Reina por una noche
No me apetecía demasiado la idea de irme de marcha con mis
amigas del trabajo, porque además sabía que les gustaba demasiado la marcha,
pero de otro tipo y claro, acabaríamos visitando un lugar de esos de “Boys”
donde todas se ponen como locas y la que más y la que menos le gusta pillar
cacho, al menos debe ser para comparar. Yo la verdad, estoy más que satisfecha
con mi novio, con su barriguilla y con su tamaño Standard, pero en fin, tampoco
quiero ir siempre de estrecha y me uno a la fiesta. Nunca me acabaron de llamar
esos sitios. Reconozco que los tíos están impresionantes, pero es que no dejan
de ser los chulitos de barrio, como yo digo… con mucho músculo y mucha jeta,
nada más.
Al final, como siempre, me convencieron. Tras la cena y unas
cuantas copas acudimos al lugar de ambiente, que no era más que un sitio donde
solo estaba permitida la entrada a mujeres. Me dispuse a contemplar el
espectáculo, siempre con el mayor interés, porque intentaba no desentonar y
gritaba como si aquellos tíos que iban saliendo al escenario fueran lo más
asombroso del universo… y no niego que estaban como querían, cuerpos fornidos,
abdominales marcados, brazos poderosos al igual que sus herramientas, siempre
considerablemente grandes, pero vamos, bastante artificiales para mi gusto.
A medida que se iban despojando de unos pantalones que
desaparecían entre sus piernas como por arte de magia al igual que sus camisas,
los gritos del local superaban en decibelios a la música que acompañaba el show,
pero cuando se quitaban la última prenda que no era más que un reducido tanga
que también desaparecía tirando de él, los gritos se convertían en alaridos y la
mayor parte de las tías, parecían como poseídas, como si hubieran caído bajo el
poder de un conjuro sagrado. Yo seguía el juego a todo ese ambiente y la verdad
es que me divertía más el espectáculo que daban algunas que los propios boys.
Cuando ese número loco acabó y las alteraciones cardiacas del
respetable se fueron calmando, el presentador, otro macizorro de turno en tanga,
anunció un número sorpresa:
- Estimado público. Hoy con nosotros… un espectáculo muy
especial, recién llegado del corazón de África… ¡El rey de bastos!
Otra vez el griterío ante tan sorprendente anuncio… que a mi
me pareció, por cierto de lo más ridículo y poco original, aunque supuse donde
estaba escondido el “basto”.
Todas las luces se apagaron para dar pie a un foco que
alumbraba al centro de las cortinas del escenario. Se hizo un leve silencio y
apareció ante la atónita mirada de todas, yo incluida, un hombre altísimo,
negro, negrísimo, vestido de rey con su corona y todo, aunque su majestuosidad
no parecía ser esa, ni la capa real que llevaba sobre sus hombros, sino lo que
ocultaba bajo su tanga que se avecinaba enorme.
Esta vez no seguí a la tropa de gritos, ni tan siquiera creía
oír nada, más que una música sensual y un hombre increíblemente perfecto que se
estaba despojando de la capa, mientras sonreía con una inmaculada dentadura
blanca que destacaba ante su piel tan oscura.
Nunca me han atraído los hombres negros, la verdad, pero
independientemente de su color, lo que destacaba en este era su extraordinaria
belleza… parecía haber salido esculpido de las mismísimas manos de Miguel Angel
o algo por el estilo. Un rostro hermoso, con un pelo muy corto, unos ojos
gigantescos y oscuros, bordeados por unas cuidadas cejas, una nariz grande pero
no achatada, sino imponente, como todo él. Una boca prodigiosamente
perfectamente dibujada adornando su sonrisa angelical, con un mentón que rozaba
la perfección, por no hablar de ese cuerpo de adonis que no tenía ni una lacra.
Se diferenciaba claramente del resto de los otros “boys”, porque no era un
musculazos, ni tampoco tenía esa cara de chulito… más bien al contrario, tenía
los músculos perfectos, brazos ideales, pecho para perderse, piernas robustas,
sin ser gigantescas, abdomen marcado, sin exagerar y un culo de los de enmarcar.
