito cabello color negro azabache está levemente empapado y el agua de la lluvia le cae a través de la cara hasta llegar a la barbilla. Tiene la sensación de haber percibido un leve ruido tras ella. ¡Quizá son imaginaciones mías, por la noche cualquier sonido se magnifica! Debo volver pronto a casa –pensó mientras miraba arreciar la lluvia sobre la estrecha acera.

Se aventura a salir a la calle y comienza a andar con paso acelerado. El rápido taconeo se va perdiendo a lo largo del estrecho pasaje. La calle oscura la envuelve en una atmósfera asfixiante, tan solo una pequeña bombilla alumbra apenas el número 25 quedando el resto en penumbra. Nota el roce del gélido viento sobre su espalda y, de pronto, sin darle tiempo a responder, una enorme presencia la clava contra la húmeda pared. Un fuerte estremecimiento le recorre todo el cuerpo, queda paralizada sin poder moverse, trata de recuperar el aliento, los intestinos se le revuelven mientras trata de escapar sin lograrlo.

Una enorme zarpa la agarra bruscamente de la muñeca la cual adquiere un leve tono violáceo debido a la fuerte presión que ejerce sobre ella la mano que la sujeta. Se da la vuelta en un rápido movimiento de defensa. Trata de pegarle con el puño cerrado pero aquel tipo es demasiado fuerte para ella. Al ir a gritar la mano le tapa la boca evitando que sea escuchada en el silencio de la noche. De todos modos sólo era un movimiento de defensa pues Viviana sabía de sobras que en aquel barrio nadie sale en defensa de nadie, cada cual soluciona sus propios problemas de la manera que puede.

Bajo la temblorosa y vacilante luz de la farola que ilumina la escena como testigo mudo de la misma, puede observar al fin a su inesperado atacante. Las peores suposiciones de la muchacha se ven confirmadas con la presencia de aquel individuo. Se trata de un individuo de raza negra, tan negro como el tizón, de cerca de 1,85 de estatura, un hombre musculoso y fornido, de complexión corpulenta. Vestía un abrigo de piel de búfalo con la lana hacia fuera, lo que le daba una apariencia tosca y fiera, muy en armonía con el aire de su fisonomía.

En la cabeza y el rostro, todos los órganos y líneas, que delataban una violencia brutal y tenaz, estaban en un estado de desarrollo muy avanzado. Imaginemos un bulldog hecho hombre con sombrero y abrigo masculino, y no estaríamos lejos de visualizar el estilo y la estampa general del físico del agresor de Viviana. Sin embargo, los peores rasgos de aquel individuo eran su nariz rota en alguna reyerta no muy lejana en el tiempo y un ojo de cristal que le otorgaban un aspecto inconfundible. La muchacha estaba segura de no olvidar jamás aquel rostro de facciones salvajes y sobrecogedoras.

La joven se muestra temerosa y no ve la oportunidad de poder esfumarse. El hombre parece angustiado, da la sensación de querer despedazarla entre sus manos. Su cuerpo apesta a sudor reconcentrado, un olor a sudor rancio. Su boca desprende un mal aliento característico, como si hubiera vomitado apenas unos instantes antes. Una especie de baba maloliente le resbala por el labio inferior hasta caer sobre la mojada acera. La muchacha creyó desmayarse ante el olor asqueroso y repulsivo de aquel hombre.

El agresor abre la boca mientras respira entrecortadamente. De uno de los bolsillos del tejano raído y desgastado extrae con prontitud una navaja de grandes dimensiones. El filo del arma brilla siniestramente bajo la luz de la farola.

¡Si gritas te rebano el pescuezo! ¿De acuerdo muñeca? –le dijo al oído mientras la agarraba del brazo como si quisiera rompérselo.

Por favor, no me hagas daño. ¿Quieres dinero? Te daré el poco que llevo en el bolso –apenas pudo balbucear con dificultad.

¿Dinero? No quiero dinero, preciosa. Había pensado en otra cosa más interesante para ambos –le contestó con los labios apretados y el rostro congestionado.

