La nena encontró su vocación II
Ya que la primera parte fue bien recibida, Nena les sigue
contando su proceso de doma y redención.
Tratando de reconciliarme con mi novio tuve que acceder a
pasar la noche con él… pero no de la forma "convencional" sino que se trataba de
pasar la noche haciendo todo lo que a él le apeteciera y ese todo incluía
humillarme, exhibirme y disfrutar de mi cuerpo completo sin darme oportunidad de
quejarme u opinar.
Ya había roto gran parte de mi resistencia, creo que de
cierta forma disfruté el haber tenido que hacerle un trabajo oral en frente de
sus horrendos amigos, el que me metiera los dedos en el coño y el culo tendida
en la mesa de billar mientras él jugaba… es más, aferrada a su espalda en la
moto rumbo a su casa venía pensando en cómo me había casi violado la boca en el
estacionamiento, como me llenó al garganta con su riquísima leche mientras mi
hermano estacionaba su auto a unos metros de nosotros, venía pensándolo y
sintiéndome realmente mal por estar tan excitada.
En mi boca permanecía un dejo amargo de su semen, el aire de
nuevo me congelaba hasta el alma, pero cómo evitarlo… estaba mojadísima de
nuevo, venía agradeciendo que la humillación del bar hubiera acabado, que
estuviéramos solos al fin: íbamos a llegar a su casa, me haría el amor
desenfrenadamente luego de lo cual seguramente caeríamos dormidos y por la
mañana todo estaría bien, volvería a ser mi devoto y enamorado novio… suspiré.
Sin embargo, unas calles adelante mi esperanza de tranquilidad se desvaneció,
pues nos detuvimos en un semáforo y el tipo del auto que quedó a nuestra
izquierda me miró larga y hambrientamente, Gerardo lo notó, volteó y me dijo:
-Dale a este pobre tipo el mejor momento de su día, levántate
la blusa y enséñale tus tetas
Dudé un segundo, pero él me dio un pequeño codazo y obedecí,
me levanté el top hasta las axilas, mirando al conductor, creo que no me daba
tanta pena porque el casco cubría mi cara, el tipo puso unos ojos del tamaño del
mundo y entonces Gerardo me dio otra orden
-¡Ofrécelas, frótate las tetas, que vea que ricas las tienes!
Así lo hice, las sobé en círculos apretándolas mientras el
conductor estaba vuelto piedra, había otros autos empezaron a sonar sus bocinas,
otro bajó la ventana y me chifló
El verde se puso, Gerardo arrancó de prisa, yo estaba
temblando de frío y de miedo, él se moría de la risa, y me gritó
-Anda, cúbrelas que no quiero que te de una pulmonía.
Llegamos a su casa, no sé cómo se las había arreglado, pero
no había nadie más. El patio estaba en penumbras, él me puso la mano en la nuca
y me guió de nuevo, apretándome un poco, abrió la puerta y me condujo adentro.