Un tío bueno, como pocos he podido ver en toda mi vida y ya digo que casi lo de
menos es que fuera negro, o quizás fuera eso lo que más me gustase, no lo sé.
Esta vez, aplaudí como la que más, pero no impulsada por la
fiebre del resto de locas que estaban a mí alrededor, incluyendo mis histéricas
amigas, sino porque estaba disfrutando como nunca de la imagen de ese chico tan
precioso, que se movía con un arte y una gracia únicos.
Ese maravilloso rey, señalaba a las asistentes para animarnos
a todas, más de lo que ya estábamos para arrancarse el tanga, la única prenda
que portaba su endiablado cuerpo. Pero quiso que fuera una de sus salidas
admiradoras quien lo hiciera con sus propias manos. De modo que alguien acercó
una silla al centro del escenario y el hombre que hacía las delicias de todas, y
yo creo que a mi la primera, buscaba entre las asistentes una voluntaria para
quitarle el tanga. No faltaron las manos alzadas pidiendo ser la elegida, pero
yo creo que empujé como una loca entre todas para que me viera a mi la primera.
Nunca antes me había comportado de esa manera y nunca antes, había deseado tanto
a un hombre que no fuera mi novio, como en esos momentos… fue entonces cuando
comprendí a mis amigas, de lo que se puede sentir al tener tan cerca a un dios
como aquel y desear con todas las fuerzas poder tocarle.
Creo que por gracia divina o por mis grandes esfuerzos por
alcanzar a mi macho adorado, que su dedo me señalara y su sonrisa me iluminara,
pues entre todas esas hembras hambrientas, las que tanto soñaban con apoderarse
del tanga, solo yo fui la afortunada.
Cuando su mano tocó la mía casi me deshice y noté el calor
que salía a borbotones de mi sexo. Y cuando me abrazó acariciando mi espalda, yo
me refugié en su pecho como un pajarillo que ha encontrado por fin su nido.
Me giró frente a las asistentes que no dejaban de gritar y
gritar. Me sobó las tetas delante de todas, aunque yo en ese momento no era
dueña de mí ni de mis actos, de modo que poco me importaba que aquel desconocido
me utilizara a su antojo. Cuando noté en mi culo el bulto que ocultaba su mini
slip casi pude ver las estrellas y me giré con intención de tocarlo, pero el
chico sabía responder a los ataques, pues me sostuvo de la muñeca haciéndome una
especie de llave, al tiempo que me susurraba al oído en un perfecto castellano:
- Tranquila gatita, ahora tendrás lo tuyo.
El muchacho hacía conmigo lo que quería, me sobaba el culo,
me tocaba las tetas, pasaba sus ardientes dedos por mis labios y en alguna
ocasión metía sus manos entre mis muslos. Me maldije por no haber traído la
falda larga en lugar de esos malditos jeans ajustados, pero el hecho de ser
manoseada como mayor privilegiada entre tantas mujeres por ese chico tan guapo y
tan perfecto era lo que más me importaba y deseosa que eso no se acabara nunca.
El público femenino enardecido no podía esperar más y
coreaban al unísiono: “el tanga… el tanga…” De modo que el hombre de ébano no se
lo hizo esperar por más tiempo. Me hizo sentar en la silla y el se colocó sobre
mis piernas. No recuerdo si pesaba o no, o simplemente que solo estaba
ligeramente apoyado, pero así hubiera permanecido gustosamente durante horas.
Agarró mis manos y las puso a pocos centímetros de su sexo. Me agarró de la
muñeca de mi mano derecha y la introdujo en su slip. Por un momento creí
desfallecer cuando agarré el trozo de carne más grande que hubiera imaginado y
tuve que apoyar mi cabeza contra su espalda al notarlo medio desmayada. Esta vez
no fingía, esta vez no estaba siguiendo el juego de otras veces, en esos
instantes estaba disfrutando de uno de los mejores momentos de mi vida. Me
sentía en la gloria
El tío se levantó y se sentó de nuevo sobre mi, pero esta vez
de frente, abriendo sus piernas sobre las mías y su sexo a pocos centímetros de
mí. Esta vez pude verle la cara de cerca y apreciar esa gran belleza desde muy
poca distancia, lo que aumentaba mi deseo por él y dispuesta a recibir lo que
tuviera a bien entregarme. Y vaya que si lo hizo, siguió manoseándome con
descaro y me hizo tirar de su tanga hasta que por ese arte de magia me quedara
con él en la mano. No lo podía creer… estaba desnudo sobre mí. Y su polla
reposaba morcillota pero enorme sobre mi regazo. Que maravilla, que prodigio...