La obliga a entrar en el portal más cercano sin dejar de amenazarla con el brillante filo de la navaja. Viviana puede sentir la fría superficie del arma en contacto con su desprotegido cuello. Evidentemente aquel tipo no va a dejarla marchar tan fácilmente, primero desea su recompensa. Si no quiere dinero no puede ambicionar otra cosa más que su cuerpo, su cuerpo de formas juveniles y curvilíneas. En la disputa, Viviana pierde uno de los zapatos notando a través de la media la superficie gélida del suelo de baldosas descascarilladas y ajedrezadas en blanco y negro.

Aquel animal sudoroso la coge en brazos y se siente transportada en el aire mientras patalea y lucha intentando librarse de aquellas manos que la asfixian. Aquella lucha tan desigual tenía un ganador claro así que la muchacha pensó que era una tontería seguir debatiéndose entre los brazos de aquel terrible coloso. La lleva junto al hueco del ascensor donde reposan los desvencijados buzones, los buzones rotos y sin los nombres de los inquilinos. La suciedad se ha apoderado del recinto, los rincones están llenos de los orines de alguna fiesta nocturna.

Viviana deja de distinguir al hombre entre las tinieblas, sin embargo sí que puede notar sus dedos sucios y groseros recorriéndole de manera descortés sus redondas curvas a través de la fina tela del vestido, manoseando con fuerza sus delicados senos como si tratara de estrujarlos entre sus manos. Nota las manos resbalar por sus caderas hasta alcanzar sus apetitosas nalgas de carnes prietas. Una de las manos se aventura por uno de sus muslos hasta llegar a la entrepierna. Rasga con impaciencia la tela de la braga y finalmente se hunde en el interior de su vagina. El filo de la navaja no abandona el contacto con su piel como si quisiera hacer patente el peligro latente que se cernía sobre ella. Viviana, pese a todo, no puede evitar humedecerse emitiendo un leve sollozo al sentir el violento roce del bulto masculino sobre su desnudo muslo. El irrefrenable deseo de aquel macho la pone terriblemente cachonda.

¿Qué deseas hacerme? ¿Acaso deseas violarme? –le pregunta clavando fijamente la mirada en aquellos oscuros ojos.

Sí, putita –confirma el macho un tanto descorcentado por no ver a la muchacha asustada.

Guarda la navaja, no vas a necesitarla. Venga cabronazo, empieza a follarme de una vez. –vocea ella sin prestar atención a la situación en la que se encuentra. Siempre he querido que una gran polla negra me follara hasta destrozarme por dentro. ¿Crees que serás capaz de lograrlo? –le interroga con ojos burlones como si dudara de la capacidad de aquel macho.

Viviana deja a un lado a aquel hombre que va a poseerla y su cerebro se centra en el cuerpo de su amigo Marcos. Desearía que fuera Marcos quien le hiciera el amor en esos momentos, entregarse a él en la oscuridad de aquel sucio y hediondo portal. Siempre le ha gustado llevar las riendas de sus relaciones amorosas, ser el elemento activo de la relación. Normalmente los hombres con los que había estado se habían visto sorprendidos por el carácter salvaje y enérgico de la muchacha. Nunca le gustó que le dijeran lo que debía hacer, siempre había mandado sobre los demás.

La joven cierra los ojos mientras recuerda el último polvo con su amigo Marcos. Le encantaba ser poseída por Marcos, era tan delicado pero al mismo tiempo sabía ser tan brusco con ella….Su último amante le había logrado arrancar los mejores orgasmos de su vida, estaba completamente segura de ello. Era incansable y sabía cómo dejarla satisfecha. Ahora Marcos estaba muy lejos, pero en su mente y en su pensamiento imaginó que era él quien se encontraba junto a ella. Podía sentir su cálido aliento golpeándole el rostro, sus obscenas palabras junto al oído.

Ambos se encuentran en el pequeño y coqueto apartamento del apuesto muchacho, la noche es de un calor sofocante; a lo lejos se oye el ruido de las olas golpeando al llegar a la solitaria playa, la brisa marina se pega como una lapa a sus desnudos y sudorosos cuerpos. Viviana ha abandonado el lecho camino de la cocina, necesita un breve respiro tras alcanzar el último orgasmo, aquel hombre sabe como satisfacerla y ella desea que aquella relación no se acabe nunca.