En la completa oscuridad percibía claramente el olor de su casa, era familiar,
delicioso, maderas, fruta, ropa limpia… él no encendió la luz, seguimos
avanzando hacia las escaleras, ahí soltó mi nuca y me dejó adelantar unos
escalones, para poder manosearme las nalgas, con su pulgar se metía entre ellas
y frotaba luego mi culito, que se había quedado con ganas de más luego de lo que
me había hecho en la mesa de billar. Llegamos al pasillo del segundo piso, yo
quería avanzar hacia su recámara, pero él me jaló diciendo
-¿A dónde crees que vas? No puedes entrar ahí hasta que estés
limpia, ¡sucia puta! mira que andarte arrastrando a mamar vergas por el suelo en
un bar…
Se rió con muchas ganas, me metió al baño que era bastante
amplio, la ducha/bañera tenía una cortina blanca, encendió una lámpara sobre el
espejo y la luz ambarina apenas alcanzaba para ver hacia la ducha y la puerta,
Gerardo me dijo que esperara ahí y salió del cuarto. Regresó en menos de dos
minutos, traía una toalla blanca en la mano y una silla plegable de la terraza
en la otra, puso la silla apuntando hacia la ducha, se sentó y me dijo:
"Vas a darte un baño, así que empieza a desnudarte Nena" me
señaló un lugar a dos metros frente a él, me paré ahí y empecé a desvestirme
despacio. "Acaríciate, ofréceme tu cuerpo, dóblate, quiero verte el coño" así lo
hice "mete tus dedos en él, bien adentro" diablos! A mi no me gustaba
masturbarme, hasta la palabra me daba como vergüenza, y ahora tenía que hacerlo
para él, pero no tenía opción, así que obedecí mmmmh mi coño estaba muy mojado,
los metí y los saqué unas cuantas veces, "Ahora chúpalos, quiero que pruebes ese
sabor de tus jugos que me vuelve loco" de nuevo dudé "gírate y siéntate en el
borde de la tina, abre bien las piernas y voltea hacia acá que quiero ver tu
linda cara putita" él ya se había sacado el erecto pene del pantalón, pero no
fue sino hasta que vió que me llevaba los dedos a la boca que empezó a acariciar
su polla, mis dedos entraron delicadamente en mis labios, los chupé aún dudando,
el sabor era suave y su textura espesa, no me volvía loca precisamente el sabor,
sino el hecho de que eso era lo que a Gerardo le excitaba tanto, por eso él me
metía los dedos en el coño en cada oportunidad que tenía, recordé tantos
lugares… su auto, mi cocina durante un desayuno familiar, el parque, su taller,
el auto de mi hermano ¡mmh! Ese era el sabor que a él le gustaba tanto. Cuando
saqué mis dedos limpios de mi boca me ordenó "perrita golosa, mételos otra vez"
repetí la operación, chupándolos sin que hiciera falta que me lo recordara.
"Otra vez, si bien que te está gustando" Lo obedecía sin pensar, hipnotizada por
el movimiento de su muñeca izquierda y su miembro sacudiéndose, sus fieros ojos
verdes me miraban mientras seguía encajando mis deditos en mi coño que casi
escurría de tan húmedo, yo no podía apartar la vista de su verga, se veía
durísima, mojada y lista para clavarme, y su mano, oh dios, se la acariciaba de
una forma deliciosa, nunca había visto a un hombre masturbarse (a excepción de
los dos del bar, pero fue sólo de reojo) y ahora tenía a mi novio haciéndose una
puñeta mientras yo le daba un espectáculo con mi coño abierto siendo penetrado
por mis propios deditos, no sé porqué, pero en ése momento caí en cuenta de la
situación y me sentí llena de vergüenza, pensaba ¿qué estás haciendo? Un calor
bochornoso me subió a las orejas y dejé de tocarme, empecé a cerrar las piernas
sin pensarlo pero la voz de Gerardo me hizo saltar "¡Abre las piernas y sigue
con tu trabajo! No puedes detenerte hasta que yo te lo diga, o te vas a enterar"
Separé las piernas lentamente y volví a acariciarme pero no podía concentrarme,
así que volví a mirarlo, mientras chupaba mis dedos, ¡oh que expresión de placer
tenía!, se mordía el labio inferior o sacaba un poco la lengua, aceleré mis
caricias y cuando chupaba mis dedos, lo hacía como si fueran su polla, es decir
los dejaba quietos y movía la cabeza, gimiendo fuertemente, él seguía
jalándosela pero no daba muestras de estar cerca de venirse, mi posición era
cansada, yo creo que se compadeció de mí, porque me dijo
-Anda, levántate, y métete en la ducha
Ahí si obedecí de inmediato, no se fuera a arrepentir me metí
y abrí la llave, el agua en un principio fría me caía deliciosa, hizo que los
pezones se me pusieran duros como garbanzos, eché la cabeza atrás y cerré los
ojos. Gerardo se acercó y abrió un poco la cortina, me miró de arriba abajo, sin
dejar de pajearse, diciendo
-No sabes cuantas veces quise hacer esto, todas esas veces
que me tenías esperando como pendejo y oía el agua caer en tu baño, todas esas
veces quise espiarte, ver cómo enjabonas tus duras tetas y ver la espuma
recorrer este cuerpecito de puta que tienes
Como sólo estaba ahí parada bajo el agua me dijo: "Báñate,
haz como que yo no estoy aquí y lava tus muslos de esos jugos de perra...
