Miguel
1.- (El primer contacto, posteriores encuentros)
Conocí a Miguel de manera casual en un baño de una tienda de
autoservicio, el cual es visitado asiduamente por quienes buscan un poco de
placer.
Era un muchacho de unos treinta y tantos años, bajito,
robusto (un poco pasado de peso), moreno claro, cabello rizado, no guapo.
En su conjunto no era un tipo atractivo, mas sin embargo el
morbo de la situación (el estar en un lugar público) generaba cierta dosis de
adrenalina, aunado a que tenía ganas de verle a alguien las nalgas (siempre me
ha gustado ver las nalgas de los hombres, las cuales considero mucho más bonitas
que las de las mujeres) coadyuvo a lograr "un entendimiento"
Así que, después de una mirada "cómplice", me introduje a un
cubículo y el se metió al contiguo. Eran una serie de módulos divididos por
paneles que no llegan al piso, por lo que es posible asomarse, o pasar una mano
o algún papel con una nota al baño de enseguida.
Una vez dentro, yo procedí a bajarme pantalón y bóxer como si
realmente fuera a hacer uso del sanitario, en prevención de despertar alguna
sospecha y también en espera del movimiento que hiciera mi vecino de al lado.
En eso estaba cuando lo veo deslizarse por la parte baja del
panel hacia mi cubículo. La sorpresa y el temor de que fuéramos descubiertos me
dejó sin habla, me embargaron los nervios y me puse de pié sin saber que hacer,
el por su parte, con mucho aplomo se incorporó, se sentó en la tasa, me puso de
espaldas, me agarró las nalgas y las abrió con ambas manos, generando una
descarga eléctrica que me recorrió de cabo a rabo.
Que buenas están, que rico culo..., blancas,
suavecitas, sin pelos, como me gustan - me dijo
Sus caricias se tornaron mas apasionadas, sentía su boca
recorrer centímetro a centímetro mi trasero desnudo, a la vez que me daba
pequeños mordiscos, erizándome toda la piel.
En un momento la excitación y la adrenalina nublaron mi
entendimiento, la situación definitivamente se había salido de control, ahí
estaba yo temblando sin poder remediarlo, con el culo al aire, con un completo
desconocido a quien yo suponía que le iba a ver las nalgas y que ni siquiera se
había desabrochado el cinturón.
Nos van a cachar…… mejor vámonos a otro lugar. Fue lo
que pude balbucir.
Como respuesta, me dio un último mordisco, restregó su pelvis
contra mis nalgas y me dijo
nos vemos afuera.
Antes de que saliera lo detuve. No quería que se fuera sin
haberle visto las nalgas.
Antes de que te vayas, enséñamelas, quiero verlas….
Por toda respuesta, se desabrocho el cinto y el pantalón, se
bajó la parte delantera del bóxer y me enseño su verga. La verdad era una verga
hermosa, en ese momento estaba erecta, se apreciaba gruesa, como de 20 cms. de
larga, algo cabezona, pero no demasiado, de un grosor muy parejo de la punta a
la base, se levantaba muy recta en un ángulo de casi de 90 grados de su
nacimiento, acompañada de un par de huevos también de muy buen tamaño. No tenía
mucho vello, se notaba que se depilaba.
Quede gratamente sorprendido, pues no esperaba que alguien
tan poco agraciado fuera poseedor de un miembro tan antojable.
Y creo que mi reacción fue obvia…
Te gusta? - Me preguntó
Esta rebuena… le conteste mientras mi mano empezó a
palmar aquel apetitoso cilindro. Hubiera querido metérmela en la boca,
pero me contuve.
Nos vemos afuera. - Me repitió e hizo el intento
subirse el bóxer y el pantalón para salir. Con una mano detuve su
movimiento y le dije:
Enséñame las nalgas, quiero verlas.
Se volvió de espaldas a mí y se levantó la camiseta que
traía. Yo le bajé el pantalón y el bóxer para verle el trasero. Sus nalgas
estaban bien, de piel blanca, lampiñas, algo grandes, de forma un poco cuadrada,
pero daban el "gatazo", como decimos por aquí.
Se ven buenas - le dije después de pasar mis manos
por ellas.
Nos vemos afuera - me respondió.