Escucha los pasos de los pies desnudos de su amante atravesando el largo pasillo hasta apoyarse de manera descuidada en el marco de la puerta. Ella abre la puerta del frigorífico y saca la botella de zumo de naranja para llenar el vaso. Lo bebe de una vez, está sedienta, el último orgasmo la ha dejado sin fuerzas. Marcos es realmente incansable, nunca tiene bastante. Vuelve a llenar el vaso y en segundos vuelve a quedar vacío sobre el frío mármol. Guarda la botella en el frigorífico y coge la botella de agua. La abre y mientras le mira fijamente a los ojos vierte el contenido sobre la camiseta de algodón con la que ha cubierto sus bonitos pechos. La tela húmeda se adhiere a sus redondas formas como una segunda piel. Viviana se estremece al sentir el frío contacto del agua sobre su ardiente cuerpo. Los redondos senos de la muchacha se muestran deseosos, los oscuros pezones se marcan como queriendo romper la tela que los cobija.

Su joven amante la desnuda con la mirada, ella conoce esa mirada, sabe lo que significa.

Parece un animal ansioso por atrapar a su presa, cruza los pocos metros que los separan y la envuelve con sus fornidos brazos. La muchacha cierra los ojos y se deja hacer totalmente abandonada a su compañero. Marcos ruge de deseo por ella, la lujuria le invade, su cuerpo musculoso y varonil tiembla. La lleva hacia la amplia mesa que hay en medio de la cocina poniéndola de espaldas a él. Rompe con furia la camiseta de la muchacha dejándola completamente desnuda. Viviana le ayuda en la tan deseada penetración, el pene ávido de placeres se clava en el interior de su empapada vagina y la muchacha mueve las caderas para que la folle con mayor facilidad. Marcos le coge los senos con ambas manos llevándola hacia él, puede sentir la respiración entrecortada junto al oído al tiempo que unos labios ansiosos empiezan a chupar su cuello con gran apetito. El orgasmo vuelve a visitarla, vuelve a correrse entre los brazos de su amante.

Una vez repuesta siente los dedos de Marcos retorciéndole los pezones, sus manos velludas haciéndose con su liso vientre, acariciándole su lubricado sexo sobre el cual martillea la enorme polla sin descanso. Su clítoris se endurece con el roce de los dedos masculinos. La muchacha remueve sus nalgas devolviendo a su amigo el intenso placer que le está ofreciendo. Marcos la embiste hasta el fondo buscando los placeres más escondidos de su sensual compañera. Viviana siente una cálida corriente recorrerle por todo el cuerpo mientras su poderoso compañero la llena con su ardiente líquido seminal. Marcos explota dos, tres veces en el interior de la joven la cual siente cómo la leche del muchacho se abre paso invadiendo las entrañas femeninas de manera brutal.

Viviana vuelve a la realidad, al macho de raza negra entre cuyos brazos se encuentra. Aquella especie de violación la ha puesto cachonda, no puede evitarlo. Pese a que su compañero le produce asco y una profunda repulsa no puede evitar sentirse atraída por aquel hombre. Aquel repugnante macho cuyo único objetivo es correrse dentro de aquella muchacha, tan solo una rápida satisfacción, nada de placer, sólo una necesidad fisiológica. Siempre ha deseado follar a cualquier jovencita de piel blanca, aquello siempre ha rondado la cabeza del hombre como si fuera una fijación la cual es necesario cumplir. Noches y noches en la soledad de su cuarto imaginando violar un coño blanco, imaginando llenarlo con su espeso semen.

Ella abre con dificultad los ojos. Sus bonitos ojos se acostumbran poco a poco a la oscuridad del portal, sus pupilas se dilatan con cierta dificultad familiarizándose con la mínima luz que les envuelve. El agresor ha seguido finalmente el consejo de la muchacha y ha vuelto a esconder la horrible navaja en el bolsillo del sucio tejano. Con ambas manos libres le resulta mucho más fácil acariciarla, manosearle a placer aquel par de turgentes senos, aquellos voluptuosos senos que se adivinan por debajo de la tela del vestido.