apuesto que tu coño sigue chorreando eh" Yo tomé el jabón y lo pasé por todo mi
cuerpo, "el cabello también, que hueles a semen" tomé el shampoo y empecé a
tallar mi cabello, "Mira que ricas se te ven las tetas en esa posición, como se
te sacuden… sacúdelas de nuevo" lo hice moviendo los hombros, salpicando espuma
a todas partes, "Ahora sabes qué sigue ¿no? Mírame, ¿qué vas a lavarte?" por
toda respuesta llené mi mano de jabón y apoyando un pié sobre el borde de la
bañera, con el pie en escuadra enjaboné todo mi coño, llegando hasta mi culito,
me tallé bien, tratando de que el agua se llevara mis espesos fluidos, su mueca
burlona me cohibía un poco, pero los movimientos de su mano recorriendo su pene
me excitaban mucho, no podía parar, tenía que obedecerle en todo si quería que
las cosas volvieran a ser como antes. "Que cara tienes Nena, así que en el fondo
eres una guarra de lo peor, ¿eh? Métete un dedo en el culito" Era otra cosa que
nunca había hecho, pero no podía negarme, lo intenté meter, pero así no podía,
por lo que me dijo que me girara y me doblara de nuevo, pasando la mano por
atrás de mi espalda era más cómodo, llené mi mano de jabón y empecé a meter
despacio el anular, pero Gerardo me ordenó, "Ése no, el índice o el medio"
escogí la segunda opción, era difícil, estaba muy apretado, me dolía un poco, no
entraba mucho.
"¿Qué se siente estar adentro de tu culo perrita?, ¿No está
calientito y apretado?" Yo sentí con la cabeza, pero no moví la mano, así que él
me ordenó hacerlo, uno o dos mete y saca, que me llenaron de sensaciones
agradables, "La otra mano al coño, hínchate el clítoris, jala tus labios con los
dedos" Era muy placentero, pero quería que él me tocara, afortunadamente pronto
se decidió y quitándome la mano del culo la reemplazó con la suya, pero sus
dedos no estaban enjabonados, así que me hizo algo de daño, me quejé pero él
seguía metiendo y sacando el dedo medio, no entraba todo, así que lo sacó y yo
le puse el jabón, la siguiente introducción se sintió divina, "Que culito más
rico, abrámoslo más" me dijo mientras se metía también en la regadera, con todo
y la ropa que traía, me pasó un brazo por la cintura, para que me apoyara en él
y me cargó hasta que mis pies quedaron uno sobre cada borde de la bañera, siguió
en el dedo mete y saca mete y saca dándome una sensación totalmente nueva, me
gustaba aunque aún dolía, su pene estaba erecto , pero no me tocaba, quedaba
entre mis piernas sin rozarme, de pronto cuando más estaba disfrutando, de la
nada me sacó el dedo y me puso de nuevo en el suelo, acarició mi cuerpo desde
las caderas a las tetas apretándolas mientras se acercaba a mi oído, empezó a
besarme y dije: "¡Bingo! Ya no aguanta, va a hacerme suya en este momento y
luego estaremos bien" pero entonces me tomó del cabello y me susurró: "bien
putita ahora que estás limpia puedes tocarme, ¡báñame!" giré y me encontré con
sus ojos mirándome severos pero hermosos, y entonces ¡SLAP!, me dio una
bofetada: "¡¡Baja los ojos, perra insolente!! ¡Y a tu trabajo, date de santos
que te permita tocar mi cuerpo!"