Se termino de arreglar y verificando que no hubiese nadie
afuera, salió del cubículo. Al quedarme a solas, ya sin la presión de que nos
descubrieran, me puse a reflexionar sobre lo ocurrido. Una situación de la cual
no tenía ninguna expectativa me había sumido en un torbellino de emociones. Por
un lado, su temeridad había sido sumamente excitante, de hecho, seguía con mi
erección y aun sentía en mis nalgas sus manos y sus mordiscos, generándome
mariposas en el estomago. Adicionalmente, la visión de su verga se había grabado
en mi memoria: hermosa, majestuosa, incitante. Me sentía ambivalente: Por un
lado me recriminaba el no haber aprovechado la oportunidad de mamar ese manjar,
pero por otro, me congratulaba por no haber ido demasiado aprisa, en fin, mis
eternos prejuicios…
Cuando salí, estaba esperando.
Hola, Soy Miguel… cómo te llamas?
David.
Tienes unas nalgas muy bonitas…
Que bueno que te gustan
Te gustó mi verga?
La tienes muy estética - fue mi respuesta.
Se te antoja que te la meta? - Me preguntó mirándome
a los ojos
Quieres que vayamos a algún lado? - Le pregunté yo a
su vez.
Ahorita no puedo, tengo que hacer un encargo, pero
dame tu celular y yo te doy el mio y nos hablamos.
Me dio su celular, le di el mío y se marcho. Aunque seguía
temblando, poco a poco recuperaba la calma. Mientras observaba como se alejaba,
pude notar inclusive que su comportamiento era un poco obvio. Eran varios los
puntos contrarios al prototipo de hombre que me atraía: Mas bajo que yo, si bien
no gordo, estaba un poco pasado de peso, pero el detalle más importante era su
apariencia amanerada. Yo soy delgado (mas bién flaco), 1.75 cms, cabello lacio
obscuro (ya canoso), en ese entonces de 36 años. No considero ser feo de rostro,
uso lentes y si bien no tengo imagen de macho, mi apariencia es varonil.
Una serie de sentimientos encontrados se agolparon dentro de
mi, me sentía emocionado de lo ocurrido y quería volverlo a ver, me había
gustado esa desfachatez y ese arrojo mostrado hacía unos momentos, además la
imagen de su miembro erecto parecía que se había quedado grabada con fuego en mi
cerebro. Por otro lado, me parecía un punto en contra muy importante el que
fuera obvio. Adicionalmente sentía remordimientos por la manera en que había
perdido el control, por mi poca fuerza de voluntad, por engañar a mi mujer.
Después de 6 años de casados no había podido erradicar la
parte de mi que tenía inclinaciones por personas de mi mismo sexo, me debatía
constantemente entre mi intención de cumplir mi compromiso de fidelidad y mis
deseos homosexuales. No es que no quisiera mi esposa, la amaba, disfrutaba
cabalmente mi relación con ella en todos los sentidos, sin embargo, también
sentía aquella necesidad: estar con un hombre, tocarlo, verle las nalgas, gozar
de su sexo de todas las formas posibles.
En este tipo de relaciones siempre he sido pasivo. Me encanta
ver, tocar, pero a la hora de la penetración, sea oral o anal, yo recibo.
Algunas veces se me antoja que me realicen sexo oral, pero es raro.
En fin, esa tarde y toda la mañana del día siguiente me la
pasé debatiéndome entre las ganas de hablarle y hacerle caso a la voz interior
que me decía que dejara todo eso por la paz. Ya en la tarde recibí una llamada:
Hola, buenas tardes. Habla Miguel, Como estas?
Bien gracias, y tu?
Bien, también. Aquí con ganas de verte.
Si quieres, nos vemos hoy en la oficina donde
trabajo, a partir de las 7:00 de la noche ya no hay nadie.
Y es seguro?
Si, yo tengo llave.
Y donde queda?
Le di la dirección y quedamos de vernos esa misma noche. Por
mi parte, no pude concentrarme en mis tareas el resto de la tarde, estaba muy
nervioso.
Cuando por fin dieron las 7:00, la última persona que me
acompañaba se despidió dejándome solo. La ansiedad me devoraba. Me levanté y fui
al baño a verificar mi aseo. Al poco rato escucho que tocan a la puerta.