¡Esta tía está realmente buena! Está seguro de que va a pasar un buen rato con esa putita –piensa con rapidez. Se abalanza sobre sus húmedos labios y mientras la besa de manera brusca sigue jugueteando con aquellos apetitosos senos. Ella sujeta al hombre por la cintura, obligándole a presionar contra ella. Las manos callosas del violador se alborotan y mientras le muerde los pezones a través del vestido sus inquietos dedos la masturban sin parar. Viviana no puede resistir por más tiempo aquel salvaje ataque y acaba corriéndose como una desesperada.

El musculoso hombre se muestra perplejo ante el orgasmo de la mujer. Aquello no entraba en sus planes. No quería que ella gozara sino que se mostrara temerosa y amedrentada ante su inesperado ataque. Lo habitual era que su pareja se rebelara, que le rechazara, que tratara de defenderse pegándole. Ante dicha respuesta lógica él acababa maniatándolas con sus fuertes manos y en caso necesario les propinaba un golpe seco en la cabeza para de ese modo poder follarlas a su antojo. ¿Por qué en aquella ocasión era diferente? ¿Por qué aquella maldita zorra respondía de aquel modo imprevisto?

Viviana le sonríe mostrándose plenamente satisfecha gracias al orgasmo alcanzado. Con una mirada irónica desafía a su asaltante, no manifiesta temor ni miedo. El hombre se muestra estupefacto, aquello no era lo planeado y no sabe cómo alterar la situación. La joven se deshace con prontitud del abrigo dejándolo caer al suelo, rompe los botones de la blusa y el sujetador de blonda mostrando orgullosa sus exquisitos pechos de duros pezones.

Las oscuras manos se hacen con ellos apretándolos como si quisiera exprimirlos, aquellos senos son terriblemente tentadores y el hombre enloquece apoderándose de ellos. El contacto con los empitonados pezones de la muchacha le provoca una espantosa erección la cual abulta bajo el viejo tejano mostrándose amenazante ante los ojos admirados de la muchacha.

El roce grosero de las manos del hombre excita a Viviana desencadenando en ella toda una serie de dualidades, de sensaciones encontradas. Aquel ataque cruel y absolutamente soez produce en ella toda una sucesión de sentimientos desconocidos por ella hasta ese momento. Una mezcla extraña de placer y dolor que la hace perder la razón. Y entonces el corpulento macho se hace con sus senos, mordisqueándolos con fuerza hasta hacerla gritar, ensalivándolos con aquella espuma babeante que tanto asco le produce.

Anda bésame, maldito cerdo….sé que lo estás deseando –le exige de manera imperativa.

El hombre se siente aturdido, empequeñecido y humillado por aquella hembra tan autoritaria y dominante. Ella se enrosca sobre sí misma disfrutando de aquel cóctel compuesto a partes iguales de satisfacción y de un gran odio y repugnancia hacia el hombre. El sudoroso macho eructa sonoramente sin la menor consideración hacia ella, la muchacha siente cómo se le revuelven las tripas, aquel tipo es verdaderamente desagradable pero una fuerza desconocida le hace acercarse a él más y más. El olor penetrante y fétido del portal se hace completamente irrespirable para ella. Una especie de angustia le crece en el estómago, cree que va a vomitar de un momento a otro.

Siente la respiración entrecortada del hombre, los labios carnosos de él luchan con los de la joven intentando conseguir que los abra. Finalmente accede a sus pretensiones y la voraz lengua masculina se introduce en su boca golpeándole contra la garganta. Ahora sí que nota el aliento a alcohol de su agresor al tiempo que aquel negrazo presiona contra ella haciéndole sentir la creciente erección que cuelga entre sus piernas.

La muchacha se abraza al hombre con fuerza, una de sus mayores fantasías siempre ha sido ser violada por un completo desconocido, ser violada de una manera salvaje y desconsiderada. Nota como las nervudas manos bajan por su espalda hasta llegar a sus redondas nalgas. Le sube el vestido hacia arriba y se entretiene jugando con sus exquisitas bragas de encaje de color blanco haciéndolas resbalar por sus piernas hasta los tobillos.

Vamos muchacho, fóllame. ¿Eso es lo que deseas, no? Fóllame fuerte hasta que me llenes con tu sucio y asqueroso semen. Me das asco pero quiero que me folles de una puta vez para ver si realmente eres tan macho como te crees.