Me llevé la mano al rostro, y me puse a llorar, pero no se
compadeció, la verdad no me había dado tan duro, de haberlo hecho habría salido
volando, pero era la situación, obedecí, le bajé los pantalones y los bóxers
empapados, me hinqué para sacárselos de los pies, y me acarició la cabeza
complacido, los saque de la bañera, y empecé a tallarle los pies, los dedos, las
espinillas, las pantorrillas duras, los muslos, mientras me iba parando, por la
diferencia de tamaños su miembro quedaba un poco más arriba de mi ombligo, me
llené las manos de jabón y empecé a tallarle los glúteos, también estaban duros,
producto del ejercicio, creo que nunca se los había tocado, luego con más jabón
procedí tallarle los testículos y el pubis, deleitándome con la sensación de la
espuma entre su vello que subía hasta el ombligo, subí la mirada rápidamente,
temerosa de que me abofeteara de nuevo, pero él tenía cerrados los ojos y se le
entrecortaba la respiración, entonces abarqué su miembro con mi mano enjabonada
y lo recorrí despacio, sabía que le gustaba y que estaba cerca, así que me
entretuve ahí, pero luego de un rato me tomó de los codos y me separó las manos
de su tesoro, así que seguí lavándole ahora la espada, las axilas, los hombros,
el pecho, estirando los brazos alcancé a tallarle el cabello que le llegaba a la
barbilla, su abdomen y de nuevo abajo, a su deliciosa y erecta masculinidad
apuntándome, la acaricie de nuevo, los testículos también, me hinqué para
tenerla más cerca y esperando que me dejara chupársela de nuevo, mientras seguía
acariciándola me chupaba los labios.
Luego de un ratito me tomó del cabello levantándome un poco y
me dijo "Abre grande putita" yo obedecí y me metió la cabeza en la boca,
despacio primero, yo me quedaba quieta y él se movía, luego me hizo moverme
también, agarramos un ritmo rico, pero no podía respirar bien, además el agua me
caía y me estaba molestando porque ahora estaba más fría, yo estaba medio en
cuclillas y me cansaba, así que aumenté la velocidad aunque no la metía mucho,
sólo la succionaba duro y movía la cabeza adelante y atrás tan velozmente que me
estaba mareando, empecé a sentir que su miembro en mi boca palpitaba, pero antes
de cantar victoria él me dijo: "Así que quieres otra ración de leche ¿verdad?
vamos a darle gusto a la Nena… chupas como una gatita golosa," y sujetándome del
pelo, me la empujó de nuevo tanto como pudo, mi garganta dolía, yo me agarré a
sus muslos haciendo fuerza para que bajara la velocidad, pero él me espetó:
"Quita las manos, ponlas detrás de tu espalda, ¿querías mamármela? ahora te
aguantas, te voy a coger la boca a ver si así aprendes a mantenerla cerrada" yo
traté de aguantar sus brutales empujones, de desconectarme, su mano izquierda
bajó hasta mi tetita y la estrujó tan fuerte que los ojos se me llenaron de
lágrimas, pero él ya estaba gimiendo: "mmm que buena puta encontré, qué tetas...
¿te gusta cómo te cojo la boca? Sí claro que te gusta, eres una perra caliente y
te encanta mamármela ¿verdad?" Yo asentí, él aceleró el ritmo y cuando esperaba
sentir su leche caliente en mi paladar me soltó la teta, y sosteniendo mi
cabello me la sacó de la boca y me dijo "¡Aquí está tu premio putita!" y me
roció su caliente leche en toda la cara, algunas gotas cayeron en mi boca que
mantuve abierta, lo saboreé aunque me sentía rara, usada, emputecida, sucia.