Era el. Estaba vestido de manera informal, con un pantalón
corto y una camiseta. Calzaba sandalias y su olor a jabón denotaba que estaba
recién bañado.
Me sentí un poco incómodo por no poderlo recibir en las
mismas condiciones de limpieza.
Hola, buenas noches, como estas? – le dije al abrir
la puerta
Buenas noches. Bien, gracias. Estas solo?, ya no
viene nadie?
Si, pasa. No te preocupes.
Es que me dan nervios que vaya a venir alguien.
Ya nadie va a venir, y en todo caso, cerramos con
seguro la puerta para que nadie entre.
Entró y lo guié hasta mi privado. Le señale una silla y me
senté junto a él. Se veía nervioso. Me puse de píe y lo jalé para que se parara
el también. Lo abrace para tranquilizarlo.
Correspondió a mi abrazo, el cual se fue haciendo más
demandante. Comenzamos a acariciarnos por encima de la ropa. Lo bese, primero en
forma tímida, pero al rato nuestras lenguas jugaban entre si. Yo le metí una
mano debajo del pantalón para agarrarle las nalgas mientras seguíamos con el
beso. Me di cuenta que no traía ropa interior.
Ay chiquitito… vienes ya preparado - Le dije mientras
le apretaba el trasero…
Quieres ver lo que te vas a comer? - me dijo mientras
se desabrochaba el pantalón.
Al bajarse el pantalón quedo a mi vista aquella hermosa verga
en todo su esplendor. Tenía la punta húmeda. La sujeté con ambas manos,
admirando lo estético de su forma, su grosor, su tamaño, lo macizo de su
consistencia. La sentía palpitar en mis manos. No pude evitar exhalar un
suspiro.
Por toda respuesta, Miguel sujeto mi cabeza y la dirigió a su
miembro… de forma automática abrí la boca, probando por primera vez aquella
imponente herramienta. Su sabor ligeramente salado me fascinó. La sensación de
tenerla entre mis labios era fabulosa, podía sentir su dureza dentro de mi boca,
sus pliegues. Empecé a darle una mamada lenta, saboreando aquel manjar. En un
principio solo podía comerme aproximadamente la mitad, pero una vez que me
acomode pude engullirla casi por completo. Mientras golosamente mi cavidad bucal
recorría cada centímetro de su nueva amiga, Miguel se deshizo de su camiseta y
de su pantalón, quedando totalmente desnudo. También me quitó la camisa y
desabrochó mi pantalón, bajándolo con todo y bóxer hasta la altura de mis
tobillos.
Para estar mas cómodo, me puse de rodillas, así podía
agarrarle las nalgas mientras seguía con la felación. Estaba fascinado, sentía
conocer su verga desde siempre, toda mi boca se amoldaba a la geografía de ese
miembro, generando entre ambas una completa comunión. Las sensaciones se
transmitían a velocidades vertiginosas, pero claras, precisas. Mi lengua sabía
con exactitud que puntos recorrer para conseguir ya sea un gemido, un suspiro o
un estremecimiento.
A pesar de que el sexo oral no es mi actividad favorita, no
podía menos que reconocer que estaba disfrutando enormemente el momento. Había
una atmosfera de mágica complicidad, de erotismo, inclusive de cierta ternura.
En un momento dado, el se sentó y comenzó a acariciar mis nalgas y mi culo.
El tiempo dejó de existir, solo éramos el y yo, su boca, su
lengua que se unía a la mía en largos y húmedos abrazos, mi boca, mi lengua que
cobijaban su virilidad, sus manos en mis nalgas, recorriéndolas palmo a palmo,
su dedo afanoso dilatando mi ano, las respiraciones agitadas de los dos, la piel
sudada.
El deseó de pasar a la siguiente etapa me hizo detenerme. Me
incorporé, me terminé de quitar el pantalón y la ropa interior, saqué lubricante
y un preservativo que abrí e intenté ponérselo.
Mámamela un poco mas – me pidió con voz suplicante
Mejor métemela, para descansar un rato de la mamada,
ya me duele la mandíbula - le conteste mientras le terminaba de colocar
el condón.
Como quieres que te la meta? – me preguntó mientras
se incorporaba.