El enorme coloso está confundido ante las palabras de la mujer. No esperaba una respuesta como aquella. Ella es la que lleva las riendas, la que manda y esa no era la actitud que el muchacho esperaba. Piensa en darle una buena reprimenda, debe revertir la situación como sea. Respira con fuerza, desea follar a esa putita descarada e insolente. Ese cuerpo joven y apetecible no tardará en ser suyo y eso es lo único que le importa en esos momentos. Un deseo incontrolable le recorre todo el cuerpo. Piensa en clavarle su sexo, en follarle salvajemente todos aquellos delicados agujeros femeninos hasta que aquella zorra le pida que pare. Ahora es ella la que le agarra con fuerza del cuello atrayéndolo para que la bese. Acerca los labios a la oreja del hombre y empieza a animarle diciéndole palabras obscenas, diciéndole lo que desea que le haga……

La puerta del primer piso se abre iluminando levemente el portal. Un hombre desgarbado y medio calvo les mira con semblante asustado. El ruido de los amantes le ha sobresaltado en el silencio de la noche. No tarda en hacerse cargo de la situación y empieza a mirar con mayor interés.

¿Qué mira? –pregunta el muchacho con tono agresivo. ¿Por qué no se mete en sus propios asuntos?

Sin responder el hombre cierra la puerta con rapidez quedando el portal nuevamente a oscuras. Una vez la puerta se cierra el presunto violador desabrocha con prisa el botón del pantalón para a continuación bajarse los blancos calzoncillos de algodón. Un pene de cabeza rosada y completamente descapullado aparece desafiante entre sus piernas. Aquella presencia monstruosa, de dimensiones soberbias, se muestra arrogante apuntando hacia arriba y curvándose hacia la izquierda. Bramando como un animal enjaulado apunta el miembro entre las piernas de Viviana la cual siente cómo el macho enfurecido penetra en su interior hundiéndose hasta golpear con sus dos olivas negras sobre su pubis satisfecho.

La muchacha siente su cabeza chocar contra los descompuestos buzones al ser elevada en el aire por el poderoso músculo del amor. Su vagina se acomoda sin problemas al tamaño de aquella oscura polla. Ha sido visitada por miembros de similar envergadura así pues sus paredes vaginales se dilatan fácilmente recibiendo con gran placer al vigoroso visitante. El hombre la levanta sujetándola por los muslos mientras ella cruza las piernas por detrás de las nalgas de él estrujándolo con fuerza.

¡Oh sí, fóllame sucio negro! Veamos si es verdad todo lo que cuentan de vosotros –exclama junto a su oído apoderándose del lóbulo de su oreja el cual chupa con fruición.

Sí, voy a follarte zorra. Voy a follarte hasta que me pidas que pare. Conozco a las putitas como tú y sé lo que necesitáis.

Te aseguro que nunca habrás follado con una tía como yo. No es nada fácil satisfacerme –le dice tratando de provocar al hombre.

Nada más escuchar estas palabras el macho empieza a embestir con todas sus fuerzas clavándola contra la fría pared. Aquella polla es realmente estupenda, le llega hasta el fondo y se mueve en su interior con inusitada rapidez. Se agarra de los antebrazos del hombre mientras éste va entrando y saliendo de su lubricada vagina. El dolor inicial no tarda en transformarse en una conocida sensación placentera. El conducto femenino recibe el espléndido miembro masculino haciéndolo suyo.

Hace dos largos días desde que Marcos la poseyó por última vez, la última noche en que visitó el apartamento de su amante –un leve recuerdo invade su cabeza. Una gran necesidad recorre su sinuoso cuerpo, necesita ser follada de manera salvaje, que aquel terrible pene negro la haga correr varias veces hasta dejarla totalmente saciada. El joven se queda parado unos segundos haciéndole sentir aquel largo y grueso tronco palpitando en su ardiente orificio. No espera mucho para zarandearla adelante y atrás moviéndose con gran velocidad como si buscara su rápida eyaculación. Sin embargo, Viviana no quiere que su pareja se corra tan pronto, aún tiene que aguantar más para que ella reciba su indispensable placer. Sopesa con cautela los cargados genitales masculinos y, aprovechando la relajación del hombre, los aprieta con fuerza entre sus dedos arrancándole un aullido de dolor.