Cuando iba a atraparla con mi mano, el tío se levantó y danzó a mi alrededor. Yo
parecía estar amarrada a la silla, pero ya no veía donde estaba, solo que un
prodigio de la naturaleza bailaba cerca de mi, completamente desnudo y mostrando
un miembro gigantesco y precioso.
Se colocó a mi lado en la silla y sin dejar que moviera mis
brazos comenzó a pegarme pollazos con ese miembro que parecía ir creciendo en
cada instante. Un golpe en mi brazo, después otro golpe en mi pecho…. Se
agarraba esa maravilla con una mano y dibujaba toda mi silueta con ella, para
luego pegarme por detrás de la silla en la cabeza, como si me estuviera
fustigando, algo que por otro lado me parecía adorable… como él.
Cuando más algarabía había en aquel local, cuando más locos
eran los gritos y las frases pronunciadas por unas fieras desbocadas, el chico
decidió dar por terminada la actuación dejando a todas con la miel en los
labios… menos a mi, que tirando de mi mano y casi sin poderle seguir, me llevó
hasta su camerino. Evidentemente, no opuse resistencia.
Cerró la puerta y se puso frente a mí. Su desnudez resultaba
atrapante, como sus manos abarcando mi cuerpo. Yo deseaba cerrar los ojos pero a
la vez no quería dejar de perderme esa tierna mirada y ese bello rostro. Me
besaba en el cuello, sus manos abarcaban mi cintura, mi culo, y por fin me dejó
agarrar su miembro, que se oprimía contra mí y que entonces vi más grande y más
vivo que nunca. Su tacto era divino, un pene duro, quizás no tan grande como
aparentaba, pero que parecía extraordinario, al estar totalmente depilado y a
bordo de un cuerpo tan celestial. Acaricié su glande con mi dedo y bajé su piel
sintiendo que a través de mi mano se sentía el paraíso más cerca que nunca.
- Gracias – le dije.
Me sonrió y apoyó sus labios sobre los míos con una dulzura
extrema.
- ¿Por qué me elegiste? – pregunté mirando a esos grandísimos
ojos sin dejar de acariciar su miembro.
- Porque me gustas.
No hubo más palabras, no hubo más interrupciones, el tiempo
pareció detenerse, porque cuando quise darme cuenta me había desnudado a una
velocidad increíble, creo que perdí el conocimiento o me quedé soñando ante
tanto placer… pero no noté que me despojara de la blusa, ni como desabrochó el
botón de mi pantalón, ni tampoco como se deshizo de él ni posteriormente de mis
braguitas.
Me apoyó sobre una mesa quedando mi culo al borde y acercó su
sexo al mío… sin prisa, pero sin pausa, aquel tronco grandioso se adentró en mi
coño al tiempo que mis manos se aferraban a su espalda. La blancura de mi cuerpo
resaltaba sobre su morena piel, casi negra… Dos cuerpos contrastados, como la
leche y el café se unieron el aroma más penetrante, tanto como su miembro en mi
interior y sus fluidos se mezclaron con los míos, haciendo la combinación
perfecta, el polvo perfecto… con el hombre perfecto.
Cuando unos cuantos minutos más tarde salí al encuentro de
mis amigas me preguntaron que es lo que había sucedido… naturalmente les conté
que solo habíamos estado charlando… pero no les dije que realmente ese hombre me
había llevado al paraíso, que me había follado como nadie varias veces, que
había tenido la oportunidad de lamer esa verga tan grande y tan dura para mi
sola, recreándome en cada centímetro, saboreando ese miembro majestuoso, ni que
me había hecho ver las estrellas comiéndome entera, lamiendo mis pezones y mi
sexo hasta casi desfallecer… ni tampoco y lo más importante, que me convirtiese
en su reina por una noche.
Sylke
(29 de abril de 2008)