Quedate sentado, - le dije- me siento encima de ti,
tu me abres las nalgas y me voy clavando poco a poco para que no me
duela, porque la tienes muy grande.
Acomodate pues.
Tomé un poco de lubricante y lo unté sobre el condón ya
puesto, enseguida apliqué mas lubricante en la entrada de mi culo y me puse de
espaldas, Miguel me abrió las nalgas con ambas manos, acomodé en forma adecuada
su verga y poco a poco empecé a sentarme en ella, iba muy despacio porque me
dolía bastante, en eso, me jala de las caderas hacia el y de un piquete me
ensarta medio fierro haciéndome ver estrellas. Poco faltó para que diera un
grito. Me separé de el casi con lagrimas en los ojos.
Espera por favor que me duele mucho – le dije con voz
entrecortada
Aflójate para que no te duela - me contestó.
Es que me la tienes que meter despacito
Bueno, voltéate pues.
Déjame que yo me vaya sentando, tu solamente ábreme
las nalgas para que pueda entrar con mas facilidad.
Está bien, voltéate para terminar de metértela.
Me puse un poco mas de lubricante y me voltee, el me abrió
nuevamente las nalgas, acomodé su verga en la entrada de culo y me senté en ella
lentamente. La parte que ya había entrado ingresó nuevamente sin mayor problema.
Comencé a moverme en pequeños círculos procurando que cada movimiento permitiera
que la penetración avanzara. Miguel colocó sus manos sobre mi pecho inicialmente
acariciando mis tetillas, de pronto me abrazó fuerte y me impulsó hacia abajo
clavándome completamente su verga. Si bien el dolor no fue tan intenso como el
anterior, no pude evitar soltar un quejido. Fue todo lo que pude hacer, porque
su abrazo evitó que me moviera de su empalamiento.
Me duele Miguel, ay caramba…
Quédate quieto así un rato, para que se te pase, no
te muevas – me contestó
Miguel espero un breve plazo y comenzó a empujar su pelvis
contra mis nalgas. Al mismo tiempo me tomó de las caderas y me subía y bajaba
permitiendo que su verga recorriera libremente las paredes de mi todavía
adolorido culo.
Nos incorporamos sin que me sacara la verga e inició el mete
y saca. Sin embargo, empecé a notar que perdía la erección.
Que pasa? – le pregunte
No se. Creo que estoy nervioso de que alguien venga –
me contestó
Tranquilízate, no va a venir nadie – Le dije mientras
me separaba de él y empezaba a masturbarle con el condón puesto.
Sin embargo y a pesar de intentar varias cosas (le quité el
condón, lo masturbé, se la volví a mamar) no pudo recuperar la erección, por lo
que optamos por terminar en forma anticipada nuestro encuentro.
Nunca me había sucedido esto, no se que me pasa – me
dijo apenado mientras se vestia.
No te preocupes – le conteste, dándole un beso de
despedida.
Quedamos de volver a vernos, pero no pusimos una fecha
exacta. Cuando se fue, me sentía un poco decepcionado. Había disfrutado la
mamada, su verga era hermosa y se sentía muy bien tenerla en la boca, pero la
penetración había sido definitivamente un fiasco. Aparte de que me había dolido
mucho (todavía sentía el culo adolorido).
Me preguntaba si había valido la pena aquella cita. Pensé en
el largo tiempo que llevaba tratando de encontrar a alguien con quien tener sexo
de manera estable, con resultados prácticamente nulos. Por otro lado, el
definitivamente estaba muy lejos de mis cánones de atracción, salvo su
maravillosa verga. Pero aparentemente no le gustaba ser activo, y si pretendía
que todos nuestros contactos fueran de sexo oral, lo tenía muy claro: ¡no estaba
interesado!.
Tuvimos un nuevo encuentro como a la semana, en cual fue una
especie de repetición del anterior: Su verga en todo su esplendor, imponente,
apetitosa. Una mamada de mi parte (que disfruté bastante), su penetración que me
hizo ver estrellas (del dolor), la pérdida de su erección, nuevamente la
terminación anticipada de la cita y la promesa de una próxima….
Nuevamente el sentimiento de decepción, y el convencimiento
de que no habría próxima vez. Definitivamente el no era la persona que yo estaba
buscando….