¡Suéltame, maldita zorra! –apenas puede pronunciar retorciéndose de dolor.

Perdona cariño, pero era necesario hacértelo para que no te corrieses tan pronto.

El hombre la mira con el rostro congestionado, parece mentira que los hombres sean seres tan débiles. Simplemente sabiendo tocar el punto exacto pierden todo su vigor. La muchacha aprecia cómo la poderosa erección masculina se desvanece convirtiéndose en un desfallecido pingajo.

¡Eres una hija de puta! –dice con dificultad tratando de recuperar el resuello.

Tranquilízate, después me lo agradecerás –le responde sintiéndose la dueña de la situación.

La muchacha se lleva dos dedos a la boca chupándolos con cara de viciosa. Los humedece con su cálida saliva mientras mira al hombre fijamente a los ojos. Masajea suavemente las redondas nalgas de su compañero y dirige el dedo índice hacia la entrada del ano del hombre. Rodea con suma tranquilidad el oscuro agujero sin pretender todavía violarlo. Aquella caricia sorprende positivamente al terrible negro, no imaginaba recibir aquel delicado tratamiento. Gime de placer incitando a su pareja a continuar con aquello. Los dedos de la chica presionan el anillo anal el cual se dilata con facilidad permitiendo el paso al interior.

Vaya, vaya….¿así que te gusta que te sodomicen, eh? –le interroga con mirada triunfante notando como el miembro masculino vuelve a recuperar el terrible estado que poseía hace unos instantes.

Zorra, eres una zorra –contesta él con los ojos vidriosos.

Oh, no seas así. Vamos, no me lo tengas en cuenta. Olvídalo y fóllame que al fin y al cabo es lo que te interesa –exclama de un modo imperativo.

El hombre se abalanza sobre ella apuntándola con la lanza en ristre. La verdad es que pese al dolor que le ha provocado en los testículos no ha tardado en recuperar la erección gracias al contacto en su estrecho ano. La penetra de forma animal clavándola contra la fría y húmeda pared. Babea mientras trata de buscar su propio placer sin pensar en un solo momento en el placer de ella. Aquello es sexo puro y duro sin el más mínimo atisbo de amor ni tan solo de deseo.

Vuelve a la muchacha esa sensación de desagrado, de profunda animadversión hacia aquel individuo. Su maloliente baba en contacto con sus pezones le produce un hondo malestar. Aquel coito tan rudo en las maneras masculinas les hace jadear al mismo tiempo, necesitan llenar los pulmones con el escaso oxígeno existente en el ruinoso portal. El gusto que siente la joven ante el brutal ataque masculino no guarda relación alguna con la enorme repulsa que profesa hacia aquel hombre. Se establece una gran paradoja en aquella relación. Pese a la profunda unión que uno pudiera imaginar, jamás dos individuos se habían mostrado más lejanos el uno del otro. Cada uno de ellos busca su propio placer, sin mostrar el más mínimo interés por el otro.

Viviana siente el veloz martilleo del grueso pene contra su vagina. La redonda cabeza golpea una y otra vez sobre ella. Nota como el pulso del hombre se va acelerando con cada una de las embestidas que le da. Aquella espantosa humanidad la levanta en vilo sin aparente dificultad. Le rodea la cabeza con sus brazos mientras le ayuda a penetrarla apretándole el redondo trasero con los pies. Apoya la espalda en la pared mientras nota como la gastada pintura va cayendo al suelo. El insolente semental vuelve a hacerse con sus excitados pechos. Le embadurna los erectos pezones con su sucia saliva. La impaciente polla la llena por completo, buscando sus más íntimos secretos. Ella le anima a que continúe follándola con aquel ritmo enloquecedor, sin un respiro, sin un instante de descanso. Ahora es ella la que se hace con uno de los pezones del hombre el cual se eriza con el contacto de los húmedos labios de la muchacha. Lo muerde con fuerza sin dejarlo escapar al mismo tiempo que nota como el macho la golpea con fuerzas renovadas.