Algo de semen se había quedado entre sus dedos y Gerardo me los metió a la boca,
los chupé golosamente, el agua apenas alcanzaba a lavar el que me había quedado
en la cara, él fue calmándose y luego me dijo: "Puedes lavarte ahora, enjuágate
bien el coño que seguro está lleno de jugos, y lo quiero limpio".
Me ayudó a incorporarme y para tomar el jabón de nuevo le di
la espalda, y ¡SLAP! Me dio una nalgada que me dejó una sensación de agujas en
la carne: "¿Cómo te atreves a darme la espalda puta? ¿Quién te dijo que te
voltearas?" yo volví a poner la pierna en escuadra apoyada en la bañera, y a
tallar mi intimidad. "Así es enséñame tu coño abierto, no finjas que te da
vergüenza porque no la tienes" me enjuagué, él hizo lo mismo con su miembro y
sacudiéndose el agua con las manos salió de la bañera, yo quería aprovechar para
masturbarme porque estaba demasiado caliente, pero tenía miedo de que se diera
cuenta y me fuera peor, así que sólo terminé de lavarme tranquilamente. Gerardo
volvió con una toalla amarrada a la cintura y traía en la mano otra toalla, yo
cerré las llaves y me la extendió, me sequé rápidamente, salí de la bañera, ahí
él me dio unas braguitas, las reconocí, eran mías y las extravié una vez que
estuvimos juntos en mi casa, ¡él se las había llevado y conservado todo ese
tiempo! Me las puse sin protestar, luego me envolví con la toalla y salimos del
baño, yo detrás de él, abrió la puerta de su recámara, y me dejó pasar primero,
me señaló la cama y me senté, él entró a su guardarropa, yo acaricié las
sábanas, las reconocí, eran las mismas que nos envolvieron cuando me entregué a
él por primera vez, eran de seda color vino, lo tomé como un buen indicio.
Gerardo volvió, con unos pantalones negros y un suéter del mismo color, me
aventó uno de sus jerseys de jockey, yo me quité la toalla y él la puso en el
perchero, me puse el jersey negro con blanco, él me observó unos segundos, y me
dijo: "Anda, ve a hacer la cena" Justo en cuando lo termino de decir empecé a
sentir mucha hambre, me alegré.
Bajamos las escaleras, él me abrió la puerta de la cocina y
pasé otra vez primero, abrí el refrigerador, había filetes y lechuga, también
queso, así que hice carne gratinada que se que el encanta, ensalada de lechuga y
puse la cafetera. Cuando todo estuvo listo me dijo que me esperaba en el comedor
y salió. Yo tomé una bandeja, puse los platos y dos tazas de café, la azúcar y
los cubiertos, pero cuando le di su plato miró el otro en la charola y me dijo:
"¡No, no, no, regresa eso, tú vas a cenar otra cosa!" Cuando volví me hizo
agacharme de nuevo bajo la mesa, "A ver si ya aprendiste a mamármela como me
gusta" dijo burlón y empezamos "la cena", yo me esforzaba para hacerlo bien,
metiendo su verga hasta mi garganta, rápido luego lento luego al recorría con la
lengua por completo, mientras el delicioso olor de la carne me hacía gruñir el
estómago, supongo que estuve cerca, porque aunque no se vino no me regañó ni
nada, terminó su cena y me felicitó, "Que rica cena me ofreciste putita" ahora
nos toca el postre, y diciendo esto nos dirigimos de regreso a su recámara.
-¿Ya vamos a hacerlo? –se me ocurrió preguntar cuando
entramos, que estúpida ¡PLAS! otro bofetón, "Cierra la boca perra, esto nos e
acaba hasta que yo lo decida" y me sacó el jersey por la cabeza, luego me tiró a
la cama boca abajo y de un seco tirón me arrancó las bragas. "Aguanta porque
apenas viene lo bueno" Me dijo con una sonrisa retorcida y yo me estremecí de
ansiedad y un poco de miedo… (continúa).