Debe reconocer que aquel macho le está ofreciendo un gran placer aunque piensa que aún debe tener mucho más para darle. Le clava las uñas en los antebrazos hasta hacerle sangrar débilmente, un hilillo de sangre le va cayendo a través del vello de los brazos. Le besa apasionadamente, mezclando ambas lenguas en un combate encarnizado. Viviana nota la llegada del orgasmo y muerde el labio inferior de su compañero para evitar el grito que está a punto de lanzar. Nota en sus labios el cálido sabor de la sangre la cual recoge con los labios y la lengua hasta irla bebiendo con una intensa satisfacción.

Los párpados le pesan, apenas puede entreabrir los ojos observando al hombre del piso de arriba masturbándose con la mano mientras les mira sin perder detalle. La imagen es difusa, le cuesta divisar al ocasional mirón. Finalmente acaba explotando en brazos del gran hombre negro el cual sigue entrando y saliendo de su empapado coño. La inmensa banana de ébano la destroza por dentro, nota la vagina irritada por el continuo ir y venir en su interior. Encadena un nuevo orgasmo al primero gritando como un animal en celo. Se siente agotada y deja caer la cabeza sobre el sudoroso hombro de su amante.

El gran macho persiste en sus embites sin descansar un solo segundo, pretende acabar con la resistencia de aquella putita que ha osado plantarle cara. Jamás ninguna otra mujer se le había enfrentado como aquella zorra. El hombre se lo ha tomado como algo personal y necesita demostrar su hombría ante aquella preciosa mujer. De pronto se frena en seco, interrumpiendo los movimientos como si su cerebro no quisiera continuar con ese ritmo demencial. Las venas de su oscuro pene tratan de recoger todo el caudal de sangre posible, se hace más grueso en el interior del hospitalario canal femenino y finalmente acaba liberando la gran carga de semen almacenada en sus ovalados testículos. El denso esperma sacude las paredes vaginales con inusitada virulencia, cuatro espesos chorretones de leche, millones de espermatozoides en busca de su libertad…..

Así….así cerdo, dame toda tu leche. Vamos, lléname el coño con tu sucio y repugnante semen. ¡me das tanto asco!

Viviana se nota sucia y profundamente degradada sintiendo cómo el ardiente semen masculino le recorre por dentro. Aquel semen no deseado pero necesario para conseguir su propósito. Aquel polvo tan vejatorio y humillante ha sido el culpable de que se haya corrido de aquella manera tan brutal dejándola completamente exhausta. El hombre extrae su inflamado aguijón y la muchacha agradecida nota como parte de la abundante corrida de su compañero cae sobre una de las baldosas. Ambos sienten que el corazón les va a explotar, las pulsaciones les han subido al máximo de sus posibilidades. Es el momento de descansar pero la muchacha no parece pensar así….

Se acuclilla entre las velludas piernas del hombre y agarra el miembro con sus manos. El musculoso carbón todavía se muestra robusto y poderoso, aún no da muestras de cansancio ante la mirada sorprendida y atónita de la muchacha. El plátano de chocolate brilla gracias a los jugos vaginales de que se ha impregnado. Con la lengua limpia los restos de semen que han quedado sobre el glande.

Ahora muchacho, es tu turno. ¡Seguro que todavía me tienes alguna sorpresa guardada! –se dirige al endurecido miembro como si hablara con él.

Quiere ser satisfecha por el pene, hacer como si el hombre no existiera, despreciarle de ese modo tan humillante. Adora, venera aquel instrumento como si fuera el tótem de una de las tribus del lejano continente africano. El pene palpita entre sus dedos mientras Viviana lo observa con mirada incrédula. Empieza a lamerlo con su experta lengua recorriéndolo de arriba hasta abajo con suma paciencia. Se hace con los huevos los cuales empiezan a trabajar a marchas forzadas nuevamente. Vuelve a subir por todo aquel músculo hasta alcanzar el inflamado glande con el que juguetea durante unos instantes.

Abre ligeramente los hambrientos labios e introduce el orgulloso pene en su cavidad bucal dejándolo reposar en ella. Aquel inmenso espécimen golpea con fuerza la garganta de la muchacha la cual lo ensaliva con su lengua en un combate feroz y despiadado. No tarda en responder a los arrumacos que le propina la joven mostrando un aspecto tremendo. Viviana apoya con fuerza las manos en los muslos del hombre para no perder el equilibrio.

Acaricia de forma circular los poderosos muslos para ir subiendo poco a poco hasta el vientre liso y sin un gramo de grasa del hombre. Va recogiendo con los dedos los restos de semen que han quedado esparcidos por el cuerpo del hombre para llevarlos al interior de su golosa boca. Al fin se apropia de los pezones del hombre mientras sigue maltratando al animal que tiene frente a ella. Le retuerce los pezones y esta caricia logra encandilar aún más a la terrible polla que descansa en su boca.

Sin esperar más, la joven empieza a lamer el excitado miembro, moviéndose lentamente adelante y atrás con un ritmo sincopado como si pretendiera extraer el máximo placer de aquel consolador humano. La cabeza va adquiriendo mayor velocidad a cada momento, atrapando y abandonando el tan codiciado trofeo con un movimiento exquisito. El hombre le agarra la cabeza tratando de separarla pero la muchacha se aferra con fuerza al inflamado pene sin dejarlo escapar. Es su tesoro y no tiene la más mínima intención de abandonarlo hasta que le ofrezca nuevamente el tan deseado elixir masculino. Siempre le ha gustado saborear el esperma masculino, aquel líquido denso y blanquecino que tanto gusta a las mujeres.

El hombre no se mueve de donde está, la verdad es que no puede más, aquella puta quiere hacerle explotar otra vez, chupándole con extrema rapidez la polla mientras se acaricia el clítoris buscando su propio placer. No aguanta más aquel horrible tratamiento y acaba vertiendo en el interior de la boca femenina sus últimas energías, las últimas energías que nota como le van abandonando poco a poco. Viviana acoge con infinito placer la nueva catarata seminal que invade completamente su ansiosa boquita. Se incorpora del suelo con evidente dificultad y aproxima sus labios a los del hombre dándole a probar sus propios líquidos, haciéndole degustar aquel semen pastoso y espeso. Recoge con uno de sus dedos el cálido esperma que ha quedado prendido en las comisuras de sus labios y lo chupa con gran deleite. Pese a ser la segunda descarga, la verdad es que ha sido bastante copiosa demostrando que los testículos de aquel macho son unos fantásticos productores de líquido masculino.

El hombre se deja caer en el suelo hecho un guiñapo, necesita descansar tras aquel par de corridas tan seguidas. Cierra los ojos mientras trata de recuperar el aliento. Viviana se arrodilla entre las piernas del hombre y vuelve a agarrar al soldado herido con una de sus manos. Lo masturba con delicadeza durante unos segundos intentando insuflar nuevos ánimos al orgulloso guerrero que tanto placer le ha proporcionado. El animal se muestra derrotado, marchito, sin capacidad de reacción.

¿Esto es todo lo que pretendías ofrecerme? –vocifera tratando de humillar al enorme macho. Pensé que serías capaz de mucho más. He conocido a hombres capaces de darme mucho más placer –miente plenamente consciente de su propia mentira.

Déjame descansar diez minutos, necesito recuperar fuerzas –contesta el hombre con el rostro pálido y congestionado por el esfuerzo realizado.

¡A la mierda! –grita ella poniéndose en pie y empezando a recoger sus cosas que han ido quedando esparcidas por el suelo.

Se arregla mínimamente y abandona el sucio portal dejando al hombre aturdido y sentado en el suelo con la espalda apoyada en la fría pared. La humedad de los adoquines de la acera traspasa la fina tela de las medias para subir a lo largo de las piernas haciéndola sentir un fuerte escalofrío. Al llegar a la primera esquina se apoya en la pared para vomitar todo al asco que el hombre le ha producido. En el suelo reposan los restos de la digestión de la ligera cena junto al semen ingerido en la última felación. Viviana se siente mareada, la cabeza le da vueltas, siente la boca pastosa, con sabor amargo, como si tuviera el hígado en la boca.

Vuelve a incorporarse y empieza a andar con la mirada perdida camino de casa. La lluvia vuelve a arreciar cayéndole con fuerza sobre el cabello y el rostro. El silencio continúa envolviendo la ciudad la cual sigue durmiendo. Faltan todavía varias horas hasta que retorne la frenética actividad diurna…..

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